Pautas del intervencionismo psicológico en el proceso de rehabilitación cardiovascular de pacientes con enfermedades coronarias
Psicología de la Salud


  • Teresa Rodríguez Rodríguez
    Ph. D., en Ciencias Psicológicas.
    Profesor e investigador titular
    Hospital Universitario “Dr. Gustavo Aldereguía Lima”
    Cienfuegos, Cuba

     

Resumen

  • La Rehabilitación Cardiovascular (RC) surge en 1969  como respuesta a la necesidad de los pacientes cardiovasculares de adquirir estándares de vida elevados después de enfermar. La sistematización del conocimiento sobre el estado del arte en materia de RC y  los aportes de investigaciones realizadas por la autora con estos pacientes, han permitido la propuesta de nuevas pautas de actuación desde la Psicocardiología. Se recomiendan nuevos modos de actuación en los programas de RC establecidos, se enfatiza en  la necesidad de incluir varias aristas psicológicas hasta ahora poco  enfatizadas. La intervención psicológica con pacientes en RC eleva la calidad asistencial. La fase I de la RC ofrece una oportunidad única para iniciar la prevención secundaria y contribuir a la modificación de conductas no saludables y a la  estabilidad clínica de los pacientes. 

    Palabras clave: Intervencionismo psicológico, rehabilitación cardiovascular, modificación de conductas no saludables

Hace más de 60 años un trascendente estudio conocido como Framingham Heart Study (FHS) desarrollado en los EE. UU, tuvo como objetivo determinar la historia natural de las enfermedades cardiovasculares, explorar su comportamiento e identificar factores que lo explicaran y se relacionara con su desarrollo. Definió además de los riesgos biológicos y sociopsicológicos asociados a estos padecimientos (O’Donnell, Elosua, 2008  y  Mahmood, Levy, Vasan, Wang 2014).

Así entran a jugar en el enfoque científico variables subjetivas en el proceso de enfermar y morir por enfermedades cardiovasculares.

 Generalmente,  las enfermedades cardiovasculares dejan discapacidad en quienes la padecen, por lo que requieren de un proceso de rehabilitación que les permita reincorporarse a la vida socialmente útil y adquirir estándares elevados en la calidad de vida lo antes posible.

Por tales motivos surge el concepto de Rehabilitación Cardiaca (RC)  establecido por la Oficina Europea de la Organización Mundial de la Salud (World Health Organization, 1969), que se define como el conjunto de actividades necesarias para que el paciente coronario (o con cualquier otra patología cardiovascular), llegue a un nivel funcional óptimo desde el punto de vista físico, mental y social por medio del cual pueda reintegrarse por sus propios medios a la vida familiar y profesional (World Health Organization, 2011).

Dentro de los pacientes elegibles para rehabilitación cardiovascular se encuentran aquellos  que  hayan presentado por lo menos uno de los siguientes eventos cardiovasculares en el último año (Consenso de Rehabilitación Cardiovascular y Prevención Secundaria de las Sociedades Interamericana y Sudamericana, 2013).

  • Síndrome coronario agudo
  • Cirugía de by-passaorto-coronario
  • Angioplastia coronaria
  • Angina estable
  • Reparación o reemplazo valvular
  • Trasplante cardíaco o cardiopulmonar
  • Insuficiencia cardíaca crónica
  • Enfermedad vascular periférica
  • Enfermedad coronaria asintomática
  • Pacientes con alto riesgo de enfermedad coronaria

La mayoría de  los Programas de RC abogan por  que se  incluya en los mismos el manejo de variables psicológicas,  generalmente se enfatiza en el manejo de las emociones y de conductas de riesgo, pero no se incluyen otros aspectos de alta relevancia para que el proceso contemple totalmente la subjetividad de estos pacientes,   responda a exigencias individuales y se ajusten al enfoque de género, al manejo del paciente grave, de las alteraciones de la respuesta sexual, a la rehabilitación cognitiva y  a la inclusión de la familia como agentes de apoyo y facilitadores del cambio de las personas tributarias de rehabilitación.

Tampoco se registran hasta la fecha actual programas, estrategias, o metodologías para la atención psicológica a pacientes con padecimientos cardiacos desde la fase aguda del padecimiento, pese a la importancia que se declara en la literatura científica referente a iniciar la rehabilitación psicológica  precozmente por todos los beneficios que  reporta para el enfermo y  su familia (Rodríguez, 2010).    

El inicio temprano (fase I u Hospitalaria) del intervencionismo psicológico con objetivos y acciones bien definidas, donde se incluye al paciente y a la familia ha demostrado ser altamente favorecedor en la modificación de las conductas de riesgo, en el control de las emociones, en la práctica de normas de autocuidado y en la participación de la familia en el proceso de RC, a la vez que permite elevar la calidad asistencial de los pacientes hospitalizados  en fase aguda al tener repercusión sobre variables fisiológicas tales como frecuencia respiratoria, tensión arterial y frecuencia cardiaca ( Rodríguez, 2008) .

Dadas estas experiencias y resultados de investigaciones con pacientes portadores de Enfermedades Cardiovasculares (ECV), la autora del presente artículo ha querido socializar las pautas de actuación en la atención psicológica de pacientes con enfermedades coronarias en el proceso de rehabilitación cardiovascular, haciendo énfasis en la primera fase por ser justamente el comienzo y la base  de un proceso que no culmina hasta el fin de la vida en este tipo de enfermo.

La RC consta de tres fases, la Fase I u Hospitalaria (durante la estancia hospitalaria), la Fase II o de Convalecencia (desde el alta hospitalaria y tiene una duración entre 8-12 semanas)   y la Fase III o de Mantenimiento: (comienza generalmente unas 10 o 12 semanas después del episodio agudo o la cirugía, para el paciente no complicado y se prolonga para el resto de la vida. Cada una pauta sus exigencias y particularidades, y en todas es imprescindible el intervencionismo psicológico (Rivas, Barrera, Fernández, Rodríguez, 2013).

En Cuba se implementó el programa de Rehabilitación Cardiovascular en 1973, manteniendo para su aplicación los principios y normas decretadas por la OMS. Está vigente hasta los momentos actuales (Rivas, et. al. 2013).

La literatura científica sobre RC se refiere a la importancia de este proceso para personas que sufren de ECV que requieran de esta intervención, al dejar muchas de ellas secuelas físicas, psicológicas y sociales que interfieren en la calidad del vida del paciente, los limita para su reinserción a la vida socialmente útil, pueden provocar insatisfacciones personales que a su vez generan malestar psicológico y/o patologías psíquicas bien establecidas.

Hasta la actualidad se han identificado factores de riesgo (FR) para el padecimiento de enfermedades coronarias, clasificados como factores de riesgo modificables y factores de riesgo no modificables (Guías de la Sociedad Europea de Cardiología, 2016).

Como FR no modificables  se consideran la edad, la herencia y el sexo. Dentro de los FR modificable están los FR emocionales (ansiedad, depresión, estrés, ira- hostilidad) y los factores de riesgo que se vinculan a la conducta, tales como el tabaquismo, hábitos dietéticos y  factores de riesgo propiamente dichos o tradicionales, son el Colesterol elevado, Colesterol LDL elevado,  Diabetes mellitus ( DM), Colesterol lHDL reducido, Hiperglucemia,  Hipertensión Arterial (HTA),  Triglicéridos elevados, Síndrome X, Obesidad  (Guía de la Sociedad Europea de Cardiología, 2016).

Es conocida las implicaciones de los factores de riesgo emocionales en el origen y evolución de los padecimientos coronarios (estrés, ira-hostilidad, ansiedad y depresión). (Ahmadi, Hajsadeghi, Ebrahimi, 2011, Esquivel, Garzona, Sauma, 2015, Girardi, Milei, Stefani, 2011, 2008, Rodríguez, 2012, Rodríguez, Navarro, González, 2013).

La hostilidad y la ira son los aspectos más altamente predictivos de las enfermedades coronarias, puntualizándose la hostilidad como la de más alta asociación con éstas (Magán, 2010, Moyano et. al, 2011).

El estrés por vía simpática aumenta la frecuencia cardiaca, y con ello la necesidad de oxígeno del miocardio, en tanto que el incremento catecolamínico propio de la tensión emocional bloquea los procesos de oxigenación del corazón como consecuencia de las alteraciones hemodinámicas que provoca, y hace más drástico el déficit irrigatorio (Ahmadi et. al,  2011).

La depresión es frecuente en pacientes con ECV (Esquivel et. al, 2015),  además puede preceder a la enfermedad coronaria, y es un factor pronóstico del primer infarto de miocardio (IMA) y de la muerte cardíaca en individuos sanos (Lichtman, Froelicher, Wulsin, 2014).

Rasgos de ansiedad y síndrome depresivo suelen asociarse a una mayor respuesta de presión arterial y frecuencia cardíaca ante las emociones negativas percibidas a lo largo del día. Tras un evento coronario la ansiedad incrementa el riesgo de sucesos isquémicos y de arritmias (Esquivel et. al, 2015).

También se reclama la necesidad de la prevención secundaria de factores de riesgo tradicionales vinculadas al comportamiento: tabaquismo, sedentarismo/obesidad, hábitos nutricionales inadecuados. Estos son considerados factores de riesgo modificables, con alta carga de responsabilidad en la aparición de las ECV y de su evolución una vez que han aparecido (Sociedad Europea de Cardiología, 2016).

Para la modificación de conductas no cardiosaludables es necesario el control voluntario y la toma de decisiones de quienes la poseen.  La imposición y reiterada indicación médica no despierta motivos con valor inductor motivacional que lleve al sujeto a buscar determinados objetos que satisfagan la necesidad para que impulse las modificaciones necesarias, solo provoca rechazo e inercia en tan necesarias transformaciones (Rodríguez et. al, 2013).

Por otra parte, al consultar la amplia bibliografía que aborda lo referente a RC, es infrecuente encontrar contempladas variables cognitivas, las que inevitablemente guardan relación con los procesos rehabilitatorios, pues su adecuado funcionamiento garantizan el procesamiento eficiente de la información que el hombre recibe a través de mensajes en la comunicación que se establece en la relación terapéutica

Varias enfermedades coronarias producen hipoperfusión miocárdica provocando hipoxia en órganos vitales. Se conoce que dentro de los órganos más afectados inmediatamente por la insuficiencia de oxígeno, debido a la disminución del flujo de sangre, se encuentra el cerebro cuyas funciones se obstaculizan, temporal o permanentemente, debido a esta afectación (Barba et. al,  2000).

Se producen alteraciones neurológicas y cognitivas. Algunas han sido identificadas en investigaciones con pacientes coronarios donde se han detectado alteraciones del pensamiento. Delgado y colaboradores (Rodríguez et. al, 2013) concluyeron  que en pacientes portadores de cardiopatía isquémica hospitalizados se produjeron afectaciones en la verificación de la acción, ésta se perfiló como aquella variable con mayores dificultades perdiéndose la criticidad del proceso sin permitir reestructurar las estrategias de solución empleadas, perdiendo el pensamiento su carácter organizado y procesual, y afectándose la última etapa del proceso de solución de problemas, por tanto  el paciente es incapaz de reconocer sus errores y reorientar su pensamiento hacia otra estrategia más eficaz. La afectación de esta variable constituye además un importante indicador de la alteración de los sistemas funcionales de las áreas pre-frontales encargadas de la programación, regulación y verificación de la actividad (Rodríguez et. al, 2013).

Es preciso recordar, además, que los FR tradicionales (HTA, tabaquismo, DM, Hiperlipidemia) predisponen a la aparición de deterioro cognitivo y demencias. Estos pacientes que debutan con padecimientos coronarios mayoritariamente padecen de dichas enfermedades.  En el momento del ingreso causado por la ECV pueden ser portadores de alteraciones en el funcionamiento de procesos cognitivos. Constituye esta realidad otro elemento más a tener en cuenta al evaluar psicológicamente a los pacientes, antes de iniciar la labor psicoterapéutica y de orientación en la fase I de la RC.

Estudios transversales y muy especialmente  poblacionales, han relacionado la presencia de niveles de tensión arterial elevada con la presencia de declive cognitivo y demencia, pero no solo demencia en sus formas vasculares sino también demencia de Alzheimer (Reig-Puig,  Antón-Rodrigo, Sánchez- Ferrin, 2011). Al tabaquismo y la Diabetes Mellitus también se le adjudican efectos deletéreos sobre las funciones cognitivas (Mejía, Zúñiga, 2011).

Tener en cuenta estas realidades permite  un diagnóstico integral más preciso del paciente coronario y una mejor  concepción terapéutica y rehabilitatoria, e incluso, una proyección de considerable alcance en la prevención de muchos trastornos y en la optimización del potencial psicológico de estos enfermos (Herrera, García,2003).

En el proceso de atención psicológica a pacientes que requieren de los programas de RC el terapeuta debe conocer cómo está el tono, la vigilia y control de los estados mentales de los pacientes con los que trabaja, también debe preocuparse por el procesamiento de la información que se trasmite y lo más importante, la evaluación de la capacidad para   planificar y verificar sus acciones. Estas consideraciones también pueden resultar beneficiosas para el desarrollo de la intervención y la planificación de una psicoterapia exitosa  (Rodríguez et. al, 2013).

 Constituye un fenómeno bastante sensible de reformular al verse interferido el proceso de rehabilitación de estos enfermos. Ello trasciende a la adherencia terapéutica y al autocuidado del paciente porque se necesita de una implicación activa que requiere colaboración voluntaria por parte del enfermo, adecuado procesamiento de la información, aspectos que están en la base para lograr un comportamiento aceptado y un resultado terapéutico deseado.

Vygotsky plantea que, el proceso del pensamiento es la última función psíquica superior en formarse y la primera en dañarse, lo cual se sustenta en la propia complejidad y susceptibilidad de estas funciones y en el lugar que ocupan en el sistema de estratificación funcional (donde las funciones complejas surgen a partir del trabajo de las funciones primarias o básicas (Luria, 1997).

A partir del conocimiento de los conceptos básicos en materia de RC los psicólogos o psicocardiólogos que asumen la atención a estos pacientes deben conocer qué hacer en cada fase del  RC. Requiere este intervencionismo además de creatividad, proactividad e ingenio para hacer cada vez más ajustadas a las necesidades del paciente las pautas de actuación psicológica en cada fase rehabilitatoria.

Otro aspecto que nunca debe olvidarse es la familia de los pacientes al ser sus miembros quienes acompañan al enfermo desde su ingreso y se convierten en facilitadores del cambio y agentes de apoyo social durante el proceso rehabilitatorio (Rodríguez, Herrera, Castro, Bernal, 2009).

El enfoque de género ha ido cobrando fuerza en los últimos años a la hora de evaluar el proceso salud-enfermedad. La contemplación del género en la forma de enfermar es cada vez más una necesidad de las políticas de salud, al existir riesgos diferentes para cada sexo, diferentes formas de enfermar y morir por causas prevenibles que  definen perfiles epidemiológicos específicos (epidemiología de las diferencias), diferentes formas de acceder y controlar los recursos, de organizar y gerenciar los servicios de salud, de identificar y priorizar los problemas esenciales y de formular políticas y dictar normativas a partir de  la identificación de las necesidades de salud de la población (Artíles, 2009; Castañeda, Díaz, Artíles , 2014).

Los Programas de RC en cualquiera de sus fases  deben incentivar el pensamiento científico a la búsqueda de enfoques en las políticas sanitarias y asistenciales que contemplen  el enfoque de género.

Los padecimientos isquémicos coronarios ilustran las diferencias biológicas y las desigualdades sociales en el proceso salud-enfermedad. Las diferencias de sexo y género son importantes para el diagnóstico y tratamiento de la ECV. Los expertos, así como las instituciones y las sociedades   la Unión Europea y los Estados Unidos han pedido una mayor información de los resultados específicos de género en dichos padecimientos (The EUGenMed, 2015) .

La sexualidad de los pacientes cardiópatas merece especial atención, pues tiene la particularidad de ser una enfermedad con un fuerte componente subjetivo, debido a que afecta la calidad de vida, la autoestima y la relación de pareja. El mayor número casos de Disfunciones Eréctiles (DE) tienen origen orgánico, principalmente por enfermedades vasculares, pero también está asociada a alteraciones estructurales, factores psicológicos, neurológicos, y hormonales.

Cada vez más la literatura médica fundamenta que la DE constituye un centinela de enfermedades vasculares en otros órganos, especialmente de enfermedad coronaria y cerebrovascular (Pohjantahti, Palomaki, Hartikainen, 2011).

A partir de esta realidad debe comenzarse la evaluación de las dificultades en la respuesta sexual desde la fase I de la RC y si es necesario dar continuidad en la fase II y III.

Otra línea importante en el proceso rehabilitatorio es el paciente para que asista de una manera activa y conciente a su propia recuperación potenciando el factor autocuidado.

En resumen, hay que buscar vías efectivas para la implantación de los programas de prevención secundaria y rehabilitación cardiaca porque  consiguen una reducción de la mortalidad total y de la morbilidad y mortalidad coronaria  significativas, una mejoría de la calidad de vida, y una reincorporación social y laboral de la mayoría de los enfermos (Plaza, 2003).

Se aboga por la urgencia de incluir las acciones psicológicas desde la Fase I u hospitalaria y se sugiere adherirse al Modelo  Integracionista de la psicoterapia para desarrollar la intervención (Arias, 2013).

Fase I de la RC

 Esta fase de la RC tiene como objetivos iniciar la rehabilitación física precoz, la prevención secundaria de la enfermedad y lograr por parte del paciente el control elemental de las emociones. Ha quedado demostrado que el intervencionismo psicológico de manera intensiva ( tratamiento psicológico en situaciones especiales) (Rodríguez, 2008), logra beneficios inmediatos para la estabilidad clínica del paciente, incorporación de conocimientos, concientización de la necesidad de la modificación de estilos de vida, aumento de la capacidad de relajación y modificación  del enfrentamiento a situaciones  estresantes, cambios actitudinales y conductuales favorables en la modificación de hábitos tóxicos, hábitos nutricionales y también en cuanto a la incorporación de mecanismos de regulación emocional. A través de Técnicas de Relajación se logra mejorar el estado emocional del paciente desde el periodo crítico de la enfermedad (paciente grave), repercutiendo esto en la estabilidad de parámetros fisiológicos tales como la Presión arterial, la frecuencia cardiaca y la Frecuencia respiratoria y el Doble Producto (Rodríguez, 2008; Rodríguez, et. al, 2013).

Por tanto,  puede iniciarse dicha intervención desde el momento del ingreso hospitalario, en pacientes graves que por las características de la enfermedad se mantengan  concientes, orientados, con posibilidades reales de mantener el intercambio comunicativo con el terapeuta. Deben respetarse horarios de sueño, y la presencia de dolor u otras molestias para evitar otras  al enfermo y debe colegiarse la intervención con el cardiólogo de asistencia (Rodríguez, 2011, Rodríguez et. al, 2013)

Toda enfermedad crónica reclama del paciente cambios sustanciales en su conducta. Los enfermos necesitan comprender e interiorizar que son los máximos responsables de sí, de su padecimiento y de la evolución de la enfermedad. Para ello es necesario crear motivaciones que respondan al autocuidado personal y dar herramientas para afrontar los variados cambios que impone la condición de ser cardiópatas

Es el periodo en que la enfermedad hace crisis, es la etapa del debut isquémico, o de la recuperación postoperatoria para los pacientes que han requerido intervencionismo quirúrgico. Es un periodo complejo para el paciente y su familia.

Los pacientes coronarios hospitalizados por infarto agudo de miocardio, angina de pecho, insuficiencia cardiaca, intervenidos quirúrgicamente o para cirugía de by-passaorto-coronario o implantación de marcapasos, angioplastia coronaria, generalmente se mantienen conscientes, orientados, atentos a sus síntomas, evolución y pronóstico. Esto hace del periodo del internamiento hospitalario un momento muy favorable para iniciar la prevención secundaria del padecimiento que incluye la modificación de conductas contraproducentes para el padecimiento, la búsqueda del control de las emociones y la incentivación para lograr la adherencia terapéutica tan necesaria para el control del padecimiento crónico. Es un escenario perfecto para el trabajo psicoterapéutico mantenido.

A partir de estos conceptos básicos el psicólogo o psicocardiólogo debe pautar la intervención psicoterapéutica que va desde el diagnóstico psicológico hasta la intervención con el empleo de recursos propios del arsenal de la Psicología para el logro de los objetivos propuestos.  Deben ajustarse a la situación de salud del paciente y se deben seleccionar aquellos que contribuyan al control elemental de las emociones y a la modificación de conductas no cardiosaludables  (Rodríguez, 2008, Rodríguez et al. 2013). 

A la par del tratamiento del paciente se va instruyendo a la familia con la intención de adecuarla para afrontar  asertivamente el periodo de hospitalización, brindar ayuda a su familiar y aprender aspectos relevantes para el acompañamiento acertado durante la RC, el cual presupone cambios sustanciales en el estilo de vida de los pacientes.

Al final de la hospitalización, el psicólogo debe entregar a cada paciente una hoja de contrarreferencia, donde se plasmen los aspectos de interés que deben tener continuidad de tratamiento psicológico en la Fase II de la RC (Rodríguez, 2008).

Intervencionismo psicológico en Fase II o convalecencia de la RC

Los objetivos esenciales de esta fase son:

Mejorar la capacidad funcional y fomentar un cambio del estilo de vida a través de todos los aspectos que integra la prevención secundaria, fundamentalmente en el control de los FR, lo que favorece la reincorporación laboral y social de los enfermos (Arranz, Villahoz, 2011).

Esta fase   inicia cuando el paciente egresa del hospital, es decir después de la fase aguda del padecimiento coronario. Se extiende de 8-12 semanas después. Durante el periodo el paciente debe continuar el proceso rehabilitatorio iniciado en la fase I. Contempla los aspectos biológicos, psicológicos y sociales inherentes al enfermo.

Esta etapa también tiene una connotación emocional relevante, es el momento en que del paciente enfrenta su nueva condición como cardiópata con todas las limitaciones inherentes al padecimiento. Debe cumplir la terapéutica indicada con una participación activa y autorregulada que permita e restablecimiento progresivo y la incorporación a la vida socialmente útil. Es la “vuelta al hogar”, después de varios días en el hospital, enfrentando situaciones estresantes, cargadas de malestar psicológico y que muchas veces ponen al límite los recursos personales de los pacientes y su familia.

 La prevención secundaria de la enfermedad es un objetivo primordial, contribuye a evitar complicaciones, a aumentar los años de esperanza de vida y disminuye la morbimortalidad (Plaza, 2003, Estévez et. al, 2017).

La evaluación del grado de malestar subjetivo por el seguimiento de las prescripciones, es un aspecto a evaluar en esta etapa. Pueden utilizarse técnicas de investigación de tipo cualitativa, tales como la entrevista semiestructurada y la entrevista de profundidad

En esta etapa tampoco queda al margen la familia, pues quien de manera permanente acompaña al enfermo, los sostiene, lo incentiva para el afrontamiento a su nuevo status y al cumplimiento de las indicaciones dadas.

Fase II de la RC

Etapa I – Psicodiagnóstico

Esta fase persigue como objetivo principal: la evaluación psicológica de los pacientes para la cual, se realiza inicialmente una entrevista clínico-psicológica y una batería de pruebas psicológicas según necesidades, cuyos resultados son tomados en consideración para el manejo individual y grupal de los pacientes, y define cuáles son las áreas prioritarias de intervención.

 Es imprescindible determinar el estado cognitivo del paciente, especialmente deben evaluarse los procesos mnémicos y  del pensamiento, conservados permiten la fijación y la comprensión por parte del paciente de las metas fijadas y de los beneficios que de ellas puedan derivarse.

Ante la presencia de deterioro cognitivo el familiar será quien fundamentalmente ayudará al cumplimiento del tratamiento y a la adherencia terapéutica para lo cual debe ser instruido.

Es preciso dar continuidad al tratamiento de afecciones en la respuesta sexual y evaluar si en esta etapa aparecen para su debido tratamiento.   

Etapa II- Implementación del Programa

Se defineel sistema de actividades, lafrecuencia, duración de la sesiones, sistema de evaluación de las actividades terapéuticas.

Las actividades psicoterapéuticas se ajustan a las necesidades del paciente, sus características personológicas, sus conflictos, estados emocionales, necesidad de modificación de conductas nocivas, identidad de género (sobre todo roles, status, uso y el control sobre los recursos). Al igual que en otras fases de la RC, se aplican técnicas psicoterapéuticas que se ajustan a necesidades del paciente. Pueden asumir la modalidad individual y grupal.

Igualmente resulta apremiante una estimación del grado de dificultad de la adherencia a cada uno de los componentes del tratamiento indicado (farmacológico y no farmacológico), para procurar   el reajuste al mismo y poder planificar desde la accionar psicoterapéutico intervenciones  que persigan la creación de motivaciones en el paciente que faciliten asumir  la  responsabilidad personal en el cumplimiento de las indicaciones dadas.

En el caso de los pacientes con afecciones de la esfera cognitiva,  el tratamiento de rehabilitación de estos procesos debe hacerse a la par de la rehabilitación cardiovascular y apoyarse en el cuidador primario para garantizar que las orientaciones dadas puedan ser cumplidas.

Los programas de intervención psicológica deben ser de carácter multidimensional al tener en cuentas en su concepción la modificación de factores de riesgos tradicionales y emocionales.

Etapa III- Evaluación final

Se lleva a cabo al finalizar la intervención para evaluar el impacto clínico y psicológico del programa en los pacientes, se incluye a la familia o cuidador principal para favorecer su participación en el proceso rehabilitatorio del paciente.

En los pacientes que al terminar esta fase de tratamiento perduren áreas deficitarias, conductas nocivas, estados emocionales negativos, bajo control de impulsos y emociones, dificultades en la respuesta sexual y baja adherencia al tratamiento médico, deben continuar bajo estrecha vigilancia del equipo multidisciplinario que lo ha atendido o pueden ser remitidos a otros especialistas que puedan intervenir para mejorar el estado de salud. Se le da continuidad en la Fase III de la RC o fase de Mantenimiento (Rodríguez, 2013).

Fase III de la RC

La literatura médica considera que en este periodo debe seguirse al paciente al menos por un año de manera sistemática y después al menos dos veces al año para poder constatar el estado físico y psicológico, la adherencia al tratamiento, la modificación del estilo de vida y con aquellos que no vencieron los objetivos propuestos en la fase II se debe particularizar el seguimiento. Se intenta reducir la frecuencia de nuevos infartos cardíacos no fatales y de la muerte súbita cardíaca, es decir, disminuir la morbilidad y la mortalidad (Burdiat, 2014).

Se hace necesario recordar que con frecuencia se establecen en este periodo mecanismos de defensa (Rodríguez, 2013) que interfieren el seguimiento de tratamientos y orientaciones del equipo de salud, alertar al psicocardiólogo a explorar cuidadosamente el afrontamiento a la enfermedad, las valoraciones y juicios que en esta etapa son frecuentes.  Constituyen barreras para la adhesión al tratamiento y para la práctica de normas de autocuidado personal.

El método de trabajo grupal exige, estimular la autenticidad y la creación de un clima sociopsicológico favorable, en el que se respeten los criterios de sus integrantes para no imponer el juicio de los especialistas y lograr la asimilación de los contenidos que se debaten (Rodríguez et. al, 2013).  

Pueden aplicarse técnicas psicoterapéuticas según los objetivos a alcanzar y particularidades del paciente, debe tenerse en cuenta el tiempo y frecuencia de las sesiones. También debe evaluar si en las fases anteriores fueron instruidas o no.

Deben chequearse todas las variables psicológicas por su repercusión en la evolución de los padecimientos cardiacos.

El psicólogo tiene un papel interactivo con el paciente, busca que la conducta pueda ser regulada de manera voluntaria y reflexiva, a partir del conocimiento bien establecidos y ajustados a lo que en materia de salud cardiovascular dispone el estado del arte actual, por tanto debe trabajar en estrecha relación con el cardiólogo y el resto del equipo de trabajo.

Se pueden establecer vínculos asistenciales con los centros de trabajo a través del personal sanitario encargado de la salud del trabajador, para dar seguimiento a los cardiópatas que se incorporan a la vida laboral (Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, 2009, Rodríguez et. al. 2013).  

Esta actuación favorece la labor efectiva en el proceso de RC, contribuye a la disminución de recaídas, a una reducción de gastos del sistema de salud, a impedir muertes evitables y en general a elevar la calidad de vida de estos pacientes y el bienestar de su familia.

Conclusiones

El intervencionismo psicológico sistemático constituye una necesidad dentro del proceso de RC de los pacientes aquejados de padecimientos coronarios que lo requieran, y ha de perfilarse en la búsqueda de nuevas maneras de enriquecer la actuación para fortalecer la prevención secundaria, lograr las modificaciones conductuales y el control de las emociones que reclama este padecimiento, lo que contribuye a la disminución de la morbimortalidad por esta causa.

Los programas de RC deben incluir además, en sus pautas de actuación la evaluación y rehabilitación de variables cognitivas de los pacientes, el manejo de la sexualidad, la instrucción a la a familia y el enfoque de género.

La intervención psicológica en Fase I tiene una connotación especial por las características del periodo de internamiento, el impacto de la enfermedad, la repercusión de emociones negativas sobre el cuadro clínico general y porque es un espacio muy favorable para crear la conciencia de la necesidad del cambio y motivaciones para el autocuidado personal. Admite  el intervencionismo con el paciente grave.

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Para citar este artículo:

  • Rodríguez, T. (2019, 22 de abril). Pautas del intervencionismo psicológico en el proceso de rehabilitación cardiovascular  de pacientes con enfermedades coronarias. Revista PsicologiaCientifica.com, 17(05). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/intervencionismo-psicologico-rehabilitacion-cardiovascular


1 Comentarios para “Pautas del intervencionismo psicológico en el proceso de rehabilitación cardiovascular de pacientes con enfermedades coronarias

  1. AvatarMarilena Pac Sajquim

    El abordaje refiere una integración multidisciplinaria la cual es ideal para lograr los cometidos requeridos, y es importantísima el apoyo a la familia quienes son básicas en la asistencia y en el entendimiento del cambio muchas veces en el proceso del pensamiento del paciente. a través de un amplio abordaje de este tema, el paciente y la familia misma podrán apoyarse mutuamente e impulsarse para salir adelante.

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