Retos para la convivencia en el Levante español: la experiencia de los ecuatorianos en el municipio almeriense de Vera
Psicología Social - Comunitaria


  • Pilar Cruz Zúñiga
    Universidad Pablo de Olavide
    Sevilla, España



La movilización interfronteriza de personas en las últimas décadas de globalización ha crecido a nivel mundial y sus razones no solamente tienen que ver con el crecimiento económico mundial, sino que conllevan una serie de dinámicas y situaciones complejas que cada vez hacen más difícil reducirlo a una sola explicación teórica o a una única posición sobre las políticas públicas (Santos 1998: 116). En este sentido, resultan también diferenciadas las políticas públicas que tratan de regular y controlar la complejidad de estas corrientes migratorias, cuyas consecuencias son muy distintas y de gran envergadura de país a país y grupo de población del planeta (2).

En lo que concierne a Ecuador, a finales de la última década del siglo XX se produjo un cambio en el patrón migratorio internacional de sus ciudadanos, pasando a ser España el principal destino. A partir de un caso específico, nos aproximaremos a los condicionantes que están presentes en la inserción de los ecuatorianos que viven en Vera, un pequeño municipio del Levante español (3) donde han pasado a ingresar, de manera regular, un mercado de trabajo en el que se registra el progresivo abandono por parte de los españoles de los segmentos laborales de menor calificación.

Utilizando datos procedentes de encuestas (4) y entrevistas realizadas en el municipio almeriense de Vera entre 2003 y 2005 (5), además de algunas de las numerosas fuentes secundarias sobre la migración de ecuatorianos a España, aquí se enfocarán no solamente las condiciones socioeconómicas en que se desenvuelve la vida de estos nuevos vecinos, sino también las situaciones de exclusión y marginación que se detectan y no solo proceden de la sociedad receptora. Se trata de evidenciar los mecanismos que inciden en las relaciones sociales que se tejen entre españoles e inmigrantes, así como también al interior del propio colectivo de ecuatorianos: factores como el género y la etnia aparecen como centrales a la hora de establecer comportamientos, formar prejuicios, estereotipos y discriminaciones que en muchos casos reproducen los vividos en Ecuador.

La migración de ecuatorianos a España

La población de extranjeros residentes en el territorio español ha aumentado en forma acelerada en los últimos diez años, en particular el segmento constituido por los inmigrantes “laborales” extracomunitarios (Torres, 2004). Hasta el 1º de enero de 2005 los residentes de nacionalidad extranjera suponían el 8,5% del total de personas empadronadas en España, lo que representaba un incremento de 910.846 personas con respecto al año inmediatamente anterior, siendo Cataluña, Andalucía, Madrid y la Comunidad Valenciana las comunidades autónomas donde se registraron los mayores aumentos (INE 2006). Se calcula que entre 2000 y 2004 el crecimiento de la inmigración ha supuesto un incremento del 5,3% de la población en España (El País, 29/5/2006).

En lo que respecta a los ecuatorianos, si la tendencia de la migración internacional en Ecuador en los básicamente desde las provincias de Azuay y Cañar, ese patrón cambió desde mediados de los noventa, en particular desde la crisis de 1999, encaminándose hacia una nueva dirección: España (Jokisch 2001, Pedone 2004).

Desde el año 1998 la presencia de ecuatorianos se ha multiplicado en ciudades y pueblos españoles, una muestra de ello es que encabezaron la lista de residentes extranjeros más numerosos durante 2003 y 2004, al desplazar a los marroquíes que hasta 2002 habían ocupado el primer lugar. De acuerdo con los últimos datos, los ecuatorianos constituyen el segundo colectivo de extranjeros más numerosos con 497.799 personas registradas en el padrón municipal a 1º de enero de 2005, lo que representa un 13,34% respecto al total de extranjeros registrados en esa fecha (INE 2006).

No obstante, y pese a estos datos oficiales, determinar con exactitud a cuánto asciende el número de residentes ecuatorianos en suelo español resulta todavía una tarea complicada. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), los ecuatorianos empadronados en enero de 2005 fueron 475.698 personas, en cambio, si se consideran aquellos que tenían tarjeta o autorización de residencia en vigor al 30 de septiembre de ese año este número se reduce a 333.251 ecuatorianos. Como veremos más adelante, existen casos de personas que ni siquiera están empadronadas (6) y que aún no tienen legalizada su residencia al no haber podido acogerse, por una u otra razón, al proceso de normalización de residencia impulsado por el gobierno socialista entre febrero y mayo de 2005. Ecuatorianos, rumanos, colombianos y argentinos -por este orden- son las principales nacionalidades que engrosan las bolsas de la inmigración “ilegal” en España (Aparicio, 2005).

Las características de la migración ecuatoriana hacia España varían con el tiempo, presentando cada vez situaciones más complejas. De los pioneros pequeños grupos de otavaleños dedicados a la venta de artesanías a finales de los setenta o comienzos de los ochenta, pasando por los grupos de lojanos que llegaron a principios de los noventa (Jokisch 2001 y Kyle 2001), la actual diversidad de procedencias da cuenta de un proceso migratorio que se ha tornado masivo e involucra a todos los sectores de la sociedad a partir de la grave crisis que afectó al Ecuador en 1999. La demanda en España de mano de obra poco calificada y de preferencia femenina marcó la tendencia del flujo migratorio que, desde grandes y medianas ciudades del Ecuador sobre todo, se dirige a las principales urbes españolas tales como Madrid y Barcelona, mientras que en Murcia y otros municipios mediterráneos se observa una mayor presencia masculina (Pedone 2004).

Por sectores de actividad, en España es significativa la presencia de trabajadores extranjeros en el trabajo de hogar, pues, de acuerdo con el registro de la Seguridad Social, más de la mitad de las cerca de 700.000 trabajadoras registradas son extranjeras. Según datos del Área de Estudios y Análisis del Consejo Económico y Social (CES), el 52,2% de las mujeres y el 22,3% de los hombres que trabajan en el servicio doméstico son de nacionalidad no española (citado en El Mundo 20/3/2006). Son trabajadoras que, principalmente, proceden de Ecuador (31,5%) y Colombia (12,7%), así como de Rumania (14,5%), destacándose que existe un 10% de irregularidad laboral (por no estar afiliadas o estándolo, no cotizan) (7).

A la localidad de Vera los ecuatorianos llegaron a partir de 1997-98, aunque recién aparecen registrados en el padrón municipal de 1999 porque, según nos comentaron, no sabían que tenían que empadronarse o tenían miedo de que los deportasen (Cruz, 2004). Tal llegada se inscribe dentro de la oleada migratoria que a partir de 1996 se produjo desde Ecuador hacia España (8) a raíz de la crisis más aguda que soporta su economía, tornándose cada vez más visible su presencia en el territorio español, en especial en zonas con demanda de mano de obra para la agricultura y servicios. De ocho ecuatorianos empadronados en Vera en 1999, esa población ha crecido hasta 835 personas (hombres y mujeres) inscritas a enero de 2006, con lo que constituye el colectivo de extranjeros más numeroso de las 48 nacionalidades distintas registradas en esa localidad del Levante almeriense (Municipio de Vera, 2006) (9).

Las condiciones de los ecuatorianos en Vera

El entorno físico de Vera, así como la creciente actividad cultural y de servicios que ofrece han hecho que el municipio sea el lugar elegido por españoles y extranjeros (alemanes e ingleses, sobre todo) como lugar de veraneo, en especial sus playas. En la última década del siglo XX, y conforme se ha desarrollado la agricultura intensiva, el incremento de la actividad inmobiliaria, de servicios y la creciente industria han contribuido a que hacia allí se desplace gran cantidad de mano de obra extranjera ante la demanda de trabajadores (Cruz 2004).

Los ecuatorianos residentes en Vera no constituyen un colectivo homogéneo pese a que esa sea la percepción que de ellos tengan muchos veratenses (Cruz 2005:7). En particular, se destacan las diferencias debidas a la condición étnica entre indígenas y no indígenas: en Vera cerca de 30% de personas son indígenas, la mayor parte del pueblo indígena Saraguro, aunque también hay algunos cañaris y otavaleños (10).

Otra diferencia importante está determinada por la región y localidad de donde proceden, puesto que la gran mayoría vienen de la Sierra, y entre éstos el grupo más importante está conformado por los originarios de Saraguro (31%), Quito (10%) y Guayaquil (5%). El resto proviene de ciudades medianas y localidades más periféricas, siendo las más significativas por sus porcentajes, Ambato y Pallatanga (4% cada una) y Santo Domingo de los Colorados (3%). Las razones que llevaron a estos ecuatorianos y ecuatorianas hasta Vera son principalmente económicas (búsqueda de empleo y bienestar, crisis económica), además de familiares. Se trata de personas que tenían algún tipo de recursos económicos y de contactos, pero que ya habían sido partícipes de procesos de migración internos (Cruz, 2005:10). En Vera, el 53,2% de los entrevistados vive en el mismo lugar desde su llegada por primera vez a España, lo que junto a la alta concentración familiar por vivienda, producto en muchos casos del reagrupamiento, deja ver que uno de los mecanismos en los que se apoya la inmigración de ecuatorianos en España, al igual que otros colectivos de extranjeros, es en las redes familiares y de amistad que impulsan la decisión de emigrar y contribuyen a amortizar los costos de instalarse en el nuevo país, pero también porque brindan apoyo emocional al recién llegado, reequilibrando otros factores como la motivación económica o la proximidad geográfica y cultural (11).

La población de ecuatorianos de Vera se caracteriza por ser laboralmente activa y en edades comprendidas sobre todo entre 16 y 40 años, con un nivel de instrucción medio y que en el Ecuador estaba ocupada sobre todo en actividades secundarias y terciarias. Predomina principalmente la población masculina, aunque si cruzamos esta variable con la de condición étnica se observa que entre los indígenas existe una mayor proporción entre hombres y mujeres que en el resto de ecuatorianos (figura 1).

Figura  1. Sexo y condición étnica de ecuatorianos residentes en Vera

Según los datos recogidos en 2003, entre los/as ecuatorianos/as en Vera, el 87,7% de personas indicó tener un trabajo remunerado frente a 12,3% que señaló no tenerlo. Por condición étnica son bastante similares los porcentajes de indígenas y de no indígenas con empleo remunerado, aunque la proporción de indígenas desempleados es mayor. En cambio, de acuerdo con el sexo, el porcentaje de mujeres desempleadas es bastante superior al de los varones, puesto que las primeras alcanzan 24%, mientras entre los segundos sólo un 6,2% está desempleado.

En cuanto a la estructura sectorial, como se observa en la Fig.2, los ecuatorianos en esta zona del Levante almeriense están ocupados prioritariamente en la agricultura y en menor medida en la construcción y los servicios (es bastante inferior el porcentaje de quienes trabajaron en el sector de la industria). Esta estructura de ocupación no refleja solamente los sectores que más absorben mano de obra inmigrante, sino da cuenta también de cuáles son los sectores que tienen más crecimiento y productividad en esta zona. En el gráfico 2 se distinguen también los sectores de ocupación de acuerdo con la condición étnica, resaltando el mayor componente de indígenas en el sector agrícola. De otro lado, hay que apuntar también que de acuerdo con el sexo, el contingente de mujeres que trabaja en la agricultura es mayor que el de varones (12), y también el de mujeres dedicadas a actividades del sector servicios; los sectores de la construcción y de la industria son totalmente masculinos. En esos trabajos, el 57% de entrevistados ganaban mensualmente en 2003 entre 600 y 900 euros y tenían jornadas laborales entre 40 y 60 horas semanales.

convivencia

Figura 2. ectores de actividad según condición étnica de ecuatorianos en Vera, Almería

En 2003, entre los ecuatorianos de Vera, indígenas o no, predominaba la situación de irregularidad de estancia en España: 58% carecía del permiso de residencia y trabajo frente al 36% que sí lo tenía (es más alto el porcentaje de indígenas que sí tenían la documentación en regla). Aunque no se dispone de datos estadísticos sobre el alcance del proceso de normalización en esta comarca, sí sabemos que algunas personas no pudieron acogerse a ese proceso por diversos motivos, principalmente por la falta del certificado de empadronamiento y del contrato de trabajo. En el futuro se aspira a indagar sobre estas situaciones específicas.

Respecto a la situación familiar, en 2003 en Vera el 75% de personas ecuatorianas están casadas, 17% son solteras, y porcentajes menores o están divorciadas o han enviudado. Se trata de personas que viven en un entorno familiar porque 77,2% convive con algún pariente. Estas personas en el 77% de casos tiene hijos menores de 14 años, la gran mayoría, que viven básicamente en Ecuador, y sólo un 29,5% de casos vivía para esa año con sus hijos en Vera, ya sea al haber conseguido reagruparlos o porque éstos nacieron en España (Cruz 2005: 8).

En 2003, la mayoría (90,5%) de ecuatorianos habitaba en viviendas alquiladas principalmente en el centro de Vera, detectándose condiciones de precariedad y hacinamiento. Estamos hablando de casas o pisos de alquiler donde vivía en su mayor parte una sola familia (41,7%), dos (28,6%) o hasta tres familias (17,6%); incluso 8% de las viviendas estaban habitadas por una cantidad de entre cinco a quince familias. Este régimen de vivienda era casi igual para los indígenas y los no indígenas, si bien entre estos últimos se encontraron los únicos casos de ecuatorianos que habían podido comprar una vivienda en la localidad de residencia actual. Los precios del alquiler mensual por persona fluctuaban en 2003 entre 60 y 100 euros en el centro de Vera, mientras que en los cortijos de las afueras y alrededores se pagaban entre 30 y 60 euros (Cruz, 2004 y 2005).

La construcción de la convivencia

El incremento de la población extranjera en España en la última década ha suscitado también el cambio de percepción sobre la condición de país emisor a país receptor, generándose situaciones para las cuales ni la administración ni el conjunto de la sociedad estaban preparadas. En este sentido, básicamente la preocupación en materia migratoria se ha enfocado en forma unilateral sobre los aspectos de control y de seguridad, en detrimento de una política de integración y que posibilite un mayor reconocimiento de derechos para los inmigrantes extracomunitarios. Pero además, existe una actitud ambivalente en cuanto a la forma de asumir a determinados inmigrantes económicos, sobre todo si provienen de países considerados pobres y “subdesarrollados”, porque, además, las políticas migratorias los caracterizan en forma negativa (Agrela, 2002) y su presencia se plantea como una amenaza y de consecuencias problemáticas para sociedades caracterizadas por la dificultad para asumir la diferencia cultural (Juliano, 1993; Pedone, 2004; Cruz, 2005).

En España la forma de asumir en particular a los inmigrantes extracomunitarios está marcada por la ambivalencia de opiniones: su presencia es señalada como una necesidad económica, pero a la vez provoca también extrañeza (Torres, 2004) y rechazo, avivado sobre todo por las alarmas que generan las noticias sobre actos delictivos cometidos por algunos extranjeros o por el gasto que estarían generando en la Seguridad Social por las atenciones hospitalarias.

A continuación nos situaremos en las percepciones que en el microcosmos concreto de Vera existe sobre los ecuatorianos y en cómo estas percepciones muchas veces están condicionando las relaciones sociales concretas que se tejen entre población autóctona e inmigrante.

Entre los españoles en Vera predominan las opiniones acerca de que los ecuatorianos son gente buen, amable, servicial, dócil y que suelen adaptarse con facilidad. Para algunas de estas personas los ecuatorianos resultan ser muy distintos de los marroquíes, a quienes frecuentemente asocian con la rebeldía. Sin embargo, existen opiniones más minoritarias que indican que muchos ecuatorianos no son tan buenas personas y, más bien, algunos ocasionan problemas por ser alcohólicos, conducir sin carné e incluso borrachos, pelear entre sí y agredir a sus mujeres; otros señalan que son impuntuales e informales.

Estas opiniones, sin duda, reflejan algunos de los márgenes en que se da la compleja relación entre población autóctona y ecuatoriana, pero también respecto de otros extranjeros, como es la población originaria de Marruecos. Las opiniones dan cuenta, asimismo, de experiencias directas negativas particulares que luego sirven para estigmatizar a todo el colectivo, así como de prejuicios y estereotipos que circulan en la sociedad española, como por ejemplo, aquellos referidos a la población marroquí (los “moros”, dicen los españoles cuando cotidianamente se refieren a ellos) (13). Los ecuatorianos resultan más cercanos a los españoles que los marroquíes (esos “otros” históricos de la sociedad española) porque se apela a los lazos “históricos” coloniales y postcoloniales que comparten así como la afinidad lingüística y cultural (Pedone, 2005; Cruz, 2005).

La articulación de unos con otros (inmigrantes y autóctonos) se torna más compleja tanto en las relaciones sociales que impregnan el espacio público como el privado, porque además no constituyen colectivos homogéneos y al interior de cada grupo existen relaciones asimétricas y de poder que imponen jerarquías. Entre los españoles, se mira con recelo y en algunos casos con superioridad y paternalismo a los españoles de etnia gitana que en Vera constituyen el 20-25% de la población total, mientras entre los ecuatorianos son los indígenas (14), quienes muchas veces son considerados inferiores por el resto de ecuatorianos. La discriminación y el menosprecio de una mayoría que se siente superior frente a una población minoritaria se evidencia entonces en múltiples niveles de articulación de grupos tales como: autóctonos e inmigrantes económicos, entre españoles y españoles gitanos, entre ecuatorianos indígenas y no indígenas. Asimismo, los prejuicios de unos son asumidos por unos y otros: algunos ecuatorianos hablan de la población gitana y también la marroquí en los mismos términos que los españoles, incluso sin tener experiencias directas negativas (“tenga cuidado con ellos”, dicen), y algunos españoles se refieren a los indígenas ecuatorianos en los mismos términos despectivos y paternalismo que el resto de ecuatorianos no indígenas (Cruz, 2004, 2005).

En Vera, en particular, se registran incidentes muy puntuales entre algunos pobladores de etnia gitana y ecuatorianos, sean o no indígenas o se trate de adultos o niños y jóvenes. En particular, son las aulas los espacios donde más conflictividad se da porque, por ejemplo, existe cierta concentración en determinados colegios e institutos de alumnos inmigrantes y alumnos de etnia gitana. Durante las encuestas que hicimos en 2003 y las entrevistas de 2005 algunas madres de familia ecuatorianas comentaron los problemas de racismo y discriminación que padecían sus hijos cuando eran objeto de bromas, insultos e incluso golpes por sus compañeros de clase, y que pese a las quejas que habían presentado a sus profesores los hechos seguían ocurriendo en los recreos o a la salida de los centros educativos (15).

En cuanto a los adultos, en la memoria queda la ocasión de haber tenido que salir huyendo de los bloques de vivienda donde residían para refugiarse en el Convento de Monjas, cuando clanes gitanos y su patriarca fueron allí a reclamarles por un enfrentamiento que se había dado entre adolescentes gitanos y ecuatorianos, y luego la autoridad de la ciudad así como el presidente de la Asociación de Ecuatorianos y el coordinador de la Oficina de Atención al Inmigrante tuvieron que mediar para que cesara la hostilidad. Aparte de esta anécdota, sin duda son las condiciones precarias del trabajo, de vivienda y de regularización que afecta en particular a los inmigrantes ecuatorianos los factores que contribuyen a que su relación con la población española, y en este caso de etnia gitana, no se de en planos de igualdad y más bien se refuercen las tramas de sometimiento y explotación. No son ciudadanos de pleno derecho y, la mayoría de veces, no pueden reclamar ante las situaciones de abuso e injusticia que padecen, por ejemplo, cuando no les pagan los salarios, se les obliga a trabajar más horas, se burlan sobre su aspecto o actitud, etc. En el caso de la población gitana, muchos se sienten desplazados laboralmente por los ecuatorianos que cobran menos salario, pero no se reconoce que, por ejemplo, algunas familias gitanas están lucrándose de la escasez de vivienda cuando alquilan cuartos donde viven cuatro o más inmigrantes y a cada uno de ellos se les cobran alquileres individuales, con lo cual el precio por habitación se ve multiplicado y tiene más beneficios que si se alquilara un piso completo a una sola persona.

La construcción de la convivencia resulta entonces una tarea bastante compleja en este rincón del Levante español porque no únicamente se refiere a la coexistencia en el mismo espacio de la población autóctona con la población inmigrante sino a cómo se van tejiendo tramas de relaciones sociales entre personas de distinto origen (en Vera residen personas de hasta 48 nacionalidades distintas) y condición socioeconómica, culturales y de género. En este sentido, la convivencia se torna aún más difícil si no se impulsan mecanismos, ya sea a nivel institucional como doméstico, para apoyar la relación entre autóctonos y foráneos y evitar que sean los prejuicios y las experiencias negativas las que levanten barreras que impidan aproximarse a las personas.

En el caso de los ecuatorianos, se percibe la reproducción de los patrones o modelos que en Ecuador marcan las relaciones entre indígenas y los no indígenas (mestizos y población afroecuatoriana). Esto se evidencia en comportamientos y actitudes racistas, y de menosprecio por la condición de indígena. Es frecuente entonces que, por recelos, tiendan a agruparse en forma separada los indígenas y, por otro lado, el resto de ecuatorianos, pero también hay grupos de coetáneos de acuerdo con las regiones de procedencia, o grupos de familiares y amigos que resultan impermeables a quienes son ajenos o no tiene algún tipo de lazo que les permita aproximarse a ese grupo.

En cuanto a las relaciones de género, como decíamos en páginas anteriores, la migración hacia Vera se caracteriza por ser predominantemente masculina: fueron los hombres quienes llegaron primero y luego trajeron a su pareja. En general, se observa que continúan reproduciéndose los mismos patrones que existen en Ecuador y que señalan la preeminencia del hombre en la relación de pareja y en las decisiones de la familia; sin embargo, algunas mujeres indicaron los cambios que el proceso migratorio había introducido en su personalidad, tornándolas más fuertes al tiempo que partícipes de las decisiones conyugales. Existían incluso casos de mujeres que emprendieron el viaje a España solas porque sus parejas se quedaron en Ecuador o porque eran madres solteras y de ellas dependía el sustento de sus hijos y madres en Ecuador. En otros casos, algunas señalaron que, a nivel doméstico en España, los hombres habían empezado a compartir las tareas domésticas que antes en Ecuador eran realizadas únicamente por la esposa o que percibían un mayor nivel de implicación en la educación de los hijos. De todas maneras, todavía pervive el mayor control sobre las mujeres, sea por cónyuges o por los parientes con los cuales conviven, y, quizás a diferencia de mujeres ecuatorianas que viven en las grandes ciudades (Pedone 2004), en Vera hay muy pocos casos en que las mujeres tienen autonomía e independencia de sus maridos.

Reflexiones finales

Hasta aquí hemos descrito el marco y algunas de las condiciones concretas que caracterizan las relaciones que se tejen entre los diversos colectivos de población del municipio de Vera. Sin embargo, ese cuadro estaría incompleto si no referimos también que pese a que en los espacios domésticos y públicos predominan las relaciones de desigualdad y exclusión, también se observan pequeños círculos donde se construyen tramas sociales de reconocimiento y solidaridad y desde los cuales se intenta construir una coexistencia menos asimétrica en el día a día.

Esos círculos de solidaridad “nacen en las cadenas y redes sociales que sustentan los proceso de migración y que han servido para organizar los contactos y los viajes primero hacia España y luego a Vera, la localidad de destino” (Cruz, 2005:11). Así, se trata de acuerdos tácitos o explícitos para organizar el viaje, pero sobre todo para el apoyo y el acompañamiento de quien se desplaza. Este tipo de ayuda se ve afianzado por la solidaridad que se fomenta a nivel colectivo desde la incipiente organización de ecuatorianos que allí existe (16), así como desde instituciones como la Oficina Municipal de Atención al Inmigrante.

No obstante, esas pequeñas esferas de reconocimiento y acompañamiento son insuficientes, por lo que es necesario implementar políticas que rompan los mecanismos de desigualdad y exclusión que están presentes en los espacios de relaciones sociales veratenses. Se trataría de favorecer la implementación de políticas de acompañamiento a largo plazo, alejadas de modelos paternalistas y de asistencialismo, y que más bien tiendan a apoyar el que sean los mismos actores sociales quienes, por medio de la información y la formación en áreas específicas pueda ir solucionando sus problemas. En este sentido, los esfuerzos que desde las instituciones públicas se realizan no deben focalizarse solamente hacia la población inmigrante, como suele hacerse hasta ahora mediante programas específicos sino, más bien, buscar estrategias que permitan que las acciones impliquen a toda la población tanto inmigrante como autóctona. En particular, se requiere que la población autóctona asuma como suya la tarea de mejorar la convivencia, dejando de lado la indiferencia o superioridad desde la cual se mira a problemáticas que parecen solo implicar a los inmigrantes, porque la convivencia constituye un reto que involucra todos los vecinos.

En Vera, para apoyar la tarea de mejorar la convivencia, se inició la aplicación de un primer capítulo de intervención social a través de las Jornadas sobre convivencia intercultural y construcción de espacios solidarios, que son parte de un proyecto que pretende hacer más útiles los conocimientos que se adquiere en el espacio universitario y llevarlo a la interacción en situaciones concretas para transformarlas (ver Nota 3). Así, durante los meses de enero y junio de 2006 se efectuaron varios eventos (conferencias, talleres y grupos de discusión) con la intención de promocionar y consolidar espacios de diálogo intercultural entre los distintos colectivos residentes en la población de Vera, tanto españoles como de otras nacionalidades. Con estas acciones se pretende iniciar un proceso de encuentro cuyo propósito es contribuir de manera participativa para abordar los estereotipos, los prejuicios y los conflictos cotidianos, tal como se puso de manifiesto en las distintas jornadas donde se discutieron temas como la salud, la interculturalidad, la etnicidad, la salud, el consumo de alcohol, las relaciones de género, entre otros.

Todavía queda mucho por hacer en este sentido para enfrentar en forma concreta y en el día a día los retos que plantea la convivencia en Vera. De todas formas, este es un primer paso para impulsar la articulación más estrecha entre los vecinos y las instituciones veratenses. Porque se considera fundamental implicar a la comunidad de vecinos, sean españoles o inmigrantes, para que entre todos se busque la construcción y la extensión de espacios de reconocimientos mutuos y de solidaridades, por medio del respeto recíproco a la diferencia y la construcción colectiva y conjunta de acciones en donde los derechos humanos y la dignidad puedan ser una realidad.

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*(1) Deseo agradecer Vera a todas las personas ecuatorianas, españolas y de otras nacionalidades que colaboraron conmigo con sus testimonios y opiniones.

(2) Como señala la CMMI (2005:11), es cada vez más necesaria “una política migratoria exhaustiva que encare las circunstancias específicas a cada grupo de migrantes”. Si bien es difícil obtener información exacta sobre los flujos y contingentes de migrantes, Naciones Unidas estima que en el mundo en 2005 había 191 millones de migrantes internacionales y que seis de cada diez migrantes residen en el mundo desarrollado.

(3) Vera está localizada al este de la Provincia de Almería (Comunidad Autónoma de Andalucía), a una altitud sobre el nivel del mar de 95 metros. Allí viven, de acuerdo al Padrón municipal de 17-1-2006, 11.586 personas entre autóctonos e inmigrantes (Padrón Municipal Vera 2006). A Vera está situada a 450 km de distancia de Sevilla (capital de Andalucía) y a 92 km de Almería (capital de provincia).

(4) Se hicieron en total 220 encuestas a ecuatorianos, 60 a españoles y 10 a otros extranjeros.

(5) Los datos proceden del Informe final. Investigación en Vera (Almería) presentado en 2004 como resultado de la primera fase del Proyecto “Modelo autóctono de desarrollo/intervención en inmigración: proyecto Saraguro” que lleva adelante la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla) con el auspicio económico de la Dirección General de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía. La segunda fase (cuyo primer capítulo se emprendió entre enero-junio de 2006), está enfocada a intervenir en la problemáticas detectadas y relacionadas sobre todo con la situación de los indígenas saraguros y el resto de ecuatorianos residentes en esa localidad veratense, extensibles a otros inmigrantes.

(6) Estar “empadronado” quiere decir haberse registrado (“darse de alta”, dicen los españoles) como habitante en las correspondientes oficinas de algún municipio español; ese registro es voluntario para las personas autóctonas y extranjeras, y estas últimas no necesitan acreditar que tienen legalizado su permiso de residencia (pueden registrarse presentando únicamente el pasaporte). La certificación de empadronamiento fue uno de los requisitos que se solicitaron para probar la residencia en España durante el proceso de normalización de extranjeros irregulares de 2005. Desde 2003, debido a una reforma de la Ley de Extranjería, es necesario para estos ciudadanos renovar cada dos años su inscripción y, de lo contrario, se establece la caducidad del registro (los españoles renuevan cada cinco años). Sobre la caducidad, ver http://www.elmundo.es/elmundo/2005/05/30/sociedad/1117464880.html

(7) En España se estima que casi 184.000 personas de nacionalidad extranjera fueron dadas de alta en el régimen de servicio doméstico como consecuencia del proceso de normalización de trabajadores extranjeros de 2005, lo cual representa un 33,4% del total (El Mundo, 20/3/2006).

(8) Fernández-Rasines (2003:321) cita datos de la Dirección Nacional de Migraciones del Ecuador del año 1997, cuando se registraron 10.799 salidas a España, y los contrasta con el notable incremento del primer trimestre de 2000 en que llegó a alcanzarse las 68.943 salidas hacia ese destino.

(9) En Vera los extranjeros constituyen el 24,81% de la población total del municipio.

(10) En esta ponencia se distingue entre indígena y no indígena para referirse a la pertenencia o no a alguno de los grupos étnicos ecuatorianos; el primer caso básicamente el término se refiere a los saraguros (que en Vera constituyen el 20-25% de ecuatorianos), mientras que no indígenas son el resto de ecuatorianos (mestizos y afroecuatorianos). De acuerdo al último censo poblacional de 1990 la población indígena en Ecuador se estimó alcanzaba 910.146 personas, lo que equivalía a 9,4% de la población total del país (PAO, 2005), aunque según la Ley de Nacionalidades Indígenas esta población alcanzaba el 40% de habitantes del país (citada en Palacín 2003:9).

(11) Sobre el impacto de las redes sociales y el reequilibrio en la decisión migratoria ver los trabajos de Isidro Maya Jariego (1999, 2002), que estudia los casos de inmigrantes marroquíes, filipinos y senegaleses así como de trabajadoras peruanas en España.

(12) Varones y mujeres ecuatorianas realizan actividades como peones agrícolas y de ganadería, ocupados básicamente de la recolección de las cosechas, de plantar y fumigar; destacan también por un lado, quienes trabajan en la jardinería tanto en el cuidado de plantas ornamentales o en el riego de los campos de golf que se están construyendo, a ritmo vertiginoso, en Vera. Por otro lado, quienes trabajan en los almacenes agrícolas como empaquetadores de hierbas aromáticas, de naranjas, de tomates, etc.

(13) Según el INE en España se observa un incremento de racismo hacia la población magrebí desde 2002, estableciéndose además que la comunidad de residentes hispanoamericanos era mejor vista por la sociedad española (ABC, 28/4/2006).

(14) Aunque no todas las personas indígenas que viven en Vera son saraguros, hay un grupo bastante representativo plenamente identificado como tal, si bien es cierto que algunas características externas como su vestimenta tradicional o el idioma quechua son de uso menos frecuente en Vera.

(15) Para un análisis más específico de estas situaciones ver Cruz (2005:16-18).

(16) Se trata de la Asociación Huancavilca del Amazonas-HUDEA, reconocida oficialmente por la normativa española desde junio de 2004, pero que desde 2002 gestiona actividades culturales y deportivas así como de apoyo en caso de necesidad para los ecuatorianos de esta zona.

Referencias

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Aparicio, Rosa (2005). Más de un millón y medio de ilegales. En: http://www.elmundo.es/especiales/2005/02/sociedad/inmigracion/cifras/ [fecha consulta: 15-7-2005].

CMMI-Comisión Mundial sobre las Migraciones Internacionales (2005). Las migraciones en un mundo interdependiente. Informe de la Comisión Mundial sobre las Migraciones Internacionales, http://www.gcim.org/mm/File/Spanish(1).pdf [fecha consulta 28-6-2006].

Cruz Zúñiga, Pilar (2004). Informe de la Primera Fase “Proyecto de Investigación Modelo autóctono de desarrollo/intervención en inmigración: proyecto Saraguro”, Universidad Pablo de Olavide-UPO, Sevilla. En proceso de publicación.

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*Ponencia presentada en el 52º Congreso Internacional de Americanistas Sevilla, realizado del 17 al 21 de julio de 2006 y en el Simposio ANT 37 Migraciones latinoamericanas: génesis y evolución de las comunidades transnacionales, llevado a cabo el 17,18 y 19 de julio de 2006.


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Para citar este artículo:

  • Cruz, P. (2007, 18 de enero). Retos para la convivencia en el Levante español: La experiencia de los ecuatorianos en el municipio almeriense de Vera. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(5). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/levante-espanol-almeria-vera


1 Comentarios para “Retos para la convivencia en el Levante español: la experiencia de los ecuatorianos en el municipio almeriense de Vera

  1. MATILDE CHOZAI

    Esta situación no es exclusiva del Levante, sino de toda España. Yo soy ecuatoriana y vivo en Madrid y he pasado por situaciones difíciles en mi proceso de ajuste por inmigración. Y aunque los gobiernos no hacen todo lo que pueden por quienes partimos en busca de mejores condiciones de vida, sí hay asociaciones, fundaciones y ONG que se preocupan por el inmigrante, por ello destaco su labor y su apoyo al ser humano sin distinción de raza, creo o sexo.

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