Sobre el uso de información de claves acústicas y visuales en la detección de la mentira
Psicología Social - Comunitaria


  • Claudia Castro Campos
    Universidad Autónoma Nuevo León
    México

    Ernesto Octavio López Ramírez
    UniversidadAutónoma de Nuevo León
    México

Resumen

  • La presente investigación se constituye como un estudio de psicología de la mentira, que trata de determinar si la forma como se combina información auditiva y visual sobre una conversación, se relaciona a su capacidad para detectar a un mentiroso. En particular, se le solicitó a 135 individuos participar en un estudio de detección de mentiras.

    A cada sujeto (con diferentes estilos de procesamiento cognitivo) se les presentó un video de una persona que miente o no miente sobre un escenario. Los videos, a su vez, estuvieron formados de las siguientes opciones: sólo imagen, sólo sonido o con ambas claves (visual y auditivo) de información sensorial. Literatura académica en el estudio de la detección de la mentira sugiere que la detección de un mentiroso es mejor si es que el juicio de detección se basa en información auditiva. Los resultados muestran, que de los indicadores usados de percepción de la mentira (calibración y discriminación) los estilos auditivos sólo son mejores en uno de los indicadores de percepción de la mentira (calibración) para detectar a un mentiroso, mientras que individuos hábiles en el uso de información visual y auditiva, fueron mejores en el otro índice (discriminación). Los individuos con estilo visual tuvieron el mismo rendimiento en ambos índices. Se argumenta, que el uso de claves independientes (visual, auditiva) que se les provee a los participantes no funciona igual cuando se combinan en una sola fuente de información que se presenta a los diferentes estilos cognitivos. Se discuten implicaciones de estos resultados al desarrollo de la capacidad de detectar mentiras en el humano.

    Palabras clave: Detección de mentira, estilo cognitivo, gráficas de calibración.



La capacidad de mentir, puede tener una función de facilitador o modulador en la conducta y en el desempeño de una persona dentro de un medio social. Esto señala un aspecto importante de la vida humana puesto que la influencia en los juicios de los demás pueden beneficiar a la persona que ejecuta la mentira (Horn, 2001). Debido a las implicaciones que tiene el realizar juicios con respecto a otros, la relevancia de su estudio es un proceso complejo que inicia desde edades tempranas, cuando los niños alrededor de los 3 años adquieren la competencia de atribuir una mente independiente de la suya a otras personas (Madrid, 2005).

El papel que juega la mentira en la vida humana es relevante. Se ha podido determinar que la mayoría de las personas mienten en promedio por lo menos una o dos veces al día (DePaulo, Kashy, Kirkendol, Wyer y Epstein,1996; Kashy y DePaulo, 1996; DePaulo y Kashy, 1998; Feldman, Forrest, y Happ, 2002). La razón de por qué las personas utilizan la mentira como un mecanismo común en su diario vivir está relacionada a una función de adaptación. Sin embargo, en algunas ocasiones las mentiras están diseñadas para desorientar a otros en formas que casi siempre resultan en altos costos para quien es engañado y en ganancias para el que miente, debido al potencial que las mentiras poseen para lastimar a otros, las personas nos mostramos altamente motivadas para detectar el engaño durante nuestra vida diaria (Horn, 2001).

Es importante señalar que, a pesar de los avances en el diseño y la aplicación de instrumentos que han ayudado al área de la detección de la mentira, la emisión de juicios y la toma de decisiones sigue recayendo en su mayor parte sobre el evaluador. Por ello, el estudio científico de los factores que afectan la exactitud y certeza en la discriminación de la mentira cobra relevancia. En particular, se sabe que el entrenamiento en las claves del engaño (movimientos corporales, tono de voz, etc.) permite al evaluador detectar con mayor certeza y exactitud cuando una persona está mintiendo (Porter, Woodworth y Birt, 2004; Vrij y Mann, 2004).

De lo anterior, se puede señalar que las investigaciones dirigidas por Hartwig, Granhag, Strömwall  y Vrij (2005) indican que cuando se les proporciona a los observadores la evidencia de que existe la probabilidad que se les engaña, el evaluador puede incrementar su exactitud en la detección de mentiras. Por otra parte, también se ha encontrado que la experiencia y el género del evaluador pueden estar relacionados en el incremento en la exactitud para detectar la mentira.

Aunque la evidencia obtenida de investigaciones como las llevadas por Vrij y Mann (2001) apuntan a que la experiencia es un factor asociado al porcentaje de aciertos en la detección de mentiras, también es cierto que otras investigaciones señalan que independientemente de este y otros factores, el éxito para detectar cuando una persona está mintiendo, es de alrededor de un 50% (DePaulo, Kashy, et. al., 1996). De hecho, esto es aplicable tanto a personas entrenadas como no entrenadas en el campo de la mentira (DePaulo, Lyndsay y Malone,  2003).

Con respecto a lo anterior, Ekman (1991) menciona que algunas personas pueden despeñarse con un porcentaje de acierto mayor al comúnmente mencionado en la literatura y que probablemente este desempeño superior de ciertas personas para detectar la mentira se debe no sólo a su experiencia, sino también a factores como el trabajo que desempeña dicha persona, así como su interés en el descubrimiento de la mentira (Vrij y Mann, 2001).

Otros factores que han sido asociados a la exactitud en la detección de la mentira, es la modalidad de la persona que emite la mentira. A este respecto, se han llevado a cabo investigaciones donde se han realizado análisis de discrepancia en la conducta observada en actividades simultáneas y la observación de diferentes modalidades (expresión facial, gestos, tono de voz, etc.) de manera integrada (Heinrich y Borkenau, 1998). Los resultados de estas investigaciones señalan, que la modalidad en la que se dice una mentira juega un papel importante en el contexto de la detección de la misma. Sin embargo, la influencia que tienen factores como el estilo cognitivo (auditivo, visual y mixto) en el proceso de la detección de la mentira ha sido poco explorado. Por lo que la presente investigación se centra en la exploración de la forma en cómo el estilo cognitivo de un evaluador contribuye o afecta su habilidad para detectar mentiras.

Método

La presente investigación se constituye como un estudio cognitivo cuasi-experimental de la psicología de la mentira, que pretende identificar si el estilo cognitivo de un individuo impacta en el uso de claves de la información para la detección de la mentira.

Se consideró un diseño experimental entre sujetos cuyos factores y subniveles se especifican como de 3 (Estilos Cognitivos) X 3 (Claves de identificación) que permitirá explorar la capacidad de un juez para detectar mentirosos. El diseño es mixto, dado que considera un factor entre sujetos (estilos cognitivos) y un factor de medidas repetidas para todos los sujetos (claves de identificación).

Habrá dos indicadores. Uno de calibración y el otro de discriminación a través de los niveles del factor de tipo de clave del estímulo para los tres tipos de población (estilo cognitivo). Esto es, índices estándares dentro de la teoría de juicio humano conocidos como índices de calibración y discriminación de un evento (Yates, 1990). Ambos indicadores se combinan para producir una variable dependiente llamada exactitud.

Este diseño permitirá conocer como es que índices de competencia para la detección de la mentira varían dependiendo de que tipo de claves serán usadas al momento de dicha detección.

Objetivos
General

Determinar si la capacidad para identificar a un mentiroso obedece a un mecanismo cognitivo central o es dependiente de claves de información determinadas por la modalidad sensorial (auditiva o visual) o es una capacidad que se ve mejorada cuando las claves visuales y auditivas son presentadas en combinación (mixto).

Específicos

– Determinar si el mecanismo cognitivo que se usa para detectar a un mentiroso depende de una interpretación basada en información central (representacional) o de mecanismos de procesamiento de información periférica dependientes de una modalidad sensorial.

– Identificar si el uso combinado de claves visuales y auditivas presentan mejoría sobre una modalidad sensorial en particular.

– Identificar si el estilo cognitivo preferente que un individuo posee en el desempeño para la detección de la mentira en diferentes modalidades sensoriales (auditiva, visual o mixta) influye en la capacidad para detectarlas.

Participantes

En el estudio se obtuvieron cuatro grupos de estudiantes. El primero se constituyó de una muestra de 16 participantes de entre 17 y 23 años de edad que fue utilizado para mentir y para elaborar los materiales e instrumentos que fueron evaluados por los otros grupos denominados jueces.

El grupo de jueces se conformó de 135 estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León, tanto de mujeres como hombres de entre 17 y 23 años de edad. Se consideraron 135 estudiantes, ya que el diseño es completamente entre sujetos y es necesario y suficiente 15 participantes por condición experimental para una estimación paramétrica. Aquí, hay que señalar que el criterio de inclusión de muestra fue que tanto los jueces como los sujetos que participaron para la elaboración de instrumentos tuvieran la misma edad y los rasgos faciales de latinos o del promedio latino, en especial de un estudiante universitario del área metropolitana de Monterrey.

En el caso de los participantes del instrumento, sólo se incluyeron individuos que pudieron realizar la tarea y se excluyó aquellos individuos que aun cuando pudieron realizar la tarea no convencieron al investigador de que son capaces de engañar a un juez. Esto sugiere, que por cada individuo que se eliminó de la muestra de 16 participantes de mentirosos, se reemplazó con otro que cumplía con el estándar de la tarea conductual de mentir. Otro criterio de exclusión fue que los participantes que hayan asistido a un estudio similar, no pudieron participar en esta ocasión.

Instrumentos y materiales

Se procedió a elaborar videos en los que se presentaban a individuos que podían estar mintiendo o no mintiendo sobre un evento específico. Para la generación de estos videos, se ocuparon 16 participantes. Estos videos fueron unidos, formando así un macro-video.

Para los eventos específicos se usaron 2 películas, una con contenidos positivos y otra con contenidos negativos. Se usó un televisor de 25 pulgadas y un reproductor de DVD para la presentación de los videos, y para la edición apropiada de los videos se utilizó una computadora con el software Pínnacle Studio 11, el cual fue utilizado para propósitos de compilación y video edición.

Estrictos controles se impusieron en la elaboración de los videos, como lo fue decirles a los participantes que tendrían que esforzarse lo suficiente para poder obtener participación extra en una materia. La Figura 1 presenta fotografías de participantes mintiendo o diciendo la verdad e indica como quedaron los macrovideos. Cada uno de estos macrovideos estaba fragmentado por una sección, en donde a la persona le aparecía la siguiente pregunta “Consideras que lo que la persona dice es” y el participante debía decidir entre las opciones “Verdad” y “Mentira”.

Figura 1. Ejemplo de participantes mintiendo o diciendo la verdad en un macrovideo que fue evaluado por un juez detector de mentiras

Para la selección de los participantes con tres tipos de estilo cognitivos considerados en el estudio se usó el cuestionario VARK desarrollado por Neil D. Flemings y Colleen Mills (Fleming y Mills, 1992). Estos autores introdujeron un cuestionario que evalúa de forma ágil la modalidad sensorial -cognitiva preferente que un individuo tiende a usar mientras realiza tareas cognitivas de aprendizaje-.

Procedimiento

Se presentaron 16 videos de personas que hablan acerca de unos videos que vieron sobre imágenes agradables. Sin embargo, la mitad de los participantes no decían la verdad. Cada uno de estos videos que duraron alrededor de un minuto y medio se presentaron en una computadora a un juez (persona que dirá si quien habla dice o no la verdad). En total, se formaron nueve grupos de 15 participantes resultantes de las posibles combinaciones del diseño experimental. De esta forma, un grupo de participantes clasificados como visuales se les presentaron videos solo con imágenes, sin sonido. A otro grupo de visuales, se les presentó solamente la versión audio de cada video y finalmente a otro grupo de 15 visuales se les presentó tanto la imagen como el audio integrado. Lo mismo sucedió para los otros grupos de auditivos y multimodales auditivos-visuales. No se incluyó kinestésicos dado que esta modalidad no puede ser probada a través de las ediciones de macrovideos. Cada participante fue sentado enfrente de un computador en donde tuvieron que proceder a contestar el sistema de evaluación de narraciones de videos AUVI (Audio-Visual), (De la Garza, 2008).

Resultados

Se llevó a cabo un análisis MANOVA entre sujetos de 3 (estilo cognitivo, visual, auditivo y mixto) x 3 (clave visual, auditivo y mixto), teniendo dos variables dependientes (índice de calibración y otro con el índice de discriminación). La tabla 1 muestra los resultados del análisis MANOVA.

Tabla 1
Se muestran los resultados del análisis MANOVA sobre el diseño del estudio. En términos de varianza, el índice de discriminación (ID) explica una porción significativa de varianza mientras que no es así sobre el índice de calibración (IC)

Por su parte, la Tabla 2, muestra la figura de desempeño de los participantes para ambos índices de exactitud, en donde se puede ver la naturaleza de los resultados obtenidos.

Figura 2. Nótese de la figura que la condición para estilo auditivo en clave auditiva y visual parece revelar un comportamiento diferente al resto del desempeño de los participantes del estudio

Al parecer, son los individuos clasificados como auditivos los que parecen tener un comportamiento diferencial con respecto a los demás participantes del estudio. La naturaleza de dicho desempeño, puede ser mejor visualizada en las figura de interacción de estilo cognitivo versus clave de información para ambos índices de exactitud mostradas en la Tabla 3 y 4.

Figura 3. El estilo auditivo presenta peor calibración que el resto de los demás estilos incluidos, cuando solamente claves visuales fueron mostrados

Figura 4. Los participantes con estilo cognitivo auditivo tendieron a ser mejores discriminadores que el resto de los demás estilos cuando se les presentaban sólo claves auditivas

A continuación se procede a dar una posible interpretación a estos patrones de desempeño.

Conclusiones y discusión

Según evidencia teórica, los participantes con estilos cognitivos auditivos tienden a ser mejores discriminadores de quién miente y de quién no, cuando se les presenta información exclusivamente relacionada a su estilo cognitivo (Adams,1996; Anderson, DePaulo y Ansfield, 2002; Anolli y Ciceri, 1997). Llama la atención, que este no fue el caso para los participantes con estilos cognitivos visuales, ya que al presentarse solo información visual tuvieron un índice de calibración promedio en relación a las demás condiciones experimentales. Por otra parte, también es interesante notar que cuando un individuo con estilo auditivo es presentado sólo con información visual, esto causa interferencia, ocasionando menor índice de discriminación. Esto no sucede con dichos participantes si la información es acompañada por información auditiva.

En general, fue el estilo auditivo el que mejor índice de discriminación presentó, promediando ambos índices con respecto a los demás estilos tal y como se observó en la figura 3, pero estos individuos presentaron el peor índice de calibración tal y como se ilustra en la Figura 2. Sin embargo, hay que hacer notar que en términos de diferencia estadística, una comparación planeada muestra que la diferencia de estilo auditivo con respecto al desempeño de estilo visual y multimodal sólo se da en términos de discriminación t = -2.14, p = 0.033, ya que dichas diferencia en calibración se dan sólo como una tendencia marginalmente significativa t = -1.64801994641326, p = 0.10. De forma interesante son los individuos multimodales, quienes presentan mejor desempeño en términos de calibración. Al parecer, el hecho de usar ambas fuentes de información, genera alta interferencia en términos de calibración cuando un individuo es multimodal. Esto parece contraproducente con la idea de que mientras más información se tiene y más recurso cognitivo es usado, entonces mayor exactitud debe obtenerse cuando se trata de identificar a un mentiroso.

En general, se puede concluir que el patrón de respuesta encontrado en ambos indicadores de la detección de la mentira en la presente investigación, parece sugerir una sistematicidad en cuanto al peso que tiene combinar recursos cognitivos para la detección de mentiras que cuando se usa un sólo recurso por separado como la fuente usada para dicha clasificación. Cabe la interrogante sobre cómo es que fuentes auditivas y visuales al combinarse influyen en la detección de la mentira y de si existe alguna sistematicidad que regule dicha combinación o los factores por separado al emitir un juicio de que alguien miente, lo cual señala que está en demanda buscar recursos experimentales que permitan explorar los efectos de la integración de estas fuentes sensoriales.

Referencias

Adams, S. (1996). Statement analysis: What do suspects’ words really reveal? FBI Law Enforcement Bulletin. 12-20.

Anderson, D., DePaulo, B., & Ansfield, M. (2002). The development of deception detection skill: A longitudinal study of same sex friends. Personality and Social Psychology Bulletin. 28, 536-545.

Anolli, L., & Ciceri, R. (1997). The voice of deception: Vocal strategies of naive and able liars. Journal of Nonverbal Behavior. 21, 259-284.

DePaulo, B. & Kashy, D.  (1998). Everyday lies in close and casual relationships. Journal of Personality and Social Psychology. 74, 63-79.

DePaulo, B., Kashy, D., Kirkendol, S., Wyer, M. & Epstein, J. (1996). Lying in everyday life. Journal of Personality and Social Psychology. 70, 979-995.

DePaulo, B., Lyndsay, J. & Malone B. (2003). Cues to deception. Psychological Bulletin. 129 (1), 74-118.

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Hartwig, M., Granhag, P., Strómwall, L. & Vrij, A. (2005) Detecting Deception Via Strategic Disclosure of Evidence. Law and Human Behavior. 29, 469-484.

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Para citar este artículo:

  • Castro, C. & López, E. O.(2010, 12 de febrero).Sobre el uso de información de claves acústicas y visuales en la detección de la mentira. Revista PsicologiaCientifica.com, 12(5). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/claves-acusticas-y-visuales-deteccion-mentira

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