Silencio de género: cuando la víctima es un niño varón
Psicología Jurídica - Forense


  • María Celia Lassus
    Psicóloga
    Perito del Registro de la Suprema Corte de Justicia de Uruguay
    Montevideo, Uruguay

Resumen

  • Afortunadamente el género femenino ha logrado que la humanidad vaya tomando conciencia de todas las formas de violencia que le aquejan desde siempre. En particular las que ponen en riesgo su vida biológica y, gradualmente, todas las otras formas asociadas.

    Por mucho tiempo, el género masculino ha sido visto como el responsable absoluto de tal desequilibrio, lo que ha enlentecido el poner en evidencia la violencia invisible -y aun la específicamente desestimada- que pesa en este platillo de la balanza, con tanta antigüedad como las que pesan en el otro.

    Este trabajo intenta mostrar y hacer pensar, sobre las diferencias de reacción socio-culturales cuando la víctima de violencia sexual es un niño varón. Cómo el abordaje y el pronóstico difieren absolutamente de los que se asumen para una niña en la misma situación. De lo imprescindible de informar y educar a la comunidad universal, que ha sido capaz -no sin esfuerzo- de hablar de VIH, lesbianismo, homosexualidad, pero aún no es posible hablar claramente de las agresiones sexuales cometidas contra menores y menos si son varones.

    Las repercusiones en la existencia de cada individuo que ha vivido la experiencia, sólo se evocan cuando trasciende que un hombre adulto ha cometido ese delito. La información adecuada permite prevenir, proteger y asegurar una calidad de vida más armónica; así como una inserción social y vincular más sana.

    También -sin dudarlo- se estaría dando un paso importante en la lucha contra la violencia intrafamiliar y su proyección social.



Desde el comienzo de los tiempos es mal visto si el varón, a cualquier edad, demuestra su padecimiento o su queja, puesto que el modelo histórico-cultural homologa víctima con mujer o niño (a). Es más: hoy en día hay numerosos programas de lucha por los derechos de la mujer que se enfocan hacia ésta, como es lógico, y en forma preventiva, también hacia la niña, lo que es correcto. Pero ¿y el niño? ¿no debería estar en algún proyecto de educación para exonerarlo de determinadas normas que rigen la masculinidad desde siempre? Es cierto que tales programas existen en algunos lugares, pero llamativamente, por separado de enfoques como el citado anteriormente.

Durante la infancia

Desde la lactancia, niños y niñas aprenden a ser, lo que implica:

– Aprender a vivir juntos
– Aprender a conocer
– Aprender a hacer

1. Para empezar, el niño es (desarrollo físico-motor)

2. Luego el niño piensa y conoce (desarrollo cognoscitivo)

3. Luego el niño siente (desarrollo afectivo-motivacional)

4. Luego el niño se recrea y actúa (desarrollo ético-estético)

Ante las agresiones de cualquier índole, tanto varones como niñas se caracterizan por desarrollar numerosos síntomas. Pero los varones son especialmente presionados para reprimir tales manifestaciones por todo su entorno: familiar, amistoso, educacional.

Se les inculca que debe demostrar su hombría, que no es afeminado, para lo cual tiene que agredir, defenderse, no buscar ayuda, mostrar que es más fuerte que su oponente, etc.

Si es agredido sexualmente, el varón aprenderá que el secreto impuesto por su agresor (a), que logró romper al contárselo a sus padres, ahora lo tiene con estos, y si lo rompe podría ser visto como niña, no se casaría, le harían bromas muy gruesas. Y sus maestros -y esto lamentablemente con frecuencia es cierto- cuidarán a los otros niños (as) de él, por temor a que los ataque, y hasta pedirán que lo cambien de escuela. El niño víctima es ‘culpable’ de su situación.

En la adolescencia

Se puede decir que la capacitación para varones sigue en términos cada vez más duros, sin necesidad de que haya existido abuso alguno. Pero, si lo hubo en su infancia y reaparece ahora o empieza recién en esta etapa, por mejor que sea la evolución del joven dentro de lo esperable, el rechazo del cuerpo y de la sexualidad emerge con fuerza de ley. Esto sumado a que, desde la infancia, la persona “niega” su cuerpo abusado; por tanto, no lo conoce ni vive en armonía con él. Así que el acceso a la genitalidad adulta y su evolución posterior oscila comparativamente entre manejar un auto con los ojos cerrados o abriendo un ojo en forma intermitente.

Es dable observar la articulación de lo social, cultural y familiar más el factor violencia.

En qué términos se traduce la proyección de la génesis de los vínculos en la conducta adolescente, cuando se desfasa en forma violenta bajo sus dos grandes formas:

1. Pública. Visible, sobre la sociedad: pandillas, delitos, desmanes.

2. Privada. Invisible, sobre la familia, sobre sí mismo.

Con características comunes y propias de cada uno:

– El adolescente: hacia fuera, hacia la sociedad

– La adolescente: hacia adentro, hacia el cuerpo y los vínculos

Aun con este predominio destacado, también se observan aspectos a la inversa en los dos sexos. Es así que los varones adolescentes también padecen bulimia, por ejemplo, además de:

– Agresión, crueldad, delincuencia e hiperactividad.

– No mostrar sus sentimientos.

– Porte de armas.

En la adultez

Al llegar a la adultez, aún sin antecedentes de abuso sexual, ya se han constituido sólidamente lo que se conoce como las cárceles del hombre, y el cómo someterlas, ignorarlas, no manifestarlas ni tenerlas en cuenta: Intelectualización, Restricción y Culpa, las tres relacionadas con el cuerpo y las emociones. En función de todos los prototipos inculcados por la sociedad, la cultura, la familia, tienen muy claro que:

– Deben estar siempre en control: de sus emociones, de otras personas y de su entorno.

– Definirse a sí mismos como hombres por el grado al que puedan alcanzar con éxito este control.

– Víctima es equivalente a femenino.

– No creen que serán una víctima, especialmente en el terreno sexual.

Esto genera resultados que: inciden en la economía, la sanidad, la efectividad laboral, la convivencia, la integración, etc. Es decir, se proyectan en la sociedad pero pasan generalmente inadvertidos porque sus orígenes son reprimidos y desconocidos. El rol de género que desde siempre le impone la cultura, le exige un estatus para cumplir con el cual deberá fumar, beber, mentener una determinada apariencia (ropa, deporte), mantener determinado nivel para su familia, etc. Se podrá decir que sólo es un sector de la población, pero no es así: el hombre de menos recursos cambiará el whisky por cerveza, el tenis por la cancha barrial, las jornadas ejecutivas por la mesa del bar y las barajas. Irá a pescar para llevar comida a su familia, etc.

El estrés, la tensión, el desgaste de la exigencia cotidiana se traducen en:

1. Irritabilidad y trastornos del sueño.

2. Trastornos psicosomáticos a nivel: cardiovascular-respiratorio (asma), gástrico (úlcera), dermatológico (piel).

3. Los mayores índices de suicidio mundial se vinculan a hombres de edad media.

4. No consultan al médico porque esto menoscaba su auto-imagen de fortaleza.

5. No tienen con quien hablar de sus miedos, soledad, fantasías de muerte.

Efectos del abuso sexual en cualquier persona (por lo tanto también en niños varones, adolescentes varones y hombres). Se expondrá uno solo.

Consecuencias en el curso del Pensamiento

Desvía el Proceso Cognitivo

1. Si el abuso ocurre antes de los 6 años:

a. No accede al pensamiento operatorio.

b. Se bloquea la causalidad.

c. No desarrolla la lógica en los vínculos.

d. Su pensamiento es figurativo, sin causalidad, una sucesión aleatoria.

¿Por qué?

– Antes de los 6 años la lógica nace de la acción.

– La inmovilidad, silencio, secreto, aislamiento del abuso, no la permite y bloquea todos los procesos que se basan en ella.

2. Si ocurre después de los 7 años:

a. El pensamiento operatorio se desvía al figurativo.

b. Pierde o empobrece las nociones de temporalidad y causalidad: todo se vuelve fijo -aquí y ahora-, sin un devenir.

c. No vincula actos con protagonistas (por efecto del secreto del abuso).

3. Si ocurre al adolescente. Ya posee:

a. Causalidad

b. Pensamiento operatorio

c. Juicios

d. Nociones de valores

e. Noción de lo justo y lo injusto

Pero en la adolescencia:

– Todo es dual

– Propenso a la inmediatez (acting-out)

4. Al llegar a adulto padece:

a. Trastornos mnémicos: amnesia, olvido, bloqueo.

b. Distorsiones cognitivas

c. Percepciones erróneas del entorno

Es necesario tener en cuenta que si se piensa distorsionado, si se percibe mal la realidad, todo se enmaraña y confunde. “Si el niño no recibe asistencia oportuna, esa distorsión se instala y sigue su curso como estructura del pensamiento”. Y sólo se está hablando de una función. Entonces, hay que tener muy presente que durante el curso del Abuso Sexual, se observa un proceso de Fusión entre:

Cuerpo + Mente + Historia Personal del Adulto(a) Agresor(a)
Y
Cuerpo + Mente + Historia que se va forjando del niño(a)

Consecuencias de dicha Fusión

– El niño (a) desarrolla una estrategia vincular, (no consciente, que no se desarrollará aquí porque no es el tema específico).

– La proyecta en cada vínculo toda su vida.

Llamativamente, la literatura que muestra las vinculaciones entre hombre agresor y víctima mujer o niña, admite gradualmente el rubro niño varón; pero la adolescencia, dentro del mismo trabajo, viene en su rescate, transformándolo en lo más próximo a un posible hombre agresor y alejándolo injustamente de las secuelas que, sin duda, le han quedado y, por ende, de toda medida de rehabilitación, recuperación, etc., que debieran corresponderle. Con suerte podrá haber algún apartado de escasos renglones, mencionando esto.

En la práctica clinica, los terapeutas de adultos (as) que han sido abusados en su infancia y/o adolescencia y no han tenido la oportunidad de romper ese secreto hasta avanzada la adultez, aprenden oyéndolos ¡cuánto les cuesta superar esa experiencia! Para empezar, cuanto les cuesta contarla. Los hombres abusados en la niñez:

– Se sienten abrumados por los devastadores efectos del abuso.

– Se ven a sí mismos como víctimas indefensas pero no pueden transmitirlo.

– Luchan por sobrevivir cada día.


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Para citar este artículo:

  • Lassus, M. C. (2008, 18 de abirl). Silencio de género: cuando la víctima es un niño varón. Revista PsicologiaCientifica.com, 10(19). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/nino-varon-victima-silencio-de-genero


6 Comentarios para “Silencio de género: cuando la víctima es un niño varón

  1. María Lucía

    Nuevamente pone el dedo en la llaga a un tema tan delicado y de tanto valor como son los delitos sexuales, y lo meritorio es que lo hace con respeto, sin herir susceptibilidades pero dejando la huella de la reflexión en la conciencia de quien lee. Otra vez la felicito y la animo a seguir presentando escritos suyos sobre este tipo de temas que necesitan salir del baul donde los tenemos por la falsa o doble moral, y por miedos, tabúes y prejuicios ridículos.

  2. Anóninmo

    Yo fui víctima de abuso sexual en mi infancia y cuando pasaron las cosas, al principio me dio miedo delatar a mi agresor, no porque se burlaran de mi o por hombría (apenas tenía yo 8 años de edad), sino por temor al castigo de mis padres. El abuso continuó y ya en la entrada de mi pre adolescencia, en medio de los cambios fisiológicos normales, sobrevino en mí una gran depresión: quería gritar a los cuatro vientos lo que me había pasado, desahogarme y compartir mi tragedia, pero ya no valía la pena, entonces sí se burlarían de mi y pensarían que si me había callado era porque me gustaba (como me decía mi agresor), aunque las cosas fueran bien distintas. Mi orientación sexual entró en shock. Mi experiencia sexual había sido sólo con mi agresor, un hombre, como yo, ¿podría estar entonces con mujeres? Hasta el momento no he tenido esa experiencia. Mi comentario surge porque son muchos los miedos que llegan luego de un abuso sexual homosexual donde la víctima es del género masculino. Sí, pesan los miedos. Los desaires, le pánico al rechazo o a la burla y la identidad que el choque emocional genera. Gracias a la autora por su texto, por entender un poco lo que se siente estar del lado de la víctima.

  3. María Celia Lassus

    Siempre vale la pena romper el secreto; no importa cuánto tiempo haya pasado. El secreto alimenta y mantiene los miedos, las dudas y el dolor, así como la sensación de ser víctima sin remedio, lo que fortalece la depresión. Todo eso es porque ese secreto es el delegado, el representante, en su interior del adulto que lo afligió. Usted ha roto su silencio, también ha hecho una pregunta a la que contesto: sí, si eso es lo que quiere hacer, eso es lo que hará. Sé que tiene más preguntas y más dudas y más miedos y que aún muchas veces necesita gritar…Si lo desea-y sólo si lo desea-puede pedir mi correo en contactar al autor; en el mensaje a poner, sólo debe escribir lo que quiere. No tiene que explicar nada personal. Entiendo bastante más que un poco y estoy a sus órdenes. Gracias por su lectura. Lassus.

  4. Martha Murillo

    Es un tema muy interesante y vivimos con el diariamente, se maneja como un tabú en la sociedad actual, los niños varones la gran mayoría de las veces son víctimas silenciosas del maltrato en todas sus formas por el hecho de pertenecer al mal llamado sexo fuerte o dominante, vale la pena dedicarle el tiempo suficiente para investigar todo lo que desencadena a nivel personal y social.

  5. Venezolano

    Quiero expresar mil gracias por este trabajo, fiu abusado en la niñez, recientemente enfrenté a mi agresor, y lo q trajo como consecuencia una avalancha de sentimientos y emociones sumamente dolorosas, el trabajo describe muy bien mi lucha es diaria. Gracias

  6. Jorge

    Nunca pensé que hubieran tantos problemas derivados de la violación en niños, a la vejez y por confidencia de una víctima me interesé por el tema; es una constatación de la gran hipocresía de la sociedad, muy doloroso para quien lo sufra en carne propia, si fuera mas joven me abocaría a ayudar en este campo, pues veo conflictivo que un hombre que ni siquiera se deja hacer un tacto rectal, confiese a una doctora sus intimidades, todo es cuestión de cultura mal entendida.

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