Los derechos de la niñez y la adolescencia en México, una revisión crítica
Psicología Educativa


  • Alvaro Marín Marín
    México D.F., México

Resumen

  • Se analizan los problemas relevantes de los niños y los adolescentes mexicanos desde la perspectiva de sus derechos garantizados tanto por las leyes nacionales como por las internacionales. Se concluye que en algunas situaciones límites no se respetan sus derechos, ni existen instituciones que los hagan respetar.

    Palabras clave: Adolescente, primera infancia, segunda infancia, derechos.



Planteamiento inicial

Cuando se habla o escribe de la niñez y la adolescencia en México, o en el mundo, parece que todos entendemos lo mismo pero, fuera de quienes nos dedicamos a la educación y tenemos constantemente frente a nosotros a cientos de preadolescentes, niños y adolescentes de manera cotidiana, parece que nadie sabe, al menos en México, lo que es o pudiera ser un niño o un adolescente.

Suena paradójico, porque los jóvenes de entre cero y dieciocho años nos rodean por todas partes y en nuestro país existen uno o más ejemplares de cada uno de ellos en casi cada casa pero, al revisar la legislación nacional e internacional, constaté con sorpresa que no existe por ninguna parte una definición científica de “niño” y/o “adolescente”, que pueda servir como referente para futuras legislaciones específicas.

Desde el 29 de mayo del año 2000 tenemos en México una avanzada y moderna legislación que se denomina Ley para la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes, la cual complementa el artículo 34 de la Constitución que concede la mayoría de edad y la ciudadanía a todos los varones y mujeres nacidos en territorio nacional que cumplan dieciocho años y tengan un modo honesto de vivir, mientras que el Código Civil para el Distrito Federal en el libro primero, título primero, artículo veinticuatro, concede al mayor de edad “la facultad de disponer libremente de su persona y de sus bienes, salvo las limitaciones que establece la ley”.

La única que define, y de modo insuficiente a mi juicio, estos dos conceptos es la primera ley enunciada: “Artículo 2. Para los efectos de esta ley, son niñas y niños las personas de hasta 12 años incompletos, y adolescentes los que tienen entre 12 años cumplidos y 18 incumplidos” 1 porque a los dieciocho exactos serían adultos, según la Constitución 2.

Buen intento, pero insuficiente porque ignora las investigaciones de pedagogos como Rousseau 3, Pestalozzi, Froebel 4, Fichte y Herbart 5  quienes, no obstante, ser escritores románticos de la segunda mitad del siglo XVIII y primera del siglo XIX, hicieron valiosas contribuciones al conocimiento de estas importantes etapas de la vida y el desarrollo humanos.

Por ejemplo, Rousseau y Fichte son los primeros en reflexionar acerca de las emociones y su importancia en el desarrollo de los niños y jóvenes; Pestalozzi, suizo de origen italiano y lengua alemana, establece la primera infancia entre los cero y seis años, como base definitiva del desarrollo humano posterior, tanto en lo emocional como en lo intelectual y, al mismo tiempo, determina la importancia del vínculo materno infantil desde los primeros momentos del parto hasta los seis o siete años; Froebel continúa la obra de Pestalozzi y construye teóricamente la segunda infancia, de los seis a los doce años, al tiempo que funda los primeros jardines de niños en la historia, los muy afamados kindergarden, cuyo currículum establece al tiempo que los dota con los primeros materiales didácticos construidos por él mismo: los dones de Froebel. A mi juicio, la contribución fundamental de Herbart 6 fue la propuesta de educar el carácter de los menores y cultivar la dignidad del hombre, en el período que ahora conocemos como adolescencia.

La Convención de los Derechos del niño de la Organización de las Naciones Unidas, en vigor desde 1990, define como “niño” a todo ser humano menor de dieciocho años 7, con lo que da un salto hacia atrás hasta inicios del siglo XVIII y se pone por debajo de la legislación mexicana.

Para los pedagogos románticos de los siglos XVIII y XIX, así como para los sociólogos del siglo XX, un niño y un adolescente no están determinados sólo por la edad, sino también por su origen social, el nivel cultural de sus padres, la calidad de su crianza, el dinero gastado en ellos y el tiempo que se les proporciona para una maduración de calidad, por lo que podemos decir, en breve, los niños y adolescentes no nacen, se hacen.

En principio, ni los niños ni los adolescentes verdaderos trabajan, tienen vida sexual, participan de ninguna manera en la producción económica, ni se les reconoce alguna responsabilidad. La niñez y la adolescencia se conciben, entre las personas cultas del mundo occidental, como etapas formativas donde es ampliamente admitida la irresponsabilidad, la dependencia en todos los aspectos de las personas adultas de la familia, la “inocencia”, como sinónimo de ignorancia, sobre todo en aspectos sexuales, y la necesidad constante de apoyo y orientación emocional.

Con estos principios puedo afirmar que niño no es solamente una persona de entre cero y doce años, ni adolescente quien sobrepasa los doce pero no cumple los dieciocho, sino que además debe cubrir todas las características enunciadas arriba.

Pero, ¿qué sucede con los llamados “niños de la calle”? ¿Con todos aquellos menores de edad que viven en las calles de las grandes ciudades de México y que comienzan su vida sexual a los ocho o nueve años, comen desperdicios, viven del robo, la mendicidad, la prostitución o la venta de mercancías ilegales, al tiempo que se drogan o intoxican con alcohol o solventes? Sencillamente: NO SON NIÑOS.

Para que no se crea que existe algún sentimiento de discriminación hacia un sector marginado y pobre de nuestra población, también podemos poner el ejemplo de personas de clase media a la que sus familias no las han dejado ser niños ni adolescentes, porque las han obligado a trabajar desde la infancia. Tal es el caso de la joven Belinda Peregrín, ahora de veinte años, nacida en Madrid, que migró con sus padres a la ciudad de México a la edad de cuatro años y ha sido obligada a trabajar desde los diez años en varias  telenovelas. Esta joven también ha participado en películas, aparecido en musicales, grabado discos de gran venta y presentado múltiples conciertos dentro y fuera de México 8.

Con tantas y diversas actividades desde los diez años o antes es previsible que esta joven mujer no haya terminado adecuadamente sus estudios básicos o medios, no hubiese tenido las experiencias propias de las niñas y adolescentes de clase media de la ciudad capital y se haya visto forzada a mantener a sus padres y hermano en un estilo de vida que se le impuso a causa de los grandes dividendos económicos que produjo a sus padres. En conclusión, Belinda Peregrín nunca fue niña ni adolescente por la explotación a la que ha sido sometida.

Conceptos básicos

- Niño: ser humano de entre cero y doce años no cumplidos, nacido en una familia tradicional, con posibilidades económicas para obtener educación, cultura, recreación y deportes, servicios de salud médica y dental en un ambiente de respeto y tolerancia.

- Primera infancia: etapa de la niñez que va de los cero a los seis años.

- Segunda infancia: etapa de la niñez que va de los seis a los doce años.

-Preadolescente: ser humano entre doce y quince años, hijo de familia, con recursos económicos suficientes para recibir todo la protección física y emocional necesaria a su desarrollo psicosocial.

- Adolescente: ser humano de entre quince años cumplidos y dieciocho sin cumplir, que tiene, gracias a su familia, recursos suficientes para educarse hasta el bachillerato, cuando menos, que dispone de servicios médicos y dentales en calidad y cantidad suficientes, que tiene acceso a servicios recreativos, culturales y deportivos, y puede expresar sus sentimientos y emociones en un ambiente de respeto y tolerancia.

- Derechos de los niños y adolescentes en México en el siglo XXI: Los derechos genéricos de los niños, niñas, adolescentes de ambos sexos están garantizados por el Estado nacional en leyes vigentes. Organizaciones internacionales como la ONU y la UNICEF también han publicado declaraciones acerca de los derechos de las niñas y los niños, definiéndolos como todos los menores de dieciocho años. No se menciona en estos documentos a los preadolescentes ni a los adolescentes.

Problema 

No todos los menores de edad en México son niños y adolescentes, porque éstas son construcciones sociales que implican un largo proceso de aculturación y desarrollo económico y social, por lo que no deberían preocuparnos los verdaderos niños y adolescentes nacionales, quienes deben llamar nuestra atención son todos aquellos menores de dieciocho años que no han adquirido el estatuto de niños y adolescentes; que no van a transitar por la etapas socialmente definidas como primera y segunda infancias, pubertad y adolescencia, a causa del retraso socioeconómico de sus comunidades, la ignorancia y pobreza de sus padres así como a la incapacidad de las autoridades locales o estatales para brindarles protección, ayuda y socorro.

Metodología de investigación

Como podrá observarse, inicié mi investigación a partir de mi propia experiencia personal como docente de preadolescentes 9  (categoría que aún no está legislada pero ya se acepta en la educación nacional y entre la mayoría de los docentes en servicio) y adolescentes. Mi trayectoria docente de más de treinta años en escuelas privadas,  me ha permitido llegar a las conclusiones anteriores, las cuales han sido reforzadas teóricamente con la lectura directa de los grandes pedagogos en cuanto ha sido posible, o mediada por la interpretación de educadores actuales de gran prestigio como los citados antes, en obras publicadas por editoriales reconocidas.

En vista de que revisé la legislación internacional y nacional antes de empezar este ensayo 10, y no encontré definiciones satisfactorias de niño y adolescente, así como tampoco identifiqué el concepto de “preadolescente”, ampliamente aceptado en la actualidad educativa nacional, creí necesario iniciar esta investigación que espero contribuya a  aclarar el panorama teórico de este campo en México y ayude a resolver en alguna medida las grandes inequidades que ahora podemos observar a simple vista con sólo caminar por las calles de nuestra capital federal: multitud de menores de edad de gran pobreza mendigando, limpiando parabrisas o vendiendo dulces para poder sobrevivir.

Acto seguido, revisé detalladamente la obra de Marvin Harris 11, quien tiene un apartado donde analiza los costos y beneficios de la reproducción en algunas sociedades, aunque utiliza el término “niños” para denotar a los menores de edad en sociedades agrícolas, resultó para mi muy novedoso que mencionara las contribuciones monetarias de los menores a la economía familiar. La novedad parte del hecho de que casi nadie menciona a los menores como agentes económicos y Harris si lo hace.

Harris dice que los menores contribuyen a la producción de alimentos, los ingresos de la familia, el cuidado de los padres, los intercambios maritales y las alianzas entre grupos 12, los niños son especialmente valiosos en sociedades campesinas pues como lo demostró Benjamin White en 1976, los niños campesinos de Java de 12 a 14 años de edad contribuyen con al menos 33 horas a la semana de trabajo retribuido a favor de su familia; mientras las niñas aportan hasta 38 horas semanales de trabajo manual, elaboración de artesanías, operaciones comerciales y preparación de alimentos, lo mismo sucede en Nepal 13, y agregaría yo mismo que otro tanto ocurre en los barrios pobres de la ciudad de México o en poblaciones más pequeñas de provincia.

El antropólogo Cain dice: “… en términos generales, los padres obtienen un rendimiento económico claro procedente de los niños varones durante el período en que están subordinados al hogar paterno”14. Los menores de edad se convierten en niños cuando la sociedad se hace más sofisticada y exige habilidades intelectuales que sólo la escuela puede proporcionar: “Mientras tanto, la mecanización de las operaciones agrícolas, el cada vez más extendido uso del crédito y la necesidad de llevar libros de contabilidad, han hecho que los padres de Manapur, de una forma más consciente, estén más deseosos de ampliar los horizontes educativos de sus hijos. La matrícula para la escuela secundaria ha aumentado para los chicos del 63 al 81 por ciento y del 29 al 63 para las chicas. Ahora los padres quieren por lo menos un hijo que tenga un trabajo de oficina, de tal forma que la familia no dependa completamente de la agricultura; muchos padres quieren que tanto los hijos como las hijas vayan al colegio” 15.

Después de leer a Harris, busqué lo que tenían que decir respecto del desarrollo social tres afamados filósofos y epistemólogos: Jurgen Habermas, Jean Piaget y Lawrence Kohlberg, quienes hablan, en el caso de Piaget, de las etapas del desarrollo intelectual que debe cubrir cualquier niño para avanzar en su maduración, las etapas son obligatorias y no se pueden saltar; esto quiere decir que todas las personas debimos pasar en nuestra niñez por todas ellas para llegar a ser adultos funcionales.

Habermas y Kohlberg transponen esta idea de los individuos a las sociedades y mencionan que a nivel histórico y mundial, las sociedades siempre han tenido un desarrollo desigual y combinado; esto es, algunas avanzan más rápido que otras en la ciencia, la tecnología, la cultura y la moral; unas se estancan en la edad de piedra y otras tienen naves espaciales. Aún así, dentro de cada sociedad, la gente no se desarrolla de manera similar, esto explica las divisiones de clase, de etnia, de cultura 16.

México tiene una población cercana a los ciento diez millones de habitantes en total, con alrededor de veintisiete millones de viviendas unifamiliares 17, las cuales agrupan a familias constituidas en la medida de lo posible, conforme al modelo patriarcal tradicional, aunque dos o tres millones estén encabezadas por una mujer.

En todos los niveles sociales y culturales de nuestro país existen personas de gran calidad humana que se esfuerzan al máximo por educar a sus niños y adolescentes para que salgan adelante con éxito, pero también existen anomalías que muestran contradicciones y paradojas en el trato hacia los menores.

Aunque nuestra sociedad se puede dividir en alrededor de cuatro clases sociales a partir de sus ingresos económicos, estilo de vida y poder de compra, desde la época colonial hasta nuestros días la mayoría ha tratado de configurar familias de estilo tradicional.

La familia tradicional mexicana tiene una ética de respeto y apoyo a los niños y adolescentes propios y ajenos, intenta dar las mejores oportunidades de desarrollo a los menores en la medida de sus posibilidades económicas y reprueba los abusos o desviaciones que de vez en cuando surgen contra esta práctica. Basaré mi trabajo en este principio: la mayoría favorece a niños y adolescentes, por lo que pondré de relieve los eventos notoriamente contrarios a esta tendencia.

La familia mexicana tradicional ¿es la familia ideal?

Cuando se habla de niñas, niños, púberes y adolescentes en las leyes o en las comunicaciones públicas la gente parece que olvida el entorno, cuando los procesos familiares implícitos en la reproducción social de las personas no existen aislados sino que se dan en contextos socioeconómicos.

Cada persona es producto de una pareja, cuya sexualidad se configuró por fuerzas sociales, culturales, políticas y económicas. Estas tendencias sociales y económicas están culturalmente influidas e históricamente determinadas.

Si bien la sexualidad es un proceso emocional e individual, emociones y sentimientos se vinculan con significados culturales que surgen y se interpretan colectivamente. El placer, el temor, la ansiedad, la frustración, la alegría, la tristeza, el deseo, el anhelo, entre otros sentimientos de los niños, los púberes y los adolescentes, se comparten colectivamente en la manera en que son configuradas por la sociedad y transmitidas por dos canales muy poderosos: las familias y los medios de comunicación masiva.

La familia mexicana tradicional tiene una larga historia. Los aztecas daban poder absoluto al padre de familia y la mujer y los hijos eran de su propiedad. La España conquistadora de América en el siglo XVI no tenía mejores políticas familiares; los cristianos, musulmanes y judíos peninsulares, estaban de acuerdo en una sola cosa: la familia patriarcal autoritaria había funcionado en la península ibérica desde siete siglos antes de la llegada de Colón al Caribe legitimada por la Biblia, el Corán y el Talmud, por lo que el mestizaje cultural en esta área no tuvo mucha oposición.

Una autoridad familiar patriarcal, un Estado autoritario y una iglesia masculina se volvieron fenómenos interdependientes que permitieron que la subordinación de las mujeres en la Nueva España se convirtiera en pieza fundamental para la construcción del Estado colonial y base de las complejas expresiones de la vida cotidiana en una emergente sociedad mestiza. Fuertes mecanismos de control social se establecieron a través de un sistema que interrelacionó la raza, la clase y el género.

Los mestizos y mulatos ricos con frecuencia compraban movilidad social o “blanqueamiento”. Estos cambios tendían a confundir las distinciones sociales basadas en la raza o el género. En sus esfuerzos por reforzar el viejo orden social, los gobiernos coloniales de España y Portugal establecieron leyes a fines de la década de 1770 que fortalecían los derechos de los padres para vetar las decisiones de sus hijos en cuanto a la selección de sus parejas matrimoniales. Aun cuando a primera vista estas leyes podrían parecer de importancia marginal, eran señales a tomar en cuenta en lo que se refiere a los intentos del Estado por reforzar una concepción más absolutista de la autoridad patriarcal en el hogar y en el cuerpo político 18.

La sociedad colonial situó a la familia como la base de todo el orden social, con el objeto de reforzar el control y el poder político sobre todas las capas sociales, responsabilizando al padre de las conductas adecuadas a lo “políticamente correcto”  de todos los miembros de su familia.

La Iglesia católica hacía su parte a través de los sermones, las misas y los consejos de confesionario además del auxilio espiritual de las personas que acudían al sacerdote en busca de consejo 19, en una época en que no existían los psicólogos ni los terapeutas familiares laicos. Todos los paradigmas de regulación social eran apoyados por los ideales católicos de moralidad sexual.

El amor heterosexual era la piedra angular de la familia patriarcal, la que daba lugar a una identidad nacional de “hombres a toda prueba” casados con “mujeres de su hogar”, que producían “hijos legítimos”, en “hogares honorables”, en la que todos estaban de acuerdo.

De este modo, la familia como institución es el instrumento para el control de la sexualidad de sus miembros. Los valores de honor y respeto crean una expectativa de conducta sexual “adecuada”; asimismo, la decencia y buena reputación son valores que la sociedad espera sean transmitidos a los hijos por las madres, a partir de un código ampliamente aceptado de moralidad sexual.

En la mayor parte del territorio nacional es habitual y aceptable que las mujeres jóvenes tengan un amigo varón respetable, hijo de una familia de nivel social y cultural equivalente al de ella,  que con el paso del tiempo se convierte en novio, el cual, llegado el momento visitará a los padres de la muchacha para “pedir su mano” con intenciones de desposarla.

La joven recibe un anillo “de compromiso” en señal de aceptación y luego se casa, ya sea por lo civil o por la iglesia. El matrimonio es un ritual de paso moral mediante el cual su familia le otorga el permiso para tornarse sexualmente activa sin ningún problema. Los hijos legítimos son los que nacen después de que la pareja contrajo matrimonio.

En la familia patriarcal, los roles son muy claros: el padre es el propietario de la sexualidad de sus hijos, aunque la madre, quien trabaja para el padre, es la guardiana directa de la sexualidad de hijas e hijos. Cualquier falta de la hija indica que la madre no ha logrado educarla exitosamente en lo que a moralidad sexual se refiere.

Mientras que la mamá trata de orientar a los hijos varones para que seleccionen a una mujer decente y fiel que forme con ellos una familia estable, cuidará que sus hijas conserven la virginidad hasta llegar al matrimonio.

“Como adolescente y joven adulta fui testigo de mujeres jóvenes con antecedentes de clase trabajadora o media que fueron rechazadas firmemente por los padres de un novio de clase pudiente por una razón específica: no pertenecían a una buena familia y eso significa que no eran elegibles para convertirse en esposa de un hijo pudiente”20.

Respecto de las mujeres que no cumplen las estrictas medidas de moralidad oficial, “pueden ser percibidas como moralmente incompetentes. En muchos casos, el principal predictor de la estabilidad y la felicidad matrimoniales gira en torno a un concepto central: la virginidad de la novia” 21.

“Las mujeres que tuvieron relaciones sexuales prematrimoniales o extramaritales no sólo perdieron la reputación y el honor personales, sino que probablemente concibieran a otros miembros de la familia cuya ilegitimidad los excluía del honor familiar” 22.

Además, las mujeres nacidas ilegítimamente, restringen las oportunidades ocupacionales de sus hijos y el potencial matrimonial de sus hijas. La ausencia de honor limita la movilidad social de ambos sexos, así como el futuro de las siguientes generaciones 23.

En el México actual, la palabra fracaso, o mujer fracasada, se utiliza para designar a aquellas que han tenido relaciones sexuales antes del matrimonio y a las madres solteras, o mujeres que se embarazan fuera de matrimonio y no se casan. Estas expresiones significan que no se ha cumplido con las expectativas sociales y que estas mujeres son personas devaluadas que imponen un estigma a sus descendientes 24.

Lorena, un ama de casa de 34 años, oriunda de Jalisco declara: “Es terrible tener sexo antes de casarse. Pierdes tu dignidad como mujer. Yo era virgen cuando me casé y ahora no tengo problemas con mi esposo. Tengo una vida feliz con él, ¿sabes? Tengo mi propia casa y todo. Muchas mujeres pierden su virginidad antes del matrimonio y luego no viven bien. Muchas mujeres tienen problemas con sus esposos por esa razón” 25.

El establecimiento de una familia mediante la forma matrimonial correcta; el respeto a todos los protocolos de la tradición aumenta las posibilidades de una relación estable, armoniosa con finanzas sanas y libres de conflictos con la familia extensa. Un informante de nombre Fidel así lo menciona:

“Mi esposa es la única que se casó con vestido blanco en su familia. En otras palabras, sus hermanas también usaron vestido blanco pero ya estaban embarazadas. ¡Y yo me llevé a mi esposa de la casa de su familia vestida de blanco! La pedí a sus padres [su mano] en matrimonio con tiempo, desde antes. Como dice mi esposa: “Presentaste todos los respetos a mis papás. Me sacaste de la casa de la familia respetando cada una de las reglas” 26.

Fidel reveló el secreto de su felicidad conyugal: “La mayoría de los matrimonios tienen problemas porque tuvieron relaciones sexuales antes de casarse”. Además, Fidel criticó severamente a los hombres que tenían relaciones extramaritales. Describió la fidelidad y la satisfactoria vida sexual que él y su esposa habían desarrollado a lo largo de once años de matrimonio 27.

Algo notable de esta estructura familiar que llegó a América hace más de quinientos años, es que ha resistido el paso del tiempo y de muy diversas formaciones sociales, desde el feudalismo, pasando por el capitalismo librecambista, el colonialismo, el imperialismo, hasta el actual período de globalización acelerada. Ha sido por tanto una muy exitosa estructura social y ha generado a miles de generaciones de seres humanos funcionales y no contradictorios con el sistema vigente.

Aunque las familias de cada clase y nivel social cultural hacen lo que pueden a favor de sus menores, cada una de ellas resuelve de modo diferente sus problemas económicos, por lo que el trato de cada nivel hacia sus niños y adolescentes es diferente.

Haré una revisión desde la base de la pirámide social del destino de los niños y adolescentes a partir de nuestros campesinos indígenas que creo son los más pobres. Seguiré hacia arriba señalando lo que a mi juicio son desviaciones de la norma social generalizada de apoyo a los menores.

1. Etapa pre-moderna agrícola. 
Entre doce y quince millones de mexicanos se definen a sí mismos como indígenas y viven en los estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y península de Yucatán. Aunque sus lenguas están reconocidas por la Constitución como lenguas nacionales, su uso es muy restringido y la mayoría de ellas se están extinguiendo porque quienes las hablan, generalmente, son personas muy pobres, de  origen campesino.

La mayoría de los hablantes de lenguas indígenas, el 83.2%, utiliza también el español en diverso grado para una comunicación más eficaz fuera de su entorno directo. Sin embargo, permanecen cerca de 1,250,000 de personas que sólo dominan su lengua indígena materna. En Chiapas, son cerca de 400,000; 250,000 en Oaxaca y más de 100,000 en Guerrero, Puebla o Veracruz 28.

Los hablantes de lenguas indígenas no se distribuyen uniformemente en el territorio nacional. En ninguna entidad son mayoría. En nueve de ellas representan una proporción superior al 10% de la población total e inferior al 38%, el máximo que alcanzan en Yucatán y Oaxaca. En sólo dos de esas entidades, Oaxaca y Chiapas, los hablantes de lenguas indígenas superan 1.000.000 de personas sin rebasar 1.300.000. En otros tres de esos nueve estados Veracruz, Puebla y Yucatán, los hablantes de idiomas indígenas sumaron entre 600.000 y 700.000 personas en el año 2000. En Guerrero e Hidalgo fueron alrededor de 400.000 en cada uno. En San Luis Potosí y en Quintana Roo sumaron entre 200.000 y 250.000. En esas nueve entidades radican casi las tres cuartas partes de los hablantes de lenguas indígenas en México. Si se agregan Michoacán, Estado de México y el Distrito Federal, donde viven 800.000 hablantes de lenguas indígenas, aunque su proporción sea apenas del 3.1% de su población total, en esas doce entidades radica el 84% de los hablantes de lenguas indígenas. La mayoría de los mexicanos no tiene conocimientos directos ni información suficiente sobre sus compatriotas indígenas.

En el año 2000, el 60% de los hablantes de lenguas indígenas vivía en localidades rurales con menos de 2.500 habitantes. Esa proporción contrasta con el promedio nacional, en el que sólo el 25.3% de la población radica en localidades de ese tamaño. Otro 20% de los hablantes de idiomas indígenas vive en localidades entre 2,500 y 15,000 habitantes, muy cerca de la tierra y de la condición rural; de todos los mexicanos sólo el 13.7% radica en localidades de esas dimensiones. Sumados, los hablantes de lenguas indígenas que viven en localidades rurales o predominantemente agrarias representan al 80% del total.

En las ciudades con entre 15,000 y 100,000 habitantes viven el 13.7% de los mexicanos pero apenas el 7% de los hablantes de lenguas indígenas. En las grandes ciudades con más de 100,000 habitantes radica el 47.3% de los mexicanos pero sólo el 13.1% de los que hablan una lengua indígena 29.

La persistencia de sus tradiciones los ha hecho entrar en conflicto con los otros sectores de nuestra sociedad pues acostumbran vender o entregar a sus hijas menores de quince años a cambio de cervezas, materiales de construcción o animales, lo que de inmediato los pone fuera de la ley y los ha hecho objeto de persecuciones y discriminación por parte de los mestizos hispanoparlantes o de las autoridades norteamericanas 30, que no ven con buenos ojos costumbres que los no indígenas tipifican como proxenetismo o esclavitud.

Respecto de lo que para nosotros serían niños varones y adolescentes, los indígenas no tienen ningún impedimento para ponerlos a trabajar desde la más temprana edad recogiendo leña, elaborando tabiques o cargando objetos pesados en largas jornadas sin paga alguna. Los niños y adolescentes indígenas de Chiapas, Yucatán y Quintana Roo, tienen desde su nacimiento y hasta los diecisiete años, tres veces menos oportunidades de sobrevivir, crecer y educarse, que los nacidos en el norte del país, afirmó la oficina de UNICEF en México 31.

“El Chilo, de Tlapa, Guerrero, quien apenas habla español, dice que en la sierra donde nació no hay nada de trabajo. Cuenta que sus tíos, en una visita a México lo convencieron de irse a Nueva York. “Ya te tenemos trabajo allá”, le dijeron. En Sonora le pagó a un pollero, quien ya tenía todo arreglado para que El  Chilo llegara a Estados Unidos, donde trabaja más de 14 horas diarias en un bar japonés.

El Chilo se encarga de la limpieza, ordena sillas y ayuda con cualquier cosa que se necesite. Su limitación, el idioma, hace que esté oculto por todo el restaurante, … pero gana lo suficiente para mandar algo a la sierra y así darle una vida más digna a su madre y a sus doce hermanos” 32.

No podemos decir que entre los indígenas campesinos o migrantes existan niños, púberes y adolescentes porque tanto su pobreza como su atraso social y su cultura primitiva les impiden tener estas categorías culturales de origen occidental y clase alta.

2. Etapa pre-moderna urbana comercial. Ejemplo claro de elemento desviado de este nivel de desarrollo social, es el joven comerciante de Tepito Javier Covarrubias, quien declaró a la televisión nacional que dos sujetos lo habían asaltado en la vía pública, para arrebatarle de las manos a sus menores hijos Darien Isai e Isis Liliana Covarrubias Moreno.

Después de un motín en el populoso y céntrico barrio de la ciudad de México de casi catorce horas, donde debieron participar granaderos y otros cuerpos policíacos para calmar los ánimos de la gente local, que imaginaba estar defendiendo a sus niños y adolescentes de una supuesta banda de secuestradores, el procurador en persona tuvo que intervenir. Las investigaciones siguieron adelante y se descubrió que el propio padre planeó la muerte de sus hijos, a los que  llevó a un parque público al norte de la ciudad y asesinó cubriendo su boca y nariz con la propia mano, hasta que dejaron de respirar.

El sujeto estaba preparado y llevaba dos bolsas negras de basura, donde guardó un cadáver en cada bolsa para abandonar al niño en un hoyo que cavó con sus propias manos, mientras que a la niña la abandonó en un hueco cerca de unas torres de la calle Insurgentes norte.

Ante los interrogatorios iniciales de su esposa, la familia política y las autoridades, el individuo inventó un argumento comercial: había entregado a sus hijos a una mujer conocida de él a la que debía veinticinco mil pesos 33. La gente de dentro y de fuera del barrio de Tepito se escandalizó con este crimen porque con Javier Covarrubias fallaron todas las expectativas culturales y sociales: un hombre joven urbano, semi-escolarizado, que asesinó a sangre fría a sus hijos por nada o porque sí.

3. Etapa moderna cultural e industrial. Puede decirse que en este nivel social y cultural se ubican la mayoría de las familias de clase media urbana, con estudios promedio de ocho o más años de escolaridad y niveles de ingresos que les permiten mandar a sus hijos menores a escuelas públicas o privadas.

Los adultos de estas familias pueden dedicarse con éxito al autoempleo en empresas familiares, ser empleados de pequeñas o medianas empresas, ser empleados del gobierno de nivel medio o empresarios, aquí podemos encontrar a los millones de niños  y adolescentes, que utilizan los servicios del sistema educativo nacional en los niveles de preescolar, primaria, secundaria o los diversos tipos de bachillerato existentes.

Aunque estas familias hacen todo lo posible por favorecer a sus niños y adolescentes, éstos no se encuentran libres de riesgos. Es suficiente con leer los diarios nacionales para entender que una de las edades más peligrosas para vivir en México es la de los menores de edad.

“Dos familias fueron rafagueadas por sicarios del crimen organizado en Morelos y Sinaloa, con saldo de cuatro muertos y siete heridos; entre las víctimas que fallecieron, dos eran niños de catorce y seis años de edad.  La Secretaría de Seguridad Pública de Morelos informó que al menos cuatro personas balearon la camioneta donde viajaba un matrimonio y sus cinco hijos de 2, 4, 6, 12 y 14 años de edad” 34.

El siete de junio del 2010, la opinión pública mexicana e internacional fue conmovida con la noticia de que un agente norteamericano de la patrulla fronteriza, asesinó a balazos a un joven mexicano de quince años de nombre Sergio Adrián Hernández Huereca, quien jugaba con un grupo de amigos de su edad del lado mexicano de la frontera.

Tan abominable crimen ocurrió cuando un agente, del que no se ha querido revelar el nombre, disparó su pistola en repetidas ocasiones, desde territorio estadounidense, contra el grupo de muchachos mexicanos quienes, en su propio territorio, jugaban.

El policía se consideró amenazado por las inocentes actividades de nuestros muchachos y sin mediar palabra disparó contra menores desarmados, desprotegidos y desorganizados. El país más poderoso del mundo no ha querido entregar a su agente, asesino de niños y los derechos humanos de éstos parece que no cuentan para nada 35.

En los últimos meses de este año, se ha sabido de una organización que aceptaba niños de familias disfuncionales en albergues conocidos como Casitas del Sur, a partir de la entrega de los menores a estos albergues diseminados en varias partes del territorio nacional, muchos de ellos era comercializados dentro y fuera del país por inescrupulosos funcionarios de estas instituciones privadas.

“El procurador, Miguel Ángel Mancera, hizo un llamado a las personas que tienen en su poder a alguno de los once niños robados de la Asociación Civil Casitas del Sur, para que los devuelvan. Dijo que las líneas de investigación indican que los menores pudieron ser entregados a diversas familias.

El pasado martes fue detenido en España, Antonio Domingo Paniagua Escandón, Kelu, líder de Casitas del Sur.” (…) “la Procuraduría capitalina tiene cinco órdenes de aprehensión pendientes. Entre ellas se encuentra la de la apoderada legal de dicha agrupación, Vanesa Barroso”
 36.

El tráfico de menores también se da en México a partir de clínicas u hospitales donde jóvenes madres van a dar a luz y se les informa que el producto nació muerto, esto, que parecería un libreto de ficción, fue lo que ocurrió en el Hospital Central Oriente desde hace varios años, y fue descubierto gracias a la denuncia de una madre que logró recuperar a su bebé y meter a la cárcel a los responsables 37.

4. Etapa posmoderna. La gente de este nivel social y cultural tiene niveles de ingresos superiores a la media, una cultura internacional, habla o entiende al menos el inglés además del español, viaja frecuentemente a Estados Unidos por trabajo o vacaciones y vive cómodamente.

Podríamos pensar que los niños y adolescentes de este nivel socio-cultural son afortunados y libres de problemas pero no es así. En los últimos tiempos se han convertido en blanco de la delincuencia organizada, quien los acosa para secuestrarlos y, por desgracia en ocasiones, matarlos. Casos sonados con amplia difusión fueron los de los jóvenes Alejandro Martí de catorce años, Antonio Equihua de quince y la señorita Vargas.

Parece ser que empleados desleales los señalaron, para que personas delincuentes allegadas a ellos los convirtieran en víctimas de eventos desafortunados y catastróficos, no sólo para sus familias sino para todo el país. En otros tiempos, la delincuencia tenía una especie de ética que los obligaba a respetar a mujeres, niños y ancianos, pues decían que los impulsaba la necesidad económica y actuaban en la medida de lo posible como “empresarios del crimen” pero, en los últimos tiempos, la delincuencia no respeta nada ni a nadie, posiblemente apoyada e impulsada por políticos inescrupulosos que se montaron en el rencor como una forma de tomar el poder.

¿Qué son los niños y los adolescentes mexicanos?

No obstante, en páginas atrás definí varias etapas de la niñez y adolescencia; para seguir con la línea de la convocatoria de la UNICEF y de las leyes mexicanas en vigor definiré a las niñas y niños mexicanos, como aquellas personas nacidas en territorio nacional, de padres mexicanos, de ambos sexos, con edades que van desde los cero hasta los doce años no cumplidos, viven en familia y asisten a la escuela.

Mientras que las y los adolescentes mexicanos son aquellas personas nacidas en México, de padres mexicanos, de ambos sexos, con edades que fluctúan entre los doce años cumplidos y los dieciocho sin cumplir. Tienen familias funcionales y asisten a la escuela.

Además, las familias de los verdaderos niños, niñas y adolescentes son familias tradicionales, de gente urbana, con ingresos de entre veinte y cincuenta mil pesos mensuales, que tienen una formación  académica promedio de entre ocho y quince años de escolaridad, que viven en casas o departamentos propios construidos por compañías de bienes raíces, cuyas viviendas cuentan con servicios de agua, luz y drenaje, tienen teléfonos fijos y celulares, televisores abiertas y de paga, así como computadoras con conexión a internet 38.

Los verdaderos niños y adolescentes tienen una vida muy estructurada por horarios   rígidos y mucha supervisión de adultos de la familia, tutores, instructores, profesores y directivos de las instituciones que los tienen bajo su cuidado, guarda y custodia.

Los niños y adolescentes tienen que cumplir pesados y largos horarios escolares  y de actividades complementarias de enseñanza de idiomas, computación, natación y karate o judo para los varones o danza tradicional o ballet clásico para las niñas.

Incluso en sus horas de diversión deberán cumplir estrictos protocolos de vestimenta, apariencia y conducta, si desean ser aceptados por sus iguales. Los niños y adolescentes mexicanos contemporáneos viven literalmente agobiados y estresados entre demandas, a veces, contradictorias.

La actividad más importante (después de convivir con su familia), para un niño o adolescente mexicano, es su escuela. En primer lugar, porque en la escuela los adolescentes mexicanos  pasan entre siete y nueve o más horas diarias. Si la escuela es pública tienen garantizadas siete horas de clase continuadas con uno o dos descansos de media hora. Si la escuela es privada le espera al menor, un esquema similar más una o dos horas de actividades deportivas y una o dos horas cada tercer día de ayuda para tareas. No es raro que muchos niños y jóvenes mexicanos nunca vean el sol en su casa a lo largo de la semana.

La escuela es importante también porque, por primera vez en su vida, los niños y jóvenes conocen a adultos maduros que no son sus padres ni parientes ni tienen en mente la idea de consentirlos o “apapacharlos”. A las y los profesores sólo les importa enseñarles algo a los “chamacos”, pero estos no siempre se dejan ni responden como se esperaría.

Hace ya muchos años, el filósofo y excelente escritor Jorge Portilla, publicó un libro titulado laFenomenología del Relajo 39, donde hace un análisis filosófico de las actitudes y conductas de los niños y jóvenes mexicanos de entonces y ahora. Portilla al parecer fue un verdadero visionario, pues se adelanto a una tendencia que es muy común ahora en todas las instituciones educativas públicas y privadas: los menores van a la escuela a jugar con sus cuates, a ligar y a echar relajo.

Según Portilla, el relajo como comportamiento consta de tres momentos: a) un desplazamiento de la atención, b) una toma de posición del sujeto relajiento y c) una acción compuesta de gestos y palabras que es, al mismo tiempo una invitación a los otros a que participen de manera colectiva.

Es entonces cuando “la algarabía inunda el cuasi-espacio humano por donde el valor había de insertarse en la realidad y lo expulsa de ese ámbito, lo deja ‘afuera’, en su pura idealidad desatendida. Una vez iniciada, es menester impedir a toda costa que vuelva el silencio, donde el valor podría volver a brillar, como el sol después del aguacero, apelando a nuestra generosidad”. Sólo así, “ese levantarse de voces y descomponerse los gestos que tan a menudo lo acompañan, se hacen comprensibles a la luz de la esencia misma del relajo que hasta aquí hemos tratado de fijar” 40.

Para Portilla, el relajiento no toma nada en serio, no se compromete a nada ni garantiza que esa irrupción no volverá a ocurrir.  A los que no lo siguen los desprestigia llamándolos “apretados”; por lo general, son estas personas de buen nivel que viven mejor que los demás, por lo que las divisiones sociales se llevan al campo de la cultura.

Básicamente, los menores sólo pueden liberarse un poco de las estrictas normatividades escolares y la supervisión de sus mayores “echando relajo”, riéndose un poco y negándose a obedecer a los adultos aunque sea por unos pocos minutos.

En todas las escuelas existe un reglamento interno que organiza y clasifica a los sujetos por edades y desempeño; normalmente el grupo A es para los niños y niñas de diez, el B para los de ocho y el C para los de seis o insuficiente. Esto lo saben todos los niños, aunque sus papás ya lo hayan olvidado, y les pesa mucho. Es como ponerles un sello en la frente o leerles su profecía personal: “si te apuntan en el grupo C, de cualquier escuela, estás jodido para siempre” 41.

También son importantes las normas de vestir, como el uniforme oficial que determina no sólo los colores de la blusa, el suéter y el pantalón o la falda para las niñas, sino también el largo de la falda, que siempre debe estar dos dedos debajo de las rodillas cuando “la señorita se encuentre de pie” o debe llegar al suelo, “cuando las monjas te obligan a hincarte frente a todos” 42.

Existen reglas muy estrictas respecto al largo y apariencia del cabello: los niños y jóvenes no pueden ir más allá del casquete regular; las señoritas no deben usar peinados tipo rasta, colores como el azul, el rojo, el verde, ni tampoco los rayitos o mechas. Están prohibidas en todas las escuelas las apariencias dark, punk, rasta, vamp o cualquier otra forma juvenil de distinción o decoración corporal 43.

Por supuesto, los piercings, incrustaciones, subcutáneos y tatuajes están prohibidos por las familias, las escuelas y hasta por la Santa Iglesia, como lo afirman las monjas de la escuela de mi nieta.

Los protocolos de trato personal son sumamente rígidos: a los profesores se les trata de Mister oSir; a las profesoras se les llama Miss, al director los jóvenes le dicen ingeniero o doctor; están prohibidos los apodos entre chicos y sólo pueden nombrarse por su apellido como aparecen en la lista del salón; a la hora de publicar las calificaciones los profesores empatan matrículas con números y nada más. Las monjas son las “hermanas” y al sacerdote o presbítero se deben dirigir como el “Padre”.

A la hora de “divertirse” a los niños y adolescentes mexicanos no les va mejor, aunque sienten que “el antro” es el único espacio de libertad que tienen: “es un lugar donde puedes expresarte como tú quieras, decir lo que piensas y lo que sientes” 44.

Sin embargo, las reglas de conducta “correcta” en un “antro” establecen que los chicos deben entrar tranquilamente después de un fuerte escrutinio de los porteros o “cadeneros”: “si quieres entrar a un buen antro tienes que verte como “fresa”o sea, llevar una camisa de marca y una buena chava. Si te ves medio “pandra”, lo más seguro es que los cadeneros no te dejen pasar” 45. Deben ocupar los espacios asignados, estar atentos a la representación, consumir ciertas cantidades de; no deberán tomar demasiado, ni armar “bronca” y tendrán que retirarse a la hora indicada 46. Si algún chico o chica se “quiere pasar de listo”, es decir, si no cumple con las normas, es sancionado de inmediato con la expulsión del él y su grupo de amigos. Le aplican la antigua y clásica norma del “ostracismo” o “la ley del hielo”.

Los problemas de niños y adolescentes no terminan ahí. Si desean ser bien aceptados, y eso es algo que todo menor anhela por sobre todas las cosas, deberán vestir con corrección, lo que no significa ropa limpia y digna, sino ropa a la moda y de buenas marcas.  Varios de mis alumnos y alumnas han tenido problemas mayúsculos cuando sus progenitores o tutores intentaron comprarles ropa genérica en el supermercado. Los he visto llorar a lágrima viva de sólo recordarlo.

El vestirse para una fiesta o para el antro es parte de un ritual muy complejo y caro. La ropa debe ser original y de buenas marcas, debe combinarse con el calzado más adecuado; la persona en cuestión tiene que parecer “natural” y relajada, acostumbrada a usar y en ocasiones a maltratar prendas muy caras. El reloj debe ser costoso pero discreto y el celular más caro que sea posible: con aditamentos como conexión a internet, cámara de fotos y video, servicios de mensajería y voz, mucha memoria, conexión con otros dispositivos.

No hay que olvidar el coche. Los chicos hacen hasta lo imposible por traer el mejor; desde chantajear a sus padres y abuelos hasta enfermarse si “mami” o “papi” no les cumple su capricho. Cuando trabajé en un colegio caro del sur de la ciudad de México, pude observar cómo elegían jefe de grupo mis alumnos. Normalmente, se acostumbra hacer la presentación de varios candidatos, una preselección y una votación entre dos o tres finalistas.

En aquella ocasión, nada de esto ocurrió. Solicitamos permiso al sacerdote encargado de la disciplina y todos nos fuimos al estacionamiento de alumnos, a revisar los carros en los que llegaban los estudiantes. Ganó un chiquillo delgadito y apocado que manejaba un Jaguar. El argumento de  los demás fue que ningún tonto o pobretón tiene un Jaguar y que el dueño de un vehículo así, se merece ser el líder de cualquier grupo.

Los chicos usan el antro para sentirse libres, divertirse, bailar, ligar, “sentirse guapas” (las niñas), “conocer gente de tu edad y nivel social” y estar lejos de la familia. Desafortunadamente, en ocasiones, las niñas, niños y adolescentes de verdad se sienten tan oprimidos por sus familias que llegan hasta a el suicidio.

Problemas de los niños mexicanos

El principal problema de los niños mexicanos es la obesidad. Entre 1999 y 2006, la obesidad infantil en niños mexicanos creció en un 77%, mientras que entre las niñas aumentó “sólo” 49%. Aunque es un problema multifactorial, la obesidad de los niños mexicanos es causada por dos elementos básicos: la sobrealimentación y la falta de ejercicio físico.

Todo lo anterior tiene fuertes raíces culturales: desde la época prehispánica considerado era bonito y sexy ser obesa u obeso; a mediados del siglo XX, Novo decía: “Aldous Huxley, hermano al fin de biólogos, percibe finamente la trayectoria de la belleza mexicana” (…) “Se había celebrado un concurso de belleza (en Etla), y el resultado de este concurso se hallaba sentado junto a sus madres, cerca del presidente municipal. Parecían seis toros premiados en un concurso ganadero. Pero toda juventud posee cierto encanto. ¡Lo que horrorizaba era advertir en sus madres, el futuro de aquellas carnes!” 47.

La antigua obesidad mexicana era producto de mucho chocolate batido por las mañanas y a media tarde, bastante leche entera, panes con nata y azúcar, generosas raciones de carnes y antojitos48. La moderna obesidad de nuestra población pero, principalmente de los niños, la debemos a las industrias empacadoras y procesadoras de alimentos que expenden sus productos saturados de azúcar, de sal, sobrados de colesterol y triglicéridos en todas las tiendas dentro y fuera de las escuelas de todo el país.

El problema se hizo tan grande que las autoridades tuvieron que intervenir en abril de 2010, después de una campaña prolongada de concientización por parte de los legisladores federales y locales de muchas partes de México. Tanto el secretario de Salud federal, el doctor José Ángel Córdova, y el de Educación Pública, Alonso Lujambio, se comprometieron a estudiar y elaborar una nueva serie de lineamientos de producción y venta de alimentos y bebidas dentro de las escuelas públicas y privadas a nivel nacional, a fin de combatir el sobrepeso y la obesidad de niñas y niños en edades de escolaridad primaria y secundaria 49.

A principios de julio de 2010, Susana González comentó que no existía ninguna ley que prohibiera la venta de la llamada “comida chatarra” en las escuelas públicas y privadas mexicanas 50, la legislación actual no concede a los secretarios de educación y/o salud, facultades explícitas para prohibir la venta de determinados alimentos dentro de los recintos escolares; en cambio, este tipo de oferta está protegida por la libertad de comercio garantizada por la Constitución. Con estas observaciones, las autoridades han decidido “sugerir” a los niños y a sus padres o tutores, algunas modificaciones en su alimentación.

Respecto de la falta de actividad física de los menores como otra de las causas de sus problemas de obesidad, sólo puedo decir que la vida moderna nos confina en espacios cada vez más pequeños; las antiguas casas con jardín son cosa del pasado, la mayoría de mis estudiantes viven en departamentos de entre 48 y 90 metros cuadrados, para familias de cuatro a seis personas entre adultos y menores.

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Para citar este artículo:

  • Marín, A. (2012, 20 de febrero). Los derechos de la niñez y la adolescencia en México, una revisión crítica. Revista PsicologiaCientifica.com, 14(4). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/los-derechos-de-la-ninez-y-la-adolescencia-en-mexico-una-revision-critica


1 Comentarios para “Los derechos de la niñez y la adolescencia en México, una revisión crítica

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