De lo psicológico a lo fisiológico en la relación entre emociones y salud
Psicología de la Salud


  • Patricia Moure Rodríguez
    Universidad Central Marta Abreu de las Villas
    Santa Clara, Cuba

    Dayron Antonio Del Pino Rodríguez
    Ramón Alvaredo Blanco
    Universidad Central Marta Abreu de las Villas
    Santa Clara, Cuba

Resumen

  • Las emociones negativas ansiedad, ira, tristeza, depresión son adaptativas para el individuo. Sin embargo, en ocasiones encontramos reacciones patológicas en algunos individuos, debido a desajuste en la frecuencia o intensidad. Cuando tal desajuste acontece, puede sobrevenir también un trastorno de la salud, tanto mental (trastorno de ansiedad, depresión mayor, etc.) como física.

    En primer lugar, las reacciones de ansiedad, tristeza, depresión e ira, que alcanzan niveles demasiado intensos o frecuentes tienden a producir cambios en la conducta, de manera que se olvidan los hábitos saludables (el ejercicio, dieta adecuada.) y se desarrollan conductas adictivas (tabaquismo, etc.) o que ponen en peligro nuestra salud.

    Las reacciones emocionales mantienen niveles de activación fisiológica intensos, que pueden deteriorar nuestra salud si se cronifican. Por ejemplo, los pacientes con hipertensión arterial, asma, cefaleas crónicas, o diferentes tipos de dermatitis, presentan niveles más altos de ansiedad e ira que la población general. La alta activación psicológica puede estar asociada con un cierto grado de inmunodepresión, lo que nos vuelve más vulnerables al desarrollo de enfermedades infecciosas (como la gripe, herpes, etc.) o de tipo inmunológico (lupus eritematoso, esclerosis múltiples, etc.).

    Palabras clave: Emociones, estrés, salud, inmunodepresión.



Si bien en varias de las revisiones que se encuentran en la literatura moderna se hace referencia a cómo la salud física interviene en estados emocionales positivos, poco se habla de esta relación en sentido inverso. La salud del hombre es un complejo proceso sustentado en la base de un equilibrio bio-psico-social.

La salud y la enfermedad son estados que se hallan en equilibrio dinámico, y están co-determinados por variables de tipo biológico, psicológico y social, todas ellas en constante mutación.

Por su parte, las emociones son procesos psicológicos que, frente a una amenaza a nuestro equilibrio físico o psicológico, actúan para reestablecerlo, ejerciendo así un papel adaptativo. Sin embargo, en algunos casos, las emociones influyen en la contracción de enfermedades. La función adaptativa de las emociones depende de la evaluación que haga cada persona del estímulo que pone en peligro su equilibrio, y de la respuesta que genere para afrontar el mismo.

Siendo la salud humana un complejo proceso de adaptación en el que confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales. La salud, ese estado de bienestar físico, psicológico y social no es patrimonio ni responsabilidad exclusiva de un solo grupo o especialidad profesional. El concepto salud viene definido por el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, (en su primera acepción), como el “estado en el que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones”. La salud no es sólo la ausencia de enfermedad, sino que ha de ser entendida de una forma más positiva, como un proceso continuo que tiene mucho que ver con los comportamientos y el estilo de vida de una persona o comunidad (Ballester, 1998), por el cual el hombre desarrolla al máximo sus capacidades, teniendo a la plenitud de su autorrealización como entidad personal y como entidad social (San Martín, 1985).

En una persona sana deben reunirse potenciales salutogénicos, tanto a nivel mental como a nivel del soma en completa relación. Es por eso que no se debe pasar por alto cómo influyen los procesos psicológicos de tipo emocional en la salud. Tanto las emociones positivas (alegría, buen humor, optimismo) como las negativas (ira, ansiedad) y el estrés, influyen en la salud.

Las emociones perturbadoras tienen, al parecer, un efecto negativo en la salud, favoreciendo de esta manera la aparición de ciertas enfermedades, ya que hacen más vulnerable el sistema inmunológico, lo que imposibilita su correcto funcionamiento. Contrariamente, las emociones positivas representan un beneficio para nuestra salud, ya que ayudan a soportar las dificultades de una enfermedad y facilitan su recuperación.

Todos estos descubrimientos acerca de la intrínseca relación entre emociones y salud tienen su aplicación en el tratamiento de las enfermedades desde una propuesta holística y no reduccionista a enfoque biologicista, pues en la actualidad se proponen tratamientos integrales, que consideren la recuperación tanto de los factores físicos como de los factores psicológicos del paciente, en estrecha relación de interdependencia.

Desarrollo

En la actualidad, para nadie es un secreto el papel que desempeñan las emociones humanas en la concepción de la salud integral y, desde luego, en el desarrollo de las enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que más del 90% de las enfermedades tienen un origen psicosomático; de hecho, las características de personalidad, el manejo que tenemos de las emociones y la manera de lidiar con el estrés, conflictos, fracasos y frustraciones pueden potenciar o desarrollar diversas enfermedades.

La persona es un “todo integrado”, la separación entre el cuerpo y la mente abre las puertas a la desintegración, a la desvalorización, y nos hace cada vez más vulnerables a la enfermedad. Hoy sabemos que todas las enfermedades son fenómenos psicosomáticos o somatopsíquicos, la experiencia más clara de esta realidad se vislumbra cuando comprendemos la profunda integración que existe entre nuestras emociones, el sistema nervioso, el inmune y el endocrino. La expresión de cualquier amenaza al equilibrio en nuestra salud invita a enfrentarle desde todos los flancos posibles en la vasta complejidad del ser humano.

La salud y la enfermedad no son un asunto que le concierna únicamente a quien posee la anhelada cura; más allá de esta percepción tradicional es imperioso reenfocar la comprensión de la salud desde la experiencia humana y social, desde el sentido de ser los únicos dueños y responsables de ésta. Al final, debe quedar claro que en todo desbalance o enfermedad existe un conflicto intrapersonal no concientizado y la necesidad urgente de armonizar el desequilibrio emocional.

Sin duda alguna, se debe resaltar que las emociones están influenciadas por manifestaciones sociales que, mediante un proceso de internalización o subjetivación, producen un significado personal, que no es otra cosa más que el significado social que reactualiza las emociones en estrecha relación con los procesos cognitivos, como por ejemplo la memoria. De ahí que determinado suceso o vivencia pueda marcar un hito en nuestras vidas e incluso dividirla en un “antes y un después”.

En cuanto a las clasificaciones más comunes que se confrontan sobre las emociones se destaca la separación en: emociones positivas y emociones negativas. De estas últimas se puede decir que son el estigma de muchas depresiones y traumas y, a su vez, producen un funcionamiento desajustado de diferentes sistemas neurovegetativos.

Siendo la salud humana un complejo proceso de adaptación en el que confluyen factores biológicos, psicológicos y sociales, una persona sana debe estarlo tanto en mente como en cuerpo.

Las emociones perturbadoras influyen negativamente en la salud, ya que hacen más vulnerable el sistema inmunológico, lo que no permite su correcto funcionamiento. Lograr que el hombre se adapte a su medio implica la mantención de la adecuada sincronización de las funciones de los sistemas de su organismo y, en caso del surgimiento de un desequilibrio, esta adaptación depende del restablecimiento de ese equilibrio (López, 1999).

Existen indicadores que hacen notar que los factores psicológicos pueden influir de manera significativa sobre algunas enfermedades causadas por otros factores. Desde hace algo más de dos décadas las ciencias médicas y psicológicas han estado forjando una concepción más amplia de cómo nuestras vidas emocionales afectan directa e indirectamente nuestro bienestar físico, al investigar los vínculos reales entre los acontecimientos psicológicos, la función cerebral, la secreción hormonal y la potencia de la respuesta inmunológica; este nuevo campo del saber ha sido denominado psiconeuroinmunología.

El enfoque psiconeuroinmunológico parte de que el cerebro regula, en mayor o menor medida, el sistema inmunitario. Entonces, los factores psicológicos pueden afectar este sistema por medio del cerebro. Es un campo interdisciplinario, iniciado por psicólogos de vanguardia como el Dr. R. Bayés de la Universidad Autónoma de Barcelona. Según R. Bayés (1993) la psiconeuroinmunología tiene un gran alcance terapéutico, que implica:

1. La posibilidad de que los tratamientos psicológicos puedan emplearse como terapéuticas de apoyo para suprimir la respuesta inmunológica, tanto en enfermedades amenazantes para la vida como en trastornos menos graves.

2. Posibilidad de que los tratamientos psicológicos puedan usarse para mejorar el sistema inmunológico. Por ejemplo, terapias con grupos vulnerables.

3. Clarificación de la importancia de la protección que es capaz de proporcionar un enfoque positivo de la existencia.

Evidentemente, la psiconeuroinmunología pone tanto al científico como al terapeuta en una nueva posición en la que se requiere del empleo de técnicas diversas y se reclama un análisis más profundo de la relación entre la mente y el cuerpo. Estudios confirman que las emociones perturbadoras son malas para la salud. Según López (1999), plantea que las personas que experimentan ansiedad crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u hostilidad, cinismo o suspicacias implacables, tenían el doble de riesgo de contraer una enfermedad incluidas: asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas y problemas cardíacos.

Esta percepción hace que las emociones perturbadoras sean un factor de riesgo tan dañino como lo son, por ejemplo, el hábito de fumar o el colesterol elevado para los problemas cardíacos, es decir, una importante amenaza a la salud (Goleman, 1996). Estas tendencias modernas proponen un reconocimiento acerca de como las reacciones psicológicas negativas o desfavorables, en ocasiones, son las determinantes primarias de ciertos tipos de migrañas, úlceras y otros trastornos gastrointestinales, dolores musculares e inflamaciones, dificultades cardíacas, entre otras dolencias registradas.

Goleman (1996) propone un ejemplo en el cual se describe a una persona que enfurece en repetidas ocasiones. Cada episodio de ira añade una tensión adicional al corazón, aumentando su ritmo cardíaco y su presión sanguínea. Cuando esto se repite una y otra vez, puede causar un daño, sobretodo debido a la turbulencia con que fluye la sangre a través de la arteria coronaria, con cada latido se pueden provocar microdesgarramientos en los vasos, donde se desarrolla la placa. Por eso, si su ritmo cardíaco es más rápido y su presión sanguínea más elevada como resultados de frecuentes estados de ira tendrá mayor probabilidad de sufrir una enfermedad coronaria (Goleman, 1996).

Un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard (Tobal, González, 2003) pidió a pacientes que sufrieron un ataque cardíaco que describieran su estado emocional en las horas anteriores al mismo; la mayoría de los participantes declaró haber sido objeto de ataques de ira en el periodo evaluado por los investigadores.

Hasta ahora se ha explicado alguna relación de las emociones con los potenciales saludables a nivel fisiológico, pero ¿por qué tienen las emociones la propiedad de intervenir en nuestro funcionamiento fisiológico-inmunológico-neuronal-endocrino? En la literatura se puede encontrar una gran variedad de explicaciones sobre la relación de las emociones (desde su definición) con los procesos antes mencionado. Al revisar los planteamientos de Fernández-Abascal y Palmero (1999) y Le Doux (1999) es posible encontrar una amalgama de elementos en los que se destaca un proceso que se activa cuando el organismo detecta algún peligro, amenaza o desequilibrio con el fin de movilizar los recursos a su alcance para controlar la situación; también se define como una función biológica producto de la evolución que permite al organismo sobrevivir en entornos hostiles, razón por la que se han conservado prácticamente intactas a través de la historia evolutiva. Estos elementos se sustentan en un punto coincidente que llama la atención: en el carácter adaptativo de las emociones, ya que las mismas intervienen en unos casos y determinan en otros, los mecanismos que favorecen la enfermedad.

Una de las claves a la hora de entender la repercusión de las emociones en la salud es la conceptualización del proceso emocional. En este aparecen dos filtros entre la situación interna o externa que desencadena el proceso y la manifestación de las emociones en el sujeto protagonista (Fernández-Abascal y Palmero, 1999). En resumen, la función adaptativa de las emociones va a depender de la evaluación que la persona haga del estímulo, es decir, del significado que le dé a este y de la respuesta de afrontamiento que genere. Son varios los componentes emocionales que intervienen de manera desadaptativa. Un ejemplo claro es la frecuencia y aparición de la ansiedad, una de las manifestaciones más comunes en los tiempos modernos en los que la dinámica de la vida se hace cada vez más acelerada. La ansiedad tiene utilidad adaptativa, nos ayuda a prepararnos para afrontar algún tipo de peligropero, en la vida moderna, es más común que sea desproporcionada y fuera de lugar. Por esta razón se ha convertido en un riesgo para la salud, si se presenta en forma crónica. La ansiedad influye, principalmente, en el desarrollo de enfermedades infecciosas como resfriados, gripes y herpes. Estamos constantemente expuestos a estos virus pero normalmente nuestro sistema inmunológico los combate, sin embargo, en presencia de la ansiedad las defensas fallan. Las diferencias en cuanto a la resistencia frente a enfermedades infecciosas se deben, en parte, a las tensiones de la vida. En la medida en que los niveles de ansiedad sean más elevados, mayor será la incidencia de males infecciosos.


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Para citar este artículo:

  • Rodríguez,  P. M., Del Pino, D. A. & Alvaredo, R. B. (2011, 15 de agosto). De lo psicológico a lo fisiológico en la relación entre emociones y salud. Revista PsicologiaCientifica.com, 13(13). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/relacion-emociones-y-salud


8 Comentarios para “De lo psicológico a lo fisiológico en la relación entre emociones y salud

  1. angela

    Está bien lo que dices pero no es nuevo, y es bueno que lo digas porque los Psicologos clínicos nos enfrentamos a nuestras propias emociones y debemos interpretar las emociones de otros, lo cual no es tangible pero si es directamente proporcional a la salud y más directamente a trastornos alimenticios como la obesidad y anorexia, pues las personas recurren a estos trastornos como un intento desesperado por controlar algo que han perdido… la percepción de sí mismos. Al ver que llaman la atención sienten un poco de relajación ante tanta turbulencia emocional.

  2. Héctor

    El ser humano es cuerpo y psique pero muchos no lo tienen presente y la prioridad le dan al primero. Sabemos los efectos de las emociones en nuestro organismo lo que no tenemos muy claro es la efectividad de las técnicas, para regular las emociones y que las personas dejen de sufrir.

  3. Jaume Rosselló Mir

    Me alegro de ver publicado un artículo que alude a un tema que, no por ya sabido, resulta menos olvidado. Vayan pues, en primer lugar, mis felicitaciones a los autores. De especial interés resulta la concepción de la mente y el cuerpo como un todo integrado, así como la idea de concebir la emoción como un proceso dinámico. A título de sugerencias de mejora, cabe decir que hecho en falta un mayor énfasis en el rol de las habilidades empáticas (distinguiendo entre empatía cognitiva y empatía emocional), así como en la resiliencia y en el crecimiento postraumático. Además, creo que sería oportuno, dados los resultados experimentales recientes, trascender el mero enfoque bio-psico-social y adoptar (o al menos, tener en cuenta) los modelos de la “mente corporeizada” (embodied mind) y el estudio de las emociones (como proceso dinámico) desde la teoría de la complejidad y la dinámica no lineal. De lo contrario, y pese a negarlo explícitamente, corremos el peligro, entre otros, de caer de nuevo en un dualismo que no acabamos de abandonar o de alimentar explicaciones homunculares que, pese a su carencia de validez explicativa, resultan especialmente tenaces en el estudio científico de la cognición y la emoción humanos.

  4. Edson Zaragoza

    Me parece un muy buen trabajo, sumamente interesante. Sólo deseo recomendar que no se califique a las emociones de negativas o positivas, ya que esto nos lleva inevitablemente a evitar el reconocimiento de las negativas y sólo reconocer o experimentar las positivas. Recomiendo llamarlas constructivas y las otras que pueden convertirse en destructivas si no se trabajan o expresan

  5. jorge_bro

    Hola me parece muy interesante tu trabajo. Soy psicólogo e instructor de pilates y yoga, busco cómo adecuar esta información a mi área de trabajo ya que no hay mucha información al respecto. Gracias por tu trabajo me ayuda mucho a ubicar información actualizada.

  6. Lersy Cabarcas Araque

    Generalmente no nos damos cuenta que tanto nos afectan nuestras emociones y hasta que punto de llegarnos a enfermar por las mismas. Existen emociones tales como la risa y el buen humor que pueden ser muy efectivas o como comentan en el artículo preconizan que la risa y el buen humor pueden ser herramientas efectivas para enfrentar la enfermedad y el malestar.
    Estoy de acuerdo que la risa nos ayuda a liberar una cantidad de tensiones acumuladas y que nos pueden ayudar a la solucionar problemas dejando ver con mucha más claridad nuestros problemas y a la vez tener la solución de los mismos, así que la risa o el buen humor nos ayuda estar emocionalmente estable.

  7. Iván mendoza

    Hola me gustaría compartir algo que yo he experimentado con cientos de pacientes con maravillosos resultados.
    Mi teoría y práctica es la siguiente. Si el observador afecta al observado lo que vemos en el paciente son nuestras propias creencias, es decir, nosotros proyectamos lo que aprendimos.
    Al estar el paciente en un grado de miedo u obscuridad es muy fácil de sugestionar y proyectamos en el espejo, es decir, lo que nosotros aprendimos pudiese ser el problema que el paciente tiene.
    Reflexión es como una sala de cine donde en la cámara se pone la película que queremos ver y es imposible cambiarla.
    Nosotros desarrollamos una terapia donde se da por cierto que todos somos uno y si eliminamos de nuestra mente lo que estamos percibiendo en el paciente, entonces ese síntoma va a desaparecer de manera inmediata.

  8. Alonso

    Hola, me parece muy completo el ensayo, y he visto por muchos artículos mas el dato de que la OMS dice que el 90% e las enfermedades son de origen psicosomático, sin embargo la Oms no tiene publicado ninguna información al respecto, parece que es un dato inventado por alguien y simplemente se quiso creer en el mismo, podría, si alguien sabe, dar referencia de algún documento de la OMS donde tenga este indicador.

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