El ser humano es un ser esencialmente social, influído profundamente por sus relaciones interpersonales que son las que le dan sentido a los tres factores más importantes dentro de su composición: los factores biológicos, psicológicos y sociales (González, 2000). Cada uno de estos factores es esencial en la compresión del ser humano, en función de su relación con los demás. De igual forma, en el contexto de terapia, el cambio terapéutico es un proceso enormemente complejo que sucede mediante un intrincado intercambio de experiencias humanas (Yalom, 2000). Éste es precisamente el caso de la Terapia de Grupo (GT), en la cual se pueden optimizar muchas de estas destrezas que son parte de la interacción con otros.
Una de las habilidades que se ha observado, se desarrolla en este contexto relacional y grupal, es la autoestima. La característica básica de la autoestima es la de pensar bien de uno mismo. Esta autoimagen tiene una base social, ya que pensar bien de uno mismo siempre se da en relación con los demás y también depende de la aprobación social. La autoestima es un motivo que puede satisfacerse de varias maneras: logrando aprobación social, autorrespeto, prestigio, poder, o teniendo éxito en algún área (González, 2002). Es importante señalar que dicha capacidad, la de desarrollar la autoestima, tiene una relación inextricable con los procesos inherentes a la motivación en el ser humano.
