Introducción
El presente trabajo comprende dos partes. En la primera, se describe la panorámica general en la que cohabitan los jóvenes y adolescentes de nuestro país, y que ayudará a comprender la problemática del delito y la violencia juvenil. Al mismo tiempo, se revisan investigaciones y aproximaciones teóricas que sobre el particular se han efectuado a nivel local e internacional y que sirven de marco de referencia y para la discusión de los hallazgos encontrados en el estudio. En la segunda parte se presentan los resultados de un estudio de campo realizado, la discusión, conclusión y recomendaciones finales.
Conceptos operacionales
Para fines del presente estudio, se adopta la definición operacional de jóvenes para todas aquellas personas con edades entre los 12 y los 35 años. Se incluye tanto al grupo etario que comúnmente se le denomina "adolescentes", es decir, individuos situados entre los 12-18 años caracterizados por la búsqueda de identidad , así como también a los que comúnmente se les llama "jóvenes", de los 19 a 35 años de edad. La Ley de Juventud vigente en República Dominicana establece como intervalo desde los 15 hasta los 35 años de edad, a la etapa juvenil. Para el estudio de campo se escogió la muestra desde los 12 hasta la edad de 30 años cumplidos.
El término pandilla, banda o nación, en ocasiones, se presta a confusión y controversia por su indebida igualación con las organizaciones del crimen organizado. Aquí, sin embargo, se le considera una expresión grupal, cuya principal actividad, no parece ser motivada por el afán de lucro económico como objetivo primordial, sino más bien por estar estructurada en torno a criterios como el poder ejercido sin limitaciones, la pertenencia territorial y el honor grupal (tomado de Flacso-Solis Rivera, 2007).
Violencia juvenil: Se define como la conducta intencional que origina daño a los demás o a la misma persona, ejercida por/a los "jóvenes", pudiendo manifestarse de diferentes maneras y con propósitos diversos. Es el ejercicio del poder o de la supremacía sobre las personas a través de la fuerza física, psíquica, sexual o privativa (OPS/OMS, 2003 y 2006).
Homicidios: Son las muertes intencionales ocasionadas a otra persona.
Tasa de homicidio: El indicador internacional que mejor expresa la criminalidad de un país y representa el número de homicidios por cada cien mil habitantes.
Delito juvenil: El acto de transgredir la Ley por parte de los jóvenes, término relacionado estrechamente con el término de violencia.
Drogas: Substancias químicas que introducidas en el organismo por cualquier vía de administración, producen una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central y son susceptibles de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas a la vez. Generalmente son substancias prohibidas, con efectos estimulantes, sedantes o alucinógenos.
Narcotráfico: Negocio del crimen internacional organizado de venta y distribución de drogas.
1. Panorámica social de los jóvenes en República Dominicana
La población dominicana está compuesta por 9.88 millones de habitantes para el 2010, según estimaciones del 2009 de la Oficina Nacional Estadística (ONE), y el 66.8% de la misma se concentra en las zonas urbanas. Para el año 2007, de acuerdo a la CEPAL (Panorama Social 2008) el 44.5% de la población vivía en la pobreza y en la indigencia el 21%. El grueso de la población es relativamente joven, ya que el 33.5% posee menos de 15 años, y la población estimada para las edades de 10-29 años representa el 37.9% de la totalidad poblacional. La Tasa de Ocupación para el año 2006 a nivel nacional fue de 54.1% (el promedio de América Latina para ese entonces era de 60.2%), siendo mayor para el sexo masculino que el femenino, del cual el 10.4% de los empleados vivía en la indigencia y el 42.6% del empleo total se efectuaba por cuenta propia. Por otra parte, la Tasa de Ocupación en los jóvenes de 15-29 años en el país fue de 44.7%, una de las más bajas entre 18 países de la región latinoamericana, cuando el promedio ponderado de América Latina rondaba el 54.8% (Datos de la CEPAL del 2008). Se destaca más aún, que el 35.1% de los jóvenes dominicanos ocupados es trabajador informal, lo que es un indicador que dicha población etaria sigue insertándose en empleos de baja productividad y poca calidad, y mucho peor es la situación para el sexo femenino.
Para el 2006, según la CEPAL, las tasas de desempleo o desocupación en los jóvenes de América Latina fue de 12.9%, cuadruplicando a la de los adultos, y en nuestro país alcanzó el 16.2%, una de las más elevadas del entorno.
Según datos de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples, Enhogar (Oficina Nacional de Estadística, 2006), en el país el porcentaje de asistencia escolar de niños de 5 años es de 74%; el de los niños de 6-13 años de edad es 95.5% y el de los niños de 14-17 años es de 88.6%, siendo la participación de la población femenina ligeramente mayor en todos los subgrupos de edades. El principal motivo de inasistencia escolar en niños que nunca asistieron a la escuela es de origen económico, señalándose en segundo lugar, a la falta de documentos legales o certificados de nacimiento. En el Boletín No. 11 de la Oficina Nacional de Estadística de enero de 2009, se muestra que en República Dominicana la proporción de personas que dejó de asistir a los centros educativos constituye el 5.3% de la población que estudia, según la Encuesta Demográfica y de Salud (ENDESA, 2007), observándose oscilaciones que van desde 4.3 a cerca del 10% en los que abandonan en el octavo grado.
El Informe de Desarrollo Humano de la República Dominicana (PNUD, 2008) señala, que del total de estudiantes que cursaron el ciclo 2005-2006 en el sistema educativo dominicano, el 5.3% son repitentes, siendo más elevada la cifra en las escuelas públicas que en las privadas. El principal motivo de deserción escolar en estudiantes de básica y media se le atribuye a causas de tipo
económicas (70% en los varones como el "tener que trabajar") y el 36% en las niñas por razones
maritales o de embarazo. Al parecer, la pobreza induce a nuestros adolescentes y jóvenes a la disyuntiva de tener que dejar de estudiar para trabajar, pudiendo de esa manera poder sobrevivir económicamente. Por otra parte, una gran cantidad de niñas quedan embarazadas a muy corta edad, lo que muestra un bajo nivel de educación sexual.
La CEPAL (2008), con gran acierto, considera que en los jóvenes latinoamericanos existe una
desafiliación institucional, ya que ni estudian ni trabajan, y al mismo tiempo poseen grandes brechas entre un mayor consumo simbólico (mediante imágenes, símbolos e información) y un menor consumo material (por falta de ingresos propios), con el agravante de la enorme frustración desencadenada por el choque con las propias expectativas, lo que a juicio de expertos, constituye uno de los elementos más detonantes de las altas tasas de violencia en la población juvenil de América Latina, y en ese mismo orden sugieren que se tomen las medidas y políticas que aborden las causas de este fenómeno en crecimiento. Sin embargo, la realidad concreta y los datos existentes al respecto, se contraponen a la línea de acción que debería primar, y tal como señala la CEPAL: La educación y el empleo han sido reconocidas como esferas principales y de mayor prioridad, puesto que sientan la base para el mejoramiento de otras áreas. Y sugiere, por otro lado, que "los jóvenes representan una oportunidad para el desarrollo", habiéndose declarado paradójicamente el año 2008 como Año Iberoamericano de la Juventud, y la Cumbre Iberoamericana de Presidentes llevó el nombre de "Juventud y Desarrollo". Cabría la pregunta: ¿Se ha actuado en esa dirección propuesta?
Violencia y delitos juvenilesAmérica Latina y el Caribe se consideran una de las regiones más violentas del mundo por poseer un elevado índice de homicidios según las estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud (2006). Los homicidios se encuentran entre las principales causas de muerte en la población de 15 a 44 años de edad (OPS/OMS, Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, 2003 y Estadísticas de Salud en Las Américas, 2006).
El PNUD (2005), el Banco Mundial (2008), la OPS/OMS (2003 y 2006) y otros organismos internacionales y regionales como el BID (2000), la CEPAL (2008) y FLACSO (Rojas Aravena, 2007) declaran la violencia por su magnitud y funestos efectos (costos financieros y sociales) como un poderoso obstáculo al desarrollo de América Latina y el Caribe, la región de mayor desigualdad distributiva del mundo, que no sólo tiene que destinar un alto porcentaje del PIB a este problema, sino que además afecta el capital humano (debilita la calidad de vida y aumenta el miedo e inseguridad) y deteriora el capital social (genera aislamiento y desconfianza organizacional en sentido general).
Datos del Grupo del Banco Mundial (2008) confirman que las principales víctimas de homicidios en esta región son del sexo masculino, principalmente jóvenes entre los 15 y 19 años de edad.
Las muertes por
causas externas en esta zona (homicidios, colisiones de tránsito, otros accidentes, suicidios, etc.) están muy por encima y compiten con las muertes por enfermedades y defunciones naturales.
En los gráfico 1 y 2 se pueden apreciar mejor la evolución en los últimos años de las formas de muertes en los jóvenes dominicanos.
Gráfico No. 1 - Causas de muertes juveniles (12-35 años de edad)
de 2006 a 2008 en República Dominicana 
Fuente: Elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses, 2006, 2007 y 2008.
Gráfico No. 2 - Causas de muertes en la población juvenil (12-35 años de edad)
en República Dominicana, 2006 al 2008. (Valores porcentuales).
Fuente: Elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses, 2006, 2007 y 2008.
Como puede apreciarse, los homicidios constituyen la principal causa de muerte en la población de 12 a 35 años de edad en nuestro país durante el período estudiado. Le siguen en el orden de muertes, las colisiones de tránsito, luego las producidas por otros accidentes diferentes a los viales, los suicidios y muertes indeterminadas, etc., demostrándose que las muertes por causas externas se encuentran muy por encima de las muertes naturales que apenas alcanzan un 2.5 y 2.7% del total. Durante esos años fueron ultimados con violencia 1,388 jóvenes de 12 a 35 años de edad, lo que representó en el 2006 el 63% de todos los homicidios cometidos en el país. Y dos años después, en el año 2008, se ultimaron 1,622 jóvenes, es decir, el 67% de la totalidad de los homicidios que se cometieron.
En República Dominicana, la violencia criminal aumentó considerablemente en el interregno 1999-2005. La tasa de de homicidio, por ejemplo, se vio más que duplicada, pasando de 13 a 27 homicidios por cien mil habitantes (Cabral & Brea, 1999, 2003; Brea & Cabral 2006, 2007, 2009). Esta explosión de violencia en República Dominicana presenta características muy semejantes a las de otros países del continente, donde se ven mayormente afectados los jóvenes, ya sea en su modalidad de víctimas o de victimarios, y en donde, además, se observa una reducción notable de la edad en la comisión de delitos.
Es importante destacar, que el 71.4% de todos los homicidios juveniles que se producen en el 2006 fueron cometidos con armas de fuego, y en el 2008 las armas de fuego cobraron más del 74% de las muertes juveniles acontecidas.
Al analizar con mayor detenimiento el móvil de los homicidios juveniles del 2006 al 2008, las riñas se encuentran en el primer lugar, seguidas de las motivadas por las llamadas "causas indeterminadas" o desconocidas; en tercer lugar, los homicidios son ocasionados por "acciones legales", antes denominados por "intercambio de disparos", muertes extrajudiciales cometidas por los miembros de la Policía Nacional durante el "desempeño de sus funciones" en la supuesta defensa del orden y la seguridad pública, tipo de acción que ha aumentado desproporcionadamente en los dos últimos años, pasando de 13.0 a 20.3% de la totalidad de los homicidios de jóvenes, tal como se puede apreciar en el gráfico No.3.
Gráfico No. 3 - Móvil de homicidios de adolescentes y jóvenes (12-35 años) del año 2006 al 2008 en República Dominicana (Valores porcentuales)
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), 2006 al 2008.
Durante los años del período estudiado, 2006-2008, disminuyen los motivos de muertes por riñas, las muertes indeterminadas y las víctimas de robo. Aumentan, sin embargo, los homicidios efectuados por la Policía Nacional, las muertes pasionales, las muertes por drogas y ligeramente los homicidios por intento de robo.
Al reagrupar en el cuadro anterior, el móvil de los homicidios juveniles en
delictivo y
no delictivo, se observa que en el 2006 el 36.2% de éstos fueron cometidos por acciones
delictivas (víctimas de robos e intento de atracos, drogas, secuestros y "las acciones legales" o extrajudiciales de la Policía Nacional). Para el año 2008, los homicidios de jóvenes por acciones delictivas se aumentan a más de un 40%, superando las muertes de origen
no delincuenciales como son las pasionales, las riñas, de balas perdidas, por violación sexual y accidental, entre otras, y tienden a disminuir las muertes restantes por causas "indeterminadas" o desconocidas hasta el momento.
Si analizamos algunos indicadores socioeconómicos del país, situación semejante a la que padecen muchos otros países de la región, se podría afirmar que constituyen de por sí mismos un caldo de cultivo para el crecimiento de la violencia en los jóvenes. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) de República Dominicana nos sitúa en la posición No. 79, dentro de un grupo de 177 países del mundo, estando clasificada de "Desarrollo Humano Medio" (PNUD, 2008. Informe de Desarrollo Humano 2007-2008). Aun así, el orden que le corresponde por la magnitud de su PIB
per cápita (Paridad del Poder Adquisitivo, PPA, estimado en US $8,217) es diez veces mejor que el que se le otorga por su IDH, lo cual muestra un notable rezago en materia de desarrollo humano respecto a los demás países latinoamericanos, incluso, muchos de ellos con menor capacidad productiva que la República Dominicana. Otros análisis, como el de Panorama Social de América Latina del 2008, publicado por la CEPAL (2008), corroboran nuestras desventajas en materia de pobreza, pobreza extrema, desempleo, desigualdad distributiva, entre otros indicadores sociales, circunstancias que afectan de manera decisiva a la población más joven, la más sensible, cuya falta de oportunidades en general le impide permitir salir de la pobreza.
Otros problemas que se agravan en el país lo constituyen el tráfico y consumo de drogas y el consumo de alcohol en la población juvenil, fenómenos que junto al uso de las armas de fuego se convierten en los tres principales facilitadores de violencia en los últimos años.
El 14 de enero del año 2009, un prestigioso periódico de circulación nacional presentó la noticia de que el país se consolidaba como distribuidor y consumidor de drogas, ya que aumentaba la cantidad y variedad de narcóticos confiscados por las autoridades y el número de los detenidos por sus vínculos con las drogas. El número de personas detenidas superaba las 21 mil en el 2008, con un incremento de más de 600% en los últimos cuatro años de acuerdo a los datos de la Dirección Nacional de Control de Drogas (Clave Digital, 2009).
Del 1988 al 2006 (en 18 años), en República Dominicana fueron sometidos por drogas 59,418 personas (un promedio diario de 9). En un solo año, en el 2009, se detuvieron por drogas más de 24 mil personas (promedio diario de alrededor de 65), entre ellas, más de 17,000 jóvenes, según datos de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) para ese año.
La Encuesta Nacional de Drogas, realizada en el 2008 por el Consejo Nacional de Drogas (CND) con estudiantes de básica y media, mostró una prevalencia de consumo de alcohol de 63.8%, cuya edad promedio fue de 14 años, con un riesgo de 74% para embriagarse, y el 48% que consumió bebidas energizantes. También se mostró en la población estudiantil una prevalencia de drogas ilícitas de 3.3%, cuya edad de inicio es antes de los 12 años, aumentando en el 2008 el consumo de marihuana, cocaína y estimulantes respecto a los años anteriores. Las drogas ilícitas forman parte del negocio del crimen organizado transnacional y constituye una opción económica para muchos jóvenes que deciden obtener dinero más fácil. Con frecuencia se producen tiroteos y peleas entre bandas juveniles que se disputan el control por los puestos de distribución de drogas, otros jóvenes, en cambio, apelan a conductas delictivas para poder mantener su consumo.
En el gráfico 4 se muestra el número de menores sometidos por la Policía Nacional al tribunal de Menores durante un período de 9 años consecutivos (del 2001 al 2009). Por razones de drogas hubo un incremento de 287%, al pasar de 167 arrestos a 646, fenómeno que se ha más que triplicado; esto va acompañado de un incremento en más de 191% en el porte de armas de fuego en la población de menores de edad durante dicho período.
Gráfico No. 4 - Menores sometidos por la Policía Nacional al Departamento de Protección al Menor, según delitos durante el 2001 al 2009 en República Dominicana
Fuente: Datos de la Oficina Nacional de Estadísticas y de la Policía Nacional del 2001 al 2009. Sólo incluye el Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo.
*Otros: Mala conducta, declinados, extraviados, operativo e investigación, banda o nación, polizonte, ritos satánicos, asociación de malhechores.
Para mayo del 2006, el 18 % de los presidiarios del país estaban recluidos por drogas de un total de 12.708 internos en diferentes centros de reclusión, y para finales del 2009 esta cifra se elevó a 30% de los 19.151 reclusos existentes en dichos centros, de los cuales el 71% tenía entre 18 a 35 años de edad, el 97% eran varones y mujeres el 3%. El 52% de las mujeres estuvieron recluidas por drogas. (Censo Penitenciario de la Procuraduría General de la República del 2006 y Estadísticas de la Dirección General de Prisiones de la Procuraduría General de la República, 2009).
Es evidente, que el narcotráfico ha sabido socavar y corromper ampliamente las instituciones del país y penetrar en el tejido social juvenil.
En el 2005, en un estudio realizado en República Dominicana por Lilian Bobea, Vielka Polanco, auspiciado por el Newlink Political en 10 barrios pobres del Distrito Nacional y de Santiago, se encontró que en esos barrios la percepción de seguridad había empeorado respecto a los años anteriores, existiendo una "sensación de vulnerabilidad y desempoderamiento", debido a la delincuencia callejera asociada a la prevalencia de pandillas, el creciente microtráfico de drogas, y los enfrentamientos armados entre grupos. El nuevo perfil del delincuente se describe como un individuo más joven, que porta armas, más despiadado que antes, y que se asocia comúnmente a bandas o naciones (corporación cuasi militar), con deseo de poder, control grupal y territorial, y quienes provienen mayoritariamente de sectores empobrecidos o excluidos.
En República Dominicana son muy escasas las investigaciones realizadas para dar a conocer los factores de riesgo en la juventud desde un enfoque integral, y mucho menos estudios que analicen los motivos que estimulan a los jóvenes a afiliarse a las naciones y pandillas. Hoy en día, sin embargo, se requiere multiplicar esfuerzos investigativos en aras de elaborar políticas efectivas, partiendo de la comprensión real de esta problemática, que permita contrarrestar el flagelo de la violencia en que quedan atrapados una gran parte de nuestros jóvenes, fenómeno que ha crecido desmesuradamente en los últimos nueve años.
Es en ese mismo sentido, y frente a la problemática de la violencia juvenil, la CEPAL en su Panorama Social de América Latina 2008, obra que ya hemos citado en el presente trabajo, plantea que "… todo apunta a la urgencia por contar con políticas de juventud que aborden este problema" y debido a la creciente preocupación de los organismos internacionales, de los gobernantes y de la sociedad civil por el aumento de la violencia juvenil en América Latina, se decide realizar estudios diagnósticos durante el 2008, el cual fueron presentados como documento final en la Cumbre Iberoamericana de Presidentes y Jefes de Estado sobre Juventud y Desarrollo, celebrada en El Salvador en octubre del 2008. Lamentablemente, luego de la misma, no se ha visto cambiar el trágico panorama al que se refirió esa cumbre, más bien suponemos que con la crisis financiera y económica mundial se recrudece este fenómeno y por ende la desesperanza en que viven los jóvenes en la región.
Investigaciones relevantes sobre la violencia juvenil como antecedentes del estudio realizado
Factores estructurales-socioeconómicos
Analizar la violencia juvenil es tratar de interpretar la dinámica a la que se enfrentan los jóvenes en Latinoamérica, los factores que originan y los factores que protegen contra la violencia, así como las razones que inducen a muchos jóvenes a integrarse a pandillas y a transgredir la Ley.
Lo primero que se revela abiertamente en los estudios realizados es el carácter masculino de la violencia, observándose altas tasas de homicidios y la comisión de mayor cantidad de delitos en los varones respecto a las del sexo femenino, aun a pesar de que las estadísticas podrían ocultar el hecho de que en América Latina una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física, psicológica o sexual por parte de la propia familia, de acuerdo a la OPS/OMS (2003). Las marcadas diferencias de género en relación al predominio de la agresión son atribuidas generalmente a razones de tipo biológico (hormonales y fisiológicas), y a otras de índole económicas y de socialización cultural (Organización Mundial de la Salud, 2003; CEPAL, 2008).
Pero, en relación a la violencia juvenil, en sentido general, siempre se destacan en la literatura internacional la importancia de los factores estructurales de tipo socioeconómicos para desentrañar al fenómeno de la violencia, tales como la pobreza o el incremento de la pobreza, la desigualdad que conlleva a la exclusión y la marginalidad, y sobre todo al efecto que la privación-frustración desencadena en el comportamiento individual y grupal. Se encuentra una relación muy estrecha entre violencia y desigualdad. A mayor desigualdad social, mayor tasa de violencia y viceversa (Fanjzylber, 1997 y Fajnzylber et al., 2000). Se atribuye además una fuerte asociación entre el ciclo económico, el desempleo, el subempleo, la baja remuneración, el nivel educativo o la ausencia casi total de oportunidades económicas y sociales con el fenómeno de la frustración-violencia (por la insatisfacción de las necesidades) en los grupos excluidos o menos favorecidos de la sociedad.
América Latina es la región de mayor desigualdad de ingresos en el mundo y esta profunda desigualdad genera, sin lugar a dudas, tensión social. Se ha demostrado que los incentivos económicos son uno de los factores más importantes para el robo, el asalto callejero, el secuestro y el robo a mano armada. (Buvinic; Morrison y Orlando, 2002). La pobreza en sí misma, cuando se le interpreta en sentido clásico como una simple falta de oportunidades, quizás no cause directamente violencia (Arriagada y Godoy, 2000 y Fajnzylber, Lederman y Loayza, 2001), sin embargo, origina sentimientos de frustración, estrés que en combinación con otros factores pueden desencadenar comportamientos violentos, por ejemplo, si además del desempleo (exclusión económica), se suma el hacinamiento en los barrios urbanos recién conformados con intensa ruptura del capital social (Buvinic, Morrison y Shifter, 1999), la influencia de los medios de comunicación y la presencia de los factores facilitadores del crimen organizado, la droga, el alcohol y las armas de fuego.
En Latinoamérica, en los barrios más pobres y en algunos casos de reciente formación en las ciudades, se registran altos niveles y tipos de violencia superiores al resto del área urbana (Organización Panamericana de la Salud, 1996; McAlister, 2000, citado por Buvinic, Morrison, y Orlando, 2002).
Estudios comparativos realizados por Cabral y Brea (1999, 2003 y más recientemente en 2009) en relación a las tasas de homicidio de varios países, muestran una fuerte asociación entre el lugar que la mayoría de las naciones (desarrolladas y en desarrollo de América y de Europa) ocupaban en cuanto a su tasa de homicidio y la posición según su nivel de ingreso, la distribución del ingreso, los niveles de pobreza, el crecimiento del ingreso per cápita, el gasto social en relación al PIB, el gasto social per cápita, la tasa de analfabetismo y el desempleo. Por otro lado, dichos autores también relacionan algunas variables socioeconómicas en República Dominicana (el incremento porcentual promedio del PIB/Cápita Real, la tasa de inflación y de desempleo) con las tasas de homicidio durante el período del 1981 al 2008, encontrándose que en las fases de expansión a mayor crecimiento del Producto Interno Bruto per Cápita Real menor es la tasa de crecimiento de los homicidios, siendo esta última incluso negativa en periodos prolongados de alto crecimiento económico. En cambio, aumenta estrepitosamente la violencia en los períodos de bajo crecimiento económico, caracterizados por la elevación de las tasas de desempleo e inflación y el rápido crecimiento de los niveles de pobreza (Brea y Cabral, 2006 y 2009).
La socialización de los jóvenes. Factores familiares, sociales e individuales y el proceso de identidad
La familia
En los estudios efectuados por Thornton et al. (2000) se señalan algunos factores de riesgo provenientes de los padres, entre ellos: La conducta delictiva y violenta, el uso indebido del alcohol y drogas, el maltrato y abandono infantil, la disciplina severa o incoherente, la falta de interacción emocional entre padres y niños, y la falta de supervisión por parte de los padres (Patterson, Reid, y Dishion 1992; Buka y Earls 1993, Widom 1992, cit.: Thornton et al., 2000). Muchas otras conductas están asociadas también con la conducta infantil violenta, aunque no están relacionadas directamente con la crianza, entre las que se citan: la falta de comunicación entre los cónyuges, los conflictos maritales, el divorcio, el aislamiento social, la depresión o el estrés padecido por los padres (Buka y Earls 1993; Tolan y Guerra 1994, cit.: Thornton et al., 2000). Un alto porcentaje de delincuentes sexuales juveniles pudieron haber sido víctimas de violencia durante su infancia (Feindler y Becker 1994, cit.: Thornton et al., 2000). Es bien conocido, que los estilos autocráticos de crianza fomentan de igual manera la agresividad en los hijos y desestimulan la creatividad cognitiva.
Niños criados en familias monoparentales son propensos a tener mayor riesgo de violencia (Henry et al, 1996). Thornton y colegas (2000) refieren además, que en el estudio de Patterson, Reid, y Dishion (1992) se determinó que las madres solteras pobres, quienes enfrentan numerosos desafíos y situaciones de estrés, tienen mayores posibilidades de desarrollar patrones de comportamiento que pueden ocasionar conductas violentas en sus hijos.
Agrupaciones e identidad
A medida que el niño crece e interactúa con su entorno social, desarrolla sus capacidades cognitivas y sociales, va asimilando experiencias en su relación con el medio que le rodea. De esa interacción adquiere los valores, creencias y conductas durante su propio proceso de aprendizaje.
Se ha encontrado que la influencia de los amigos delincuentes está relacionada con la violencia en los jóvenes (Thornberry, Huizinga, Loeber, en: Howell et al, 1995).
Muchos autores coinciden al señalar, que el fenómeno de las pandillas juveniles no es nuevo, sino que lo novedoso es la complejidad que adopta, cuya preocupación radica en que un problema urbano se convierte en redes de afiliación y violencia sistemática, ya que el abandono social y la falta de referentes de socialización terminan convirtiéndola en organizaciones transgresora de la Ley (Cruz, 2004, citado por Wielandt, 2005). La socialización de los jóvenes puede estar determinada por la construcción de una identidad forjada en las pandillas, las cuales se originan en espacios, barrios o comunidades de precariedad socioeconómica con violencia social y criminal como elemento de potenciación (Wielandt, op. cit.).
Wielandt (2005) considera que la aparición de pandillas se relaciona con la desconfianza institucional y la carencia de espacios de participación que orienta hacia la vida criminal, lo que equivale a decir que "… la fragmentación y la segregación social, así como la ruptura de la estructura familiar, son un caldo de cultivo para la generación de las pandillas e inserción de los jóvenes a ellas, ya que los miembros de pandillas son personas que no contaron con los recursos ni las atenciones sociales necesarias para que sus vidas se orientaran por las vías productivas y de desarrollo para ellos mismos y para su comunidad". Dentro de este enfoque, Wielandt destaca el escenario de la socialización a través de la cultura de la violencia, al señalar que "la participación de muchos jóvenes en la violencia criminal y el tráfico de drogas, está orientado por la intensa presión cultural de obtener ganancias económicas para satisfacer altos patrones de consumo". Por otra parte, menciona los bajos niveles de educación que llevan consigo mismo la escasa posibilidad de obtener empleo y oportunidades en general, lo que potencia aún más la violencia juvenil.
Otros expertos señalan a la cultura de la violencia como el modelo social predominante, cuyos únicos repertorios de respuestas son posibles a través de ciertos estilos de comportamiento, permisividad hacia las armas y el aprendizaje del uso de la violencia, siendo este el patrón de socialización de nuestros jóvenes. Asimismo, Wielandt alude que los procesos de exclusión, de abandono social de las comunidades y la carencia de servicios básicos de educación, de formación técnica y profesional, de empleo adecuado, de prestaciones y seguridad social contribuyen a crear subculturas, dada la misma fragmentación social. Esas subculturas se desenvuelven en función de las identidades que tienen un impacto en el control del espacio público, o la apropiación de un territorio. Todo esto asociado a los efectos del crecimiento urbano desordenado y en condiciones de profunda pobreza, que caracteriza a una gran mayoría de países en Latinoamérica.