El legado de Ivan Petrovich Pavlov 170 años después de su nacimiento
Aportes a la Psicología


  • Jairo A. Rozo
    Fundación Universitaria Los Libertadores
    Bogotá, Colombia

    Andrés M. Pérez-Acosta
    Universidad del Rosario
    Bogotá, Colombia

El 26 de septiembre de 1849, hace 170 años, nació en Riazán (Rusia) Iván Petróvich Pavlov, uno de los más grandes científicos de su país, el primer Premio Nobel ruso (1904: ver Rozo, Andrade-Talavera & Rodríguez-Moreno, 2017) y, aunque fisiólogo de formación, fue uno de los grandes pioneros de la psicología básica del aprendizaje (Rozo & Rodríguez-Moreno, 2015a).

Ivan Pavlov (1849-1936)
Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Ivan_Pavlov_NLM3.jpg

Como figura destacada de la ciencia de su país, Pavlov desarrolló una amplia escuela de científicos, no sólo rusos sino de otras partes del mundo. El legado de su escuela sigue vivo aún en Rusia y no sólo ha impactado el campo de la psicofisiología sino de la psicología experimental, la psicoterapia, etc. (Rozo & Rodríguez-Moreno, 2015c).

Asratián, alumno directo de Pavlov, nos dejó esta descripción de su legado como figura científica:

Pavlov fue un sabio multifacético. Su genio creador abarcó diversas ramas de la Fisiología: circulación sanguínea, digestión, secreción, actividad de los segmentos superiores del sistema nervioso central, regulación neurohumoral de las funciones del organismo, fisiología del trabajo, fisiología comparada y una serie de cuestiones de Farmacología, Patología experimental y Terapéutica. Ahora bien, sus investigaciones más sistemáticas y sus trabajos más destacados se refieren a las tres primeras citadas secciones de la fisiología de los órganos de circulación sanguínea, la fisiología de las principales glándulas digestivas y la fisiología de los hemisferios cerebrales(Asratian, 1949, p. 47).

Siguiendo esta línea planteada por Asratian, De la Casa et al. (1997), recalcan, que si bien la obra de Pavlov al ofrecer un método que desvela los mecanismos por los que se establecían las asociaciones entre estímulos, le garantizó un lugar destacado en el desarrollo de la Psicología del siglo XX, su obra va mucho más allá de la mera aportación metodológica y abarca temas tan dispares como la psicopatología, el aprendizaje inteligente (que estudió en simios al final de su vida), el desarrollo de una teoría sobre el lenguaje, la hipnosis, el sueño o la propuesta de una tipología de los temperamentos.

Para Boakes (2003), la principal influencia de Pavlov fue la de definir un programa de investigación para los estudiosos del aprendizaje. Gracias a la traducción de sus conferencias se proporcionó a los psicólogos angloparlantes al panorama global de su investigación y de sus ideas teóricas.

Según Mackintosh (2003), la contribución de Pavlov a la psicología experimental fue inventar una técnica que permitió acometer una serie prolongada y sistemática de experimentos bien controlados, desvelando la mayoría de los fenómenos de lo que hoy conocemos como condicionamiento pavloviano. Gracias a Pavlov se hizo posible el estudio científico del aprendizaje asociativo.

Ruiz et al. (2003), plantean que la influencia de Pavlov en la psicología americana se puede analizar en tres sentidos: 1) el simbólico o ideológico, al representar un modelo de la posibilidad de construir una psicología objetiva;  2) el metodológico, por la influencia de la técnica de los reflejos condicionales (influencia indudable sobre el conductismo) y 3) el teórico, tiene que ver con su vocabulario específico y con sus conclusiones teóricas que se derivan de su teoría de la actividad nerviosa superior y manifiesta su mayor influencia dentro de Rusia. La mayor parte de la influencia de Pavlov sobre el conductismo fue de carácter simbólico y metodológico. La técnica de los reflejos condicionales fue aceptada entre los psicólogos americanos, no por su valor a la hora de dilucidar los procesos que ocurrían en el sistema nervioso, sino por la importancia de ofrecer una explicación objetiva de los posibles procesos de aprendizaje.

En la presente editorial, nuestro propósito es sintetizar los legados de Iván Pavlov, en los siguientes ámbitos: fisiología, psicología, técnico y metodológico, terapia de la conducta, teoría de la personalidad y desarrollo de modelos animales en psicopatología. Por último, mencionaremos algunos errores de la obra pavloviana y críticas recibidas.

Legado a la fisiología

– Fisiología de la circulación sanguínea.

– Fisiología de las principales glándulas digestivas y teoría de su funcionamiento como una fábrica (Todes, 2002).

– Sus aportaciones a la fisiología y comprensión de la actividad nerviosa superior. Como dice Grimsley y Windholz (2000), tal vez la investigación neurofisiológica actual sea muy crítica con las propuestas y explicaciones teóricas de Pavlov a este nivel, pero continúa teniendo un gran valor histórico. Sobre ello, volveremos en la última sección.

– Estudio de la regulación neurohumoral en las funciones del organismo (Asratian, 1949).

Legado a la psicología

– El estudio del reflejo condicional, más tarde conocido como condicionamiento pavloviano y su caracterización, aportando al conocimiento de su adquisición (basada en la contigüidad temporal), la extinción, la generalización, discriminación, inhibición, condicionamiento de segundo orden, etc.

– El principio del condicionamiento pavloviano, condicionamiento clásico o fórmula E-R[1]. Dicha fórmula constituyó la piedra angular de la psicología científica del siglo XX y encierra en sí misma un principio explicativo fundamental; que incluye la conducta global de los animales situados en los tramos inferiores de la escala evolutiva y parte de la conducta más vital de los animales superiores, incluso el hombre (Hebb, 1968).

– Su trabajo demarcó los pasos de la psicología científica en el siglo XX.

– Arrojó luz sobre los mecanismos del aprendizaje y de la formación de hábitos.

– Estimuló numerosas investigaciones acerca del problema de la motivación.

– Condujo a una ingeniosa teoría explicativa del antiquísimo problema del sueño.

– Pavlov y sus discípulos lograron producir “estados mentales” anormales en animales, afines a esos padecimientos tan comunes llamados neurosis, de los que muchos médicos y sociólogos piensan que son en parte un producto derivado de la intensa y compleja vida en nuestra civilización (Garret, 1958).

– Su filosofía positivista, es decir mecanicista y materialista ayudó a ubicar a la psicología como futura ciencia, alejándose del introspeccionismo.

– Pavlov estableció la relación entre método y teoría que sería el foco principal de los conductistas posteriores. Lo importante, es que Pavlov reconoció la necesidad de que teoría y experimento marchasen de la mano, cada uno contribuyendo al refinamiento progresivo del otro (Barratt, 1970).

Legado técnico y metodológico

– Dejó a un lado la extirpación como metodología principal fisiológica, para utilizar métodos menos agresivos y más refinados. Para investigar la actividad cortical superior utilizó el método del condicionamiento salival (Grimsley y Windholz, 2000).

– La técnica del condicionamiento, que en manos de los psicólogos se convirtió en uno de los más poderosos instrumentos de investigación (Barratt, 1970).

– La objetividad. Los experimentos llevados a cabo se restringían a lo observable, y se creaban para establecer relaciones funcionales entre dimensiones observables de respuestas y variaciones en las condiciones de estimulación (Barratt, 1970).

– Los experimentos de Pavlov subrayan la necesidad de controlar las condiciones experimentales (Barratt, 1970).

– A diferencia de la psicología mentalista, el objetivismo de Pavlov permitió un alto grado de cuantificación. Los procedimientos exactos y comunes de medida son un signo del estado de desarrollo de una ciencia (Barratt, 1970).

Legado a la terapia de la conducta

– Los estudios de Pavlov y su importante arsenal de datos experimentales sobre los procedimientos de condicionamiento y la producción así como eliminación del comportamiento neurótico, ofrecieron una base científica para el desarrollo de psicoterapias a mediados del siglo XX.

– Joseph Wolpe en la década de los 1950, basándose en los estudios de Pavlov y su método de contra-condicionamiento desarrolló una de las principales terapias de la conducta, la desensibilización sistemática. En ella se asociaba una respuesta incompatible con la ansiedad, como la relajación, con la presencia de los estímulos que producen ansiedad, con el fin de obligar que la respuesta de ansiedad ante tales estímulos se debilite o sea finalmente eliminada (Wolpe & Plaud, 1997; Plaud, 2003).

Legado a la teoría de la personalidad

– Con base en la teoría del equilibrio que desarrolló Pavlov (y a través de la cual postuló su modelo de tipos temperamentales) el Dr. Hans Eysenck, en la década de 1960, postuló su teoría de la personalidad, basada en dos ejes, el primero que abarcaba la introversión hasta la extroversión y el segundo que iba del neuroticismo hasta el psicoticismo (Wolpe & Plaud, 1997).

Legado al desarrollo de modelos animales en psicopatología

– Pavlov arguyó que los científicos se podrían adentrar en el conocimiento de la psicopatología humana gracias al estudio de los modelos animales. Su trabajo sobre las neurosis experimentales fue una importante base para el desarrollo de modelos animales de psicopatología y su estudio en décadas posteriores (Abramson & Seligman, 1983).

– Las ventajas de los modelos animales son varias: Puede conseguirse gran precisión en el control de variables experimentales, puede controlarse la historia genética y ambiental, se puede aislar una causa mediante la introducción sistemática de hechos traumáticos en la vida del sujeto y observar continuamente los síntomas comportamentales y fisiológicos (Abramson & Seligman, 1983).

– Pero también tienen desventajas: Es muy difícil demostrar que una alteración de laboratorio es similar a una psicopatología de aparición natural, cuando la primera se produce en una especie y la última se aprecia en otra. Otra desventaja, es que algunas patologías y síntomas puede que no tengan correspondencia en la replicación con animales (Abramson & Seligman 1983).

Errores en la obra pavloviana y críticas recibidas

La teoría de Pavlov omitió fenómenos como el pensamiento, el discernimiento o la expectación y se centró en la objetividad del estudio de las conductas reflejas. Bajo nuestra perspectiva actual la consideraríamos inadecuada, sin embargo, en su momento histórico constituyó una valiosísima adquisición, ya que explicó mucho de lo no explicado hasta entonces, y aún más interesante, condujo a nuevos e importantes problemas experimentales.

El modelo que nos ofreció Pavlov del cerebro es muy poco propicio para explicar la actividad central procesadora de información, requerida por las modernas posturas cognitivas, basadas en los modelos de ordenador o de procesamiento en paralelo de las redes neurales artificiales, que son coherentes con la teoría de la neurona de su contemporáneo, el español Santiago Ramón y Cajal (Rozo & Rodríguez-Moreno, 2015b). El cerebro era para Pavlov una compleja estación de enganche, que trabaja como una central telefónica en la que la relación entre estímulos y respuestas tiene tan sólo los límites que imponen las condiciones descubiertas por Pavlov para la formación de los reflejos condicionales, y en las que tales conexiones tienen tan sólo un carácter temporal. Además, la actividad nerviosa superior es explicada por los hipotéticos procesos cerebrales de índole puramente fisiológica: inhibición, excitación y desinhibición y sus leyes (inducción, irradiación y concentración) (García-Vega, 1993).       Por otro lado, la neurociencia moderna ha dejado en el pasado las hipótesis y teorías de Pavlov para explicar el funcionamiento del sistema nervioso central y especialmente de la corteza cerebral, o como él la llamaba, la actividad nerviosa superior. De hecho, como destaca Boakes (1989), la fisiología de los años veinte del siglo pasado se vio poco afectada por los trabajos de Pavlov, ya que los procesos que éste invocaba para explicar el condicionamiento, las neurosis o las diferencias de personalidad, tenían poco sentido para los fisiólogos de esa época.

Para ser una persona dedicada a comprender el cerebro, Pavlov permaneció singularmente desinteresado por su anatomía o por los cambios fundamentales de la neurociencia que comenzaron cuando él iniciaba el estudio del condicionamiento; es decir, la aceptación general de que el sistema nervioso se compone de células nerviosas  individuales separadas por sinapsis, y que la acción nerviosa consiste en la transmisión a lo largo de los axones de las células nerviosas de breves estados de despolarización de la membrana celular, o «picos», que producen interacciones en las uniones sinápticas. Era difícil interpretar las referencias de Pavlov a «olas» de excitación o inhibición, a sistemas nerviosos «débiles», o a la producción de neurosis debido al «choque de los procesos nerviosos antagónicos», en términos de las ideas contemporáneas sobre el sistema nervioso (Boakes, 1989, p. 244-245).

Como vemos, esas nuevas ideas del sistema nervioso se basaban en el trabajo de Cajal y la comprensión que nos brindó del mismo, que desgraciadamente Pavlov no conoció (Rozo & Rodríguez-Moreno, 2015a y 2015b).

Si bien su estrategia de concentrarse casi exclusivamente en la medida de la salivación durante más de treinta años le proporcionó en muchos sentidos excelentes resultados, que le han hecho destacar como una de las figuras más importantes de la ciencia de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, esta estrategia no fue suficiente para convencer a los neurofisiólogos de la importancia de sus ideas. Pavlov necesitaba ponerlas a prueba con una gama de conductas más amplia, además de ser receptivo a las novedosas teorías sobre el sistema nervioso que se estaban desarrollando en Europa, por ejemplo, alrededor de la obra de Cajal o de Sherrington. Desgraciadamente, Pavlov no destacó en el desarrollo de un sistema explícito y coherente a nivel teórico, sustentado, por ejemplo, en la teoría neuronal. Pero como recalcan Boakes (1989) y Todes (2000), Pavlov destacaba en su capacidad técnica y en su capacidad para intuir cuáles eran las cuestiones importantes y cómo abordarlas experimentalmente, capacidades que sin lugar a duda son muy importantes y que le permitieron realizar su fructífero trabajo.

Particularmente duro se muestra Bonnot al criticar la obra de Pavlov:

Desde 1903 se conocía el principio, la existencia de los reflejos estaba claramente reconocida, perfectamente definida, y era públicamente profesada. Pavlov tenía ante sí todavía treinta y tres años de actividad. Nunca había dispuesto de tanta autoridad, de tantos medios y de tantos colaboradores. Multiplicaba las comunicaciones, los experimentos, tenía la sensación de progresar a pasos agigantados por el camino que se había trazado. De hecho, da palos de ciego. Toda la última parte de su vida parece, al cabo del tiempo, singularmente decepcionante… Es indudable que especuló mucho, volviendo sin cesar sobre el alcance de su descubrimiento, atribuyendo a los reflejos condicionados una parte cada vez más amplia, más esencial en el comportamiento de los seres vivos (Bonnot, 1973, p. 247).

Más adelante dice:

Nunca, por ejemplo, trató de precisar el mecanismo cerebral de esas excitaciones y de esas inhibiciones que tanto utilizaba, contentándose con compararlas a estados de excitación y de inhibición de la célula aislada. Como contrapartida, a causa de que algunos de sus perros estaban somnolientos durante los experimentos, se lanzó a un estudio de la hipnosis y del sueño, sosteniendo que eran el resultado de reflejos condicionados, olvidando deliberadamente, en el segundo caso, varios experimentos que demostraban la existencia de un factor químico (Bonnot, 1973, p. 247).

Y sobre su teoría tipológica:

Paso a paso, fundándose siempre en las particularidades de sus animales y sin recurrir siquiera a observaciones sistemáticas, acabó por presentar una verdadera tipología que debía valer lo mismo para el hombre que para el perro. De hecho, se contentaba con seguir los cuatro temperamentos clásicos descritos por Hipócrates; su única originalidad consistía en referirlos a diversas combinaciones entre la excitación y la inhibición. Olvidando que todas esas nociones no tenían más realidad que la virtud dormitiva del opio, que eran sólo una manera cómoda de clasificar fenómenos cuya realidad fisiológica se le escapaba completamente (Bonnot, 1973, p. 249-250).

Para Bonnot existe una gran ironía, pues curiosamente el hombre del método termina bajo las abstracciones de la ideología cartesiana del reflejo y el hombre que insistía en la necesidad de conservar al ser vivo en su integridad, se pierde en la construcción de laboratorios aislados de ruidos, luces, variaciones atmosféricas, etc. mutilando las condiciones normales de vida (Bonnot, 1973).

En cuanto a las neurosis experimentales en perros y su intento de explicar las psicopatologías humanas han existido muchas críticas. Por ejemplo:

La analogía entre la conducta maladaptativa de los perros de Pavlov y la neurosis humana, nos parece el punto más débil de su tentativa. Fracasó en demostrar la similitud entre el fenómeno de laboratorio y la neurosis humana natural. En general, Pavlov estaba preocupado sólo con las similitudes más burdas entre los «síntomas» obtenidos en el laboratorio y los síntomas observados en la clínica. Con la excepción de su trabajo sobre la esquizofrenia (Pavlov, 1941), puso poco interés en introducir sujetos clínicos en el laboratorio para estudios de semejanza. Además, Pavlov, a menudo, efectuó afirmaciones muy específicas sobre qué formas de neurosis había producido en sus perros. Supuestamente algunos perros desarrollaron neurastenia, un síndrome caracterizado por dolores imprecisos y fatiga, mientras que otros llegaron a ser compulsivos. Tales afirmaciones fueron prematuras, dada la ausencia de una irrefutable evidencia que indicara que las alteraciones conductuales de sus perros modelasen cualquier neurosis humana. Quizás Pavlov modeló en el laboratorio características generales de la psicopatología más que alteraciones específicas. La fuerza de los modelos animales de neurosis creados por Pavlov estaría aumentada si se demostraran unos paralelismos más estrechos entre los síntomas presentados, y aquellas situaciones que producen las neurosis humanas contuviesen elementos importantes para la producción de las neurosis animales (Abramson & Seligman 1983, p. 14).

Otras críticas al respecto provienen de Boakes (1989). En diversos experimentos en el laboratorio de Pavlov, los perros sometidos a la misma situación experimental reaccionaban de forma distinta. Esta variabilidad es muy común en situaciones experimentales. Dos o tres décadas después de Pavlov, los investigadores la enfrentaban con diseños experimentales en los que los grupos de animales podían compararse con grupos de control adecuados para aislar las causas de la variabilidad. Como específica Boakes (1989), Pavlov empleó este método muy rara vez y solamente hacia el final de su vida, cuando realizó experimentos con ratones para poner a prueba la herencia de los reflejos condicionales.

Para explicar la variabilidad, Pavlov apelaba a posibles diferencias de temperamento y disposiciones heredadas de los sujetos experimentales. “Años más tarde, una de las cosas que hacía con mayor entusiasmo era distinguir distintos «tipos» de perros de manera sistemática” (Boakes, 1989, p. 240).

Por otro lado, y siguiendo con las críticas que plantea Boakes (1989), Pavlov frecuentemente solía usar una serie de tratamientos farmacológicos con bromuro para devolver los perros a la normalidad. No obstante, las pruebas que apoyan ese tratamiento eran pocas y poco sistemáticas. El estado anormal de un perro podría deberse a muchas razones además de las que refería Pavlov, es decir, el sometimiento de un tipo de sistema nervioso a un procedimiento experimental especial. Asimismo, la recuperación del perro con la aplicación de bromuro, cuando no hay una comparación sistemática con las tasas de recuperación cuando no se administra bromuro, deja bastantes dudas al respecto.

No obstante, la importancia del trabajo de Pavlov es inmensa y como destaca Gutiérrez (2005), su aporte en cuanto al reflejo condicional o condicionamiento pavloviano ha servido para impulsar la investigación durante los últimos cien años, en al menos tres temas que siguen vigentes:

1. Los mecanismos del condicionamiento pavloviano. ¿Cómo se forma la asociación entre el estímulo incondicional y condicional? ¿Qué hace efectivos al estímulo incondicional y condicional? ¿Qué determina la naturaleza de la respuesta condicionada?

2. El trabajo creciente en los mecanismos fisiológicos del condicionamiento pavloviano. Con el gran desarrollo de las neurociencias, el interés por descubrir los mecanismos del aprendizaje ha dedicado gran atención al condicionamiento clásico o pavloviano para determinar sus mecanismos moleculares, celulares y sistémicos.

3. El valor funcional del aprendizaje y del condicionamiento pavloviano. No es suficiente especular acerca del valor funcional de la conducta, sino que dicho valor debe ser demostrado en términos de adaptación y aptitud reproductiva.

Con respecto al punto 2 anterior, tenemos un ejemplo evidente del impulso que las investigaciones originales y clásicas de Pavlov y de Cajal han ofrecido para otros investigadores: El Prof. Eric Kandel, Premio Nobel de Fisiología o Medicina del año 2000, quién en sus memorias (Kandel, 2007) habla de Pavlov y Cajal como quienes dirigieron e inspiraron su investigación. Entre las décadas del 60 al 90 del siglo pasado, Kandel y sus colaboradores enfrentaron el estudio del mecanismo celular del aprendizaje y la memoria utilizando como animal experimental el caracol marino Aplysia (Campos-Bueno & Martín-Araguz, 2012).

Referencias

Abramson. L. Y. & Seligman, S. E. P. (1983). Psicopatología de los modelos de laboratorio: historia y fundamento. En Maser, J. D. y Seligman, S. E. P. Modelos experimentales en psicopatología. Madrid: Editorial Alhambra.

Asratian, E. A. (1949). I. P. Pavlov, su vida y su obra científica. Moscú: Editorial MIR.

Barratt, P. E. H. (1970). Fundamentos de los métodos psicológicos. México: Editorial Limusa.

Boakes, R. (1989). Historia de la psicología animal. De Darwin al conductismo. Madrid: Alianza Editorial.

Boakes, R. (2003). The impact of Pavlov on the psychology of learning in English-speaking countries. The Spanish Journal of Psychology, 6(2), 93-98.

Bonnot, G. (1973). Han Matado a Descartes. Madrid: Ediciones Guadarrama.

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De la Casa, L. G., Ruiz, G. & Sánchez, N. (1997). La orientación psicopatológica en la teoría pavloviana. Revista de Historia de la Psicología, 18(1-2), 87-96.

García-Vega, L. (1993). Reflexiones sobre el condicionamiento de Pavlov a la luz de la psicología cognitiva. Revista de Historia de la Psicología, 14(3-4), 341-346.

Garrett, H. (1958). Las grandes realizaciones en la psicología experimental. México: Fondo de Cultura Económica.

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Gutiérrez, G. (2005). I. P. Pavlov: 100 años de investigación del aprendizaje asociativo. Universitas Psychologica, 4(2), 251-255.

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[1]   Aquí es necesario aclarar que la fórmula E-R que retomaron los psicólogos americanos, erróneamente se atribuyó a Pavlov. Éste abogaba por una formula E-E, que fue obviada por muchos años por los conductistas americanos.


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Para citar este artículo:

  • Rozo, J.A., Pérez-Acosta, A.M. (2020, 2 de mayo). El legado de Ivan Petrovich Pavlov 170 años después de su nacimiento. Revista PsicologiaCientifica.com, 18(01). Disponible en: https://www.psicologiacientifica.com/el-legado-de-ivan-petrovich-pavlov/

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