Prácticas parentales y uso generalizado y problemático de Internet
Psicología de la Familia


  • Jose David Fandiño Leguia Ph.D.
    Docente universitario
    Universidad Linda Vista
    Pueblo Nuevo Solistahuacán, México

Resumen

  • Se estima que existe un poco más de 200 millones de internautas y que esta cifra va en aumento con el paso de los años, convirtiendo el internet en la segunda tecnología más usada alrededor del mundo, superada únicamente por la  telefonía  celular  (Navarro  Mancilla  y  Rueda  Jaimes,  2007).  En México, Argentina, Brasil, Chile,  Colombia,  Perú  y  Venezuela  se  reporta  que  el  60%  de  los  adolescentes  de entre 14 y 15 años prefieren internet a cualquier otra actividad (Arribas e Islas, 2009). Los sujetos del estudio fueron 778 alumnos de 12 a 22 años, el 50.7% de los cuales fueron hombres frente al 49.3% de mujeres. Para obtener los datos de esta investigación, se utilizaron dos escalas diferentes: a) la Escala de  Uso  Problemático  y  Generalizado  de  Internet,  que  evalúa  cuatro  dimensiones:  preferencia  por  la interacción social online, regulación del estado de ánimo, autorregulación deficiente  —que incluye a su  vez  preocupación  cognitiva  y  uso  compulsivo—  y  consecuencias  negativas;  y  b)  la  Escala  de Prácticas Parentales, formada por nueve factores, cuatro factores por parte del padre, —comunicación y control conductual paterno, autonomía paterna, imposición paterna y control psicológico paterno—y  cinco  por  parte  de  la  madre,  —comunicación  materna,  autonomía  materna,  imposición  materna, control psicológico materno, y el control conductual materno. Los resultados del estudio indicaron que las  prácticas  parentales  tienen  relación  con  el  uso  problemático  de  internet  en  los  adolescentes  del estudio.
    Palabras clave: Adicción a internet, prácticas parentales, adolescentes.

 

En  esta  sociedad,  tener  internet  es  un  elemento  primordial  para  el  trabajo,  la  educación  y  el entretenimiento. Se estima que existen un poco más de 200 millones de internautas y que esta cifra va en aumento con el paso de los años, convirtiendo al internet en la segunda tecnología más usada alrededor del mundo, superada únicamente por la telefonía celular (Navarro Mancilla y Rueda Jaimes, 2007). En México, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Venezuela se reporta que el 60% de los adolescentes de entre 14 y 15 años prefieren internet a cualquier otra actividad (Arribas e Islas, 2009).

Así como el  internet  puede  ser  benéfico  para  nuestra  sociedad,  también  puede  tener  efectos negativos.  Las estadísticas  indican  que,  en  promedio,  el  42%  de  los  niños  son  víctimas  de  ciberbullying (Chisholm,  2006;  van  Rooij  y  van  den  Eijnden,  2007;  Vanlanduyt  y  De  Cleyn,  2007).  Una  segunda consecuencia que se ha documentado es el daño emocional debido a la exposición a la pornografía, a la violencia y a las  insinuaciones  verbales  (Beebe,  Asche,  Harrison  y  Quinlan,  2004;  Chisholm,  2006;  Fleming,  Greentree, Cocotti Muller, Elias y Morrison, 2006; Livingstone, 2003; Mitchell, 2000; Valentine y Holloway, 2001). Una tercera  consecuencia  es  el  impacto  de  internet  en  la  salud  física  de  los  niños  (Barkin  et  al.,  2006; Vanlanduyt y De Cleyn, 2007; Wang, Bianchi y Raley, 2005).

De  igual  manera,  otras  investigaciones  recientes  (Castellana  Rosell,  Sánchez  Carbonell,  Graner Jordana y Beranuy Fargues, 2007; Echeburúa y de Corral, 2010; Ruiz Olivares, Lucena Jurado, Pino Osuna y Herruzo Cabrera, 2010, Viñas Poch, 2009; Widyanto y Griffiths, 2006) han demostrado el daño potencial que puede tener el uso inadecuado de la red entre los jóvenes y su impacto psicológico y conductual, a los que se agregan pérdida de control, frecuentes sentimientos de culpa y aislamiento.

Otros  investigadores  han  encontrado  que   internet,  a  pesar  de  ser  una  novedad  interactiva, podría  tener  efectos  negativos  en  los  adolescentes,  debido  a  las  características  propias  de  su  desarrollo, donde la búsqueda de cosas nuevas y la impulsividad propia de su etapa de vida los hacen más vulnerables a  desarrollar  problemas  adictivos  (Chambers,  Taylor  y  Potenza,  2003;  Morahan  Martin  y  Schumacher, 2000).  Desde  hace  casi  dos  décadas,   internet  está  generando  nuevas  adicciones,  convirtiéndose  en  un nuevo desafío en el campo de la psiquiatría (Navarro y Morales, 2001), debido al desarrollo de patologías que  están  asociadas  al  uso  problemático  de  esta  tecnología,  como  placer  excesivo  de  estar  en  línea, irritabilidad o síntomas depresivos al no estar conectado, deterioro de las relaciones familiares y sociales y negligencia laboral.

Antes del DSM-V no existia una categoría diagnóstica precisa que se refiera a la adicción a internet o ciberdependencia. Este antecedente ha generado una variedad terminológica cuando se hace referencia al  uso  peligroso  de  internet,  incluyendo  términos  tales  como  adicción  a  internet  (Chou  y  Hsiao,  2000; Goldberg,  1996;  Kandell,  1998;  Young  y  Rodgers,  1998a,  1998b),  uso  patológico  (Davis,  2001;  Morahan Martin  y  Schumacher,  2000),  dependencia  de  internet  (Chen,  Tarn  y  Harn,  2004),  uso  excesivo  (Hansen, 2002), uso compulsivo (Greenfield, 1999; Meerkerk, van den Eijnden y Garretsen, 2006), uso problemático (Caplan, 2002; Shapira, Goldsmith, Keck, Kohsla y McElroy, 2000), uso no mediado (LaRose, Lin y Eastin, 2003) y uso poco saludable o enfermizo (Scherer, 1997).

Caplan  (2003,  2010)  utiliza  el  término  de  uso  problemático  y  generalizado  de  internet  para referirse  al  patrón  que  incluye  el  impulso  recurrente  de  conectarse  a  internet  y  a  la  necesidad  de  estar conectado a menudo. Además, incluye repetidos intentos de detener el uso de internet, reemplazo de las relaciones familiares y sociales y escape de los problemas y las consecuencias negativas emergentes de la vida  diaria.  La  adicción  a  internet  se  origina  como  una  problemática  amalgamada  a  nuestra  sociedad moderna (Jiménez y Pantoja, 2007).

Desde 1998 hasta 2014 han surgido, a nivel mundial, numerosas investigaciones sobre adicción a internet (Astonitas Villafuerte, 2013; Carbonell, Fúster, Chamarro y Oberst, 2012; Henderson, 2011; Ko et al., 2005a, 2005b; Kraut et al., 1998; Nabuco de Abreu, Gómez Karam, Sampaio Góes y Tornaim Spritzer, 2008; Sánchez Carbonell, Beranuy, Castellana, Chamarro y Oberst, 2008; Stieger y Burger, 2010; Yen et al., 2008;  Young  y  Rodgers,  1998a,  1998b).  En  México,  diversos  investigadores  (Fernández  Poncela,  2013; García  Piña,  2008;  Hilt,  2013;  Santana  Carreón  et  al.,  2012;  Trujano  Ruiz,  Dorantes  Segura  y  Tovilla Quesada, 2009) han mostrado un interés marcado por el estudio de la adicción a internet y su relación con otros conceptos.

Estilos parentales

Son muchos los agentes con los que tiene interacción una persona; sin embargo, la familia, durante una gran  parte  de  la  vida,  es  el  factor  más  determinante  en  su  desarrollo.  Los  padres  constituyen  un elemento importante de esa influencia. Por esta razón, los investigadores del comportamiento humano han visualizado la necesidad de crear propuestas para evaluar esta influencia. Varios autores (Orlansky, 1949; Schaefer,  1959;  Sears,  Maccoby  y  Levin,  1976;  Whiting  y  Child,  1954)  han  definido  algunos  aspectos  del comportamiento  de  los  padres,  que  pueden  responder  al  porqué  del  comportamiento  de  los  hijos.  Esta inquietud no es nueva, ya que Baldwin (1955), Freud (1933) y Watson (1928) plantearon que el control y el apego son dimensiones fundamentales en el desarrollo de los niños.

Baumrind (1972) es una de las pioneras en este tipo de estudios y, por la década de los 70, estudió y  analizó  los  constructos  antes  propuestos  y  tuvo  la  iniciativa  de  proponer  estilos  parentales.  Los  tres  estilos que Baumrind (1966) propuso son los siguientes: a) autoritatorio, b) autoritativo y c) permisivo.

Con el tiempo, Maccoby y Martin (1983) redefinieron la tipología de Baumrind (1966) al agregar un cuarto estilo, al que ellos conceptualizaron como estilo negligente. Esta  tipología  tradicional  de  los  estilos  parentales  fue  ampliamente  utilizada  para  investigar  la relación que existe entre el estilo parental y el desarrollo de los hijos, tanto en los Estados Unidos, donde surgió  esta  propuesta  teórica  (Blake  Snider,  Clements  y  Vazsonyi,  2004;  Lamborn,  Mounts,  Steinberg  y Dornbusch, 1991; Steinberg, Lanborn, Darling, Mounts y Dornbusch, 1994; Steinberg, Lamborn, Dornbusch y Darling, 1992), como por investigadores de otros países (Cakir y Aydin, 2005; Chao, 2001; Chen, et al., 1997; Cubis, Lewis y Davis, 1989; Glasgow, Dornbusch, Troyer, Steinberg y Ritter, 1997; Leung, Lau y Lam, 1998; Musitu Ochoa y García Perez, 2001; Shek, Lee y Chang, 1998; Sorkhabi, 2005).

Algunos  investigadores  mexicanos,  igualmente,  han  visualizado  la importancia  de  estudiar  esta variable (Asili Pierucci y Pinzon Luna, 2014; Asili Pierucci y Prats Beltran, 2002; Palacios y Andrade, 2006; Vallejo  Casarín  y  Aguilar  Villalobos,  2001;  Vallejo  Casarín,  Aguilar  Villalobos  y  Valencia,  2002)  y  han utilizado este planteamiento conceptual para evaluar el nivel de influencia de los padres en el desarrollo de los hijos.

Prácticas parentales

La influencia de las prácticas parentales es tan importante, que en México se tienen evidencias de que  la  percepción  que  tiene  los  hijos  de  sus  padres  influye  en  sus  conductas  problemáticas,  como patologías  de  personalidad,  ajuste  escolar,  consumo  de  alcohol  y  tabaco,  conductas  sexuales,  depresión, conductas antisociales e intentos de suicidio (Moreno Carmona, 2012; Rodríguez Aguilar, van Barnerveld, López Fuentes y Unikel Santoncini, 2011).

La  teoría  sobre  la  cual  se  han  apoyado  diversas  investigaciones  sobre  conductas  parentales  se basan  en  dos  grandes  dimensiones:  apoyo  y  control  parentales  (Barber,  1996).  Las  investigaciones recientes  han  integrado  elementos  importantes  dentro  de  las  prácticas  parentales  que  permiten determinar, por ejemplo, los niveles de control psicológico y conductual (Barber, Olsen y Shagle, 1994).

Se  entiende  por  apoyo  parental  la  cantidad  de  soporte  y  cariño  que  muestran  los  padres.  Los padres catalogados como tolerantes y sensibles suelen sonreír, elogiar y estimular a sus hijos, expresando una gran cantidad de cariño, aun cuando pueden volverse bastante críticos cuando un niño se porta mal.

Las  conclusiones  de  diversas  investigaciones  son  consistentes  al  informar  que  un  alto  apoyo  parental  se relaciona  con  un  menor  número  de  problemas,  tanto  emocionales  como  de  conducta  (Amato  y  Fowler, 2004; Barber, 1996; Fletcher, Steinberg y Williams Wheeler, 2004; Oliva Delgado, Parra Jiménez, Sánchez Queija y López Gaviño, 2007).

El control conductual es definido como el conjunto de límites, reglas, restricciones y regulaciones que los padres tienen para sus hijos y el conocimiento de las actividades que estos realizan (Andrade Palos y  Betancourt  Ocampo,  2011).  Las  investigaciones  que  giran  en  torno  de  este  tema  han  encontrado resultados  poco  claros,  ya  que  hay  datos  que  apoyan  la  afirmación  de  que  el  control  influye  de  manera positiva en la conducta de los hijos, sobre todo cuando se refiere a estrategias de supervisión de los hijos (Pettit, Laird, Dodge, Bates y Criss, 2001). Sin embargo, el control conductual también se asocia de forma negativa con la presencia de problemas cuando se utilizan estrategias intrusivas para controlar la conducta (Barber, 2002).

MÉTODO

Tipo de investigación

La  presente  investigación  fue  de  corte  cuantitativo,  no  experimental,  descriptivo,  correlacional  y transversal, y propuso un modelo de matrices de ecuaciones estructurales.

Participantes

Participaron  del  estudio  los  estudiantes  de  nivel  secundario  y  preparatorio  de  las  escuelas privadas  y  públicas  de  la  cabecera  municipal  de  Pueblo  Nuevo  Solistahuacán,  Chiapas,  durante  el  curso escolar 2014-2015: a) COBACH 47 Pueblo Nuevo, b) Escuela Salomón González Blanco, c) Colegio Niños Héroes,  d)  Escuela  General  Estatal  Leona  Vicario  y,  e)  Colegio  Linda  Vista.  Dos  instituciones  fueron  de gestión pública y tres de gestión privada. Los sujetos del estudio fueron 778 alumnos de 12 a 22 años, el 50.7% de ellos de género másculino frente al 49.3% de género femenino.

Instrumentos

Se utilizó la Escala de Uso Problemático y Generalizado de Internet (GPIUS2) para adolescentes, de Caplan  (2002).  Esta  escala  evalúa  cuatro  dimensiones  que  son  las  siguientes:  a)  preferencia  por  la interacción  social  online,  b)  regulación  del  estado  de  ánimo,  c)  autorregulación  deficiente,  que  incluye preocupación  cognitiva  y  uso  compulsivo,  y  d)  consecuencias  negativas.  La  escala  total  tiene  una consistencia interna muy buena (α = .90).

El  segundo  instrumento utilizado fue  la  Escala  de  Prácticas  Parentales  para  Adolescentes  (PP-A),  de Andrade Palos y Betancourt Ocampo (2008). Esta escala está formada por nueve factores, cuatro factores por parte del padre, —comunicación y control conductual paterno, autonomía paterna, imposición paterna y  control  psicológico  paterno—  y  cinco  por  parte  de  la  madre,  —comunicación  materna,  autonomía materna,  imposición  materna,  control  psicológico  materno,  y  el  control  conductual  materno—  El instrumento cuenta con un coeficiente de confiabilidad muy aceptable (α = .920).

RESULTADOS

Resultados descriptivos e inferenciales

Los  resultados  estadísticos  descriptivos  del  comportamiento  de  las  variables  revelan  que  los participantes, en general, presentan un nivel más bien bajo de uso problemático y generalizado de internet, que  corresponde  a  un  26%  del  rango  de  la  escala.  La  media  corresponde  a  la  categoría  mínima.  La dimensión  con  mayor  puntuación  fue  la  regulación  del  estado  de  ánimo.  La  percepción  de  las  prácticasparentales revelaron un porcentaje (70%) más alto en el rango de la escala de la comunicación materna y autonomía paterna, con un 62% en el rango de la escala de esta dimensión.

Los resultados mostraron que la matriz observada y la que surge del modelo no son iguales, según el criterio absoluto de la Chi cuadrada (2(62) = 160.864, N = 398, P = .000). Sin embargo, el modelo alcanzó una bondad de ajuste aceptable del índice absoluto (GFI = .962), del índice de parsimonia (RMSEA = .063) y el índice de medida incrementada (CFI = .962). Esto permite aceptar que el modelo es válido para describir la relación entre las variables involucradas.

Otros análisis 

Análisis  complementarios  permitieron  observar  que  la  percepción  masculina  del  control conductual materno resultó significativamente mayor que la percepción de las mujeres. De igual forma, la percepción de los varones en cuánto la imposición paterna resultó mayor que la de las mujeres.

El uso problemático y generalizado de internet se asocia de manera inversa con la edad, lo que significa que a mayor edad se presenta menor uso problemático y generalizado de internet.

DISCUSIÓN

De  acuerdo  con  los  resultados  obtenidos  en  la  presente  investigación,  se  encontró  que  entre  los adolescentes de Pueblo Nuevo Solistahuacán, no se evidencia un uso problemático y generalizado de internet, dado  que  no  alcanzaron  valores  importantes  en  la  escala  como  para  considerar  que  pueda  haber  este comportamiento  en  su  estilo  de  vida.  Estos  resultados  son  diferentes  a  los  encontrados  por  otros  estudios (Carbonell  et  al.,  2012;  Fernández  Montalvo,  Peñalva  Vélez  e  Irazabal,  2015;  Gómez  Salgado,  Rial  Boubeta,  Braña  Tobío,  Várela  Mallou  y  Barreiro  Couto,  2014;  Muñoz  Rivas,  Gámez  Guadix,  Graña  y  Fernández,  2010; Villadangos y Labrador, 2009).

Se  encontró  en  el  presente  estudio  que  la  dimension  del  uso  problemático  y  generalizado  de  internet que presentó una puntuación más alta que las demás es la regulación del estado de ánimo. Sin embargo, esto no  indica  que  los  adolescentes  usen  el  internet  para  refugiarse  de  sus  sentimientos  de  tristeza,  enfado  o soledad, porque los resultados no marcan valores suficientemente altos como para indicar un comportamiento problemático. Según Cortés Blanco y Piñeroa Sierra (2009), “el uso problemático de internet se ve fortalecido por las posibilidades  que  el  medio  brinda  en  término  de  intimidad,  variedad  en  su  oferta,  independencia  en  tiempo real”  (p.  14).  Con  estas  condiciones  no  cuentan  los  adolescentes  de  la  investigación,  debido  a  que  el  medio donde se encuentran no ofrece acceso a internet de manera regular y gratuita; así que hacen uso del mismo en cibercafés que requieren de un costo monetario y carecen de privacidad, uno de los elementos necesarios para presentar una conducta problemática en este ámbito.

En  gran  medida  esa  privacidad  se  obtiene  generalmente  por  tener  acceso  a  internet  en  el  hogar, evidente en los resultados de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC, 2016) y de Sánchez Martínez y Otero Puime (2010), quienes declaran que el lugar donde más se conectan los jóvenes es en su casa. Como no se encontró marcado uso problemático y generalizado de internet, los adolescentes expresan que este no afecta el control de su vida y evidencian el hecho de que no han dejado compromisos o actividades sociales importantes por el uso de internet. También expresaron que no han incumplido compromisos por esta práctica. Sin embargo, estos resultados son contrarios a la opinión de otros estudios, que han observado que el uso  problemático  de  Internet  entre  los  adolescentes  preocupa  cada  vez  más  a  investigadores  e  instituciones.

Problemas  de  conducta,  aislamiento  social,  fracaso  escolar  y  problemas  familiares  son  algunas  de  las consecuencias del impacto a nivel psicológico y conductual que ello produce (Gómez Salgado et al., 2014, p. 21).

En  cuanto  a  la  asociación  del  uso  problemático  de  internet  con  los  aspectos  psicológicos  de  los adolescentes,  se  evidencia  que  los  participantes  del  estudio  mostraron  poca  inclinación  a  usar  internet  para hablar con otros cuando se sienten solos, tristes o enfadados. No obstante, un porcentaje bajo de los jóvenes expresan navegar en internet cuando están tristes o para regular su estado de ánimo, lo que, según Navarro y Morales  (2001),  puede  originar  el  desarrollo  de  patologías,  tales  como  depresión,  irritabilidad,  problemas familiares y sociales, lo que también es confirmados por otros estudios (Milevsky, Schlechter, Netter y Keehn, 2007; Sheeber, Hops, Alpert, Davis y Andrews, 1997).

Se agrega a los aspectos psicológicos que los adolescentes expresan que no estar conectados a internet es  algo  que  no  les  preocupa,  ni  consideran  que  el  no  tener  acceso  a  él  los  haga  sentir  aislados  de  sus semejantes,  o  con  la  sensación  de  pérdida  social.  Por  lo  tanto,  entre  los  adolescentes  de  Pueblo  Nuevo Solistahuacán,  la  idea  obsesiva  de  conectarse  a  internet  no  es  una  conducta  característica.  Con  todo  un porcentaje importante (26%) de adolescentes muestra tener dificultad para controlar la cantidad de tiempo que está conectado a internet, situación que igualmente se observa en el estudio de De Gracia Blanco, Vigo Anglada, Fernández  Pérez  y  Marcó  Arbonès  (2002).  Sin  embargo,  la  gran  mayoría  puede  resistir  los  impulsos  de conectarse a internet.

CONCLUSIONES

En los adolescentes de Pueblo Nuevo Solistahuacán no se observaron que permitan afirmar que hay un uso problemático de internet, al contrario de la mayoría de las investigaciones. Esto no asegura que no existan casos con esta problemática entre algunos adolescentes. Las prácticas parentales constituyen factores importantes para evitar la conducta del uso problemático de internet en adolescentes de la cabecera municipal de Pueblo Nuevo Solistahuacán, Chiapas, destacando que de estas prácticas las de mayor impacto son las maternas. La dimensión de las prácticas parentales que contribuye al uso problemático de internet en adolescentes es el control psicológico paterno y materno. Sin embargo, las dimensiones que contrarrestan esta conducta en los adolescentes objetivo de investigación en la localidad de Pueblo Nuevo Solistahuacán son la comunicación materna y la comunicación y control conductual paterno.

Las escuelas que presentaron los resultados más bajos en la evaluación del uso problemático de internet fueron  el  Colegio  Linda  Vista  y  el  COBACH  47.  Las  de  resultados  más  altos  fueron  la  Escuela  General  Estatal Leona  Vicario  y  la  Escuela  Salomón  González  Blanco.  Cabe  destacar  que  estos  valores  no  llegan  a  constituir indicadores de la presencia problemática del uso de internet.

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Para citar este artículo:

  • Fandiño-Leguia, J. D. (2018, 10 de julio). Prácticas parentales y uso generalizado y problemático de Internet. Revista PsicologiaCientifica.com, 17(1). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/practicas-parentales-uso-generalizado-problematico-de-internet

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