Franz Anton Mesmer: ¿Hereje, charlatán o pionero?
Teoría - Fundamentos


  • Jairo A. Rozo Castillo
    Universidad de Sevilla
    Sevilla, España

Resumen

  • A partir de los datos biográficos de Mesmer, se contextualiza su trabajo terapéutico y se entiende el origen del mismo. Se narran los hechos más importantes en la defensa de su modelo ante una academia, que no comprende ni valora la esencia de su trabajo: el poder de la sugestión hipnótica, poder que ni el mismo Mesmer llega a comprender, perdido entre su propia teoría del magnetismo animal, que le aleja cada vez más de su verdadero descubrimiento. Se describen las experiencias clínicas de Mesmer y su actuar ante determinadas dolencias.



Franz Antón Mesmer (1734-1815) nació en la aldea de Itznang, junto al lago Constanza, en Alemania. Era hijo del guardabosque al servicio del obispo local. Estudió teología, primero en Dillingen y luego en Ingolstadt, donde se doctoró en Filosofía. Más tarde se trasladó a Viena, allí cursó Derecho y recibió otra investidura doctoral, esta vez en medicina. El nombre de su tesis doctoral fue: Sobre el influjo de los planetas en el cuerpo humano, de 1766.

“Debéis saber que la acción de la voluntad
es, en medicina, un importante factor”
Paracelso

“Es verdad que, sin saberlo él mismo (Mesmer), ha descubierto algo infinitamente mejor que un nuevo camino. Como Colón, ha dado un nuevo continente a la ciencia, con infinitos archipiélagos y tierras vírgenes que han de tardar largo tiempo en ser explorados: la psicoterapia”
Stefan Zweig

“El magnetismo animal no es en modo alguno lo que los médicos creen: un remedio misterioso. Es una ciencia que tiene sus principios, consecuencias y reglas… El magnetismo animal podría convertirse en una moda: cada cual querría brillar con ello y sacar del hecho más o menos de lo que hay en realidad. Se haría mal uso de esta propiedad, haciendo que a la postre degenerase en un problema cuya solución quedaría relegada tal vez a los siglos venideros”
Franz Mesmer

Posteriormente, Mesmer logró su independencia económica al casarse con la viuda del Consejero de Corte Van Bosch, quien era muy rica, acontecimiento que le permitió dedicarse a varios de sus pasatiempos, como la ciencia y el patrocinio de las artes musicales. Apoyó a Haydn, Glück y al joven Mozart, pues Leopold, su padre, era su amigo; incluso se atrevió a apadrinar la primera gran producción escénica de Mozart en los jardines de su Mansión, la casa número 261, que emulaba un Versalles en miniatura (Zweig, 1932).

Mesmer se presentó, ante todo, como un hombre polifacético, erudito, con sólida educación, inteligente, de espíritu intuitivo y penetrante, y de carácter sensible y franco. Todo ello es importante a la hora de debatir el juicio que la historia dejó sobre él, de charlatán o curandero. Puede que haya incurrido en muchos errores de concepto e incluso de ideas extravagantes y que llegaron a adolecer de un falso misticismo, pero está muy lejos de ser un embaucador.

Mesmer desarrolló sus ideas del “magnetismo animal” a partir de su trabajo inicial expuesto en su tesis doctoral de 1766. Intentó poner de acuerdo los principios científicos de Newton y Descartes, entrelazándolos con la vieja astrología de Helmont y Paracelso. Defendió la idea de un fluido magnético universal, reformulando bajo su interpretación las ideas de Newton sobre el “éter” y la gravitación. “Se mueve con la máxima celeridad, actúa a distancia, se refleja y refracta, como la luz; es inactivado por algunos cuerpos y cura directamente las enfermedades nerviosas e indirectamente todas las restantes” (López Piñero, 2002).

En el verano de 1774, Mesmer fue testigo de una notable cura lograda mediante la aplicación de imanes en el cuerpo de un paciente. El trabajo con imanes desarrollado por Maximilian Hell, director del Observatorio Astronómico de Viena, inspiró a Mesmer y lo llevó a construir la hipótesis de que la importancia no estaba en el imán sino en el magnetismo animal que éste conducía. Mesmer empezó a aplicar sus conocimientos y a experimentar con sus pacientes los nuevos tratamientos, encontrando sorprendentes resultados. Posteriormente, inició su viaje por Europa Central y conoció al sacerdote católico Johann J. Gassner, famoso por sus “curas por exorcismo”. Es allí donde reconoció que el fluido animal no estaba limitado a la acción de los imanes sino que éste, también, se manifestaba en los organismos vivos, particularmente en el hombre, con efectos análogos a los logrados con el imán.

Por lo tanto, su sistema terapéutico comenzó a basarse en la facilitación del curso del “fluido magnético” por el organismo mediante pases y masajes ejercidos, principalmente, sobre los órganos enfermos. Mesmer supuso la existencia de polos de atracción y de repulsión animal, cuya fuerza podía ser transmitida, inducida, modificada, destruida o reforzada. Así, la salud era el efecto final de una distribución equilibrada de fluido vital en aquellos polos. Mesmer llegó a creer que algunos seres humanos poseían propiedades semejantes a las de los imanes y que, por lo tanto, podían transmitir su propio magnetismo animal a otros objetos y personas. Dado que la enfermedad era considerada como producto de una distribución inadecuada o una carencia de magnetismo animal, la curación podía lograrse mediante la corrección de los defectos de distribución o de las insuficiencias mediante el uso de poderosas fuentes de magnetismo vital.

El éxito de una nueva terapia en acción

Una vez Mesmer obtuvo la información de Hell sobre los imanes y su posibilidad curativa, empezó a experimentar con ellos en diferentes pacientes y dolencias. Mesmer atendió por igual a personas con recursos económicos o sin ellos, debido a que su holgada situación le permitía preocuparse más por entender el nuevo sistema de terapia que tenía entre manos, que por lucrarse por medio de él.

Pero ahora veamos cómo se desarrollaron estas iniciales sesiones de terapia. Mesmer aplicó dos imanes a su paciente, uno en el lado izquierdo superior y otro en el lado derecho inferior, esto con el fin de que el misterioso fluido atravesara en circuito cerrado todo el cuerpo, restableciendo la armonía perdida por medio del flujo y el reflujo.

Para aumentar su influencia curativa, Mesmer tuvo colgado al cuello, y dentro de una bolsita de cuero, un imán, pero además quiso transmitir el fluido magnético por medio de otros objetos, por lo cual magnetizó el agua, hizo bañar en ella a los enfermos y también hizo que la bebieran; magnetizó por frotamiento tazas y platos de porcelana, vestidos, camas, espejos (que reflejaran el fluido) e instrumentos musicales que esparcieran por medio de sus notas la virtud curativa.

Mesmer estaba convencido de que la fuerza magnética podía ser transmitida mediante conducciones, embotellada y concentrada en acumuladores (como si fuera energía eléctrica), de manera que creó las famosas “cubas de la salud”, un recipiente de madera tapado, en el que dos hileras de botellas llenas de agua magnetizada corrían convergentes a una barra de acero provista de puntas conductoras movibles, de las que el paciente podía aplicarse algunas en la región dolorida. Una vez construida esta especie de “batería magnética” (Zweig, 1932), Mesmer situaba a sus pacientes alrededor de ella, en contacto unos con otros a través de la punta de los dedos, formando una especie de cadena. Lo que Mesmer quería comprobar era que al transmitirse el magnetismo animal a través de varios organismos, la corriente aumentaba. Es importante notar el parecido de este “ritual” con las sesiones de espiritismo, que sólo unos años después se pondrían tan de moda en la nobleza europea y que tanto mal harían al mesmerismo (como estrategia de terapia) al meterles en el mismo saco de charlatanería y superchería.

Mesmer también experimentó magnetizando árboles y lagos, o animales como gatos y perros; en estos casos, sus pacientes sumergían sus pies desnudos en el agua, o se comunicaban con los árboles por medio de cuerdas sujetas a sus manos, mientras él tocaba el violín magnetizado, con el fin de aumentar el efecto curativo.


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Para citar este artículo:

  • Rozo, J. A. (2007, 29 de agosto). Franz Anton Mesmer: ¿Hereje, charlatán o pionero?. Revista PsicologiaCientifica.com, 9(24). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/franz-anton-mesmer-hereje-charlatan-o-pionero


5 Comentarios para “Franz Anton Mesmer: ¿Hereje, charlatán o pionero?

  1. william

    Muy explicativa esta forma de hacer biografía, que no presenta solamente fechas y datos históricos sueltos sino que acerca al trabajo y al camino transitado por los científicos en su trabajo. Muy bueno, ameno y fácil de comprender. Espero que se publiquen más biografías con este estilo. Felicitaciones al autor.

  2. Andrea

    Una de los pocos trabajos dignos sobre este pionero olvidado de la hipnosis. Cierto es que Mesmer se dejó llevar un poco por la fama y se alejó de lo que habría sido un descubrimiento cien años más temprano de la hipnosis, pero no hay duda que se adelantaba a su época con sus teorias revolucionarias. Excelente biografía: muy completa, detallada e indudablemente profesional y merecedora de reconocimiento.

  3. alberto

    Creo firmemente la acción de los imanes sobre los sistema del cuerpo y sobre la ordenación de los átomos en los tejidos enfermos. Mi propia experiencia sobre el musculo prostático lo confirma. Mesmer es lo que usted dice, un incomprendido por la época y sobre todo por la burocracia de su contexto.

  4. Ausencio Martinez

    Bueno, definitivamente ahora sabemos que la sugestión es la base del hipnotismo y fue en gran parte gracias a Mesmer, un hombre muy inteligente por supuesto y de una visión bastante amplia, muchas cosas seguirán así; sólo el paso del tiempo reconoce la brillantez y lucidez como le ha ocurrido a muchos hombres y mujeres que salen del comúnn de los seres humanos, gracias por el artículo.

  5. BEPPO ANDRIOLI

    Las terapias son como los hábitos benignos, ni la práctica moderada de algún deporte, ni el beber agua a discreción, ni ningún tipo de creencia sobre las múltiples e infinitas curas debiera ser combatido, salvo por los mezquinos intereses de los que ostentan el monopolio de la cura. Franz Antón Mesmer fue a su modo un flautista de Hamelin. También como Orfeo o San Francisco lo hicieron con la música. El magnetismo animal, la correspondencia de unos seres con otros, el fluido del entendimiento y la armonía, son fenómenos inexplicables, naturales curas que intuitivamente y a duras penas alcanzamos a comprender. Todas las artes, todos los oficios y todas las prácticas que se generan con amor, salvan a quienes las producen y a quienes reciben la bondad de ese producto. La poesía, salva. La música, salva. LOS TITERES salvan el alma enferma de quién decida alimentarse apreciándolos. Raúl Beppo Andrioli titiripoeta tititerapéuta de la palabra, la poesía, los cuentos y los títeres.-

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