Para citar este artículo: ________________________
Bobadilla Ramírez, L. D.
(2010, 27 de diciembre). Mitos y realidades en torno al conductismo. Revista PsicologiaCientifica.com, 12(41).
Disponible en: http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-472-1-mitos-y-realidades-en-torno-al-conductismo.html ________________________
Introducción
Se ha escrito mucho acerca del conductismo, tanto que lo escrito en torno al conductismo supera ampliamente a las producciones mismas del tema. Aunque esto parece ser natural, y hasta puede que así sea en todo, lo que no es natural es que una buena parte de esos escritos sean críticas y rechazos al conductismo. Como consecuencia, sus seguidores se han atrincherado en una fanática posición defensiva, rodeándose de diversos mitos que alteran la realidad en torno al origen, significado y aportes del conductismo. Una revisión de los documentos expuestos en la web, confirma que la gran mayoría de ellos adolece de graves defectos en cuanto a la veracidad de sus afirmaciones, pues aunque pretendan ser neutrales, han acabado siguiendo algunos de estos mitos. Los historiadores y estudiosos del conductismo tampoco están libres de culpa, pues siempre andan tratando de hallar razones filosóficas, precedentes intelectuales, antecedentes ideológicos y explicaciones racionales; un recurso que está guiado más por el lucimiento personal que por la verdad. Novelar los hechos históricos envolviéndolos con un aura de racionalidad, es un defecto muy típico del intelectualismo. Los hechos de la vida rara vez ocurren de una manera racional, en especial los socioculturales. Al contrario, son resultado de emociones, carencias, frustraciones, intereses, malos entendidos, y otras causas muy alejadas de la racionalidad; aun cuando eventualmente acaben expresadas en una justificación razonada, como una proclama o una Constitución. En la historia siempre ha ocurrido que los sucesos caóticos anteceden a las más bellas teorías sociales. Nada de esto fue ajeno al conductismo. Sin embargo, sus estudiosos y seguidores incrementaron la mitología del conductismo a niveles babilónicos. Se dice, por ejemplo, que el conductismo se inició con la proclama de Watson, que este se basó en la obra de Pavlov, que el inicio del conductismo es la teoría de Darwin o la filosofía de Mach, que el conductismo contribuyó a la comprensión del aprendizaje humano, y muchas otras cosas completamente falsas. A continuación demostraremos que los orígenes del conductismo no están en Bacon, ni en Mach, ni en Darwin, ni en Pavlov, y ni siquiera en Watson. Hay una gran distancia entre la "historia oficial" que se escribe para el público y la verdad histórica. Aunque las generaciones actuales ya han incorporado todos esos mitos en sus creencias y hoy lo enseñan así. En este artículo iremos al escenario natural donde se forjó el conductismo, en busca de sus orígenes reales. Luego veremos que el conductismo psicológico no fue más que un malentendido de la historia. Todas las citas que presentaré a continuación son traducciones propias.
El ambiente cultural del conductismo
Para empezar, debemos establecer cómo era el ambiente cultural de los EEUU cuando llega la psicología. ¿Qué había? ¿Sobre qué bases culturales se instala la moderna psicología? ¿Había un buen terreno en donde fundar los cimientos de la psicología científica europea? ¿Había ciencia, siquiera? ¿Quién o quiénes fueron los artífices de este proyecto? Esto es lo primero que debemos analizar. Aunque muchos llaman a William James, "el padre de la psicología americana", lo cierto es que el verdadero padre de la criatura fue Granville Stanley Hall, oficialmente el primer PhD en Psicología de América. Viajó a Alemania para estudiar a lado de Wundt, de regreso instaló en 1886 el primer laboratorio de psicología en América. En 1889 fundó la primera revista de Psicología, luego fundó la APA, siendo su primer presidente en 1892. Además, fue el formador de la primera generación de psicólogos americanos, entre los que se hallaban Cattell, Terman, Dewey, Sanford, Jastrow y otros. Pero antes de viajar a Europa estudió en la Union Theological Seminary. A su regreso de Alemania en 1871, volvió al seminario de teología, donde recibió el grado de Bachelor of Divinity. Años después fundaría la Revista de Psicología Teológica (1904).
Este último dato no es irrelevante. El defecto de muchos intelectuales que estudian cosas como el conductismo, es irse a buscar orígenes en los filósofos o científicos precedentes, pasando por alto montañas de evidencias. Nunca se ocupan de la cultura, como si Watson, por ejemplo, no hubiera surgido en un barrio de clase media, en una sociedad dominada por nociones religiosas y cierto tipo de tradiciones que orientan la percepción del mundo y de la vida, con una madre, padre o un tutor que ejercieron sus influencias moldeadoras para formar su carácter y mentalidad, y con determinadas aficiones personales, conexiones políticas y comerciales que dirigieron sus intereses y decisiones, etc. Todos estos aspectos fundamentales en la vida de cualquier persona, pasan totalmente desapercibidos para ir a especular con antecedentes intelectuales, citando autores que jamás fueron leídos por los actores. Este es el error clásico del intelectualismo analítico y el origen de los mitos.
Algunos historiadores de la psicología americana mencionan a varios autores que habrían sido parte de lo que llaman "la literatura psicológica norteamericana"; aunque admiten que la gran mayoría de ellos fueron enteramente desconocidos, incluso para el propio W. James. La mayoría de tales autores fueron básicamente teólogos puritanos que escribieron sobre tópicos clásicos como la moral, la pasión, la naturaleza humana, la libertad y la voluntad, pero desde enfoques religiosos. Lo que hubo antes de la llegada de la psicología y la ciencia fue una "psicología teológica", a cargo de pastores, muy distinta de la ciencia psicológica desarrollada en Europa desde principios del siglo XIX. Valdría la pena comparar ambos ambientes, pero eso va más allá de los alcances de este artículo. Al menos es necesario precisar que la psicología en Europa, hacía mucho tiempo que había roto con la psicología escolástica, de modo que sus nociones estaban muy alejadas de las concepciones religiosas que aun prevalecían en América. En los EEUU aún estaba por empezar el enfrentamiento con las nociones religiosas, y esto sería parte central del trabajo conductista y su razón de ser. Tenían pues un retraso de un siglo con la psicología europea. Por ello no es irrelevante el hecho de que G. Stanley Hall, así como otros forjadores de la psicología norteamericana, haya estudiado teología y fundado una revista de psicología religiosa, ya en pleno siglo XX. Hubo también muchos clérigos llamados a enseñar psicología.
Si analizamos las producciones psicológicas en los EEUU durante el siglo XIX, lo más cercano a lo que pudiera considerarse una psicología de corte científico, fueron los escritos del médico George Miller Beard (1839-1883), quien abordó diversos síntomas mentales, como la falta de atención, la irritabilidad, el miedo, etc. Luego queda apenas la obra de William James Principios de Psicología (1890). Ese era pues el paupérrimo panorama que exhibía la psicología norteamericana en los inicios del siglo XX. Algunos historiadores incluyen la obra filosófica de J. Dewey (1896) El concepto de arco reflejo en psicología. Hubo también, desde luego, varios libros de texto preparados en las novedosas cátedras de psicología que aparecieron en la última década del siglo XIX, pero que eran básicamente irrelevantes. Por ejemplo, la obra inconclusa de E. C. Sanford (1891) Laboratory Course in Physiological Psychology. La primera obra del siglo XX fue el Manual de Psicología Experimental, de Edward B. Titchener, que ordenó y orientó la experimentación con animales, tarea que ya se había convertido en la ocupación predominante de los psicólogos norteamericanos. Esto es algo que debemos remarcar desde ahora: la tarea casi exclusiva de los psicólogos americanos era la experimentación con animales, como consecuencia de la influencia directa que tuvo el naturalismo inglés y, especialmente, la biología, de donde copiaron todo su modelo científico y académico. Lo más importante que ocurrió en los EEUU al concluir el siglo XIX, fue la instalación de diversos laboratorios experimentales, todas ellas dedicadas a experimentar con animales, incluyendo los psicólogos, pues eran parte de la misma Facultad de Filosofía y Ciencias. Esto sería, a la larga, uno de los factores determinantes para que la psicología americana adoptara el formato del conductismo como un hecho inevitable. Pero hubo todavía otros factores más allá de los muros universitarios, como la influencia del trasfondo religioso y pragmático de su sociedad que afectaron de diversas maneras la edificación de la psicología en América. En realidad, pocas veces se ha prestado atención a la gran influencia de la religión y la filosofía religiosa.
"El período de cinco años que corre entre 1887 y 1892, se distingue
por el desarrollo de laboratorios de psicología en los Estados Unidos.
Para rendir un tributo a esos primeros trabajos, debemos prestar
atención a James McCoch, clérigo presbiteriano de Escocia, y Presidente
del Colegio Presbiteriano, quien promovió en Princeton el estudio de la
evolución orgánica y la psicología fisiológica. George Trumbull Ladd,
clérigo también, fue llamado a Yale como profesor de filosofía en 1881
y desarrolló tres cursos en psicología fisiológica, logrando publicar
en 1887 'Apuntes sobre psicología fisiológica'. Con James y Hall, ellos
comparten el honor de haber liderado el desarrollo de la psicología en
América" Cattell (1928).
Todo esto ocurría en una sociedad caracterizada por su pragmatismo y su religiosidad. Por un lado, la filosofía teológica puritana había predicado mucho en tópicos que se asumieron como psicología, en particular sobre el "alma humana". Por otro lado, los norteamericanos creían fervientemente que todas las ideas deben acabar convertidas en hechos, y que las disciplinas, todas, incluyendo la filosofía, tienen que estar orientadas hacia el servicio de la sociedad y al cambio social. Este era el pensamiento derivado de lo que los historiadores de EEUU llaman el "movimiento por el Progreso", que guió a la sociedad americana desde la llegada de los primeros colonos hacia la construcción de la "Nación de Dios" (Johnson, 2002). La ideología social norteamericana se fundaba en el pragmatismo efectista, en el cambio social y en la fe. Cuando las primeras ciencias sociales empiezan a emerger en Norteamérica a fines del siglo XIX, lo hacen sobre ese trasfondo cultural. Esto les dio un característico y típico formato conductista. Es decir, todas las ciencias sociales adoptaron alguna forma de conductismo, caracterizada por una predisposición hacía la búsqueda de resultados inmediatos y al servicio social directo (Mills, 2000).
Para tener una idea más clara, revisemos algunos autores representativos de la época, y notemos su similitud con el conductismo psicológico. Edward Cary Hayes (1868-1928), sociólogo de la Universidad de Chicago y previamente pastor en Augusta (Maine), insistía en que la sociología debía limitarse al estudio del hecho social (en lugar de los estados o condiciones subyacentes al fenómeno), y al estudio de las relaciones funcionales entre las variables dependientes y antecedentes. Tales estudios sólo podían ser efectivos si se cuantificaban las variables en cuestión. Luther Lee Bernard (1881-1951) publicó, en 1919, un artículo muy similar al manifiesto de Watson, donde insistía en que la sociología debería ser el estudio de regularidades estadísticas en el comportamiento, tal que puedan servir para predecir, controlar y proponer acciones sociales. Sus ideas tendían a establecer que las investigaciones deberían despersonalizarse para evitar la influencia del investigador y dejar que sea el método el que actúe, rechazando además todo trasfondo teórico o filosófico. La mayor virtud del investigador sería conocer y manejar bien el método. Ya para 1911 había publicado su libro: La transición hacia un estándar objetivo de control social. Leamos algunas de sus ideas, que son precedentes claros de Watson y Skinner.
"Puesto que la sociología estudia los procesos de ajuste
coadaptativo, debe buscar sus datos en donde estén. Esto a menudo nos
lleva más allá de los límites de la economía, la política, la religión,
la psicología y la biología... La sociología debe esforzarse en hacer
un contacto más cercano y realista entre la teoría y la vida. No tengo
paciencia con esa timidez intelectual, a veces llamada actitud de
'torre de marfil'… Las conclusiones teóricas no deben estar afectadas
por una ecuación personal. La investigación debe ser lo más
independiente que sea posible, y apegada al método tanto como sea
factible; pero esto no debe eliminar la responsabilidad de orientar el
trabajo a la solución de los problemas sociales. Al igual que en la
política, el sociólogo debe considerarse al servicio de la sociedad y
emplear sus conocimientos para los intereses de la sociedad" (Bernard,
1911).
En otro campo, Mary Parker Follet (1868-1933) dictó los principios de la psicología como ciencia social, influyendo también en la administración, con la tesis de que era "el arte de lograr que se hagan ciertas cosas a través de las personas". George Elton Mayo (1980-1949), un psicólogo poco reconocido, desarrolló entre 1926 y 1947, estudios sobre el comportamiento laboral en gigantescas compañías como la Western Electric Company, que ya para entonces tenía más de 30,000 empleados. Un antecedente directo de este trabajo fueron los famosos planteamientos de Frederick Winslow Taylor (1865-1915) en el control de la conducta laboral con el objetivo de lograr mayor eficiencia, lo que dio luego origen a la ingeniería organizacional, un equivalente remoto de la "ingeniería conductual" que hoy intentan vendernos como novedad. Como se puede apreciar en todos estos ejemplos (que no son todos), el conductismo era ya, en muchas formas, una realidad y una manera de pensar culturalmente establecida en los EEUU. Así lo expresa el historiador John A. Mills, al afirmar que el conductismo no se desarrolló dentro de la psicología sino en el gran entorno cultural de la sociedad americana.
En Europa, en cambio, el pensamiento social era completamente diferente. Hubo siempre una clara conciencia de la separación existente entre ciencia y tecnología. La ciencia era un fenómeno reciente, y estaba íntimamente vinculada a la filosofía, pues se trataba de un esfuerzo por obtener conocimientos y ampliar la comprensión del mundo. Por otro lado, la tecnología era una tarea milenaria, que se desarrolló siempre en conexión con los procesos productivos y otros tipos de necesidades sociales concretas, como la guerra. Gracias a estos esfuerzos tecnológicos se generaron, desde la antigüedad, la ingeniería y la artesanía, como tareas aplicativas ocupadas de atender los requerimientos sociales. Contrariamente a esto, en Norteamérica acogieron a la ciencia como un insumo más para su tecnología social, rechazando el conocimiento puro, teórico y hasta la filosofía. Privilegiaron la metodología colocándola en el primer lugar de su enfoque científico y se supeditaron a ella. Lo único que guiaba sus esfuerzos en la ciencia, era la búsqueda obsesiva del éxito en la tarea de lograr cambios sociales o de servir a los actos sociales en la construcción de su nación.
Ahora volvamos a la psicología y hagamos un breve recuento de lo que era esta a inicios del siglo XX; por un lado, tenemos que en los hechos era una pura experimentación en animales pero, por otro, en la teoría pretendía ser, como la psicología europea, el estudio de la conciencia (aunque el concepto norteamericano de conciencia era diferente). Es decir, había una brecha enorme entre la práctica y la teoría, pues su trabajo experimental era esencialmente una forma de biología, y su teoría, una forma de filosofía con arraigo en la teología. Detrás de todo estuvo siempre la añeja tradición de una psicología teológica cuyos conceptos seguían mezclados en la disciplina. Así, la psicología norteamericana vivía un escenario particularmente trastornado que derivó en desencuentros y debates.
No fue nada extraño que los psicólogos se preguntaran qué objeto tenía la experimentación en animales, cómo deducir estados de conciencia, cuándo y cómo se podría ofrecer un servicio directo a la sociedad. Lentamente se fueron generando al menos dos corrientes en la psicología: los que deseaban ingresar al campo central de la psicología para estudiar la conciencia (los filosóficos), y quienes deseaban emplear los datos de la observación de la conducta de animales, en algo útil y directo sin ir más allá (los conductistas). Boring (1929) y otros autores de la misma época coinciden en la percepción de que el conductismo fue creciendo en la forma de un movimiento, pues parecía que luchaban contra algo. Ese algo eran los conceptos teológicos que les servían de fondo. Dentro de esos conceptos se hallaba el de "conciencia", asumida como el "alma inmortal e inmaterial". El máximo exponente de la psicología norteamericana, William James, también lo expresó así:
"Creo que la 'conciencia'… está a punto de desaparecer por completo.
Es el nombre de la nada y no tiene derecho a tener un lugar entre los
principios básicos (de la psicología). Los que todavía se aferran a
ella se aferran a un mero eco, al leve rumor dejado por la desaparición
del 'alma' en el aire de la filosofía. Durante el año pasado, he leído
algunos artículos cuyos autores estaban a punto de abandonar la noción
de 'conciencia' y sustituirla por otra en que la experiencia ya no se
basaba en dos factores. Pero no se animaban a ser tan radicales ni se
atrevían a ser tajantes en su negación (de la conciencia). Durante los
últimos veinte años he dudado de la conciencia y en los últimos siete
años les he planteado su inexistencia a mis alumnos, tratando de darles
un equivalente pragmático en la realidad de la experiencia misma. Me
parece que ya ha llegado la hora de que la conciencia sea totalmente
descartada" (James, 1904).
Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:
Jose Ivan Tabares Velasquez: Empieza muy bien pero termina siendo muy sesgado. Obvia datos importantes y cambia lo que es realmente el conductismo por una percepción desinformada de él.
Jose I. Tabares: Profesor Bobadilla.
Por una parte, quiero felicitarlo por la primera parte de su artículo. Sin duda alguna, refleja un trabajo de investigación histórica bastante riguroso. Es interesante leer sobre ese contexto socio histórico local de la emergencia del pensamiento conductista en Norteamérica, y los datos biográficos de Watson revisten también interés. De todas formas es importante aclarar que ese es el interés que hoy en día reviste Watson para el conductismo: un interés meramente histórico. Tampoco hoy, ningún conductista sabría qué hacer con los datos de Watson.
Por otro lado, la segunda parte de su artículo me parece bastante pobre. Creí que sería un artículo que realmente hablara sobre los mitos y las realidades del conductismo, pero no veo rastro alguno sobre los hallazgos del análisis del comportamiento, ni sobre el conductismo como filosofía. En vez de ello veo una crítica anacrónica, desfasada en el tiempo, que toma como referentes del pensamiento conductista a Watson y a Kantor ..
Es triste ver como se siguen haciendo las mismas críticas de hace más de 50 años a una ciencia que ha avanzado fuertemente en el estudio científico de lo que hacen las personas (y los demás organismos). Es difícil encontrar un cognitivista que entienda el conductismo antes de criticarlo. Ha criticado fervientemente a Skinner por ejemplo, pero no veo cita alguna de alguna de sus publicaciones. Hacer eso no es recomendable, da pie para suponer que usted no ha leído ninguna.
El artículo termina siendo un reflejo de una pobre documentación sobre el conductismo y la filosofía de la ciencia. Todavía se sigue pidiendo al conductismo que acepte la existencia de entidades internas independientes a la conducta que la expliquen. Una ciencia de la conducta jamás será una ciencia mientras siga persiguiendo entidades o mecanismo internos "creadores" de la conducta (la mente o el cerebro), así como la biología evolutiva no pudo avanzar mientras trato de explicar el origen de los organismos por medio de un creador, un "impulso vital" o un agente. Como Skinner señalo en su momento, el pensamiento creacionista sigue dominando áreas de la ciencia.
Repito que su artículo tiene un comienzo bastante interesante. Infortunadamente, la segunda parte de su artículo fue todo lo contrario: una crítica pobre, reincidente en antiquísimas cuestiones y por tanto, obsoleta.
Es importante leer (y entender) lo que existe actualmente en una ciencia antes de arremeter en su contra.
Saludos.
juana Valera: Un excelente análisis y bien documentado del origen del conductismo. Nunca había leido un estudio tan objetivo y claro.
Rosario Suárez Ardila: Dr. De nuevo felicitaciones por sus nuevos aportes a la ciencia que elegimos, es fundamental que podamos redefinir nuestras bases ontologícas y epistemicas.