Neuropsicología del pensamiento: Un enfoque histórico-cultural
Neurociencias - Psicobiología


  • Ricardo Cardamone
    Servicio de Neurología
    Hospital Rivadavia
    Buenos Aires, Argentina

Resumen

  • El presente artículo desarrolla los principios básicos de las características, así como, de la estructura psicológica y la organización cerebral del pensamiento abstracto, tanto en la norma como en la patología, desde las posiciones que dimanan del enfoque histórico-cultural del psiquismo humano desarrollado por L.S.Vygotsky y otros.

    El artículo expone la estructura psicológica interna del pensamiento caracterizando su naturaleza procesal compuesta, explica también la descomposición de cada uno de los  factores cognitivos con ejemplos clínicos que es factible observar en pacientes con lesiones focales del cerebro. Finalmente, se aborda la organización cerebral del pensamiento y lo vincula con las estructuras de los distintos bloques funcionales del cerebro involucrados en el procesamiento cognitivo y que posibilitan el funcionamiento del pensamiento abstracto como esencial y distintiva característica del hombre.

    Palabras clave: Características del pensamiento, organización cerebral del pensamiento, estructura psicológica del pensamiento, sistemas cerebrales implicados en el procesamiento cognitivo, patología neuropsicológica del pensamiento.



El pensamiento, como proceso psicológico superior y específicamente humano, siempre ha ocupado un capítulo importante dentro de la ciencia psicológica lo que ha motivado una rica diversidad teórica y metodológica en su abordaje y tratamiento (Rubistein, 1974). Teniendo presente lo antedicho, el objetivo del presente trabajo consiste en brindar una sistematización de las características y la organización neuropsicológica del pensamiento abstracto que dimanan de la teoría del desarrollo histórico-cultural del psiquismo humano elaborada por L.S. Vygotski y desarrollada por numerosos continuadores de su obra (Vigostki, 1979). Para ello, ante todo, es necesario definir qué se entiende contemporáneamente por pensamiento en tal concepción psicológica.

Se puede definir al pensamiento como: “la capacidad cognitiva para la resolución de problemas inéditos o nuevos utilizando para ello la experiencia previa del sujeto”. Así definido, es aceptado considerar la existencia de dos modalidades esenciales de problemas, a saber: 1. Aquellos en que los elementos estructurales para su resolución se encuentran dentro del campo perceptivo del individuo y, en consecuencia, constituyen el denominado “pensamiento práctico o espacial”, relacionado estructuralmente con los sectores de confluencia parieto-témporo-occipital que algunos investigadores denominan, por tal motivo, “centro asociativo posterior”; y 2. Aquellos problemas donde los elementos para su resolución no se encuentran presentes en el campo perceptivo del sujeto y que le imponen una estrategia cognitiva e hipotética-deductiva más compleja, planificada e indirecta y apoyada en un sistema de operaciones lógicas (algoritmos) y que, en consecuencia, constituyen el denominado “pensamiento lógico-verbal o abstracto-conceptual” y que se vincula, estructuralmente, con los sectores prefrontales que algunos investigadores denominan como “centro asociativo anterior” por constituir áreas terciarias específicamente humanas y con una fuerte participación en el control global del acto intelectivo (Luria, 1980a).

Así definido, explicitaremos ahora las características esenciales del pensamiento, así como, su organización neuropsicológica.

Características del pensamiento

En nuestra opinión, tales características son las siguientes:

1. La naturaleza histórico-social del pensamiento: esto significa que el desarrollo del pensamiento es factible, únicamente, en la medida en que el individuo interioriza o apropia el patrimonio cultural humano objetivado en los productos materiales e intelectuales (lenguaje, ciencia, arte, etc.) que recibe al nacer como legado de las generaciones pasadas. Esta idea directriz de la concepción vygotskiana descentró el origen del pensamiento y lo llevó de lo interno a lo externo enfatizando su naturaleza de adquisición ontogenética mediatizada por la comunicación del individuo con sus circundantes en condiciones sociales de existencia (Luria, 1980c).

Las investigaciones transculturales han demostrado, palmariamente, la corrección de esta hipótesis que a veces, en forma totalmente equivocada e incomprensible, ha sido considerada como una teoría con un marcado “reduccionismo sociologista”, sin tener presente que el plano de la actividad histórico-cultural externa se transforma (en el individuo) internamente en un sistema cerebral funcional (SCF) y que, en consecuencia, no existe una barrera infranqueable entre la actividad externa e interna en el aprendizaje de determinada función cerebral superior (FCS), proceso éste que Vygotski denominó, respectivamente, como proceso de internalización y desarrollo del psiquismo humano (Toda, 1985).

Hecha esta salvedad, las investigaciones de A. R. Luria y cols. realizadas en la década de 1930 en el Asia Central con sujetos analfabetos normales y que vivían en comunidades primitivas los que, en consecuencia, tenían una actividad cognitiva con una hegemonía total de su pensamiento práctico (funcional-descriptivo), limitado a su experiencia personal y directa, demostraron que, al ser alfabetizados, pudieron acceder a un predominio y hegemonía del pensamiento abstracto lo que reestructuró todas sus funciones cerebrales superiores (FCS).

Precisamente, podemos sintetizar dichos cambios psicológicos del siguiente modo: a. En el pensamiento aparecen nuevas operaciones teóricas; b. El análisis de las propiedades de las cosas se incluye en categorías abstractas; c. Se logra el dominio de los procesos de abstracción y generalización conceptual; d. Las operaciones del pensamiento abstracto van desplazando, progresivamente, a las operaciones del pensamiento práctico-situacional y van ocupando paulatinamente el lugar más importante y a dominar la actividad cognitiva de la persona; e. se crea la base del pensamiento discursivo (hipotético-deductivo) y de su posterior desarrollo) (Heikki, 1985).

De este modo, quedó claro, con toda precisión, un hecho que aún hoy es insuficientemente valorado por la psicología: los progresos histórico-sociales y culturales no solamente proporcionan al psiquismo de la persona un nuevo contenido, sino que llevan a la génesis de nuevas formas de actividad conciente, de nuevas estructuras de los procesos cognitivos y de su organización neurofuncional, y elevan a la conciencia, autoconciencia y personalidad del individuo a niveles superiores.

Resulta claro, entonces, que fue el factor histórico-social, cultural (la alfabetización, en el ejemplo citado), el factor dominante en la reorganización neuropsicológica de los sujetos, sin el cual no hubiesen podido dar ese paso progresivo en su desarrollo mental.

2. El carácter activo del pensamiento: que consiste, no en concebir la determinación unilateral del pensamiento por factores externos únicamente, sino comprenderla teniendo presente, además de esos factores, el rol activo del individuo a través de las actitudes que mantiene hacia se entorno. La comprensión de la naturaleza dinámica del pensamiento nos permite entender mejor las diferencias individuales; es decir, el rol que adquiere la personalidad toda en el desarrollo intelectual (Leontiev, 1979).

Lo antedicho se pone de manifiesto en la imbricación que posee la motivación en el distinto rendimiento intelectual en sujetos normales y en cualquier estadio evolutivo. Y ello debido que la falta de activación motivacional baja la competencia de la búsqueda cognitiva que realiza un individuo para resolver determinado problema que tiene planteado. No es casual que lesiones de diversa etiopatogenia que afectan a los sectores prefrontales del cerebro provoquen un síndrome apático-acinético-abúlico que cursa, concomitantemente, con un déficit específico que involucra a todas sus funciones cognitivas (Luria, 1979).

Por otro lado, la naturaleza activa del pensamiento también se manifiesta en el interés, la actitud emocional y valorativa que tenga el individuo hacia determinado aspecto de la realidad y, en correspondencia con ello, con la activación de campos semánticos específicos que se movilizarán y utilizarán en la resolución de una tarea cognitiva concreta y que, es una ley psicológica, variará de un individuo a otro e incluso en un mismo individuo en distintos momentos evolutivos y existenciales (Luria, 1980b).

3. La naturaleza procesal del pensamiento: que consiste en comprenderlo, no como una función estática e inmutable, sino como un desarrollo ontogenético que se forma por etapas y que, una vez adquirido, consta de diversos eslabones o factores que, actuando coordinadamente, posibilitan su funcionamiento.

De manera tal que, en el actual nivel del conocimiento, es factible comprender la naturaleza procesal del pensamiento, desde un punto de vista neurofisiológico, como la formación y estabilización dinámica de un sistema cerebral funcional (SCF) y, desde el plano psicológico, como una acción mental que se actualiza cuando al individuo se le presenta una tarea o problema a resolver (Zeigarnik, 1981).

Pero la característica procesal del pensamiento, se revela con claridad en la relación que establece en el proceso de codificación del enunciado discursivo. Es decir, en el desarrollo y transformación de las etapas que llevan de la idea o pensamiento al lenguaje externo o circunstanciado. En efecto, podemos explicitar dicho proceso del siguiente modo:

a. La primera etapa de cualquier enunciación verbal es el motivo y el objetivo que la impulsa. En el motivo se encuentra objetivada cualquier necesidad humana: bien sea que el motivo de la alocución verbal sea la de transmitir un deseo afectivo, cognitivo, etc.; lo cierto es que la necesidad se objetiva en el motivo, éste se orienta hacia un objetivo y con él se inicia el proyecto de enunciación o comunicación verbal.

b. La segunda etapa, se encuentra representada por lo que algunos lingüistas han denominado “registro semántico primario”, queriendo significar con ello una reducción extrema de la alocución que, no obstante, conlleva la esencia de la idea a transmitir y que luego ha de convertirse en un esquema simultáneo, semántico; es decir, en una alocución verbal sucesivamente organizada y que se realiza con la ayuda del lenguaje interior, que constituye una etapa indispensable en la preparación del lenguaje externo.

c. El lenguaje interior, tercera etapa de este proceso, juega un rol esencial en la transformación de la idea inicial o “registro semántico primario”, que constituye un sentido personal o significación individual sólo asequible al sujeto y que, a posteriori, queda transformado en un sistema de significados sociales factible de ser decodificado por otra persona.

Sabido es que por su composición morfológica el lenguaje interior se diferencia del externo por las siguientes características: es abreviado, asintáctico y funcionalmente predicativo. Precisamente estas características resultan fundamentales para el paso del “registro semántico inicial” a una alocución verbal desplegada, sintagmática y paradigmáticamente organizada, y que posibilita la codificación semántica desplegada de la idea inicial de todo el proceso y su posterior transcodificación en la organización articulemática (cenestésico-motora) del lenguaje externo.

d. El último eslabón de todo este proceso consiste en el paso a la alocución externa. En definitiva, el papel generador del lenguaje interior conduce a la activación de las estructuras semánticas asimiladas en la experiencia previa del sujeto y desemboca en la última etapa de todo este complejo proceso: la organización del enunciado discursivo manifiesto (externo) en el cual, el discurso del sujeto comienza a basarse en todos los esquemas lógico-gramaticales y sintácticos del lenguaje que serán los organizadores del plano cenestésico-motor para la activación de los articulemas específicos que transmitirán, finalmente, la idea primigenia de todo este proceso. Podemos ver, incluso simplificando mucho, toda la complejidad de este fenómeno neuropsicológico, y graficarlo del siguiente modo:

Proceso de enunciación discursivo:

– Motivo. Objetivo

– Registro semántico primario o pensamiento

– Lenguaje interior

– Lenguaje externo

4. La apoyatura instrumental del pensamiento: que consiste, no en concebir al pensamiento “puro”, sino basado en un sistema de instrumentos y operaciones socialmente producidos y que el individuo ha interiorizado a lo largo de su vida.

L.S. Vygotski demostró que la unidad del pensamiento y el lenguaje se encuentra en el significado de la palabra y que su desarrollo semántico interno posibilita el ulterior progreso del pensamiento (Rubinstein, 1979). Posteriores investigaciones han desarrollado esta concepción y diversos estudiosos sostienen hoy en día la opinión de que el pensamiento se apoya en algoritmos (sistemas de operaciones), ya sean estos lógicos en la solución de problemas abstractos; espaciales o senso-perceptivos en la solución de problemas prácticos; o también, algoritmos numéricos en la solución de cálculos aritméticos (Luria y Tvétkova, 1981).

Tales algoritmos poseen una capacidad heurística (de resolución de problemas) específica y su organización estocástica (probabilística) dependerá de la experiencia previa del individuo y de la tarea que tiene planteada. Queremos significar con lo antedicho que no se puede concebir la inteligencia de un individuo en forma “general y abstracta”, ya que ésta es siempre “singular y concreta” y referida a determinada área de conocimientos en los que se ha especializado con mayor o menor éxito a lo largo de su vida, y son estos algoritmos los que aparecerán facilitados cuando tenga que resolver determinada tarea, y es precisamente esta característica la que le dará al individuo una ventaja intelectual en un ámbito específico del conocimiento (Shardakov, 1968).

5. La unidad de lo cognitivo y lo afectivo en el pensamiento: que se manifiesta, no en la determinación unilateral del pensamiento por el plano intelectivo sino que, al mismo tiempo y con no menor importancia, se incorpora el plano afectivo. De tal manera que se concibe al pensamiento como un proceso cognitivo pero que se encuentra apuntalado e impulsado emocionalmente, lo cual se manifiesta en el individuo en el nivel que adquiere su motivación, su actitud y la valoración personal que realiza de la tarea a resolver, factores éstos que movilizan sus estructuras cognitivas.

La importancia teórico-práctica de no disociar artificialmente el plano intelectivo y el emotivo se pone de manifiesto en diversos hechos. Por ejemplo: en el descenso del rendimiento intelectual en pacientes con patologías orgánicas que involucran estructuras cerebrales que participan en la generación del aspecto motivacional del comportamiento (Cardamone, 1992); también en el hecho del retardo en el ritmo del aprendizaje que se puede presentar en niños con bloqueos emocionales (16); o en la disparidad de resultados en diversos tests, por ejemplo: los de retención anémica, en sujetos adultos normales pero con mayor o menor grado de motivación en la tarea (Rubinstein, 1963).

6. La direccionalidad conciente del pensamiento: lo cual significa comprender al pensamiento, no como un proceso azaroso, sino orientado, en última instancia, por un objetivo concientemente formulado.

En este sentido, en el plano macroestructural, el pensamiento se comprende como un proceso impulsado por un motivo y que se orienta hacia un objetivo que, en definitiva, resuelve siempre un problema. Precisamente el mantenimiento constante de estos factores es una condición imprescindible para la progresión del pensamiento, ya que son los que le imprimen una dirección selectiva a la información que buscará o movilizará el individuo para resolver el problema que tiene planteado ante sí.

Siguiendo al destacado psicólogo A.N. Leontiev la estructura de la actividad (y, en nuestro caso, el pensamiento) puede graficarse del siguiente modo:

Figura 1. Estructura interna de la actividad humana

Dicho en otros términos: el acto intelectual es impulsado por una necesidad (A), que se objetiva y transforma en un motivo (B) específico para la actuación, que tiende a alcanzar un objetivo (C) que la satisfaga, y utiliza para ello un sistema de acciones (D), cada una de las cuales contiene un conjunto de operaciones (E). No obstante, en la finalización del acto intelectivo se incorpora un último factor o elemento que consiste en la función de “aceptante de acción” (F), que realiza la comparación entre el motivo originario del pensamiento y el objetivo alcanzado. Precisamente, la actividad cesa al existir la concordancia entre ambos, en caso contrario, se inician nuevamente búsquedas orientadoras tendientes a la consecución del objetivo.

Se ha de comprender, entonces, que el pensamiento ha de ser lo suficientemente flexible (para adaptarse mejor a las situaciones imprevistas o cambiantes) y a la vez, lo suficientemente estable para alcanzar el objetivo, hecho éste imposible de lograr de no mediar una direccionalidad adecuada del pensamiento. En efecto, esta característica le otorga al pensamiento humano un elevado grado de libertad y plasticidad en lo referido a las acciones y operaciones a las que puede recurrir para el logro de la meta propuesta y lo transforma en un proceso dinámico y autorregulable, con correcciones permanentes. Esta cualidad le brinda al pensamiento humano, por lo menos, dos ventajas esenciales: la primera, de ellas es la posibilidad de recurrir a una enorme gama de opciones para resolver un problema determinado. Y, en segundo lugar, la posibilidad de rectificación en el caso de la elección de variables equivocadas lo que, de hecho, garantiza su funcionalidad adaptativa.

7. El carácter anticipatorio del pensamiento: lo que significa concebir que la función vital del pensamiento humano consiste en la capacidad de prever con antelación las consecuencias de determinado suceso, factor éste que dota al hombre de la posibilidad de orientar y regular su comportamiento de una manera cualitativamente distinta que la existente en el mundo animal.

Como diversas investigaciones han destacado esta propiedad vital del pensamiento le permite al hombre elaborar y ejecutar planes conductuales que exceden el marco perceptivo inmediato y le posibilita organizar su comportamiento hacia el futuro (Pavlov y Peña, 1964). Si tenemos en cuenta que la capacidad de prever consecuencias futuras es un mecanismo esencialmente humano y que participa en la inmensa mayoría de sus actos, podremos ver la importancia que asume esta capacidad para elaborar “modelos de actividades futuras” y anticipadas en el plano del pensamiento. Y es que desde cualquier acto cotidiano, como planificar un fin de semana o unas vacaciones, hasta la elaboración de teorías científicas, el hombre necesita, imprescindiblemente, controlar sus actos mediante modelos cognitivos futuros que lo orienten correctamente. Va de suyo que esta capacidad humana puede desarrollarse, en mayor o menor medida, en cada individuo. La historia de la ciencia nos ofrece brillantes ejemplos, como A. Einsten con su teoría de la relatividad, o Mendeléiev con su tabla periódica de los elementos, quienes se adelantaron por décadas en sus formulaciones científicas. Pero, independientemente de su desarrollo individual, lo cierto es que esta característica del pensamiento de anticipar y prever eventos futuros, convierte al hombre en el único ser que puede elaborar intenciones y proyectos de vida futuros, y orientar toda su conducta en virtud de sucesos que no han ocurrido, sino que han de ocurrir con mayor o menor probabilidad.

En síntesis, estos siete principios teóricos sucintamente expuestos constituyen, en nuestra opinión, los aspectos esenciales que se desprenden de la teoría histórico-cultural del pensamiento y que orientan el modelo neuropsicológico que propone.

Intentaremos ahora explicitar dicho modelo neuropsicológico del pensamiento, tanto en lo referido a su estructura psicológica como a su organización cerebral. Dicho en otros términos: explicitaremos el sistema cerebral funcional (SCF) que garantiza y posibilita su funcionamiento.

Neuropsicología del pensamiento

En la actualidad, se pueden caracterizar cinco eslabones o factores básicos en la composición de la estructura psicológica del pensamiento. Ellos son:

1. La generación y el sostenimiento dinámicamente constante de un motivo que impulse la actividad del pensamiento. Naturalmente que, en el hombre, el contenido psicológico de este motivo es muy variable: puede obedecer, por ejemplo, a la necesidad de plantear una demanda o deseo; también a la necesidad de transmitir un estado emocional o una información cognitiva; o puede responder a la necesidad de entrar en comunicación con otra persona o con uno mismo, etc. Pero, independientemente de la variabilidad de su contenido psicológico, la importancia vital del factor motivacional obedece a que, con su aparición, queda planteado ante el sujeto el hecho que determinada situación o problema no se encuentra resuelto y, precisamente, es este aspecto el que le da al motivo el carácter de fuerza motriz impulsora del pensamiento.

El mantenimiento del factor motivacional posibilita el establecimiento de una relación lógica entre lo que Miller, Galanter y Pribram denominan la búsqueda entre “lo requerido” (motivo) y “lo obtenido” (objetivo). Sin esta condición se pierde el conjunto de algoritmos (sistemas de operaciones) selectivos que permiten resolver la tarea correctamente y su lugar pueden ocuparlo nexos semánticos inesenciales, ya sean exógena o endógenamente evocados, como es factible observar en pacientes con lesiones masivas a nivel prefrontal (Ingenieros, 1937). Precisamente, graficaremos cada etapa o eslabón del pensamiento recurriendo a ejemplos clínicos extraídos de nuestra praxis neuropsicológica con el objetivo de explicitarlas con mayor profundidad y precisión ya que, como es conocido, “la clínica psicopatológica nos muestra en forma desmembrada y simplificada lo que en la normalidad psicológica se presenta como una compleja e intrincada unidad” (Ingenieros, 1937).

Recurriremos, entonces, a la patología neuropsicológica del pensamiento, en un intento de resaltar la importancia que asume este primer factor o eslabón en la génesis del pensamiento.

 


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Para citar este artículo:

  • Cardamone, R. (2004, 16 de septiembre). Neuropsicología del Pensamiento: Un enfoque histórico-cultural. Revista PsicologiaCientifica.com, 6(7). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/neuropsicologia-pensamiento-enfoque-historico-cultural


7 Comentarios para “Neuropsicología del pensamiento: Un enfoque histórico-cultural

  1. Joaquín Ibáñez

    Interesantísimo trabajo. Soy un neuropsicólogo en formación en Sevilla (España) y estoy en completa sintonía con la visión historico-cultural que ud. ofrece en su artículo. Espero poder seguir aportando luz a dicha visión con la experiencia que vaya acumulando e indagar más en cómo se comportan esos sistemas anterior y posterior y cómo se relacionan entre ellos y con el resto del cerebro. Mis felicitaciones.

  2. NELSON JARAMILLO

    Este artículo hace aportes interesantes para ampliar mi visión de los enfoques posibles entes de bordar mi estudio de maestría en neuropsicología. Permite identificar claramente la incidencia sociocultural en el pensamiento de un individuo. Desde esta perspectiva, se hace necesario que las diferentes investigaciones en neurociencias trasciendan los datos empíricos cuantitativos y atiendan las complejidades humanas que subyacen en el carácter social del ser humano.

  3. Dr.C. Mauro Gómez B

    Para los que nos dedicamos a investigar los fenómenos educativos, la concepción vigotskiana es indispensable, pero en particular, los aportes del Dr.Ricardo Cardamone resultan esenciales. Muchas de las reflexiones extraidas de su obra han servido de plataforma teórica para abordar científicamente categorías, conceptos, fenómenos pedagógicos concretos. Sería de gran satisfacción compartir con él algunas de estas reflexiones. Muchas gracias y un gran respeto por usted.

  4. Martin

    El modelo histórico cultural es la moda, por llamarlo de alguna manera, cuando se habla de desarrollo en investigación neuropsicológica. Por eso comprendo los postulados del autor, quien ofrece una generalidad de los estudios en este campo de forma muy concreta.

  5. R. Irene Monroy Cruz

    Su artículo me ha servido de mucho, soy estudiante de psicología, encontré mucho de lo que buscaba para realizar un trabajo escolar, gracias por compartir sus conocimientos, vivo en una ciudad en donde no hay una buena biblioteca para esta carrera, así que me tengo que apoyar mucho en la red. Saludos.

  6. ALFONSO MIRANDA LEIVA

    Mi problema mayor es, entender la historia del pensamiento y los cambios efectuados, claro está, por la influencia del criterio Darwiniano, es decir, que el ambiente modifica también el pensamiento y por ello, nuestro comportamiento va cambiando con la experiencia y el tiempo. Espero, con esto aclarar mis dudas. Mis felicitaciones por estas claras orientaciones.

  7. Gabriel Guerra Gaspar

    Es interesante el trabajo que hacen, me gustaría saber más de como el cerebro se ve afectado con el pensamiento anticipatorio en hemisferio izquierdo que es donde se da el pensamiento lineal, lógico y recuerdos de un evento.

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