Reflexiones sobre el estudio de la identidad corporativa
Psicología Organizacional


  • Roberto Rodríguez González
    Universidad Central Marta Abreu de Las Villas
    Santa Clara, Cuba

    Luís Manuel Peteiro Santaya
    María Teresa Rodríguez Wong
    Universidad Central Marta Abreu de Las Villas
    Santa Clara, Cuba

Resumen

  • En el presente artículo se ofrecen reflexiones, producto de la experiencia del trabajo de los autores en el tema en cuestión, que se dirigen a la importancia del estudio de la Identidad Corporativa para que las organizaciones puedan asumir los retos que significan el cambio par adaptarse a las condiciones actuales, manteniendo su competitividad. Desde el punto de vista teórico-metodológico, se aborda la conveniencia de estudiar la identidad a partir del reconocimiento de la cultura organizacional y definiendo adecuadamente el alcance del término Identidad Corporativa.

    Palabras clave: Identidad corporativa, cultura organizacional.



El estudio de la identidad corporativa ocupa un lugar cada vez más importante en la política estratégica de las organizaciones debido a los cambios que se producen de forma creciente: aparecen nuevas tecnologías, nuevos mercados, nuevos negocios que provocan en la vida de las organizaciones procesos de reestructuración, diversificación y ampliación de líneas de productos o servicios aportados.

Para afrontar estos cambios con éxito, las organizaciones deben modificar la forma en que son percibidas por los clientes, deben expresar de forma clara, coherente y eficaz una imagen que refleje su finalidad, objetivos y estrategias, imagen que le permita diferenciarse y ser reconocida, conducirse ante un mercado competitivo, exigente y dinámico. En otras palabras, lo importante no es encontrar ventajas competitivas en el servicio o el producto, sino en las características que distinguen a la organización ante el público, expresando un modo propio de ser y de hacer que propicie la identificación del cliente con dicha organización: “(…) la gente tiende a comprar imagen además de comprar productos, por lo que la imagen corporativa se convierte en clave de decisión, pasa a ser un producto en sí misma” (J.C. Arranz, 2000).

De esta manera, la identidad corporativa se convierte en un elemento fundamental que le permitirá a las organizaciones conducirse en el mercado, saber hacia dónde dirigirse a partir del conocimiento de sus características, lo que propiciará el logro de una planificación con éxito a largo plazo.

Son muchos los estudios realizados alrededor del tema identidad corporativa, tanto en el ámbito teórico como práctico, en los que el diseño gráfico ha constituido el elemento fundamental en el abordaje de este tema. En este sentido, muchos de los estudios tienen un carácter restringido, limitándose a conformar el diseño gráfico de la identidad de la organización, sin tener en cuenta la investigación de su cultura, de su filosofía, su historia y de los miembros que la componen.

A partir de estos elementos se evidencia el valor de la investigación desde la cultura organizacional para el estudio de la identidad corporativa de las organizaciones, ya que se pueden comprender los rasgos o atributos que la identifican, tanto para su público interno como externo, los cuales deben surgir de la esencia de dicha organización, de sus raíces, logrando que en el diseño se muestre la verdadera “razón de ser” de la misma. Desde esta perspectiva, el estudio de la identidad corporativa se convierte en un problema complejo, en que intervienen múltiples factores, tales como: la cultura de la organización, el sentido de pertenencia, los roles, las relaciones interpersonales, el comportamiento organizacional y la comunicación, otorgándole carácter heterogéneo y dinámico a su estructura.

La identidad de la organización está representada por los rasgos o atributos que la caracterizan ante sus miembros, su público y el mercado, es decir, las características que la misma asume de modo consciente o inconsciente y que le sirven de elemento diferenciador para que se reconozca a sí misma y pueda expresarse con libertad hacia todo lo que la rodea. En Cuba, las organizaciones conceden gran importancia al logro y mantenimiento de una identidad corporativa, que les permita enfrentar eficazmente las condiciones actuales del mercado.

Identidad Corporativa en la Organización. En busca de una definición

Etimológicamente el término identidad viene del latín identitas, que significa “lo mismo”, es decir, “cada cosa es lo que es”, y en su misma redundancia se pone de manifiesto esta condición intrínseca de la identidad: lo único e idéntico, la unicidad y la “mismidad” de cada cosa, como un círculo cerrado. Filosóficamente, identidad se expresa por secuencia simple. Es, pues, la cosa misma, presentándose a sí misma, en ella misma y por sí misma. Identidad equivale a autenticidad y verdad.

La identidad comporta en sí misma la dialéctica de la diferencia: todo lo que existe en el mundo, cada cosa y cada organismo biológico, son determinados por su esencia, su rol o su orientación y su forma material. El término identidad implica dos dimensiones: todo aquello que identificamos es idéntico a sí mismo y distinto del resto. Por lo tanto, cada ente es único e irrepetible y, por otro lado, todo lo que tiene existencia real se puede percibir, reconocer y en ello mismo, diferenciar, esto es, captar automáticamente aquello que lo hace diferente y único en la relación con los otros.

Estas definiciones acerca de la identidad permiten comprender que es una presencia en la conciencia de algo que existe, que se distingue y se reconoce como tal, es decir: “la cosa” presentándose a sí misma en términos de percepción. Identidad implica noción del ser que es perceptible o imaginable por otros, implica conocer, recordar y reconocer, esto es, identificar.

La identidad no es cuestión exclusiva de las cosas y los seres naturales. La identidad es también la de las organizaciones sociales: un grupo étnico, nacional, ideológico, cultural o mercantil. Así, podemos hablar de la identidad de un individuo, de un grupo, de un país, de una civilización o de una empresa. Cada uno de ellos será reconocible por un conjunto de signos perceptibles, que le son propios y característicos: sus signos de identidad.

En cuanto a la identidad corporativa, los principales estudios surgieron en Europa, específicamente en Alemania, con los trabajos de (en y para colaboración de empresas de sus países) Peter Behrens (arquitecto, diseñador y artista gráfico alemán) y Otto Neurath (sociólogo austriaco). A principios del siglo XX, estas personas no sabían el nombre que tendría lo que estaban haciendo, ni siquiera imaginaban la importancia que iba a adquirir para las empresas de esta Era, en que los mercados se hacen cada vez más complejos y cambiantes, donde se hace cada vez más fuerte la necesidad de diferenciarse, poseer un estilo propio y ser notable para competir.

De otra parte, el diseño estadounidense absorbió los principios funcionalistas del diseño corporativo europeo, que se fue aplicando lentamente al mundo de las organizaciones, de los productos, de los consorcios y de los negocios. En la década de los 60 del siglo XX, los estudios de Identidad Corporativa conocieron su esplendor en los EEUU y lo que era un concepto, una doctrina y un método, se convirtió en un producto que tomó el nombre de Corporate Identity.

La identidad corporativa se convierte en un problema complejo, de carácter ambiguo por la dificultad de identificar un ente que no es de naturaleza objetal, ni visual, que no está ante nosotros enteramente: esta clase de ente es la empresa. La identidad de la organización es en sí misma un problema para el conocimiento, al concebir a la organización heterogénea y dispersa, que no es un objeto físico que ocupa un lugar en el espacio y que no está limitada por una forma externa que la contiene. La organización, según refiere Joan Costa (1992), “surge cuando un grupo de emprendedores adopta una actitud, tiene una idea de aquello que piensa emprender, de lo que piensa hacer, de los fines y objetivos que los mueve, del entorno preciso en que la empresa se insertará, a la vez que cuenta con un soporte técnico y analiza las necesidades para llevar a cabo el proyecto si hay conciencia del riesgo”. Estos hombres poseen una cultura personal, un modo de hacer y entender las cosas, una filosofía que será trasladada de algún modo a la organización y la marcará de manera especial y única, con objetivos, fines y proyectos por realizar, además de una filosofía, una cultura potencial, un modo propio de razonar y hacer.

Puede decirse que la cultura de la organización “nace” realmente con ella. Esta cultura se desarrollará y se afirmará como “un modo propio de ser y de hacer” relativamente estable, para que pueda ser identificada por un público. Esta es la esencia de la identidad de la organización. Toda organización es única y su identidad debe florecer desde el interior de sus raíces, de su personalidad, sus fortalezas y debilidades; por tanto, no se limita a aspectos aislados, sino que se proyecta, sobre todo, lo que la organización es, dice y hace, lo que deja de decir o de hacer, además de los factores externos.

Se evidencia, así, que la identidad corporativa alcanza cada vez más una gran importancia para las organizaciones, ya que el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, el sistema competitivo de la comunicación de mercado, de superproducción industrial y el desarrollo de las sociedades de consumo, han transformado la función de las empresas. La empresa es ahora más que productora de bienes, emisora de comunicación, es decir, su carácter ha cambiado y la definición y proyección de la nueva identidad constituye una función necesaria en la formación de dicha empresa. Hoy es vital conocer a la empresa y definir su dirección, su razón de ser, a quién se dirige, ya que esto le posibilitará asumir y atender sus responsabilidades en términos de calidad, eficiencia, utilidad, servicio e investigación. La autodefinición de la empresa, el establecimiento de políticas y metas son factores muy importantes para su crecimiento.

Una organización debe tener una identidad que refleje fielmente su filosofía y forma de trabajar, debe proyectar su personalidad y elegir la manera de presentarse ante su público, abarcando todos los puntos de contacto entre ella y su público. De esta manera, la identidad puede dar a los clientes una idea clara de lo que pueden esperar en términos de producto, servicio y precio, y lograr así que permanezcan fieles a una organización que respeta sus necesidades y con la cual están familiarizados. Esto es posible cuando la organización ha crecido de forma orgánica, cuando está “orgullosa” de lo que ha conseguido, cuando se ha ganado un prestigio por la calidad de sus servicios.

Como se puede apreciar, son muchos los aspectos que confluyen en el estudio de la identidad. A lo largo de estos años, varios autores han abordado varios de estos aspectos acerca de la identidad, enfocando el tema de diversas maneras, haciendo énfasis en uno u otro elemento de este fenómeno, manteniéndose una visión fragmentada sobre el mismo. No obstante, existen definiciones bastante acabadas sobre la identidad corporativa, destacándose la ofrecida por N. Ind., quien plantea: “la identidad de una organización es la percepción que tiene sobre ella misma, algo muy parecido al sentido que cada persona tiene de su propia identidad, por consiguiente, es algo único. La identidad incluye el historial de la organización, sus creencias y su filosofía, el tipo de tecnología que utiliza, sus propietarios, la gente que en ella trabaja, la personalidad de sus dirigentes, sus valores éticos y culturales y sus estrategias” (citado por Y. Álvarez, 2000).

Otro autor que se destaca en este sentido es Norberto Chávez, quien señala: “la identidad corporativa, como fenómeno subjetivo, es específica y exclusivamente un fenómeno de la conciencia. Es el conjunto de atributos asumidos como propios por la institución, constituyen un discurso que se desarrolla en el seno de la institución, de un modo análogo al de la selectividad personal en el individuo” (citado por Y. Álvarez, 2000).

El estudio de la identidad corporativa que se ha realizado a partir de las ideas de diferentes autores permite ganar claridad acerca del fenómeno, logrando llegar a una definición que agrupa elementos importantes, según nuestra opinión, para abordar el estudio del tema en la organización. De esta forma, definimos la identidad corporativa como: “el conjunto de rasgos o atributos que surgen de las raíces de la organización y que ésta asume como propios, consciente o inconscientemente, que le permiten identificarse con su público (interno o externo) y diferenciarse del resto, expresándose como una organización única e irrepetible, que tiene una continuidad en el tiempo a través de su evolución. Es la manera en que la organización se muestra en su interrelación con el medio, donde los significados compartidos por sus miembros juegan un papel fundamental”.

A partir de esta definición se aprecian los múltiples factores que se deben tener en cuenta al abordar el estudio de la identidad en una organización, por lo que a continuación nos referiremos a algunos de estos.

Elementos importantes en el estudio de la identidad en la organización

El papel de la historia en el estudio de la identidad

“Cuando se habla de identidad de algo, se hace referencia a procesos que nos permiten suponer que una cosa, en un momento y contexto determinado es ella misma y no otra (igualdad relativa consigo misma y con otros significados), que es posible su identificación e inclusión en categorías y que tiene una continuidad en el tiempo” (C. De la Torre, 2000). Por lo tanto, continuidad puede ser considerada como una cualidad de la identidad corporativa, teniendo un carácter activo, ya que dicha continuidad es relativa al aceptar dentro de ella los cambios que tienen lugar en la organización y su entorno a través del tiempo, es decir, a pesar de los cambios que se puedan producir, existen elementos que se mantienen como expresión de un proceso de autodefinición de la organización.

Los actos de identificación de la organización consigo misma y con determinados grupos implican procesos de la integración de las experiencias, mediante los cuales la organización moldea y reconstruye constantemente el pasado, integrándolo al presente y proyectándolo al futuro, logrando con esto el sentido de continuidad y pertenencia.

Para comprender la continuidad de una organización, como cualidad importante de su identidad, es necesario conocer y estudiar su historia, es decir, la evolución que ha tenido la organización desde su surgimiento hasta el momento actual, ya que la identidad es un producto del tiempo, permitiendo este último deducir la coherencia del conjunto de la organización, compararla con otras y conferirle una permanencia. Es necesario asegurar un sentimiento de continuidad, estrechamente vinculado a la historia vivida en conjunto por los miembros de la organización, ya que la continuidad de la historia refuerza la voluntad de arraigo, el sentimiento de pertenencia a dicha organización.

La única característica de la historia organizacional no es la continuidad, también la ruptura forma parte de su vida. Esta ruptura puede producirse por diferentes causas: a raíz de la desaparición de un directivo, cuando se produce fusión con otra empresa, debido a un acontecimiento imprevisto del mercado o de la competencia, y ante estos eventos la organización debe tomar decisiones críticas, logrando determinar lo que le funciona y lo que no le funciona en la dinámica de estos cambios, lo cual le posibilitará sobrevivir en el tiempo.

La identidad de la organización solo puede ser transmitida por medio de los símbolos y, como bien plantea A. Zaleznik (1995), “el símbolo no tiene sentido si no se apoya en una historia, en decisiones estratégicas importantes, en éxitos de innovación y en una estructura que permita esta innovación. Para que el símbolo tenga un sentido, debe ser creíble y solo la historia es creíble, si es duradera”.

Tomando en cuenta estas consideraciones, se comprende la importancia de abordar la historia de la organización, en el estudio de su identidad corporativa, a través de las narraciones o historias que organizan, comunican y crean las experiencias vividas por las personas en este ámbito.

Rasgos de la identidad de la organización

Toda organización empresarial necesita tener una personalidad propia que permita identificarla y diferenciarla de las demás. Dicha personalidad constituye su identidad específica, su propio ser, que está compuesto, según L. A. Sanz (1997), por dos rasgos específicos, es decir, por los rasgos físicos y culturales.

Los rasgos físicos son los elementos icónico-visuales, como signos de identidad, válidos para la inducción de la empresa desde su entorno. Se refieren a los signos externos que sirven para identificar a las empresas desde fuera. Se limitan a la incorporación del diseño gráfico (marca, logotipo, siglas, nombre corporativo, etc.). En la actualidad, muchos de los estudios de identidad se limitan a la configuración de estos rasgos a partir de pensamientos erróneos en este sentido, que se manifiestan en la concepción del estudio de la identidad como un simple apartado de la disciplina del diseño gráfico. También se considera que su objeto es, sencillamente, dotar a las organizaciones de simples marcas, que se confunden con logotipos, influyendo negativamente estas ideas erróneas en la comprensión adecuada de la identidad de una organización.

La identidad es mucho más que el diseño gráfico, este es una de las tantas disciplinas que intervienen en el proceso de configuración de la misma, pero su importancia no debe sobrevalorarse. Los signos gráficos son la parte visible y reproducible de la identidad, pero esta, según Joan Costa (1992), es solo “una pequeña porción del iceberg, realmente la más evidente y permanente, pero que se sostiene gracias a una gran masa sumergida. La identidad corporativa sola no es lo que “se ve”; que la otra parte no sea visible, no implica que no exista”. Precisamente, cuando J. Costa (1992) plantea “la otra parte”, se refiere a los rasgos culturales de la identidad, que sostienen y le dan sentido a los rasgos físicos. Fuera de la cultura de la organización no es posible comprender ni explicar el comportamiento y las actitudes de esta ni la de sus miembros.

En este sentido, se utiliza por varios autores el término de cultura empresarial (Sanz, L. A., 1997), integrando los términos cultura y organización, incorporando en este aspectos como “la filosofía empresarial, los valores dominantes en la organización, el ambiente o clima empresarial, las normas que rigen los grupos de trabajo en la empresa, las tradiciones”, entre otros.

La cultura empresarial debe ser considerada como una parte integral de la organización y es un producto de la experiencia grupal compartida por los componentes de la empresa. Influye en los resultados de la empresa, ya que estos son resultado de determinada forma de actuación, que a su vez está condicionada por la filosofía empresarial, sus valores, normas y manera de entender su misión. Vale la pena señalar que, entre estos elementos, los valores son los ejes de la conducta de la organización y están íntimamente relacionados con los propósitos de la misma. “Los valores de la empresa forman el corazón de la empresa. Normalmente son implantados por los héroes de la organización y constituyen la base de la cultura empresarial. La empresa debe mantener permanentemente unos valores sólidos en los se deben basar sus planteamientos y actuaciones, no pueden ser sometidos a alternativas circunstanciales, deben ser aplicados en todo momento” (Zans, L. A., 1997).

Cuando los valores esenciales de la empresa se concretan en su actuación, sus actitudes y comportamientos coherentes en todas las áreas de actuación, se da lugar a una serie de principios que conforman la cultura empresarial y matizan las relaciones de la organización con su público. En correspondencia con estas ideas, J. Costa (1992) reconoce la existencia de tres grupos dentro de la estructura de la identidad: “los signos específicos de identidad”, que permiten percibirla y son los más inmediatos, evidentes, generales y permanentes, cuya función es estrictamente la de hacer conocer, reconocer y memorizar una organización (nombre de la empresa y las marcas, signos gráficos, como el logotipo y los colores cromáticos corporativos, etc.); “los vectores antropológicos de la identidad”, que la definen, la conducen y la cristalizan en forma de conducta (la cultura corporativa, la comunicación interna y la relación interna y externa a través de los servicios) y que, más que perceptibles, son de orden sensorial, sensible y emocional y ligados a la experiencia de los individuos internos y externos; “los soportes materiales de la identidad, en los que se inscriben los signos identificadores”, es decir, las producciones, manifestaciones, propiedades, comunicaciones y realizaciones de la empresa (los productos que el público consume o utiliza, o sea, qué hace la empresa; los espacios arquitectónicos, es decir, cómo son la empresa y las informaciones objetivas, en otras palabras, quién es la empresa).

Este es un enfoque amplio y complejo del fenómeno de la identidad, donde los rasgos culturales son los elementos significativos de una determinada cultura empresarial y definen un estilo, un modo propio de ser y de hacer de una organización ante la sociedad. Estos rasgos constituyen los actos, el comportamiento de la organización y sus significados. Ellos indican un comportamiento global y estable, un modo de conducta, de reaccionar, de proceder, que revela un carácter o estilo propio de la organización.

Esta personalidad, este estilo propio de la atención y el trato, es claramente un valor añadido a las empresas, un valor de su identidad específica, un factor diferencial que se convierte en una ventaja competitiva de primer orden.

¿Cómo la identidad se constituye en imagen?

Si se considera que el hacer y el cómo hacer constituyen la base de la identidad, la forma comunicable de esta identidad tendrá que ser la acción simbólica, es decir, el modo particular de hacer aquello mismo que otras empresas también hacen. “Todo aquello que no puede ser representado o mostrado real, directa y completamente solo puede ser hecho presente por medio de signos y símbolos que para el público tienen un significado. Es la única vía posible de hacer imaginable la empresa: la génesis de su imagen” (J. Costa, 1992); por lo tanto, la identidad constituye un soporte de la imagen.

Precisamente, la imagen institucional, según N. Chávez (1994), “es un fenómeno subjetivo que aparece como un registro público de los atributos identificadores del sujeto social. Es la lectura pública de una organización, la interpretación que la sociedad o cada uno de sus grupos, sectores o colectivos, tiene o construye de modo intencional o espontáneo. Es un fenómeno de opinión, una representación psicológica de alcance social”. De esta forma, se hace necesario que la organización adquiera una imagen global, capaz de competir en un mercado cada vez más exigente.

Según J. Costa (1992), la imagen posee una “cara visible”, la comunicación global, por el diseño, y una “cara oculta”, la cual es su verdadera génesis e implica la cultura de empresa, la creatividad, el concepto corporativo y el espíritu de sus miembros. Por otra parte, la formación de la imagen puede producirse de forma natural, es decir, que ha ido surgiendo históricamente de la organización a través de pautas espontáneas de actuación. Cuando sobre esta imagen se ejerce control, esta surge de la voluntad de la empresa por medio de una planificación estratégica de la organización en función de ser percibida por los diferentes públicos, tal y como esta quiere que la perciban, es decir, de acuerdo con su identidad. La identidad se convierte en imagen solo a través de la comunicación. La identidad es un concepto emisor (qué somos y qué manifestamos), mientras que la imagen es un concepto receptor (cómo nos ven, cómo se perciben aquellas manifestaciones y qué valoración de ellas se hace por parte de una serie de audiencia o público objetivo).

Para crear imagen se necesita que previamente hayan existido mensajes que revelan particularidades de la identidad de la organización. Por tanto, la imagen es el efecto de ese intercambio de la empresa con el entorno y se forma en función de la identidad y de las técnicas de comunicación escogidas para transmitir esta última.

La comunicación en la empresa es muy diferente de la que se produce en otros ámbitos y situaciones de la vida. Constantemente, en la relación interpersonal empleado-cliente la comunicación influye en la imagen que se forma este último sobre la organización. Según J. Costa (1992), “no todo es comunicación en la interrelación, pero todo significa y la imagen nace a partir del nacimiento de “significados” en la mente colectiva”. Por tanto, identidad, comunicación, e imagen son tres categorías fundamentales dentro de la estrategia de la organización.

La subjetividad en la identidad corporativa

Para que la identidad corporativa constituya una realidad, como bien plantean P. Zelznik y C. Bornard (1995), es necesario un grupo humano estructurado que haya adquirido cierta identidad con la cual sus miembros puedan identificarse. De esta manera, se comprende que la identidad corporativa no es un fenómeno que existe en abstracto, sino que es construida e interpretada por los propios sujetos que la forman. En otras palabras, la identidad individual no es solamente una condición necesaria de la identidad colectiva, sino que ésta descansa inevitablemente en la primera. Según C. de la Torre (2001), “no existe identidad grupal si las personas que integran ese grupo no incluyen de alguna manera en su auto concepto, en su identidad personal, la pertenencia al mismo”.

La identidad, o los procesos de identidad para las personas y los grupos humanos, constituyen una necesidad, en el sentido de que las personas necesitan ese sentimiento de relativa continuidad subjetiva y armonía que proporciona la identidad personal; asimismo se necesita el sentimiento de pertenencia a determinados grupos humanos, necesidad de arraigo, del bienestar que producen “los mundos simbólicos compartidos y la buena autoestima. Y los grupos necesitan construir, fortalecer y expresar sus identidades en tanto visiones del mundo, metas y valores compartidos, que los unen en proyectos comunes” (de la Torre, C 2001). Lo anterior evidencia que la identidad corporativa es un fenómeno complejo, mediatizado por la subjetividad individual de las personas que se relacionan con éste; pero, a su vez, la identidad corporativa influye en el modo de ser y comportarse de los sujetos, a partir de los significados compartidos y valores que se generan en la organización.

Por las razones expuestas, consideramos el carácter subjetivo que posee la identidad de la organización. Precisamente, De la Torre (2001) interpreta de forma clara la interrelación recíproca que tiene lugar entre la identidad individual y la identidad colectiva, planteando: “(…) la subjetividad se caracteriza porque está culturalmente mediada, se desarrolla sociohistóricamente y surge de la actividad práctica, por lo que la identidad personal, aunque transcurre mediante interacciones humanas, “no puede desestimar” las acciones colaborativas y los contextos culturales en que ocurre la comunicación, así como el hecho de que los propios contextos culturales son producidos, reproducidos y transformados por la acción humana”. En correspondencia con esto, la identidad se convierte en una “identidad viva y en constante evolución” (Arranz, J.C.1997), ya que depende de las personas, el mercado, las leyes, el entorno, los cuales son elementos que están en constante cambio y desarrollo. El enfoque de la identidad de una organización puede así definirse como un proceso dinámico, por el cual las aspiraciones y las acciones de los miembros de una organización convergen hacia un determinado atributo, configurando de esta manera la identidad.

Debemos señalar, como un elemento importante relacionado con esta constante evolución de la identidad corporativa, la resistencia al cambio que se produce por lo general en las personas que conforman la organización, ya que, psicológicamente, todo cambio conlleva una pérdida. Por lo tanto, es crucial que el cambio no sea vivido como impuesto por una persona en situación de autoridad, sino que, por el contrario, se perciba como consecuencia de las necesidades de una relación interpersonal. Esto resalta aún más el papel que juega la subjetividad dentro de los procesos relacionados con la evolución y desarrollo de la identidad corporativa.

El papel de la dirección en la identidad corporativa

Varios autores, entre los que se destacan A. Zaleznik (1995), H. Levinson (1995) y E. Enríquez (1995), han realizado diferentes estudios con el objetivo de conocer cuál es el lugar del líder en la organización, su modo del ejercicio de poder, el tipo de vínculo entre líderes y subordinados, las características de los lugares y sistemas de gestión de las tareas y los objetivos, entre otros, siendo estos aspectos los que aportan importantes elementos al estudio de la identidad en las organizaciones.

Es importante, entonces, el problema del liderazgo, ya que la persona o las personas que están en el centro del poder, marcan la identidad de la organización. Es importante que los directivos reconozcan la identidad como un recurso de la organización, como un activo y como una función gerencial, más allá de su simple instrumentación en el ámbito del diseño y de la comunicación. Los hombres y mujeres de empresas deben constituir su principal recurso estratégico: “no solo el capitán puede llevar el barco al puerto, no solo puede estar en su puesto, sino que hace falta movilizar toda su energía, su inteligencia y su espíritu de iniciativa” (Pagés, M.1995). Por lo tanto, es necesario movilizar cada día la inteligencia de todos, para lograr la oportunidad de seguir adelante. “La gestión es el arte de movilizar y reunir toda la inteligencia al servicio de los objetivos de la organización” (H. Levinson, 1995).

Es importante que las personas defiendan la empresa, y que esta les devuelva cien veces lo que aquellos le han dado, ya que eso posibilita el desarrollo de las organizaciones, teniendo como uno de sus objetivos fundamentales la atención al hombre, percibiendo al hombre como centro de la organización. La personalidad de los directivos es un elemento fundamental de la conducta de las empresas. En la organización, donde la identidad está centrada en el director, la motivación de los individuos encuentra sus fundamentos en la relación que se establece entre el líder y cada uno de los miembros de la organización, donde las características personales de dicho líder deben favorecer esta relación, todo lo cual posibilita el desarrollo organizacional de manera general.

En este sentido, la capacidad de la empresa para efectuar movimientos estratégicos importantes depende también de la claridad, de las elecciones y, sobre todo, de la motivación profunda del directivo o los directivos. Se evidencia, entonces, que el rol de los directivos es esencial en la estructuración de la identidad de la organización, ya que pueden jugar un papel muy importante en la evolución de la identidad corporativa, al ejercer una influencia adecuada sobre los miembros de la institución, quienes son portadores de dicha identidad, debido a su experiencia en la organización y la representación que se hacen de esta.

El estudio multidisciplinar de la identidad corporativa. Importancia de la investigación psicológica

Es de notar que la identidad corporativa nace de la elaboración de un arquitecto (diseñador y artista gráfico), y de un sociólogo, lo que pone de manifiesto la raíz pluridisciplinaria de tal actividad. Por lo tanto, resulta evidente que uno de los temas donde más convergen en su estudio múltiples ciencias lo constituye la identidad, que no puede ser propiedad de ninguna disciplina en particular. Como sucede con otras áreas del conocimiento, los enfoques y logros de las ciencias sociales deberán ganar cada vez más presencia en diferentes espacios de este fenómeno. Sin embargo, debemos observar que muchas veces se olvida en las investigaciones sobre el tema, un elemento que revela la esencia del mismo: el papel que tiene la cultura corporativa y el factor humano en la identidad empresarial global. Por lo tanto, como plantea C. de la Torre (2001), el carácter esencialmente subjetivo de las identidades y los innumerables conocimientos acumulados acerca de los fenómenos y procesos psicológicos que explican la formación y la dinámica de las mismas, son suficientes motivos para justificar la importancia particular de la psicología en el conocimiento del tema.

Las identidades son múltiples, internamente complejas y heterogéneas, siempre cambiantes, por lo que su estudio exige gran esfuerzo y dedicación por parte del investigador, ya que debe abordar elementos como: la cultura organizacional, las relaciones interpersonales, las experiencias y perspectivas de las personas, en busca de una comprensión lo más acertadamente posible de la identidad en la organización.

Referencias

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Álvarez, Y. (2000). Imagen corporativa. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

Arranz, J.C. (1997). Gestión de la identidad empresarial y su impacto sobre los resultados. Barcelona: Ediciones Gestión 2000

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Para citar este artículo:

  • Rodríguez, R., Peteiro, L. M.  & Rodríguez, M. T. (2007, 20 de febrero). Reflexiones sobre el estudio de la identidad corporativa. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(8). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/identidad-corporativa-estudio


6 Comentarios para “Reflexiones sobre el estudio de la identidad corporativa

  1. alba prada

    Es un artículo muy puntual e interesante, sobre todo en esta época de transformación que estamos viviendo. Su significado se encierra en la estructura profunda, es decir, despeja muchas dudas al lector. Lo felicito gracias por el aporte de estas ideas.

  2. María José Arreázola

    Luego de leer este texto puedo decir que suena enteramente apasionante estudiar la identidad corporativa de una organización vista como un sistema con un legado con uns historia cultural propia y con una serie de valorescomo base. Muchas gracias y seguiré consultando sus trabajos.

  3. Edwin Hernando

    Desde mi perspectiva, es una lectura obligada, no sólo para los psicólogos organizacionales, sino también para quienes estudiamos comunicación y administración. Gracias, voy a seguir consultando esta página y seguiré leyendo sus artículos.

  4. Daniel

    Una comunidad de trabajo, esto es, una organización, se basa en los valores compartidos que en ella se fundan; sin valores en común no es posible llevar a cabo proyectos conjuntos, por eso la importancia de fomentar siempre una identidad en las comunidades y en las organizaciones de trabajo.

  5. juan fulle

    La identidad es la esencia de una empresa, en ella se centra la unidad corporativa y la identificación de un público objetivo o potencial frente a los beneficios que otorga la empresa, para ello la calidad de servicio y la uniformidad gráfica se centra en la planeación estratégica de una empresa teniendo como objetivo la imagen y la identificación necesaria para llegar a sus metas.

  6. juan carlos vázquez pérez

    Encuentro interesante el trabajo, ofrece informacón detallada sobre el concepto de identitad organizacional y nos permite un mejor acercamiento a la hora de comprender la realidad de las empresas de hoy, gracias por poner a disposición este material, lo encuentro provechoso en tanto me sirve para la realización de mi tesis de licenciatura en psicología.

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