Psicología Comunitaria y Políticas Sociales: Análisis de su desarrollo en Chile
Psicología Social - Comunitaria


  • Jaime Alfaro Inzunza
    Universidad Diego Portales
    Santiago, Chile

Resumen

  • Los desarrollos de la Psicología Comunitaria en Chile ocurren condicionados desde la institucionalidad que configuran las políticas sociales, observándose un vínculo directo entre las estrategias de estas políticas (producidas desde la matriz de los modelos de desarrollo social vigentes en cada período) y específicamente la magnitud que adquieren, los objetivos que se plantean, la particularidad del objeto en que interviene y la estrategia que utilizan los programas de intervención surgidos en cada período correspondiente.

    Para la Psicología Comunitaria, una Política Social no sólo es el contexto material para la aplicación de programas, sino que, además, establece el marco cultural y de relaciones sociales desde donde de manera principal, pero no única, estos programas se articulan y configuran.



El origen de la Psicología Comunitaria es visto como un proceso evolutivo concatenado desde planos teóricos, técnicos y condicionantes histórico-sociales que operarían como fondo (ver a modo de ejemplo Sánchez Vidal, 1988; Hombrados. 1996; López y Costa 1986; Luque, 1988; Zax y Specter, 1974; Iscole y Spielberger; 1970).

Se incluyen, como parte de este proceso, diálogos interdisciplinarios como los establecidos con la Salud Pública; la emergencia de técnicas como la epidemiología, la farmacología; crítica a nociones e instituciones como el sistema hospitalario, la psicoterapia; aprendizajes y experiencias de innovación como el Movimiento de Salud Mental Comunitaria, la Sectorización o la Anti-psiquiatría italiana (Alfaro; 1993).

Visto así, las prácticas comunitarias serían el resultado de desarrollos disciplinarios, técnicos y operativos los cuales, de manera gradual, habrían generado condiciones para que surgieran nuevas formas de entender (conocimiento) y actuar (técnicas), permitiendo paulatinamente “iluminar” (conocer) el objeto “problemas de salud mental”.

Un rasgo característico de esta perspectiva es que los dinamismos históricos y sociales, de ser incluidos, son concebidos como contexto facilitador para los señalados desarrollos científicos y profesionales.

Ahora bien, al observar en su conjunto los desarrollos de la Psicología Comunitaria presentados en el país, es notorio que éstos no son fácilmente explicables como resultado de una evolución científica o técnica, y más bien estas prácticas se muestran directamente condicionadas por demandas sociales producidas en cada período histórico, en estrecha relación con los modelos de desarrollo social y sus lógicas institucionales.

Los datos disponibles, que revisaremos a continuación, aunque escasos, permiten vincular la institucionalidad que configuran las políticas sociales con las orientaciones técnicas presente en la Psicología Comunitaria nacional. Es decir, desde la experiencia nacional, las políticas sociales o la estrategia de desarrollo social que le subyace, pueden concebirse como procesos histórico-social que condicionan y determinan las formas adquiridas por las prácticas de intervención.

Estos procesos adquirieren así una importancia crucial, que va más allá de ser sólo un contexto (telón de fondo), para entender los desarrollos de la Psicología Comunitaria, y, lo que es más importante, para entender sus posibilidades y tendencias de crecimiento.

Política Social en Chile y programas de Psicología Comunitaria: Los sesenta y los ochenta

Desde el análisis que presentaremos, los desarrollos de la Psicología Comunitaria en Chile ocurren condicionados desde la institucionalidad que configuran las políticas sociales, observándose un vínculo directo entre las estrategias de estas políticas (producidas desde la matriz de los modelos de desarrollo social vigentes en cada período) y específicamente la magnitud que adquiere, los objetivos que se plantean, la particularidad del objeto en que interviene y la estrategia que utilizan los programas de intervención surgidos en cada período correspondiente.

Programas y Política Social en los sesenta

En Chile, desde fines de los años 50 y principios de los 60 se desarrollaron experiencias de trabajo a partir del marco de abordaje comunitario de la salud mental, que cristalizaron en las perspectivas de trabajo de la Psiquiatría Intracomunitaria y la Salud Mental Poblacional (Alfaro, 1993).

La primera fue implementada, desde 1968 en el Área Sur de Santiago, por el Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Universidad de Chile. La segunda fue el resultado de lo realizado en varios contextos institucionales (Programa de Medicina Preventiva desarrollado en el Hospital San Borja, y Programa de Desarrollo Sociocultural del Centro de Antropología Médico-Social del Servicio Nacional de Salud y la Universidad de Chile entre los años 1963 y 1973). Ambas se orientan a superar las limitaciones globales que presentan los servicios de salud mental de la época. Son proyectos concretos de reforma y transformación de las instituciones y del modelo de trabajo en salud y salud mental.

Asumen (dicho en palabras del programa de Psiquiatría Intracomunitaria) que la escasez y desigual distribución de los recursos es determinada por la presencia de una concepción “vertical, etnocéntrica y autoritaria”, que impide dar respuesta efectiva a las necesidades en salud mental. Dicho desde la Salud Mental Poblacional se concibe que la medicina social, definida como la doctrina de los servicios de atención de la época, es “social” en su alcance poblacional y en su financiamiento, pero es “poco social” en las relaciones de los equipos de salud con los pacientes, con la población o en la vida interna de los sujetos (Weinstein; 1975). Como alternativa a esta situación coloca a la participación como un eje central de los programas. Estos deben facilitar el desarrollo de la capacidad de autodirección, cuestionamiento y acción de la población, como medio de trabajo (estrategia) en salud y como una forma de transformación social y cultural.

Otro rasgo distintivo, y uno de los aportes más claros y con mayor potencial, es la valoración que ambos modelos hacen de la dimensión social y cultural en la comprensión de la salud, la salud mental y en la comprensión de la conducta humana. En lo fundamental, el modelo de la Psiquiatría Intracomunitaria (Marconi; 1970) es una forma de intervenir que recoge las categorías del relativismo cultural de la antropología social. Asume que desde muy temprano los sujetos viven un proceso de endoculturación, que abarca diversos aspectos de la experiencia que permiten al hombre ser competente en su cultura. Reconoce que los juicios están basados en la experiencia y la experiencia es interpretada por cada individuo sobre la base de su propia endoculturación.

Por su parte, las políticas sociales de los años 60 -siguiendo el análisis presentado por Schkolnik y Bonnefoy (1994) y Arellano (1988)-, se caracterizan por la plena vigencia de la estrategia universal, materializada en los dispositivos estatales llamados Estados de Bienestar.

El Estado de la época, por medio de sus políticas, asume un vigoroso y fundamental papel en el desarrollo económico y social del país. Encabeza el proceso de industrialización y las tareas del desarrollo mediante políticas universales institucionalizadas. Se entiende que el Estado debe velar por el bien común, asegurando la satisfacción de las necesidades básicas del conjunto de la población, mediante estrategias institucionalizadas como el Servicio Nacional de Salud, la obligatoriedad educacional, la Junta Nacional de Jardines Infantiles, la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, etc.

Desde lo anterior, podemos asumir que la Psiquiatría Intracomunitaria y la Salud Mental Poblacional configuraran su quehacer, en el marco de los afanes universalistas de la acción estatal y a partir de la institucionalidad del naciente Servicio Nacional de Salud. Dichos programas se vinculan con la estrategia universalista de la época, al asumir como sentido orientador la superación de las limitaciones globales que presentaban los servicios de salud mental. Ambos definen como objetivo de su accionar, aunque por diferentes vías, la reforma y transformación de las instituciones y el modelo de trabajo en salud y salud mental, tras la idea de asegurar que ellas logren su propósito universalista. Ello es, particularmente, claro en la Psiquiatría Intracomunitaria, que se entiende como una alternativa a las limitaciones teóricas y operativas de los servicios de atención en salud mental para universalizar sus prestaciones.

Este universalismo se muestra en la Psiquiatría Intracomunitaria, en la relevancia que tiene en sus definiciones programáticas la búsqueda del “desarrollo humano general”, y no sólo la resolución de una problemática específica. Lo mismo se observa en la Salud Mental Poblacional, cuando ella concibe la salud como la superación de formas de relación social, vinculadas con el todo social, en un contexto histórico concreto, con luchas sociales, relaciones de producción y rasgos superestructurales específicos. Como estrategia de trabajo plantea la generación de participación como una vía de obtener poder social y político y cambio social de las estructuras.

Desde este análisis, ambos programas pueden ser vistos como una teoría, además de una construcción técnica y operativa orientada por la estrategia universal de la Política Social.

Programas y Política Social en los ochenta

Las estrategias características de las políticas sociales de los años 80, siguiendo el análisis presentado por Schkolnik y Riquelme (1991), Raczynski (1991), Hardy (1997), y García (1991), son las llamadas Políticas de Asistencia, generadas entre 1973 y 1990.

Éstas surgen en el marco de un modelo de desarrollo enteramente distinto al anterior, que cimentado desde la teoría neoliberal, pone en el mercado el rol principal del desarrollo social y de conducción económica. Por lo tanto, la Política Social se supedita al funcionamiento de la economía. Se prioriza la manutención de los equilibrios macroeconómicos y la disciplina fiscal, con la consiguiente reducción del gasto social para cumplir objetivos anti-inflacionarios.

Durante este período opera una concepción del Estado que justifica la acción del sector público sólo en aquellos casos donde no interviene el sector privado. El sector público se debe limitar a un rol normativo y supervisor de la manutención de condiciones para que opere el “libre juego de las libertades individuales”. En este marco, la Política Social es concebida como acción focalizada exclusivamente en los más pobres, en aquellos que por sus propios medios no pueden satisfacer sus necesidades básicas. Así, el grupo objetivo de la Política Social fue básicamente la extrema pobreza y se aplicó una estrategia asistencial de corte monetario (subsidio de desempleo, pensiones asistenciales, etc.).

En los 80, la intervención comunitaria se caracterizó por la interrupción y discontinuidad de los desarrollos reseñados anteriormente y por la implementación de líneas de intervención de naturaleza distinta.

Según señala Morales (1993), los modelos de intervención comunitaria de la época (el llamado desarrollo local que aglutinan prácticas comunitarias, inicialmente llamada Psicología Poblacional). Se articulan desde la acción política, orientada a la reconstrucción del “tejido social” mediante la organización de la comunidad para satisfacer sus necesidades y al margen de la institucionalidad oficial. Todas estas prácticas ponían el acento en cambios en la subjetividad y la organización, y en lineamientos que pueden homologarse al planteamiento global de la Psicología Social Comunitaria que desarrollara Maritza Montero.

Desde el Estado de la época, la única acción comunitaria fue la Red de Centros de Adolescencia y Drogas, creada en 1982 a nivel municipal, y como parte de la Política Social de extrema pobreza del período. Su objetivo fue realizar acciones de prevención, tratamiento y rehabilitación de la drogadicción juvenil en sectores pobres y marginales de la región metropolitana.

Su estrategia de trabajo consistía en la incorporación de jóvenes marginales a acciones intra-murales en centros ubicados en sectores de extrema pobreza y con índices de conflicto social. Su carácter comunitario provenía de la ubicación geográfica de los centros, no de la estrategia y concepción básica de la intervención. Sus acciones eran básicamente de nivel grupal y curativas, como el fomento de las organizaciones laborales, la comunidad terapéutica y las actividades de recreación (Lailhacar, Torres, Chandía, Luarte, Chaparro, Montenegro, Varela; 1982).

Ahora bien, teniendo en cuenta lo ya planteado, se puede asumir -al igual que en los 60- que en ambas experiencias, aunque disímiles, la Psicología Comunitaria se hace parte de la estrategia de desarrollo. Específicamente, podemos suponer que las políticas sociales de la época configuran el tipo de destinatario, la estrategia utilizada, la noción de necesidad y los objetivos que asumen los programas de Psicología Comunitaria en ese período.

La Psicología Comunitaria de los 80 tuvo como destinatarios únicos a jóvenes de extrema pobreza habitantes de sectores con índices de conflicto social. Su estrategia fue básicamente de nivel grupal y marcadamente asistencial (1) y de rehabilitación, consistente en la incorporación a acciones intra-murales. Las necesidades que fueron abordadas estaban circunscritas específicamente al ámbito laboral, de salud mental (básicamente consumo de drogas) y recreativas.

Este tipo de destinatario y estrategia son posibles de vincular con la acción del Estado en Política Social. Ambas definen como destinatario a sujetos de extrema pobreza o indigencia, y entienden sus necesidades como carencias, y estas son referidas sólo al ámbito de las necesidades básicas imprescindibles para la subsistencia.

Las acciones sólo buscan satisfacer necesidades de subsistencia y de grupos específicos como los de extrema pobreza, ello únicamente en presencia de una disfunción específica. No se consideran necesidades de ámbitos distintos de este, tales como participación, desarrollo integral, etc., ni tampoco se consideran otros destinatarios, tales como mujeres, jóvenes no marginales, etc. La estrategia es asistencial-curativa y no considera aspectos ni preventivos, ni promocionales.

Si consideramos el carácter universalista de las políticas del período anterior y los objetivos de los programas de la Psiquiatría Intracomunitaria y Salud Mental Poblacional, comparándolos con esta Política Social focalizada y el programa Red de Centros Adolescencia y Drogas, se hace evidente la vinculación Política Social y estrategia de trabajo en Psicología Comunitaria.

Respecto de las acciones y programas implementadas en ese período desde fuera del Estado, siguiendo la revisión de Morales (1993) podemos considerar que fueron concebidas como una continuidad y re-contextualización de las orientaciones de las políticas sociales del período anterior, en el sentido de hacerse cargo de la función estatal, en un período en que gran parte de los actores sociales y políticos que habían cumplido roles en el Estado estaban excluidos de él.

Psicología Comunitaria y Política Social en los noventa

En el período post-dictatorial, aunque se producen importantes cambios en la orientación de las políticas sociales, se mantiene la concepción del Estado Subsidiario y el énfasis en la privatización y descentralización de los servicios sociales, la limitación del universalismo y la preocupación por el efecto macroeconómico de las políticas sociales.

La orientación de estas políticas difiere de las del período anterior, pero a la vez y de manera similar, quizás más acentuada, también se diferencia de las políticas universales del Estado de Bienestar. En este período, si bien se conserva el rol central dado al proceso económico generado desde el sector privado, se concibe un aporte relevante de las políticas sociales al crecimiento económico. El Estado debe hacerse cargo de las necesidades de aquellos que el proceso económico no incorpora. Pero, a diferencia de Estado Subsidiario de los 80, se enfatiza que la acción estatal no sólo debe asistirlos sino que, además, debe entregarles recursos para que enfrenten las tareas de inserción en el proceso económico (la llamada política de igualdad de oportunidades).


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Para citar este artículo:

  • Alfaro, J.  (2005, 18 de febrero). Psicología comunitaria y políticas sociales: Análisis de su desarrollo en Chile.Revista PsicologiaCientifica.com, 7(1). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/psicologia-comunitaria-politicas-sociales-chile


5 Comentarios para “Psicología Comunitaria y Políticas Sociales: Análisis de su desarrollo en Chile

  1. PAULA ZAVALA

    En realidad este artículo impulsa la investigación en psicología comunitaria así como impulsa la responsabilidad social y saber que existen muchos grupos vulnerables que necesitan de profesionales preparados para atender sus necesidades.

  2. Sandra Muñoz Camacho

    El artículo me permitió confirmar muchos aspectos que en la práctica uno los observa. A veces los gobiernos y asesores plantean políticas sociales sin ver el contexto cultural y la dinámica social. Soy parte de una Fundación que trabaja en el Trópico de Cochabamba, Bolivia. Estamos iniciando investigaciones en lo que se refiere a la recuperación de prácticas comunitarias sobre los derechos de los niños y las niñas, ya que las políticas públicas dirigidas a este sector vienen de modelos occidentales que no responden a los contextos rurales.

  3. JUAN SUBERO

    Considero que la información sobre Psicología Comunitaria y Políticas Sociales, son de gran valor para la formación de los jovenes emprendedores de soluciones socio comunitarias en Veneuela. Gracias.

  4. Yraima Aguilarte

    Me parece interesante el artículo sobre Psicología Comunitaria y las Politicas Sociales. Soy profesora universitaria de 5° año de Derecho e imparto la catedra de Prácticas Jurídicas, donde estamos en contacto directo con las comunidades populares. Considero que debe valorarse en el tema de Psicología Comunitaria el papel que desempeña el Estado en las políticas sociales, donde deben estar presentes estudios sobre las necesidades básicas de las comunidades, pero más que esto se debe tomar en cuenta la parte emocional del individuo y buscar las raíces de los problemas. Solo así podemos educar en forma integral al individuo.

  5. claudia montoya

    Es una herramienta que impulsa la investigación dentro de un contexto sociopolítico-cultural de las comunidades. Gracias por este aporte es muy valioso para el psicólogo social comunitario. Felicitaciones.

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