Deserción en la educación superior pública en República Dominicana
Psicología Educativa


  • Mayra Brea de Cabral
    Universidad Autónoma de Santo Domingo
    Santo Domingo, República Dominicana

Resumen

  • El presente estudio pretende aportar datos y construir propuestas sobre la deserción en la universidad pública dominicana. Se ofrece un panorama cuantitativo y cualitativo de la deserción universitaria pública y se valora el aspecto económico de dicha problemática dentro de una perspectiva social, educativa, humanista y psicosocial más amplia. En la búsqueda de los factores que contribuyen al fracaso en los universitarios, se confiere singular importancia a los testimonios de los propios desertores en cuestión, a nuestro juicio, fundamental para el momento de diseñar opciones adecuadas de políticas para su reducción a niveles aceptables. Se pretende estimular a otros sectores del país involucrados en el proceso de formación universitaria, para que juntos podamos compartir informaciones y comparar nuestra situación con la de otros países hermanos que padecen problemas muy similares al nuestro.

    Palabras claves: deserción, factores causales, estudiantes, universidad.



Si bien en los años cincuenta y sesenta la educación terciaria en América Latina, en términos promedio, se encontraba en la etapa elitista, hoy día, más de tres décadas después, apenas rebasa el nivel de la masificación. Esta situación es muy diferente a la de los países desarrollados, que en el período señalado han superado la fase elitista, iniciada y completada la de masificación y que se encuentran actualmente en una etapa bastante avanzada de universalización de los estudios universitarios.

En el caso de la República Dominicana, el proceso de masificación que se inició tardíamente al inicio de los años ochenta y que prácticamente se estancó y retrocedió en los años 1984-1991, ha avanzado rápidamente en los últimos 12 años. En estos últimos años se ha triplicado la matrícula estudiantil universitaria. Sin embargo, la tasa de graduación no ha crecido en la misma proporción, lo que constituye un motivo de preocupación para el sistema educativo del tercer nivel, por lo que esto significa en materia de costos y de eficiencia.

La deserción universitaria, por sus dimensiones, se ha convertido en un fenómeno muy común en la mayoría de los países latinoamericanos, razón por lo cual se viene planteando como uno de los problemas prioritarios a ser investigado y adecuadamente tratado. En ese sentido, el Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC) plantea la necesidad de realizar estudios en toda la región, que ofrezcan luz sobre los factores causales y la búsqueda de solución al problema.

Al igual que en otros países de América Latina, en República Dominicana la investigación educativa en materia de educación terciaria apenas comienza y este trabajo es el primero que se presenta con relación a la deserción universitaria. Esta situación no nos permitió efectuar comparaciones por medio del seguimiento de cohortes distintas que nos hubiese facilitado evaluar nuevas tendencias o entender mejor la evolución del fenómeno. Debido a ese nivel de desarrollo de la investigación educativa hemos tenido que manejarnos también con grandes limitaciones estadísticas, con contradicciones e imprecisiones en referencia a los datos disponibles entre distintas fuentes de la misma institución.

Aun así, se han producido interesantes aproximaciones para medir las dimensiones del problema. El Dr. Mejía-Ricart (2004) señala, por ejemplo, que la Universidad Estatal tiene una tasa de egresados que no alcanza el 5% de la totalidad de sus estudiantes inscritos. Sin embargo, esta relación se refiere a uno de los períodos de mayor crecimiento de la matrícula universitaria. Si se calculara la tasa de egresados sobre la proporción de los nuevos estudiantes que ingresan al sistema en el mismo período estimado, la tasa de egresados se situaría alrededor de un 25%. La relatividad de las mediciones puede fácilmente conducirnos a cometer errores de interpretación.  Con la metodología utilizada en el presente estudio se encontró que la tasa de titulados en los últimos 5 años en la Universidad Autónoma de Santo Domingo se sitúa entre 16 y 27%.

El Dr. Mejía-Ricart también se refiere a algunos factores al analizar las causas del rezago en la universidad, entre los cuales menciona: “la rápida diversificación y masificación de la enseñanza, el grave retraso acumulado con anterioridad, unidos a una educación primaria y media deficientes en general, que envía pocos estudiantes preparados a la universidad. La escasa profesionalización de los profesores, el estado crítico de los laboratorios, aulas y recursos audiovisuales; planes, programas y métodos didácticos desfasados, junto con la escasez de niveles de formación técnica y de postgrado, así como un deficiente desarrollo de la investigación y de la extensión universitarias, son los rasgos más caracterizados de estos problemas cualitativos” (Mejía-Ricart, 2004, p.19).

La presente investigación nos ha conducido a resaltar, por su importancia, otros elementos que influyen más directamente en la deserción, entre los que se encuentran: los aspectos socioeconómicos y culturales de los estudiantes, como por ejemplo, las condiciones laborales y, por ende, las horas de dedicación al estudio (son estudiantes que disponen de poco de tiempo para estudiar). También figuran los problemas motivacionales, personales y psicoafectivos provocantes del fracaso académico, tales como los sentimientos de frustración, desorientación vocacional, baja autoestima y la posible y precaria adaptación al medio universitario.

Por otro lado, cabe señalar las razones relacionadas con el clima de tranquilidad interna y el entorno externo de estabilidad política a la institución educativa, requisitos básicos para garantizar el logro de las metas propuestas y la ejecución ordenada de las actividades académicas; los que son propios de la estrechez presupuestaria, como la obsolescencia del sistema de registro, de coordinación y monitoreo de las actividades, la superpoblación en las aulas, carencia de métodos modernos para la enseñanza; los que se derivan del propio sistema, como la rigidez de los programas de estudios, su desvinculación y desarticulación con la realidad social y el mercado de trabajo, y la carencia de un plan de desarrollo nacional de largo plazo que involucre a las universidades, etc., siendo esto parte de la misma problemática. En fin, la deserción universitaria es un fenómeno muy complejo y merece ser abordado en toda su dimensión dentro de un modelo multicausal.

Antecedentes generales sobre el sistema de educación superior en el país 

La República Dominicana tenía una población de 8.562.541 habitantes, de los cuales el 50.2% eran mujeres y el 49.8% hombres. El 17.2% de la población total tenía edades comprendidas entre 20-29 años (Según el VIII Censo Nacional de Población y Vivienda del 2002).

El presupuesto del gobierno destinado a la Educación Superior para el año 2002 fue de RD$ 1.129.2 millones, equivalente al 1.53% del presupuesto nacional y al 0.28% del PIB nominal (1), lo que en comparación no sólo con otros países del mismo continente, sino que además, en el contexto mundial era extremadamente bajo (2). La debilidad del financiamiento público hacia la educación terciaria en los países en vías de desarrollo originó grandes brechas relativas con los países más desarrollados. Durante el período de 1970 al 1997 el incremento de la tasa bruta de escolarización en los países en vías de desarrollo fue de 7%, lo que contrasta con la expansión de la tasa bruta de escolarización de los países desarrollados que creció en un 26% (Cabral, 2002).

Para el año 1962 en República Dominicana había 3.000 estudiantes inscritos en la única universidad que existía entonces en el país, lo cual representaba el 0.1% de la población total, y cuarenta años después, para el año 2002, la matrícula estudiantil se multiplicó prácticamente por cien, alcanzando el sistema de Educación Superior Nacional los 286,134 estudiantes, lo que equivale al 3.3% de la población total para esa fecha.

En toda América Latina, el proceso de masificación universitario se interrumpió en la década de los 80 y en República Dominicana dicho proceso ocurrió desde mediados de los 80 hasta los primeros años de la década de los 90. El crecimiento de la población universitaria, en cambio, en los últimos 10 años ha sido espectacular y se ha más que triplicado. En ese decenio también se han multiplicado los programas de nivel técnico, de grado y postgrado ofrecidos en 49 universidades o Instituciones de Educación Superior (IES) con carácter estatal y/o público y privadas hoy día existente. Estos centros académicos superiores, con varias extensiones, están ubicados en todo el territorio nacional (38% en Santo Domingo y 62% en el interior del país, incluyendo una extensión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en Nueva York). Más de la mitad de las Instituciones de Educación Superior nacionales tienen su sede central en la ciudad capital de Santo Domingo (datos reportados por la SEESCYT durante el 2002 (3) y el 2004 (4)) y por el Dr. Mejía-Ricart en el 2004 (5).

Con la función de regularizar el proceso de expansión y el reordenamiento de la Educación Superior en el país se crea, a través de la Ley No.139-01, promulgada el 13 de agosto del año 2001, el Sistema Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, y como órgano de dirección del Poder Ejecutivo a la Secretaría de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (SEESCYT), que sustituye a su vez al Consejo Nacional de Educación Superior (CONES).

Entre las universidades o Instituciones de Educación Superior existentes 8 son estatales y/o públicas y 41 son privadas. Poseen las siguientes modalidades: democrática pública, centralizada pública, laica privada y religiosa privada. Para el año 2003 el sistema nacional universitario estaba compuesto de 298,092 estudiantes, 10,472 profesores y 7,534 empleados. El sector público participaba con el 46% y el sector privado con el 54%. La relación estudiante/profesor en los IES privados era de 18.4 y la del sector público y/o estatal de 48.7. Una importante variable que caracteriza la matrícula universitaria dominicana es su tendencia a la feminización, ya que el 62.6% es de sexo femenino; por otro lado, el 52% cursa carreras no-tradicionales e inexistentes antes del 1966; el 46% cursa estudios fuera de Santo Domingo, y hay cerca de 10,000 estudiantes de postgrado cursando 310 programas (datos reportados por Mejía-Ricart, 2004; Quiroga, 2004 (6)).

La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

La Universidad Autónoma de Santo Domingo, el centro académico más antiguo de América, fue fundada en 1538. Actualmente, ofrece la mayor cantidad de programas docentes en diversas áreas profesionales en todo el territorio nacional. Su matrícula agrupa alrededor de la mitad de los estudiantes universitarios dominicanos, estando situada entre las más grandes universidades públicas estatales de América Latina. Las demás instituciones estatales dominicanas son de matrícula reducida y desempeñan su labor en determinadas áreas de formación, no siendo todas públicas (abiertas para todos), entre las que se encuentran: la Academia Militar de las Fuerzas Armadas, la Academia Naval de Estudios Superiores de la Marina de Guerra, la Escuela Nacional de la Judicatura, el Instituto Superior de Formación Docente en Educación Física, el Instituto Superior de Formación Pedagógica (INAFOCAM), el Instituto Superior de la Policía Nacional, el Instituto Superior de Bellas Artes y el Instituto Salomé Ureña, las que en su gran mayoría son de reciente creación.

La población estudiantil en la UASD ha crecido muy rápidamente en los últimos años, tal como se puede observar en la tabla 1 y en la  gráfica 1. Para 1995 había 53,251 estudiantes, hoy día la población sobrepasa los 141,000 estudiantes. Las mayores concentraciones se encuentran en Humanidades, Ciencias Económicas y Sociales y Ciencias de la Salud.

Tabla 1
Población estudiantil inscrita de 1995 a 2004 en la UASD

Deserción

Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la Oficina de Registro y del Dpto. de Informática de la UASD. El número de estudiantes del año 2004 fue estimado como el promedio de inscritos del 1er y 2do semestre académico, Para el 1er semestre hubo 143,365 estudiantes. Los anteriores años se tomaron directamente de las fuentes.

Cabe señalar que en el período 1984-1991 la población estudiantil descendió desde 60,000 a 26,000 estudiantes. La recuperación de la población en la UASD se inicia a partir del año 1992 de manera gradual y en el 1996-1997 de manera brusca, tal como se observa en la figura 1.

Figura 1Población estudiantil inscrita (totalidad de estudiantes) de 1995 a 2004 en la UASD
FuenteElaboración propia con base en los datos de la Oficina de Registro y del Depto. de Informática de la UASD.

El cuadro 2 y la figura 2 muestran los estudiantes de nuevo ingreso de los años 1995-2003, ahora por facultades.

Tabla 2
Estudiantes matriculados (de nuevo ingreso) por facultades, correspondientes a los años 1995 – 2003 en la UASD

FuenteElaboración propia con base en los datos de la Oficina de Registro y del Dpto. de Informática de la UASD.

 

Figura 2 Estudiantes matriculados (de nuevo ingreso) por facultades de 1995 a 2003 en la UASD.
FuenteElaboración propia con base en los datos de la Oficina de Registro y del Depto. de Informática de la UASD.

Antecedentes referenciales de la deserción 

La deserción universitaria, como hemos subrayado anteriormente, no ha sido objeto de estudio de los investigadores en el ámbito nacional. No encontramos documentos que traten específicamente la problemática, a pesar de estar muy estrechamente relacionada con el rendimiento académico de los estudiantes. Se han realizado algunos estudios que abordan la deserción estudiantil en los niveles de educación básica y media, que consideran algunos factores sociales y ambientales como causales, entre ellos: la distancia a la escuela, la falta de modernización del sistema educativo en el uso de tecnología, las limitaciones de horario, el embarazo en adolescentes y sobre todo, las condiciones socioeconómicas de los familiares (pobreza), por lo cual una gran cantidad de niños y adolescentes abandonan sus estudios para integrarse al trabajo productivo (Genaro, C, 2000; Vélez et al, 2001).

Por otro lado, el desinterés y la poca visión de nuestros gobernantes hacia la educación en general, que se traduce en un presupuesto estatal muy precario hacia ese renglón, ha producido un marcado deterioro educativo en los últimos 40 años, tanto en los aspectos físicos de los planteles escolares como en la formación y supervisión de la calidad docente. Otros factores característicos son la baja remuneración a los profesores, la desmotivación y el “tiempo repleto” ocasionado por el multiempleo que fomenta el propio sistema educativo al que se ven sometidos los profesores para poder subsistir. Podría decirse que en el caso dominicano, la población a educarse crece geométricamente, mientras que los recursos hacia la educación crecen aritméticamente.

La deserción universitaria guarda relación con el proceso de selección que es, además, una medida del rendimiento académico del alumno y sirve para reflejar la eficacia del sistema educativo en general, es decir, implica tres dimensiones. Diversos estudios realizados apuntan que la selección tiene que ver más con las aptitudes intelectuales que con los aspectos motivacionales en el momento del examen de ingreso; sin embargo, la motivación y el compromiso con el estudio tienen mayor peso en el rendimiento académico. Se ha demostrado una mayor tendencia al abandono de los estudios en las instituciones que no poseen examen de ingreso (Sposetti & Echevarría, 1997).

Jewsbury y Haefel (7) se refieren a la deserción en las universidades públicas de Argentina señalando, según sus fuentes, la existencia de una baja tasa de graduación de apenas 20%, cuya deserción ocurre, principalmente, en el primer año de la carrera. Estos autores presentan en su análisis algunos factores como determinantes, entre los que se encuentran: la masividad (el congestionamiento) de las aulas que conlleva al aislamiento del estudiante y el carácter reglamentario de la presencialidad que perjudica a los estudiantes de menores ingresos socioeconómicos. También se refieren a la importancia de instrumentalizar planes sociales dirigidos a los estudiantes, la vinculación con el nivel medio, la orientación vocacional y los cursos de introducción en los primeros niveles, así como a la implementación de modalidades de educación a distancia o semipresenciales y el apoyar programas ya incorporados al sistema universitario de tutorías presenciales, telefónicas y por Internet. Para ellos, además, las pasantías rentadas (prácticas pagadas) constituyen fórmulas útiles para el mantenimiento de los estudiantes en la universidad.

Un estudio sobre la deserción, graduación y duración de las carreras realizado por la Dirección de Estadísticas de la Universidad Nacional de Tucumán (8), muestra una deserción de 75% para los períodos de ingreso sin restricciones (1973-1976 y 1984-1992) en comparación con el promedio porcentual de deserción de 55%, que fue encontrado en los períodos de cupo restringido (1977-1983) en dicha universidad.

Por otra parte, Knut (9) considera el fracaso escolar como un problema muy serio en el nivel universitario en Centroamérica, dado el elevado rezago que existe para graduarse. Refiere el caso de Honduras, donde se estima que el tiempo de permanencia de un estudiante en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras a comienzos de la década de 1990 osciló entre 9 y 12 años, cuando la mayoría de las carreras estaban diseñadas para concluirse en no más de cinco años. El autor cita otro estudio sobre el sistema de educación superior panameño, indicando que apenas el 20% de los que entran a la Universidad de Panamá se gradúan, y estima que la deserción y el fracaso en todos los niveles del sistema educativo representan un lastre para el desarrollo social y económico de los países centroamericanos, porque refleja ineficiencia en el uso de los recursos humanos y materiales, así como también, generan frustración entre los afectados y los desestimula a seguir aprendiendo en el futuro, ya sea dentro o fuera de los sistemas de educación formal.

Un estudio reportado por Alberto Porto y Luciano Di Gresia en 2001, en el que participaron 4,676 estudiantes del Departamento de Economía de la Universidad Nacional de La Plata (10), muestra la relación directa encontrada entre el rendimiento estudiantil y la carrera elegida, el género, la edad, escuela de procedencia, la educación de los padres, la situación laboral y las horas de dedicación al estudio. El rendimiento fue menor para aquellos estudiantes que trabajan y disminuye proporcionalmente con el número de horas trabajadas.

Objetivos del estudio 

El presente estudio tiene por objetivo conocer la magnitud de la deserción en la universidad pública/estatal de la República Dominicana y explorar sus factores de incidencia e implicaciones, vistos por los propios actores. Se pretende abrir un espacio para la discusión de ideas y propuestas que sean de utilidad para contribuir a la toma de mejores decisiones en la búsqueda de posibles soluciones a esta problemática.

Método 

Para los fines del estudio se utilizaron datos estadísticos nacionales, poblacionales y del sistema Educativo Superior dominicano; se analizan cifras estadísticas de los últimos años en diferentes áreas del conocimiento y de 6 carreras específicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en: Ingeniería Civil, Medicina, Educación, Psicología, Contabilidad y Derecho. Se estudia la deserción en esas 6 carreras a través del seguimiento de la cohorte de ingreso del año 1995, cuyos datos son segregados por sexo, calculándose la tasa de deserción ajustada y la eficiencia de titulación real en cada una de ellas.

Se aplicó una encuesta diseñada para desertores, en su gran mayoría entrevistados por teléfono, a una muestra de 12 personas elegidas al azar (no significativa), de una lista de desertores de la cohorte del 1995. La encuesta recoge información sobre las condiciones generales, socioeconómicas y familiares de los estudiantes; los factores relacionados con el abandono de los estudios universitarios (económico, personal, familiar, motivacional, vocacional y académico); las implicaciones personales, sociales e institucionales que acarrea la deserción universitaria. Otras variables exploradas durante la entrevista son: la autoimagen en los desertores, la ayuda institucional requerida y no ofrecida y sobre todo, la percepción de los factores que pudieron haber contribuido a la deserción (método de estudio del estudiante, metodología del profesor, la falta de comprensión de las asignaturas, los requerimientos exigidos por la universidad, etc.).

Se entrevistó a algunos empleados, profesores y autoridades universitarias que laboran en el área, quienes expusieron sus ideas en torno a la temática en cuestión.

Definiciones operacionales

Se considera deserción al proceso de abandono voluntario o forzoso de la carrera por uno u otro período (semestre o año) y se estima como la diferencia existente entre los estudiantes de un determinado período que ingresan y los que egresan en el tiempo que corresponde a dicha carrera universitaria, menos los estudiantes que aún permanecen inscritos en el sistema. Al hablar de matriculados nos referimos a estudiantes de nuevo ingreso, y no a la totalidad inscrita en el sistema. Se denomina cohorte al conjunto de alumnos con año de ingreso común.

Eficiencia de titulación es el indicador obtenido del número de titulados de un período específico (t) entre los matriculados correspondientes al período t menos el tiempo de duración de la carrera. E= T (t) / N (t-d).

En el análisis de cohorte la deserción ajustada o corregida se obtiene al asumir que la mitad de los estudiantes que aún permanecen estudiando en el sistema universitario concluirán su carrera finalmente, y se calcula de la siguiente manera: Deserción Ajustada, DA= H + 0,5 G. Donde H son los que desertan y no están inscritos en el sistema actualmente, calculado por la diferencia entre el número de matriculados que ingresan en un año y los que van saliendo en diversas etapas; G es el número de estudiantes que se encuentran registrados en el sistema, que no han culminado sus estudios aún. Se calcula la eficiencia de titulación real como 1 – (% deserción corregida /100).

Para estimar el número de desertores se conoce la tasa de deserción promedio anual ”TD”, calculada como el complemento de la eficiencia de titulación “E”. Es decir: TD = 1- E.

El costo promedio anual por alumno fue calculado sobre la base del 75% del aporte del Estado a la universidad entre el número de estudiantes inscritos. Es decir: CPA = 0,75 del aporte estatal a la universidad / Matrícula total. Este último indicador sirve para obtener la estimación del índice de costo directo anual de la deserción “Ic” para el año “t” que se calcula como el producto de la cantidad de desertores anuales “Da” por el costo promedio anual por alumno “CPA” para el año “t”. Es decir, Ic = Da x CPA. Donde Da se estima como la tasa de deserción promedio anual (TD) multiplicado por la matrícula del año que corresponde a la duración de la carrera.

Para fines del presente análisis, las áreas de Artes y Educación (Pedagogía) son consideradas independientes de la Facultad de Humanidades.

Descripción de los resultados

1. Datos poblacionales y de educación terciaria

De acuerdo con el VIII Censo Nacional de Población y Vivienda realizado en 2002, la República Dominicana cuenta con una población total de 8,562,541 habitantes, cuya tasa de crecimiento promedio anual es de 1.8 %, de los cuales 4,033,637 (47.1%) tienen 25 años y más. Sin embargo, al pretender clasificar el sector poblacional de 25 años y más, según el nivel de instrucción educativa, nos encontramos con una limitante, ya que cerca de 600,042 personas (14.8%) caen en la categoría de “no declarados” y “no sabe” (no ofrecen ninguna información durante el Censo del 2002) siendo considerados datos perdidos para el análisis que nos interesa. Por consiguiente, las estimaciones del cuadro 3 cuentan con una distorsión de alrededor de un 15%.

Luego de conocer las limitaciones estadísticas anteriormente señaladas, tal como se muestra en el cuadro 3, para el año 2002 el 81.7% de la población de adultos de 25 años y más no posee estudios universitarios, es decir, sólo el 18.3% tiene el privilegio de tener estudios terciarios. De la totalidad de 628,931 universitarios, 328,775 (9.6% de la población adulta de 25 años y más) se han graduado y una mínima proporción cuenta con estudios de cuarto nivel (postgrado, maestría y doctorado). Para esa misma fecha, se reporta la existencia de 286,134 estudiantes inscritos en el sistema universitario nacional, correspondiente a los niveles técnico superior, grado y postgrado.

Tabla 3
Población de 25 años y más de República Dominicana por sexo según nivel de instrucción terciaria, 2002

Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), del VIII Censo Nacional de Población y Vivienda del 2002 de la República Dominicana.

* No toma en cuenta las 600,042 personas que no ofrecen información acerca de su nivel educativo.
** Corresponde a la población no-universitaria: Analfabetos, con estudios de educación básica o de secundaria, cuyas edades son de 25 años y más.
*** Población que ha estudiado o estudia en la universidad, con o sin título universitario o postuniversitario de 25 años y más.
**** Población de graduados universitarios de 25 años y más o con estudios postuniversitarios.

En República Dominicana, al igual que en otros países de Latinoamérica, se evidencia una tendencia hacia la feminización en los estudios del tercer y cuarto nivel educativo, con marcadas diferencias de género, siendo las mujeres las que tienen mayor participación. Estudios reportados por la Secretaría de Estado de Educación Superior, Ciencia y Tecnología en 2002, señalan la matrícula universitaria femenina en 62.6%, esto es, suficientemente alta con respecto a la de los hombres, de sólo 37.4%. Ese fenómeno fue estudiado en el país por Quiroga (2003), quien analiza la relación encontrada entre la feminización universitaria y la elección de carreras tradicionales que son demandadas por el mercado laboral para la mujer.

2. Estimación de la deserción global por áreas del conocimiento y sexo 

En el cuadro 4 se puede apreciar la población de titulados de los años 1999 a 2003. Si se toma la población que ingresó de 1994 a 1998 en las diferentes áreas del conocimiento (cuadro 5), se puede calcular la eficiencia de titulación para los grupos que ingresaron en dicho período.

El promedio general de la eficiencia de titulación obtenida sobre el promedio de las medias calculadas de los años 1999-2003 es de 0.24 (ver cuadro 6), donde se observan algunas diferencias entre las áreas del saber. Tienen más baja eficiencia de titulación las áreas de Ingeniería y Arquitectura, Humanidades, Artes y Ciencias. Los mayores índices de eficiencia de titulación lo poseen Educación, Ciencias de la Salud y Ciencias Jurídicas y Políticas. Estos resultados van en la misma dirección que los que se han reportado en Chile por González et al (2002).

Tabla 4
Población de titulados en la Universidad Autónoma de Santo Domingo para el período 1999-2003 según áreas del conocimiento

 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de los datos del Departamento de Informática de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Tabla 5
Población de matriculados en la Universidad Autónoma de Santo Domingo según áreas del conocimiento para el período 1994-1998

 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de los datos del Departamento de Informática de la Universidad Autónoma de Santo Domingo 

Tabla 6
Eficiencia de titulación según áreas del conocimiento. Período de 1999 a 2003

FuenteElaboración propia sobre la base de los datos del Departamento de Informática de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Al analizar los datos de eficiencia de titulación por sexo de los años 1999-2003, se nota una variada fluctuación que va desde 0.14 en los hombres en 2002, hasta la más elevada eficiencia de titulación de 0.38, alcanzada por las mujeres en 2001 y 2003. Se puede afirmar que las mujeres siempre tuvieron mayor eficiencia para titularse que los hombres y menor tasa de deserción durante el período de los cinco años estudiados.

Tabla 7
Titulados según sexo para el período 1999 a 2003

 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de los datos del Departamento de Informática de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Tabla 8
Eficiencia de titulación según sexo para el período 1999-2003

 

Fuente: Elaboración propia sobre la base de los datos del Departamento de Informática de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

De lo anterior se deduce que la eficiencia de titulación tiene períodos de altas y bajas, cuyo promedio aritmético en el período estudiado es de 0.25 y es diferente para cada una de las áreas o facultades. Si se considera la tasa de deserción como el complemento de la eficiencia de titulación, se tendría una deserción de alrededor de un 75%, dato aproximado e impreciso, ya que es un promedio aritmético y no toma en cuenta los rezagados que permanecen en el sistema y que posteriormente llegan a graduarse, además de los variados flujos de ingreso y egreso y las limitaciones informáticas que no permiten conocer los cambios de carrera dados en los estudiantes. En ese sentido, se sugieren algunos arreglos matemáticos que veremos más adelante y estudiar el rezago mediante análisis de cohortes.

3. Análisis de la deserción en carreras específicas

En el año 2002 las 10 carreras de mayor demanda en nuestro país aparecen señaladas en el cuadro No. 9. Las que aparecen en negrita son elegidas para el análisis en el presente estudio.

Tabla 9
Las 10 carreras de mayor demanda en el país en 2002

Fuente: SEESCYT, Informe de la Secretaría de Estado de Educación Superior, presentado por Vargas, D, 2002.

Al estimar el promedio de cinco años de la eficiencia de titulación de seis carreras específicas, entre las que se encuentran Educación, Medicina, Contabilidad, Derecho, Psicología e Ingeniería Civil, se construye la tabla 10, observándose que la eficiencia de titulación más elevada corresponde a las carreras de Medicina y de Educación con 0.37 c/u; en segundo lugar, Derecho con 0.30 y Contabilidad con 0.29. Las de menor eficiencia de titulación son las carreras de Ingeniería Civil (0.19) y de Psicología (0.16), donde se alcanzan las mayores tasas de deserción.

Tabla 10
Eficiencia de titulación en carreras específicas del período 1999-2003

Fuente: Elaboración propia sobre la base de los datos del Departamento de Informática de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

4. Cálculo basado en datos reales de seguimiento de cohortes de ingreso

Se presentan los datos de la cohorte de ingreso del año 1995 en los cuadros 11 y 12 en las seis carreras anteriormente elegidas, pudiéndose analizar la tasa de titulación y deserción hasta agosto del año 2004, es decir, el grado de permanencia, rezago o deserción de los estudiantes, tras 9 años de haberse inscrito en el sistema y 4 de haberse tenido que graduar.

Tabla 11
Tasa de titulación por carreras y por sexo de la cohorte de 1995

 

Fuente: Elaboración propia con la base de los datos del Departamento de Informática dela Oficinade Registro dela UASD.

 

Tabla 12
Tasa de titulación específica en la cohorte del 1995 por carreras y sexo (en %)

Tal como se observa en los cuadros anteriores, los porcentajes más elevados de desertores se dan en Psicología y en Ingeniería, con 62.5% y 62% respectivamente, seguido por Contabilidad, Derecho y Educación con 53 y 59% respectivamente, y Medicina que tiene la menor deserción (38.6%).Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Departamento de Informática de la Oficina de Registro de la UASD.

5. Tasa de deserción corregida (ajustada) y eficiencia de titulación real por carreras según sexo

Al calcular la tasa de deserción corregida o ajustada sobre la base de agregar a los desertores la mitad de los estudiantes que se encuentran aún en la carrera, partiendo del supuesto de que esa proporción se retira y la otra mitad se titula con retraso, se obtiene (Cuadro 13) que Medicina tiene el más bajo índice de deserción con 49%, una tasa de deserción de 0.49 y de eficiencia de titulación real de 0.51. En segundo lugar, Educación con 0.36 de eficiencia de titulación y tasa de deserción de 0.64. En tercer y cuarto lugar, Contabilidad y Derecho, cuyas eficiencias de titulación son de 0.34 y 0.33 y con niveles de deserción de 67 y 66% respectivamente. En último lugar, Psicología e Ingeniería con 73% de deserción, tasas de deserción ajustadas de 0.73 y eficiencia de titulación real de 0.27 respectivamente.

Tabla 13
Tasa de deserción ajustada y eficiencia de titulación real por carreras según sexo de la cohorte del año 1995

Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Departamento de Informática de la Oficina de Registro de la UASD.

Al comparar la eficiencia de titulación estimada de las carreras específicas (promedio anual de los últimos 5 años estudiados), con la eficiencia de titulación real en la cohorte del 1995, se muestra una coincidencia total en cuanto al posicionamiento entre sí, tal como se puede apreciar en el cuadro 14, alcanzando los dos primeros lugares Medicina y Educación, en tercer y cuarto lugar Derecho y Contabilidad; y, en los últimos lugares, Ingeniería Civil y Psicología, las más bajas eficiencias de titulación. Probablemente los requerimientos de titulación son indispensables para poder ejercer en las carreras de Medicina y Pedagogía, exigidos por el mercado de trabajo, así como también el incentivo laboral que representa para estos profesionales, es más que una fuerte razón estimulante para alcanzar una mayor tasa de titulación.

Tabla 14
Comparación de datos de eficiencia de titulación estimada y la eficiencia de titulación real calculada


6. Estimación del rezago de titulación para carreras especificas
Fuente: Elaboración propia con base en los datos del Departamento de Informática de la Oficina de Registro de la UASD.

Para estimar el rezago de titulación, primero nos aproximaremos con un enfoque cuantitativo, tomando como base el análisis de la cohorte de los estudiantes matriculados en 1995 en seis carreras específicas (cuadro 12), aún cuando se entienda que dicho grupo no es el más representativo de la realidad actual en la universidad que justifique generalizaciones, debido a las constantes revueltas estudiantiles vividas durante ese período y que, en gran medida, han sido ya superadas, pero su seguimiento es la única forma de conocer el rezago, la permanencia y cómo se van titulando los estudiantes de dicha cohorte a través de 9 años consecutivos.

En segundo lugar, se presentan los datos obtenidos de encuestas realizadas a graduados por la Oficina de Planificación Universitaria (OPLAU) de tres años (1999-2001), donde se observa cuál fue el grado de deserción (condición de retirarse) en aquellos que llegaron a titularse.

Al analizar el cuadro 12, se nota claramente como se van graduando los estudiantes de la cohorte en Medicina, carrera de 5.5 años de duración y con la tasa más baja de deserción, la que acumula el mayor porcentaje de graduados en los tres primeros años (30%). En el primer año se titularon 6 estudiantes (0.6%); en el segundo año, el 13.9%, y en el tercer año, el 15%. El 21% (208 de los 989 que ingresaron) continuaba estudiando al cabo de 9 años de haberse inscrito en el sistema universitario.

Los estudiantes de Contabilidad, a pesar de tener un porcentaje relativamente alto de deserción y estando dentro del grupo de carreras que ocupan el 4to lugar, tienden a graduarse más lentamente en los tres primeros años (18.2%) después de haber terminado la carrera y alrededor del 15% (423 de 2,838 inscritos) continuaban aún estudiando en el segundo semestre del 2004.

Los estudiantes de Derecho siguen en el orden de graduación, logrando sólo titularse el 17% en los tres primeros años en que debieron haber terminado la carrera, permaneciendo en la carrera el 20%, 388 estudiantes de 1.920 matriculados, tras 9 años de haber iniciado sus estudios.

En las demás carreras logran los siguientes porcentajes de titulación en los tres años posteriores a los que debieron de haberse graduado (2000-2002): en Ingeniería Civil 12%; en Educación 11% y en Psicología 8.1%.

Tal como se puede observar, el grado de permanencia o retención en la universidad es muy elevado y la titulación se da con gran lentitud, por lo que se haría necesario conocer con mayor profundidad las razones de su ocurrencia e indagar el posible peso en la magnitud del rezago que podría tener los cambios de carreras y otros factores de orden burocrático, que como bien es conocido, a veces dificultan la salida rápida de los estudiantes en la universidad.

La segunda aproximación al problema es efectuada por medio de los datos que reflejan las encuestas realizada a graduados por la Oficina de Planificación Universitaria durante los años 1999 al 2001, detallado en el cuadro siguiente.

Tabla 15
Condición de retirarse o no por semestres en los graduados de 6 carreras específicas del 1999 – 2001 (en porcentajes)

Fuente: Elaboración propia sobre la base de los datos del Departamento de Estadística de la Oficina de Planificación Universitaria (OPLAU) de la UASD (de las entrevistas anuales a graduados).

Sin efectuar un análisis estadístico profundo que pudiese evidenciar probables diferencias significativas entre los grupos de graduados en esos tres años consecutivos, se puede observar un aumento gradual con el paso de los años, del número de titulados que nunca llegaron a retirarse o a abandonar la universidad, así como también de la disminución del porcentaje de los que se retiraron por más de dos semestres durante sus estudios universitarios. Es señal de un buen indicio o de una tendencia encaminada a mejorar el panorama de la deserción estudiantil en la UASD, fruto de que a medida se va mejorando el clima de tranquilidad y de estabilidad (madurez) política en ese centro de altos estudios, y de que cesan los conflictos internos que alargan el período académico, se van mejorando las condiciones favorables para que los estudiantes logren con mayor eficiencia su titulación.

Muy relevantes son las opiniones reportadas por mujeres desertoras entrevistadas, quienes dijeron abandonar sus estudios universitarios por el “peligro” que representó para ellas el estar embarazadas en medio de los enfrentamientos estudiantiles-policiales y que ocurrían con mucha frecuencia en la universidad durante esos años. Otros factores mencionados fueron la percepción de pérdida de tiempo que origina las suspensiones docentes motivadas por constantes huelgas y conflictos grupales existentes a lo interno de la institución, que por suerte han ido desapareciendo del marco intrauniversitario. Se podría afirmar, sin lugar a dudas, que el factor de inestabilidad política pudo haber influido decididamente en la magnitud de la deserción en el período que nos toca analizar dicha cohorte y, en general, ser muy perjudicial para el desarrollo eficaz de la misión universitaria. También, se podría considerar otro posible factor que contribuye a la retención y baja eficiencia de titulación en períodos anteriores, como es la realización de tesis de grado, lo que hoy día se ha ido sustituyendo por los cursos monográficos que dan mayores facilidades para graduarse más rápidamente en la universidad.

7. Análisis cualitativo de los factores e implicaciones de la deserción

El análisis cualitativo resulta enriquecedor para conocer los factores que ocasionan deserción, por lo que se toma en cuenta las “informaciones confidenciales” surgidas de entrevistas realizadas a desertores y autoridades universitarias, dirigidas a escudriñar los motivos e implicaciones de la deserción. La mayoría de las entrevistas fueron efectuadas por teléfono a los 12 desertores entrevistados, quienes participaron con alegría y dijeron sentirse “comprometidos con la institución estatal que los albergó” (sentimiento uasdiano de pertenencia), lo que permitió penetrar más fácilmente a informaciones íntimas y de interés para este estudio.

Generalmente, la deserción ocurrió en los dos primeros años (del primero al cuarto semestre) de la carrera universitaria y sólo dos casos desertaron momentáneamente en el séptimo semestre. Los desertores provienen indistintamente tanto del interior del país, como de la capital, de escuelas públicas y privadas, hijos de padres con niveles educativos de básica, media y unos pocos universitarios. La gran mayoría de los entrevistados relató que el origen del abandono fue la necesidad de trabajar para garantizar su estabilidad económica (factor económico), lo que les restó capacidad de dedicación exclusiva para estudiar (apenas estudiaban unas horas cuando podían) y se autoevaluaron como estudiantes buenos o regulares desde el punto de vista educativo, no niegan que tuvieron dificultades con algunas asignaturas (los índices académicos oscilaron entre 57 a 77). Relativamente pocos han dejado de estudiar, ya que se trasfirieron a una universidad privada y muchos de ellos ya se han graduado o están en dicho proceso.

Un hallazgo importante consistió en el dilema que se experimentó en la gran mayoría de los desertores, cuando no pudieron obtener el horario deseado acorde al de su trabajo y que, a nuestro juicio, ha sido un factor determinante de deserción, lo que ha engrosado las aulas de otras universidades por las facilidades de horarios flexibles (nocturnos y sabatinos), sistemas semipresenciales, condiciones de inscripción, publicación de calificaciones y registro de informaciones disponibles por el Internet, además de las formas de pago acomodadas, etc., que les son ofertadas, sabiendo atraer así a los desertores.

Algunos factores que dieron origen a deserción en los encuestados fueron los de carácter familiar, sobre todo en las mujeres, quienes confirmaron tener que abandonar sus estudios para dedicarse al cuidado de los hijos. Por otro lado, el impacto que ocasiona la deserción, tanto en el aspecto emocional-personal (baja autoestima y depresión) como en las desventajas producidas en el área laboral, fue mayor en aquellos sujetos que decidieron no culminar los estudios. Los que decidieron continuarlos sintieron una frustración momentánea que pudieron superar por la comprensión y el apoyo familiar recibido; sin embargo, expresaron que hubiesen preferido recibir ayuda psicológica de la propia universidad ante la situación de inestabilidad que los amenazaba, aunque no lo solicitaron debidamente.

Otro aspecto interesante que puede aportar a la comprensión del fenómeno son las opiniones que nos ofrecieron autoridades y empleados de la alta jerarquía universitaria, al ser cuestionados al respecto, entre las que se encuentran: el bajo costo del crédito y el significado de poca pérdida en el ámbito individual; la imposibilidad real de la universidad de poder ofrecer más horarios nocturnos para las personas que trabajan (que les causa los choques de horarios); los problemas personales de cada cual y el traslado de estudiantes al interior del país, lo que provoca el abandono de estudios en la sede central. Todos los factores anteriores son matizados, en una u otra medida, por las condiciones socioeconómicas desfavorables de los que ingresan, ya que los estudiantes que acuden a ese centro académico estatal son, generalmente, los de menores ingresos y que no pueden pagar el alto costo que implica la educación privada.

Autoridades y expertos consultados coincidieron en torno a la multicausalidad de la deserción universitaria, dando énfasis a los factores de índole económica y a las deficiencias en la formación temprana de los bachilleres que ingresan a la universidad, lo que según ellos explica las causas del fenómeno. Se consideró muy importante dos condiciones características de la universidad, como son: la política de puertas abiertas o carácter irrestricto (sin examen de admisión). Aunque ese tema continúa siendo muy controversial, algunos estudios muestran una mayor tendencia a la deserción en aquellas instituciones que no lo poseen; y un segundo factor, menos controversial, se relaciona con la carencia de programas de Orientación Vocacional, dirigido a lograr que la elección de la carrera en los estudiantes se efectúe con criterios más científicos y no por el simple hecho de “aparentar gustarle”.


8. Estimación de costos de deserción 

Para el año 2002, el ingreso promedio per cápita anual de las Instituciones de Educación Superior dominicanas (40 en aquel entonces) fue calculado por Gámez, S. en RD$ 12,567.7, es decir, US$ 720.21 (considerando la subvención estatal y los derechos por matrícula en el sector privado). Sin embargo, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo fue estimado en RD$ 7,849 (11), es decir, de apenas US$ 449.8 (a la tasa de RD$ 17.45 x dólar), lo que significa que está entre las Instituciones de Educación Superior con más bajo costo por alumno en el país.

Tomando como parámetro los señalamientos de la IESALC para calcular el costo promedio anual por alumno (CPA), estimado como el promedio del 75% del ingreso recibido del Estado y la matrícula total existente, se obtuvo que para el año 2003 el costo promedio anual por alumno en la Universidad Autónoma de Santo Domingo era de RD$ 5,995.66 equivalente a US$ 182.46, suma bastante irrisoria al compararlo con los costos de otras universidades públicas latinoamericanas.

Para ese mismo año 2003, el costo total de la deserción en la UASD se estima en

RD$ 92,267,691.39, que equivale a US$ 2,807,902.96 (a una tasa de RD$ 32.86 x dólar), tal como se muestra en el cuadro 16.

Tabla 16
Estimación del costo directo anual de la deserción

Fuente: Elaboración propia con base en los datos del presupuesto anual y los reportes de la matrícula estudiantil del Departamento de Informática del Registro Universitario.

Hay que considerar que estas cifras no significan pérdidas, sino una falta de efectividad momentánea del propio sistema, ya que se observa que la gran mayoría de desertores de la UASD retorna nuevamente a los estudios y se gradúa años después de haber abandonado la carrera, aunque en otras universidades.

Comentarios finales y propuestas estratégicas

La deserción en la Universidad Autónoma de Santo Domingo es un problema muy preocupante dada su magnitud. Aunque no se registran estudios precedentes sobre el tema, merece una mayor atención e investigación. Es menester indagar (según datos numéricos crudos) por qué alrededor del 75% de los estudiantes que ingresaron a la universidad a mediados de la década de los 90 abandonaron sus aulas.

El presente estudio aborda el fenómeno en el contexto de una amplia visión, resalta la complejidad de una situación generada por factores, que a su vez son provocados por múltiples causas. Factores que pueden clasificarse en externos (exógenos) e internos (endógenos) y que actúan e interactúan de manera muy distinta, entre los que podemos considerar a: la precariedad del presupuesto universitario, las condiciones socioeconómicas y políticas del país que influyen en el sistema educativo universitario; la falta de coherencia entre las políticas educativas de las diferentes instancias nacionales y las políticas internas de la propia universidad; las características económicas y sociales de los actores (comunidad de profesores, estudiantes y empleados involucrados); las deficiencias educativas que arrastran los estudiantes, la estructura curricular poco flexible universitaria, la carencia de aulas y laboratorios, y los procesos administrativos que abruman a los estudiantes con problemas de orientación en los primeros semestres de la carrera.

El estudio, al mismo tiempo que pone de manifiesto el alto índice de deserción y baja eficiencia de titulación encontrados en la universidad estatal en los años 1999-2003, plantea un conjunto de recomendaciones y sugiere, dadas las limitaciones del trabajo, seguir estudiando con mayor profundidad y sistematicidad las raíces del problema, para llegar a conclusiones más contundentes.

Somos de opinión que esta problemática podría solucionarse, en gran medida, si se lograra una acción conjunta y coordinada de la Universidad Estatal y el gobierno central dominicano. De hecho, la responsabilidad en la búsqueda de una solución adecuada de acuerdo a nuestra comprensión de la misma, toca por igual a la UASD y al gobierno dominicano. En el ámbito interno, se requiere establecer mecanismos de monitoreo constantes sobre el desenvolvimiento académico de los estudiantes, e informes sistemáticos de las labores de supervisión de la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje en aulas y laboratorios, y que permitan correcciones útiles y puntuales como resultado de autoevaluaciones periódicas.

La universidad estatal es la institución educativa de tercer y cuarto nivel con el mayor número de estudiantes y con el ingreso per cápita más bajo entre las instituciones de educación superior del país. Además, es la que recibe a los estudiantes más pobres, que finalizados sus estudios secundarios aspiran a continuar sus estudios universitarios, sin discriminar la inclusión por razones económicas. Sin embargo, no cuenta con la infraestructura adecuada ni con los ingresos corrientes necesarios para su desenvolvimiento y mucho menos para poder enfrentar el fenómeno de la deserción. La UASD se desenvuelve con recursos económicos muy limitados, con los cuales apenas logra satisfacer sus necesidades docentes más perentorias, descuidando otros renglones como la investigación y extensión, a pesar de que por ley se establece que la institución debería disponer de recursos públicos 5 veces superiores a los que efectivamente recibe del Estado.

Sin lugar a dudas, hay una fuerte contradicción entre la política de puertas abiertas y el abandono presupuestario a que se ha visto sometida la institución durante un período bastante dilatado. Resolver este conflicto dentro de los marcos institucionales del país y de la propia academia, facilitaría, sin lugar a dudas, la creación de las condiciones básicas para superar el problema de la deserción.

Internamente, hay que revisar determinadas políticas. La universidad no puede seguir avanzando con un sistema tan obsoleto de inscripción, registro y coordinación de sus actividades. Esta parece ser una de las razones más importantes que provoca la deserción. La utilización de una tecnología más adecuada se hace imprescindible para adecuarse a los tiempos modernos. Por suerte, se van dando pasos para ello, aunque muy lentamente. Se debe disponer de las facilidades que brindan el Internet y las nuevas formas de comunicación. Además, ante el grave congestionamiento de las aulas, la academia debería abrir cursos semipresenciales o a distancia, crear aulas virtuales y proveer seguimiento estudiantil a través de procesos informáticos avanzados y tutorías especializadas. Con un moderno sistema de información sería más fácil analizar a tiempo la situación de los estudiantes, y aplicar oportunamente las medidas de corrección, como por ejemplo, más conscientemente la política de evaluación y retiro estudiantil, la ayuda académica y psicológica que hay que brindarles de manera preventiva a los estudiantes en riesgo de repitencia y deserción.

La calidad de la enseñanza es otro aspecto que no se puede descuidar, al igual que la política de perfeccionamiento docente y de evaluación profesoral. Se necesita apoyar más decididamente a la Dirección de Orientación Vocacional (DOP) para que realice su función orientadora, tanto con el nombramiento del personal técnico especializado como en el apoyo logístico imprescindible. En ese aspecto los estudiantes de término de pedagogía (orientación) y de psicología clínica y escolar podrían desempeñar un buen papel a través del programa de Prácticas Supervisadas, quienes se sumarían al ofrecimiento del servicio de orientación vocacional. La asignatura del ciclo básico “Orientación Institucional”, establecida como obligatoria para todos los que ingresan a la universidad, debe tener un más amplio contenido, con horas de práctica y que incentive al estudiante a investigar y recolectar información suficiente sobre la carrera que desea estudiar. Junto a esa labor orientadora se debe ofrecer asistencia psicológica especializada, donde se pueda diagnosticar con fines preventivos y efectuar las intervenciones psicológicas requeridas por los estudiantes, sobre todo para los que tengan mayores riesgos de deserción. Todo esto, en gran parte, depende de la inyección de nuevos recursos financieros y de una visión diferente y necesaria de manejar los asuntos universitarios.

Finalmente, se recomienda la necesidad de diseñar estudios que posibiliten el análisis multivariado y estadístico entre el rendimiento académico de los estudiantes y la condición laboral, la preparación académica en la secundaria, el género, la edad, la motivación personal de los estudiantes, la metodología del profesor, etc.; ver el peso que tienen los factores institucionales y los de orden socioeconómico sobre la deserción y el estudio permanente de cohortes que permita analizar los cambios producidos en los últimos años, donde aparentemente ha ido mejorando la situación del fenómeno.

La solución al problema de la deserción, en mi más íntima convicción, debe y tiene que ser planteada como parte de una estrategia que privilegie el desarrollo humano por encima de cualquier consideración económica de corto plazo.

_________________________

1. Datos de los Boletines de Presupuesto de la Oficina Nacional de Presupuesto del Secretariado Técnico de la Presidencia, 2003.
2.En relación con América Latina, los países de alto ingreso y los países de Europa Oriental.
3. Vargas, Daniel. 2002. Informe General de la Educación Superior Dominicana, SEESCYT.
4. Vargas, Daniel. 2004. Entrevistas personales efectuadas en la Secretaría de Estado de Educación Superior Ciencia y Tecnología (SEESCYT).
5. Mejía-Ricart, Tirso. 2004. Las reformas de la Educación Superior en República Dominicana. Ed. SEESCYT IESALC/UNESCO.
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7. Jewsbury, A. y Haefel, I. Análisis de la deserción en universidades públicas argentinas. Recuperado en 2005, en: http://www.tribunaldecuentas.santafe.gov.ar/congreso/Data/Jewsbury-Haefeli.htm#_ftn22
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9. Knut, Walter (2000). La educación en Centroamérica: Reflexiones en torno a sus problemas y su potencial. En: http://ca2020.fiu.edu/Themes/Knut_Walter/Walter.htm
10. Porto, Alberto y Di Gresia, Luciano (2001). Rendimiento de estudiantes universitarios y sus determinantes. Departamento de Economía de la Universidad de la Plata. En: http://www.depeco.econo.unlp.edu.ar/espec/educacion.htm
11. Tomado de Gámez, Susana. 2004. Financiamiento de la Educación Superior en República Dominicana. Ed. SEESCYT, IESALC/UNESCO

Referencias

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Para citar este artículo:

  • Brea, M. (2005, 09 de marzo). Deserción en la educación superior pública en República Dominicana. Revista PsicologiaCientifica.com, 7(3). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/desercion-educacion-superior-publica-republica-dominicana


5 Comentarios para “Deserción en la educación superior pública en República Dominicana

  1. williams López

    Me parece un artículo de alta calidad y considero que son pocos los países que logran dar información científica sobre la deserción a nivel universitario. Soy psicólogo de profesión y trabajo en el Instituto de Invetigación y Formación Pedagógica en la Universidad Don Bosco de El Salvador. No omito manifestar mi reconocimiento y felicitaciones a la autora de dicho artículo.

  2. Katherine

    Me parece un trabajo informativo, de calidad y bien detallado. Lo utilizaré como referencia en un trabajo que tengo que presentar sobre el “Sistema Universitario Dominicano”. Felicidades a la autora.

  3. L. A. Rodríguez S

    Muy puntual su trabajo maestra, los datos suministrados son de gran importancia para los que estamos preocupado por cambiar o más bien por acelerar la difusión del conocimiento en procura de que todos aprendamos a disfrutar lo que nos rodea, lo cual sólo comenzaremos a alcanzar cuando tomemos conciencia de que es lo que somos y en donde estamos… Soy uasdiano igual que usted y sé que como nosotros hay muchos más que comulgan con lo que expone en este trabajo. Gracias, pues los datos me servirán para sustentar una opinión sobre el papel de nuestras universidades y la calidad de la educación superior, en una maestría que estoy cursando en España.

  4. Teresa rojas

    Mayra, te debo muchos comentarios pero tu dedicación y aportes han sido de suprema importancia para mi conocimiento. Por lo anterior han sido citados en mi investigación de doctorado, gracias. Adelante eres muy valiosa para la UASD, y los que te conocemos…. como te dije estas en un excelente momento para continuar haciendo lo que te gusta…

  5. Adolfo Lantigua

    Doctora Mayra ,humildemente creo que este trabajo de investigación contiene datos que son de interés de toda la población dominicana, con especial atención para el gobierno y el Estado, las instituciones de educación superior, las instituciones de desarrollo y profesionales que estamos comprometidos con el mejoramiento cuantitativo y cualitativo de la educación dominicana. Dios te bendiga y te proporcione salud para que continúes trabando en favor del desarrollo de este país. Trabajo en el Instituto Politécnico Juan Sánchez Ramírez, Cotuí, y la Universidad ITECO. Estoy a tu disposición para colaborar en lo creas que podamos ayudar.

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