El acoso telemático en menores: Ciberacoso y grooming
Psicología Social - Comunitaria


  • Clara Isabel Fernández Rodicio
    Universidad de Vigo
    Ourense, Galicia, España

Resumen

  • Las nuevas tecnologías de la comunicación han provocado un fuerte impacto, el cual ha generado un cambio en las formas de comunicación y de relación entre las personas. Sin embargo, no todos adoptan un uso de adecuado de las herramientas de comunicación; hay quienes las emplean para agredir a otras, especialmente a niños, con sucede en el fenómeno conocido como acoso cibernético y grooming.

    En primer lugar, describimos qué es el acoso moral y sus fases, para centrarnos a continuación en el fenómeno del ciberacoso, el ciberbullying y el grooming (factores que intervienen, proceso de desarrollo). Existen unos elementos básicos para que estas conductas de acoso se lleven a cabo: conexión a la red, un acosador con un tipo de personalidad y una víctima.

    Palabras clave: Ciberbullying, grooming, acoso, redes sociales, acosador, evaluación del riesgo.



La tecnología ha provocado un fuerte impacto el cual, a su vez, ha generado un cambio en las formas de trabajo, los estilos de vida en las formas de comunicación y de relación al igual que en la forma de ocupar el tiempo libre. Las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación han llevado a la globalidad la comunicación, facilitando la conexión entre las personas, instituciones, eliminando barreras espaciales y temporales a nivel mundial. Dado que una de las ventajas en las redes sociales es la posibilidad de (re) conectar a los usuarios para así proporcionar un canal de comunicación, en el cual pueden intercambiar fotos, vídeos, mensajes instantáneos, comentarios, etcétera.

Por otra parte, las redes sociales que suelen utilizar los jóvenes son las redes personales de ocio (Fernández Canelo, 2010). La comunicación entre jóvenes es un factor al que ellos dan mucha importancia, ya que para intercambiar impresiones, opinar, lo necesitan como un nexo, una comunicación rápida y sencilla. Y, al mismo tiempo, les permiten adquirir nuevas experiencias y vivencias.

Internet está ocasionando un cambio cualitativo en los modos de vida, las costumbres y la forma de relacionarse de los seres humanos. Sin embargo, no todas las personas utilizan las herramientas de comunicación con buenas intenciones, ya que existen quienes las emplean para agredir a otras personas, a esta problemática se le conoce como acoso cibernético. Es un delito contemporáneo sin una legislación específica en nuestro país, en el que un individuo emplea una serie de conductas para atacar, humillar o difamar a otro, utilizando las tecnologías de la información y comunicación, principalmente internet (chats, foros, correo electrónico, blogs, redes sociales teléfonos móviles entre otros).

El acoso moral

De acuerdo con los principales exponentes de profesionales estudiosos de este campo, las agresiones se derivan de un proceso de destrucción psicológica, de acciones hostiles de uno o varios individuos hacia una persona determinada (Hirigoyen, 1998). Se emplean ciertas técnicas de desestabilización habituales entre las personalidades perversas: alusiones, insinuaciones mal intencionadas, mentiras y humillaciones.

Eis Cvancara (2009, 15) emplea el término “objetivo bloqueo” para referirse a un estado en el que un individuo percibe la conducta de un compañero como la negación o la prohibición a que él o ella consiga una meta deseada. La investigación ha vinculado a este estado un mayor uso de agresión verbal como medio de superar los obstáculos existentes para conseguir la meta.

Edreira (2003: 134) define el acoso moral como:

“El proceso por el cuál un individuo o grupo de individuos aplican violencia -psíquica o física- en pequeñas dosis a otro individuo con la intención de desestabilizarlo y hacerlo dudar de sus propios pensamientos y afectos. De esta forma se arrebata al otro su identidad, se niega y elimina la diferencia con el otro. El objetivo de esta conducta es paralizar a la víctima para evitar que surja el conflicto, para que no pueda pensar ni comprender, mantenerla a disposición del agresor mientras sea útil y adoctrinarla. El proceso pretende pervertir moralmente a la víctima y destruirla lentamente para conseguir un crimen perfecto, se elimina a la víctima por inducción al suicidio o violencia física”.

Para Shaheen Shariff (2008), intimidación psicológica, en términos generales, se refiere a infligir angustia mental mediante la explotación de los temores por su seguridad física, de romper la autoestima y confianza. Esto es, obviamente, un aspecto integral de ciberbullying. Una vez más, siempre está presente:

– El acoso no es deseado

– El acoso es implacable

– La víctima ha sido señalada para el abuso

En cuanto a los agresores, se engrandecen al rebajar a los demás y descargar sobre otros la responsabilidad de lo que no funciona. Esa es su forma de establecer relaciones, y le resulta imposible cuestionarse a sí mismo. Necesitan rebajar a otro para adquirir buena autoestima y poder.

“El acoso moral puede presentarse como una forma de maltrato psicológico sutil pero sistemático, reiterado e “in crescendo” que se desarrolla en distintas fases no siempre bien diferenciadas. Sistematización programada y consciente de actos encaminados a la dominación o destrucción de otro ser. … Actos concretos que en definitiva son atentados reiterados que tienen por finalidad la desestabilización y posteriormente la destrucción de todo el sistema de valores de una persona, de su línea vital, haciendo a la víctima que dude de sí misma, causando en ella indefensión” (Rubio Lara, 2010: 132, 135-136).

Por tanto, el acosador es un depredador moral que plantea su relación con los demás como un juego mortal, una partida de ajedrez en la que él mueve las piezas de los dos jugadores, y lo primero que hace es atar las manos del otro jugador (Edreira, 2003). Es una batalla desigual y asimétrica desde su inicio porque el otro no sabe que le han declarado la guerra.

Para que se pueda hablar de acoso moral (Rubio Lara, 2010) han de cumplirse una serie de requisitos:

– Reiteración de la conducta violenta

– Baja intensidad de la agresión pero mantenida durante mucho tiempo

– Intencionalidad: calculado, planificado y con proyección de futuro

– La finalidad es dominar o destruir a la víctima

– Existe un acosador, una víctima y la colaboración activa o pasiva de las personas del entorno donde ocurre

– Puede haber víctimas en serie

Peris Pascual (2004) y Edreira (2003), al igual que otros autores, distinguen las siguientes fases del acoso:

1. De seducción: se construye subliminalmente la cárcel de cristal donde queda atrapada la víctima. En esta fase el acosador moral estudia y evalúa las cualidades de su futura víctima y localiza sus puntos débiles, suele averiguar todo lo que puede de la vida personal de la víctima.

2. Acoso manifiesto: donde se aplica la neurosis experimental, con acciones progresivamente más intensas y manifiestas hasta vencer la resistencia de la víctima. En esta fase se desestabiliza a la víctima para conseguir sumisión; usa técnicas de adoctrinamiento y lavado de cerebro. Su objetivo es anular las capacidades defensivas y el sentido crítico de la víctima. Para ello utiliza la comunicación perversa: actitudes paradójicas, mentiras, sarcasmo, burla, desprecio.

3. Psico-terror o fase de confrontación: el objetivo es destruir al otro y provocar sentimientos, actos y reacciones para que la víctima parezca responsable de lo que sucede.

4. Violencia física mayor: el depredador “degolla” a su presa. Su objetivo es aniquilar al otro. Es una continuación de la fase anterior y se suele solapar con ella. Las agresiones físicas pasan a mayores en el caso de víctimas “resistentes”.

La violencia tiene diferentes formas de manifestarse y Ortega (2008: 108) realiza una clasificación:

– Exclusión social, que puede ser activa (no dejar participar) o pasiva (ignorar al otro).

– Agresión verbal, se suelen emplear los insultos y la difamación.

– Agresión física, que puede ser directa, mediante golpes, o indirecta, como mediante el robo o la destrucción de objetos propios de la víctima.

– Agresión psicológica, logra al infundir miedo usando amenazas o chantajes.

– Intimidación y acoso sexual.

– Agresión a través de las nuevas tecnologías (ciberbullying).

En definitiva, el acoso moral es toda conducta abusiva (verbal o no verbal) que atenta, por su frecuencia y constancia, contra la dignidad o integridad física o psicológica de una persona.

La agresión verbal se expresa a través de mensajes que atacan al concepto de sí mismo de la víctima, con la intención de provocar el dolor psicológico para lograr su objetivo. Algunos ejemplos de agresiones verbales son amenazas, coerciones, insultos y manipulaciones. Aunque, el empleo de la agresión verbal en algunos ámbitos es aceptado es negativo por naturaleza y clasificado como antisocial.

Las investigaciones muestran que los sujetos no utilizan la agresión verbal de la misma forma ni por las mismas razones, las dosis de uso no siempre impactan de la misma manera. La agresión verbal puede predecir la agresión física.

En lo que respecta al estado emocional de la víctima, se puede observar cómo la agresión verbal le genera frustración. Intentar convencer a una víctima para que acceda a una solicitud a la que se resiste es difícil porque los estados emocionales negativos tienden a interferir con la discriminación y los procesos sociales de cortesía, en última instancia, se restringe o acortan varias de las estrategias de influencia social que están disponibles para el agresor (Eis Cvancara, 2009).

Como resultado de ello, cuando aumenta la frustración, los procesos discriminativos se han interrumpido y la propia capacidad para seleccionar una amplia gama de opciones en forma de mensaje se limita, lo que sugiere que uno tendrá un conjunto limitado de herramientas de influencia de forma social que elegir.

Ciberacoso & ciberbullying: Un tipo de acoso moral a través de internet

Hay quienes opinan que el acoso cibernético puede considerarse más destructor que el acoso personal. Se compara el peligro que entraña la agresión física, porque es más visible, con la agresión psicológica, y se piensa que la primera es de mayor gravedad, pero ambas son violencia. Y, cuando se trata de víctimas adolescentes este tipo de acciones provoca en ellas impotencia, humillación, vergüenza, deterioro de relaciones interpersonales debido a los rumores y rechazo como consecuencia del acoso (Avellanosa, 2008). La intimidad queda al descubierto con fotografías que sirven para ridiculizar a la persona y esta forma de acoso se ha visto facilitada por el uso de teléfonos móviles que tienen la capacidad de fotografiar. Es sencillo hacer llegar la foto a otros teléfonos e incluso a internet. Esta conducta delictiva es llevada a cabo fundamentalmente por jóvenes menores de edad, pero es frecuente encontrar adultos en la misma situación.

El acoso cibernético presenta diferentes connotaciones, por ejemplo: bromas crueles, envío de virus, intimidaciones, difusión anónima de rumores, fotos retocadas, suplantación en las redes sociales, etcétera. La posibilidad de obtener fotografías y vídeos a través de las cámaras de los teléfonos móviles facilita la obtención de material que luego será distribuido por la red. Se graban peleas de estudiantes o del vecindario, vídeos de bancos o joyerías para después ser robados, extorsiones, imágenes de alto contenido sexual. En muchas ocasiones, no tenemos en cuenta esta forma de maltrato digitalizado (Avellaneda, 2008).

Entre otras definiciones que se relacionan con el acoso moral cibernético y que se deben tener presentes en cualquier valoración conductual se encuentran las siguientes:

– El acoso y hostigamiento: Son acontecimientos que se manifiestan en todas las esferas de la interacción humana y colectiva, en cualquier espacio, como el trabajo, la escuela, la familia, así como en el simple trato cotidiano entre las personas. Se debe precisar que el término hostigamiento no es sinónimo, ni reemplaza, a la expresión acoso. El ciberacoso produce un efecto devastador en sus víctimas, socavando su bienestar e invadiendo espacios muy necesarios para el individuo como su descanso o el tiempo de estudio.

– Ciberacoso escolar: Los menores trasladan a Internet sus insultos y amenazas, haciendo pública la identidad de la víctima en un foro determinado (blogs, websites), incluso facilitando sus teléfonos de manera que gente extraña se pueda adherir a la agresión. Esta situación de acoso se puede dar contra docentes y personal administrativo de los colegios (Castro, 2007). La violencia cambia, de acuerdo con las características de la época, y de las nuevas culturas, se aprende a ‘sacar provecho’ de las nuevas herramientas a disposición de los victimarios, lo que ha generado también nuevos métodos para convertir la vida de algunos niños en un verdadero martirio.

– Cyberbullying: “Es la intimidación a través de correo electrónico, mensages instantos, en una sala de chat, en un sitio web, o a través de mensajes digitales enviados a un teléfono celular o un asistente digital personal (PDA). Cyber bullying, como el bullying tradicional, implica una acción negativa que se repite con frecuencia y consiste en un desequilibrio de poder” (Limber, Kowalski & Agatston, 2009).

Shaheen Shariff (2008) define la intimidación en la escuela (Bullying) refiriéndose a la actuación de un grupo de estudiantes en contra de otro en particular, o provocando su aislamiento. Los objetivos de la intimidación en la escuela son los alumnos que a menudo son considerados extraños o diferentes por parte de sus compañeros, haciendo la situación más difícil para ellos. El acoso, también puede ser perpetrado por los profesores, o instigado en su contra.

En un estudio llevado a cabo por Cerezo y Alto (2010) se analiza la estructura de relaciones y las características del clima socio-afectivo del aula en relación con el bullying; los resultados indican que el nivel de prevalencia del bullying (17.6%) se distribuye de manera similar entre agresores y víctimas. Se encontraron importantes diferencias de género: tres de cada cuatro agresores y más de la mitad de las víctimas eran chicos y todos los grupos del aula presentan características similares en conductas bullying. Los resultados indican que, por lo general, aquellos implicados en la dinámica bullying son chicos con bajo estatus social y una percepción del clima del aula más negativa que la de los no implicados, especialmente los sujetos víctimas que muestran serias dificultades en sus relaciones intrerpersonales. Asimismo, se encontró que las chicas suelen estar mejor adaptadas al ambiente escolar.

El acoso escolar se establece con un diagnóstico, queda establecido por la referencia del niño a conductas de maltrato que se producen contra él de forma reiterada.

“El rechazo entre iguales es un proceso interpersonal que hace que el alumnado rechazado entre en una espiral negativa, que tiene como resultado directo una restricción importante de oportunidades de interacción positiva con sus compañeros, privándole o dificultándole la adquisición de competencias sociales necesarias para relacionarse de forma satisfactoria con sus coetáneos, lo que a su vez conlleva consecuencias negativas graves a corto y largo plazo” (García Bacete, F.J.; Sureda García, I. & Monjas Casares, Mª.I., 2010: 133).

El acoso escolar se manifiesta por un comportamiento de persecución y hostigamiento continuado y persistente que se materializa en 8 tipos de conductas que Avellanosa (2008) describe:

– Comportamientos de desprecio y ridiculización

– Coacciones

– Restricción de la comunicación y ninguneo

– Agresiones físicas

– Comportamientos de intimidación y amenaza

– Comportamiento de exclusión y de bloqueo social

– Comportamiento de maltrato y hostigamiento verbal

– Robos, extorsiones, chantajes y deterioro de pertenencias

Normalmente los episodios de ciberacoso suelen estar ligados a situaciones de acoso en la vida real y de acoso escolar. Si nos referimos a las formas en las que se produce el ciberacoso, éstas se pueden producir de muy diversas formas:

– Correos electrónicos, mensajes desagradables o amenazantes.

– Publicar blogs, comentarios, fotos o videos desagradables en un perfil, una página web o en una sala de chat.

– Suplantación de identidad a la hora de decir cosas desagradables, en un foro de mensajes, en una sala de chat, etc.

– La agresión es repetida y no un hecho aislado. El envío aislado de mensajes desagradables, aunque no sea muy halagüeño, no podría ser considerado como un caso de ciberacoso.

Factores que causan el ciberacoso

Las investigaciones actuales identifican, en general, que los siguientes factores contribuyen a la intimidación en las escuelas. Shaheen Shariff (2008) describe estas condiciones, ya que también existen en el ciberespacio e informan del perfil de los ciberbullyers o ciberacosadores escolares:

– Siempre hay un desequilibrio de poder que favorece al victimario sobre la víctima.

– Los autores son a menudo apoyados por un grupo de los compañeros, algunos de los cuales fomentan activamente al abusador y otros que lo ven, pero no hacen nada para ayudar a los compañeros que están siendo “atacados”.

– Es dirigido a los estudiantes que están señalados con una atención negativa de sus pares y son activamente expulsados del grupo y aislados.

– La exclusión y la forma de aislamiento del grupo de compañeros más grande fortalece el poder del autor/es.

– El comportamiento de los autores no es provocado y tampoco es deseado por la víctima.

– Las acciones de los perpetradores son deliberadas, repetidas y, a menudo, implacables.

Lugar dónde se produce el ciberacoso

La comunicación entre los jóvenes es un factor al que ellos dan mucha importancia, ya que necesitan estar continuamente en contacto, ya sea para intercambiar impresiones, opinar, etcétera (Fernández Canelo, 2010). En general, lo necesitan como un nexo para una comunicación rápida y sencilla.

Hinduja & Patchin (2009) describen los medios usados más a menudo para llevar a cabo las acciones propias del acoso cibernético:

– E-mail: Una de las primeras formas de cyberbullying es el simple envío de correos electrónicos que ponen en evidencia a las víctimas frente a un grupo cuantioso de personas allegadas a ésta. Incluso hoy en día, los agresores utilizan el correo electrónico para distribuir su información personal o información escandalosa sobre la meta de una amplia gama de personas instantáneamente. Aunque el correo electrónico acosador podría parecer una forma relativamente menor de cyberbullying, puede tener efectos devastadores en el blanco.

– Rumor: Propagación frecuentemente ejercida mediante el correo electrónico, mensajería de texto o mensajes en redes sociales; se trata de rumores y difamaciones sobre alguien, puede ser muy difundido entre los individuos fácilmente a través de Internet. El rumor tiende a ser la actividad realizada con mayor frecuencia por las niñas, ya que la agresión verbal y el sabotaje social surge en momentos en los que existe rivalidad entre los géneros.

– Mensajes instantáneos: Se envían de forma rápida y fácil a un gran número de personas por medio de teléfonos móviles. Los ordenadores son una herramienta muy atractiva, ya que permiten el acceso a programas de mensajería instantánea lo que facilita la difusión de información acerca de la víctima.

Grooming: Otra forma de contacto de pedófilos con sus víctimas

El grooming, es un nuevo tipo de abuso dirigido hacía los niños, que se realiza por Internet. Se conoce como grooming cualquier acción que tenga por objetivo minar y socavar moral y psicológicamente a una persona, con el fin de conseguir su control a nivel emocional. Suele producirse a través de servicios de chat y mensajería instantánea, para obtener imágenes de contenido erótico y extorsionar a la víctima, dificultando que ésta pueda salir o protegerse en esa relación (Van Dan, 2001; Powel, 2007; Sheldon & Howitt, 2007; Sanderson, 2006).

Es particularmente grave en los casos en los que una persona realiza estas prácticas en contra de un niño o niña, con el objetivo de obtener algún tipo de contacto sexual.

“Grooming” es un acto preparatorio de otro, de carácter sexual más grave. El acosador, al ganarse la amistad de la víctima y al crear una conexión emocional con la misma, disminuye las inhibiciones del menor y se facilita el acercamiento progresivo, propiciando el abuso sexual fuera de lo virtual.

Este acto está siendo cada vez más recurrente a causa de la masificación de las tecnologías de la información, del mayor acceso de los niños a Internet y la brecha generacional que se produce cuando los niños manejan los ordenadores mucho mejor que los padres.[sociallocker]

El proceso de desarrollo del grooming

Podemos estructurar el proceso del grooming, teniendo en cuenta la opinión de diversos autores (Van Dan, 2001; Powel, 2007; Sheldon & Howitt, 2007; Sanderson, 2006), en las etapas que enumeramos a continuación:

1. El adulto procede a elaborar lazos emocionales (de amistad) con el menor, normalmente modificando su identidad.

2. El adulto va obteniendo datos personales y de contacto del menor.

3. Utilizando tácticas como la seducción, la provocación, el envío de imágenes con contenido pornográfico, consigue finalmente que el menor se desnude o realice actos de naturaleza sexual frente a la cámara web o envíe fotografías de igual tipo.

4. Entonces, se inicia el ciberacoso, chantajeando a la víctima para obtener cada vez más material pornográfico o tener un encuentro físico con el fin de llevar a cabo un abuso sexual, en la mayoría de los casos.

Factores que propician el surgimiento del grooming

Muchos factores contribuyen a que los menores estén más expuestos a situaciones de riesgo. Las cámaras web, los mensajes de texto, las salas de chat, y los sitios de redes sociales como Facebook, MySpace, Hi5, Messenger, entre otros, permiten a los niños acceder a comunidades virtuales donde no existe claridad respecto de la identidad de las personas con quienes se relacionan (Fernández Canelo, 2010).

Es ahí dónde conviven, sin restricciones posibles, víctimas y victimarios y se genera un ambiente propicio para el anonimato y el encubrimiento de los abusadores.

El acosado y la víctima en el grooming

El acoso a niños a través de internet, grooming con fines sexuales, es utilizado por muchos niños abusadores sexuales para apuntar y para preparar a los niños para encuentros sexuales futuros. La preparación es una estrategia bien conocida y usada por muchos pedófilos. Es un proceso sutil, poderosamente seductor, minucioso y puede tomar muchos meses o incluso años, para evolucionar y preparar al niño para la conducta sexual abusiva (CSA). El grooming puede permitir a pedófilos abusar sexualmente de un gran número de niños sin ser detectados (Sanderson, 2006).

El grooming en Internet, puede no estar en contacto físico al principio pero, con frecuencia, el abusador seduce al niño con la intención de contacto sexual en algún momento. Podría decirse que lo difícil será establecer la intención y el punto, en el proceso de preparación, en el que se manifiestará (Van Dam, 2001).

El abusado, en ocasiones, engaña a los padres a creer que él o ella es un adulto de confianza a quien pueden confiar la seguridad y bienestar de sus hijos. Una vez que un abusador se ha ganado la confianza de los padres, es más fácil para él ganarse la confianza del niño. Ganar la confianza de los padres también minimiza el riesgo de detección: si el niño revela el CSA, los padres suelen considerar como mentira las aseveraciones del menor. Inicialmente, el abusador se centrará en la construcción de una relación especial con el niño, convirtiéndose en compañero de juego, confidente y fuente de consuelo. A lo largo del proceso de la preparación, el abusador pondrá a prueba al niño, pidiéndole guardar secretos inocuos, participar en actividades prohibidas como quedarse despierto hasta tarde, para “comprobar” el grado de confianza y control que se tiene sobre la víctima. Si el niño “supera” estas pruebas, el abusador comienza una escalada de naciente comportamiento impreso con contenido sexual antes de hacer una proposición directa (Sanderson, 2006; Powel, 2007). En este punto, el niño, en muchos casos, se dejará seducir por el abusador debido a la amenaza de perder la amistad especial. El niño se siente confundido y atrapado, con pocas opciones, pero tiene someterse y cumplir.

El abusador puede poner en peligro otras relaciones, como con sus hermanos y amigos, con el fin de aislar al niño. En esencia, dividiendo a la familia, el abusador puede manejar más potencial y reducir al mínimo el riesgo de divulgación (Sanderson, 2006). Cuando se trabaja con adultos sobrevivientes de CSA, los consejeros deben explorar el impacto de la preparación en el niño, cómo arreglar la percepción distorsionada del niño sobre los miembros de la familia y en qué medida ha contribuido a la preparación de los síntomas la presentación de supervivencia.

Perfil del acosador: Evaluación del riesgo de violencia

Este perfil que se va a describir puede aplicarse a los pedófilos, ya que la mayoría de éstos son depredadores activos; se desarrolla un “plan de acción” o “patrón de comportamiento” a través de experiencia, reconocido en los círculos de pedófila como práctica común.

Este plan “de acción”, o “patrón de comportamiento”, incluye los pedófilos de “perfil grooming”, que a su vez incorporan su “método de” control, y es a menudo la única medida que desarrollan. En la mayoría de los casos, una vez el pederasta ha creado y experimentado éxito en el asedio y control del método, seguirá utilizándolo una y otra vez (Powel, 2007). De este modo, deja tras de sí una “huella digital”, un patrón de comportamiento (Powel, 2007; Sheldon & Howitt, 2007).

Una persona obra mal cuando ataca, desprecia, humilla la dignidad de otra. Esto crea un sentimiento de ‘indignación’ en las personas que son testigo del dolor injustificado y evitable. Cuanto más profunda sea la anulación de la dignidad de una persona, mayor maldad habrá en el comportamiento. La manipulación evita que surja esta indignación haciendo creer al entorno que la víctima lo merece.

La manipulación del lenguaje es una herramienta propia del acosador psicológico, ya que pretende ocultar el ejercicio de la violencia y, al mismo tiempo, utiliza información privilegiada para dañar. Es necesario comprender su poder seductor. En el registro de la comunicación perversa, hay que impedir que el otro piense, comprenda, actúe; ya se trate de la víctima o del entorno.

Las diferentes publicaciones sobre el perfil del acosador, del que instiga o inicia el acoso lo describen como un individuo perverso que presume de su poder para dominar al otro. Ataca sin poner en peligro sus intereses y su persona porque un rasgo que le caracteriza es la cobardía. Es manipulador y falsea la realidad, mintiendo de forma descarada para conseguir distorsionar la realidad y la imagen que la víctima puede tener el resto de personas de su entorno (Edreira, 2003).

Edreira (2003) y Rubio Lara (2010) describen los rasgos comunes o formas de afrontar el acoso y perseverar en él, no se centran en el perfil de la personalidad, sino en la forma de actuar:

– Falta de empatía: son incapaces de ponerse en lugar de otro.

– Irresponsables y reacios a ponerse en el lugar de otro.

– Mentiras compulsivas y sistemáticas: en su máxima competencia.

– Megalomanía y discurso mesiánico: se posicionan en referencia al bien y al mal mediante el discurso moralizante.

– Encanto superficial: entran en relación con los demás para seducirlos.

– Vampirismo y estilo de vida parasitario: siente una envidia muy intensa hacia los que parecen poseer cosas que ellos no poseen.

– Paranoia: el perverso narcisista toma el poder mediante seducción, el paranoico por la fuerza. Los perversos narcisistas recurren a la fuerza física sólo cuando la seducción deja de ser eficaz.

– Manipulación premeditada: no manipula, de forma aleatoria como haría un psicópata.

Existen carencias psicoafectivas y emocionales del acosador que, aunque no son causa del acoso, si le dan un tinte especial. Es habitual encontrar acosadores con un síndrome de personalidad homogéneo, similar en todas las situaciones de acoso por tener fuertes complejos de inferioridad (Ovejero, 2009). En la Tª de la personalidad de Adler: los defectos físicos, intelectuales o emocionales generan un sentimiento de inferioridad que la persona intenta compensar generando un sentimiento de superioridad que hace que el acosador suponga unos valores y cualidades que realmente no posee, negándolos en los demás. Pero cuando en su entorno hay una persona que sí los posee, surge el choque con la realidad.

Ovejero (2009) describe al acosador como una persona con un fuerte complejo de inferioridad proveniente de una infancia problemática y frustrante, con mucho resentimiento, con una enorme necesidad de poder para “compensar” tales sentimientos de inferioridad. Su conducta suele basarse en la necesidad de controlar a los demás, a través de la seducción cuando puede, a través de la manipulación cuando no funciona la seducción y, finalmente, mediante la compra de voluntades, por diversos medios. Cuando nada de ello funciona acude al acoso psicológico.

En ocasiones, actuamos de forma poco lógica e incoherente pero estos comportamientos están limitados en el tiempo. No obstante, cuando este tipo de comportamiento se prolonga a lo largo de la vida decimos que se posee un trastorno de personalidad (TP). Caballo (2004: 25) lo define:

“Los trastornos de personalidad (TTPP) se caracterizan por ser patrones desadaptativos de pensamientos, sentimientos, percepciones y conductas que comienzan muy temprano en la vida y se perpetúan a lo largo del tiempo y a través de diferentes situaciones”

Suelen constituir patrones desadaptativos de pensamientos, sentimientos, percepciones y conductas que se mantienen a lo largo de la vida, deteriorando su funcionamiento social y laboral.

Dentro de los trastornos de personalidad que podemos encontrar al analizar las personalidades acosadoras surgen los siguientes, clasificados en el DSM-IV Tr:

– Trastorno antisocial de la personalidad

Se caracteriza por un patrón de comportamiento desconsiderado, explotador y socialmente irresponsable, debido al fracaso para adaptarse a las normas sociales, con ausencia de remordimiento (Carballo & López Trorrecillas, 2004). Lo que diferencia al psicópata de otros trastornos de personalidad es su sintomatología, los rasgos que presentan, y el hecho de que disfruta haciendo lo que hace. No ve razón alguna para cambiar (Garrido Genovés, 2004; Raine & Sanmartin, 2000; Sanmaritn, 2000). Existe una variedad de joven psicópata que tiene una gran incidencia en el mundo escolar. Son los que unen una profunda desgana por aprender y trabajar junto con una sensación exasperante de odio hacia quien destaca (Garrido Genovés, 2005).

En el DSM IV-Tr encontramos los siguientes criterios para el diagnóstico de F60.2 Trastorno antisocial de la personalidad (301.7)

A. Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems:

1. Fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención.

2. Deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer.

3. Impulsividad o incapacidad para planificar el futuro.

4. Irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones.

5. Despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás.

6. Irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas.

7. Falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros.

B. El sujeto tiene al menos 18 años.

C. Existen pruebas de un trastorno disocial que comienza antes de la edad de 15 años.

D. El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco.

Trastorno narcisista de la personalidad

Sus características diagnósticas son el orgullo excesivo por los éxitos, una falta excesiva de demostraciones emocionales y el desdén por las sensibilidades ajenas. Son propensos a creer que han logrado la perfección (Jarne Esparla, 2006; Vallejo Ruibola, 2006).

El DSM IV-Tr presenta los siguientes criterios para el diagnóstico de F60.8 Trastorno narcisista de la personalidad (301.81)

Un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:

1. Tiene un grandioso sentido de autoimportancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados).

2. Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.

3. Cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status.

4. Exige una admiración excesiva.

5. Es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.

6. Es interpersonalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.

7. Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.

8. Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.

9. Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios.

Trastorno paranoide de la personalidad

Se caracterizan por un patrón con tendencia a la suspicacia, la desconfianza, la hipervigilancia y la preocupación por ser explotado o traicionado por otros. Tiende a malinterpretar las acciones de los demás y a responder con ira, y culpan a los demás de los errores propios (Roca Bennasar, 2003).

Se caracterizan porque necesitan sentir que continuamente lo controlan todo y para ello emplean mucho tiempo en consolidar sus relaciones con otras personas. Odian que les recuerden sus defectos, no tienen ningún problema en atacar a los demás recordándoles lo mal que hacen sus deberes. El individuo con un trastorno paranoide basa sus relaciones y su vida en las sospechas de que los demás le traicionarán, tramarán algo contra él o le defraudarán (Caballo, López-Gollonet & Bautista, 2004; Vallejo Ruibola, 2006).

A continuación se presentan los criterios para el diagnóstico de F60.0 Trastorno paranoide de la personalidad expuestos en el DSM IV-Tr (301.0)

A. Desconfianza y suspicacia general desde el inicio de la edad adulta, de forma que las intenciones de los demás son interpretadas como maliciosas, que aparecen en diversos contextos, como lo indican cuatro (o más) de los siguientes puntos:

1. Sospecha, sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o les van a engañar.

2. Preocupación por dudas no justificadas acerca de la lealtad o la fidelidad de los amigos y socios.

3. Reticencia a confiar en los demás por temor injustificado a que la información que compartan vaya a ser utilizada en su contra.

4. En las observaciones o los hechos más inocentes vislumbra significados ocultos que son degradantes o amenazadores.

5. Alberga rencores durante mucho tiempo, por ejemplo, no olvida los insultos, injurias o desprecios.

6. Percibe ataques a su persona o a su reputación que no son aparentes para los demás y está predispuesto a reaccionar con ira o a contraatacar.

7. Sospecha repetida e injustificadamente que su cónyuge o su pareja le es infiel.

B. Estas características no aparecen exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia, un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos u otro trastorno psicótico y no son debidas a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica.

Nota: Si se cumplen los criterios antes del inicio de una esquizofrenia, añadir “premórbido”, por ejemplo, “trastorno paranoide de la personalidad (premórbido)”.

Personalidad obsesiva

El concepto de personalidad obsesiva puede interpretarse como un continuum (desde la personalidad perfeccionista hasta el trastorno de personalidad compulsivo-obsesivo) de lo sano a lo patológico. Cuando estos rasgos adquieren una forma extrema pueden generar un deterioro funcional significativo o un importante malestar subjetivo en el individuo, es entonces cuando hablamos del trastorno obsesivo de la personalidad. Se caracteriza por un patrón de rigidez, escrupulosidad, temerosidad y necesidad intensa y exagerada de control. Tiene dificultades para establecer prioridades, con tendencia a ser sumisos con los superiores, y altivo y autoritario con los iguales y subordinados (Vallejo Ruibola, et. al. 2003).

Conclusiones

Como consecuencia de los avances en la tecnología informática se han facilitado las comunicaciones entre personas a través de la red. La influencia de dicha tecnología en los jóvenes propicia reacciones y conductas positivas como la interacción social, la investigación, y otras no tan positivas, como es el caso del acoso telemático, manifestado en el ciberacoso y el grooming.

La descripción y la forma de aparición del acoso telemático se debe a unas causas multifactoriales pero existen unos elementos básicos para que se produzcan:

– La red de conexión de Internet de cualquiera de las formas descritas como correos, Internet., chats, foros.

Un acosador que tiene un perfil:

– Causas multifactoriales, como se han presentado en diversos estudios.

– Un tipo de personalidad con los criterios del DSM-IV-Tr

– Una víctima, generalmente un menor, con repercusiones en ambiente familiar, escolar y social.

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Para citar este artículo:

  • Fernández, C. I. (2011, 13 de julio). El acoso telemático en menores: Ciberacoso y grooming. Revista PsicologiaCientifica.com, 13(12). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/ciberacoso-grooming-en-menores


3 Comentarios para “El acoso telemático en menores: Ciberacoso y grooming

  1. Avatarsaydi

    Un trabajo excelente, sobre todo por ser un tema de mucha actualidad, es una realidad que se está viviendo y está creando mucho conflicto en los chicos, ya que presentan depresión y abandono escolar etc.

  2. Avatarsolymar

    Excelente artículo.Me llevo información para difundir en mi trabajo, trabajo en una escuela y sera de gran utilidad para docentes, representantes y estudiantes!

  3. Avatarsilvia

    Buen artículo, apoya bastante a los que trabajamos en esta temática.

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