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La vivencia como categoría de análisis para la evaluación y el diagnóstico del desarrollo psicológico
Adys Hernández Ponce
Esta idea lleva a contemplar el carácter mnémico de las vivencias y las emociones que generan. Las vivencias poseen características que las hacen susceptibles de ser almacenadas en la memoria humana, tributando con ello a la conformación de la experiencia de vida acumulada del sujeto, su memoria histórica personal.
De alguna manera las vivencias o parte de ellas son almacenadas y pueden ser activadas o expresadas ante situaciones que contengan elementos similares a las que originalmente las desencadenaron. Componentes elementales de orden cognitivo, son considerados como intervinientes en la ocurrencia del acto vivencial. La unidad cognición-afecto como célula funcional de los procesos psíquicos, no es segmentada en la vivencia. La complementación de estos polos dialécticamente, se expresa en la siguiente reflexión: "entiendo por vivencia la conjunción dinámica de lo que el sujeto percibe o experimenta en relación con el medio (lo cognitivo) y lo que esta experiencia vale para él (relación afectiva que establece con dicho medio)" (Fariñas, G., 2005, p.152). La vivencia no puede ser reducida a un sentimiento, emoción, estado de ánimo o recuerdo que despierte cierta situación, aunque vaya implícito en la vivencia de manera ineludible. El acto vivencial incluye componentes cognitivos, la influencia de la situación: "depende no sólo de la naturaleza de la situación misma, sino de la medida en que [el individuo] entiende y se percata de ella" (Vygotsky; L. S., 1994, p. 11). Para despertar un determinado afecto en el individuo es necesario que se comprenda la situación. En la vivencia, el sujeto percibe una determinada situación y le asigna un valor emocional, un significado propio, un sentido. Si se separa el elemento cognitivo de la vivencia, ésta no puede fluir, no existe. Se necesita de la díada cognición-afecto para dar como resultado la vivencia, "decimos que en cada vivencia, en cada una de sus manifestaciones aparece, en efecto, un cierto momento intelectual" (Vygotsky, L. S., 1996, p.61). La vivencia tiene que ser vista como parte compleja que representa al todo, "partes (lo cognitivo o lo afectivo) como saturadas por el todo" (Fariñas, G., 2005, p.154). La unión de estas partes produce una síntesis completamente diferente a las características de cada una de ellas por separadas: "creo que cuando se hable de lo cognitivo debe considerarse su saturación afectiva y viceversa, porque ambos son engranajes de un mismo proceso, el decurso de la vida psíquica (…) se supone la presencia de los dos como constituyentes evidentemente inseparables" (Fariñas, G., 1990, p. 62). Las vivencias constituidas en parte, por lo afectivo, se pueden expresar con carga emocional negativa o positiva. Muchas vivencias permanecen inconscientes para el protagonista de las mismas: "la vivencia estética por su propia naturaleza, permanece para el sujeto, incomprensible y oscura en su esencia y discurrir" (Vygotsky, L. S., 1987b, p.34). Con esto queremos señalar el parcial desconocimiento que manifiesta el sujeto sobre la esencia y las causas de sus vivencias, pues el estado placentero o displacentero ante una determinada situación resulta la mayoría de las veces evidente. Aquí el inconsciente es entendido en "relación dinámica, permanente, que no se interrumpe ni por un momento" (Vygotsky, L. S., 1987a, p.100), con la conciencia. Esta peculiaridad de elementos agrupados en torno a la relación consciente-inconsciente, en la vivencia, pudiera estar fundamentada -entre otras cuestiones- por la amplia gama de aspectos que circundan el fenómeno, como el nivel de desarrollo, las experiencias pasadas, los saberes, la estructura motivacional, la personalidad, entre otras. Además, nos atrevemos a decir que la vivencia enmarca un cierto carácter automático en su discurrir. El sujeto percibe la situación y le da un significado e inmediatamente sucede una emoción, sin que este sea capaz de controlar el impacto primero de ese sentir, ni su intensidad o momento de aparición; aunque luego sí pueda intervenirlo mediante recursos de autorregulación. Lo mismo ocurre con la prolongación temporal de la vivencia, pues no es posible predeterminar la duración del fenómeno ni siquiera en una misma persona.
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