El ofensor sexual religioso: Factores psicosociales y etiológicos de su conducta ofensiva
Sexualidad


  • José Osvaldo Reyes
    Colegio de Trabajadores Sociales de Puerto Rico
    San Juan, Puerto Rico  

Resumen

  • En este artículo se revisa la literatura sobre el tema del ofensor sexual religioso. Se enmarca el fenómeno dentro del problema del abuso sexual en general y se describen los factores etiológicos de conductas ofensivas a nivel sexual; además, se establecen comparaciones entre los ofensores sexuales religiosos y los no religiosos. Conjuntamente, se discute la aplicabilidad de lecciones y consecuencias derivadas de los escándalos de abuso sexual entre religiosos, particularmente dentro de la Iglesia Católica.

    Además, se analizarán algunas de las consecuencias positivas y negativas que suscitó el escándalo de abuso sexual dentro de la Iglesia Católica, las cuales merecen una especial consideración por los profesionales de la conducta que intervienen con víctimas y/o ofensores sexuales.



En el mes de mayo de 2007, un sacerdote puertorriqueño fue sentenciado a tres años de libertad supervisada, luego de que hiciera alegación de culpabilidad ante una acusación penal de abuso sexual. Según nuestros datos, éste caso constituye la evidencia más reciente contra un religioso por este tipo de delitos dentro de los Estados Unidos y sus territorios. A finales de la pasada década, cuando ya emergía el escándalo de abuso sexual dentro de la Iglesia Católica, muchos profesionales de la conducta entendimos que el momento histórico representaría un antes y un después sobre la forma en que las instituciones religiosas, profesionales y defensoras de las víctimas, enfrentarían el problema. Este escándalo representó un cambio cualitativo sobre quienes pueden o no encarnar la figura de un ofensor sexual, y en las iglesias sirvió particularmente para convencer a muchos de sus líderes de que la otrora política institucional de esconder la basura bajo la alfombra fue un grandísimo error (Finkelhord, 2003).

Desde comienzos de la década de 1980, las acusaciones y demandas contra sacerdotes católicos por abuso sexual en Estados Unidos han sido una constante. En el periodo de 1980 a 1995, unos 2000 casos de este tipo fueron atendidos en cortes norteamericanas (Isely, 1997). A pesar de esta alta incidencia, prevaleció mucho silencio sobre el asunto debido a que muchos de estos casos se dilucidaron fuera del foro judicial mediante acuerdos de compensación económica y silencio entre las partes.

Posiblemente, el caso más resonado durante estos años ha sido el del sacerdote católico John Geoghan de la Arquidiócesis de Boston. Se estima que éste fue responsable de abusar sexualmente de más de 130 niños y adolescentes, dato que lo hace particularmente distintivo en su clase. La conducta ofensiva de este religioso se inició cerca de 1962 durante su primer año como sacerdote y se extendió hasta finales de la década del noventa cuando la presión pública forzó una respuesta de parte de las autoridades eclesiásticas. Durante su juicio por abuso sexual contra un adolescente, se reveló que varios compañeros sacerdotes y miembros de la comunidad habían alertado a las autoridades eclesiásticas sobre el comportamiento desviado del clérigo sin que se tomaran medidas atenuantes al problema. Geoghan fue sentenciado a cumplir diez años de cárcel y murió apuñalado por otro reo el 22 de agosto de 2003 (Stinson, Sales & Becker, 2008).

Factores psicosociales y etiológicos de la conducta ofensiva

A pesar de la mucha o poca conciencia social que se ha generado sobre algunos problemas sociales, todavía los casos de abuso sexual por parte de figuras religiosas suelen suscitar ideas y sentimientos encontrados. Resulta desconcertante como personas con una sólida formación religiosa, moral y eclesiástica, pueden convertirse en ofensores sexuales. Sin embargo, estudios sobre la relación entre religión y conducta sexual ofensiva señalan que el fervor y la devoción religiosa no sirven necesariamente como disuasivos para aquellos que cometen este tipo de delitos. Una investigación sobre estas variables encontró que los ofensores sexuales con un historial mayor de asistencia y participación en actividades religiosas dentro de instituciones penales y hospitalarias, eran los que más víctimas y convicciones por abuso sexual tenían dentro de sus historiales criminales (Eshuys Y Smallbone, 2006).

Antes de revisar la conducta sexual ofensiva entre sacerdotes y religiosos, es importante reseñar lo que ha establecido la investigación psicológica sobre el ofensor sexual en general. Ello servirá para una mejor comprensión de dicha conducta y para establecer potenciales diferencias entre ambas poblaciones.

Langevin y Watson (1996), luego de realizar una revisión de literatura por más de diez años, encontraron que los ofensores sexuales en general suelen exhibir una serie de características específicas y problemas psicosociales que de alguna forma singularizan a esta población. Entre estas características y problemas se encuentran la presencia de desordenes de desviación sexual, trastornos de personalidad antisocial, desordenes sicóticos, deficiencias neurológicas u hormonales y/o historiales de violencia, maltrato, drogas o alcoholismo. Acentúan estos autores que sobre el 80% de los casos de abuso sexual son motivados por la presencia de algún desorden sexual, pero que los demás factores mencionados juegan un rol etiológico significativo en la comisión de estos crímenes.

Quinsey y Lalumière (2001) sintetizaron gran parte de la investigación sobre el tema de los ofensores sexuales con el propósito de desarrollar una guía de evaluación e intervención con esta población. Estos autores identificaron el padecimiento de pedofilia, la manifestación de conducta antisocial y la incapacidad de destrezas interpersonales, como los tres factores etiológicos que disparan la comisión de abuso sexual. Más recientemente, Hanson y Morton-Bourgon (2005) realizaron una investigación mediante la técnica del meta-análisis en donde revisaron 82 estudios que establecían las características de aquellos ofensores sexuales que exhibían mayores problemas de reincidencia. Los hallazgos de estos autores fueron bastante parecidos a los de Quinsey y Lalumière, ya que describieron a la presencia de desviaciones sexuales o parafilias y el diagnóstico de personalidad antisocial como los factores etiológicos de reincidencia más predominantes entre los ofensores sexuales.

Por su parte, Seto (2008), en una reciente y rigurosa publicación, describe las teorías psicosociales más reconocidas para explicar el origen de las conductas sexuales ofensivas. Entre éstas, el autor menciona la teoría multifactorial de Finkelhord, el modelo de vulnerabilidad de Marshall y Barbaree y la teoría de apego evasivo de Marshall y Marshall. De manera más específica, menciona factores etiológicos concretos como padecimiento de pedofilia, limitaciones en la competencia e interacción social, actitudes e ideas distorsionadas sobre la capacidad sexual de los menores, desregulación emocional (como pueden ser la ansiedad o los trastornos de ánimo), pobre apego con figuras cuidadoras primarias, abuso sexual durante la infancia y exposición temprana a ambientes cargados de sexo.

Establecidos los factores psicosociales y etiológicos de la conducta sexual ofensiva entre los ofensores sexuales, en general, es pertinente plantearnos la pregunta: ¿El ofensor sexual religioso presenta estas mismas características psicosociales y estos mismos factores etiológicos para la comisión de sus ofensas? Como veremos más adelante, esta pregunta ha divagado con anterioridad por la mente de varios investigadores que se han dado a la tarea de contestarla. A pesar que los estudios psicológicos sobre agresión sexual entre sacerdotes o religiosos son muy pocos y que la mayoría se basan en muestras clínicas, los hallazgos de los mismos sirven, sin lugar a dudas, para contestarnos la pregunta que previamente nos hiciéramos.

A mediados de la década de 1990, el sacerdote católico y psicoterapeuta Stephen Rossetti, había comenzado a develar algunos detalles descriptivos sobre los sacerdotes que atendía en su instituto especializado en tratamiento para religiosos referidos por ofensas sexuales. Entre sus datos, divulgados predominantemente en entrevistas, reveló que la mayoría de sus clientes mostraba sintomatología asociada a la pedofilia (atracción sexual hacia niños/as) y/o de hebofilia (atracción sexual hacia los adolescentes) (Isely, 1997). Sin embargo, pese a múltiples pedidos de clínicos e investigadores, ningún centro de tratamiento para sacerdotes ofensores sexuales, (incluyendo el de Rossetti), ha publicado datos empíricos sobre la etiología de la conducta ofensiva de sus clientes o sobre la efectividad de sus tratamientos. La investigación científica al respecto, como la que citaremos adelante, ha sido publicada por investigadores y expertos que no sostienen ningún vínculo con instituciones religiosas.

Haywood, Kravitz, Grossman y et al. (1996) compararon 30 sacerdotes católicos convictos por abuso sexual con otros 39 ofensores sexuales no religiosos. Estos investigadores encontraron que el 77% de los clérigos contaba con niños varones como sus víctimas principales y que el 63% manifestaba atracción hacia los adolescentes (hebofilia). Los datos sostuvieron la hipótesis principal del estudio en el sentido de que los religiosos reunían más criterios para el padecimiento de pedofilia que los ofensores sexuales no religiosos. También encontraron que entre los sacerdotes, la media del número de víctimas no superaba las dos en comparación con los ofensores no religiosos que tenían una media mucho mayor de hasta 15 víctimas.

En otro estudio, Haywood, Kravitz, Wasyliw et al. (1996) compararon 157 ofensores sexuales religiosos (sacerdotes católicos y de otras denominaciones), con igual cantidad de ofensores no religiosos y concluyeron que sólo cinco (3%), de los religiosos reportó haber sido víctima de abuso sexual durante su niñez y que, según su interpretación, dicha experiencia fue un factor precipitante de su conducta ofensiva. Por su parte, Plante, Manuel y Bryant (1996) evaluaron 80 sacerdotes católicos ofensores sexuales hospitalizados en una institución psiquiátrica y encontraron que el 100% de su muestra presentaba criterios para desordenes sexuales de tipo no especificado y 37 sacerdotes (46%) presentaban criterios para trastornos de personalidad. Además, identificaron como factores etiológicos en su muestra aspectos psicosociales como soledad, sentimientos de rechazo, falta de autonomía y significativos niveles de hostilidad interpersonal.


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Para citar este artículo:

  • Reyes, J. O. (2009, 15 de enero). El ofensor sexual religioso: Factores psicosociales y etiológicos de su conducta ofensiva. Revista PsicologiaCientifica.com, 11(1). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/ofensor-sexual-religioso-factores-psicosociales-y-etiologicos


6 Comentarios para “El ofensor sexual religioso: Factores psicosociales y etiológicos de su conducta ofensiva

  1. manuel

    Es interesante aporta datos clínicos en una temática muy reprimida socialmente que muchas veces representa “una moralidad” que no tiene y que es temida en hablar y hasta en investigar, sería importante empezar que son ellos un grupo de personas y seres humanos tan igual de padecer conflictos y patologías materia de investigación y conocimiento

  2. David Sergio Gallardo

    El artículo me hace pensar que en realidad para este trauma existen causas como las desviaciones sexuales y personalidades introvertidas asociadas a un entorno de soledad y de falta de los cariños materno y paterno, en ese orden. Pero existe otro tipo de desviación sexual que no hace daño a los demás seres humanos que conviven con el sujeto llamado pedófilo, y es el que abusa sexualmente de sí mismo y por decirlo de una manera amable, se autocomplace (y de este tipo existen miles, investíguenle por ahí, se pueden encontrar con caminos no explorados por la ciencia de la psiquiatría.

  3. Ana María Romero

    Leo con interés este artículo, dado que aborda un tema que aún es tabú. Ciertamente siempre es más fácil negar lo que no nos gusta que enfrentarlo. Soy psicóloga y la zona donde vivo es una de las más afectadas por esta problemática, la zona de los Altos de Jalisco, así que me toca tratar con problemáticas de este tipo con mucha frecuencia, y lo grave del asunto es que el problema no se limita al agresor, creo que los prejuicios religiosos y morales de la familia de la víctima han contribuido grandemente a que este problema se mantenga. Bien al autor por abordar con seriedad el asunto.

  4. MARIA SOLTERO

    La verdad me encanta que la sociedad empiece a abrirse tanto ante estos temas y me encantaría saber mas de las aplicaciones psicológicas a la sexualidad. ¡ mis saludos y felicitaciones por el artículo!

  5. ROSA MARIA

    Me pareció muy interesante este trabajo sería excelente sugerir técnicas para su aplicación. Felicidades.

  6. germancho's

    Excelente trabajo!!!! Deja ver muy bien el perfil psicológico de quien es abusador y ante todo que estas personas de alguna manera no han madurado en la vida, no son capaces de sostener una relación con un adulto normal. Lo psicopatológico es algo no fácil de notar pero todos los días se da, hay que prevenir y educar para no haya abusos, hay que educar a la gente en general de cómo evitar estas situaciones.

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