Un estudio de los cambios conceptuales en la psicología
Teoría - Fundamentos


  • Luís Dante Bobadilla Ramírez
    Facultad de Medicina Humana
    Universidad de San Martín de Porres
    Lima, Perú

Resumen

  • A través de un rápido y breve recorrido histórico se analizan las diversas concepciones que se han adoptado en el campo de la psicología. Se estudia básicamente la aparición de la psicología como ciencia, revisando las concepciones de ciencia, conocimiento y psicología, tratando de explicar el origen del giro conceptual que llevó a la gran crisis de la psicología en el siglo XX, y procurando vislumbrar el futuro que le espera a la psicología.

    Palabras clave: Psicología científica, objeto de la psicología, conductismo, psicoanálisis, ciencia de la conducta, ciencia cognitiva, skinner, historia de la psicología, crisis de la psicología.



La construcción de conocimientos en la psicología no ha sido ajena al discurrir general de la humanidad en sus perspectivas cognoscitivas, formas y valores; más bien, las ha reflejado plenamente. Bastaría recorrer el camino de transformaciones que ha sufrido la partícula griega traducida al latín como psyché y al castellano como psique- para reconocer las diferentes formas que ha ido adquiriendo la psicología. Desde luego, tales mutaciones no se han producido en otro lugar que no sea en la mente de las personas y en virtud del contexto general que su cultura adopta en cada etapa de la historia. Esto quiere decir, visto de otra forma, que la cultura es, en última instancia, una estructura cognitiva de carácter social que determina las disposiciones cognitivas individuales de las personas.

La transformación del concepto vinculado a la partícula psique empieza desde los tiempos griegos, con el debate entre Platón y Aristóteles, debate que en cierta forma se mantiene a lo largo de toda nuestra historia, es decir, entre la visión que otorga prevalencia a las formas ideales que se generan en la conciencia y aquella que se la concede a los procesos naturales que se desarrollan en los órganos. En todo este tiempo no sólo han estado cambiando la naturaleza de estos fenómenos sino sus formas explicativas así como sus métodos de exploración, paralelamente a la concepción y valoración del problema en el medio científico y filosófico. Pero, además, ha dependido mucho de la visión que la humanidad fue adoptando con respecto al hombre en general y al conocimiento en particular. La conquista del conocimiento científico, por ejemplo, fue un logro que se produjo específicamente en virtud al empeño por conocer el cosmos y la naturaleza, hasta que el triunfo de la física y la química a finales del siglo XIX, sumados al impacto social de la teoría de la evolución, llevaron a establecer el modelo cognoscitivo propio de las ciencias naturales como la forma definitiva del conocimiento humano. Adicionalmente, apareció “la ciencia” como una forma autónoma e independiente de preceptos cognoscitivos. En buena cuenta, la ciencia fue arrancada de la física y convertida en una ideología que dictaba los cánones del pensamiento y del proceder científico en cualquier escenario de estudio, lo que, desde luego, terminó afectando la construcción de la psicología como proyecto científico. En realidad, no existe la ciencia, así en abstracto, lo que existe es una variedad de disciplinas científicas diferenciadas por su escenario y enfoque. Cada una de ellas debe construir sus propios preceptos científicos, esto es, una ontología adecuada a las formas materiales que estudia, una epistemología apropiada a los hechos o fenómenos de su escenario y una metodología y tecnología que faciliten sus descubrimientos. En la ciencia, como en cualquier otro contexto, no vale copiar. La construcción de una psicología científica implica recorrer los pasos que hemos descrito, y no simplemente asumir los preceptos de la física ni de las ciencias naturales, sin atender las complejidades propias y exclusivas del escenario humano.

El hecho es que se erigió la imagen de una ciencia como modelo a seguir. Este formato del saber era objetivo, empírico y basado en leyes universales descubiertas en las regularidades percibidas por los hombres. Auguste Comte (1798 – 1857) proclamó a la ciencia prácticamente como una nueva religión laica, que sería la respuesta a todos los males de la humanidad. Fue el principio de lo que luego sería el cientificismo como ideología y doctrina. Paulatinamente, la actividad científica fue convirtiéndose en una búsqueda incesante de leyes para edificar su evangelio. Comte propuso a la Sociología como la encargada de descubrir las leyes de la sociedad. Karl Marx (1818 – 1883) anunció las leyes que rigen la historia, Sigmund Freud (1856 – 1939) anunciaría las leyes de la mente, B. F. Skinner (1904 – 1990) las leyes de la conducta de todos los organismos, incluidos los seres humanos, y así sucesivamente una larga colección de leyes cubriría el repertorio científico relativo al hombre, durante un período en el que las visiones del mundo se trastocaron y, al cabo del cual, la fe en esta clase de ciencia se fue disipando. Algunas de estas expresiones científicas acabaron en entredichos con filósofos y científicos, algo que no había ocurrido antes. La ciencia había sido criticada pero desde afuera, desde la religión, por ejemplo, pero nunca desde adentro.

Fue en este período que la psicología tuvo que ser prácticamente reinventada según los nuevos cánones. Así, partiendo de determinados descubrimientos bastante específicos y hasta simples, se erigieron las bases de las nuevas concepciones de psicología. Primero fue Pavlov (1900) quien, a partir del descubrimiento de asociaciones entre ciertos estímulos y la salivación de los perros, expresó su convicción de que la conducta del hombre -como el de cualquier otro animal- podía ser explicada desde simples asociaciones nerviosas, sin recurrir a ningún otro tipo de explicaciones. Pavlov llegó a negar la necesidad de recurrir a explicaciones psicológicas, incluso prohibió a sus colaboradores el empleo de expresiones tales como “el perro recordó”, “el ardiente deseo de comer”, etc. (Vygotski, 1930). Es decir, la fisiología se tragó a la psicología bajo la convicción de que lo psíquico podía explicarse por lo fisiológico.

“Gracias a su gigantesco trabajo, los fisiólogos y naturalistas rusos alcanzaron la única teoría exacta, la del materialismo filosófico, afirmando la unidad dialéctica de lo fisiológico y lo psíquico. En los trabajos de Setchenov y Pavlov, esta teoría de la unidad del espíritu y del cuerpo recibe su prueba irrefutable, basada en las ciencias naturales” (Kochtoyiantz, 1924).

Desde otro lado, Skinner (1939), luego de estudiar el comportamiento de ratones y palomas en experimentos muy concretos, estableció igualmente que cualquier forma de conducta animal, incluida la del hombre, podía explicarse mediante la acción de condicionamientos operantes. Esto fue presentado en sociedad como la nueva “ciencia de la conducta”, aunque luego adquirió forma de psicología en función a las nuevas concepciones de la época. Así fue que, finalmente, en medio de este ambiente, se le cambió a la psicología su histórica definición para adoptar la novedosa forma de “ciencia de la conducta”.

Estas formas de psicología naturalista equiparaban al hombre con los demás animales, en un mundo natural estudiado por una única ciencia que usaba un único enfoque cognoscitivo en el que el ser humano carecía de cualquier prerrogativa. Ni siquiera el hecho de haber generado la ciencia, contaba a su favor. Vygotski llamaba a estas formas “psicología animal” por cuanto su saber lo obtenían a partir de experimentos con animales y pretendían aplicarla a cualquier conducta animal. Esto significó un cambio radical en la concepción de lo que era la psicología porque los hechos a explicar ya no le pertenecían al hombre, no eran propios del hombre como hombre. En la misma época, Vygotsky no se opuso a que pudiera existir una fisiología cerebral ni una tal “ciencia de la conducta”, pero sí lamentó que se confundiera todo esto con psicología, pues consideraba que la psicología era el estudio de los procesos mentales y no de otra cosa:

“La psique, la conciencia y el inconsciente representan no sólo tres cuestiones psicológicas centrales y fundamentales sino que son, en mucho mayor grado, cuestiones metodológicas, es decir, cuestiones relativas a los principios de estructuración de la propia psicología como ciencia… Es sólo a partir de la introducción de estos conceptos cuando se hace posible en todo su sentido la psicología como una ciencia independiente, capaz de unir y coordinar los hechos de la experiencia en un determinado sistema… El destino de nuestra ciencia depende de cómo se resuelva esta cuestión fundamental para ella” (Vygotski, 1930).

Desde luego, Vygotsky era consciente de que tales problemas centrales no estaban al alcance de la ciencia naturalista de la época ni podían resolverse solo experimentalmente, y sospechaba que este enfoque no era el más adecuado o, por lo menos, no el único; y, aunque no se opuso a usarlos, siempre tuvo en claro que era preciso no perder de vista las cuestiones fundamentales de la psicología. Básicamente, estos problemas no debían desaparecer a causa del método.

“Estamos ante una cuestión filosófica que es preciso resolver teóricamente antes de que podamos ocuparnos de explicar hechos concretos” (Vygotski, 1930).

Un viejo dicho reza que quien tiene un martillo ve todo como un clavo. Algo similar ocurrió con el uso del método científico naturalista, ya que generó la convicción de que todo podía ser explicado desde su enfoque. Pronto esta actitud tomó forma ideológica y derivó en el cientificismo como la expresión dominante de nuestra cultura, afectando el desarrollo de todo proyecto cognoscitivo. La ciencia concebida como positiva, empírica, objetiva, mecánica y determinista, basada en leyes universales, se extendió hasta los dominios de la historia, la sociología e incluso, la religión. Y, desde luego, llegó a la psicología.

En realidad, el efecto de las ciencias naturales en la psicología había empezado modestamente mucho antes, en el estudio de meros constructos populares a los que se les aplicó el “método científico”. Un buen ejemplo es el trabajo de uno de los personajes más pintorescos de la historia científica, Sir Francis Galton (1822 – 1911) creador de la “inteligencia” como objeto de estudio. Comprometió en su empresa al estadístico Karl Pearson, cuyo trabajo influyó en su colega Charles Spearman, y al final de todo esto emergió la primera “teoría de la inteligencia” fundada esencialmente en el tratamiento de datos por métodos estadísticos, lo que a la larga constituyó el gran salto de la psicología hacia la racionalidad matemática y su dependencia de la estadística. Simultáneamente, Wilhelm Wundt (1832 – 1920) se devanaba los sesos pensando como crear una nueva forma de psicología, compatible con el moderno enfoque científico del saber. Sus preocupaciones en ese sentido lo llevaron a establecer en 1879 el primer laboratorio destinado al estudio experimental de fenómenos psicológicos, entre ellos la conciencia, pues él nunca dejó de lado los conceptos de mente y cultura. Fue entonces el primer hombre que asumió la cuestión de la mente como un problema científico, aunque su nombre haya pasado a la historia sólo por la eventualidad de haber fundado un laboratorio. Es la única imagen que el cientificismo naturalista rescató de él.

Otro hecho fundamental para el cambio de giro conceptual en la psicología fue la aparición del “Manifiesto Conductista” de Watson (1913), considerada por muchos como el verdadero momento en que la psicología adquiere rango de ciencia. Desde luego, se trataba de una ciencia mecánica, objetiva y empírica, con un modelo cognoscitivo que supone la renuncia del ser humano en la construcción del conocimiento para someterse a los hechos objetivos de la realidad, como simple observador que da cuenta de lo que ocurre. La visión predominante por entonces era que el hombre sería como una placa fotográfica sobre la que se imprime la realidad. El conocimiento llega del mundo exterior y el hombre no hace más que aprenderlo. Se trataba prácticamente de la sustitución del hombre por la realidad. Una realidad concebida como algo en lo que el hombre no interviene en su construcción ni en su comprensión. Una realidad esencialmente plana donde no había más que objetos y animales a los que se les podía considerar igualmente objetos explicados por la física o por la biología que, en última instancia, era también una ciencia física y química. Bajo este tipo de visiones, Watson llega a proponer que la psicología debería convertirse en física, e imitarla en el estudio de los hechos objetivos y nada más. Desaparecieron así los hechos humanos, individuales y sociales, los fenómenos psíquicos y hasta los procesos culturales, y todo quedó reducido a hechos objetivos, que debían ser registrados minuciosamente sin ningún tipo de interpretación, solo registrados hasta descubrir una relación de causalidad que saltaría por sí sola como una liebre acosada por el escrutinio científico. En este caso fue la física la que se tragó a la psicología totalmente. Y siguiendo las tendencias culturales de moda, Watson condenó al destierro todo lo que no pudiera ser explicado desde esta perspectiva. Así que todo lo psíquico o mental fue descartado del escenario científico, es decir, todos los viejos y centrales problemas psicológicos desaparecieron de la visión de la ciencia debido a esta moderna perspectiva; pero no solo fueron abandonados sino que se les estigmatizó, profetizando su desaparición. Se escribieron teorías para demostrar que tales problemas no existían en la realidad. Se relegaba todo el problema de la mente al plano de la mera fantasía popular.

“I believe that ‘consciousness,’ when once it has evaporated to this estate of pure diaphaneity, is on the point of disappearing altogether. It is the name of a nonentity, and has no right to a place among first principles. Those who still cling to it are clinging to a mere echo, the faint rumor left behind by the disappearing ‘soul’ upon the air of philosophy (…) For twenty years past I have mistrusted ‘consciousness’ as an entity; for seven or eight years past I have suggested its non-existence to my students, and tried to give them its pragmatic equivalent in realities of experience. It seems to me that the hour is ripe for it to be openly and universally discarded” (William James, 1904).

Evidentemente, desde el enfoque naturalista adoptado no se podían concebir muchos problemas propios del escenario humano. La única manera de entender este giro tan radical en la concepción de la psicología, a la hora de asumir rango de ciencia, es apelando a tres factores explicativos: por un lado, la carencia definitiva de un concepto cabal y real del ser humano como una especie diferenciada; por otro lado, una noción equivocada del conocimiento científico como aquel se obtiene sin interferencia humana y gracias al método; y por último, la confianza excesiva en un método de investigación de la realidad que, al ser seguido rigurosamente, nos debía ofrecer la verdad. Resulta obvio que equiparar al hombre con los demás animales es incompatible con un conocimiento válido de la realidad, pues esta misma realidad nos informa que el hombre es un ser esencialmente diferente. Sin embargo, había algo que impedía tan elemental comprobación y que sólo puede entenderse como producto de una ceguera cultural, debida a una forma específica de razonamiento, generada bajo un esquema de racionalidad que nos lleva a la convicción de que la realidad es tan sólo exterior, y que seguir un método fundado en la objetividad para descubrirla es el único camino válido. Esto conduce a privilegiar el método experimental, sumidos en el empirismo como modelo. Pero de nada sirve atenerse a un método científico si anteponemos dicho método a la comprensión de la realidad. Es decir, la posesión del método determina la visión de la realidad. De este modo, la realidad se limita a los alcances del método. Lo que no puede ser abordado por el método no cabe en el campo de la ciencia, se le atribuye a la fantasía popular o simplemente es indigno de la ciencia. Así resulta que el científico le impone condiciones a la realidad para ser estudiada. Como consecuencia, la realidad es todo aquello que rodea al hombre mas no lo que ocurre en él como experiencia, ya que en él no puede ocurrir nada más que la impresión de una realidad objetiva que lo afecta con estímulos. Todos los determinantes de la conducta están fuera del hombre, y los refuerzos también. Tenían que estarlo o no eran observables, y ser científico era ocuparse de cosas observadas objetivamente, así que todos los fenómenos cognitivos, conativos y emotivos, simplemente desaparecieron del campo de esta ciencia psicológica que se redujo a una ciencia natural objetiva y empírica de alcances limitados.

Más tarde, cuando el metodologismo empirista fue confrontado epistemológicamente, se deshizo como una telaraña, pues resulta perfectamente factible acogerse a un marco teórico equivocado para producir hipótesis y experimentos cuyos resultados, analizados al amparo de la teoría generadora, puede llevar a conclusiones lógicas que nos hacen creer que la hipótesis es válida. Y esto ocurre a menudo con los constructos psicológicos más usados. Por ejemplo, si partimos de la convicción de que existe algo llamado “personalidad” o “inteligencia”, tanto las hipótesis como los experimentos se originarán en esta misma serie de supuestos teóricos que hacen posible que ellos trabajen mutuamente, negándose o confirmándose, y dejándonos con la creencia de que estamos trabajando en dicha “realidad”. Lógicamente, no se pueden concebir hipótesis ni experimentos que estén fuera de nuestro propio marco teórico de referencia. Es decir, estamos encerrados en nuestro mismo error de perspectiva, aunque seamos todo lo empíricos que sea posible ser. A esto se refería Vygotsky cuando advirtió que primero hay que resolver las cuestiones en un plano filosófico y teórico antes de proceder a explicar hechos concretos. También Popper explicaría más tarde los defectos del empirismo y del objetivismo dejado atrás cuatro siglos de predominio del empirismo. Además, hay que tener presente que siempre actuamos afectados por algún tipo de ceguera cultural provocada por nuestras visiones del mundo, vinculada a nuestro momento histórico, de modo pues que el empirismo por sí solo no es garantía de conocimiento válido si antes no se han resuelto los condicionantes del conocimiento.

De otro lado es preciso entender que el conocimiento fundado en el establecimiento de causas llega a ser bastante sólido y seguro en los escenarios más elementales de la realidad, donde el método científico es muy eficaz, pero esta posibilidad tiende a hacerse más difusa a medida que ascendemos en la escala de complejidad de la realidad. La materia pasa por distintos niveles de complejidad en virtud de su propiedad para establecer enlaces y configurar nuevas formas cada vez más complejas, creando niveles diferenciados donde las formas materiales adquieren nuevas propiedades y se producen fenómenos exclusivos de su nivel de complejidad. Es así como se llega al ser humano y al cerebro humano, un modelo de estructura y organización de la materia que significa la emergencia de novedosas propiedades que son exclusivas de su nivel de complejidad y que no pueden ser explicados desde concepciones formadas en niveles inferiores. Por otro lado, la ciencia como modelo cognoscitivo se basa en una estrategia que va en camino inverso, es decir, va partiendo la materia para llegar a sus fundamentos finales, conocer sus leyes básicas y tratar de explicar con ellas todos los niveles de la realidad. Esta estrategia ha tenido sus limitaciones en el campo de los seres vivos a medida que se sube en la escala de complejidad, pues en cada nivel existen fenómenos propios del nivel que son inexplicables con los principios descubiertos en los niveles inferiores, pues los fenómenos sólo existen en su nivel de complejidad y son irreductibles. Por ejemplo, el equilibrio animal no puede ser explicado por la física o la química fisiológica. Mucho menos podrá serlo la inteligencia. Cuando se llega al nivel del ser humano, su cerebro y sus propiedades, el método natural de interrogación de la realidad es insuficiente, ya no puede ser usado con la misma eficacia de los niveles elementales. Es imposible entender el cerebro y sus propiedades observando una neurona y separando las sustancias presentes en su actividad fisiológica. Esta estrategia cognoscitiva fue establecida por una ciencia mecánica y determinista que asumía los principios generales desarmando las piezas y estableciendo sus relaciones causales. Por estas mismas razones, el empleo del enfoque naturalista no le ha proporcionado mayor consistencia a la psicología sino mayores limitaciones, ya que ni siquiera se ha atendido a las peculiaridades del hombre como organismo complejo de tipo cognitivo, ya que esa es su diferenciación fundamental. No en vano han transcurrido millones de años de evolución para generar un cerebro tremendamente eficiente y exclusivo del hombre. Por otro lado, tampoco podemos fundar todo nuestro saber en experimentos, ya que no siempre esto es factible. No podemos, por ejemplo, elegir un bebe y privarlo de información cultural para descubrir las consecuencias. No podemos abandonar a una pareja de amigos en una isla desierta con limitados recursos para saber si sus vínculos se reforzarán o se diluirán. La investigación de fenómenos humanos como el mobbing o acoso laboral y otros, no permiten manipulaciones. Son realidades que requieren distintos enfoques. El mismo fenómeno del aprendizaje no puede ser estudiado exclusivamente desde un enfoque naturalista, como lo han demostrado Piaget, Bruner y Vygotski, cuyos estudios han remarcado la importancia de los escenarios culturales.

Pero en el momento histórico en que se concibió a la psicología como ciencia, predominaba la idea de que el conocimiento del hombre sólo podía obtenerse mediante una observación exterior rigurosa y objetiva, y que el hombre carecía de cualquier naturaleza especial. Estas creencias llegaron a calar con tal fuerza que le haría decir a Watson algo tan insulso como esto:

“Denme una docena de infantes sanos, bien formados, y un mundo especial para criarlos. Les garantizo que tomaré a uno de ellos por azar y lo entrenaré para que se convierta en el tipo de especialista que yo elija: médico, abogado, artista, comerciante y, claro, hasta limosnero y ladrón, sin que importen sus cualidades ni sus inclinaciones, como tampoco sus tendencias, sus capacidades, su vocación ni la raza de sus antepasados” (Watson, 1924).

En suma, la psicología pagó un precio muy alto para convertirse en ciencia, ya que le significó la pérdida de su objeto inicial de estudio y el cambio de su perspectiva histórica. Puede decirse que el hombre fue sacrificado en aras del método. Pero también lo fue la psicología, pues luego de estar por muchos siglos al nivel de la filosofía pasó a ser una técnica rudimentaria de registro y comprobación, bajo la creencia de que la “verdad” estaba en los datos que se recogían como manzanas desde una realidad objetiva exterior; y que, gracias al empleo de técnicas estadísticas, nos revelarán si hay o no causalidad y ley. El enfoque naturalista fundado en la verdad del hecho, confundió el hecho natural con el hecho social humano. Si bien un hecho natural puede verse como una verdad en sí misma ¿cómo podemos asumir que una conducta humana es una verdad? Hay una diferencia fundamental entre ambos hechos. Todos sabemos que no se puede confiar enteramente en la conducta humana. Y es que hay una diferencia fundamental en la conducta que la diferencia de cualquier hecho natural y es su intención. Comprender esto debería bastar para dejar de lado el enfoque naturalista, objetivista y mecánico del conductismo.

Si bien, a la luz de un análisis histórico, resultaba inevitable que la psicología abrazara el método científico naturalista como modelo, en general, este método resultó un aporte muy pobre para la construcción de conocimientos psicológicos. Su valor puede fundarse en el hecho de que resultó decisivo para escapar del idealismo y el espiritualismo heredados de la psicología escolástica. Pero en cambio su aporte fue nefasto en el hecho de cambiar el objeto de la psicología hacia la mera conducta observable, abandonando todos los aspectos cognitivos, conativos, emotivos y culturales, lo cual generó la gran crisis de la psicología del siglo XX. A la larga, todos estos aspectos humanos tuvieron que ser recuperados por la psicología y restablecido su real objeto de estudio en los procesos cognitivos, antes que en cualquier otra cosa. Las razones de que una forma de psicología se impusiera en determinado período de la historia, hay que buscarlas en las circunstancias que rodearon tal hecho. Existían otros enfoques que no tuvieron la misma suerte por esas mismas circunstancias históricas. La perspectiva que se presentaba como alternativa fue la que se emprendió con los trabajos de la Psicología de la Gestalt, iniciados en Alemania con Max Wertheimer (1880-1943), Wolfgang Köhler (1887 – 1967) y Kurt Koffka (1887-1941), quienes desarrollaron el programa de investigación de la Gestalt a principios de la década de 1910, pero que lamentablemente se vio interrumpido por la aventura bélica en la que Alemania se involucró. Los tres propulsores de esta psicología tuvieron que emigrar y murieron fuera de Alemania, los dos primeros en EEUU y el último en Inglaterra. La primera mitad del siglo XX estuvo marcada por las dos guerras mundiales que devastaron Europa y trastocaron toda su actividad científica y cultural, dejando a los EEUU en el predominio exclusivo en estos campos.

Lo deseable sería establecer cuáles fueron los aportes positivos del naturalismo a la psicología como ciencia, pero también señalar cuáles fueron sus limitaciones y peligros. Creemos que dicho modelo no proporciona ni los métodos ni los enfoques necesarios para llegar a la comprensión y explicación cabal de los fenómenos humanos. Por lo tanto, intentamos definir el escenario en el que los métodos naturalistas constituyen un aliado esencial pero también señalar los campos en el que se precisan mayores enfoques, y además las desviaciones que se producen al no intentar abrir nuevas perspectivas cognoscitivas y enfrascarse en un modelo agotado.

Por ejemplo, gran parte de la psicología quedó hasta hoy dedicada a la tarea casi exclusiva de buscar y probar sus hallazgos mediante el empleo del método científico natural, de tipo cuantitativo estadístico-inferencial. Muchas revistas de psicología se consagran hoy a las “investigaciones empíricas” basadas en análisis estadísticos de datos no extraídos sino fabricados con algún tipo de instrumento curioso, cuya validez se sustenta también estadísticamente pero cuyos fundamentos ónticos son dudosos y sus referentes culturales, descuidados. Se trata de un despliegue de técnica aplicada en un microcosmos concreto donde se supone que se evalúan exclusivamente ciertas variables humanas misteriosamente aisladas, con el fin de hallar una causalidad lineal determinada por la fórmula. Semejante contexto de investigación produjo a larga una gran cantidad de estudios insulsos de muy dudosa factura y nula utilidad, que motivaron diversas reacciones negativas, al punto en que la APA se vio obligada a conformar una comisión especial encargada de revisar esta situación en 1996 (Task Force on Statistical Inference). El informe final salió a la luz en 1999 y, aunque no llegó a prohibir el empleo de tales metodologías estadísticas -como muchos críticos esperaban-, ofreció una serie de recomendaciones puntuales en las formas y enfoques de llevarlas a cabo. Entre sus recomendaciones finales puede leerse: “Good theories and intelligent interpretation advance a discipline more than rigid methodological orthodoxy (…) Statistical methods should guide and discipline our thinking but should not determine it”.


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Para citar este artículo:

  • Bobadilla, L. D. (2010, 10 de febrero). Un estudio de los cambios conceptuales en la psicología. Revista PsicologiaCientifica.com, 12(4). Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/cambios-conceptuales-en-psicologia


5 Comentarios para “Un estudio de los cambios conceptuales en la psicología

  1. Mercedes Véliz

    Bobadilla hace una revisión tomando en cuenta diferentes concepciones a través de la historia de la psicología.

  2. Fernando Cordova Freyre

    Indudablemente, la concepciónn conductista de Watson y Skiiner influyeron en la aparicion de escuelas con un enfoque más “mentalista”, sin desprestigiar este concepto. Estoy plenamente de acuerdo que el enfoque de los temas u objetos de la psicología se deben abordar desde una perspectiva integral.

  3. Mario Hails

    El profesor Bobadilla Ramírez con didáctica resume e hilvana muy bien muchos conceptos que suelen pensarse en forma individual y que, en conjunto, adquieren solidez. La psicología es quizás la disciplina que más ha sufrido la marginación del conocimiento aceptado como válido por la comunidad científica dominante. Es acertado decir que el triunfo de la física y la química y el impacto darwiniano fortalecen el modelo cognoscitivo propio de las ciencias naturales. Son fenómenos sociales que escapan a las razones individuales. En el caso particular de la psicología influyen en su aislamiento las dificultades en encontrar un marco teórico adecuado que admita la explicación de los fenómenos que le atañen, no en forma aislada sino, como parte de un todo, es decir, entender la psiquis en un modelo universal. En esto Vygotski se expide con meridiana claridad: “Estamos ante una cuestión filosófica que es preciso resolver teóricamente antes de que podamos ocuparnos de explicar hechos concretos”

  4. DEYSEY JANETH BUSTAMANTE MORI

    Bueno, la lectura nos dice que la psicología como ciencia ha sufrido mucho, esperemos que en el futuro no pase esto. Una cosa es segura, la psicología como ciencia puede variar sus conceptos pero el hombre nunca dejará de ser estudiado por el hombre.

  5. Yrene Elizabeth Gallo Castillo

    Atrae mucho mi atención los estudios que hizo Skinner con perros y palomas ya que todo lo que el pudo observar y aprender dio definición a la Psicología como la “Ciencia de la Conducta”.
    Si bien es cierto que la psicología ha dado muchos cambios durante la historia pero a mi parecer todo ha sido para mejora , ya que en la actualidad la psicología tiene en cuenta el estudio mental y de la conducta de acuerdo al entorno del ser humano.

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