La vulnerabilidad psicosocial, la estrategia de intervencion y el modo de vida sano
Psicología de la Salud


  • Reinaldo Pérez Lovelle
    Universidad Médica de Moscú
    La Habana, Cuba

Resumen

  • En el presente trabajo de carácter teórico se pretende elaborar una síntesis del conocimiento existente sobre la determinación psicosocial de la salud, utilizando el concepto de "vulnerabilidad psicosocial" elaborado a partir de los resultados de las investigaciones sobre autocontrol de la personalidad, estilos de enfrentamiento, sucesos vitales y otros.

    Se intenta también generalizar sobre las estrategias de intervención psicosocial, haciendo especial énfasis en el enfoque ontogenético en la promoción de salud y en los metaobjetivos de toda intervención.

    Por último, se intentan sintetizar determinados "mandamientos" sobre el modo de vida sano que posiblemente rebasen los puntos de vista más difundidos sobre el tema.



En los últimos años, se ha observado la tendencia a la revalorización de las prioridades de los sistemas de salud de muchos países de nivel de desarrollo socioeconómico medio y alto, la que consiste en valorar el control de las enfermedades crónico-degenerativas, por encima de lo que tradicionalmente se había hecho.

Esto se debe tanto a que muchos problemas de salud que tradicionalmente han sido priorizados cuentan con algoritmos conocidos para su solución, por lo que pueden resolverse siempre que haya recursos disponibles (condición que no siempre se encuentra presente) como por el hecho de que por lo visto la llamada vida moderna potencializa determinados aspectos de la morbilidad, especialmente las ya nombradas enfermedades crónico-degenerativas, sintomatologías difusas relacionadas con el estrés, los accidentes y las lesiones autoinflingidas.

El abordaje de tales problemas requiere de un análisis profundo en el sentido de evaluar las estrategias habituales en el enfrentamiento de los problemas de salud, asimilando lo que pueda seguir siendo valido y eliminando lo que pueda resultar no adecuado para nuevas tareas en nuevas circunstancias.

El enfoque ambiental en medicina ha sido tradicionalmente el más efectivo, incluso en los casos en que se ha basado en teorías falsas, como es el del saneamiento de las ciudades y desecasión de pantanos que mejoraron realmente el estado de salud de grandes masas de población, a pesar de basarse en la ya desechada teoría de las “miasmas”; y también en los casos en que el entorno socioeconómico se ha modificado sin que nadie se haya propuesto mejorar la salud de la población. MacKinley y MacKinley (citado por Syme.2.) analizaron el enorme cambio en el estado de salud ocurrido en Estados Unidos de América a partir de la segunda mitad del siglo XIX, llegando a la conclusion de que sólo un tres por ciento del mismo es explicable por razones médicas.

La intervención ambiental en líneas generales ha estado dirigida al descubrimiento de si los problemas de salud a controlar son transmitidos mediante el agua, el aire, la comida o por vectores, ya que el eje de la mayoría de los programas de salud se centra en el control de las vías de transmisión, cosa que ha sido plenamente justificada por la práctica. ¿Puede ser esta misma lógica aplicada al control de los accidentes, las lesiones autoinflingidas y a las enfermedades crónico-degenerativas?

En efecto, tales padecimientos no se transmiten, por lo general, ni por el agua, el aire o los vectores. En cuanto a la influencia de los hábitos de consumo en estas últimas enfermedades, una reciente investigacion, la Multiple Risk Factor Intervention Trial, arrojó el sorprendente resultado de que 13.000 participantes del sexo masculino con alto riesgo coronario dejarán de fumar, modificarán sus hábitos alimentarios y controlarán, por medios farmacológicos, la hipertensión si la padecían; amén de recibir ayuda psicológica en forma de consejo individual, dinámicas de grupo y terapia familiar, lo que, sin embargo, no condujo a cambios notorios de la morbilidad en tal grupo (Citado por Syme).

En este caso tenemos que una modificación sustancial en los hábitos de vida junto a intervenciónes psicológicas y medicamentosas resultó completamente inefectiva. Este resultado puede conducir a las siguientes reflexiones:

1. Los hábitos de consumo no tienen una influencia tan grande en la morbilidad cardiovascular como se considera habitualmente y su constante sobrevaloración puede deberse a una extensión de formas de pensar que han resultado válidas en otros tipos de enfermedades, las entericas, por ejemplo, en las que la calidad de lo consumido resulta decisiva.

2. El control medicamentoso de la hipertensión puede no ser tan beneficioso como comúnmente se considera, por lo menos con los medicamentos comunes. Existe incluso una seria evidencia de que el consumo habitual de diuréticos aumenta la probabilidad del infarto.

3. La ayuda psicológica que pueda ser eficaz en otros tipos de problemas tales como las neurosis y los desajustes familiares, pueden no ser efectivas para esta otra categoría de problemas, por lo menos en el caso de utilizar técnicas psicológicas que no han sido diseñadas especialmente para las enfermedades crónico-degenerativas.

Lo anterior no debe conducir, necesariamente, al pesimismo: una postura más madura consiste en la búsqueda de las variables relevantes en la determinación de estos problemas de salud, lo que puede llevar, como se vera a continuación, a ciertas posibilidades de intervención dirigidas al control de determinados aspectos del ambiente en función de una mejor salud y una mejor calidad de vida, basadas en nuevos hechos e ideas.

Un concepto que puede ayudar es el de vulnerabilidad psicosocial, el que puede ser definido en una primera aproximación de la siguiente manera: Condición que modula la probabilidad de sufrir enfermedades, accidentes o lesiones autoinfligidas en virtud de:

1. Condiciones macrosociales especiales tales como cataclismos, coyunturas socioeconómicas y demográficas o guerras que afecten a masas de población, que puede ser la totalidad de una región o una parte de la misma que comparte condiciones y modo de vida comunes.

2. Condiciones grupales específicas tales como la pertenencia a grupos marginales, determinadas sectas etc.

3. Condiciones individuales y del sistema de relaciones del sujeto.

En el presente trabajo se le prestará una atención especial a estas últimas, sin perder de vista que estos tres niveles señalados se encuentran entre sí en una relación de interpenetración que recuerda las conocidas muñecas de madera rusas que entran unas dentro de otras.

La vulnerabilidad psicosocial del individuo ha sido estudiada intensamente en los últimos años desde diversos ángulos y por múltiples investigadores, aunque sin la conciencia de que se está investigando en esencia una misma cosa, lo que se debe a una aguda falta de pensamiento categorial que desafortunadamente predomina en la psicología. Se pueden referir como aceptados generalmente los siguientes:

1. La presencia y calidad de grupos de apoyo del individuo. La persona de pocas amistades y carente de familiares que lo apoyen aunque sea emocionalmente sufre de una mayor morbilidad.

2. Personalidad del tipo A y del tipo B. Las personas con grandes afanes de logro, hostilidad latente, sentimiento de carencia de tiempo para lograr sus fines y demás componentes de la personalidad tipo A, tienen más riesgo de enfermar de cardiopatías.

3. Sucesos o “eventos” vitales. Las personas que han sufrido determinados sucesos en la vida tales como la pérdida de familiares queridos y otros, tienden a padecer de mayor número de enfermedades y problemas de salud, según las clásicas investigaciones de Holmes y Rahe.

4. Estilos de enfrentamiento. La persona puede enfrentar sus problemas con mayor o menor éxito en función del estilo que habitualmente adopte y esto, a su vez; está relacionado con la morbilidad.

5. Niveles de autocontrol. La personalidad puede enfrentar los problemas y controlar su propia conducta recurriendo a estereotipos codificados en la cultura a que pertenece o recurrir a recursos creativos más adaptables a medios complejos y cambiantes. Parece existir cierta relación entre la rigidez de las soluciónes y ciertos tipos de enfermedades.

6. Autoaceptación de las propias potencialidades. La persona puede autoengañarse sistemáticamente en lo que respecta a su real nivel de realización y establecer un nivel de aspiración inadecuado al mismo y, en correspondencia, una conducta inadecuada. Existe cierta evidencia de que esto guarda relación con la hipertensión esencial.

7. Eficacia en la adaptación a las exigencias de la vida moderna. Determinado tipo de conductas se hacen imprescindibles para lograr el éxito en la sociedad contemporánea, sin las cuales se puede producir un desajuste importante de la persona.

8. Satisfacción con su vida actual. Un determinado nivel de satisfaccion con la vida que se lleva parece ser uno de los mejores predictores de algunas enfermedades circulatorias.

9. Alexitimia. Aunque este concepto fue elaborado en la década de los setenta, en los últimos tiempos se ha ido acumulando una gran evidencia de que la capacidad de expresar verbalmente los estados de ánimo propios guarda una fuerte relación con determinados problemas de salud. No seria muy arriesgado afirmar que la alexitimia puede influir fuertemente en una futura reconceptualizacion de toda la medicina psicosomática.

10. Implicación-responsabilidad con las principales esferas de la vida (familia, trabajo, amistades y amores e ideas religiosas y filosóficas). Existe evidencia que la falta de implicación y de sentimiento de responsabilidad en tales esferas (que se ha denominado “sentido de la vida”), diferencia significativamente a los suicidas de las personas que no han atentado nunca contra su vida, según investigaciones muy serias (a pesar de que el tema parece algo de literatura, y es que así es la especificidad del ser humano). Esto permite la posibilidad de detectar los casos de alto riesgo para lograr una verdadera prevención. También se está trabajando en intervenciónes específicas, basadas en la psicoterapia conductal, para las personas de alto riesgo de suicidio.

11. Control del destino o control del futuro. El grado en que la persona confíe en el éxito de su actividad futura en función del control que tiene sobre la misma, presenta una fuerte relación con la morbilidad, por lo que merece un análisis más detallado, razón por la cual fue dejada para lo último.

Por supuesto que estas generalizaciones, o preferiblemente hipótesis, de nivel medio no constituyen el único contenido posible del concepto de vulnerabilidad psicosocial a nivel individual y es de esperarse que la investigación en psicología de la salud elabore otras de valor similar. También resulta conveniente aclarar el evidente solapamiento parcial de las mismas, lo que requiere de un ulterior análisis conceptual, cosa que escapa de los objetivos del presente trabajo. El lector avisado encontrará una evidente cercanía entre el concepto de vulnerabilidad psicosocial y lo que pudiera ser la aplicación del concepto epidemiológico de “factores de riesgo” aplicado a variables psicosociales, lo que no es en ninguna medida producto de la casualidad: ambos reflejan un mismo tipo de relación entre las mismas variables, con la diferencia de que, cuando se trata de factores de riesgo se acentúa la correlación estadística y se abstrae un poco del contenido de los mismos. La vulnerabilidad psicosocial pretende ser una hipótesis representativa de los mecanismos de determinación a nivel psicosocial del estado de salud, o sea, que acentúa el contenido de las relaciones más que el aspecto cuantitativo estadístico.

Como puede observarse, múltiples investigaciones apuntan a la importancia de diversos aspectos de la estática y la dinámica del autocontrol. Algunas investigaciones apuntan que la extraordinaria morbilidad de los choferes de omnibus se debe a la “tiranía del itinerario”, que obliga a estos trabajadores a quedar mal o con el público o con los funcionarios de la empresa, sin ninguna posibilidad de garantizarse el éxito en su trabajo en ninguna ocasión, o sea, un bajo control del destino para cada momento futuro; mientras que la baja morbilidad en algunas enfermedades en sectas determinadas se debe a la fuerte creencia de sus miembros en el absoluto control que tienen sobre su destino para toda la eternidad, independientemente de los hábitos alimentarios que presenten.

En los últimos años, en el Laboratorio de ciencias sociales Aplicadas a la Medicina del ICBP-VG de La Habana, se ha venido trabajando en el diseño de un cuestionario de vulnerabilidad-bienestar psicosocial, partiendo de las variables anteriormente referidas, de las que se posee evidencia de su relación con las enfermedades crónicas y otros problemas de salud. Un cuestionario inicial de 20 preguntas fue validado en una muestra de población de un municipio habanero (n = 2000 adultos) y en una muestra de adultos que realizaron intento suicida. Los resultados más relevantes del trabajo son los siguientes:

1. La vulnerabilidad medida con el cuestionario resulta una variable aleatoria con distribucion normal.

2. El cuestionario resulta muy estable en aplicaciones repetidas en un intervalo de 15 días y tres meses.

3. La media de los puntajes de los supuestamente sanos y de los que padecen de enfermedades crónico-degenerativas son significativamente diferentes (los datos de presencia o ausencia de enfermedad fueron tomados de los registros de los médicos de familia. En particular, existen grandes diferencias entre las medias de los puntajes de la población normal y de los que realizaron intento suicida).

4. El cuestionario correlaciona altamente con el cuestionario de vulnerabilidad al estrés de Miller.

5. De los veinte ítems originales, 15 resultaron discriminantes entre la población sana y la que padece problemas de salud.

En el momento actual, el cuestionario, ahora con 15 ítems, se está aplicando en una muestra representativa de la población de un municipio del centro de la isla (n=10 000), en el marco de un estudio preliminar a un proyecto de promoción de salud con financiamiento de la OMS.

Estrategias de intervención

Como bien ha dejado sentado M. Bunge: “En épocas pasadas se consideraba que un hombre era práctico de algún arte cuando al obrar prestaba poca o ninguna atención a la teoría, o bien se basaba en teorías espontáneas del sentido común. Hoy día, un práctico es más bien una persona que obra según decisiones tomadas a la luz del mejor conocimiento tecnológico… y este conocimiento, hecho de teorías, reglas fundamentadas y datos es, a su vez, un resultado de la aplicación del método de la ciencia a problemas prácticos”.

Desafortunadamente, no toda la práctica psicológica puede ufanarse de su basamento científico, lo que en cierta medida permite a este autor ironizar en la obra citada al decir que: “Lo malo de la mayor parte de la psicología ‘aplicada’… es que no consiste en una aplicación de la psicología científica”. Por otra parte, también es cierto que determinadas teorías del aprendizaje o más bien, conjuntos de hipótesis de nivel medio tomadas de experimentos con ratas y perros son difícilmente convertibles en tecnologías psicológicas aplicables a los hombres y a los colectivos humanos.

Se requiere de un aparato conceptual antropológico para sobre su base desarrollar teorías científicas sobre la conducta humana y, posteriormente, las correspondientes tecnologías específicas. La estrategia de eliminar el antropocentrismo se justifica plenamente dondequiera menos en el estudio del más desarrollado de los antropoides, ya que conduce al peligro de la pérdida de la especificidad humana sin lo cual difícilmente se pueda lograr saber nada sobre el ser humano y mucho menos desarrollar estrategias de intervención sólidamente fundamentadas. La investigación psicológica requiere de un previo trabajo conceptual de antropología y no de una “desantropologizacion”.

Muchas de las generalizaciones y regularidades que pueden emplearse para fundamentar estrategias de intervención han sido generadas por investigadores que laboran en el terreno intermedio entre los institutos académicos y los sistemas de salud. Algunas de ellas están dirigidas al entorno en un nivel macrosocial de acción y otras a grupos o individuos.

A nivel de la sociedad como un todo se puede actuar creando determinadas “atmósferas”, utilizando los medios masivos de información y movilizando todos los recursos racionales e irracionales posibles, incluyendo la participación de líderes tanto carismáticos como formales o tradicionales, lo que se ha utilizado mucho tanto para la modificación de hábitos de consumo como para promocionar la práctica de deportes con éxito variable.

Otra estrategia de intervención ambiental por su naturaleza, aunque de un tipo especial, consiste en la creación de “grupos de apoyo” que suplan esa necesidad en determinadas capas de la población, como es el caso de los “círculos de abuelos” cubanos y de otras experiencias de manejo de ancianos, obviando la institucionalización En cierta medida, puede afirmarse que determinados grupos de psicoterapia o grupos de encuentro o incluso de practicantes de métodos curativos orientales, pueden ser considerados como casos particulares de grupos de apoyo. En todos los casos debe de buscarse el imprescindible equilibrio entre la artificialidad obligada de una intervención sujeta a fines con las necesidades sentidas por la población a que va dirigida, sin lo cual tales acciones fracasan a corto o largo plazo.


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Para citar este artículo:

  • Pérez, R. (2003, 19 de octubre). La vulnerabilidad psicosocial, la estrategia de intervencion y el modo de vida sano. Revista PsicologiaCientifica.com, 5(5). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/vulnerabilidad-psicosocial

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