La terapia desde el punto de vista del construccionismo social: ¿Tiene algún sentido la terapia?
Psicología Clínica y Psicoterapia


  • Jairo A. Rozo Castillo
    Universidad de Sevilla
    Sevilla, España



Dentro del debate propuesto por el curso Lenguaje, Conducta y Cognición, una de las propuestas teóricas que más me llamó la atención fue la propuesta por Kenneth Gergen en su teoría del construccionismo social y la posibilidad de observar su aplicación en muchos campos aplicados, particularmente la psicoterapia. Además, se percibía en dicha propuesta un “revolcón” no solo en las ciencias sociales sino en otros aspectos del desarrollo cultural de la humanidad, “revolcón” que ha recibido el nombre de posmodernismo. Por ello considere válido unir estas temáticas de interés personal y tratar de presentar un abrebocas teórico para entender como puede existir una psicoterapia construccionista o posmodernista.

Si uno sabe lo que hará, está limitado, pero si sabe mejor lo que no hará, entonces habrá una enorme cantidad de cosas que podrá hacer
Goolishian

No nos relacionamos con la vida “misma” sino con nuestra comprensión de la vida
Tom Andersen

El construccionismo social: la opción ante el modernismo

La historia del conocimiento se ha organizado de manera muy particular a través de la evolución del tiempo. Los cánones del conocimiento vigente en cada época tienen un momento de total dominación y éxito, ya que se consideran los discursos mas acertados sobre la realidad existente. Sin embargo, en algún momento tal discurso empieza a desmoronarse y empiezan a encontrarse fallos importantes que hacen que se generen discursos alternativos muy antagónicos y competitivos con respecto al dominante, hasta que finalmente le reemplazan, una tesis es reemplazada por una antítesis y posteriormente sigue una especie de síntesis novedosa que a su vez vuelve a generar una nueva antítesis y así sucesivamente. Sin lugar a dudas, esta forma de interpretar la evolución del conocimiento es muy dialéctica y también puede leerse con algunas diferencias en la propuesta kuhniana (Kuhn, 1981) del desarrollo de la ciencia a través de paradigmas que luchan y se establecen durante periodos determinados.

A este respecto, la organización de la cultura a seguido patrones similares. Por ejemplo, hace algunos siglos el movimiento vigente y dominante era la ilustración. La visión del hombre ilustrado (siglos XVII y XVIII) era la de un hombre observador y racional (Descartes, Spinoza, Hobbes y Newton) que desafiaba el derecho divino (Gergen, 1992). Pero, posteriormente, fue reemplazada por el romanticismo (siglo XIX), movimiento basado en los sentimientos morales, la solidaridad y el goce interior de la vida, una visión, sin lugar a dudas, más hedonista y menos pragmática que pone el acento en lo que no se ve. Y a su vez este fue seguido por el modernismo, que reunía características propias de la ilustración pero desarrolladas de una forma muy distinta. La visión del hombre moderno (propia del siglo XX) concibe que los elementos claves del funcionamiento humano son la razón y la observación.

Se ve en las ciencias, las actividades de gobierno y empresariales. Esta convencida de que las personas son agentes racionales que tras examinar los hechos toman las decisiones que corresponden. Es un neoilustracionismo pero con la fuerza que le aporta la ciencia y la tecnología. El avance es un movimiento en permanente ascenso hacia la meta, a través del perfeccionamiento, la conquista y los logros materiales. Los argumentos centrales del modernismo son el progreso, la búsqueda de la esencia de las cosas y el hombre máquina (funcional y productivo).

Pero al movimiento modernista del siglo XX, que ha sido expresado en el arte, el folclore, la música, la ciencia, la política, la moral y demás manifestaciones de la cultura humana, le ha surgido una nueva antítesis, que pretende remover los cimientos del modernismo y volver a reconstruir (o tal vez deberíamos decir desconstruir) sobre sus ruinas una nueva forma de concebir la realidad. El posmodernismo es una forma alternativa y, por lo tanto, rompe con los esquemas mas arraigados del modernismo en los diferentes campos de la cultura, lo que lleva sin lugar a dudas a la generación en el mundo modernista del miedo, la resistencia al cambio y la duda de que exista otra forma de ver el mundo que no responda al patrón modernista.

Posmodernismo es el término con el cual se trata de agrupar a una variopinta manifestación de diferentes autores en diferentes áreas que tratan de soltarse de la camisa de fuerza que es, para ellos, el modernismo. El posmodernista se enmarca en una conciencia generalizada del agotamiento de la razón, tanto por su incapacidad para abrir nuevas vías de progreso humano como por su debilidad teórica para sortear lo que se avecina. La racionalización de la sociedad no conlleva ninguna perspectiva utópica, sino que más bien conduce a un aprisionamiento progresivo del hombre moderno en un sistema deshumanizado.

La modernidad creía que existía un vínculo fuerte y necesario entre el desarrollo de la ciencia, la racionalidad y la libertad humana, pero lo que sobrevino fue el triunfo de la razón instrumental que no conduce a una realización concreta de la libertad universal sino a la creación de una “jaula de hierro” de racionalidad burocrática de la que nadie quiere escapar (Picó, 1992).

La posición posmoderna es escépitca, duda de la capacidad de la razón, y por sobre todo del lenguaje, para representarnos o para informarnos “cuál es la cuestión”. Si el lenguaje esta dominado por intereses ideológicos, si su uso esta regido por convenciones sociales y su contenido por el estilo literario en boga; no puede reflejar la realidad, por lo tanto no hay descripción objetiva (Gergen, 1992). Tal conclusión es uno de los golpes mas devastadores para la modernidad y sobre todo para su magestad: “la ciencia”. En tal caso, no hay motivo objetivo alguno para sostener que una persona tenga pasiones, intencionalidad, razón, rasgos de personalidad o cualquier otro elemento propuesto por las cosmovisiones romántica o modernista. Todos estos conceptos están ligados a circunstancias sociales e históricas, son el producto de fuerzas ideológicas y políticas, de comunidades que se atrincheran y de las modas estéticas o literarias.

En este orden de ideas, el centro en torno al cual gira nuestra sociedad modernista que es el yo (yocentrista), cae de su pedestal en la sociedad posmoderna, ya que el nuevo énfasis y centro de acción son las “relaciones” (relaciocentrista), que serían el principal producto que permitiría la construcción del yo en la interacción social y no al revés. Un individuo nace dentro de una relación y a la vez que es definido por ella, la define. Cuando uno muere lo que perece es una pauta de relaciones. Precisamente, el movimiento que en ciencias sociales a tratado de leer y expresar las ideas posmodernistas se denomina construccionismo social.

El construccionismo social (Hoffman, 1996) cree que las ideas, los conceptos y los recuerdos surgen del intercambio social y son mediatizados por el lenguaje. Todo conocimiento -sostienen los construccionistas- evoluciona en el espacio entre las personas, en el ámbito del mundo común y corriente; y es sólo a través de la permanente conversación con sus íntimos que el individuo desarrolla un sentimiento de identidad o una voz interior.

Desde Wittgenstein hasta los teóricos contemporáneos de la literatura, los estudiosos han establecido que el lenguaje de la vida mental cobra significado a partir de su uso social. El significado de “un buen razonamiento”, de “malas intenciones” o “memoria precisa”, está determinado según se empleen tales expresiones en las relaciones que entablamos. Los individuos, por sí mismos, no pueden significar nada: sus actos carecen de sentido hasta que se coordinan con los otros (Gergen, 1992).

El construccionismo, por lo tanto, apoya la idea de que no hay verdades sociales incontrovertibles, sino sólo relatos del mundo, relatos que nos contamos a nosotros mismos y que contamos a los otros. Y por ello, la mayoría de los psicoterapeutas tienen un relato acerca de cómo los problemas se desarrollan y como se resuelven o disuelven. Esta idea implica que el terapeuta entra en la acción terapéutica con una idea preconcebida de la mejor intervención posible (la teoría que sustenta su terapia) para enfrentar los problemas y lo que se busca en la relación terapéutica de forma implícita es una hipótesis que apoye el esquema ya preconcebido. Es decir, si se es psicodinámico se buscará dentro de la narración del cliente algún trauma o déficit en el desarrollo, mientras que si se es conductista la explicación se centrara en patrones conductuales aprendidos que se deben desaprender y reemplazar por otros más adaptativos. Si se es sistémico se observará en las narraciones de los miembros de la familia patrones de interrelación inadecuados que contribuyen a que el sistema este mal, si se es logoterapeuta (un tipo de terapia existencial humanista) se buscara un déficit en la posibilidad del paciente de encontrar un sentido a su existencia que le permita abordar la problemática de forma distinta y así sucesivamente. Esto expresaría que cuando el terapeuta se casa con un esquema particular, éste empieza a constreñir su forma de ver la terapia y termina encuadrando la realidad dentro del esquema.

Es necesario incorporar la duda, y una forma de hacerlo en la terapia es estableciendo una situación en la que se favorezca la presencia de una pluralidad de relatos y en la que los formatos de construcción conjunta superen los discursos individualistas y deterministas de un yo aislado y en medio de su realidad. Para entender esto pasaremos al siguiente apartado.

Los principios del construccionismo social aplicados a la psicoterapia

Cuando observamos de cerca la terapia psicológica, nos damos cuenta que en los últimos años, dentro de ella, se están gestando manifestaciones contrarias al punto de vista modernista de la terapia. Estas manifestaciones se empiezan a gestar sobre todo en el ámbito de la terapia familiar sistémica y son influenciadas por las obras seminales, llenas de ideas sugestivas, de varios de los terapeutas que componían la llamada Escuela de Palo Alto, personas como Watzlawick, Bateson, Haley entre otros inspiraron a numerosos psicoterapeutas para desarrollar nuevos estilos de terapia basados en nuevas filosofías “no modernas”, que venían articulándose con ideas provenientes de autores como Maturana, Varela o Gergen. Este conjunto de propuestas que tratan de atacar los estandartes de la psicoterapia científica moderna y que se agrupan o tratan de agrupar dentro de la etiqueta de construccionismo social, representaría dentro de las ciencias sociales al posmodernismo.

Los principios del construccionismo social en la psicoterapia se expresan de diferentes formas, vamos a tratar de agrupar aquí las más importantes o novedosas desde el punto de vista del autor.

1. Ante todo, el primer compromiso construccionista propende por una ruptura tajante de la tradicional y asimétrica relación entre terapeuta y paciente. Es más el término paciente no debería ser utilizado en la nueva relación (se empieza a masificar la utilización del termino cliente -que obviamente esta muy cercana a la visión mercantilista del modernismo-), ya que su connotación médica esta expresando una asimetría, entre el enfermo, el que no sabe, y el sabio, el sano, el terapeuta. Este supuesto supone la desaparición del poder-control unilateral del terapeuta y propone una dinámica de co-construcción sistémica. Asume la responsabilidad de su poder de construcción dentro de la relacional/social. El terapeuta pierde su posición de experto, su estatus jerárquico desaparece.

2. Los trabajos posmodernistas suelen centrarse en ideas vinculadas al texto y la narración. En este contexto la narración es una unidad de significado que brinda un marco para la experiencia vivida. A través de las narraciones se interpreta la experiencia vivida, como lo expresa Bruner (1986; citado por Epston y cols., 1996): “Creamos las unidades de experiencia y significado a partir de una continuidad de la vida. Todo relato es una imposición arbitraria de significado al fluir de la memoria, porque destacamos ciertas causas y desestimamos otras, es decir, todo relato es interpretativo”.

El construccionismo apoya la idea de que moldeamos el mundo en el que vivimos y creamos nuestra propia “realidad”, dentro del contexto de una comunidad con otros individuos; comunidad que por medio de sus posibilidades y restricciones económicas, políticas, sociales y culturales fija los límites de nuestras narraciones y limita nuestra posibilidad de elección a determinados contextos. Volviendo al contexto terapéutico, la mayoría de los terapeutas tienen un relato de cómo se desarrollan los problemas y cómo se disuelven o resuelven. Lo mismo, sobra decirlo, sucede en los clientes. Bajo esta perspectiva los relatos o narraciones en los que situamos nuestra experiencia determinan el significado que damos a la experiencia misma. Estos relatos son los que determinan la selección de los aspectos de la experiencia que será expresada y la forma de dicha expresión, determinando, a su vez, los efectos y orientaciones en la vida y las relaciones de la persona.

El énfasis sobre la narración vincula necesariamente la terapia posmoderna con las teorías de desconstrucción, dentro de la cual uno de sus principales exponentes es Jacques Derrida. La propuesta del análisis desconstruccionista nos obliga a mantenernos distanciados y escépitcos respecto de las creencias concernientes a la verdad, el poder, el yo y el lenguaje, creencias que casi siempre se dan por sentadas pero que no son absolutas sino completamente relativas. La Desconstrucción aboga por dejar a un lado los juicios absolutos de se es una cosa o se es otra, más bien, nos propone Derrida buscar siempre otra visión posible mas allá, con el fin de desconstruir nuestro mundo tal y como lo conocemos, buscando siempre lo inesperado que podría reemplazar esta visión. Gergen llama la construcción-desconstrucción, progresión-pregresión. Un análisis progresivo de la utilización de un pesticida habla de sus efectos sobre determinadas plantas como cocaína y amapola y su erradicación de la naturaleza, ya que generan la posibilidad de extraer drogas alucinógenas y permite que una mafia organizada llamada narcotráfico construya su imperio de ilegalidad, pero un análisis pregresivo permite ver que la utilización de pesticidas también altera el desarrollo de otras cosechas y las contamina e incluso envenena, produciendo a su vez alteraciones congénitas en las personas que consumen dicha alimentación. Si seguimos el análisis también vemos que el dañar otras cosechas impide que el campesino pueda sobrevivir vendiendo los productos que cosecha lo que a la larga genera mas pobreza y la necesidad de emigrar a la ciudad aumentando el desempleo, etc., y el análisis puede seguir así, mirando diferentes aspectos político-socio-económicos que permiten desconstruir el discurso inicialmente lineal de utilizar pesticidas contra la cocaína y la amapola.

El análisis desconstruccionista es muy importante para el proceso de reflexión en terapia posmoderna que veremos más detenidamente en la siguiente sección.

3. El análisis del terapeuta a la situación del cliente nunca se puede considerar objetivo. No hay descripciones más correctas que otras para la realidad. La investigación social objetiva no existe, ya que no podemos saber que es la realidad social, no hay una verdad única, objetiva y absoluta. Por lo tanto, la relación terapéutica co-construye una descripción de la realidad del cliente donde ambos son responsables y activos en el proceso de solucionar el problema.

4. Los puntos de vista individuales se transforman y amplían en la interacción social terapeuta-cliente. De hecho se propende por la ruptura con la idea de un individuo que construye un yo diferenciado, autónomo e inmutable que maneja sus actuaciones. Gergen, en su libro El yo saturado (1992), manifiesta que es una falacia que el yo sea una entidad autónoma e independiente. La identidad individual es una ilusión modernista, ya que el yo no esta dentro de la persona sino que tiene un compuesto temporal construido a partir de la interacción social, el yo no esta separado del otro porque es sólo a través de la relación social donde se construye la idea de una personalidad. El yo no se concibe como una entidad cosificada e intrapsiquíca sino como una entidad narrativa que se aborda dentro de un contexto de significado social. Como dice el filósofo Emanuel Levinas (citado por Lax, 1996) “el yo no empieza a existir en un momento puro de autoconciencia autónoma, sino en relación con el otro, ante quien permanece siempre responsable”. En la terapia no se viene a imponer la realidad propuesta por un individuo (el terapeuta) sino que se viene a co-construir entre terapeuta y cliente una nueva forma de narrar la realidad del cliente.

5. Los terapeutas no pueden dejar de afrontar la cuestión de la construcción social de sistemas de creencias y que por lo tanto, no pueden renunciar al estudio de esos procesos en los que ellos también están profundamente involucrados.

6. Se define socialmente a la psicoterapia como un contexto para la resolución de problemas, la evolución y el cambio. Los problemas son acciones que expresan nuestras narraciones humanas, existen en el lenguaje y son propios del contexto narrativo del que derivan su significado (Anderson y Goolishian, 1996). El cambio en la terapia por lo tanto es la creación dialogal de la nueva narración.

7. La patología en el construccionismo desaparece como tal. El meollo del asunto no es la etiología de los síntomas sino los procesos sociales e interpersonales y la dinámica que mantiene esos síntomas. El terapeuta podrá desencadenar un proceso de cambio si logra interferir la repetición de la misma experiencia que llevó al cliente a la terapia.

8. Del diagnóstico y la cura a la responsabilidad cultural. Gergen (1996) considera que, a medida que el acento se desplaza a la construcción lingüística de la realidad, las enfermedades y los problemas pierden su privilegio ontológico, ya que no son independientes sino construcciones culturales. No hay problemas más allá del modo en que una cultura los constituye como tales.

9. Desaparecen los niveles y capas jerárquicas estructurales. No existen capas jerárquicas donde unas son más importantes que otras y, por lo tanto, detentan en última instancia la causa de la situación considerada “problema” (Hoffman, 1996). Se propone un análisis de configuración lateral u horizontal que rompe con las dualidades síntoma superficial vs causa subyacente, contenido manifiesto vs contenido latente, comunicación abierta vs comunicación encubierta, etc. La configuración horizontal permite entender que existen formas de análisis todas de igual valor y que serán validadas y utilizadas para la intervención en la media en que el contexto social lo exija.

10. El lenguaje cambia en el contexto de la terapia posmoderna, su aplicación y utilización ya no son iguales a la que existía en la terapia modernista; ya que manifiesta un cúmulo de ideales filosóficos que deben hallar su expresión en la relación terapeuta/cliente por medio de un nuevo lenguaje. Por ejemplo, la entrevista hecha por el terapeuta consiste en recoger y dar información simultáneamente con su cliente. Donde preguntas como: ¿Cuál es su problema? Se reemplazan por ¿cómo ve usted la situación? El lenguaje es menos directivo y jerárquico, pretende convertir la situación relacional en democrática, basada en una configuración de igualdad de poder y expresión del mismo. Sobre este punto profundizaremos en la siguiente sección cuando hablemos de la terapia a partir de la ignorancia.

¿Existe una terapia construccionista/posmoderna?

Después de lo expuesto, surge la pregunta anterior, pues, aunque se ve un gran bagaje filosófico y epistemológico para ver la terapia, la práctica misma de la terapia no se ve nada claro cuando cada autor trata de exponerla o termina viéndose que se utilizan herramientas y técnicas psicológicas similares a las utilizadas en otros marcos conceptuales. Pareciera que la visión posmoderna tan solo se quedará en el “bla bla bla”.

Veamos que podemos poner en claro de las diferentes propuestas prácticas.

Empecemos por ver la opción terapéutica de Goolishian y Anderson (1996): “La ignorancia como enfoque terapéutico”. Estos autores plantean como núcleo de su enfoque la posición no de experto del psicólogo sino de ignorante. El terapeuta parte de una ignorancia deliberada, ignorancia que es entendida como “no saber”, ya que creen que no hay esencias que captar en las narrativas del cliente y, por lo tanto, el terapeuta tampoco puede ofrecer al cliente el secreto infame de su problema para que este pueda reemplazar sus viejas e ilusorias narraciones. Como no hay significados previos escondidos, sólo en la medida que se narra e interactúa en la terapia se forjan esos significados. El interrogatorio, por lo tanto, parte de una genuina curiosidad no determinada por hipótesis previas. Un elemento importante de la conversación terapéutica es los silencios y el manejo de preguntas a medio hacer, la propuesta es que el terapeuta a veces no hable o formule preguntas vacilantes a medio hacer y abiertas con largos períodos de silencio, con el fin de fomentar la participación y la invención dialógica del cliente.


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Para citar este artículo:

  • Rozo, J. A. (2002, 16 de noviembre). La terapia desde el punto de vista del construccionismo social ¿tiene algún sentido la terapia?. Revista PsicologiaCientifica.com, 4(8). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/construccionismo-social-terapia


4 Comentarios para “La terapia desde el punto de vista del construccionismo social: ¿Tiene algún sentido la terapia?

  1. karen j.

    Me parece bueno, pero creo que a la vez me deja dudas con las sutilezas entre el constructivismo y el construccionismo, ya que las enmarcan juntas en un paradigma postmodernista. A mi parecer, creo que sería interesante exponer la narrativa desde el punto de vista construccionista y constructivita, ya que las sutilezas hacen la diferencia.

  2. Marilene

    El artículo me parece muy bueno, pues trata de condensar en pocas líneas lo que sería el construccionismo social. Quisiera saber si el autor puede responder a la siguiente observación y pregunta: en el caso de los Asistentes Sociales, que no trabajamos la terapia pues no es nuestro campo, pero que igualmente incorporamos como elemento primordial el relato que hacen los sujetos de atención respecto de la “situación -problema” (ejemplo : un delito), cuáles serían los pricipales aspectos a tomar en consideración en el relato;cuáles serían las fases en el relato, pensando en varias entrevistas. ¿Tiene relación con las teorías psicodinámicas en el sentido de las técnicas que se utilizan durante el relato?; ¿en qué momento se puede establecer que el relato contiene todos los significados necesarios para efectuar la resignificación del hecho o este se desarrolla a la par del relato ?

  3. Jorge

    Muy buen texto. Estoy muy de acuerdo, en que la ausencia de jerarquía es imposible. Bajo mi punto de vista, toda terapia efectiva tiene que ver con las expectativas que el terapeuta tiene sobre la persona y sobre la capacidad del cliente de expresar emociones que no puede expresar en otros entornos de su vida. La posición de experto del terapeuta, en ocasiones, puede ayudar a clientes atascados en una nube confusional

  4. Irene Madrid

    Me encanta su publicación, espero me aceptes en la suscripción. Saludos!

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