Paternidad: Período de cambio en la vida de los varones
Psicología de la Familia


  • Patricia Ortega Silva
    Universidad Nacional Autónoma de México
    México D.F., México

    Laura Evelia Torres Velázquez
    Alejandra Salguero Velázquez
    Facultad de Estudios Superiores Iztacala - UNAM
    México D.F., México

Resumen

  • Se analizan las relaciones y transformaciones que llevan a cabo los varones en su vida personal, actividad laboral y ejercicio como padre en la familia.

    Cuando el hombre-padre deja de ser niño, hijo, se aparta de los amigos, fortalece su relación de pareja y establece una familia, donde él es el que responde por ella. Aprende nuevas formas de ser padre, cambiando las prácticas cotidianas, sus acciones y compromisos en la crianza. Reconoce sus limitaciones, temores, relaciones de autoridad pero, a su vez, se deleita en la convivencia con sus hijos e hijas.

    Convertirse en padre lleva a un hombre a ver y vivir la realidad de diferente manera: 1) constituye una experiencia de las más significativas e impactantes en su vida, y 2) implica formas de negociación y organización familiar entre el padre, la madre y los hijos (as).

    Palabras clave: Paternidad, cambios sociales, familiares, laborales.



La paternidad es uno de los ejes importantes de la identidad masculina. Ser padre es una práctica respetada en la vida de un varón, en donde los aspectos de su vida son reinterpretados con base en esta experiencia. El hombre-padre deja de ser el niño, el hijo, se aparta de amigos, fortalece su relación de pareja y establece una familia, donde él es el que responde por ella (Fuller, 2000). Por otro lado, Parke (1996, 2002) ha mostrado la importancia de la guía paterna en la familia, la sensibilidad de los varones hacia las conductas de sus hijos e hijas (antes sólo observadas en las madres, por su supuesto instinto maternal) y los cambios que viven los hombres a causa de paternidad. Estamos en un periodo de transición, en el cual coexisten relaciones de padres e hijos tradicionales matizadas por el autoritarismo y otras más igualitarias, mezclándose, incluso, dentro de una misma familia. De tal manera que, la forma de relacionarse de los varones con sus hijos e hijas está cambiando.

Al vincularse la mujer en el ámbito laboral, ha delegado actividades del hogar y el varón se ha involucrado en el ambiente familiar, tanto en lo doméstico como en la crianza de los infantes. Esto le ha permitido replantear su actividad como hombre y como padre porque se ha tenido que involucrar en la crianza; para muchos varones la convivencia con sus hijos e hijas ha sido novedosa y gratificante, se han abierto a nuevas formas de ser hombres y padres.

Hoy en día, los varones han ido aprendiendo nuevas formas de ser padres, teniendo como antecedente en la mayoría de los casos, el modelo tradicional que ellos recibieron, por lo cual han tenido que cambiar en las prácticas cotidianas sus acciones y compromisos en la crianza, lo que los ha llevado a reconocer sus limitaciones, temores, relaciones de autoridad, pero a su vez se han deleitado en la convivencia con sus hijos e hijas (Tubert, 1997; Flaquer, 1999; Fernández de Quero, 2000; Montesinos, 2002; Salguero, 2002; Torres, 2002).

En esta época de transición, tanto la estructura y conformación de la familia, como la participación social de hombres y mujeres ha venido cambiado (Iglesias de Ussel, 1998; Alberdi, 1999; Gimeno, 1999) y para numerosos varones el ser padres significa una labor ardua, ahora reconocen que no es conveniente el modelo tradicional de paternidad, por lo que se han involucrado en una búsqueda constante por encontrar algunos referentes que les indiquen como ser padres, es en la vivencia diaria a través de la relación con la pareja y los hijos e hijas donde tienen que ir construyendo nuevas manera de ser padres y de vivir su paternidad (Salguero y Pérez, 2008).

Ante esta nueva forma de ser padres para los varones, es conveniente analizar ¿Cuáles son los cambios que acompañan a la paternidad? ¿Qué sucede en su vida personal? ¿Cómo se modifica su vida de pareja? ¿Cómo se altera la rutina familiar? ¿Cómo concilian la paternidad con su vida laboral? ¿Cómo se resignifica su actividad laboral con la paternidad?

En este trabajo pretendemos analizar estos cuestionamientos, motivo por el cual presentamos tres grandes apartados: masculinidad y paternidad, donde mostramos algunos de los cambios en la vida personal de los varones al llegar el momento del nacimiento de sus hijos (as); familia y paternidad, en donde abordamos los cambios que viven los varones en su ámbito y dinámica familiar; trabajo y paternidad, en donde analizamos las relaciones y transformaciones que llevan a cabo los varones en dos contextos importantes en su vida, su actividad laboral y su actividad como padre en la familia.

Masculinidad y paternidad

Cualquier evento en la vida del ser humano provoca cambios que lo llevan a valorar y revalorar diferentes aspectos de su vida, de su familia, de sus aspiraciones y acciones; los múltiples acontecimientos en nuestra vida suscitan cambios, a veces temporales a veces permanentes. Algunos eventos provocan cambios casi imperceptibles, en tanto que otros promueven cambios extraordinarios y permanentes como es la llegada de un hijo o hija, lo cual modifica y cambia el ritmo y estructura de la vida personal, familiar, laboral y social de hombres y mujeres.

Ahora bien, si nos centramos en la vida de los varones nos preguntamos: ¿Qué cambios experimentan con la llegada de un hijo o hija a su vida? ¿Qué cambios se originan antes de nacer? ¿Qué cambios se producen al nacer el hijo o hija? En este apartado vamos a analizar algunos que ocurren en la vida de los varones cuando saben que van a tener un hijo o hija, cuando llegan a ser padres, cuando sus hijos son pequeños y cuando van creciendo.

Antes del nacimiento de los hijos e hijas    

Los varones manifiestan su deseo de tener un hijo, esto es interesante porque en general se ha supuesto que las mujeres son las que anhelan tener hijos o hijas, sin embargo, existen varones que desean tener hijos, que les da alegría cuando saben que han engendrado y que su pareja tendrá un hijo de ellos. Es importante notar que la mayoría de los varones han reconocido que ellos querían tener un hijo, no saben por qué, quizá eso es lo que les marcó la sociedad o las historias que de generación en generación han escuchado en las reuniones y comidas familiares porque, a ciencia cierta, no saben en sí cuál es la razón de querer tener un hijo y no una hija. Cabe mencionar que los varones que tienen hijos e hijas, o sólo hijas se sienten satisfechos con ellas, sin embargo en un inicio desean un varón que lleve su apellido, que tenga sus características físicas, buscan trascender en ellos y consideran que la crianza será más fácil con un hijo que con una hija.

Entre las satisfacciones que los varones asocian con la paternidad y decisión de tener un hijo, abundan los argumentos relativos a la idea de sentirse como un verdadero adulto, madurar, dar sentido a la vida, es decir, aspectos que resaltan las repercusiones de convertirse en padre sobre la identidad y el sentido de la propia vida. Esta situación conlleva consecuencias profundas y permanentes relacionadas con la diversificación del autoconcepto y el enriquecimiento de la propia identidad, ya que aparece una nueva faceta del sí mismo: el yo como padre (Vondra y Belsky, 1993 citado en Hidalgo, 2003).

Algunos de los varones hoy en día se preparan desde el embarazo para la llegada de su “huésped”, pues en un inicio consideran que será como tener un huésped, no asumen  que se quedará para toda la vida y actuará como si fuera el dueño, más que como huésped. Es así que preparan su habitación, su cuna, ropa, pañales, juguetes, en fin, todo aquello que consideran será necesario para una estancia placentera, aunque señalan que el costo de un hijo o hija no se puede calcular, ya que se da en todos los niveles, moral, personal, económico, familiar y social.

Posterior al nacimiento de hijos e hijas    

Algunos varones que han visto nacer a su primer hijo, lo que les provoca un golpe emocional muy fuerte y una sensación que no pueden explicar, pues, por un lado les angustia ver a su compañera sufriendo con los dolores de parto, luego ver la cabecita del hijo cuando va saliendo por el cuello del útero, lo describen como un evento grandioso, ver un nuevo ser que es de ellos, que tiene su sangre, sus características, esto les resulta algo maravilloso y extraordinario. Cuando se menciona que los varones son parcos para expresar sentimientos, debemos tomarlo con cautela, porque muchos eventos, como la llegada de un hijo les hacen sacar sus sentimientos y aflorar sus emociones. Cabe señalar que es importante el tipo de relación y vínculo que el varón tenga con su pareja, porque esto influirá en la relación que tenga con los hijos e hijas. Si la relación con la pareja es armónica y comprometida, el varón se involucrará con su hijo o hija, de lo contrario es más probable que permanezca distante y alejado de ellos.

Después de este evento del nacimiento, los varones sienten la carga de la responsabilidad, ahora saben que tienen que responder por el hijo o hija, que ahora ellos son los que tienen la obligación de dar cuenta de las consecuencias de su comportamiento sobre el proceso de desarrollo de los hijos, y esto los hace llorar, andar como somnámbulos, ahora tienen que pensar en cómo lo van a formar, cómo lo van a guiar (Torres, Garrido, Reyes y Ortega, 2008).

El significado que los varones dan al evento de tener un nuevo hijo o hija varían, algunos piensan en nuevos compromisos, nuevas responsabilidades, más años de lucha, de trabajo, de esfuerzo para darle una buena educación, otros piensan si están preparados para este hijo o hija y para otro nuevo, porque pueden venir más. Esto también depende de si previamente han tenido hijos e hijas y la historia que han tenido con ellos y ellas. Es interesante que, en el silencio que usualmente se nota en los varones cuando acaba de nacer su hijo o hija, hay un cúmulo de ideas, pensamientos, sentimientos y emociones que andan dando vueltas y vueltas, tratando de dar un orden y solución; tal parece que el silencio refleja que todavía no encuentran cuál será la solución a todo eso que piensan, sienten, a sus miedos, alegrías, preocupaciones y lo que creen que se espera de ellos. Es importante percibir que en estos momentos los varones dejan de pensar en ellos y piensan en su familia,  pareja y  su recién llegado hijo o hija.

Una vez pasada toda esa época turbulenta del inicio de su paternidad, viene un poco de calma, algunos varones comienzan a aprender nuevas maneras de relacionarse, comunicarse con esta nueva personita, a documentarse de su crecimiento, aprenden a jugar, dormirlo, cuidarlo, darle de comer, cantarle canciones infantiles, cambiar los tonos de voz, llamar la atención del bebé. También comienzan a hacer un plan para el desarrollo de su hijo o hija, se vuelven más sensibles para entender las necesidades de los infantes, pueden darse tiempo para observar cómo van creciendo y aprendiendo sus hijos o hijas. Estos cambios en los varones también dependen de la relación y compromiso con su pareja, y de las creencias que ella tenga respecto de la participación de los varones en la crianza de los hijos y sobre todo de las hijas. Es importante notar que si las mujeres no “dejan” que los varones se ocupen de la crianza, es más fácil que ellos se “alejen”, existen varones que luchan porque los dejen hacerse cargo de sus hijos o hijas, pero si la pareja y las mujeres cercanas (suegra, madre, hermanas, cuñadas) consideran que la crianza es cosa de mujeres, no los dejarán realizar las actividades y contribuirán a que el varón decida no tener problemas y ocuparse de lo que tradicionalmente se le ha asignado en la crianza: ser únicamente el proveedor económico.

Con la llegada de su hijo o hija los varones se sienten personas muy importantes, sienten emoción, gusto y ganas de estar con el hijo o hija, sienten una profunda preocupación si se enferma, si se siente mal, si algo le pasa, se enojan cuando alguien le hace algo que ellos consideran dañino, les angustia tener que disciplinarlos y sienten una gran motivación para hacer cosas, para luchar por ellos, para trabajar y hacer nuevos proyectos. Es una relación que motiva a los varones a no centrarse solo en ellos, sino que ahora existe otra persona que les ocupa sus sentimientos, emociones, pensamientos, deseos, planes y motivaciones. Es una etapa en que surge con mayor persistencia la generosidad, altruismo, desinterés y sacrificio en la vida de los varones a favor de su hijo o hija.

Todo esto sigue provocando cambios en la vida de los varones, pues ahora ya consideran cuidar su persona pues tienen que estar saludables para cuidar al hijo o hija y suplir sus necesidades, consideran que tienen que madurar, si aún no lo han hecho, se fijan en qué valores tienen pues esos les inculcaran a sus hijos, asumen que ya pasó el tiempo de juegos y relajos, ahora tienen que ser responsables y ser personas confiables para garantizar una educación eficaz en la crianza. Los planes y proyectos personales de los varones cambian: a veces la llegada de un hijo o hija los alienta a seguir con el matrimonio, a veces los anima a buscar nuevos trabajos con más tiempo para la familia, pueden truncar sus estudios o bien motivarlos a seguir estudiando.

Otros resuelven tener un cambio espiritual, un acercamiento a Dios para que los ayude en la crianza; la mayoría de los varones que hemos entrevistado mencionan que ahora tienen menos tiempo para sus cosas propias y aprenden, a ceder tiempo, pues su vida cambia, ya no hay salidas con la pareja al cine, a visitar amigos, tener vida social, ir a cenar en la noche, ahora todas las cosas son diferentes, el infante es el centro de las actividades que realiza la familia. Inclusive la perspectiva acerca del trabajo se transforma, ahora hay que trabajar para el hijo o hija, trabajar con más ímpetu, con más ahínco, ganar más sueldo para comprar cosas al hijo o hija; aprender a hacer más cosas para obtener mejor trabajo y mejorar la vida de los hijos e hijas. Todo el empeño y el fin es que no le falte nada.

Los varones ahora se atreven a hacer cosas que antes no se atrevían, cosas para solucionar los problemas económicos, emocionales, a veces hasta cambiar de país para darles una vida mejor. Tienen nuevas energías e ímpetus para aprender, realizar y mejorar su labor cotidiana. Desean que la vida de sus hijos e hijas sea mejor que la que ellos tuvieron en cuanto a comodidades, diversiones, disciplina, sin autoritarismos, golpes, sufrimientos, con una mejor relación entre padres e hijos (as). Los varones también cambian en cuanto a su comportamiento, formas de vestir, de peinarse, de arreglarse, porque se van transformando en ejemplo para sus hijos, y éstos comienza a imitarlos en lo que dicen y hacen, así es que esto hace que ellos tengan más cuidado de lo que hacen y dicen.

Durante la crianza de hijos e hijas    

De esta misma forma los hijos e hijas van haciendo más tolerantes a los varones-padres, a que vayan cediendo en su forma de ser, de ver la vida. Conforme el hijo o hija va creciendo y va cuestionando lo que el padre hace o dice, éstos van transformando sus ideas y sus actitudes, les permite también auto-cuestionarse e innovar nuevas formas de relación.

Es importante recalcar que la paternidad es vista como un proceso de relación, en el que la identidad de los participantes se va construyendo y reconstruyendo, donde se aprende bilateralmente replanteando continuamente nuevas maneras de ver y vivir la realidad (Figueroa, 1996). Es decir, la paternidad involucra un conjunto de relaciones posibles en diversas áreas o aspectos, tales como relaciones de amor, de cuidado, de conducción, educación y dirección; de juego y diversión, de autoridad, de aprendizaje recíproco, formadores de identidades, competencias sociales, valores y creencias. Una paternidad eficaz sería la que combinara, de forma armoniosa, todas estas áreas en la crianza (Torres, 2002).

Los varones también se enfrentan al cambio que se suscita cuando los hijos o hijas crecen y comienzan a tomar sus propias decisiones, ahora ya no son ellos los modelos, sino que pareciera ser lo contrario, los hijos e hijas buscan exactamente lo opuesto a lo que los padres dijeran, hicieran o pensaran. Esto los desconcierta, pero después asumen que sus hijos e hijas son personas diferentes a ellos con gustos, sentimientos y pensamientos diferentes. Ahora los varones se tienen que centrar en pensar que algún día se tendrán que marchar y son ellos los que los tienen que equipar para que sean autónomos y se puedan ir, pensar en los consejos que tendrán que darles, pensar en lo que sería importante para que sus hijos e hijas puedan tener una vida independiente y exitosa.

Acabaremos esta sección notando que los varones manifiestan que siguen pensando en tener un hijo antes que una hija, ahora no encuentran razón cimentada en ello, pero sigue estando este deseo presente. También suponen que el tener hijos es más fácil para identificarse con ellos como hombres, piensan que los pueden entender mejor y conocer sus necesidades. Consideran, los que no han tenido hijas, que con una hija hubieran tenido que hacer más cambios y la crianza hubiera sido más difícil.

Los varones que han tenido solo hijas manifiestan que querían enseñarlas, como lo hubieran hecho con un hijo, en el arreglo del coche, en pintar, en poner el piso, en hacer cosas que tradicionalmente han sido catalogadas como de hombres, pero que consideran que una mujer es capaz de hacerlas y, además, le es necesario saberlo; sin embargo, se han encontrado con la oposición constante de la pareja, aduciendo que las hijas como mujeres no deben aprender eso. En muchas ocasiones, los padres desisten de hacerlo (ante la constante oposición de la pareja), quizá dejando truncada una crianza más equitativa.

En general, los varones se sienten a gusto con su paternidad, valoran la relación con sus hijos e hijas, ceden su tiempo, esfuerzo, ocupación y atención en beneficio de ellos y ellas, es un acontecimiento que les provoca muchos cambios en su persona y que no les incomoda tener que hacerlos, es más disfrutan y gozan en su nueva vida al lado de sus hijos e hijas.

Familia y paternidad

En el ámbito familiar, el hecho de convertirse en padre constituye una experiencia que la mayoría de las personas afrontan en algún momento de su vida. Pero no por ser habitual es intrascendente: hay pocas experiencias a lo largo de la vida que sean tan significativas e impactantes para una persona como el nacimiento de los hijos.

Esta situación incorpora cambios importantes en la familia, considerada como un sistema social integrado por diversas personas, donde cada uno juega un rol y respeta relaciones interdependientes. Cualquier modificación en este sistema, impacta sobre cada miembro individualmente y sobre el sistema como tal.

Así, la pareja y la familia como sistema relacional tienen que afrontar la incorporación de un nuevo miembro, que triplica las relaciones diádicas (madre-hijo o padre-hija) que existían anteriormente. Los procesos de cambio y adaptación, las nuevas exigencias y la redistribución de papeles y tareas que requieren la llegada de un bebé son de una magnitud potencialmente considerable para el sistema familiar.

Cuando los padres aceptan a sus hijos, los enseñan a valorarse, a ser independientes, a afrontar los problemas que surgen en la niñez y la adolescencia, así como a explotar su potencial genéticamente heredado o adquirido por medio del aprendizaje.

Existen casos en donde el tener un hijo (a) provoca un grado extremo de sobreprotección, les surgen pensamientos que les hacen creer que al niño le pueden ocurrir cualquier tipo de sucesos, por lo que no le permiten realizar muchas actividades. Esto a la larga hará del niño un ser totalmente dependiente, miedoso, vulnerable que lo pondrá en desventaja con otros niños que hayan tenido un desarrollo y crianza totalmente opuestos. En cambio aquellos padres que no tienen conflictos emocionales aceptan la idea de que por ser el primer hijo tiene ciertos temores, ya que el terreno les es desconocido, pero saben que a la larga adquirirán experiencia, lo que les permite sentirse más tranquilos en el presente. En ambos casos, cuando llegan más hijos, los varones están preparados para prever y resolver cualquier situación de una manera más eficaz, madura y segura.

Esto da como resultado que los hombres se encuentren cada día más involucrados en la crianza y la educación de los hijos, así como en las labores del hogar. Inclusive aunque las madres siguen siendo las que proveen primero de cuidados emocionales y físicos al niño, ahora existen muchos padres jóvenes que se inician y participan en las responsabilidades de la paternidad, haciéndose cada día más común el cambio de roles, donde la madre realiza las labores históricamente asignadas a la “paternidad” y el padre la “maternidad”, permitiendo por primera vez que la madre no tenga todo el peso o la carga de la educación del pequeño.

Sí a esto se le añade que muchas mujeres tienen que trabajar y el hombre se hace cargo de los hijos, no implica una amenaza para las mujeres en cuanto a perder su maternidad, al contrario, le da al hombre la oportunidad de proveer de cuidados a su hijo (a) como cambiar pañales, alimentarlo, cubrir sus necesidades emocionales y de permitirse desarrollar cualidades humanitarias en su vida y con los que le rodean. Es importante resaltar que el apoyo masculino fortalece la relación matrimonial compartiendo por igual la crianza de los hijos (as).

En el caso de los varones, la paternidad constructiva, surge a partir de que ahora la sociedad les exige involucrarse en la crianza y en el trabajo doméstico y esto rompe con sus ideas de que esa responsabilidad sólo recae en las mujeres. Sin embargo, también se dan situaciones en las que la paternidad negativa o ausente se da porque los hombres se sienten ajenos a los hijos, debido a que en algunos casos la pareja los excluye del cuidado de los niños de manera voluntaria o involuntaria, al no compartir ciertas actividades con ellas (darles de comer y cuidados básicos).

Una situación que interviene en el modo en que el varón se involucra en la educación y crianza de su hijo y, por lo tanto, le da o no la oportunidad de participar en las mismas, se da cuando nace el hijo y el padre se siente celoso porque el pequeño acapara toda la atención de la madre. Esta situación provoca que el padre se mantenga alejado del bebé, por lo menos un cierto tiempo en lo que se adapta a esta nueva experiencia y se percata que no esta compitiendo con el hijo (a) por el amor de su esposa, sino que es pieza clave en la estabilidad emocional de la madre y en el óptimo desarrollo del pequeño. Así, poco a poco empezará a ayudar a su pareja en la alimentación, cambio de pañales e inclusive en actividades recreativas para su hijo, que le disminuirán a esta los quehaceres del hogar y la hará sentirse apoyada por su marido.

Aunque en ocasiones esos celos que el niño le generan al padre suelen ser justificados porque la esposa al estar al cuidado del pequeño, dedica todo su tiempo a éste y se olvida de que tiene un esposo que también requiere atención, inclusive hay casos de mujeres que realmente sustituyen al esposo por el hijo y al primero lo abandonan como si no existiera, mandándoles un mensaje directo que dice que sobra en esa relación.

Finalmente, se puede decir que los hombres y las mujeres construyen su concepción de paternidad o maternidad a través de diferentes instituciones como: la escuela, familia,  religión, también a través de los medios de comunicación y la ciencia misma, pero la forma muy particular en cómo ejercen la paternidad dependerá del género al que pertenecen y a los roles fuertemente establecidos por una sociedad relacionados con el ejercicio de la paternidad (Ortega, 2002).

Alteraciones de los hábitos cotidianos 

Cuando la mayoría de los varones se muestran satisfechos tras haberse convertido en padres, se constata el reconocimiento generalizado de que la llegada del bebé ha modificado ampliamente los hábitos cotidianos previos. Los cambios o alteraciones más comúnmente referidos tienen que ver con las pautas de sueño, el tiempo libre, los hábitos sexuales, el tiempo para estar con el cónyuge y con los amigos, y la disponibilidad y gasto de dinero. En la mayoría de los casos, estos cambios son experimentados en sentido negativo, sobre todo aquellos cambios que se perciben como más duraderos: la falta de tiempo para uno mismo y las alteraciones en los estilos de ocio (Hidalgo, 2003).

La adopción de roles de género en la transición a la paternidad

La transición a la paternidad suele conllevar una acentuación del carácter estereotipado de los roles de género. Las mujeres suelen ser las que más cambian, experimentando una importante acentuación del rol femenino a raíz de convertirse en madres, mientras que en los varones, frecuentemente se muestra incertidumbre sobre los nuevos requerimientos en su papel como padre.

Las relaciones entre la madre y el padre   

Anteriormente se consideraba el acceso a la paternidad como una dramática crisis para las relaciones de pareja, se decía que la llegada del primer hijo traía efectos negativos para la relación entre la madre y el padre, sin embargo, actualmente esta idea ha ido cambiando en el sentido de que sí es cierto de que la llegada de un hijo modifica las actividades compartidas por ambos cónyuges y suele acarrear cambios en la distribución de roles entre ellos, la calidad y frecuencia de la relación conyugal se ve levemente alterada, pero a medida que pasa el tiempo surge una estabilidad en la evolución de cada pareja.

Como se mencionó anteriormente, la paternidad puede afectar la relación conyugal y la satisfacción que ambos cónyuges sienten acerca de la misma. Al respecto, Cowan y Cowan (1992 citado en Hidalgo, 2003) señalan que a partir de algunos estudios se observó que este decremento significativo en la satisfacción conyugal surge con mayor frecuencia en la madre, a diferencia de los varones.[sociallocker]

Sin embargo, hay que señalar que todos los cambios observados son de escasa magnitud, por lo que no se habla de grandes crisis, sino de ligeras modificaciones, que con el tiempo llevan a una importante estabilidad intrafamiliar: aquellas parejas que funcionaban bien, a pesar de un ligero y transitorio deterioro de la calidad de la relación conyugal durante el periodo de adaptación, siguen manteniendo buenas relaciones tras la llegada del bebé. En parejas donde ya existían problemas, la transición a la paternidad los acentúa. En este sentido, parece que no se puede afirmar que la llegada de los hijos destruya las relaciones de pareja, aunque sí parece claro que no las suele arreglar en el caso de que ya estuvieran deterioradas.

Cambios en los hábitos y las actividades compartidas    

El impacto de la paternidad sobre las costumbres y rutinas cotidianas afecta tanto a los hábitos personales como a las relaciones entre los padres. Surgen cambios en los estilos de vida, relacionados con las relaciones sexuales, tanto en la frecuencia como en la satisfacción en estas (la frecuencia en las relaciones sexuales suele disminuir durante los primeros meses del embarazo, aumenta durante el segundo trimestre y disminuye aún más durante los últimos meses), y también hay cambios en actividades compartidas.

Las actividades de ocio y recreativas que realizaban la pareja (pasear, salir a cenar, ver televisión, etc) disminuyen de forma significativa después del nacimiento del bebé, y puede prolongarse durante varios años (Crawford y Huston, 1993 citado en Hidalgo, 2003).

La distribución de roles y la división de tareas 

En la mayoría de las familias de nuestro país, los hombres siguen asumiendo la responsabilidad del soporte económico de la familia, mientras que las mujeres siguen ocupando principalmente la función de cuidadoras de la casa y de los hijos. Esta situación se ve reflejada en una fuerte tradición en la distribución de los papeles dentro del hogar. El reflejo más directo de este cambio es que, incluso en las parejas que antes tenían un reparto más igualitario de tareas, se da que, tras el nacimiento del niño, la mujer asume muchas más tareas de las consideradas tradicionalmente como femeninas (Emery y Tuer, 1993 citado en Hidalgo, 2003).

Sin embargo, Puyana (2003, citado en Valdés 2007) señala que han surgido cambios en la asignación de roles y división de tareas, ya que se puede vislumbrar una tendencia de los hombres a asumir cualidades andróginas, asumiendo por lo tanto la paternidad con comportamientos más propios de lo femenino, todo esto asociado a la construcción de otros estilos de masculinidad diferentes a la del hombre duro y viril, propio del estilo patriarcal. Esto confirma que no se pueden asociar al padre funciones exclusivas, más bien se dice que ambos padres se complementan y se apoyan mutuamente en el ejercicio de sus funciones parentales, lo cual mejora tanto el dinamismo como la efectividad de las mismas.

Las relaciones sociales

Los hombres y mujeres mantienen diversas relaciones en los contextos sociales, es decir con la familia extensa, con los amigos, con diversas agrupaciones, las cuales también se ven afectadas por la transición a la paternidad, la llegada del bebé ejerce ciertos efectos sobre las relaciones sociales habitualmente mantenidas por lo padres, en algunos casos para intensificarlas, generalmente con la familia, y en otros disminuyéndolas (saliendo menos con los amigos). Esta situación propicia el incremento y estrechamiento de las relaciones entre los nuevos padres y sus familias de origen, al mismo tiempo que los padres buscan y reciben de distintas personas -la mayoría de veces familiares y amigos-  tanto apoyo emocional como ayuda material. Este tipo de apoyos se observan en mayor medida en las parejas que recientemente se han consolidado y son padres por primera vez, existiendo pocos cambios en este ámbito cuando la pareja tiene su segundo o tercer hijo, pues van adquiriendo poco a poco experiencia en la manera como organizan su vida familiar y su economía, pues cada hijo (a) requerirá de mayores gastos, llevando a la pareja a replantearse y realizar nuevos ajustes en sus tiempos y actividades, siendo una de ellas el trabajo remunerado que les permitirá dar continuidad a su existencia.

Trabajo y paternidad

En el proceso de transición a la paternidad, el mundo del trabajo se convierte en algo sumamente importante para los varones, no sólo porque es una actividad que les permite obtener recursos económicos mediante los cuales son reconocidos socialmente como hombres, obtienen seguridad y autonomía, sino también porque una idea central en la vida de los hombres cuando se convierten en padres es que “deben ser responsables de la familia”. Esta idea la van incorporando desde muy temprana edad, a través del proceso de socialización en el que vivieron y fueron formados, la mayoría de los varones que hemos entrevistado dan cuenta que el sentido de responsabilidad familiar lo aprendieron de sus propios padres, a quienes veían como hombres responsables, trabajaban y traían dinero a la casa, proveían económicamente a la familia, de ahí que el significado que atribuyen al trabajo se convierta en una parte fundamental en sus vidas.

Responsabilidad familiar   

Si bien, la responsabilidad familiar se va incorporando en la identidad de los varones a través de la vivencia y las prácticas familiares, no se limita al período de la infancia sino que está presente a lo largo de su trayectoria de vida, sobre todo cuando deciden formalizar una relación de pareja, casarse y tener hijos, lo cual les legitima socialmente como hombres de verdad, como hombres responsables (Salguero, 2006). Lo anterior tiene que ver en parte con las representaciones sociales del mundo de los hombres y el trabajo, las cuales influyen en la vida de los varones, incorporadas a través del proceso de socialización familiar y escolar llegan a formar parte de la identidad masculina. La idea de que los hombres tienen que trabajar, es la manera a través de la cual obtendrán un lugar y serán reconocidos, de ahí que dediquen gran parte de su vida a la búsqueda de la realización profesional y laboral.  Nolasco (1989) considera que el trabajo define la primera marca en los varones en la medida que socialmente posibilita la salida de la familia de origen, genera independencia económica y la traslada a otros ámbitos, sobre todo cuando forman una familia y tienen hijos (as), dirigiendo sus proyectos y esfuerzos para obtener los recursos que les permita asumirse como hombres responsables.  Fuller (1997) señala que “dejan de ser machos para convertirse en hombres” ingresando así al período de la hombría, obteniendo reconocimiento social y respeto al insertarse en el mundo del trabajo. Valdés y  Olavarría (1998) plantean que el trabajo es el medio a través del cual los varones consiguen la aceptación, el reconocimiento social a su capacidad de producir, de generar los recursos materiales que garanticen la existencia de su familia otorgándoles seguridad y autonomía. El mundo laboral pasa a ser un espacio en el cual ellos deben tener un lugar. No cumplir esta meta significa no estar a la altura de ser hombre, por lo tanto, es indignidad, decepción, fracaso, lo cual los confronta con su propia realidad, las personas cercanas y su familia. El cuestionamiento constante es ¿Cómo es posible que no pueda mantener a su familia y sacarla adelante?

Tratando de indagar los significados que los varones de nivel medio de Estados de México atribuyen al trabajo, la paternidad y la responsabilidad familiar, Salguero (2002) señala que para la mayoría de entrevistados, existe una estrecha relación entre los significados atribuidos al “ser hombre”, “la responsabilidad familiar y la paternidad”, “ser hombre” es el que toma la iniciativa, el que se forja metas, el que provee económicamente -aun cuando la pareja también sea proveedora-, el que asume la responsabilidad y cuidado de la familia, la esposa y los hijos (as), el que debe resolver todo. La responsabilidad familiar  incorpora el ser padres y se convierte en algo sumamente importante en sus vidas, se perciben como proveedores económicos, incorporando la idea de superación y bienestar a partir de la aportación económica y la educación de los hijos o hijas, como menciona  un entrevistado: “… para empezar, ser hombre es ser responsable de mi familia, dedicarme a trabajar, a tener dinero, a cubrir cuentas para darles la superación personal a mi hijo y mi hija“. La responsabilidad familiar se encuentra estrechamente ligada a la paternidad, al ser padres, cubrir las necesidades económicas de la familia, particularmente de los hijos e hijas, de ahí que se perciban en primera instancia como proveedores, como señala otro entrevistado “me veo como un proveedor, me crea responsabilidades, ver que falte nada en la casa“. El mismo entrevistado comenta que una de las ventajas del ser hombre es “adquirir la responsabilidad completa en una familia”.

El sentido de responsabilidad familiar se va aprendiendo a través de las relaciones que establecen con sus familias de origen, enfrentándose constantemente a discursos que hacen referencia a que “un niño debe ser responsable”, debe cumplir con las necesidades de la familia, el mismo entrevistado comenta “Creo que desde adolescente vas determinando una parte importante del hombre, personalmente yo empecé a ser, tener responsabilidades desde los 17 años ya como hombre, asegurar que todo fuera acorde en la casa y que no faltara nada en la de mis padres por supuesto, y después en la mía“. Se va incorporando el sentido de responsabilidad asociado a la obtención de recursos económicos, el dinero es una preocupación constante porque de ahí depende en muchos casos la supervivencia y bienestar de la familia. Un hombre responsable, es el que ve por las necesidades familiares (vivienda, alimentación, educación, salud) y debe cubrirlas.

La preocupación por el trabajo cobra sentido para los hombres porque se convierte en el medio a través del cual pueden cubrir las necesidades económicas y de subsistencia, pues aunque la pareja también trabaje y obtenga recursos económicos, ellos como hombres se visualizan e incorporan en su identidad la responsabilidad, el que tienen que cumplir con la familia, de ahí que el tener un trabajo y contar con ingresos económicos les posibilita reconocerse a sí mismos y ante los demás, que son hombres responsables que pueden cumplir y garantizar la seguridad y estabilidad familiar (Salguero, 2007).

La paternidad y el sentido de responsabilidad a través del trabajo

Cuando se incorpora la posibilidad de ser padres la preocupación por el trabajo aumenta, pues implica asumir muchas más responsabilidades de las que ya tenían. Es en ese momento donde integran con mayor intensidad el sentido de responsabilidad, donde aparece la necesidad de cuidar y mantener el trabajo, pues de ello dependerá que puedan obtener recursos que les permita salir adelante con los gastos. Cuidando su empleo, o incluso buscando uno extra para obtener mayores ingresos y poder cubrir con los requerimientos económicos, en ese sentido, mantener su identidad como hombres responsables.

Ser padre de un hijo o hija, implica incorporar un mayor presupuesto económico, de ahí que muchos lleguen a señalar que a partir del momento en que se enteraron que iban a ser padres, tuvieron que cuidar más su trabajo, llegaban más temprano, eran más cumplidos, pues temían llegar a perderlo, y si quedaran desempleados sería realmente complicado, no podrían solventar los gastos familiares. De ahí que se llegue a plantear que la paternidad a la gran mayoría los vuelve más responsables en muchos aspectos, pues tienen “alguien más” por quien ver, por quién pensar, a quién alimentar, educar y cuidar.

Negociaciones en el ámbito familiar y laboral    

Pareciera que el asumir mayor responsabilidad en el  trabajo los llevaría a dedicarle más tiempo y por tanto descuidarían la familia, sin embargo, lo que señalan los entrevistados es que los arreglos y ajustes tanto en el ámbito del trabajo como de la familia, los van haciendo con base en acuerdos y negociaciones con la pareja, desde la posibilidad de formar una familia, tener hijos, la manera como quieren que sea el parto; ya sea en una institución de asistencia pública, IMSS, ISSSTE, o en una institución privada, la cual implica que vayan haciendo un ahorro extra para poder pagar en promedio ocho o diez mil pesos, sumado a esto  el comprar la ropa del bebé y acondicionar el espacio de la casa. De ahí que muchos lleguen a plantear que “un hijo o una hija sale muy caro”, requiere mayor compromiso y solvencia económica, más responsabilidad en el empleo.  Aun cuando para muchos implique dedicar más tiempo al trabajo, éstas decisiones las van acordando con la pareja. En las familias donde los padres salen muy temprano y llegan muy tarde o por las noches y prácticamente no conviven con la pareja y los hijos (as), al entrevistar a las esposas ellas comentan que estuvieron de acuerdo, pues el aceptar el ascenso del esposo a un mejor puesto, o cambiar de empleo y obtener mayores recursos económicos, o incluso trabajar horas extras, va formando parte de esa idea compartida entre la pareja, donde obteniendo mayores ingresos estarán mejor, la paradoja es que no siempre se logra esto, de ahí que, como familia se vayan involucrando en un proceso permanente de cambio, de negociaciones, donde irán buscando día con día qué es lo que sería mejor para la familia.

Cuando las parejas femeninas apoyan a los hombres para que se “vayan a trabajar tranquilos” asumen todo el trabajo de cuidado, crianza y educación de los hijos (as), y aunque muchas veces señalan “lo hago sin que me pese”, la verdad es que a la larga resulta cansado y difícil de llevar, llegando a comentar y cuestionar “es que él se va a su trabajo y me deja con todo”, ahí es el momento de re-significar la decisión tomada años o meses atrás de que él se podría ir a trabajar sin ningún problema y ella asumiría la responsabilidad total de la casa y los hijos (as). Cuando el ordenamiento en la distribución de actividades familiares se vive como problema, o como algo conflictivo, es el momento de replantear los papeles y las posturas asumidas. Todo lo anterior, será con la finalidad de ir haciendo y re-haciendo la familia, día con día, momento a momento.

La paternidad y la maternidad le dan un sentido y significado a la familia y a la actividad laboral distinto, requiriendo mayor compromiso y responsabilidad de las y los involucrados en dicha práctica, sin olvidar que existen otras como la convivencia familiar, el tiempo libre compartido, la organización de las actividades en el hogar, la planeación y preparación de alimentos, el cuidado, la salud y educación de los hijos e hijas.

Ser padre y hombre trabajador   

La cuestión interesante es saber cómo viven, se organizan o conflictuan los hombres en dos ámbitos que parecieran ser históricamente irreconciliables, por un lado el ámbito laboral requiriéndoles más de ocho horas al día, y por otro, la paternidad que también requeriría de mucho tiempo. El trabajo para algunos hombres desde su propia visión implica que, aparentemente, no vivan su paternidad, debido a que sus posibilidades no van a la par de sus deseos. Sin embargo, no es un motivo para que no puedan ejercer su paternidad y convivan con sus hijos (as), pues, como afirma Rojas (2000), los hombres de sectores medios se esfuerzan por mantener el balance entre la importancia que otorgan a su actividad laboral y la que asignan a su familia.  Cuando se habla de balance no es en términos de una distribución  equitativa entre los tiempos, sino a un arreglo más satisfactorio entre el trabajo y  el hogar (Guest, 2002;  Southerton, 2006). Es por ello que los hombres pueden llevar a cabo su rol como padres y hombres trabajadores en los ámbitos laborales. El trabajo no va en contra del hogar y la familia, pues no se presenta como un conflicto en el que se tenga que decidir por el trabajo o por los hijos forzosamente; más bien implica formas de organización familiar en las que participan tanto el padre, la madre y los hijos (as), de manera que no es necesario que los hombres abandonen su trabajo para cumplir sus expectativas y pasar tiempo con sus hijos, pues estructuran diversas formas de convivencia (Salguero, 2008).

La manera como se involucran los hombres en la paternidad no es una decisión en abstracto, conlleva una serie de negociaciones y acuerdos con la pareja que posibilitan o dificultan el cumplimiento como hombre trabajador y padre involucrado. Estas negociaciones con la pareja y los hijos(as) en la mayoría de los casos  son implícitas, es decir, no siempre se habla de manera directa sobre el asunto, sino que en la propia interacción familiar se van poniendo de acuerdo y van decidiendo, por ejemplo, cuando los padres por su trabajo llegan tarde a casa, son las esposas las que platican con los hijos (as), se organizan en las actividades de la casa, tareas escolares de los hijos, bajo el entendido de que “cuando él pueda lo hará”, dejando muchas otras actividades como son (reparaciones o pintura de la casa, ir de compras, asistir a reuniones familiares, dedicar algún momento de estudio con los hijos o realizar trabajos escolares con ellos, salir de paseo y compartir tiempo libre). Cada acuerdo se elabora y presenta de manera distinta en cada familia, con base en sus posibilidades y el contexto en que se desarrolla.

La paternidad y el trabajo no son eventos que se vivan a titulo individual, incorpora múltiples formas de relación y negociación familiar, es con la pareja, los hijos e hijas con quienes negociarán el tipo de familia que desean tener.


Conclusiones

El propósito del artículo era dar cuenta de la paternidad como un período de cambio en la vida de los varones. Presentamos tres grandes apartados: masculinidad y paternidad; familia y paternidad; trabajo y paternidad, en donde analizamos las relaciones y transformaciones que llevan a cabo los varones en su ejercicio como padres.

Primeramente tendremos que señalar que el tema de la paternidad es relevante ya que nos encontramos en un momento histórico donde los cambios socio culturales han tenido impacto tanto la estructura y conformación de la familia, como en la participación social de hombres y mujeres (Iglesias de Ussel, 1998; Alberdi, 1999; Gimeno, 1999).

Una forma de participación de los hombres es la paternidad. Ser padre es una práctica social respetada, para la mayoría significa una enorme responsabilidad, una labor ardua, reconocen que el modelo tradicional de paternidad aprendido de sus padres, no es del todo conveniente, por lo que se han involucrado en un búsqueda constante por encontrar algunos referentes que les indiquen como ser padres, encontrando que es en la vivencia diaria a través de la relación con la pareja y los hijos e hijas donde tienen que ir construyendo nuevas manera de ser padres y de vivir su paternidad (Salguero y Pérez, 2008).

Uno de los cambios más significativos en la vida de un hombre es el tener hijos (as), manifiestan el deseo de tener hijos y ser padre, es un dato interesante porque en general se ha supuesto que las mujeres son las que anhelan tener hijos o hijas, sin embargo, una parte importante de la transición a la paternidad integra como punto de partida la elaboración del deseo, construido de manera conjunta con la pareja.

Hablar de paternidad necesariamente nos conecta con el carácter relacional del evento, se desea, se planea y se vive de manera relacional. Cuando se contempla la posibilidad de ser padre, la vida de un hombre jamás será igual, se involucrará en una serie de cambios y transformaciones. Algunos piensan en nuevos compromisos, responsabilidades y años de lucha, de trabajo y esfuerzo para darle a ese hijo o hija lo mejor de ellos, confrontándolos con su propia historia de relación con su padre, buscando opciones y alternativas para tratar de ser un padre diferente, pensando de manera continua en el futuro de ese hijo o hija y de la familia.

Ser padre, los involucra en un proceso de aprendizaje permanente, atreviéndose a hacer cosas que antes no hacían, se esfuerzan por realizar y mejorar sus labores cotidianas tanto en el trabajo como en la casa, algunos se vuelven más tolerantes, aprenden a negociar los puntos de vista, cambian ideas estereotipadas sobre el comportamiento y áreas de actuación de los hombres como padres y las mujeres como madres. Conforme el hijo o hija va creciendo y cuestionando lo que hacen como padres los lleva a cambiar sus ideas y actitudes, reflexionando y cuestionando, tratando de buscar formas alternativas de relación como hombres y padres. Como señala Figueroa (1996), la paternidad es un proceso de relación en el que la identidad de los participantes se va construyendo y reconstruyendo, donde se aprenden y replantean continuamente nuevas maneras de ver y vivir la realidad.

Convertirse en padre lleva a un hombre a ver y vivir la realidad de diferente manera, constituye una experiencia de las más significativas e impactantes. Se había documentado como la maternidad cambia la vida de las mujeres, ahora también es importante documentar lo que sucede en la vida de los varones. La llegada de un hijo o hija modifica no sólo las actividades sino la vida completa de ambos cónyuges.

Lo interesante es saber cómo viven, se organizan y resuelven conflictos en los diferentes ámbitos de participación como son la distribución de los tiempos y las actividades del hogar, crianza de los hijos e hijas, aportación económica y desempeño laboral de uno o ambos, tratando de llegar a acuerdos armónicos y balanceados.

Cuando se habla de balance no es en términos de una distribución  equitativa entre los tiempos, pues no siempre es posible por las distintas actividades y horarios laborales, sino a acuerdos y arreglos más satisfactorios entre el trabajo y  el hogar (Guest, 2002; Southerton, 2006). Implicaría formas de negociación y organización familiar entre el padre, la madre y los hijos (as).

Referencias

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Para citar este artículo:

  • Ortega, P., Torres, L. E. & Salguero, A.  (2009, 09 de diciembre). Paternidad: Período de cambio en la vida de los varones. Revista PsicologiaCientifica.com, 11(17). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/paternidad-cambio-varones


2 Comentarios para “Paternidad: Período de cambio en la vida de los varones

  1. Daniel

    Un hijo(a) no planificado es verdaderamente nefasto. Es un gran golpe al proyecto de vida que uno tiene y la verdad es que estoy convencido de que existen muchos tabúes al respecto. Tal como dice el artículo es un “tremendo costo” en muchos aspectos y si en la pareja uno sí quiere la paternidad o maternidad y el otro/a no, pero finalmente cede por complacer a su pareja… Bueno, es una fórmula para el fracaso. Tener que pagar un costo tan alto por algo (o alguien) que no se deseaba o se planeaba… Muchos no lo pueden resistir. Ahora también estoy de acuerdo con que son normalmente las mujeres las que expresan abiertamente su deseo de ser madres… La verdad es que tengo mucho amigos y entre los hombres no somos muchos los que expresamos este deseo… Si somos capaces de expresar otros anhelos o proyectos, por lo cual creo que el hecho de no expresar abiertamente el deseo de ser padres es simplemente porque no deseamos serlo… Los hombres queremos tener una pareja, amante, confidente, complice… Ella quiere un hijo/a y bueno… Eso significa sexo! El hecho es que finalmente muchos hombres terminamos por ceder a la idea de los hijos/as para complacer a nuestras esposas… Y Puf! Sorpresa! Llegan los hijos/as. ¿Qué vas a hacer? Pues asumirlos, tratar de criarlos lo mejor que puedas… Y si viene alguien y te pregunta si te sientes felíz con tu vida ¿Qué vas a decir? Por supuesto! Mira que criatura más linda! No la cambiaría por nada del mundo! Y ahí precisamente es donde comienza la mentira…

    Me gustaría encontrar un estudio que muestre verdaderamente los conflictos de los hombres ante la paternidad… Paternidad no deseada en el matrimonio…

    • Nancy

      Completamente de acuerdo, un hijo no es miel sobre hojuelas ni para el hombre ni para la mujer, implica mucha responsabilidad y renunciar a muchas cosas para poder hacer un buen papel, no es una mascota a la que puedes encargar y es la relación mas ambivalente por un lado genera mucho amor pero por otro mucha frustración y dolor.
      Me parece que la vida en general es así no solo la paternidad… y sobre todo claro que diluye la relación de pareja.
      Habrá quien lo intente y funcione pero hay quien lo intenta y no funciona.
      La realidad de la vida es un poco diferente a lo que se muestra en el artículo.

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