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El análisis de contenido en la técnica de Rorschach
Armando Alonso Álvarez
Excepcionalmente, alguna respuesta pudiera no ubicarse en estas categorías, por lo que habría que colocar su símbolo o palabra completa.
Existen tantas clasificaciones posibles para el contenido de las respuestas a las manchas de Rorschach que la clasificación del contenido puede resultar sumamente compleja. A nuestro juicio, lo más importante es respetar las categorías en las cuales hay concordancia, y dejar a la libertad del rorschachista su propio código, siempre y cuando, le permita arribar a hipótesis a partir del mismo. También deben codificarse todos los contenidos presentes en una respuesta, colocando en primer lugar el principal, y separados con comas los restantes. Sea una u otra la simbología utilizada, se califica cada respuesta atendiendo a las cuatro categorías mencionadas y se realiza el cómputo final de las mismas, lo que se registra en el modelo denominado Psicograma. En cuanto al contenido, se tabula cada uno. Las investigaciones realizadas en muestras y en poblaciones de diversos países y épocas brindan determinada frecuencia esperada en los contenidos (Rorschach, 1967; Vaz, 1997; Parisi, Pes y colbs, 2000). Se espera que predominen los contenidos de animales; de un 35 a un 50% del total de respuestas, de un 10 a un 20% de contenido humano, que exista de 1 a 2 respuestas anatómicas y sexuales, en un protocolo de productividad normal. El contenido animal es el más frecuente en todos los protocolos, sobre todo en los niños, por eso un por ciento mayor de 50% indica inmadurez e infantilismo en la persona adulta. También un 50% de contenido animal es interpretado habitualmente como expresión de baja inteligencia, presencia de estereotipia en el pensamiento y existencia de ansiedad. También pudiera indicar distanciamiento social, cuando existen pocas respuestas humanas. Los resultados empíricos con relación al contenido humano, lo sitúa entre el 10 y el 20% de los contenidos dados. Esta cifra es indicadora de contacto interpersonal, de empatía con los seres humanos, aunque es necesario ver qué cualidades y necesidades se le atribuyen. Un bajo porcentaje señala el aislamiento social, la falta de empatía, desinterés por las personas. También las respuestas parahumanas (H) indican conflictos en esta área. Otros contenidos pueden estar presentes. Se ha comprobado que el material evoca respuestas de contenido anatómico, sexual. En el caso de las respuestas anatómicas, cuando el número es de tres o más en un protocolo de extensión normal, pudiera significar preocupación por la salud personal o de personas bien cercanas, o bien vínculo profesional con esa temática. Otros autores también la asocian a la ostentación y a la defensa intelectual (Cimbleris y Leite, 2001). En nuestra experiencia, las respuestas de vísceras la hemos encontrado en sujetos psicóticos y psicópatas. En el caso de las respuestas de contenido sexual, su ausencia no necesariamente evidencia dificultades en relación al sexo, ya que ese tema no se aborda con naturalidad en muchas personas, a no ser que existan otros elementos que orienten en esa dirección (Benavides, 1987). Pueden aparecer, una o dos, en un protocolo de extensión promedio, pero hay que tener en cuenta otros indicadores, desde la forma en que lo verbalizó, donde lo vio y si está bien visto, etc. Si existen tres o más, a nuestro juicio, traducen dificultades y conflictos en esta área. También aparecen contenidos diversos. Su interpretación se realiza tomando en cuenta su valor absoluto, a partir de la existencia de un protocolo normal (entre 15 y 30 respuestas). Así, por ejemplo, la presencia de dos respuestas de sangre puede estar sugiriendo impulsividad, trastornos afectivos. Según el autor, la categoría objeto merece una especial atención. En función del tipo de objeto, se revelan preocupaciones y necesidades diferentes, por lo que optamos por indicar siempre su nombre. Por eso, la categoría objeto, aunque no muy frecuente, debe ser recogida escribiendo el nombre específico, pues tiene un mayor valor diagnóstico. No es lo mismo percibir un juguete que un arma. Existen interpretaciones para contenidos menos frecuentes y que no son abundantes en los protocolos, como naturaleza, máscara, mapas, arquitectura, etc., por lo que preferimos obviar su significado en este artículo. Nos parece oportuno como señala Alcock (1963), hacer un balance en el protocolo de los contenidos positivos, integradores, armoniosos, versus a los negativos, desintegradores, no armoniosos, como expresión del ajuste, equilibrio o salud de la persona. Hemos destacado fundamentalmente el sentido psicológico que tienen determinados contenidos, pero también la aparición de algunos se ven con frecuencia en algunas patologías. Así, por ejemplo, contenidos improbables, como ser que suelta luces y energía, muerto saliendo de la tumba, células pudriéndose, etc., son frecuentes en las psicosis. También existe otra aproximación cuantitativa del contenido, que atiende no al valor absoluto o porcentual de la categoría, sino a la relación que se establece entre las mismas. La siguiente fórmula o relación entre factores nos habla de cuan variados son los contenidos, como expresión de la variedad de intereses, experiencias o riqueza espiritual del sujeto. Tenemos: ( H + A + Anat + Sex / R) x 100 Donde sumamos la cantidad de respuestas en esos contenidos y se divide entre el número total de respuestas (R) y se multiplica por 100. Este valor no debe exceder de 75%, de manera que el sujeto tenga 25% o más de sus respuestas en otros contenidos, como expresión de variados intereses. Claro, es de esperar que el porcentaje de A y de H esté en la cifra normal esperada. La evaluación cuantitativa de estas categorías usuales de clasificación sirve como medida con respecto a la amplitud o estrechez de los intereses del sujeto, expresados en su elección de contenidos. El discurso del sujeto siempre tiene un carácter personal. Es evidente si el sujeto presenta una mayor cantidad y variedad de contenidos, si es capaz de asociarlos de una manera más rápida, si los organiza entre sí, si logra un mayor nivel de especificación y elaboración de los mismos, por citar sólo algunas variables, estamos en presencia de una persona que muestra una capacidad intelectual adecuada. De hecho, esta ejecución es una muestra de lo que se manifiesta en la vida cotidiana, como expresión de sus capacidades, del sentido personal que tiene las tareas intelectuales. Pero, al mismo tiempo, el pensamiento expresa el mundo de las necesidades, emociones, conflictos. Así, un sujeto preocupado por su salud, tenderá a "ver" respuestas anatómicas, radiografías; una persona muy bajita, colocará sombreros o plumas en la cabeza a las figuras humanas interpretadas, como expresión de su conflicto. Un contenido de amplia extensión generalmente se acompaña a una buena inteligencia; la concentración de clasificaciones con contenido animal y pocas categorías diferentes acompaña a una inteligencia mediocre o defectuosa (Klopfer y Davidson, 1969). Es válido aclarar que aumentan con el nivel cultural y no propiamente con el nivel intelectual, aunque en general hay una interrelación entre ambos. Resultan interesantes los criterios de Coelho (2002) y de Benavides (1987) al considerar que los intereses de los sujetos se pueden reunir en tres grandes grupos: a. Aquellos que tienen un carácter más afectivo: animal, humano, anatómico, alimento, fuego, sexo, sangre b. Los más vagos y superficiales: botánica, geografía, mapa, naturaleza, nubes, objetos y vestimenta. c. Aquellos más diferenciados, que implican conocimientos, siendo de carácter más intelectual: arte, arquitectura, ciencia, abstracción, referencia religiosa, etc.
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