Trastorno clínico generado por las tecnologías digitales
Psicología Clínica y Psicoterapia


  • Leticia Elizabeth Luque
    Universidad Nacional de Córdoba.
    Cordoba, Argentina

Resumen

  • La incorporación y el incremento de herramientas de tecnologías digitales (HTD) en la vida cotidiana han originado nuevos trastornos, entre ellos se cuenta la tecnofobia, caracterizado básicamente por la ansiedad antes las HTD y los comportamientos de aversión consecuentes. Se analizan distintas propuesta de caracterización de la tecnofobia como trastorno adaptativo, como producto de ciertos rasgos de personalidad, como expresión de la fobia social y como fobia específica. Se argumenta la importancia de considerar como una fobia específica de tipo situacional el trastorno de ansiedad y evitación que producen las nuevas tecnologías en algunas personas, siendo relevantes también variables como la autoeficacia, las actitudes, la valoración existencial y la percepción del impacto social de tales personas en relación a las HTD.

    Palabras clave: Tecnofobia, trastornos de ansiedad, fobia específica.



La incorporación y el progresivo incremento de herramientas de tecnologías digitales (HTD) en la vida cotidiana han originado una serie de trastornos que la psicología actual no puede ignorar y que se relacionan tanto con el excesivo apego a las HTD (ciberadicción), como con el rechazo a las mismas (tecnofobia). Nos ocuparemos aquí de este último trastorno.

Contrariamente a lo previsto en las investigaciones iniciales, la popularización de dichas herramientas (computadoras, cajeros y lavarropas automáticos, hornos de microondas, teléfonos móviles, etc.) no ha disminuido o extinguido los montos de estrés, ansiedad o miedos que las HTD producen en algunas personas, tanto cuando deben interactuar -por necesidad u obligación- como cuando se prevé una interacción futura con aquellas. No obstante, los trastornos ocasionados por las HTD, como la tecnofobia, no han sido incluidos aún en los manuales de salud mental y no existe acuerdo sobre su clasificación.

Por ello, se efectúa aquí una breve exposición sobre las distintas caracterizaciones de la tecnofobia y se propone considerarla como un trastorno de ansiedad fóbico, del tipo fobia específica situacional. Para tales efectos, se parte de suponer que la tecnofobia existe y se caracteriza por la presencia de ansiedad y miedo irracional, comportamientos aversivos e ideaciones distorsionadas, con bajos niveles de autoeficacia, actitudes negativas y percepciones negativas sobre el impacto a nivel social y personal de las HTD (Luque, 2006a).

Distintas caracterizaciones

Trastorno adaptativo

Históricamente (décadas 60-80), los elevados montos de ansiedad sufridos por algunas personas frente a las tecnologías fueron considerados producto de la “edad”, es decir, generados por la reacción de personas mayores que no conocían y/o no aceptaban el uso de las HTD. No obstante, décadas después, y lejos de extinguirse, el fenómeno se detectó en sujetos de las generaciones siguientes, haciéndose patente la existencia de un verdadero trastorno.

Ante esto, las dificultades ocasionadas por las HTD han sido estudiadas por algunos autores (Davidson & Walley, 1984; Garland & Noyes, 2004; Glass & Knight, 1988; Jones, Lazar, Hackley & Shneiderman, 2006; Rosen, Weil & Wugalter, 1990) como propias de un trastorno adaptativo, poniendo énfasis en las actitudes negativas hacia las computadoras y/o en el estrés ocasionados por las interacciones con estas. El trastorno adaptativo, según el DSM-IV (APA, 1994), se caracteriza por el desarrollo de síntomas comportamentales o emocionales en respuesta a un estresante psicosocial identificable que en este caso serían las computadoras o todo el conjunto de HTD.

La presencia de tecnología en los lugares de trabajo/estudio, la obligación y necesidad impuesta de uso, las consecuencias de los errores en la manipulación, etc., serían los generadores de altos montos de ansiedad en personas de distintas edades. De acuerdo con esto, se supuso la existencia de un trastorno adaptativo basado en dificultades en la capacidad de adaptarse o readaptarse a la incorporación y constante cambio de las tecnologías.

Si consideramos los criterios que establece el DMS-IV, cuando hay un trastorno adaptativo el nivel de estrés que produce el objeto estresante desaparece provisoriamente ante la ausencia de este, pero resurge dentro de un lapso breve de tiempo (aproximadamente 3 días) aún cuando persista la ausencia del objeto estresante. Si este fuera el caso del trastorno ante las HTD, los sujetos presentarían, por ejemplo, altos niveles de ansiedad aun estando de vacaciones y sin tener que utilizar obligatoriamente las mismas.

Sin embargo, al revisar los datos de distintas investigaciones, es posible afirmar que, en la mayoría de los casos, la ansiedad de los sujetos se eleva ante las computadoras y/u otras HTD, pero la misma desaparece cuando no hay contacto ni obligación futura de uso. Esto permite suponer que el trastorno en cuestión no es un trastorno adaptativo.

Trastorno de ansiedad generalizada y rasgos de personalidad

Los montos elevados de ansiedad ante las HTD podrían ser producto de un trastorno de ansiedad generalizado (Beckers & Schmidt, 2001; Igbaria & Chakrabarti, 1990; Saadé & Kira, 2006). La característica esencial de este trastorno es la presencia de ansiedad y preocupación (expectación aprensiva) excesivas, que se observan durante un período superior a 6 meses y se acompaña de al menos otros tres síntomas (inquietud, trastornos del sueño, fatiga precoz, tensión muscular, dificultades para concentrarse, irritabilidad). Hay que destacar que esta ansiedad está centrada en una amplia gama de acontecimientos y situaciones, por lo que podría incluir el uso de computadoras u otras herramientas de tecnología digital; además, las situaciones que originan ansiedad y preocupación no se limitan a las que son propias de otros trastornos clínicos (Eje I de la Evaluación Multiaxial; APA, 1994). Ahora bien, si el origen de la ansiedad no se da exclusivamente por un objeto fóbico, puede pensarse en un TAG, pero no a la inversa, ya que el TAG sólo debe diagnosticarse cuando el origen de la ansiedad no puede explicarse completamente en relación a un trastorno subyacente (APA, 1994).

Gardner, Young y Ruth (1998) describen y diferencian sujetos que frente a las tecnologías no son fóbicos, pero sí “ansiosos”, es decir, serían fóbicos ante las HTD quienes evitan usarlas, y al tener que hacerlo, tienen sentimientos de irrealidad, miedo a perder el control y reportan síntomas tales como palmas sudorosas, palpitaciones, temblores, entre otros. En cambio, serían “ansiosos” quienes se sienten incómodos al tener que utilizar HTD, pero no reportan síntomas físicos ni comportamientos de aversión frente a las mismas. En el mismo sentido, en un estudio con sujetos argentinos (Luque, 2006b) se encontró que un porcentaje importante de adultos presentaba altos montos de ansiedad, pero ningún otro indicador de tecnofobia, e inclusive presentan altos niveles de autoeficacia hacia las HTD y sus actitudes hacia éstas son positivas. Es probable que en estos casos la ansiedad ante las HTD sea expresión de un TAG, pero precisamente por ello no puede hablarse de un trastorno independiente. Asimismo, en estos casos se debería indagar la personalidad del sujeto, ya que puede existir predominio de rasgos ansiosos que predisponen al sujeto a mostrar ansiedad frente a una amplia gama de objetos y situaciones, incluidas las HTD.

Los rasgos y los trastornos de personalidad han sido estudiados en relación a la tecnofobia como factores constitutivos (Anthony, Clarke & Anderson, 2000; Beckers, Wicherts & Schmidt, 2007; Ceyhan, 2006; Korukonda, 2005; Pocius, 1991; Whitley, 1996). Los resultados son inconsistentes cuando se analizan los rasgos de personalidad en general, pero presentan coherencia cuando se distinguen estados de ansiedad (E-ansiedad) de rasgos de ansiedad (R-ansiedad). La E-ansiedad refiere a un estado transitorio que varía en intensidad, fluctuando en el tiempo, mientras que la R-ansiedad es un rasgo que refiere a diferencias individuales relativamente estables, que caracteriza a personas ansiosas y sus maneras predominantes de defenderse (Craig, Brown & Baum, 2000). Las personas con estos rasgos tienden a exhibir ansiedad cuando ésta es activada por una situación específica percibida como peligrosa y evitan iniciar experiencias que sean ansiógenas, siendo más vulnerables a situaciones que requieren evaluaciones de otros. Esto significaría que sujetos con rasgos ansiosos pueden parecer tecnofóbicos (Beckers et al, 2007), con elevados montos de ansiedad y respuestas aversivas frente a las HTD. En la literatura científica hay reportes de investigaciones donde la ansiedad ante las HTD, y en particular ante las computadoras, se asocia a la fobia a las matemáticas, el cálculo y a los exámenes (Chua, Chen & Wong, 1999; Maurer, 1994). Es de suponer que en estos casos los sujetos tienen rasgos ansiosos y no un trastorno fóbico específico hacia las HTD (Craig et al., 2000; Morgan, 2000).

Trastorno de ansiedad fóbico

Si bien la mayoría de los estudio sobre tecnofobia y sus variantes (ansiedad ante las tecnologías, fobia a las computadoras, tecnoestrés, etc.) no presentan especificaciones del mismo como un trastorno concreto, implícitamente es considerado como una fobia específica, por la caracterización misma que de éste se hace (miedos, ansiedad y evitación, en sujetos que ven limitada su vida cotidiana a causa de las HTD y que reconocen la irracionalidad del miedo ante el objeto temido).

Sin embargo, recientemente se ha sugerido que las cogniciones de los tecnofóbicos son más compatibles con fobia social que con otros tipos de trastornos (Brosnan & Thorpe, 2006; Thorpe & Brosnan, 2007). La fobia social se caracteriza por la presencia de ansiedad clínicamente significativa como respuesta a ciertas situaciones sociales o actuaciones en público del propio individuo, lo que suele dar lugar a comportamientos de evitación. Es de suponerse que lo afirmado por Thorpe y Brosnan (2006, 2007) podría tener base en que la fobia social puede asociarse a la mayoría de los trastornos de ansiedad, precediendo habitualmente su aparición a la de estos trastornos. Sumado a esto, todo trastorno de ansiedad incluye angustia y agorafobia, caracterizándose esta última por la aparición de ansiedad o comportamientos de evitación en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil o embarazoso. Es importante tener en cuenta que esto ocurre en ambos tipos de fobias, de manera que su presencia puede producir confusión y no puede considerarse aisladamente.

Un estudio llevado a cabo por Luque (2006b) incluye un reactivo especial que permitió indagar una hipótesis sobre este aspecto y que afirma: “prefiero usar computadoras cuando hay alguien cerca que puede ayudarme a resolver cualquier problema que se presente”. Con base en lo señalado en la literatura más actual sobre los comportamientos de sujetos con tecnofobia (Beckers & Schmidt, 2003; Chua et al, 1999; Czaja et al, 2006; Todman & Drysdale, 2002; Brosnan & Thorpe, 2007), se plantearon dos supuestos:

1. Si la tecnofobia es una fobia específica, el tecnófobo buscará activamente que otra persona lo asista cuando deba interactuar forzosamente o enfrentarse a una computadora, una persona que resuelva por él cualquier problema que se presente, e inclusive que lo reemplace en la ejecución de los procedimientos cuando se espera que su performance sea óptima; a la vez, evitará usar computadoras u otras HTD siempre que le sea posible y/o cuando no haya personas que puedan asistirlo en el uso. En este caso, la respuesta al reactivo de los sujetos tecnofóbicos debería ser afirmativa.

2. En cambio, si se trata de una expresión propia de la fobia social, el sujeto evitará ser evaluado, interrumpido u observado por otras personas cuando está utilizando una computadora u otras HTD en una situación social, porque -como le ocurre en cualquier otra situación social- la percibirá como peligrosa o amenazante y se sentirá expuesto. Si está en público o se siente observado evitará, por ejemplo, utilizar el teclado de una computadora para que no se advierta el temblor de sus manos. En este caso, el reactivo debería ser rechazado o puntuado en desacuerdo, de la misma forma que lo harían los sujetos no-tecnofóbicos.

Pueden señalarse dos resultados importantes. Por una parte, las correlaciones obtenidas en la investigación mencionada (Luque, 2006b) de este ítem con los niveles de ansiedad (rs= .923, p=.000) y aversión (rs=877, p=.000) de la muestra general son directos y fuertes; esto es, los sujetos con mucha ansiedad y tendencia a evitar HTD, las usan preferentemente cuando saben que hay alguien cerca para ayudarlos a resolver problemas que pudieran presentarse. Por otro lado, dentro del grupo que se pudo identificar como posible tecnofóbico, solo tres sujetos (de n=118) no concuerdan con el reactivo específico; es decir, la mayoría de los sujetos con síntomas propios de la tecnofobia prefieren contar con la presencia de alguien que los asista o ayude en la interacción con HTD.

Estos resultados permiten afirmar que el temor, la ansiedad y la aversión surgen frente a un objeto claramente identificado (las HTD) y no puede suponerse como expresión de la fobia social. Por otro lado, sujetos con ciertos rasgos de personalidad, o con experiencias personales muy negativas con HTD también podrían evitar situaciones en las que se sientan observados o evaluados o emocionalmente expuestos, de forma que tampoco buscarían ayuda, sino que evitarían el uso en público.

Así, si en la clínica psicológica la valoración diagnóstica permite suponer que estamos frente a un sujeto tecnofóbico, para establecer si lo es o no, deberá verificarse la presencia de ansiedad, aversión y actitudes y/o valoración existencial negativas hacia las HTD, además de bajos niveles de autoeficacia hacia éstas (Burkett, Compton & Burkett, 2001; Gardner & Rozell, 1999; Luque, 2006a; Wilfong, 2006). Pero además, deberán indagarse factores tales como trastornos previos, rasgos de personalidad, circunstancias vitales actuales y, fundamentalmente, la historia ocupacional-personal previa. Indagar esto último podría remitir a circunstancias vivenciadas como negativas a nivel de la valoración existencial, tal como el desempleo causado por las nuevas tecnologías, aspecto insoslayable que remite al contexto sociocultural del sujeto tecnofóbico.

Rosen & Weil (1995) realizaron el primer estudio transcultural para verificar que los índices de ansiedad ante las computadoras no eran un fenómeno exclusivo de la población de los Estados Unidos; repitieron el estudio años después con estudiantes de 38 universidades de 23 países en relación a distintos factores constitutivos de la tecnofobia. En ambos estudios Japón se presentó como el país con mayores niveles de ansiedad y tecnofobia, con una población que tiene moderados niveles de experiencia (Rosen & Weil, 1995; Weil & Rosen, 1995). Estas y otras investigaciones sugieren que hay culturas que valoran la tecnología, integran fácilmente la tecnología en el sistema de educación formal y promocionan la utilización de tecnologías. En contraste, en otros países falta una clara identificación política o cultural con la tecnología, hay poca o ninguna exposición educacional a la tecnología, esto lleva al miedo, la confusión y al sentimiento de aislamiento en relación a la tecnología. Otros estudios (Anthony et al, 2000; Czaja et al, 2006; Li & Kirkuk, 2007; Okebukola, 1993) indican que el factor más importante en el rechazo de las HTD es una barrera de índole idiosincrática y/o idiomática (ejemplo: los teclados no tienen caracteres en japonés).

En la muestra estudiada en Argentina (Luque, 2006b), un porcentaje muy bajo de sujetos ha valorado negativamente el impacto que la tecnología produjo a nivel personal, pero al tener que evaluar el impacto que las HTD han ocasionado sobre la sociedad, la economía, la educación, y/o el poder, los mismos sujetos realizan, en su mayoría, una valoración negativa. Esto significa que, aunque no se hayan visto personalmente afectados, son concientes de los perjuicios ocasionados por las tecnologías en aquellas personas que no pueden competir laboralmente o que han sido desplazadas de sus puestos laborales a raíz de las nuevas tecnologías. La inclusión masiva de computadoras en el ámbito académico ha aumentado la ansiedad de los sujetos que antes solo sentían leves molestias o no las sentían frente a estas herramientas. Distintos estudios señalan el impacto de las nuevas tecnologías en la educación (Ceyhan, 2006; Okebukola, 1993; Siervet, 1988; Weil & Rosen, 1995), especialmente en los niveles de autoeficacia y actitudes de los docentes cuando se les exige utilizar las nuevas tecnologías para enseñar, y de los alumnos que pueden ver afectado su rendimiento académico cuando este depende del uso de tecnología educativa. A la vez, esta misma situación se presenta en distintos ámbitos, donde el uso de las nuevas tecnologías es imprescindible actualmente en todos los niveles de la estructura laboral, generando el sobreempleo de un sector altamente capacitado en relación a la tecnología, y el desempleo de los sectores que no se han adaptado a las circunstancias. Respecto a este punto, señalamos que es importante indagar los distintos problemas psicosociales y ambientales (Eje IV de la evaluación multiaxial; APA, 1994) que podrían estar conjugándose con el desarrollo y aumento del trastorno.

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Para citar este artículo:

  • Luque, L. E.  (2008, 07 de mayo).Trastorno clínico generado por las tecnologías digitales. Revista PsicologiaCientifica.com, 10(20). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/trastorno-clinico-generado-por-las-tecnologias-digitales

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