Manejo y orientación psicológica en el paciente con enfermedad cardiovascular en estado de gravedad
Psicología de la Salud


  • Teresa Rodríguez Rodríguez
    Universidad Médica de Cienfuegos
    Cienfuegos, Cuba

Resumen

  • La atención psicológica al paciente en estado de gravedad y a su familia está considerada dentro del quehacer psicológico un área altamente sensible y de máxima entrega en la actuación psicológica, por las características y condiciones especiales de la situación que atraviesa el enfermo y por el fuerte impacto emocional que provoca en sus allegados.

    El paciente con Enfermedades cardiovasculares (ECV) en estado de gravedad, tiene ciertas características que lo diferencian de los otros pacientes en igual estado por otras causas. Tienen la peculiaridad generalmente de ser un paciente cooperador, interactivo, tal vez favorecido por las peculiaridades de la enfermedad, permitiendo una adecuada comunicación, e intercambio.

    El presente artículo pretende recordar cada una de las características de de estos enfermos en período crítico, las reacciones emocionales y conductuales más comunes, las principales técnicas psicológicas que pueden utilizarse en el intervencionismo durante dicho periodo, así como el manejo y orientación psicológica de la familia.

    Palabras clave: Enfermedades cardiovasculares, paciente grave, alteraciones emocionales, alteraciones conductuales, técnicas de tratamiento, familia, Comunicación.



El paciente grave por su condición, requiere de cuidados especiales en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), la permanencia en este lugar por varios días condiciona por si una serie de respuestas psicológicas, además de las ya acarreadas por la enfermedad presente.

Las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) acogen a pacientes críticos, portadores de dieferentes enfermedades o pacientes que de manera repentina por accidentes o traumas se les ha dañado de manera seria su integridad.

Las enfermedades cardiovasculares con frecuencia desencadenan el estado de gravedad en los pacientes, ya sea de manera repentina, quiere es decir cuando la persona desconoce que es portador de enfermedades o factores de riesgo que han conducido al agravamiento del estado de salud o también cuando la persona sabe que tiene un padecimiento y de manera inesperada se ha complicado para situarlo en un estado crítico.

Ante cualquiera de las dos variantes, desde el momento en que se diagnostica una enfermedad cuyo tratamiento va a requerir un ingreso hospitalario, tanto el paciente como sus familiares o cuidadores primarios se ven implicados en un proceso durante el cual pueden experimentar diversas alteraciones emocionales. Se suma a ello las características de un sala que atiende a pacientes coronarios graves, generalmente precedido de episodios dolorosos intensos, agresiones necesarias para devolver la estabilidad clínica, traslados drásticos, y procederes que generan malestar físico y psicológico.

Durante la hospitalización estos pacientes están sujetos a vivenciar situaciones límites, relacionadas con su propio estado o con el de otros pacientes que forman parte de su entorno, el ruido que generan los monitores al censar parámetros vitales, la reanimación cardiopulmonar a veces necesaria y por demás impresionante ante los ojos de aquellos que tal vez de manera esporádica han estado en un hospital, y finalmente muchas veces, con el enfrentamiento a la muerte. Aun cuando los síntomas físicos han desaparecido persiste el malestar psicológico de estos enfermos.

Con frecuencia aparece la duda de las limitaciones futuras que impondrá la enfermedad, respaldado unas veces por creencias populares e ideas irracionales, otras por una realidad que se impone y merma las capacidades del paciente coronario, resquebrajando la autoestima y obligándolo a modificar su posición ante la vida.

Exigen estas realidades exigen una intervención psicológica esmerada que se debe dirigir al paciente y a su familia. Es una labor mancomunada por el equipo de salud, donde cada uno de sus integrantes (médicos, enfermeros/as, fisioterapeutas, psicólogos/as) debe proteger y respaldar el accionar cotidiano encaminado a rescatar la vida del paciente, que no está pero no exento de riesgos, vivencias dolorosas, situaciones estresantes y angustiosas, que asociadas a la personalidad de los enfermos y sus cuidadores, devienen en respuestas personalizadas a veces protectoras, a veces desestabilizadoras.

Es aquí cuando la comunicación entre el médico, el paciente y los familiares establece la posibilidad de un contacto humano único capaz de minimizar la angustia (San Román, 2006).

Se hace necesario recordar nuevamente la implicación que los estados emocionales pueden ejercer sobre el sistema cardiovascular, lo cual se traduce en variadas ocasiones en inestabilidad del cuadro clínico general cuando los parámetros fisiológicos se ven desestabilizados por aspectos puramente psicológicos, recrudeciendo el padecimiento del enfermo y entorpeciendo su recuperación. Se considera que la descompensación emocional precipitan la descompensación cardiaca (Barsky, 2006, Givertz, Colucci, y Braunwald, 2006, Rodríguez, 2008). El estrés favorece la cardiopatía isquémica al aumentar la demanda miocárdica de oxíigeno y produce disminución del flujo coronario (Ridker et. al, 20065), por tanto, si los esfuerzos terapéuticos logran disminuir la actividad del SNS, se está contribuyendo a mejorar el estado clínico del paciente infartado.

Otro aspecto importante a valorar se relaciona con la personalidad de quien ofrece la ayuda; es recomendable expresar actitudes de aceptación y comprensión, lo que favorecerá el proceso de cambio y creará condiciones exitosas para la labor asistencial. Significa ser hospitalarios, empáticos, comunicativos, respetuosos con el paciente y sus allegados, ser deferentes y no permisivos, humanitarios por demás.

En este escenario el proceso de comunicación es imprescindible, además de saber emitir el mensaje para no causar iatrogenia. El primer sistema de señales (la gestualidad, la mímica) debe cuidarse con esmero porque puede delatar a los profesionales y agudizar el sufrimiento de los enfermos. El paciente debe ser tratado con dignidad y respeto, muchas veces tiene temor a que no se le diga la verdad, de ser un anónimo, con pérdida de su identidad, temor al sufrimiento, siente ansiedad acerca de su futuro después del alta y puede tener un sentimiento de vulnerabilidad y necesidad de confiar.

Inicialmente debe realizarse el diagnóstico psicológico en la atención al paciente coronario grave

- Precisar qué enfermedad es la causante de que el paciente esté hospitalizado.

- Reconocer qué información tiene paciente de su estado y de su enfermedad .

- Identificar antecedentes patológicos personales del enfermo, insistiendo en los de carácter psicológico.

- Debe determinar las principales características personológicas así como considerar personalidad premórbida del paciente, actitudes, valores, intereses, posibilidad de autocontrol.

- Estar basado en las vivencias, tipo de enfermedad y estilos de afrontamiento tanto del paciente como de su familia.

- Debe determinarse el conocimiento acerca de la enfermedad y las representaciones mentales sobre la misma.

- Debe evaluarse el apoyo familiar y social, así como la interacción de la familia.

- Tenencia identificar posiblesde adicciones y tipo, por las implicaciones en el cuadro clínico al producirse el cese abrupto por indicación médica.

- Es muy importante determinar el estado emocional del paciente, así como sus y mecanismos de autocontrol que posee y su repercusión a nivel conductual, fundamentalmente sobre los procesos de alimentación y sueño.

Cuando el terapeuta ha logrado conformar el diagnóstico psicológico del paciente y los mecanismos de interacción familiar, procede a la intervención auxiliándose de los variados recursos psicoterapéuticos que ofrece la Psicología.

El paciente coronario grave tiene la peculiaridad generalmente de ser un paciente cooperador, interactivo, tal vez favorecido esto por las características de la enfermedad, que al estabilizarse permite una adecuada comunicación, e intercambio.

Principales alteraciones emocionales

- Ansiedad, estrés, depresión, o el denominado síndrome de cuidados intensivos, en cuyo desarrollo se encuentran implicados factores como el ruido excesivo que puede dificultar el sueño y el descanso pero manifestar, el dolor; de la misma manera, las medidas empleadas para la ventilación que impiden que los enfermos se puedan comunicar adecuadamente, etc.

- Sentimientos de falta de control de sí mismos, siendo las principales necesidades manifestadas la sensación de seguridad y “saber qué está pasando “.

- Las vivencias experimentadas pueden continuar, llegando a desarrollar un trastorno por estrés postraumático, lo que justifica un seguimiento con el objetivo de detectarlas y tratarlas adecuadamente.

- Se pueden disparar las anomalías psicológicas conocidas como “síndrome de cuidados intensivos”, pobre orientación, anomalías en el comportamiento que incluyen agresión, pasividad y negativismo, los cuales pueden llegar a incrementar la duración de la estancia hospitalaria, ambiente (Hewitt J, 2002).

- En el caso de los pacientes ventilados la imposibilidad para comunicarse verbalmente es generadora de gran angustia, lo que a su vez precipita la ansiedad y la depresión. Por demás, el esfuerzo continuado para hacerse comprender va provocando mayor agotamiento físico y psicológico del enfermo, y sensación de impotencia al tratar de hacerse entender.

- Una vez retirada la ventilación mecánica empiezan a aparecer nuevas preocupaciones y molestias en el paciente, dadas ahora por la no emisión total de la voz, flemas que provocan desagrado, e incertidumbre relacionadas con la posibilidad o no de volver a recuperar las facultades para la expresión oral.

El ambiente de la UCI donde se atienden pacientes coronarios es, per se, tenso, dados por los ruidos inherentes que emanan deemanados por los equipos de monitorización, el movimiento del personal de enfermería, el accionar del equipo médico ante paradas cardiacas, lo anterior puede resultar extraño o desconocido para los pacientes; además, la privación de sus interacciones de la vida cotidiana y sensaciones habituales, mientras perciben el riesgo al compararse con otros pacientes y eventos desfavorables.

Entre los estresores presentes en este tipo de ambiente, Hewitt (2002) destaca la deprivación sensorial, definida como una reducción en la cualidad o cantidad de estimulación. Asimismo, identifica cinco tipos de alteraciones ambientales que pueden conducir a un comportamiento anormal: una reducción en la cantidad y variedad de estimulación, pequeñas variaciones en los estímulos, ruido excesivo, aislamiento físico y social y restricciones de movimiento. Las alarmas, los equipos de monitoraje y de ventilación dejados en funcionamiento tras su utilización y los teléfonos como factores que contribuyen al malestar de los pacientes (Ramírez, de la Fuente, Martín , Vila, 2006).

Además, las conversaciones del equipo de la UCI también se han considerado una fuente de ruido y confusión. Por otro lado, la ausencia de ciertos ruidos “normales”, como la televisión, la radio, el tráfico, conversaciones con amigos, etc., pueden ser identificados como causa de estrés por algunos pacientes.

Estos niveles de ruido pueden tener un impacto significativo en la cantidad y calidad del sueño de los pacientes, que puede convertirse en otro tipo de estresor. No obstante, aunque estos estresores se hallen presentes en el ambiente propio de la UCI, Hewitt (2002) afirma que el dolor es lo que más preocupa a los pacientes.

Respondiendo a las reacciones del paciente

La forma más eficaz de contrarrestar las reacciones de los pacientes es ofreciendo apoyo y solidaridad mediante una respuesta empática:

- Intente identificar la emoción principal que embarga al paciente atendiéndole detenidamente.

- Si está silencioso o perturbado pregúntele directamente cómo se siente: “¿qué piensa de lo que acabo de decirle?”

- Acérquese físicamente al enfermo y si es posible tóquele el brazo o la mano. Haga un comentario para transmitirle que sus sentimientos y reacciones son legítimos y comprensibles. Utilice un comentario solidario del tipo: “No se preocupe, entiendo sus sentimientos. Es natural que reaccione así”.

- Deje pasar suficiente tiempo para que el paciente exprese libremente sus sentimientos y emociones. Aproveche esta etapa para recopilar información de sus temores o preocupaciones concretas: le será muy útil para “negociar” con el paciente el plan de tratamiento a seguir, podrá ventilar sus emociones.

- Si el paciente pregunta por su pronóstico infúndale una esperanza realista. Es muy importante asegurarle que los síntomas pueden ser aliviados eficazmente y que será siempre bien atendido y comprendido.

- Tenga siempre en cuenta las opiniones y puntos de vista del paciente y sus familiares. Sobre todo si éstas están llenas de sensatez y buen juicio.

- Tenga sensibilidad para discutir temas conflictivos o íntimos con delicadeza dentro de un marco de máxima reserva.

- Explique y justifique las pruebas y tratamientos pendientes de realizar, especificando sus incomodidades y posibles efectos secundarios. Organice, contando en lo posible con las disponibilidades del enfermo, un cronograma de las mismas. Esto reducirá significativamente el grado de incertidumbre del paciente y garantizará su colaboración.

- Establezca planes alternativos por si un tratamiento o una prueba no dan el resultado esperado. Esta estrategia de seguridad ayudará a consolidar la confianza en la relación psicólogo-médico-enfermo.

- Intente transmitir el mensaje al binomio paciente-familia de que no van a ser abandonados a su suerte y que usted está activamente comprometido con el plan terapéutico diseñado y en disposición permanente de ofrecer ayuda.

- Termine haciendo un resumen final: compendie lo dicho durante la reunión y aclare las dudas que hayan podido surgir.

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Para citar este artículo:

  • Rodríguez, T. (2011, 23 de febrero). Manejo y orientación psicológica en el paciente con enfermedad cardiovascular en estado de gravedad. Revista PsicologiaCientifica.com, 13(1). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/enfermedad-cardiovascular-orientacion-psicologica

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