Variables familiares y drogodependencia: la influencia de los componentes de la Emoción Expresada
Psicología Social - Comunitaria


  • Juan Antonio Becerra
    Centro Medico Castellar Salud
    Castellar, España

Resumen

  • La Emoción Expresada (EE) es un constructo que evalúa la comunicación que los familiares del paciente mantienen con este último. Los componentes que han mostrado mayor relevancia dentro de este constructo han sido los de Criticismo, Hostilidad y Sobreimplicación Emocional, que se han relacionado con el curso y recaída en esquizofrenia. En drogodependencia, se ha puesto de manifiesto la importancia de las variables familiares en el origen y mantenimiento del consumo de sustancias; dentro de estas variables familiares se encuentran el clima familiar negativo y variables de comunicación disfuncional de los miembros familiares con el enfermo. Estas variables familiares pueden ser evaluadas mediante el constructo de EE, con lo que este constructo puede ser aplicable al campo de las drogodependencias.

    Para determinar si la EE es una medida relevante en drogodependencia e influye en el curso de esta patología, el presente trabajo hace una breve aproximación al constructo EE y su evaluación actual. Se revisan diferentes estudios que han relacionado específicamente los componentes de la EE con la drogodependencia; otros en los que se observan los componentes del constructo, aunque no se estudian de manera específica y por último estudios sobre la percepción de este clima familiar negativo por parte del drogodependiente. Se presentan las conclusiones obtenidas en la revisión de estos estudios.

    Palabras clave: Emoción expresada, drogodependencias, comunicación familiar disfuncional, recaída e inicio del consumo.



Importancia de las variables de relación y comunicación familiar en la drogodependencia

La familia ha sido siempre reconocida como una de las variables relevantes en el origen y mantenimiento del consumo de drogas. La asociación entre el funcionamiento familiar y el consumo de estas sustancias por parte de alguno de sus miembros (esposo(a), hijos, etc.) ha sido objeto de numerosas investigaciones que resaltan la necesidad de implicar a la familia en la prevención y tratamiento de las toxicomanías (Kumpfer, Alvarado y Whiteside, 2003), y la necesidad de tener en cuenta el soporte familiar y los recursos sociales disponibles como factores involucrados en el fenómeno de las drogodependencias (López-Torrecillas, Bulas, León-Arroyo y Ramírez, 2005).

Lloret (2001) define a la familia como el elemento central en la prevención del consumo de drogas y, dejando aparte otros factores (como los biológicos, genéticos, etc.), los procesos de socialización familiar son importantes al constituir la base de predisponentes como son las actitudes, la personalidad, el autoconcepto, los valores, y las habilidades de comunicación. Asimismo da una especial importancia a la relación entre la drogodependencia y las interacciones familiares y las dinámicas relacionales disfuncionales que se crean debido a este problema. Previamente, otros autores también han dado especial importancia a la dinámica intrafamiliar y al proceso interaccional dentro del sistema familiar en el origen y mantenimiento de esta patología (Davis y Klagsbrun, 1977; Ripple y Luther, 1996).

Diferentes estudios muestran la importancia de las variables de interacción y estructuración familiar en el inicio y mantenimiento del consumo. Algunos de estos son: Merikangas, Dierker y Fenton (1998), quienes hablan de dos tipos de factores que se refieren a aspectos relacionados con la estructuración familiar. Así, la familia puede incrementar el riesgo para el abuso de drogas en los hijos, tanto a través de factores específicos como a través de factores no específicos que caracterizan el funcionamiento familiar. Dentro de los Factores Específicos están: exposición a las drogas, exposición directa (modelados negativos de uso de drogas de los padres) y actitudes de los padres ante las drogas. Dentro de los factores inespecíficos están: el conflicto familiar, el estilo educativo, la exposición a estrés, la psicopatología y la negligencia. En este estudio la importancia del ambiente familiar, particularmente de los padres como determinantes del ajuste psicológico y social de los hijos, está reconocido, con lo que el contexto familiar puede convertirse en una fuente positiva de adaptación o, por el contrario, de estrés, dependiendo de la calidad de la relación entre los miembros de la familia.

Kumpfer, Olds, Alexander, Zucker y Gary (1998), proponen un listado de correlatos familiares del abuso de drogas en los adolescentes, teniendo en cuenta diferentes estudios realizados en este ámbito. Estos son:

- Historia familiar de problemas de conducta, (incluyendo consumo de drogas, actitudes favorables hacia el uso de drogas).

- Prácticas pobres de socialización, como negligencia para enseñar habilidades sociales y académicas y para transmitir valores prosociales y actitudes desfavorables al uso de drogas.

- Supervisión ineficaz de las actividades, compañías, etc. de los hijos

- Disciplina ineficaz: laxa, inconsistente o excesivamente severa; sobre control o bajo control de los hijos, expectativas y demandas excesivas o no realistas y castigo físico severo.

- Problemas de salud mental, como la depresión, que pueden causar puntos de vista negativos sobre las conductas de los hijos, hostilidad hacia estos o disciplina demasiado severa.

- Aislamiento familiar y ausencia de una red de apoyo familiar eficaz.

En cuanto a la interacción y dinámica intrafamiliar dichos autores proponen: a. Relaciones pobres entre padres e hijos: ausencia de lazos familiares, negatividad y rechazo de los padres hacia el hijo o viceversa, escasez de tareas compartidas y de tiempo juntos e interacciones disfuncionales entre padres e hijos; b. Conflicto familiar excesivo, con abusos verbales, físicos o sexuales. c. Desorganización familiar y estrés, con frecuencia provocados por la ausencia de habilidades de manejo familiar eficaces.

En estudios realizados con padres drogodependientes (ya sea a alcohol u otro tipo de droga) se obtienen datos que apoyan la importancia del clima y un ambiente familiar deteriorado, con relaciones familiares pobres, en relación al inicio del consumo de drogas por parte del hijo adolescente (Hoffmann y Su, 1998). De igual forma, en padres alcohólicos en tratamiento se examinan los cambios en el funcionamiento familiar y se encuentra que estos padres presentaban relaciones disfuncionales entre ellos, falta de responsabilidad, poca calidad afectiva y un clima familiar negativo, llegando a distinguir cuatro tipos de familias según la cantidad y tipo de disfunción (estas son: las familias “protectoras”, familias con “disfunciones emocionales” de alguno de sus miembros, familias “en peligro” y familias “caóticas”), según Storm y Haugland (2005).

Hay estudios españoles que muestran la importancia de las variables de interacción familiar en el inicio y mantenimiento del consumo, como el de Alonso y Del Barrio (1994), quienes investigaron la influencia del contexto familiar en el consumo de tabaco y alcohol de los hijos. Obtuvieron que tener hermanos actuaba como un factor de protección respecto al consumo de tabaco y de alcohol; que la cohesión familiar se relacionó significativamente con el consumo regular de tabaco y  alcohol por parte de los hijos, y que el consumo de tabaco y alcohol de los padres estaban relacionados con el consumo de estas sustancias por parte de los hijos.

En el de Muñoz-Rivas y Graña (2001), se analiza la influencia y el peso diferencial de determinadas variables familiares en el consumo de drogas por parte de los adolescentes.  Las variables de la relación familiar que se tuvieron en cuenta fueron: la estructura y composición familiar; la existencia de normas de convivencia familiar; la naturaleza de la relación familiar; la vinculación afectiva; la comunicación familiar y las actitudes y conductas familiares hacia el consumo de drogas. Mediante la investigación los autores encontraron que las dimensiones relacionadas con la existencia de conflictos entre el adolescente y sus padres, y con el consumo familiar, eran las que predecían un mayor riesgo de uso de sustancias por parte del joven. Las disputas frecuentes entre el joven y sus padres y de estos entre sí, predecía el consumo de alcohol, tabaco y fármacos o derivados. Los resultados de estos estudios españoles señalan la importancia de la cohesión familiar como un factor de protección en lo que se refiere al consumo de drogas, datos que están en consonancia por lo obtenido en trabajos posteriores y que también dan a la cohesión familiar un papel protector y amortiguador de otros factores de riesgo (Sanz, Montañés y Martínez, 2004). Así, logrando una elevada cohesión entre los miembros de la familia se podrían implementar estrategias que promovieran una comunicación adecuada, lo que tiene implicaciones para la prevención del consumo de drogas.

En cuanto a la conflictividad familiar, un alto nivel de conflicto es un factor de riesgo importante tanto para el desarrollo de trastornos de conducta en general (Bragado, Bersabé y Carrasco, 1999) como para el consumo de sustancias (Otero, Mirón y Luengo, 1989), pero en el estudio de Muñoz-Rivas y Graña (2001) el que existan conflictos frecuentes entre padres-hijo y entre los padres entre sí, predice una probabilidad mayor de que los hijos consuman drogas en las etapas iniciales de consumo (es decir, que beban, fumen o consuman fármacos). No parece ser así en el caso de etapas más avanzadas de consumo (cuando se consume cocaína o drogas sintéticas), con lo que habría un peso diferencial del conflicto familiar en el consumo de distintas sustancias, en contraposición a lo que han señalado otros autores como Otero, Mirón y Luengo (1989). Lo que está claro es que la conflictividad familiar influye en el consumo.

En cuanto a estudios de identificación de factores de riesgo en el consumo de drogas (en especial en la adolescencia), los estudios han encontrado numerosos factores. En relación a la interacción y comunicación familiar se han identificado como factores de riesgo: a. Los estilos educativos inadecuados: la ambigüedad en las normas familiares, el exceso de protección, la falta de reconocimiento y una organización familiar rígida y, b. La falta de comunicación y clima familiar conflictivo: la incomunicación y el ambiente familiar enrarecido contribuyen a generar y mantener los déficit y carencias personales, relacionándose la vivencia negativa de las relaciones familiares y el uso de drogas (Hawkins, Catalano, y Miller, 1992; Macià, 2000; Espada, Méndez, Griffin &  Botvin, 2003).

En los diferentes estudios citados podemos ver que las variables del ámbito familiar que con más frecuencia se han vinculado a la existencia de consumo abusivo de drogas por parte de un miembro familiar son:

- Clima familiar negativo: desorganización familiar y estrés, negatividad y rechazo, psicopatología del familiar.

- Conflicto familiar excesivo: abusos verbales y físicos, críticas al enfermo, hostilidad generalizada.

- Falta de comunicación adecuada entre miembros de la familia: incomunicación entre miembros familiares, falta de cohesión familiar, escasez de tareas compartidas y de tiempo juntos, interacciones disfuncionales entre miembros de la familia.

- Estilos educativos inadecuados (por parte de los padres): ambigüedad en las normas familiares, exceso de protección, falta de reconocimiento y una organización familiar rígida.

- Uso de drogas y las actitudes favorables hacia estas por los familiares relevantes (como por ejemplo los padres).

Como se puede apreciar los padres y otros familiares relevantes que conviven con el drogodependiente ejercen una notable influencia sobre el inicio y mantenimiento de la conducta adictiva, al igual que en la recuperación y el proceso de tratamiento de esta.

Las pautas de comportamiento de distintos familiares (en especial los(as) esposos(as) y los padres) hacia el drogodependiente, pueden facilitar o dificultar el ajuste conductual, emocional y social de este.

En relación con lo comentado, en el tratamiento y prevención de la drogodependencia un factor importante es la implicación del núcleo familiar, pues hay estudios que dan suma importancia a la familia en la recuperación del drogodependiente, como el de Zahn y Ball (1972), el cual encontró que los drogodependientes que superaban con éxito el tratamiento no vivían con sus padres, razón esta por lo que asocian la rehabilitación con no vivir con los padres, proponiendo a la familia como una variable relevante de cara a la recuperación.

Otros autores consideran que para tratar eficazmente esta patología es necesario que el afectado se encuentre dentro de un contexto familiar estable (Davis y Klagsbrun, 1977). Estudios proponen que el alcoholismo y el abuso de otras drogas son parte de un síndrome biopsicosocial de problemas de conducta que incluye problemas de conducta de familiares y problemas en la interacción familiar recíproca entre miembros de la familia (Maltzman y Schweiger, 1991; Dodge y Pettit, 2003). Aun más algunos autores como Saatcioglu, Erim y Cakmak (2006) consideran la drogodependencia como una afección familiar que requiere tratamiento de todos los miembros, y señalan a la familia como parte del diagnóstico y del tratamiento de la dependencia, pues su participación ejerce un papel favorable en la prevención de recaídas en el tiempo que el drogodependiente se mantiene sin consumir, y en la resolución de conflictos que dan lugar al abuso de sustancias.

Vista la relevancia que juegan el núcleo y el clima familiar en el inicio, recaída y recuperación del drogodependiente, se debe tener en cuenta a la familia de cara al tratamiento y prevención de la drogodependencia. Para esto se debe conocer la calidad de las relaciones familiares, el nivel de disfunción que presentan estas relaciones y la conflictividad en la comunicación familiar con el fin de incluir estas pautas inadecuadas en el proceso de recuperación del enfermo. De la misma forma, la intervención en estas pautas disfuncionales va a repercutir de manera positiva en todos los integrantes de la familia, debido a que es probable que también precisen atención a sus dificultades y problemas, que en muchos casos viven y afrontan de un modo aislado, sin apoyo ni orientación.

Los modelos de intervención surgidos pretenden ayudar a las familias enfatizando el papel positivo que éstas pueden cumplir en la rehabilitación y prevención de recaídas del enfermo, sin considerarlas como causantes o responsables de la problemática y  entendiendo muchas de las pautas de respuesta y comunicación familiar como reactivas ante síntomas o inhabilidades del paciente, lo que lleva a los miembros de la familia a desarrollar diferentes estilos de manejo y relación con el enfermo que pueden ir de la hostilidad a la sobreprotección. Estos estilos de manejo se corresponden con algunos de los componentes del constructo de Emoción Expresada (EE), con lo que la EE puede ser una medida relevante de cara a evaluar el clima familiar del drogodependiente y la comunicación y el conflicto existente entre este y sus familiares.

En este trabajo se presentará una breve aproximación al constructo EE y su evaluación actual, y una revisión sobre el constructo de EE en drogodependencias, para determinar si en los trabajos consultados la EE es una medida relevante en esta patología y ofrecer una aproximación a los componentes más importantes del constructo en esta, las etapas de la patología en las que incide, familiares más representativos, y otras variables de importancia a la hora de aplicar el constructo a la drogodependencia.

El constructo Emoción Expresada y su evaluación

Vista la importancia de los factores familiares en el curso y recuperación de la drogodependencia parece pues adecuado evaluar el clima y relaciones de los miembros familiares con la persona consumidora, de cara a posibles estudios que midan dichas variables, con el objeto de diseñar posibles programas de tratamiento y, en definitiva, para ser una medida a tener en cuenta debido al importante papel que juegan los factores de la dinámica familiar en esta patología. Una medida de este clima familiar desfavorable en drogodependencias nos la puede proporcionar la EE.

El constructo EE ha surgido de modo pragmático para designar algunos aspectos de la conducta emocional que dentro de un núcleo familiar se manifiestan hacia sus miembros enfermos y hace referencia a la comunicación de los familiares del enfermo con éste. Cuando la EE es alta se considera como un estresor crónico para el enfermo. El constructo ha surgido en el campo de la esquizofrenia y numerosos estudios relacionan una alta EE con la recaída en esta patología (Wuerker, Long, Haas & Bellack, 2002; King, Richard, Rochon, Steiger y Neils, 2003; Linszen, Dingemans, Nugter, Van der Does, Scholte & Lenior, 1997; Bebbington & Kuipers, 1994; entre otros). Además se ha usado como predictor de recaídas en otro tipo de patologías (Hinrichsen y Pollack, 1997; Hooley y Teasdale, 1989; Chambless y Steketee, 1999).

El constructo consta de cinco componentes (Muela y Godoy, 2003; Vaughn & Leff, 1976):

- Criticismo (CC): Comentarios críticos realizados por el familiar acerca del comportamiento del paciente, una evaluación negativa de la conducta del enfermo por parte del familiar, tanto en el contenido (desagrado y molestia) como en la entonación de lo dicho.

- Hostilidad (H): Es un tipo más extremo de comentario crítico, que implica una evaluación negativa generalizada (Hostilidad generalizada, dirigida más a la persona que a la conducta) o un rechazo manifiesto del paciente (Hostilidad de Rechazo).

- Sobreimplicación Emocional (SIE): Refleja una respuesta emocional exagerada y desproporcionada del familiar; intentos, por parte del familiar, de ejercer un control excesivo sobre la conducta del paciente, hace referencia a la desesperanza, el autosacrificio, sobreprotección y manifestación emocional intensa. (Desesperanza: tristeza, pesimismo negativo; autosacrificio: coste emocional de la familia por la enfermedad; sobreprotección: sentimientos de compasión hacia el enfermo y la excesiva permisividad; manifestaciones emocionales intensas: lloros, sollozos, etc.).

- Calor: Manifestaciones de empatía, comprensión, afecto, e interés hacia el paciente.

- Comentarios Positivos: expresiones de aprobación, valoración o aprecio del paciente o de su conducta.

El Índice o nivel de Emoción Expresada de la familia se obtiene solamente a partir de los componentes de Criticismo, Hostilidad y Sobreimplicación Emocional, los cuales han mostrado el mayor valor predictivo en relación a la recaída, sobre todo en esquizofrenia (Muela & Godoy, 2003).

Tras ver el valor predictivo que muestra el nivel de EE en diferentes patologías, y observar cuales son los componentes del constructo que han mostrado una mayor validez predictiva, también se debe de tener en cuenta cuales son los instrumentos de evaluación y los criterios de evaluación para clasificar a la familia en alta EE (el nivel de EE que está relacionado con las diferentes patologías) o baja EE, lo cual será de importancia de cara a la prevención y tratamiento del enfermo (del drogodependiente y su familia en este caso).

La metodología empleada para obtener información sobre el nivel de EE es a través de una entrevista; esta es la CFI, Camberwell Family Interview (Entrevista Familiar de Camberwell), en el formato de Vaughn y Leff (1976). La CFI se puede describir como una entrevista semiestructurada de aproximadamente hora y media de duración, evalúa aspectos relacionados con la enfermedad y con los problemas que surgen en la convivencia con el paciente. La entrevista es grabada y posteriormente analizada por expertos entrenados, debiendo tener la corrección posterior de los expertos una fiabilidad interjueces del 80 %. Los criterios de alta EE son que el sujeto entrevistado muestre seis o más comentarios críticos, al menos un punto en Hostilidad o presencia de alguno de los componentes de la Sobreimplicación Emocional como la sobreprotección o llanto, autosacrificio y desesperanza, declarándose a la familia de alta EE si un solo miembro de la familia muestra alta EE y aunque ningún otro la muestre.

En la evaluación de la EE la CFI es considerada como el instrumento básico, pero en la aplicación clínica en cualquier tipo de patología presenta problemas y limitaciones; entre otros, requiere un excesivo tiempo para realizarla (administrarla y corregirla) y una formación y tiempo extensos para entrenar a entrevistadores (Cole y Kazarian, 1988; Muela y Godoy, 1997; Hooley & Parker, 2006).

Se han utilizado medidas más cortas. La principal es la Muestra del Habla de Cinco Minutos (FMSS o MH), en la cual se incita al familiar a hablar durante cinco minutos sobre los pensamientos y sentimientos que el enfermo suscita en él, así como de la relación que ambos mantienen. Se codifica al igual que la CFI: Criticismo, Hostilidad o Sobreimplicación Emocional, siendo el criterio para clasificar al sujeto de alta EE, mostrar al menos un comentario crítico u Hostilidad o cualquiera de los componentes de la Sobreimplicación Emocional. Se corrige por expertos y requiere fiabilidad interjueces del 80 % (Gottschalk, Falloon, Marder, Lebell, Gift y Wynne, 1988; Magana, Goldstein, Karno, Miklowitz, Jenkins & Falloon, 1986). Esta prueba es una alternativa a la CFI ya que se ha visto que es objetiva, pero sigue mostrando problemas en la aplicación clínica ya que necesita fiabilidad interjueces, necesita ser grabada y ser corregida por expertos que requieren entrenamiento.

Estas dos pruebas son las que se han usado principalmente para evaluar la EE en esquizofrenia y en otras patologías en las que se ha visto que la EE influía en el curso. Así, en relación al campo de las drogodependencias diferentes investigaciones han estudiado la EE en familias de drogodependientes y familias con personas en riesgo de iniciarse en el consumo de sustancias (como los niños y adolescentes), usando estas dos pruebas, la CFI y la MH. Dichos estudios se comentan posteriormente y son los siguientes: Schwartz, Dorer, Beardslee, Lavori y Keller, (1990); Fichter, Glynn, Weyerer, Liberman & Frick (1997); O’Farrell, Hooley, Fals-Stewart & Cutter (1998); García (1999a y 1999b); Bullock, Bank & Burraston (2002); Nelson, Hammen, Brennan & Ullman (2003); Caspi, Moffitt, Morgan, Rutter, Taylor, Arseneault, Tully, Jacobs, Kim-Cohen & Polo-Tomas (2004) y Al-Halabi Díaz, Secades-Villa, Perez, Fernandez-Hermida, Crespo & García-Rodríguez (2006).

Además de estas, se han desarrollado otras pruebas que evalúan EE, y que han surgido para solventar los problemas que presentaban las dos pruebas comentadas anteriormente, la CFI y la MH, y también para intentar aumentar la aplicabilidad clínica de la medida de la EE. Algunas de estas son:

- La escala FAS (Family Attitude Scale), que se administra a familiares para obtener información del clima familiar. Tiene 30 ítems, identifica factores de EE como son el Criticismo y la Hostilidad y tiene capacidad para predecir niveles críticos de EE en criticismo y hostilidad (Kavanagh, O’Halloran, Manicavasagar, Clark, Piatkowska, Tennant y Rosen, 1997).

- El cuestionario FQ (Family Questionnaire), que es un cuestionario tipo autoinforme para medir el nivel de EE en los familiares. Identifica componentes como el criticismo y la sobreimplicación emocional; hace una clasificación correcta de familias con alta EE (en un 74 % de los casos). Además tiene la mejor correlación con la CFI en Sobreimplicación Emocional que otros cuestionarios cortos de evaluación de EE (Wiedemann, Rayki, Feinstein & Hahlweg, 2002).

- La LEE (Level of Expressed Emotion) de Cole & Kazarian (1988), es una escala para evaluar la EE por el paciente. Evalúa sus percepciones sobre el nivel de EE percibido, consta de 60 ítems y evalúa los componentes básicos de la EE; tiene consistencia interna y fiabilidad pero no aísla un elemento claro como el criticismo (Gerlsma, Van der Lubbe & Van Nieuwenhizen, 1992).

- El Cuestionario de Evaluación de EE que tiene dos subescalas, una de Criticismo y otra de Sobreimplicación Emocional. La escala de criticismo clasificó correctamente al 88 % de los familiares, la escala de sobreimplicación emocional solo clasifico al 67 % de los familiares (Docherty y Server, 1990).

Como se puede observar en estos cuestionarios, obtenidos mediante la revisión realizada, no se incluye en ellos todos los elementos o componentes relevantes del constructo EE (el Criticismo, la Hostilidad y la Sobreimplicación Emocional), de cara a establecer el nivel de EE que presenta la familia. El uso de estas pruebas más breves se ha hecho con muestra clínica (esquizofrénicos principalmente), además de una muestra no clínica (estudiantes y sus familiares), y no hay ninguna de estas escalas adaptadas al español. Específicamente en el campo de las drogodependencias, teniendo en cuenta los artículos revisados en este trabajo, ninguna de ellas se ha usado con población drogodependiente en la medida de la EE, donde, como ya se ha comentado, se han usado las pruebas más clásicas (CFI y MH). Se han comentado brevemente porque pueden ser de importancia para orientar trabajos futuros que hagan más aplicable la medida de la EE al ámbito clínico, y en este caso específicamente al campo de las drogodependencias.

Resultados de Investigaciones sobre los componentes de la EE en drogodependencia y la percepción del clima familiar

En la revisión realizada se encontraron pocos estudios que relacionen específicamente el constructo de EE y la drogodependencia. Por otro lado, se halló mayor número de investigaciones sobre otros factores familiares (consumo de drogas por parte de los familiares, historia de problemas de conducta, dificultad para enseñar habilidades, etc.) que inciden en la drogodependencia y que también son de importancia.

En este apartado de resultados de investigaciones se recogerán:

1. Las investigaciones que relacionan específicamente los componentes de la EE con la drogodependencia.

2. Otras en las que, aunque no se relaciona específicamente el constructo con la drogodependencia, se puede observar una influencia de los componentes de la EE.

3. Estudios que indican la importancia de tener en cuenta la percepción que de este clima familiar negativo, hostil, crítico o sobreprotector, tiene la persona consumidora.

1. Las investigaciones que relacionan específicamente los componentes de la EE con la drogodependencia.

A continuación se recogen las referencias de distintos artículos que ponen en relación específicamente el constructo de EE y sus componentes con la drogodependencia. En ellos se resalta la importancia de esta medida en la recaída, el abandono del tratamiento y la incidencia de esta patología.

Según García (1999a, 1999b), hay estudios que dejan patente la influencia de los factores familiares en la recaída y en el abandono terapéutico en toxicómanos. Para conocer la aplicabilidad del concepto de Emoción Expresada como predictor de la recaída y el abandono de tratamiento en toxicomanías, realizó un estudio con cerca de 50 toxicómanos (heroinómanos) y sus familias, que solicitaron el ingreso en una comunidad terapéutica. Este autor habla de que la Emoción Expresada es un buen predictor de las recaídas. Para el mejor, comenta que en los hogares hostiles, donde se realizan comentarios críticos, las recaídas son más frecuentes que en los de baja EE. Si se reduce la tasa de EE (críticas, censuras…) en los padres las recaídas del drogodependiente disminuyen: por el contrario, los comentarios positivos reducen el número de recaídas. Por tanto, los padres deben valorar y fortalecer los aspectos positivos del hijo para una mejor adecuación del hijo toxicómano al tratamiento y para prevenir la recaída. Los padres con alta EE (críticas negativas hacia el hijo…) provocan en mayor medida las recaídas del toxicómano, siendo más difícil implicar al padre que a la madre en las terapias. Así los objetivos a seguir con ambos progenitores en los tratamientos deben ser diferentes. El autor potencia la coordinación entre familiares que permita una actuación coherente y coordinada respecto al paciente, ya que a menudo el padre adopta un rol periférico mientras que la madre se sobreimplica en el proceso de ayuda.

Se deja así patente la influencia de los factores familiares en la recaída y en el abandono terapéutico de los toxicómanos, y en este estudio se concluye, entre otras afirmaciones, lo siguiente: El funcionamiento familiar ordenado se relaciona con más largos periodos de tiempo libre de drogas. La reacción de los padres a los esfuerzos de autonomía y la expresión abierta a pensamientos y sentimientos, además de la empatía, se relacionan con una mayor abstinencia. Los sujetos que “caen” también presentan peor clima familiar, una menor red de apoyo social y mayor número de acontecimientos vitales estresantes incontrolables (muertes, divorcios de padres, etc.). El 16% de las recaídas están relacionadas con los conflictos interpersonales, el empleo, la familia, la pareja, etc. El 20% de las recaídas se relacionan con la presión social. Es de gran importancia en la retención del paciente drogodependiente en el tratamiento, mayor compromiso de familia (de padres o pareja), pues en el tratamiento se asocia con un mejor pronóstico.

Sin embargo, de acuerdo Berasategi (1999) y García (1999a, 1999b) no existen estudios que analicen en profundidad y con instrumentos adecuados los aspectos y matices de la interacción familiar y la forma en que ésta incide en la evolución del hijo toxicómano.

Otros estudios obtienen que la alta EE en padres se asociaba, entre otras conductas, con la conducta antisocial que se mostraba actualmente y con la que se mostraría en el futuro, con el uso de drogas y con mayores arrestos delictivos de los hijos. Asimismo, los hermanos con alta EE (sobre todo cuando esta se expresaba en Criticismo) predijeron estos mismos resultados en los hermanos más jóvenes a los 2 años de seguimiento, acentuando como ya se ha comentado, la importancia de los procesos intrafamiliares (en padres y hermanos) en la etiología de problemas de conducta, entre ellos el uso de drogas (Bullock, Bank & Burraston, 2002).

Utilizando el constructo EE para medir el riesgo de los efectos medioambientales o del entorno familiar del niño, se han realizado estudios longitudinales con gemelos monocigóticos, como el estudio de Caspi, Moffitt, Morgan, Rutter, Taylor, Arseneault, Tully, Jacobs, Kim-Cohen & Polo-Tomas (2004), en el que se encontró que el gemelo que recibía más negatividad maternal (como Criticismo, Hostilidad ) y menor calor, tenía más problemas de conducta antisocial. Entre estas conductas se encuentra el consumo de drogas, con lo que los autores concluyen que los resultados que obtienen sugieren que la mayor negatividad maternal, medida mediante el constructo EE, puede jugar un papel causal en el desarrollo de problemas de conducta antisocial y de drogadicción.

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Para citar este artículo:

  • Becerra, J. A. (2008,07 Abril). Variables familiares y drogodependencia: la influencia de los componentes de la Emoción Expresada. Revista PsicologiaCientifica.com, 10(16).Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/drogodependencia-familia-emocion-expresada


4 Comentarios para “Variables familiares y drogodependencia: la influencia de los componentes de la Emoción Expresada

  1. crispin zabala silva

    Me parece muy interesante que se realicen trabajos con esta visión relacional, que es fundamental explorar para tener mejores herramientas en la intervención con estas enfermedades complejas como la drogadicción. Soy maestro en terapia familiar y estoy muy interesado en realizar estudios con enfoque sistémico. Estoy por terminar uno analizando la emoción expresada y las formas de afrontamiento de padres con hijos que abusan de drogas ilegales. Saludos.

  2. Andres Rogelio Martinez

    Recoge los principales aspectos de la Emoción Expresada en Drogodependencia con coherencia y rigurosidad, una buena sintesis para quien quiere abordar el tema por primera vez.

  3. Faustino

    Estoy muy de acuerdo con esta exposición. En la actualidad las familias han perdido el concepto de su esencia, de su significado social y la responsabilidad que conlleva.

  4. ariel alsarria

    La familia es uno de los factores de importancia en la predisposición de las adicciones en el individuo, no olvidemos que esta problemática es multicausal,se podria dar un panorama mas amplio de ella.

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