La violencia en República Dominicana: Naturaleza, evolución reciente y perspectivas de control
Psicología Social - Comunitaria


  • Mayra Brea de Cabral
    Universidad Autónoma de Santo Domingo
    Santo Domingo, República Dominicana

    Edylberto Cabral
    Universidad Autónoma de Santo Domingo

Resumen

  • Se pretende ofrecer luz de las peculiaridades de la violencia criminal en República Dominicana en los últimos años. Fenómeno considerado en su complejidad y en el contexto internacional. El ensayo consta de tres partes. En la primera se presentan los factores que incitan a la violencia en Latinoamérica, factores que actúan también en el país como facilitadores. En segundo lugar, se estudia la evolución y naturaleza reciente de la criminalidad dominicana; y, en un tercer momento, se evalúa el impacto del programa de Seguridad Democrática y "Barrios Seguros" llevado a efecto desde el Estado para aminorar la criminalidad en el país. Como estudio descriptivo y analítico, usando fuentes estadísticas y bibliográficas, se propone responder a tres interrogantes: ¿Cuál es la naturaleza y evolución reciente de la criminalidad en República Dominicana? ¿Cuáles factores instigan o aumentan dicha violencia? Y ¿Logra la política de seguridad aplicada ser efectiva frente a la violencia en el caso dominicano? Se mostró que incitan la violencia: el aprendizaje y la socialización violenta, los factores socioeconómicos, las drogas y las armas de fuego. Además, en nuestro país la violencia delictiva supera en magnitud a la proveniente de la conflictividad social. Aunque el Plan de Seguridad Democrática contribuyó a reducir por dos años consecutivos los índices de violencia, no fue consistente, resurgiendo nuevamente el fenómeno y requiriendo una redefinición de las políticas públicas y preventivas más contundentes y participativas.

    Palabras clave: Violencia, criminalidad, evolución, causas, políticas públicas, mecanismos de contención.



Conceptualización y marco mundial de la violencia

La violencia e inseguridad a nivel mundial, debido a la magnitud y a sus efectos, se ha convertido en un poderoso obstáculo para el crecimiento y desarrollo de los países (Informe del Desarrollo Humano del PNUD, 2005; Rojas Aravena, F, 2007). Organismos internacionales como la OPS y la OMS consideran a la violencia como una de las amenazas más urgentes para la salud y la seguridad pública, ya que constituye una de las principales causas de muerte en la población de 15 a 44 años de edad (Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, OPS/OMS, 2003 y Estadísticas de Salud de las Américas, 2006). Como problema de salud, la violencia tiene repercusiones consecuentes muy negativas tanto de orden económico, como social y psicológico.

La violencia es entendida como un fenómeno social multidimensional y multifactorial, y que amenaza la seguridad ciudadana. Suele definirse como una conducta dirigida a ocasionar daños en los individuos o grupos sociales, y/o como el ejercicio del poder o supremacía sobre otras personas a través de la fuerza física, psíquica, sexual o privativa. En muchas culturas latinoamericanas, nos encontramos con patrones de comportamiento y métodos educativos y familiares violentos, aunque frecuentemente no son percibidos como tales, porque en apariencia carecen de intencionalidad dañina, por lo que el término de violencia posee una connotación también cultural.

Existen métodos variados para diagnosticar los niveles de violencia, el más usado y que permite comparar los niveles de violencia internacionalmente son las tasas de violencia extrema -cálculos realizados del número de suicidios y de los homicidios por cada 100 mil habitantes-. La violencia también es diagnosticada mediante las múltiples estadísticas delictivas por la cantidad de robos, asaltos, delitos por reclusión, de violencia intrafamiliar, las características de los perpetradores, etc. Y, en tercer lugar, a través de la percepción subjetiva que tiene la población sobre la violencia, registrada mediante encuestas de opinión, victimización y del conocimiento de la problemática.

La tabla 1 y la figura 1 muestran la magnitud de la violencia en el mundo y por regiones.

Tabla 1
Niveles de violencia en el mundo y por regiones según las tasas de homicidio 2000-2004

Fuente: Informe Desarrollo Humano del PNUD 2007-2008.

Figura 1Niveles de violencia en el mundo y por regiones
Fuente: Elaboración propia con base en datos del Informe de Desarrollo Humano del PNUD, 2007-2008.

Como se puede observar, el promedio aritmético de las tasas de homicidio de 100 países en el mundo es de 7.9 (datos correspondientes al 2000-2004). En ese período, América Latina y el Caribe figuran como la región más violenta del mundo, superando incluso a África Subsahariana, cuya tasa de homicidio es significativamente menor (cerca de 18 para América Latina y el Caribe y 12 para África Subsahariana). De acuerdo a informaciones más recientes tomadas del Informe de Desarrollo Humano del Salvador 2007-2008 (PNUD, 2008, p. 253), considerando datos de los años 2005-2006, la tasa promedio de homicidios en América Latina y el Caribe en dicho periodo ha continuado creciendo hasta situarse en 23 homicidios por 100 mil habitantes, empeorando de este modo su situación relativa frente a las demás regiones del mundo. Entre los años 2003-2006,  República Dominicana superó ampliamente las tasas promedio de la región (ver el Cuadro 4). Estas cifras comparativas son muy útiles para comprender la magnitud de la violencia en el país y abordar su tratamiento en el contexto mundial y regional.

Factores de violencia en América Latina y en República Dominicana

Son muchos los enfoques y factores de riesgo planteados en la literatura académica, científica y en los informes de  instituciones internacionales competentes, que abordan la naturaleza y causas del notable auge de la violencia y delincuencia en América Latina en las últimas tres décadas. Autores como Fajnzylber, Lederman y Loayza (2001); Buvinic, Morrison y Orlando (2002), y otros, así como instituciones como la CEPAL (1998, 2006 y 2008), la OPS/OMS ((2003 y 2006), el Banco Mundial, el BID, el PNUD (2008) y FLACSO (2003, 2007), entre otros, han contribuido con sus trabajos a mejorar el diagnóstico sobre la problemática y a crear un marco de criterios y orientaciones para el diseño y aplicación de políticas públicas en relación, tal como debe ser, a la prevención de la violencia. Con base en toda esa literatura y los estudios que hemos realizado anteriormente, se podría agrupar en cuatro el conjunto de factores relevantes que instigan y mantienen altos los índices de violencia y criminalidad en los países de América Latina y el Caribe, sobre todo a República Dominicana. Son estos: (Ver gráfico 2)

a. Los mecanismos de aprendizaje de violencia (socialización).
b. Los factores socioeconómicos, sus vínculos con el ciclo económico y las políticas públicas (Sociales y de orden y justicia).
c. El tráfico y uso de drogas y el alcohol.
d. La disponibilidad de armas de fuego.

La violencia

Figura 2. Factores que instigan la violencia en República Dominicana
Fuente: Elaboración propia en base a la bibliografía especializada nacional e internacional.


a. Mecanismos de aprendizaje de la violencia (socialización)

La violencia es aprendida en el medio familiar y social. La familia es el núcleo donde inicialmente se adquieren las normas y los patrones conductuales, se aprende el concepto de lo bueno y lo malo, lo permitido o prohibido; se fortalece el autocontrol para la acción. El niño aprende la empatía en su medio ambiente y requiere de una estabilidad emocional, de la manifestación de afecto para asimilar las normas de comportamiento. Innumerables estudios han demostrado que hijos de familias desarticuladas, infuncionales, monoparentales o que han sido criados sin el apoyo emocional en el hogar, o con problemas disciplinarios o con falta de adecuada supervisión, son más propensos a ser violentos desde la niñez y carecen del debido autocontrol. Se ha encontrado que el abuso es un factor altamente predictor de la violencia; estudios con niños abusados, o que han sido testigos de abuso crónico de otros familiares en el hogar, tienen mayor propensión hacia la agresividad y tienden a perpetuarse como victimarios. Los estilos educativos autocráticos, los severos castigos de padres y educadores son fuertes indicadores en la reproducción de violencia durante la adolescencia y edades posteriores.

La violencia es adquirida por imitación en el hogar, en la escuela y el vecindario, observando inicialmente a los progenitores y familiares más cercanos (Bandura, 1973), posteriormente imitando a las personas del vecindario y mundo exterior. Se aprende de los modelos y ejemplos exitosos, un ejemplo ilustrativo son los valores transmitidos tradicionalmente en donde, a través de la educación y el trabajo como mecanismos convencionales, se pueden lograr las metas y alcanzar el ascenso social; sin embargo, esto normalmente no acontece en las subculturas marginales, donde predominan otros valores y patrones de referencia que inducen a comportamientos incompatibles con el ascenso social por dichas vías, más frecuentemente se busca obtener dinero fácil para la supervivencia. Recordemos en ese sentido, la solidaridad y el respeto que logran adquirir los “jefes” y personas vinculadas al narcotráfico de drogas en los barrios marginados, ya que son ellos los proveedores de muchas de las necesidades de los moradores, suplidores de grandes beneficios a sus redes y fuentes de empleo local.

Otro factor importante en la socialización son los medios de comunicación, los que contribuyen a convertir una sociedad en reproductora de violencia, ya sea enalteciendo valores y conductas intolerantes, o exaltándola como un instrumento para resolver las desavenencias. Se conoce que la televisión insensibiliza a niños y adolescentes ante la violencia, estimula comportamientos agresivos y los induce a encontrar fascinación en subyugar y dominar. De esta manera, el fenómeno de la violencia se puede convertir en un mecanismo de aprendizaje, formando parte de la vida cotidiana.

Algunas investigaciones realizadas en los Estados Unidos muestran la deshumanización y las percepciones deformadas ofrecidas por los medios de comunicación, dando justificación a los actos de violencia (Bandura y Walters, 1990) además de proveer a jóvenes urbanos los métodos, formas y actitudes de proceder respecto a la violencia. Eduardo Galeano (1977) afirma que “paradójicamente la televisión suele transmitir discursos que denuncian la plaga de la violencia urbana y exigen mano dura, mientras imparte educación a las nuevas generaciones, derramando en cada casa océanos de sangre y de publicidad compulsiva: en este sentido, bien podría decirse que sus propios mensajes están confirmando su eficacia mediante el auge de la delincuencia“.

Se podría afirmar que la violencia es una muestra del fracaso de una adecuada socialización.

b. Factores socioeconómicos, ciclos económicos y políticas públicas

Son muchos los estudios que demuestran teórica y empíricamente los profundos vínculos que existen entre los factores socioeconómicos y el auge de la violencia en nuestra región. Factores como el nivel de desarrollo económico, la magnitud de la pobreza y la desigualdad del ingreso, los grados  de urbanización y hacinamiento, los niveles de desempleo (sobre todo en la población joven), la inflación y la formación de los salarios reales, los niveles de educación, el capital social de las comunidades, son factores a tomar muy en cuenta junto a factores de orden y justicia que actúan como persuasivos-disuasivos o estimulantes de la violencia en determinadas circunstancias. Aún más fuertes son las relaciones entre el ciclo económico, sus fases de auge y de depresión o crisis con el aumento o reducción de la violencia, la efectividad del gasto social, el tipo de política pública (social, de orden y justicia) frente a la violencia y la delincuencia, la naturaleza de la violencia inercial y el incremento o reducción de la pobreza y la desigualdad del ingreso (Fajnzylber, Pablo, Lederman, D, Loayza, N, 2001).

En estudios sobre la naturaleza de la violencia dominicana, hemos mostrado esos vínculos con suficientes argumentos (ver Cabral y Brea, 1999, 2001 y 2003; Brea, Mayra, 2001; Brea y Cabral 2006 y 2007). En nuestros primeros estudios relacionando los factores socioeconómicos con la violencia, primero se mostró que hay una clara tendencia de los países latinoamericanos a tener menores tasas de homicidio cuanto mayor sea el nivel de ingreso medio (medido por el Ingreso Nacional Bruto -INB- per cápita o por el Producto Interno Bruto -PIB- per cápita reales), siempre que ese nivel sea compensado también con relativos bajos niveles de pobreza y de desigualdad en el ingreso. Tales son los casos de Uruguay, Chile, Argentina, Costa Rica y Panamá. También ocurre lo contrario, países con bajos niveles de ingreso y altos grados de desigualdad y pobreza se encuentran entre los países con más altas tasas de homicidio (El Salvador, Guatemala y Honduras). Sin embargo, países como México y Brasil con muchas desigualdades sociales presentan altas tasas de homicidio en la región a pesar de sus relativos altos niveles de ingreso per cápita. República Dominicana ocupa una franja intermedia entre los países de la región, su tasa de homicidio se corresponde con la magnitud de su ingreso y sus niveles de pobreza y desigualdad del ingreso. Igual acontece si se vincula los niveles de violencia con el gasto social y con el gasto en materia de orden y justicia, existiendo una tendencia inversa: a mayores gastos públicos en esos aspectos, menores tasas de homicidio y viceversa.

Observaciones que hemos venido realizando en nuestros más recientes estudios, ponen en evidencia también, que cuando las condiciones socioeconómicas mejoran en el país, como consecuencia de un aumento importante del PIB/Cápita real, los homicidios tienden a reducir sus tasas de crecimiento o a decrecer en términos absolutos, mientras que, cuando se reduce la tasa de crecimiento o decrece el PIB/Cápita real, la tasa de violencia tiende a aumentar, tal como se muestra en la siguiente tabla y figura, donde se encontró un coeficiente de correlación de Pearson alto y negativo (relación inversa) entre estas dos variables mencionadas, r= – 0.66, p<0.05.

Tabla 2
Crecimiento económico y crecimiento de la violencia (variación porcentual promedio anual) del 1981-2009 en República Dominicana

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Central y de la Policía Nacional en ese período.
1: Variación porcentual promedio anual del PIB/Cápita Real y 2: Variación porcentual promedio anual de homicidios.

Figura 3. Representación del crecimiento económico y crecimiento de la violencia (variación porcentual promedio anual) del 1981-2009 en República Dominicana
Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Central y de la Policía Nacional en ese período.

En el caso dominicano, sin embargo, las políticas públicas aplicadas durante décadas contra la  violencia y la delincuencia, cuando no han sido incoherentes, han resultado ser inconsistentes. La aplicación de políticas sociales inefectivas y pro cíclicas junto a políticas desbordadas de “mano dura” han servido para aumentar excesivamente la tasa de violencia en los periodos depresivos de la economía y han sido incapaces de reducirla, como es previsible, en los periodos de auge económico (violencia inercial).

 c. Drogas y alcohol

 El cuadro de violencia en su complejidad no es posible entenderlo en la región sin considerar el tráfico y consumo de drogas y alcohol y la proliferación de las armas de fuego. Las actividades relacionadas con las drogas, particularmente, se encuentran estrechamente vinculadas a la emisión de violencia, tanto a la de tipo criminal como a la violencia no delictiva. Nuestro país, no sólo se usa cada vez más como puente para el tráfico de drogas proveniente de Suramérica hacia Norteamérica y Europa, sino además, como mercado interno que se amplía día a día. Las actividades con drogas están penalizadas según nuestra Ley 50-88, y son consideradas también acciones ilícitas en la gran mayoría de los países vecinos. Para nadie es un secreto, sin embargo, que el tráfico y consumo de drogas han aumentado considerable y consistentemente durante los últimos años en toda la región, más aún en Centroamérica y el Caribe. Paralelamente, con ello han aumentado por igual las muertes causadas por este tipo de actividad criminal. En nuestro territorio, se han hecho frecuentes las escenas de enfrentamientos armados entre bandas juveniles que se disputan el control de los puestos de distribución de drogas.

En República Dominicana, del 1988 al 2006, fueron sometidos por drogas 59,418 personas (un promedio de 9 personas diarias). Las Drogas constituyen la tercera causa de reclusión en la República Dominicana según el Primer Censo Penitenciario realizado en el 2006 (el 18% de los apresados). En los primeros diez años (1988-1998) el promedio anual de sometidos por drogas fue de 2,300 personas, en cambio, en los posteriores siete años (1999-2006) este promedio anual ascendió a 4,880 sometidos, es decir, un incremento de más de 112%. En el mes de octubre del año 2008, Saúl Pimentel, en el diario digital dominicano “almomento.net”, publicó que en tan sólo ocho días las autoridades detuvieron a 408 personas por narcotráfico, un promedio de 51 personas diarias de acuerdo a declaraciones o a datos de la Dirección Nacional de Control de Drogas. Si las autoridades mantuvieran ese ritmo de detención, o sea, si esta cifra de 51 personas detenidas en un día la consideráramos la cifra promedio durante todo el año, estaríamos frente a una cifra realmente sobrecogedora (51 x 30 días x 12 meses = 18,360).

Este delito, en consecuencia, tiene un aumento sumamente preocupante. Por otro lado, debemos recordar que los jóvenes consumidores de drogas en muchas ocasiones tienen que apelar a actos delictivos para obtener los recursos que les permita poder consumirlas. El alcohol, como agente desinhibidor, también se relaciona al incremento de los homicidios, sobre todo en los casos de riñas y la violencia doméstica, siendo más frecuentes en los días festivos y fines de semana. Investigaciones efectuadas en el país señalan un alto consumo de alcohol en los jóvenes y a edades muy tempranas de la adolescencia.

En conclusión, las  drogas y el alcohol son factores que potencian de forma extraordinaria la violencia en nuestros países.

d. Las armas de fuego

En muchos países de la región, el elevado índice de violencia y de criminalidad se encuentra también muy relacionado con la gran disponibilidad de armas de fuego. Algunos estudios reportados muestran que “la utilización de armas de fuego aumenta la probabilidad de que los hechos de violencia terminen con la muerte de alguna persona” (Informe Armas de Fuego y Violencia, PNUD, San Salvador, 2003). El armamentismo incrementa las muertes con armas.

En República Dominicana, según declaraciones emitidas por el Secretario de Estado de Interior y Policía (SEIP), Dr. Franklin Almeyda, en julio del 2006 había 159,648 armas registradas legalmente (Declaración del Secretario del 30 de junio de 2006 en el espacio televisivo Rueda de Prensa, Canal 13); posteriormente, en junio del 2008, el superintendente de armas de la SEIP reportó ante la prensa nacional la cifra de 193,000 armas legalizadas, luego, el 11 de noviembre de ese mismo año, el Dr. Almeyda declaró, en el desayuno del Listín Diario (Declaración del Secretario de Interior escrita por Then Guzmán en el desayuno del Listín Diario el 11 de  noviembre de 2008, Listín Diario, sección La República, p 10.), que en ese momento 202,460 civiles poseían armas legales, sin incluir los militares y policías, lo que significa que en 2 años y 4 meses se legalizaron más de 42,000 nuevas armas de fuego en dicha Secretaría, representando un aumento de 26.53% para ese período. Por otro lado, el Observatorio Ciudadano del Ayuntamiento del Distrito Nacional, mediante una encuesta realizada en marzo del 2008, estimó que 214,663 personas en el Distrito Nacional portan o tienen armas de fuego legales, lo que representa el 30.8% de esa población capitaleña.

Estudios reportados por Brea y Cabral (2006) señalan que el porte de armas legales se elevó del 1999 al 2005 de 10,410 a 99,209, para un incremento de más de 853%, y cálculos conservadores durante el interregno del 2003 al 2005 estiman que fueron otorgados en el país cerca de un promedio de 270 autorizaciones de armas diariamente. Se desconoce la magnitud real de la posesión ilegal circulante, considerada también muy alta, y según expertos ronda cerca de 200,000 armas, cuya fuente principal de abastecimiento es el contrabando proveniente del vecino país de Haití, entre otros. Al parecer, el armamentismo es indetenible, y lamentablemente, las propias autoridades han reconocido que alrededor del 66% de las muertes criminales en el país se han producido con armas legales.

Los homicidios con armas de fuego han crecido de 49% a un 66% del 1999 al 2009, y han descendido en esa misma proporción los ejecutados sin armas, de 51% a 34% en dicho período  tal y como se muestra en la tabla 3.

Tabla 3
Formas de comisión de los homicidios del 1999-2009

Fuente: Datos de la Policía Nacional y la Procuraduría General de la República del período.

La figura 4 muestra la cantidad de armas legales disponibles en la población civil (número de autorizaciones legales para porte o tenencia de armas) y la cantidad de homicidios que fueron cometidos con armas de fuego durante el 1999 al 2009 en República Dominicana. Para analizar la relación entre estas dos variables  (autorizaciones legales de armas y número de homicidios cometidos con armas de fuego) fue utilizado el coeficiente de correlación de Pearson, encontrándose una relación lineal altamente positiva entre ellas, r=0.79, p<0.01, lo que implica que al aumentar las disponibilidades de armas en los civiles, aumentan proporcionalmente los homicidios con armas de fuego, ya sean éstos de carácter delictivo o por la acción de la conflictiva social y/o de forma circunstancial.

Figura 4. Número de autorizaciones legales de armas y homicidios cometidos con armas de fuego, 1999-2009
Fuente: Elaboración propia con base en datos del Ministerio de Interior y Policía, de la Policía Nacional y de la Procuraduría General de la República Dominicana en dicho período.


Naturaleza y  evolución reciente  de la criminalidad  dominicana

 Desde hace más de 10 años, se viene subrayando y pronosticando las variaciones de la violencia a través del análisis y proyecciones de las propias estadísticas criminales del país (Cabral & Brea, 1999; 2001 y 2003 y Brea & Cabral 2000, 2005, 2006 y 2007), y basados en el estudio de los factores relevantes, que en el caso dominicano actúan sobre dicha problemática. La tasa de homicidio apenas alcanzaba 8 por 100 mil habitantes en los años 80, y tal como se muestra en el cuadro y gráfico siguiente, se elevó a 13 en el año 1991, manteniendo desde entonces hasta el año 2002 fluctuaciones graduales de poca significación. Sin embargo, a partir del año 2002, la tasa crece aceleradamente y se duplica para el año 2005, tasa que fue superior a la tasa promedio de violencia de los países de América Latina y el Caribe en esa época, ubicándonos por primera vez más cerca de los países de altos niveles de violencia que de los considerados de violencia “normal” en la región. A partir del año 2006 la violencia disminuye considerablemente hasta mediados del 2007, pero luego vuelve a experimentar un nuevo crecimiento que ha perdurado durante los años siguientes, tasa de violencia que podría seguir aumentando hasta superar la alcanzada en el año 2005.

 Tabla 4
Evolución de los Homicidios en República Dominicana del 1991-2009

Fuente: Elaboración propia con base en datos de la Policía Nacional y la Procuraduría General  de  la  República Dominicana en esos diferentes años.

Figura 5. Evolución de las Tasas de Homicidio en República Dominicana del 1991-2009

En trabajos anteriores se había analizado ampliamente la naturaleza de la violencia antes del año 2006, en lo siguiente se tratará de explicar qué ha pasado en estos últimos años, donde primero se reduce la tasa de homicidio de manera significativa y luego también se revierte de manera pronunciada dicha tendencia, pero amenaza con elevarse bruscamente en los próximos años.

Se hace referencia a la evolución de la violencia, tomando como marco de comparación los homicidios cometidos de los años 2006-2009, considerando los valores absolutos y los valores relativos en su conjunto durante ese período.
Las estadísticas policiales y forenses dadas a conocer por la Procuraduría General de la República en el período mencionado, muestran, que a pesar de que muchos homicidios son declarados oficialmente ser de naturaleza “desconocida” (16.1%), las riñas (tanto personales o pasionales como las producidas en los centros de diversión) se encuentran entre las principales causas o móvil de muerte criminal, representando el 27% de todos los crímenes cometidos y de causas conocidas.

El robo y sus afines ocupan el segundo lugar, alcanzando un promedio de 21.5% en esos años; las acciones legales o intercambio de disparos policiaco-militares y aquellas muertes que son ocasionadas “fuera del desempeño de sus funciones” se encuentran en un tercer lugar con 15.3%, seguidas de las muertes producidas por drogas (11.1%) y los feminicidios que logran alcanzar un 7.6% en promedio, tal como se muestra en la Tabla 5 y Figura 6.

Tabla 5
Móvil de homicidios del  2006-2009 en República Dominicana

 Fuente: Elaboración propia con base en datos clasificados de la Policía Nacional y de la Procuraduría General de la República del período 2006-2009. 

El móvil de los crímenes, visto de manera desagregada originalmente, se ilustra con mayor claridad en el gráfico siguiente, considerando los porcientos de la totalidad de todos los homicidios cometidos durante los años 2006-2009 que fueron estudiados.

 

Figura 6. Causas principales de los crímenes del 2006 al 2009 (valores totales porcentuales)
Fuente: Elaboración propia con base en datos de la Policía Nacional y de la Procuraduría General de la República del 2006-2009.

Al comparar la criminalidad en esos cuatro años y analizar los datos tal como son presentados por los organismos oficiales, es posible apreciar, que las riñas constituyen la primera causa de los crímenes, aunque estas logran decrecer del 2006 al 2009 en un 23%. De igual manera bajan, además,  en 39% los crímenes por causas desconocidas, lo que suponemos se deba a la apertura del nuevo Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) y a la aplicación del método científico para detectar el móvil de los crímenes con mayor precisión en el país. Aun a pesar de que las muertes por drogas se incrementan considerablemente en un 479% del 2006 al 2007, en el 2009 logran decrecer en 12% respecto al año 2007; las muertes producto de robos y afines se incrementan en 34% del 2006 al 2009. Las acciones legales de la policía o los llamados “ajusticiamientos policiales” e “intercambio de disparos” se incrementan en un 11% del 2006 al 2009 y los feminicidios se duplican en 51% en dicho período.

Es importante señalar, que estudios sobre nuestra realidad realizados por el Observatorio Ciudadano del Ayuntamiento del Distrito Nacional en el 2008, sugieren que las familias de comunidades empobrecidas son más propensas a enfrentar delitos violentos contra la persona, mientras que los delitos contra la propiedad (robos y demás) afectan en cierta medida y mayormente a los sectores más pudientes.

Si reagrupamos los crímenes cometidos según el móvil de su ejecución, se podrían distinguir dos tipos de violencia homicida: la delictiva y la no delictiva. Aunque todo crimen intencional se convierte en delito por infligir la Ley Penal, en lo adelante se llamará violencia homicida delictiva para fines del presente análisis, a aquellos crímenes u homicidios relacionados a los robos, secuestros, drogas y a la “acción legal policial-militar”. Se incluyó en esta clasificación a las “acciones legales” policial-militares, porque en mayor proporción están relacionadas más con la persecución del delito, que con los demás homicidios de origen intrafamiliar e interpersonales, ya que, frecuentemente, dichas muertes son justificadas en el esfuerzo policial por combatir o enfrentar las acciones delincuenciales, independientemente sean o no justificables desde la perspectivas del método inapropiado y del propio rol represivo, atentatorio y violatorio de los derechos humanos.

Por otro lado, se define como violencia homicida no delictiva, aquellas acciones dañinas de homicidios que acontecen en el ámbito interpersonal, y que frecuentemente son de carácter personal y pervertido, tales como las riñas personales o las producidas en los centros de diversión, los feminicidios, la violencia de género, etc. y también las que la propia Procuraduría General de la República reagrupa como “otras causas”, entre ellas: las muertes derivadas de disturbios y protestas callejeras, las muertes accidentales o por balas perdidas, las originadas por fugas, violencia intrafamiliar, incluyendo la violación sexual, entre otras. A estos crímenes se les ha denominado incorrectamente en algún momento en nuestro país “violencia social”, pretendiendo diferenciarla de la violencia de tipo delictiva. Este “nuevo concepto” mal utilizado por algunas de nuestras autoridades, no se corresponde con lo planteado por la OPS/OMS (2003), donde define a la “violencia social” como la infringida por grupos o colectivos, dirigida a imponer los intereses sociales, siendo ésta la respuesta justificada de grupos sociales oprimidos comúnmente, ante las arbitrariedades cometidas desde el poder y tras la imposibilidad de la población de imponer justicia por otros medios no violentos, como por ejemplo, las acciones terroristas, la violencia de masas, la expresión de odio grupal, etc., por lo que nos atrevemos a cuestionar esta clasificación para referirse a los crímenes interpersonales, los cuales no son más que una expresión y generalización de la misma violencia estructural de la sociedad, siendo más recomendable incluirla en el renglón de violencia homicida no delictiva y como producto de la conflictividad social (independientemente que también sean delitos y desacatos a la Ley), lo que estaría más acorde con las clasificaciones que ofrece la literatura especializada e internacional.

En el siguiente cuadro se muestra la evolución del crimen (homicidios) en el país durante los años 2006-2009 según la violencia delictiva y no delictiva (de la conflictividad social) anteriormente descrita. Se destaca, que durante ese período, el 48% de los homicidios ocurrió por razones delictivas versus el 36% que tuvo sus orígenes en las trifulcas personales y familiares u ocasionales (no delictivas). Estos datos contradicen la versión oficial sustentada por ciertas autoridades, que sostenían que para el año 2008 predominaba la violencia homicida no delictiva o mal llamada “violencia social”, la que según sus cálculos, llegaba a alcanzar hasta un 65%, versus la violencia homicida delictiva que estimaban en apenas un 35% de la totalidad de los crímenes. Esta afirmación, naturalmente, es incorrecta, porque ha sido sustentada en la inadecuada clasificación de los homicidios de las “acciones legales policiales y militares ” o “intercambios de disparos”, que junto a los homicidios de “causas desconocidas”, fueron catalogados como dos de los componentes de la mal denominada “violencia social”. Veamos la tabla 6 y figura 7 al respecto.

Tabla 6
Violencia homicida delictiva versus violencia homicida de la conflictividad social del 2006 al 2009 (Valores absolutos y relativos del total)

Fuente: Elaboración propia con base en datos de la Procuraduría General de la  República (Policía Nacional e INACIF) del 2006-2009.

*: La violencia de causas indeterminadas son aquellos crímenes de móvil no conocido, por lo que deben  estar fuera de cualquier tipo de clasificación de violencia homicida.

Figura 7.  Violencia homicida delictiva y violencia homicida de la conflictividad social del 2006 al 2009 (Valores relativos del total de homicidios del período)
Fuente: Elaboración propia con base en datos de la Procuraduría General de la República  del 2006 al 2009.

Durante los años 2006-2009, la violencia homicida delictiva superó a la violencia homicida ocasionada por la conflictividad social. La criminalidad delictiva se incrementó en un 52% en esos cuatro años y la violencia con raíces en la conflictividad social (riñas, feminicidios, violencia intrafamiliar, etc.) disminuyó en un 15%. Sin embargo, la violencia homicida no delictiva, dada su magnitud, no deja de ser muy preocupante en términos de convivencia social, y es un reflejo del modo en que resolvemos los dominicanos nuestros conflictos, y que tiene sus raíces en los procesos de socialización inadecuados, en la crisis que afecta a la familia, la transmisión simbólica de unos valores éticos y culturales extraños a los nuestros, de estilos educativos machistas y autoritarios muy arraigados, entre otros múltiples factores influyentes.

El 16 % de los homicidios producidos entre el 2006 al 2009 responde a causas indeterminadas, es decir, que no fue posible establecer sus móviles o raíces, aunque suponemos que una gran parte son de origen delincuencial encubiertos.

Evaluación de programas y perspectivas de control de la violencia

Al mostrar la evolución de la violencia, nos referimos a dos marcadas tendencias: decreciente y creciente en los últimos cuatro años estudiados; la primera es decreciente a partir del 2006-2007, debido a dos grandes factores que incidieron y que pudieron compensar ampliamente el efecto de otros factores relacionados con las drogas y el armamentismo, que siguieron gravitando negativamente sobre la violencia y la delincuencia. El primero, tiene que ver con la creación de condiciones favorables extraordinarias como la expansión notable de la economía, la estabilidad de precios internos y del tipo de cambio, así como también el efecto favorable de estos hechos sobre el empleo y la creación de oportunidades para la población. Se registra una reducción de la pobreza como consecuencia del mejoramiento de la economía dominicana respecto a los años anteriores que han sido estudiados (2003-2005). El segundo factor, se relaciona directamente con el impacto que produjo la puesta en marcha del primer Plan Nacional de Seguridad Democrática, iniciado por el gobierno dominicano con propósitos claros de reducir la violencia y en una nueva definición de políticas públicas, concebidas como parte de una estrategia integral de lucha contra la delincuencia en todas sus manifestaciones. Por primera vez se enfrentó el flagelo en el país, combinando adecuadamente las políticas de orden y justicia con políticas sociales efectivas. Al mismo tiempo, se inició la restauración del capital social en las comunidades más afectadas por la delincuencia.

Este plan de acción llamado también de Barrios Seguros, comprendió originalmente 4 áreas:

1. La reforma y profesionalización de la Policía Nacional (capacitación y equipamiento).

2.La presencia Estatal en los barrios con el mejoramiento de los servicios públicos, en la que se involucraron las principales Secretarías de Estado (Ministerios) y otras dependencias, como son: la Secretaría de Salud Pública, de Trabajo, de la Juventud, de Educación, de Cultura, de Obras Públicas, de la Lotería Nacional, el Ayuntamiento del Distrito Nacional, el Instituto Nacional de la Vivienda, el Instituto Técnico Profesional, Telecomunicaciones, entre otros.

3. El fortalecimiento local de las organizaciones comunitarias.

4. El estrechamiento de la relación sociedad-gobierno.

Además, como parte del plan de Seguridad Democrática se aplicaron algunas medidas importantes, entre ellas, la regulación del horario de ventas de bebidas alcohólicas, la prohibición de importación de armas de fuego y el patrullaje mixto policíaco-militar.

Es importante destacar el impacto que causó dicho programa y las expectativas que creó en la población, puesto que fue diseñado de manera integral con pretensiones de atacar los factores de riesgo de la delincuencia y disminuir la percepción de inseguridad en los ciudadanos, siendo una de sus metas modificar y recuperar la confianza perdida en las autoridades encargadas de velar por el orden público, muy especialmente en la Policía Nacional, institución bastante desacreditada en todos los niveles sociales. El programa Barrio Seguro se diseñó tras realizarse un diagnóstico de la violencia de nuestros barrios depauperados y ante el comportamiento aterrador y la descripción del perfil del nuevo delincuente, un joven más despiadado, proveniente de sectores socialmente excluidos.

Sin lugar a dudas, hubo gran esfuerzo por mejorar la capacitación y el equipamiento policial, mejorar los servicios públicos mediante una intervención integral y multisectorial en los barrios marginados. Junto a todas esas acciones, el aumento de la vigilancia policial y militar contribuyó positivamente, logrando descender por cerca de dos años consecutivos los niveles de criminalidad de los barrios inseguros.

Evaluaciones realizadas por el mismo sector oficial al programa Barrios Seguros, destacan sin embargo, tres debilidades:

a. La incapacidad de las instituciones del Estado para dar respuesta de manera permanente y creciente a las múltiples causas sociales y económicas de la violencia y de la marginalidad.

b. La imposibilidad de la Policía, por falta de recursos humanos y materiales, de expandirse en  su tarea de prevención.

c. Las limitaciones de las organizaciones barriales para poder integrarse a la prevención.

Por otro lado, el Centro de Estudios Padre Juan Montalvo realizó una evaluación a “Barrios Seguros” mediante una encuesta a moradores en el mes de septiembre del 2007, la cual arrojó los siguientes resultados: La percepción de seguridad en los barrios cambió favorablemente en un 91%; el 82% de los encuestados sentía seguridad al transitar luego de establecerse el Programa Barrio Seguro, no obstante, cerca del 75% refirió no percibir el mejoramiento de los servicios básicos, y un 95% tampoco se percató de la creación de centros tecnológicos, ni la readecuación de los centros educativos en el sector, tal como puede apreciarse en los gráficos 8 y 9.

Hay indicios de que la violencia estuvo más controlada en los Barrios Seguros pero, desafortunadamente, logró desplazarse hacia otros sectores, antes considerados como relativamente seguros.

Pudo verificarse una especie de congelamiento de los recursos reales, por lo que habría que preguntarse si se pensó desde el principio en proveer un presupuesto creciente cada año para sustentar a las instituciones involucradas y poder mantener y ampliar los programas de intervención.

Gradualmente, la violencia volvió a recuperar su espacio y hoy en medio de una situación económica que se ha deteriorado, empieza a crecer firme y sostenidamente. De nuevo, la inconsistencia en la aplicación de las políticas públicas y el carácter pro cíclico de las mismas ceden ante los factores prohijadores de violencia.

Figura 8.  Evaluación de la seguridad en los Barrios Seguros
Fuente: Datos del Centro de Estudios Padre Juan Montalvo, sept. 2007.

 

Figura 9. Percepción de acciones en los Barrios Seguros
Fuente: Datos del Centro de Estudios Padre Juan Montalvo, sept. 2007.

Después de varios años de haberse puesto en marcha Barrios Seguros, hoy se hace necesario reevaluarlo y adecuarlo a las nuevas condiciones. Se debe trabajar con aquellos puntos más débiles, entre ellos, de manera central, en la participación y el involucramiento de la comunidad, de tal forma, que sea capaz de reducir mínimamente la violencia en los diferentes estamentos de la sociedad, evitando así su desplazamiento hacia otros sectores y tratando de minimizar el impacto social del deterioro de las condiciones económicas.

Conclusiones

A grandes rasgos, podemos concluir que el alto índice de criminalidad en la República Dominicana está asociado a:

1. Procesos inadecuados de aprendizaje social, donde la familia, la escuela, el barrio, las organizaciones y el capital social en sentido amplio, juegan un importante rol en la socialización de las normas y patrones de comportamiento violento; así como también influyen los modelos enajenantes y nocivos que son transmitidos por los medios de comunicación social y que responden al interés particular y comercial privado.

2. Factores de orden socioeconómicos como la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la exclusión y frustraciones por la falta de oportunidades en los jóvenes, etc; también es muy relevante el tipo de vínculos que se establecen entre las políticas sociales y los ciclos económicos.

3. El auge del tráfico y consumo de drogas, que ha sabido permear nuestra sociedad.

4. La alta disponibilidad de armas de fuego como un mecanismo defensivo de la población ante la desconfianza y debilidad de las instituciones de control delictivo.

5. Los hallazgos encontrados, después de analizar la evolución del delito en los últimos cuatro años, dan testimonio de que la violencia homicida delictiva supera en magnitud a la violencia homicida no delictiva, no obstante demostrarse que los modelos violentos autoritarios y “machistas” predominan en nuestra cultura frente a otras formas civilizadas de proceder ante los conflictos y desavenencias.

6. En un primer momento, el Plan de Seguridad Democrática y el programa Barrios Seguros impactaron positivamente a la población, ya que, junto a otros factores favorables que se dieron en el momento, logró reducir momentáneamente los niveles de violencia de manera considerable, pero es importante, en el futuro, mantener el flujo de recursos necesarios y reorientar las políticas de coordinación interinstitucional, a fin de integrar nuevos elementos de carácter más participativos y preventivos, comprometiendo la comunidad en el proceso, para que se pueda poner bajo control las nuevas expresiones de la violencia delictiva y social en nuestro país.

Recomendaciones

1. Mejorar el registro estadístico del crimen, los sistemas de vigilancia y monitoreo continuo; los diagnósticos participativos y las investigaciones con capacidad de análisis local de los factores de riesgo; contar con el mapeo delincuencial, que permita evaluar y diseñar las políticas más adecuadas a ser implementadas desde las localidades y en sentido general. Se debe crear y contar con un fondo económico de la cooperación de organismos internacionales para esos fines.

2. Orquestar campañas educativas, involucrando a los medios de comunicación en el proceso de educación para la paz y la regulación más estricta de la proyección de modelos no pacíficos, que no promueven la convivencia social. Fomentar desde las escuelas los valores éticos, de solidaridad, de participación social y valores culturales autóctonos, tendentes a crear un nuevo concepto de ciudadanía y responsabilidad social, y entre otros aspectos, tratar de mejorar en la población la confianza en las instituciones, el capital social y humano en las localidades.

3. Trabajar y reforzar en el núcleo familiar modelos educativos y de socialización más adecuados.

4. Desvincular el gasto social de las fluctuaciones del ciclo económico, así como también el gasto en orden y justicia. Aún en periodos de  crisis es importante insistir en el diseño de políticas oportunas de empleo, sobre todo para la juventud como manera de impedir que caiga víctima de la violencia criminal. Bajo ningún concepto debe permitirse el gobierno reducir los recursos reales destinados a estas actividades. De la misma forma, hay que desarrollar formas creativas que permitan un mejor uso racional de estos recursos.

5. Controlar rigurosamente el tráfico de drogas y su diferenciación de los planes de tratamiento a los consumidores (este último tratarse como problema de salud). Mejorar en ese ámbito la lucha contra la impunidad y la corrupción.

6. Reducir las disponibilidades de obtención de armas de fuego, encaminado al desarme total de la población; fomentar un cambio de actitud para el porte y tenencia de armas con programas educativos.

7. Priorizar las acciones preventivas frente a las represivas; rechazar la política de mano dura como la panacea, ya que no ataca las raíces del problema de la violencia; favorecer la creación de oportunidades para la población juvenil y los sectores más vulnerables y excluidos (políticas de empleo, inversión en educación, salud, sana recreación, deportes, etc.)

8. Estimular, mediante el gobierno local, los procesos participativos en los ciudadanos y la toma de decisiones. Se ha comprobado en otros países  que cuando  estos procesos son dirigidos desde los ayuntamientos y cabildos regionales (empoderamiento comunitario)  se obtienen muy buenos resultados en el control de la delincuencia. Es menester mejorar los sentimientos de arraigo y pertenencia a la comunidad a partir de la consolidación de la identidad cultural local y la propia participación.

9. Fortalecer la justicia y el sistema penal, actuar contra la corrupción e impunidad en general; profundizar la reforma policial y los programas de las Fiscalías Barriales.

10. Mayor seguimiento y apoyo a los programas de recuperación de víctimas y de reinserción social de victimarios, a los programas especiales con adictos, con deportados, con presidiarios, etc.

11. Fortalecer el apoyo y los programas dirigidos a las familias vulnerables, a niños que deambulan en las calles, a jóvenes desertores, entre otros más.


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Para citar este artículo:

  • Brea, M. & Cabral, E. (2009, 21 de enero). La violencia en República Dominicana: Naturaleza, evolución reciente y perspectivas de control. Revista PsicologiaCientifica.com, 11(2). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/violencia-republica-dominicana-naturaleza-evolucion


14 Comentarios para “La violencia en República Dominicana: Naturaleza, evolución reciente y perspectivas de control

  1. Mireya Ofelia Acosta Sanchez

    Excelente, felicitaciones.

  2. Kelina DeJesus

    Estoy muy orgullosa de su trabajo lo he leído y me encantó soy Dominicana, y estudio psiquiatría en la universidad de Elizabeth New Jersey Mucha Felicidades.

  3. Carlos A. Ramírez Cubilete

    Valoro sobre manera el esfuerzo realizado, para obtener estas infomaciones que tienen altísimo valor.

  4. Thania Torres

    Es un trabajo excelente y me va ayudar mucho para mi ensayo de psicología social, soy mexicana y me identifiqué con muchos de los puntos mencionados que vive mi país.

  5. remberto a. baez

    Que bueno contar con datos tan importantes como estos, para poder ver como va evolucionando nuestra sociedad y de donde viene tanta criminalidad.

  6. Yesenia Feliciano

    Este trabajo es muy excelente y contribuye al desarrollo investigativo del comportamiento al ser humano y aporta a la ciencia.

  7. Greicy Ruiz

    Un Trabjo muy completo. Felicidades.

  8. marianger m

    Es un excelente trabajo, muchas felicidades, está muy completo y no sólo sirve para estudiantes de psicologia, yo estudio derecho en la universidad autónoma de Santo Domingo (UASD)y me ha servido de mucho para una materia llamada criminología, muchas gracias por los aportes.

  9. Ulises

    Su trabajo amerita que no sólo sea leido, sino aplicado para neutralizar la violencia que convive entre nuestra sociedad. ¡Felicidades!

  10. Luciano Sánchez

    Se que en sus años de profesora e investigadora ha recibido muchas felicitaciones por la gran labor que desempeña, para que todo aquel que busca información sobre estos temas pueda documentarse con mucha mayor facilidad y darse cuenta con estadísticas de como andamos. Gracias

  11. Ruben Garcia

    Es un excelente trabajo, completo en información, felicitaciones me ha servido de mucho, para una investigacion de la criminalidad en Dominicana, que me lo asignaron en criminología una materia de mi carrera de derecho en Venezuela.

  12. Indiana Tamarez

    Excelente aporte, magnífica estadística, enfoque claro y objetivo…..gracias por compartir!!

  13. gloria henriquez novza

    Comparto con los compañeros que han hecho la valoración del trabajo. Lo recomiendo a mis colegas para tener una panorámica general del fenómeno criminal, en especial en República Dominicana

  14. Fragio Garrido

    Buen esfuerzo, pero su trabajo es marcado con una serie de imprecisiones e interpretaciones de fondo, como lo referente a la asociación que hace del aumento de la delincuencia a caracteres de crecimiento económico, lo cual esta probado en otras sociedades, que no tiene un carácter directamente proporcional al fenómeno social de la delincuencia. Otro aspecto es, el enjuiciamiento parcial del programa barrio seguro, donde diferentes fuentes demostraron su casi total ineficiencia.

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