Reflexiones personales sobre la intervención psicosocial en el contexto del siglo XXI
Psicología Social - Comunitaria


  • Jairo A. Rozo Castillo
    Titulado Superior de Apoyo a la Investigación
    Universidad Pablo de Olavide, Sevilla
    Editor de PserInfo
    Psicom Editores Colombia
    Sevilla, España



Como dice Maya, García y Santolaya (2007), el desarrollo de la intervención social en el ámbito de la psicología está directamente relacionado con el movimiento de salud mental comunitaria de los años sesenta en Estados Unidos y la constitución del campo de la psicología comunitaria. Como consecuencia, hubo un proceso de desinstitucionalización y se crearon servicios dirigidos a mantener a los pacientes psiquiátricos en la comunidad. Esto desembocó en una visión más amplia de la psicología, incorporando niveles de intervención que iban más allá de un foco exclusivo en el individuo, a la vez que se trataban temas diferentes a los de salud mental.

Por lo tanto, la primera necesidad de la intervención psicosocial fue la de reemplazar el “modelo clínico tradicional” basado en la acción terapéutica aislada, dirigida al enfermo, al individuo y de manera unidisciplinar, por un modelo de intervención comunitaria, cuya acción preventiva y de promoción de la calidad de vida está dirigida a la comunidad desde la interdisciplinariedad (Guillén, 1996).

Paulatinamente, los trabajos desarrollados en el área han ido evolucionando de los servicios de salud mental al enfoque de la intervención social y comunitaria, teniendo en cuenta los procesos de prevención y promoción, los procesos de implementación y potenciación o empoderamiento, considerando temas como la diversidad étnica y de género, la movilización comunitaria y la cultura, todo ello con importantes avances en metodología y el desarrollo de programas sofisticados con fuerte base teórica. Con el tiempo, la intervención psicosocial se ha ido consolidando como un área caracterizada por el enfoque ecológico, que adopta múltiples niveles de intervención y que atiende a todo tipo de problema sociales (Maya, García y Santolaya, 2007).

Proponiendo modelos explicativos a fenómenos complejos

Un área importante del trabajo psicosocial es el que se desarrolla en medio del contexto de guerra, históricamente surgió después de la primera Guerra Mundial, cuando las terribles secuelas de la misma empezaron a interesar a las naciones. Una vez terminada la guerra se empezaron a ver cambios de comportamiento en los soldados a nivel individual, familiar y social, cambios que afectaban negativamente a los conglomerados sociales y por lo tanto no podían dejarse a un lado. Después de la segunda Guerra Mundial y de la guerra de Vietnam, fue aún más evidente que las consecuencias de la guerra a nivel social eran devastadoras para las comunidades (CedaVida, 2002).

Pero como ya dijimos antes, las primeras intervenciones partían de una visión médico asistencial que trataba de afrontar el trauma de guerra o el posteriormente conocido como síndrome de estrés postraumático. Con el tiempo se fue pasando de una visión médica y psiquiátrica a una más psicológica y, posteriormente, a una visión más social del fenómeno, convirtiéndose al final en un enfoque psicosocial. Una visión más completa para un fenómeno muy complejo que afecta al individuo, a la familia y a la sociedad a nivel económico, social y cultural. Siguiendo a Castaño (citado en CedaVida, 2002), el trabajo psicosocial no es un trabajo terapéutico adicionado a un trabajo social, sino que exige el conocimiento de los mecanismos y de las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales en que las personas se encuentran y que muchas veces perpetúan su sufrimiento.

Dentro de este contexto, el primer trabajo psicosocial que desarrollé como profesional tenía que ver con las víctimas de la guerra de mi país, Colombia. Trabajando con la fundación CedaVida, surgió una aproximación psicosocial para actuar con las víctimas del desplazamiento interno y forzado, debido a la situación de conflicto armado (guerrillas, paramilitares y fuerzas de seguridad del Estado), que impulso la movilidad de los campos a las ciudades, donde los desplazados repoblaban los cinturones de miseria que las rodeaban. La fundación CedaVida desarrolló un modelo de trabajo que se iniciaba con la terapia vivencial y terminaba con el desarrollo de procesos en pedagogía para la paz, manejo y mediación de los conflictos y formación a los diferentes líderes comunitarios para el fomento de nuevos procesos sociales.

La parte inicial de este trabajo (terapia vivencial) heredaba mucho de la terapia psicológica, pero siempre enfocando los fenómenos sociales y culturales que afianzaban patrones culturales de violencia sobre los otros. La terapia vivencial era un modelo de intervención terapéutica que pretendía brindar una rápida y eficaz asesoría psicológica a sus beneficiarios, compuesto por cuatro técnicas que se entretejían formando un espacio para la elaboración de duelos y traumas causados por la guerra: la relajación, la visualización, la respiración circular y la meditación activa; todas ellas entrelazadas con la verbalización como alternativa de decodificación racional de cada uno de los ejercicios vivenciales con alto contenido emocional (Rozo, 2000).

La terapia vivencial mostró ser muy efectiva en la mayoría de los beneficiarios para superar las situaciones traumáticas y reelaborar sus proyectos de vida, pero no existía un modelo teórico que explicará la eficacia de la intervención. Por ello, desarrollé una hipótesis de trabajo a nivel teórico que fundía los elementos de mi conocimiento de la neurociencia y la neurocomputación (gracias a mi trabajo de Tesis de Pregrado, ver Baquero-Venegas, Pérez-Acosta y Rozo, 2005) con la intervención psicosocial (sobre todo con la primera fase o terapia vivencial), ese trabajo se público como “la recuperación de memoria emocional a través de un modelo de red neuronal artificial” en el año 2000.

En tal trabajo explicaba que los hechos traumáticos generan una impronta emocional que se almacena en el cerebro, generalmente a nivel inconsciente. La terapia vivencial efectivamente rompía los bloqueos y permitía que el verdadero contenido emocional aflorara a la conciencia, para ser reconocido y elaborado, proporcionando alivio y equilibrio emocional (Rozo, 2000).

Para recuperar las emociones recurrimos a la misma lógica de éstas, es decir, a la lógica asociativa. Emocionalmente hablando, el pasado se impone en el presente. Cuando algún rasgo de un acontecimiento aparece como similar a un recuerdo del pasado cargado emocionalmente, la mente emocional responde activando los sentimientos que acompañan al acontecimiento recordado. La mente emocional reacciona al presente como si fuera el pasado. Los pensamientos y emociones actuales adoptarán el matiz de los pensamientos y reacciones de entonces.

La forma en que se recuperaba el recuerdo a partir de la terapia vivencial podía explicarse recurriendo a un modelo de red neuronal proveniente de la neurocomputación, que propone que pensamientos y emociones (recuerdos asociados a la información y recuerdos asociados a la emoción) sean representados por nodos, que al interconectarse por medio de sus pesos y con la suficiente estimulación logran activarse de forma congruente, superando los umbrales necesarios para llegar a ser conscientes, activando el recuerdo difícil de recuperar.

En dichos modelos cada nodo o unidad representa a las neuronas y cada peso de conexión a las sinapsis que hay entre ellas. Todo nodo tiene un valor umbral, por encima de él se activa dicho nodo transmitiendo la información a sus nodos vecinos (ver Figura 1).

fig2

Figura 1. Sinapsis Artificial. Representación de una sinapsis entre la unidad de entrada, la oculta y la de salida. Los números dentro de las unidades representan el valor umbral. Los números sobre las líneas los pesos de conexión. Si el valor umbral de la unidad de entrada superior (1) se multiplica por su peso de conexión directa con la unidad de salida (1) y sobrepasa el umbral de dicha unidad (0,5), la unidad de salida emite la respuesta.

La propuesta del modelo de red pretendía dar una explicación plausible acerca de cómo funcionaba la recuperación de la memoria emocional. En esta hipotética red existirían nodos con contenido asociado a la información (nodos-inf) que representarían al hipocampo de nuestro cerebro y nodos con contenido emocional (nodos-em), que representarían a la amígdala, gerente del sistema límbico. Los inputs de entrada podrían ser los estímulos sensoriales, pensamientos y emociones actuales. En la red los nodo-inf pueden activar a los nodos-em y viceversa, lo que permitiría recuperar la emoción asociada al recuerdo. Los nodos-em están rodeados de nodos automáticos (nodos-aut), que se encargan de evocar las reacciones autónomas asociadas y la expresión de las mismas. También estarían conectados a nodos cognitivos (nodos-cog) que rodean a los nodos -inf y, a diferencia de éstos, procesan la información cognitiva (racional) presente, representando a los lóbulos prefrontales. Estos nodos-cog equivaldrían a los pensamientos actuales sobre las emociones que sentimos y nuestra valoración sobre las mismas. Diversos estímulos durante la terapia vivencial actúan sobre diferentes tipos de nodos (ver Figura 2) (Rozo, 2000).

fig1

Figura 2. Red Explicativa de la terapia vivencial.

Un estímulo, como una instrucción, genera que racionalmente se busque el recuerdo. Si a esto unimos estímulos auditivos, visuales, olfativos y demás, permitimos recuperar en el presente las mismas emociones del pasado. Lo anterior quiere decir que el modelo plantearía que la máxima eficacia de recuperación de la red es directamente proporcional a la convergencia de activación de los nodos-em y los nodos-inf. Tal convergencia sería la que permitiría romper con los bloqueos para dejar aflorar las emociones. Muy posiblemente, un solo tipo de estímulo no sería lo suficientemente fuerte para superar el umbral de la información consciente o haría mucho más lenta su posible recuperación.

Esto último se hace evidente cuando tratamos de recuperar información traumática utilizando solamente la estimulación de los nodos-inf; la dificultad es grande, y la persona siente que sólo puede recuperar algunos detalles. Los nodos-inf a veces recuperan la información como esta fue en realidad, pero no olvidemos que cuando ésta tiene una gran carga emocional asociada es deformada o bloqueada. Bajo nuestro esquema, no sólo por activar nodos-inf se puede lograr activar suficientemente los nodos-em. La terapia vivencial debe generar una estimulación directa en el cerebro emocional, de tal forma, que se superen sus umbrales y los nodos-em se activen, recuperando la emoción con su contenido original y no deformado. Si a esto le agregamos el direccionamiento de la búsqueda, por medio de una instrucción (activación nodos-inf), la combinación de estímulos es lo suficientemente fuerte para que finalmente se origine el estado de catarsis o expresión emocional.

Una vez la emoción ha sido recuperada y expresada, se inicia el proceso de reconceptualización de la misma, comúnmente denominada verbalización o “elaboración de los eventos traumáticos”, que permite que el paciente se estabilice emocionalmente y pueda afrontar su proyecto de vida de una forma adecuada. La experiencia nos demostró que en éste proceso de verbalización era fundamental el trabajo de grupo, cuando una persona que padece un inmenso dolor, cuando ha vivido una situación que parece insostenible (la tortura, el maltrato, el asesinato de sus seres queridos) y puede verbalizarla con otros que han padecido un dolor similar, que tienen una actitud abierta y están dispuestos a escucharle y apoyarle, el proceso de recuperación es más rápido y valioso.

Volviendo a nuestro modelo de red neuronal, lo que pretendíamos con él, era contrastar y ampliar sus posibilidades explicativas, ofrecer un embrión teórico que podría simularse por medio de la computación, pero también valioso por sí mismo como guía en la investigación de la efectividad de determinadas acciones psicoterapéuticas y psicosociales (Rozo, 2000).

Hoy en día, trece años después es altamente aceptado por la comunidad científica internacional que las acciones terapéuticas tiene un efecto medible en el cerebro que produce cambios a nivel comportamental. Pero en tal época era difícil unir en un mismo discurso, intervención psicosocial, terapia, neurociencia y neurocomputación. Y sin embargo, la psicología social y la intervención psicosocial no pueden concebirse sin las aportaciones de otras disciplinas científicas, sin la interdisciplinariedad. Planteamiento que defendemos desde la Epistemología Estratégica, propuesta filosófica esbozada conjuntamente por Herbert T. Baquero Venegas y Andrés M. Pérez-Acosta y yo mismo (ver Rozo, Baquero Venegas y Pérez-Acosta, 2005), que promueve una visión de las disciplinas científicas como estrategias para entender múltiples problemas y no como áreas aisladas con un único objeto de estudio. Desde ese punto de vista, la psicología sería una disciplina que aborda, desde el individuo, problemas de conocimiento como el comportamiento, la cognición y la conciencia, asuntos que también han sido abordados desde otras disciplinas pero con estrategias diferentes.

La Epistemología Estratégica está basada en la idea inicial de Staddon y Bueno (1991) y enriquecida con la visión multinivel de Ruiz-Vargas (1994), lo que permite romper con la clasificación tradicional del conocimiento científico, y observar cómo los niveles y subniveles se organizan alrededor de las siguientes preguntas fundamentales: el porqué, el para qué, el cómo y el dónde. Buscar las respuestas a estas preguntas, a partir de una visión interdisciplinaria es la mejor opción para desarrollar modelos dinámicos y explicativos de los diferentes fenómenos de estudio (Rozo, 2007a). Un ejemplo real de aplicación de la epistemología estratégica se ha dado en la explicación del fenómeno del aprendizaje asociativo (Rozo, Pérez-Acosta y López López, 1998), del estudio del Inconsciente (Rozo, 2005) y de la Conciencia (Rozo, 2007a).

Debemos ser humildes para aceptar el apoyo teórico y metodológico que otras disciplinas pueden ofrecernos y recordar que el objeto de la psicología social es la interacción, la que se produce entre los factores psicológicos y el contexto social (Gaviria, Cuadrado y López, 2009) y eso implica abarcar un gran nivel de conocimiento de los elementos que aportan otras disciplinas (como la biología, etología, neurociencia, sociología, economía, etc.), para entender los factores psicológicos y la forma como son influidos por la presencia de los otros.

¿Por qué habríamos de tener en cuenta la biología para el estudio de la psicología social? Como dice Gaviria (2008), estamos en un época en que tiene más relevancia la “cognición caliente”, donde se tienen en cuenta los procesos emocionales y motivacionales (que obviamente tienen base biológica), y menos énfasis la “cognición fría” del siglo pasado, centrada en la racionalidad.

Pero por el otro extremo, nuestra disciplina, como dice Moscovici (1989; citado por Morales y Gaviria, 2009) es una disciplina “puente” en la medida en que presenta como característica más destacada la de integrar los conocimientos de las distintas ciencias sociales. Al combinar entre sí procesos de distinta naturaleza para explicar cómo se ejerce la influencia de la presencia de otros sobre la persona, la psicología social utiliza procesos que constituyen el objeto de estudio de la psicología (de naturaleza individual), de la sociología y la economía (de naturaleza societal), de la antropología (procesos interpersonales, grupales y macrosociales en su vertiente cultural) y de las ciencias de la comunicación, entre otras.

Movilidad Humana e Intervención Psicosocial

Una vez en España, mi trabajo con ONGs y la Universidad de Sevilla se centro en la atención a la población inmigrante. Así como en Colombia tuve la ocasión de trabajar el fenómeno de la movilidad humana conocido como desplazamiento interno, en España tuve la oportunidad de estudiar el fenómeno migratorio, donde miles de personas provenientes de los cinco continentes cruzaban las fronteras, algunas huyendo de la persecución política y la guerra de su propio país, pero otras, la gran mayoría, buscando mejorar sus condiciones de vida y un futuro a nivel económico (Rozo, 2006).


Califique este artículo

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (5 votos, promedio: 4,80 de 5)
Cargando…

Para citar este artículo:

  • Rozo, J. A. (2013,  2 de octubre).Reflexiones personales sobre la intervención psicosocial en el contexto del siglo XXI.Revista PsicologiaCientifica.com, 15(16).Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/reflexiones-sobre-intervencion-psicosocial-siglo-xxi


1 Comentarios para “Reflexiones personales sobre la intervención psicosocial en el contexto del siglo XXI

  1. Rosalba González

    Es una investigación valiosa en el proceso de la intervención grupal, que con el apoyo de la neurociencia y la imaginología ayudarán a mapear mejor las conexiones neuronales como la amígdala e hipocampo. En México len la institución en la que colaboro, el trabajo con grupos terapéuticos con cuenta cuentos, y ejercicios de respiración ha favorecido cambios en niños maltratados, abusados o de padres negligentes. Me ha despertado un gran interés esta experiencia! Gracias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *