Características de personalidad y desempeño en jugadores de tenis de mesa de alto rendimiento
Psicología Deportiva


  • Jorge Luis Hernández Mendoza
    Universidad de León
    Guanajuato, México

Resumen

  • Se analiza la relación de características del patrón de conducta tipo A propuesta por los cardiólogos norteamericanos Rosenman y Friedman (1988) y el desempeño deportivo tomado como resultados deportivos en torneos estatales, regionales y nacionales de tenis de mesa. La muestra está formada por 7 deportistas de entre 10-16 años de edad, todos miembros del Selectivo Estatal Guanajuatense de tenis de mesa que participó en el proceso de Olimpiada Nacional 2010. Se utilizaron los cuestionarios TOFU y EXIR, el test de estimación de tiempo de Benton y la entrevista estructurada de Rosenman (versión modificada) para evaluar el patrón de conducta tipo A. Se encontró, en 6 deportistas, relación positiva entre desempeño deportivo y características del patrón de conducta tipo A, la evaluación realizada podría correlacionarse con mediciones longitudinales y evaluar el fortalecimiento de la conducta tipo A en los evaluados al paso del tiempo.

    Palabras clave: Características de personalidad, estilos conductuales, patrón de conducta tipo A, alto rendimiento, tenis de mesa.



El deporte tiene una doble vertiente, por un lado la realización de ejercicio y actividad recreativa y, por otro, la posibilidad de competición. Es en esta segunda posibilidad donde los factores de la personalidad tienen una amplia relación con la ejecución del deportista y su rendimiento.

El tenis de mesa es un deporte de raqueta, que se disputa entre dos jugadores (individual o singles) o dos parejas (dobles), se juega fuera de una mesa de 2.74m de longitud, 1.52m de ancho, 0.76m de altura, la mesa está dividida por una red de 15.25cm de altura, se utiliza una pelota de celuloide de 40mm de diámetro con un peso de 2.6gr.

El tenis de mesa fue incorporado como deporte olímpico en los juegos de Seúl de 1988, considerando como el deporte con la mayor cantidad de federados en el mundo. En México, la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE), en coordinación con el Sistema Nacional de Cultura Física y Deporte (SINADE), con el aval de la Federación Mexicana de Tenis de Mesa (FEMETEME), organiza anualmente el evento multideportivo denominado Olimpiada Nacional, que consta de varias etapas eliminatorias (institucional, municipal, estatal y regional). La Olimpiada Nacional es el máximo evento en las categorías infantiles y juveniles, siendo además selectivo nacional para competencias Internacionales (CONADE, Convocatoria 2010).

La ejecución de la técnica del tenis de mesa requiere coordinación motriz fina y compleja, con el fin de responder adecuadamente a los cambios de velocidad, efecto, fuerza, y trayectoria de la pelota, por lo que el ejecutante debe aprender a ajustar movimientos de raqueta y reaccionar rápidamente. Además, se juega a una alta velocidad (en los torneos federados una pelota puede alcanzar hasta 180km/h, y puede lograr 50 revoluciones por segundo), lo que en consecuencia desarrolla la atención y estimula los reflejos condicionados (Menna, J. 2007).

Matytsin (1994) encontró que el tenis de mesa tiene una dimensión cognoscitiva creativa dado que es un deporte con un rango amplio de objetivos técnicos-tacticos-psicológicos-pedagógicos, esto significa que el deportista está siempre buscando intentar adquirir nueva información especializada y en entrenar sus habilidades físicas. La actividad de un deportista de tenis de mesa está caracterizada por la complejidad de las técnicas de coordinación, a un ritmo muy rápido, la cualidad acumulativa/explosiva del esfuerzo físico, alta precisión, y un amplio punto de mira para el ataque lo que usualmente se expande por toda el área de juego.

Las peculiaridades técnico-tácticas de un deporte se juntan con cualidades correspondientes en la personalidad de un jugador. El tenis de mesa es una actividad multicoordinada en un contexto altamente variable. La naturaleza indeterminada del entorno de juego está aumentada por rígidos límites de tiempo y baja predictibilidad de las acciones del rival. Así, las tareas encaradas por el jugador durante el curso de un juego son muy complejas y se mantienen cambiantes todo el tiempo, el marcador es extremadamente móvil, las fases de éxito y de derrota se siguen unas a otras rápidamente; a menudo hay necesidad de un ataque enérgico en un juego riesgoso en un momento crucial; todo esto crea un fondo de alto contenido emocional contra el cual los jugadores deben actuar (Matytsin, 1994).

En años recientes, el estudio de la personalidad ha tomado una aproximación descriptiva apegada a los datos conductuales (Lundin, 1974; Harzem, 1984). A partir de esa estrategia, un estilo conductual se define como aquellas regularidades en el comportamiento de un individuo que se presentan en contextos diferentes pero funcionalmente equivalentes (Lundin, 1974) tales como el deporte.

Los deportistas jóvenes se encuentran aún en periodo de formación y su repertorio de conductas de enfrentamiento a la competición deportiva puede no corresponder, en todos los casos, a las exigencias a las que se encuentran sometidos. Un estilo de enfrentamiento al estrés en esas etapas evolutivas se encuentra formado por conductas típicas de Patrón de Conducta Tipo A (Pallarés & Rosel, 2001).

Los cardiólogos norteamericanos Meyer Friedman y Ray Rosenman describen (1988) una línea de aprendizaje conductual que engloba características socioculturales y de personalidad que condicionan enfermedades como el infarto al miocardio denominada Patrón de conducta tipo A (PTAB). El PTAB se define como complejos emotivo-conductuales que los individuos utilizan para enfrentarse a su medio. El tipo “A” se caracteriza por un intenso impulso de llevar a cabo metas específicas pero poco definidas, una profunda inclinación y deseo de competencia, un deseo persistente de reconocimiento y progreso, involucramiento continuo en diversas funciones sujetas a restricciones de tiempo, una propensión habitual para acelerar la tasa de ejecución de muchas funciones físicas y mentales, alertividad mental y física extraordinarias (Rosenman, 1975).

El patrón conductual Tipo A involucra: disposiciones conductuales como agresividad verbal (rara vez física), competitividad e impaciencia; conductas específicas como estados de alerta, tensión muscular, estilos vocales rápidos y enfáticos, aceleración en el ritmo de actividades; respuestas emocionales como irritación, hostilidad encubierta y aumento de enojo potencial. Un gran número de estudios (Rosenman, 1988; Carmelli & Rosenman, 1987; Friedman, 1984) han dado fuerte validez de constructo para la PTAB con hallazgos consistentes de que las personas Tipo A tienen más confianza en sí mismas, son más alertas, más controIadores de sí mismos, ordenados, competitivos, agresivos, profundamente involucrados con su vocación, menos aptas para relajarse en el trabajo, no se distraen con facilidad, prefieren trabajar solos en sus retos, luchan para controlar su medio, son muy conscientes del tiempo, son impacientes, rápidos y hostiles.

Los individuos que no exhiben las conductas Tipo A se llaman Tipo B. Sin embargo, los Tipo B no sólo se caracterizan por la ausencia relativa de conductas Tipo A, siendo menos agresivos, y más relajados sino que, además, tienen un estilo distinto de afrontar su medio que no los lleva a la impaciencia y el ajetreo de las conductas Tipo A, ó a las respuestas inapropiadas de agresión, competitividad, hostilidad y enojo.

El patrón conductual llamado tipo A es exhibido por personas impacientes y que siempre tienen prisa, son competitivos, agresivos, impulsivos y frecuentemente hostiles. El patrón conductual tipo B se caracteriza por presentar poca urgencia, despreocupación por el tiempo, poca competencia, relajación, poca impulsividad y agresión, así como una alta dosis de paciencia. Existe un patrón conductual intermedio, el patrón Tipo X, que se encuentra en individuos que exhiben características tanto Tipo A como Tipo B. Es generalmente posible clasificar de un 85 a un 90% de los sujetos como Tipo A o Tipo B.

El patrón conductual llamado tipo A se divide en dos, A-1 y A-2. La persona Tipo A extrema (Tipo A-1) se encuentra crónicamente involucrada en una lucha interminable por lograr metas pobremente definidas contra todas las adversidades (impulso agresivo). Es una persona concienzuda y orientada al trabajo que constantemente trata de sobresalir en lo laboral y en otras actividades como deportes, competitividad. Trata de invertir cada minuto del día en actividades productivas y orientadas hacia una meta, pues considera otras actividades como una pérdida de tiempo. Dado que frecuentemente se ve frustrado por las circunstancias, el tiempo o la gente que impiden su progreso, la persona Tipo A-1 continúa su lucha con la creencia de que vencerá las dificultades y frecuentemente desarrolla impaciencia y una sensación crónica de urgencia de tiempo (estar siempre de prisa) lo cual lo hace acelerado en todas sus actividades; ya sea al comer, caminar, hablar y se hace, también, excesivamente puntual y orientado en el tiempo.

Patrones conductuales: Perfiles

Perfil de un sujeto Tipo A

El individuo Tipo A-1 camina rápido, su cara se ve extraordinariamente alerta, esto es, sus ojos se ven muy vivos, rastrean rápidamente cualquier situación. Puede emplear una postura tensa, con los dientes y la mandíbula apretada, su sonrisa tiene una extensión lateral más que oval y su risa rara vez es abierta. Acostumbra mirar directamente a los ojos. Frecuentemente, se sienta en la orilla de la silla, puede estirar las piernas, cruzarlas o solo mantenerlas debajo de la silla. Rara vez tiene las manos sueltas con los dedos extendidos. Es muy dado a enfatizar poniendo la mano en puño al hablar, en particular cuando se enoja o se inquieta, esta acción no tiene lugar cuando le hablan y puede dar la impresión de que está impaciente y puede hacer sentir incómoda a la gente lenta que está cerca de él.

Su discurso no es necesariamente rápido, pero incluye entonaciones explosivas y se acelera en las oraciones largas. Tiende a enfatizar las palabras clave de las oraciones. Nunca habla en voz baja ni murmura y raramente hace pausas a la mitad de las oraciones. Cuando habla de un tema de su interés y se le interrumpe, siempre vuelve al punto del tema que le interesa.

En ocasiones, puede admitir que está poseído por una urgencia temporal crónica y puede expresarse por ejemplo de la siguiente manera: “Si, quisiera que hubiera más tiempo para poder hacer las cosas, siempre me parece que no hay tiempo suficiente”, “me gusta estar haciendo algo por ahí”, “me gusta que se hagan las cosas, no tiene caso andar perdiendo el tiempo”, “no hay suficiente tiempo en el día”. Admitirá que odia esperar en una fila. De hecho, evitará bancos, restaurantes y supermercados u otros lugares donde sabe que tiene que esperar en una fila. La persona Tipo A-1 revelará su sentido de competitividad en el trabajo, por ejemplo “Si no estás en continuo movimiento en el mundo de los negocios, te vas para abajo”.

Odia perder cualquier tipo de competencia: “Cuando juego, juego a ganar”, “¿No es de eso de lo que se trata el juego?”. “Todo lo que no implique ganar algo que valga la pena no le interesa”.

La persona Tipo A-1 posee un pensamiento rápido, “poliédrico y multifacético”. Es decir, va de un tema a otro con rapidez y le desespera que sus interlocutores no le sigan el paso a sus pensamientos. Le gusta la gente que puede llegar al grano rápido y tiende a alentar a los demás, en especial a los miembros de su familia a hacerlo.

No todas las personas Tipo A son agresivas, competitivas y orientadas al logro. Hay personas más conscientes que, sin embargo, el medio les demanda estar a prisa y en aceleración constante. Por ejemplo, un empleado de telégrafos, un técnico de televisión, etc., pueden no haber sido originalmente personas Tipo A pero el medio ambiente demandante de una constante necesidad de hacer las cosas rápido y bajo presión, lo hacen convertirse en un Tipo A. Esta es posiblemente la razón de la existencia de un Tipo A menos exagerado, al cual llamamos Tipo A-2. Es posible visualizar como un Tipo B se convierte en Tipo A si el individuo trabaja en una línea de producción, si es pagado con base a la cantidad de piezas que produce, o si es un taxista en una ciudad moderna.

La persona Tipo B no puede ser descrita como la antítesis de la persona Tipo A, pues presenta los mismos rasgos que ésta pero sin la exageración característica de los Tipo A. Tampoco se encuentran estas características todas juntas en el Tipo B como sucede en el Tipo A. A manera de analogía, la persona Tipo B posee una “temperatura corporal normal”, mientras que la persona Tipo A tiene “fiebre”. La persona Tipo B no vive en lucha continua contra el tiempo aunque en ocasiones sienta algo de presión temporal. No es enteramente competitivo y mientras lleva a cabo sus ambiciones, llega a sus metas en una forma no agresiva.

Perfil de un sujeto Tipo B

El verdadero Tipo B es aquel a quien jamás le ha importado competir contra el tiempo o en exceso. Por supuesto que puede haber sido un buen estudiante o un excelente pensador. Puede trabajar por mucho tiempo, pero sin sentir la necesidad de comprimir el tiempo y hacer más cada día. A diferencia del Tipo A, el Tipo B piensa que hay suficiente tiempo para hacer lo que desea hacer. La persona Tipo B generalmente está satisfecha con su estatus, tanto económico como social. En general, su comportamiento sugiere relajación, alegría y falta de prisa.

El rostro de una persona Tipo B es de expresión relajada, con los labios también relajados y sin tensión muscular. Su sonrisa y su risa son amplias. Puede tener una cara inteligente, sin hostilidad. Acostumbra sentarse relajado, recargado en la silla. Da la impresión de encontrarse cómodamente sentado, preparado para pasar ahí un buen rato. Sus manos generalmente las mantiene sueltas, con los dedos relajados; nunca empuña la mano. Puede dar un saludo de mano gentil, un poco nervioso y rápido. No da la impresión de estar impaciente, por el contrario, da la impresión de que el mismo entrevistador puede relajarse con él. Raramente tratará de terminar las oraciones del entrevistador o dirá “si, si” o “mm, mm” antes que el entrevistador termine sus oraciones.

Su discurso no es rápido ni necesariamente lento. Pero puede dudar al comenzar una oración o a la mitad de una respuesta para pensar antes de terminarla. Puede hablar pausadamente o no, puede sonreír durante la plática; si está hablando de un tema de su interés y es interrumpido, rara vez regresa al tema por sí mismo.

Puede admitir que en ocasiones siente una urgencia por el tiempo, pero sin vehemencia excesiva o discurso explosivo. No tiene sentimientos de culpa por las actividades no orientadas al logro. No disfruta al acelerar su paso en el trabajo o al trabajar bajo presión. Puede reír y decir algo como “Después de todo, es solo un juego, me agrada el compañerismo o el gusto de patear la pelota, no me importa ganar o la calificación”. Es apto para hacer más rutinas en casa, sin tener una meta o motivo principal. No le importa si una persona tarda mucho para expresarse; el individuo Tipo B sólo se relaja y espera.

Si su trabajo requiere cavilación, el individuo Tipo B puede sentarse a pensar las cosas antes de tomar decisiones. De hecho, muchos altos ejecutivos son Tipo B. Tiende a quedarse una vez terminada la entrevista y en ocasiones exclama “¡eso es todo!” Puede mostrarse interesado en el proyecto y hacer preguntas al respecto, inclusive puede hacer sugerencias. Si se le habla de temas que le interesan al interlocutor, la persona Tipo B suele interesarse también. Sabe escuchar y comprender.

El individuo puede percatarse o no de su propio patrón conductual. Por lo tanto, la evaluación del patrón conductual es mejor cuando se basa en la observación de un profesional entrenado que en la opinión subjetiva del propio sujeto. En general, los individuos exhiben varios grados diferentes de dos patrones.

En la literatura actual existen dos métodos aceptados por consenso (Snyder, 1989) que se emplean para medir la conducta tipo A, uno es la entrevista estructurada (Rosenman, Friedman, Strauss, Wurm, Kosichick, Hann & Werthessen, 1975; Nava, Hernández-Pozo, Garrido, Huichan, Núñez, Vázquez, & Campos, 1998) y el otro son los cuestionarios autodescriptivos (Jenkins, Rosenman & Friedman, 1967).

Se han intentado desarrollar cuestionarios para sustituir la Entrevista Estructurada, como la Encuesta de Actividad de Jenkins, la Escala Bortner, la Escala de Framingham para Tipo A, y la Escala de Vickers. Sin embargo, estos cuestionarios son de autoreporte y se refieren a la percepción individual de actitudes, atributos y actividades del sujeto, más que a su conducta. Además, los ítems de contenido presentan importantes diferencias culturales, por lo que es difícil su adaptación transcultural. Por otro lado, los autoreportes no pueden capturar totalmente los estilos y conductas psicomotoras que son esenciales para la evaluación de la PTAB y no evalúan la competitividad conductual ni la hostilidad del Tipo A. Las medidas de auto reporte pueden ser útiles para poblaciones grandes, pero no son muy buenas para la evaluación individual.

La entrevista estructurada se diseñó con el propósito de aportar un escenario de provocación en donde se puede evaluar el estilo de respuesta y la conducta del individuo. El diseño permite a un entrevistador entrenado evaluar la relativa presencia o ausencia de signos motores y estilos verbales característicos, así como otros comportamientos Tipo A como el grado de impulsividad y ambición, el grado de competitividad, agresividad y hostilidad conductual pasada y actual, el grado de impaciencia, la sensación de urgencia temporal y conductas apresuradas.

Se enfatiza que, a pesar de estar interesados en las respuestas del sujeto a las preguntas, una evaluación correcta depende más de las cualidades motoras y emocionales que acompañan las respuestas que del contenido de las respuestas en sí. El PTAB involucra disposiciones conductuales como la agresividad, competitividad e impaciencia; conductas específicas como tensión muscular, estilos vocales rápidos y enfáticos, aceleración en el ritmo de actividades; respuestas emocionales como irritación, hostilidad encubierta y aumento de enojo potencial. Algunos estudios (Hernández-Pozo, Serrano, Méndez, Montes & Rodríguez, 1992; Hernández Pozo, Hermosillo & Osório,1996; Hernández Pozo, 1996) han valorado en forma no verbal algunos componentes claves del PTAB como urgencia bajo programas de reforzamiento diferencial de tasas bajas, reactividad fisiológica y tolerancia a la frustración en ausencia de reforzamiento en poblaciones extremas que incluyen deportistas, pacientes con cáncer, científicos, amas de casa, ejecutivos, estudiantes con altas o bajas ejecuciones académicas.

En México la validación que se hace de esta prueba es interjueces, existiendo ya un primer antecedente en diversos tipos de población mexicana (Nava, Hernández-Pozo, Garrido, Huichan, Núñez, Vázquez, & Campos, 1998).

La calificación se realiza con jueces entrenados en forma previa, los cuales analizan en forma independiente cada entrevista grabada, registrando sus observaciones en una hoja de respuestas para, posteriormente, obtener una confiabilidad interjueces mínima de .80, de lo contrario se vuelve a calificar la entrevista hasta obtener el puntaje aceptado.

Tolerancia a la frustración

Algunas tendencias conductuales han sido objeto de estudio por los especialistas, dada su importancia como factores de riesgo en salud, la ejecución académica y laboral. Tal es el caso de la tolerancia a la frustración, un elemento singular, estudiado como componente de la conducta tipo “A”, que juega un papel en la etiología de disfunciones cardiovasculares (Friedman & Rosenman, 1974).

La tolerancia a la frustración se caracteriza como la disposición de un sujeto a persistir en responder en una situación no contingente, es decir, en la que no existe relación entre su comportamiento y las consecuencias de su conducta.

Los métodos aceptados por consenso en la literatura actual (Snyder, 1989) empleados para medir la conducta Tipo A son los cuestionarios autodescriptivos (Jenkins, Rosenman & Friedman, 1967) y la entrevista estructurada (Rosenman, Friedman, Strauss, Wurm, Kosichick, Hann & Werthessen, 1975; Nava, Hernández-Pozo, Garrido, Huichan, Núñez, Vázquez, & Campos, 1998). Hernández Pozo y Col. (1996) desarrollaron un cuestionario autodescriptivo que evalúa la tolerancia a la frustración a través de 14 preguntas, las cuales se califican como verdadero o falso, presentando una serie de situaciones frustrantes para la persona.

El cuestionario TOFU se validó con población mexicana siendo la n de sujetos igual a 1077 adultos agrupados en diferentes características de la siguiente manera: 1) Población general de bajos recursos 320 mujeres y 20 hombres; 2) Estudiantes universitarios 108 mujeres y 56 hombres de la facultad de psicología o de la ENEP Iztacala; 3) Deportistas de alto rendimiento 112 mujeres y 121 hombres pertenecientes al grupo de atletas mexicanos becados por su rendimiento deportivo por la comisión nacional del deporte; 4) Deportistas en silla de ruedas del equipo de la UNAM, 11 personas, 6 hombres y 5 mujeres; 5) Mujeres embarazadas, 219 que planearon su embarazo y 110 que no lo hicieron, de acuerdo con una entrevista.

La versión inicial de la prueba constó de 43 preguntas, que debían ser contestadas con Si o No. Después de la eliminación de los reactivos que no cubrieron criterios estadísticos ni de confiabilidad, se integró una versión de esta prueba que constó de 14 reactivos.

Los resultados se analizaron de acuerdo a la subdivisión en los siguientes grupos: I población general femenina; II población general masculina; III estudiantes universitarias; IV estudiantes universitarios; V deportistas de alto rendimiento de género femenino; VI deportistas de alto rendimiento de género masculino; VII deportistas universitarios en silla de ruedas ambos géneros; VIII mujeres con embarazo planeado; IX mujeres con embarazo no planeado.

Se seleccionaron estos grupos de acuerdo a expectativas de que, por sus características, representarían calificaciones extremas en cuanto a esta disposición comportamental, así, se pensaba que los deportistas de alto rendimiento exhibirían índices bajos de tolerancia a la frustración, mientras que, los atletas de silla de ruedas mostrarían valores elevados de tolerancia. Por otro lado, las mujeres identificadas con embarazo no planeado mostrarían mayor tolerancia que las que si lo planearon. Los estudiantes universitarios se distinguirían de la población general por su entrenamiento, reflejándose esto en sus indicaciones de tolerancia a la frustración. Convenía entonces, bajo estos supuestos, realizar los análisis en forma diferencial para los subgrupos, con el fin de retener los reactivos que produjeron diferencias entre los mismos y, en lo posible, realizar análisis por sexo dentro de cada subgrupo, así como en forma generalizada, para constatar la hipótesis de que existen tendencias diferenciales asociadas al género en este terreno.

Expresión de la ira

Otra disposición conductual de la conducta Tipo A es la agresividad verbal, rara vez física, caracterizada por tensión muscular, estilos vocales enfáticos, respuestas emocionales como irritación, hostilidad encubierta y aumento de enojo potencial (Rosenman, 1988; Carmelli & Rosenman, 1987; Friedman, 1984).


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Para citar este artículo:

  • Hernández, J. L.(2011, 8 de septiembre). Características de personalidad y desempeño en jugadores de tenis de mesa de alto rendimiento. Revista PsicologiaCientifica.com, 13(15). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/jugadores-tenis-de-mesa-personalidad-desempeno


4 Comentarios para “Características de personalidad y desempeño en jugadores de tenis de mesa de alto rendimiento

  1. Oscar C.

    Felicidades por el artículo, la metodología es muy interesante. Es la primera investigación que he leido sobre tenis de mesa y psicología. Que bueno que se investigue y se le de impulso a la psicología del deporte.

  2. Arturo

    Felicidadesss, muy genial investigación! no parece hecha por un investigador tan joven 🙂

  3. Sergio Arturo Blanco Ceja

    Muy buen trabajo de investigación sobre la conducta de los deportistas, en específico del Tenis de Mesa. En Cuba a los tipo A le llaman sanguíneos y los Tipo B flemáticos. Ojala en un futuro puedas hacer una valoración de los equipos nacionales, pues soy un convencido de que la psicología del deporte es necesaria como una herramienta más que le servirá al entrenador para comprender el comportamiento de sus jugadores y la forma de poder ayudarlos. Mis felicitaciones por tu trabajo y sigue por ese camino. Felicidades

  4. Julián Urbina Cisnero

    Excelente trabajo. Me llama poderosamente la atención los hallazgos de esta investigación y las inferencias que se pueden hacer a partir de ellos. Por ejemplo, en el ámbito laboral el supervisor identificado con el Tipo A, suele ser poco considerado y más centrado en la tarea, es altamente competitivo, controlador y autoritario. Saludos cordiales

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