Peritaje forense en delitos de lesa humanidad
Psicología Jurídica - Forense


  • Fernando Díaz Colorado
    Pontificia Universidad Javeriana
    Bogotá D.C., Colombia

Resumen

  • El objetivo de este estudio teórico es presentar un análisis de la realización de lo peritajes psicológicos forenses en el campo de los delitos de lesa humanidad. Se señalan los diversos componentes del sufrimiento humano desde una perspectiva ética, que reconoce como fundamental el daño producido y la pérdida significativa de las condiciones de existencia y de la dignidad humana de las víctimas. Se hace una revisión del Protocolo de Estambul como instrumento base del análisis y de la Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Mapiripán, Colombia.

    Palabras clave: Víctimas, Crímenes de lesa humanidad, peritaje, dolor, sufrimiento.



Uno de los campos de aplicación de la Psicología Jurídica que requiere de un conjunto actualizado de conocimientos de la disciplina psicológica es, justamente, aquella que se ejerce en el campo aplicado del escenario legal. La intervención del psicólogo en la tarea pericial está determinada por el requerimiento que le hacen las autoridades judiciales. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el ejercicio del perito está ampliamente reglamentado por la ley, y es ésta la que determina la manera de realizarlo, así como las instancias ante las cuales se presenta. Pero como lo señalan muy bien Álvarez, Varela y Greif (1997) el psicólogo profesional, por lo general, no cuenta en lo fáctico con una adecuada formación en el campo forense y, en la mayoría de los casos, se le asimila desde un enfoque exclusivamente clínico, asunto que redunda en la utilización de un lenguaje discursivo por parte del perito que no es entendido por los funcionarios judiciales, creando una mayor confusión que la pretendida claridad que el peritaje pretende alcanzar.

De igual manera, es oportuno recordar que la tarea del perito apunta a una necesidad del proceso que se lleva a cabo y que consiste en buscar por todos los medios adecuados y necesarios la verdad de lo ocurrido, la verdad procesal o la verdad jurídica. El peritaje tiene una implicación de suma importancia, ya que ayuda, aclara y da luces sobre aquello que la investigación judicial pretende desentrañar. Esto no implica que necesariamente los psicólogos tengan que responder absolutamente a todas las preguntas que los magistrados plantean, ya que estas dependerán, fundamentalmente, de los conocimientos científicos de la psicología frente al hecho motivo del peritaje, de la capacidad e idoneidad del perito y de la factibilidad de su realización.

Uno de los campos del ejercicio forense que están cobrando real importancia en los actuales momentos es el relacionado con el campo victimológico. Las últimas reformas legales en la mayoría de países del mundo apuntan a un cambio de paradigma que se ha venido dando desde la década de los años cincuenta, que contempla de una manera más concreta el hecho legal de reparar a las víctimas. Desde la aparición del movimiento victimológico (Díaz, 2006) , las legislaciones nacionales han acogido en su gran mayoría el conjunto de recomendaciones de las Naciones Unidas y del Consejo de Europa, en torno a la implementación de políticas gubernamentales dirigidas a la satisfacción de las necesidades de las víctimas como resultado del acto delictivo. Este hecho es de indudable importancia para el campo forense, ya que la actividad pericial del psicólogo implica la realización de una tarea dirigida a develar el verdadero sufrimiento y el menoscabo padecido por las víctimas. En el caso particular de los delitos de lesa humanidad (1), el hecho cobra gran dimensión, puesto que la valoración del sufrimiento padecido implica no solamente el daño físico, sino también las dimensiones psicológica y social involucradas. Como lo señalara Benjamín (2003), son las víctimas las que saben la dimensión de su sufrimiento padecido y sólo ellas son las dueñas de esa comprensión. De esta manera, son las víctimas las que saben de qué forma es posible el acto de justicia como acto reparador frente al padecimiento experimentado.

En ocasiones, la cantidad de valoraciones que conducen al diagnóstico de un conjunto de signos y síntomas de carácter clínico olvida aspectos de gran importancia para la persona, que por no ser considerados como pertenecientes a categorías nosológicas existentes se dejan de lado en la valoración, ya que o no son considerados de importancia por el perito, o no son posibles de valorar dado que no existen test, cuestionarios o instrumentos válidos que permitan develar esta consecuencia dolorosa del hecho criminal acaecido. Si bien es cierto que la prueba pericial se fundamenta en el conocimiento científico existente en ese momento de la disciplina que aporta sus conocimientos al campo legal, también es cierto que el concepto de científico no hace relación exclusiva al modelo determinista, lineal, positivista, sino al conjunto de conocimientos que tienen en primera instancia una relevancia empírica demostrable en el mundo real, y en segunda instancia, que la producción de este conocimiento utiliza deliberadamente procedimientos claros, que no solamente muestren la manera como fueron obtenidos los resultados, sino que también sean lo suficientemente específicos para que otros investigadores puedan intentar repetirlos, revisarlos, analizarlos con los mismos o con otros métodos con el fin de confirmar los resultados. El conocimiento científico involucra reglas y procedimientos para demostrar la garantía empírica de sus hallazgos de manera tal, que pueda evidenciar la conexión entre las afirmaciones que se hacen y lo que está pasando en el mundo (Rodríguez, y Bonilla, 1997).

Esto indica que indudablemente la utilización de procedimientos científicos de carácter cualitativo y comprensivo es, sin duda alguna, de inmenso valor. En el campo legal esta perspectiva no es tomada en cuenta, pues las disciplinas criminalísticas se fundamentan en la perspectiva lineal, determinista. Ahora bien, en el campo de la psicología forense es muy común la utilización de cuestionarios, inventarios, test y pruebas específicas, generalmente provenientes del área clínica, debido a que instrumentos estrictamente forenses hay muy pocos. De esta manera, la utilización de procedimientos y estrategias diferentes al esquema tradicional no se han presentado. Sin embargo, en el campo específico de la valoración del sufrimiento de las víctimas, al parecer se hace necesario abordar otras formas de dar a conocer la dimensión de este padecimiento. Los instrumentos clínicos son muy útiles, pero debido a su propia y particular especificidad, en múltiples ocasiones, no permiten el develamiento de un conjunto de aspectos de mucha importancia, que necesariamente hay que explorar en toda la dimensión del sufrimiento padecido por las víctimas. Por ello, es de gran importancia considerar el espectro comprensivo y de significado que las víctimas manifiestan a través del lenguaje y de la metáfora como acto del habla.

El punto de partida consiste, entonces, en reconocer que la víctima no es solamente una categoría cognitiva y que, por lo tanto, su sufrimiento no se puede reducir estrictamente al lenguaje científico tal y como lo entiende el positivismo. Como lo señala Bárcena, de la víctima no se puede, en exclusividad, hablar de un concepto, hay que mostrar la condición de victimización. Es decir, llenar y abrir un espacio para que la víctima narre su historia, narrar y volver a narrar, y es mediante la escucha de la narración que nos apropiamos de la experiencia desde el otro victimado. Hablar de la víctima y sus límites es hablar del miedo que produce el terror, que te vuelve dócil, obediente y sumiso. Porque el miedo absoluto paraliza (Mendoza, 2004). Es por este motivo que el acceso a la palabra de las víctimas de delitos de lesa humanidad requiere de un sentido explícitamente creativo que involucra el análisis de estructuras lingüísticas como la metáfora y la pregunta, para el reconocimiento de los actos de habla interpelativos. Desde luego, es importante recordar que la voz de las víctimas no puede ser reemplazada por nadie, que hablar en nombre del “otro víctima” es robarle su palabra y su silencio.

La metáfora es, por lo tanto, un ámbito de comprensión lingüística desde donde se puede acceder de forma privilegiada a los niveles de la corporalidad victimada. La teoría de la metáfora desde la filosofía plantea que la verdad no solamente se cumple en el principio de relación entre juicio de hecho y concepto teórico, por el contrario, la tesis es que también pueden existir sistemas de relación con la verdad en otras formas de construcción del texto. ¿Cuáles son, entonces, los fundamentos de la metáfora que la hacen una herramienta útil en la comprensión de la dimensión del sufrimiento de las víctimas? Para Mendoza (2004, pág. 77) la metáfora se reconoce en que:

1) Es el proceso de transformación-tensión entre lo dado en la descripción y lo interpretado en el enunciado.

2) Es una figura del lenguaje que no se reduce exclusivamente a la descripción.

3) Posee un doble componente: el descriptivo, que ordena, clasifica y refiere a la facticidad, y el considerado como el de-constructivo, que se orienta a la formación de nuevos ámbitos de creación, como componente de predicación y de producción de sentido como la verdadera interpretación para dar cuenta de las nuevas significaciones posibles.

4) Contiene una pragmática que pone de relieve el efecto de creación de nuevas acciones comunicativas. La metáfora no destruye el significado original sino que lo reconstruye desde el “otro” que no es más que el lugar de enunciación de la situación límite que produce la victimización. Por lo tanto, una forma de acceder a los procesos de victimización es mediante la metáfora que producen los actos de habla interpelativos de las víctimas, ya que, con ella, se pueden confrontar las formas de entender el mundo. Aprendiendo a escuchar los “‘desde donde” se producen los actos de habla interpelativos de las víctimas y así se generan procesos de resignificación del mundo.

Como lo plantea Graciela Gardiner (2003) , una de las funciones del dictamen pericial es brindar asesoramiento a los magistrados sobre los aspectos puntuales de la especialidad, en este caso psicológica. Por lo tanto, independientemente de los aspectos propios de la elaboración del peritaje y las posibles dudas que este genere como resultado de su realización, el peritaje puede ser objetado o impugnado por alguna de las partes participantes en el proceso. Esto exige que la realización del peritaje requiera la aplicación de protocolos, cuestionarios, pruebas que puedan ser incluidos como elementos importantes para la posterior ratificación, objeción o nulidad requerida; o como argumento para señalar el derecho a la legítima defensa, ya que permiten mostrar la evidencia de lo afirmado, mediante la presentación de los instrumentos utilizados.

No debemos olvidar, sin embargo, que como lo dice Gardiner (2003, pág. 34) , las evaluaciones psicológicas-periciales son un juicio clínico que resulta de la interpretación de los resultados y del vínculo entrevistador-entrevistado, teniendo en cuenta las interrelaciones entre cada una de las técnicas utilizadas y los elementos cualitativos extraídos de las entrevistas. Es en este punto donde quiero hacer énfasis. Es decir, si bien es cierto que se hace necesario presentar protocolos, también es cierto que la dimensión de la valoración pasa por una relación entre el entrevistador y, en este caso, la víctima, que aporta un conjunto de apreciaciones, lecturas, significados, metáforas que le posibilitan dar cuenta de la dimensión del sufrimiento padecido (2) . De ahí que debamos intentar comprender al máximo esa dimensión expresada por medio del canal lingüístico, así como registrar mediante instrumentos cualitativos esa riqueza verbal que presenta el relato de la víctima. La perspectiva en este sentido implica que el evaluador construye una forma de presentar, registrar o mostrar lo hallado en la entrevista con las víctimas, en oposición a la tradicional forma de mostrar protocolos de categorías clínicas previamente construidas o pertenecientes al campo de la clínica generalmente (3).

Lo hasta ahora planteado no representa mayor novedad, pero si contemplamos la dimensión de lo que encarna la victimización en los delitos de lesa humanidad, nos encontramos con una perspectiva que debemos considerar cuando se aborda la realización de este tipo de peritajes. Me refiero al componente ético desde donde se produce el acto evaluativo psicológico forense de evidenciar de la manera más amplia la dimensión del sufrimiento padecido. La posibilidad de ampliar la perspectiva clínica indica, entonces, que se hace necesario fundamentar el ejercicio forense desde un principio ético que le de piso y fuerza al hecho pericial, que aporte de manera precisa a la consideración que la ley defiende y tutela a través de la legislación nacional e internacional (4) .

El principio ético que sustenta la realización de la pericia psicológica tiene que ver con la naturaleza de la victimización en este tipo de delitos. Los delitos de lesa humanidad afectan a las víctimas fundamentalmente en la esfera global de la vida y de la comprensión de la existencia (CEJIL, 2004) (5). La naturaleza de este sufrimiento afecta el sentido y significado que sostenían la existencia hasta ese momento trágico. La vida cambia totalmente, todo aquello que se había construido y soñado y que correspondía al horizonte de sentido de existencia mediante el cual la víctima se aferraba para vivir antes del hecho criminal, cambia radicalmente. La dimensión ética del peritaje psico-forense hace relación, entonces, a la necesidad de develar el grado de afectación sufrido desde ese horizonte de sentido que fue interrumpido dramáticamente.

El peritaje debe mostrar el daño producido en la esfera relacionada con el disfrute de la vida, con el significado de la vida y con el deterioro producido desde la perspectiva de un proyecto de vida sustentado en una existencia digna. Como lo asevera Dussel (Dussel, 1998) , lo importante no es preservar la vida por la vida, lo fundamental es defender el vivir, pero un vivir digno, con sentido y con esperanza. El vivir implica la consideración de que somos seres que vamos siendo. Somos seres que venimos del pasado y que vamos hacia el futuro. Es decir, somos seres que estamos siendo siempre, que estamos en continua construcción. El hombre se hace en la cotidianidad, en el diario vivir, en el día a día, y es en ese diario vivir que el hombre construye su sueño, su idea de vivir, y donde construye el sentido de su existencia como sujeto posible de realización. Esta es la dimensión que se hace indispensable valorar para mostrar el grado de sufrimiento padecido. Cuando las víctimas atribuyen su malestar a su mundo psíquico interno, el psicólogo debe redireccionar su atención al contexto social y al impacto sobre la vida (Castaño y cols., 1998). De esta manera, se podrá ver en concreto aquello tan subjetivo y para el cual no existe protocolo hasta el momento.

Uno de los instrumentos que la ONU ha establecido como herramienta para el abordaje de la evaluación por parte del personal de la salud a víctimas de tortura es el Protocolo de Estambul (ONU, 2001). En este documento, específicamente en el apartado relacionado con la evaluación psicológica, se afirma que las consecuencias psicológicas de la tortura hacen su aparición en el contexto del significado que personalmente se le dé, del desarrollo de la personalidad y de los factores sociales, políticos y culturales. Es imperativo recordar que el hombre construye su vivir desde sus condiciones materiales de existencia; su sentir parte del modo de vivir; su sentimiento se construye desde allí. Por ello, las condiciones resultantes de la victimización son su sentimiento y su dimensión del vivir ahora, y que ha sido cambiado de manera brutal y dramática.

Otro hecho que es necesario considerar en el análisis de esta perspectiva es el relacionado con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde se condena al gobierno de Colombia por la masacre perpetrada en la población de Mapiripán, departamento del Meta (6). En la sentencia, la Corte Interamericana estableció una serie de circunstancias agravantes, como el hecho de haber sido las víctimas privadas arbitrariamente de su libertad y sometidas a tortura y a tratos crueles, inhumanos y degradantes, antes de ser ejecutadas (Sentencia Mapiripán vs Colombia, 15 de septiembre de 2005, CIDH) (7) (párr. 135); el temor a que fueron sometidas, seguido del desplazamiento forzado de los sobrevivientes (párrs. 141-142, 160 y 175); la vulneración de su integridad personal y su vida familiar, inclusive por no haber podido los sobrevivientes honrar sus muertos, y el hecho de que la mayoría de las víctimas se encuentren todavía desaparecidos (párr. 143); la presencia de niños y niñas entre los desplazados así como los ejecutados (dos de ellos) y los testigos presenciales de la masacre (párrs. 150-151 y 154); el “grave deterioro” de la vulnerabilidad de las condiciones de vida de los desplazados (párr. 181), quienes, en su mayoría, no han regresado a sus hogares (párr. 160); el encubrimiento de los hechos y la persistencia en parte de la impunidad de los responsables de las violaciones perpetradas (párr. 234).

Al respecto es importante recordar que el peritaje llevado a cabo por las peritos escogidas por la Corte, Ana Deustch, psicóloga, y Robin Kirk, especialista en Derechos Humanos, tuvieron por parte del Estado colombiano la presentación de la objeción a la declaración jurada de la perito Robin Kirk, debido a que en su opinión los representantes presentaron extemporáneamente “la versión original y su traducción al español”. A su vez, Colombia también objetó la declaración jurada de la perito Ana Deutsch, debido a que en su consideración los hechos en que basó su dictamen no fueron los insumos adecuados para la realización de un dictamen de naturaleza psiquiátrica, psicológica y psicosocial como el que se le encomendó (8) . Por otra parte, se argumentó que no se realizó en estricto cumplimiento de la objetividad e imparcialidad que su naturaleza requería; el nivel de profundidad de la evaluación personal y familiar no tocó la estructura psicológica misma de las personas, ni hizo un análisis exhaustivo de la historia de las dinámicas familiares de las personas evaluadas, y se apreciaron vacíos significativos a nivel de la técnica y de los instrumentos utilizados para la evaluación.


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Para citar este artículo:

  • Díaz, F. (2007, 19 de febrero). Peritaje forense en delitos de lesa humanidad. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(7). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/peritaje-forense-delitos


7 Comentarios para “Peritaje forense en delitos de lesa humanidad

  1. PSIQUE

    La lectura del artículo es amena, por cuanto el lenguaje utilizado marca sencillez. En lo que respecta a su contenido, el autor denota ciertos aspectos puntuales en cuanto a la forma como debiera realizarse una valoración científico – forense para los delitos de lesa humanidad. Sin embargo, sería estupendo que se describiera a fondo, mediante ejemplos de las herramientas con las cuales se puede demostrar objetivamente una realidad tan subjetiva del sentimiento humano.

  2. CAROLINA RESTREPO NIETO

    El peritaje forense, no sólo en delitos de lesa humanidad, sino en cualquier clase de delito es algo muy difícil de realizar, ya que de esto depende muchas veces el verdadero esclarecimiento de los hechos ocurridos; además, el perito psicólogo carece de fundamentos judiciales para realizar un informe claro. En la sociedad actual, donde se ve un nivel tan alto de violencia y por ende de problemas legales, es preciso que se entrenen los Psicólogos con el fin de que estos comprendan en que forma se debe realizar un peritaje claro y conciso para presentarlo ante el juez y así brindar la información que este desea obtener sin crear confusión. Del amplio conocimiento y experiencia del perito dependerá la claridad de las respuestas y el esclarecimiento de la verdad de los hechos ocurridos; no obstante, hay temas que el perito psicólogo no puede responder debido a que la Ciencia Psicológica no ha desarrollado los métodos para intervenir en estos. Los delitos de lesa humanidad se han convertido en un fenómeno muy complejo para las personas que lo han vivenciado ya que se encuentra afectado no solo el aspecto físico, sino también el psicológico y social. Es en esta medida donde únicamente las víctimas saben cuan inmenso es el sufrimiento sentido con respecto a la pérdida o daño sufrido en cualquiera de los anteriores aspectos. En el medio legal hay situaciones y hechos en los cuales la psicología así sea una ciencia científica no puede explicar debido a que no posee herramientas de medición y esto hace que no se pueda determinar exactamente lo que le ha sucedido al individuo. Es por esto que en ocasiones el perito Psicólogo no puede emitir juicios directamente sino realizar una aproximación de los hechos; manifestar un “Posiblemente” sin incurrir en el error de afirmar exactamente lo que ha sucedido. Un inconveniente de la Psicología es que esta en muchos aspectos maneja un modelo cualitativo comprensivo el cual discrepa de las disciplinas criminalísticas que obedecen a un modelo lineal determinista. Es en este sentido donde me encuentro de acuerdo con lo planteado en el análisis debido a que soy conocedora de la necesidad de crear instrumentos psicológicos exclusivos para el campo legal ya que los métodos clínicos miden psicopatologías y características personales específicas y por lo tando es muy difícil adecuar un test clínico a la medición del dolor y el sufrimiento de una víctima. Pienso que la forma mas adecuada de medir el dolor de una víctima es mediante el relato de su sufrimiento ya que es en el lenguaje verbal y no verbal donde verdaderamente se puede medir el nivel de su tristeza pues creo que no hay test que pueda cuantificar el sufrimiento humano. Pero el relato no es suficiente pues la Psicología como ciencia posee instrumentos avalados científicamente para la medición de comportamientos y pensamientos que comprenden un trastorno afectivo y mental, es por esto que para darle un alto nivel de credibilidad a un peritaje, el psicólogo debe apoyarse en las herramientas y pruebas que han sido científicamente avaladas y que comprueban que el perito ha emitido un juicio acertado sobre el informe que ha expuesto. Desde mi punto de vista psicológico es necesario que se realice un proceso de reparación emocional a las víctimas ya que las personas que han sido tocadas por delitos de lesa humanidad se ven notoriamente afectadas por el hecho criminal. Esto se evidencia en que antes de vivir la tragedia poseían sueños e ilusiones para afrontar la vida y después de que pasa la calamidad toda su perspectiva y su proyecto de vida cambia radical y dramáticamente. Lo que el peritaje Psicológico debe mostrar es precisamente esto, el daño producido en el proyecto de vida del individuo. En conclusión, pienso que lo expuesto en el análisis va acorde con mi pensamiento como psicóloga y tiene un contenido muy enriquecedor ya que aclara muchos aspectos que no había analizado y que son indispensables en el peritaje forense. Le expreso mis más sinceras felicitaciones por el análisis hecho y por exponer nuevos conocimientos en el campo de la psicología forense.

    • fernando díaz colorado

      Apreciada carolina:
      Cordial saludo. Muy esclarecedor su aporte. Gracias mil

  3. Orlando Solano Mattos

    El peritaje forense en delitos de lesa humanidad, y más concretamente el peritaje psicológico en este tipo de delitos, es un ejercicio de difícil realización, culminación e interpretación con resultados no muy gratificantes y un alto grado de frustración tanto en el profesional encargado del peritaje como de la víctima. La víctima no siempre encuentra comprensión y el perito no siempre logra llegar al lado humano de la víctima. Además, es importante dejar clara la responsabilidad del victimizador , quien impuso un detener psicológico del tiempo en la víctima, quien se quedó en aquel momento, poco perceptible por el consiente e incluso amnésico en la realidad, pero muy vivido por el subconsciente que quiere estallar y mostrar afanosamente que se quedó sufriendo lo vivido. El deber del psicólogo es sacar a la victima de ese momento vivido para que pueda seguir con una realidad conciente e inconciente y la posibilidad de tener un pasado un presente y un futuro con dignidad individual y plural alrededor de quienes le rodean e igualmente sufren. Se debe insistir en que la sociedad no olvide los hechos inhumanos, irracionales, inmorales y destructivos que nos consumen la poca sanidad y dignidad. Que debemos acrecentar el vivir de nuestra vida y de la vida de los demás.

  4. IVETTE RUIZ

    Muy alto su nivel conceptual y muy aclarador para mí, como lectora de su trabajo. Es muy difícil realizar peritaje forense de tipo psicológico, más aun en casos de delitos de lesa humanidad. Sin embargo, su artículo impulsa ese trabajo y le imprime un valor, un significado adicional de compromiso con la patria. Su tratamiento es muy rico y profesional y eso me gusta mucho.

  5. CLARIBEL

    Sin duda alguna, todo lo aseverado concuerda con la triste realidad en la que vivimos, al leer este artículo me doy cuenta y me sirvió mucho para poder hacer y tener pautas para actuar en casos derivados con las enfermedades de los delincuentes, porque a diario se vive con todas estas valoraciones que se dice en este artículo, lo cual es difícil de evitarlo.

    • fernando díaz colorado

      Gracias Claribel por sus palabras

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