Tratamiento conductual de un caso crónico y recidivante de tricotilomanía
Psicología Clínica y Psicoterapia


  • José Manuel Pérez Quesada
    Colegiado por el Colegio Oficial de Psicólogos de Murcia
    Tricotilomania.org
    Alicante, España

Resumen

  • Se presenta en este trabajo un tratamiento de una tricotilomanía exarcebada y recidivante. Se buscó diferenciar que componentes del tratamiento basado en técnicas conductuales de reversión del hábito son los más importantes y significativos y, por tanto, más efectivos para su simplificación y menor costo en la clínica y hasta que punto los autorregistros por sí mismos podían eliminarlo. Se lleva a cabo a través de un autotratamiento (el autor de este trabajo) y siguiendo a Llavona y Carrasco, (1985) en el establecimiento de las dos fases de su trabajo.

    Varón, de 43 años, con un historial de arrancarse el pelo de 40 años y con una única remisión de 10 años. El resto de las remisiones ha sido muy fluctuante, corto y sin solución.

    Se aplica el entrenamiento en la reacción de competencia, y la auto-observación y registro, junto con la relajación y visualización, en una primera fase. No fue necesaria aplicar la segunda fase consistente en la aplicación del control estimular, práctica masiva, autocontrol y registro. Tras la primera fase de 13 semanas la conducta problema desapareció y se mantiene en los 4 meses de finalización del tratamiento.

    Palabras clave: Tricotilomanía, entrenamiento en reacción en competencia, auto-observación y registro, reversión de hábito.



La tricotilomanía es, esencialmente, el arrancamiento del cabello con pérdida abundante y no debido a algún tipo de enfermedad médica. Aunque la parte más afectada es la cabeza, no tiene que ser la única, puede también abarcar diferentes partes del cuerpo, desde las cejas, pestañas, axilas, hasta el pubis. Cuando es en la cabeza se suele situar, sobre todo en zonas temporales, frontales y parietales combinadas.

En los niños las zonas de calvicie se reparten al no estar tan enraizado el problema y darles menos vergüenza. En los adultos se esconden y se arranca el pelo en zonas más difíciles de descubrir por personas ajenas (Orange y cols., 1986; en García y Mazaira, 1997).

La tricotilomanía está considerada como un trastorno del control de los impulsos (DSM-IV). La clarificación de su clasificación sigue siendo puesta en duda al estar relacionada con el TOC, ya que se ha encontrado un 10 % de TOC en familiares de primer grado de personas con tricotilomanía.

El arrancamiento del pelo, normalmente, va precedido de tensión con urgencia de llevar a cabo el ritual y después de hacerlo se acompaña de una sensación de alivio momentánea. Con respecto a la distribución por sexos, predomina más en mujeres (Azrin y Nunn, 1987).

El inicio del trastorno se da mayormente en la infancia y adolescencia, siendo el número de niños afectados superior al de adultos. El diagnóstico suele hacerse en función de las zonas calvas y descartando enfermedades dermatológicas como la alopecia areata o la calvicie común.

La mayoría de los tricotilómanos creen que son los únicos que padecen el trastorno. No pueden dejar de arrancarse el pelo y tampoco saben por qué lo hacen. La ligera molestia que resulta del arrancamiento se convierte en sensación de alivio, relax y confort cuando se ha hecho. El proceso es ritualista desde los que se lo arrancan y se lo llevan a la boca, hasta los que juegan con el haciendo bolitas y lanzándolo o volviéndolo a romper en trozos más pequeños o también el hacer un montón para luego recogerlos y tirarlos por miedo a que los vean y les den algún tipo de reprimenda. A veces es frecuente que el trastorno vaya asociado a otros como la ansiedad o la depresión, la comorbilidad es alta. Es frecuente que vaya asociado con el morderse las uñas.

Los inicios tempranos de la tricotilomanía se dan entre los 3 y los 6 años, suelen derivarse de un evento estresante de carácter vital y como reacción a el. Suele cronificarse, pese a las intervenciones terapéuticas.

La tricotilomanía está dentro de los trastornos clasificados como de control de los impulsos y que no están en otros apartados como el trastorno explosivo intermitente, la piromanía o la cleptomanía (DSM-III-R).

Método

Sujeto

La persona que escribe es la que se autoaplica el tratamiento. Varón de 43 años, casado, maestro de profesión y psicólogo, con estabilidad económica, vive con su familia compuesta por su pareja y tres hijos de 16, 14 y 12 años respectivamente. Buscó la solución a su problema después de llevar con él aproximadamente 40 años.

En momentos de estrés o tensión (aurosal), y como vía de escape, utilizó el arrancamiento del cabello como forma de superar dicha ansiedad con el confort y el alivio que conlleva. Ha habido un fracaso continuo y repetido en resistir dicho impulso, llegando a pérdidas notables de pelo con calvas abundantes y repartidas por la cabeza. La consecuencia que obtenía de alivio y gratificación después de arrancarse el cabello era uno de los refuerzos que mantenían el problema.

No ha tenido ninguna enfermedad médica que pudiera tener relación con este hábito. El problema, ya a los 43 años, le causaba un malestar general que no podía aguantar más tiempo. Se arrancaba el cabello delante de sus amigos, hijos, esposa, y no podía seguir así.

El problema surgió, según fuentes familiares más cercanas, aproximadamente entre los 3-6 años, en el parvulario. Pero fue a los dos años de tener el problema cuando comenzaron a darse cuenta del mismo, con una atención que en principio estaba dentro de lo normal, pero que luego, conforme avanzaba el tiempo, era desmedida. El problema se agravó en la infancia, convirtiéndose es un caso curioso para sus familiares.

A la edad de entre 8 y 12 años, iba muchas veces al colegio con los dedos cubiertos de esparadrapo, para impedir que pudiera tirarse del cabello. Pero había un truco para mantener el hábito, truco que tardó en descubrirse, puesto que se liaba los dedos de la mano izquierda porque con la derecha tenía que escribir. Así que, empeñado en seguir, dejaba el bolígrafo o el lápiz que tenía en la mano derecha y a la labor, tira que tira.

Poco a poco, las medidas para solucionar el problema fueron variando, cada cual de ellas más original, como la consabida gorra en la que por dentro metía los dedos y tiraba; hasta la de pintarse de negro las calvas para disimularlas.

Tarde o temprano tenía que llegar la medida más frustrante, por la cual sería la burla de los amigos, familiares, barrio, y pueblo, puesto que por aquel entonces el pueblo era pequeño y todos se conocían. El sufrimiento era terrible.

Cuando lo pelaban al cero, y al ver la cara de satisfacción del peluquero, imaginaba como estaría él con el mismo “pela’o”; se llamaba Joaquín, el rojo. Cuando salía de la peluquería no sabía donde meterse o esconderse, sobre todo al ver la amplia sonrisa de Joaquín cuando espolsaba el delantal para que cayeran los pelos al suelo, porque en la cabeza ya no quedaba ninguno.

Iba a casa y estaba toda la tarde o el día sin salir, pues la pena era mayor. Además, para “motes” (sobrenombres) había de los más variados: el calvi, el calvo, el pela’o, el tres pelos, el calvuri, el calvuria, en fin, podría haberse llenado páginas y páginas.

Nadie sabía en aquella época (años 60-70) que además del peluquero, las gorras, el tiznado de las calvas o el esparadrapo existían técnicas conductistas efectivas para eliminar el problema, como la práctica masiva, la auto-observación, el autorregistro, la extinción, el refuerzo de conductas incompatibles, el refuerzo de otras conductas etc. Todo esto le fue haciendo a nuestro sujeto de estudio un carácter fuerte ante la adversidad, pero débil frente a la autoridad y la burla.

Lo que salvó su equilibrio fue la exposición a que lo sometió su madre, quien le obligaba a salir a la calle y a no quedarse encerrado en casa, y lo obligaba fuese como fuese, por las buenas o por las malas.

Con el tiempo, al hacerse mayor, se casó, tuvo hijos, pero el problema no disminuyó. A los treinta años se propuso buscar ayuda profesional y encontró, por suerte, un psicólogo competente y preparado.

Su línea de trabajo estaba dentro del modelo psicodinámico o mejor, el humanista. Bastó con dos sesiones, la motivación y un curso de fin de semana (Análisis Transaccional) en donde se aplicó la técnica gestáltica de las sillas calientes y el consabido insight, para darse cuenta dónde radicaba el problema.

La madre de nuestro sujeto sufrió un Estrés Postraumático luego del accidente laboral de su padre, cuando el hijo apenas contaba con seis meses de nacido. Así, madre e hijo se separaron por un tiempo breve, de manera que otra mujer lo crió y lo amamantó.

Se crió como hijo único, pero con mucha calle y con unos abuelos que, al igual que su madre le quisieron mucho y le rodearon de un apoyo social, pues era la familia de su padre.

Después de acabar los cursos de Análisis Transaccional, se matriculó en la universidad, en la Facultad de Psicología. Al acabar la licenciatura se dio cuenta que un buen profesional es antes que un modelo, un psicológico. No con esto quiero justificar que la psicología se libere del carácter científico, sino que la preparación del terapeuta es muy importante.

Hubo una remisión importante que duró diez años y que pensaba que había eliminado el problema para siempre. Pero no, este volvió de nuevo, ¿cuándo? Pues unido a lo que se ha denominado el síndrome del cuidador de personas con demencias seniles.

Al terminar la universidad (1994) tuvo que hacerse cargo de su madre y atenderla en su enfermedad de Alzheimer. A los pocos años se desencadenó de nuevo el problema.

Actualmente intenta superarlo y es cuando ha tenido que enfrentarlo.

En estos diez años han pasado muchas cosas. Vamos a analizarlas.

Al hacer un análisis nos damos cuenta de lo siguiente:

VV de estímulos antecedentes

Las variables (VV) que anteceden al problema es importante controlarlas. Las situaciones, personas o actividades que estimulaban el hábito eran siempre:

Cuando estoy nervioso, mirando la televisión, mientras leo y estudio, trabajando en un escritorio, sentado en el sofá, de pie, al hablar por teléfono o simplemente cuando estoy aburrido.

La valoración de SIEMPRE delimita el alcance de la intensidad, la duración y la frecuencia. Estas situaciones servían de señal para tirarse del pelo. Unas más que otras, por ejemplo, es más frecuente al hablar por teléfono, más intenso al contemplar un interesante partido de fútbol y duraba más cuando estaba sentado en el sofá viendo la televisión.

VV del organismo

Las VV biológicas no han influido mucho en la conducta problema, tanto las pasadas como las presentes. No se han presentado problemas de salud ni tampoco se ha habido consumo de drogas. Tampoco recuerda haber tomado algún tipo de fármacos para solucionar el problema, a excepción de vitaminas para que le saliera el pelo más fuerte y le doliera más al arrancárselo y, por tanto, dejara de hacerlo.

– VV de estímulos consecuentes

La evitación y el escape (actuando como refuerzo negativo) han sido el pan de cada día. Los intentos repetidos y los planes propuestos para dejar de hacerlo se han repetido una y otra vez, marcados con escasos resultados.

El corte de pelo al cero, muchas veces repetido, las burlas de los amigos, de los adultos, y los esparadrapos en los dedos, han actuado como castigo, pero al aprender a evitarlo con estratagemas diversas no han disminuido la frecuencia de arrancamiento sino que la han empeorado, convirtiéndose en escape y evitación de dichos castigos es decir en refuerzo negativo que, como sabemos, siempre aumenta o mantiene el problema. Otra de las causas que han mantenido el problema ha sido la continua atención, un tanto desmesurada hacia el problema. Se ha reforzado positivamente hasta casi la extenuación. Cada vez que tenía la mano en la cabeza, antes de averiguar porque era, ya se oía la canción:

Déjate la cabeza, ya te estás tirando, siempre estás igual, me estás poniendo nerviosa, déjate el pelo, ya está bien…

Además, y según el estado de ánimo de la otra persona con menor o mayor volumen, cuando a lo mejor era porque picaba y tenía todo el derecho del mundo a rascarse.

Ahora, con el tiempo y la aplicación del tratamiento hay consciencia del acto, de sus consecuencias y de las razones por las cuales no hacerlo, puesto que es un movimiento asociado y es el fundamental, ya que hay que controlarlo, pero no con una inadecuada atención.

La extinción, como se ve, ha brillado siempre por su ausencia y no digamos el refuerzo a otras conductas o a conductas incompatibles.

Procedimiento

 Evaluación: Autorregistros

La razón fundamental que lleva a desear eliminar el hábito, ha sido la falta de autocontrol, puesto que siempre se he dicho que con entrenamiento se consiguen hasta las cosas más difíciles pero… ¿por qué no con esto?

Ya de adulto, la preocupación se relacionaba con la vergüenza de dar la espalda a personas que sabían del problema y que se podían fijar en las zonas calvas de la cabeza. Incluso, se lleva a evitar a ciertas personas que conocen el hábito, esto para evitar, a su vez, las críticas.

Los esfuerzos que por evitarlo han sido porque preocupaba mucho que los hijos le imitara; este deseo funcionó como motivación intrínseca y como reto, nunca como amenaza.

Se estableció una recogida de datos que diera la línea base (LB) que ayudara a establecer y delimitar el problema.

La variable dependiente fue el número de pelos arrancados por semana. Los pelos arrancados se guardaron en una cajita, y se contaron al final del día. En la semana que se estableció para la LB, se contabilizaron setenta y un pelos. Esta autobservación y registro siguió durante todo el tratamiento.

2. Hipótesis

El análisis funcional delimita los antecedentes y consecuentes de la conducta problema.

El aprendizaje consciente de la ocurrencia del hábito puede ser eliminado mediante la interrupción de sus movimientos asociados y su secuenciación automatizada, estableciendo una respuesta física incompatible y controlando las contingencias que lo mantienen.

Tratamiento

– Auto-observación y registros

Con la auto-observación y los registros se continuó como en la evaluación, es decir, se registró semanalmente el número de pelos arrancados y se establecieron de manera más específica las situaciones y lugares donde aumentaba o disminuía la conducta problema.

– Entrenamiento en hacer consciente el hábito

Descripción de respuesta, identificación de precursores e identificación de lugares y situaciones de riesgo.

Se siguió en un entrenamiento en hacer consciente el hábito. Para ello, se hizo una descripción de la respuesta, que consistió en describir delante del espejo las diversas maneras de realizar el hábito.

Dirigía la mano a la cara, de donde pasaba a la cabeza alisando o desenredando el cabello. Seguidamente pasaba a rizarlo y a hacer bolas. Pasaba los dedos por entre medio de los pelos liados y obstruidos, es decir, entre las hebras; una vez hecho esto tiraba y arrancaba, para después hacer una “bolita” y volverla a romper en trozos pequeños. Después la tiraba al suelo. Cuando había muchas bolitas en el suelo las recogía, aunque no siempre, y el juego empezaba de nuevo. La secuencia quedaba de la siguiente forma:

– Dirigir la mano a la cara
– Pasar la mano a la cabeza y alisar el cabello o desenredar el pelo rizado
– Rizarlo y hacer bolas
– Pasar los dedos por entre medio de los pelos liados y obstruidos (entre las hebras)
– Tirar y arrancar
– Hacer una bola y volver a romperla en trozos más pequeños
– Tirarla al suelo
– Cuando hay muchos cabellos en el suelo, recogerlos para que no lo vean y volver al principio



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Para citar este artículo:

  • Pérez, J. M. (2004, 02 de enero). Tratamiento conductual de un caso crónico y recidivante de tricotilomanía. Revista PsicologiaCientifica.com, 6(1). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/tricotilomania-tratamiento-conductual


8 Comentarios para “Tratamiento conductual de un caso crónico y recidivante de tricotilomanía

  1. Sara Rodrigo

    Es curioso, pero después de 20 de sufrir de tricotiloman he aceptado mi problema y he decidido dejar de hacerlo. Este artículo es lo que necesitaba leer, porque está basado en un caso real y porque siempre me pregunté cuña sería el tratamiento de la tricotilomanía. He utilizado el registro y la visualización para otras situaciones de mi vida, aunque lo he intentado por mí misma. Sin duda, este artículo me ha aportado mucha luz; ya estoy cansada de psicología barata de autocontrol y autoayuda.

  2. Erika

    Buenas Noches, mi nombre es Erika y sólo quiero agradecer la ayuda que venía buscando desde hace ya mucho tiempo. El artículo es excelente, hace más de diez días lo leí y he tomado más conciencia sobre este problema. Este padecimiento, problema o manía, la he padecido por más de 30 años y efectivamente, en situaciones de angustia o estrés se agudiza. Actualmente se presenta a diario y en más de tres ocasiones durante el día, ocasiones que llegan a durar hasta una hora más menos, y aunque de repente me doy cuenta y dejo de hacerlo, vuelvo a lo mismo. Llevaré el auto-registro suguerido y espero, en poco tiempo, escribirle nuevamente dando testimonio de lo que gracias a su aporte puedo llegar a vencer. Saludos desde México.

  3. fiorella

    No era del todo conciente del problema hasta que lo asocié a que se producía en situaciones que producían en mi un gran estrés y también cuando en clases de psicopatología el doctor expuso algo sobre tricofagia, creo que fue allí donde asumí que era realmente un trastorno. Tengo el problema casi desde los 11 años, ahora tengo 20 y no quiero terminar sin cabello. Me asusto al ver, después de cada crisis cuánto cabello puedo llegar a arrancarme. Pude controlarme algo cuando comencé a valorar mi cabello y el artículo coincide en eso. Realmente es un buen artículo y ayuda mucho a personas que como yo padecen de tricotilomanía.

  4. JUDITH

    Gracias por compartir con nosotros su investigación. Se que es difícil dejar el hábito. Yo empecé a sufrirlo a los 9 años, igual que ansiedad. Después de un periodo de 5 años, empecé de nuevo con la manía a los 24 años de edad. Confieso que me impactó leer esta investigación. Ver el problema desde afuera me ha hecho tomar conciencia de la gravedad del problema. Tal vez la calvicie se pueda ocultar pero los fantasmas del pasado seguirán hasta que supere mis traumas.

  5. adriana

    Bueno después de 17 años recientemente me di cuenta que lo que tenía era una enfermedad que muchos padecen, he tratado de controlar con la ayuda que proporcionan profesionales en internet, he descansado un mes a lo mucho siguiendo los consejos pero una vez que vuelves a sacarte los pelos vuelves a lo mismo, espero algún día tener toda la fortaleza de quitar de raíz esta mala maña que afecta mi vida.

  6. ELIZABETH VEGA BUITRAGO

    Agradezco me envien información o a que centro puedo acudir para me caso de tricotilomanía. Vivo en Bogotá – Colombia.

  7. juan carlos

    Buen artículo, ahora fíjense en que estamos en presencia de un patrón que comienza a manifestarse en tres etapas preparación del ritual, frotarse manos y dedos, segunda fase, llevarse las manos a la cara y la zonas con bello y tercera fase el impulso inconsciente de arrancarse el cabello. La autobservación es la solución, al mismo tiempo tener conciencia del problema. Cuando logren cortar el ritual antes de comenzada las fases finales contrayendo un musculo sea la mano o fuñir el ceño, estaremos avanzando en una solución no definitiva pero si constante. Se puede aguantar no es imposible, solo se necesita auto control y seguir los pasos. Cada año que pase uno sin arrancarse el cabello debe celebrarlo haciendo una connotación psicosocial de la conducta para evitar recaídas.

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