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Agresividad y timidez: Consejos a la familia
Nuria Batista Rodríguez
La autoridad y la obediencia no pueden erigirse como fin en sí mismas ya que el único fin que persigue es el de una educación correcta (Makarenko: 15), encontrar el modo adecuado para llegar hasta ese punto en lo que a educación de los hijos se refiere, implica querer saber para poder hacer. Antes la posibilidad de crear una familia se debe reflexionar sobre el grado de preparación y disposición real que para ese proyecto se tiene, ya que "la familia es una institución muy importante y comporta para el hombre una gran responsabilidad, en tanto ella será la cuna de las virtudes o no, con la que cuenten las hombres del mañana, lo cual es responsabilidad de los padres de hoy" (Makarenko: 33). En relación con las órdenes que imparten los padres a sus hijos, Makarenko expresa: "no deben impartirse con hosquedad, gritos ni irritación, sin que tampoco parezca un ruego, su cumplimiento debe estar al alcance del niño, no exigiéndole un esfuerzo excesivo, debe ser racional, o sea no contradecir el buen sentido, y no debe oponerse a otra orden del padre o de la madre" (Makarenko: 34). Si se quiere fomentar el amor, se debe educar con amor, si se trata de censurar una actitud inadecuada no es la censura la que porta el peso de lo que se quiere erradicar sino la forma en que se haga, se educa más con el ejemplo que con las palabras o los castigos. "El castigo es un recurso muy difícil, exige… un gran tacto y sumo cuidado" (Makarenko: 35), la consistencia entre los padres en relación a la educación de los hijos es un factor determinante en la dinámica de la educación que se le brinde al niño, se debe educar con firmeza pero con amor. La importancia del juego, en la vida del niño es análoga a la que tienen, el trabajo, el empleo para el adulto (Makarenko: 36), permitirle esta actividad con otros niños favorece que se vayan formando e instaurando las normas de comportamiento por la que se rige la sociedad de la cual es parte y esa es también una forma de educar. "Durante el proceso del juego, el niño debe gozar de plena libertad de acción…" (Makarenko: 44), debe sentirse y actuar como ente independiente y sentirse integrado al grupo con seguridad y sentido de pertenencia, expresar esa libertad en sus movimientos, en sus opiniones, en sus más variadas expresiones, debe educarse en la asertividad y el auto reconocimiento. En el desarrollo personológico del sujeto puede tener lugar un vínculo interactivo entre la timidez y la agresividad (Hewitt y Jenkins, expresado por E. Coy: 102), como "comportamiento súper inhibido" y "comportamiento agresivo no socializado", detectar esto a tiempo facilitará su manejo permitiéndole al niño la posibilidad de rectificar y aprender otros comportamientos que le permitan socializarse e integrarse a la vida de manera independiente y adecuada contando con el respeto y aceptación de sus iguales. En nuestro contexto, la familia juega un papel primordial para el desarrollo del individuo, en su seno el niño realiza una serie de aprendizajes que le posibilitan su inserción en la sociedad. La forma en que estos aprendizajes se llenan a cabo y en que las necesidades afectivas se satisfacen influye notoriamente en el niño (E. Coy: 111). Bandura y Walters (expresado por E. Coy: 115), en sus distintos estudios, también atribuyen gran importancia a la ruptura de relaciones entre padres-hijos, estas influyen notoriamente en el comportamiento agresivo del menor. Mantienen que la excesiva permisividad o la exagerada severidad suelen relacionarse con la agresividad; en este planteamiento está implícita una relación entre los estilos educativos en la familia y puntuales eventos que surgen al interior de esta estructura (divorcios, peleas) que dan lugar, en diferentes grados de magnitud, a fenómenos como los referidos en este artículo. "… los conflictos familiares, las irregularidades en los cuidados, la privación de algunos de los padres o de ambos, incluso la actitud de estos hacia los hijos y el tipo de disciplina empleada tienen marcada influencia sobre el comportamiento que los hijos manifiestan; si la dinámica de una familia es armónica y equilibrada, esa mismas características portará la descendencia a la que den origen" (E. Coy: 117). Según Áres (pág., 185), suele confundirse la autoridad con autoritarismo. La autoridad es necesaria, es la guía y marca las pautas de comportamiento. Los adultos no deben renunciar a la autoridad como una necesidad del desarrollo y para ejercer una buena autoridad hay que tener en cuenta las necesidades del niño y también del adulto. Esta prestigiosa investigadora de la familia y psicóloga cubana se enfrasca en el análisis de elementos familiares de vital conocimiento a la hora de permear esta unidad, señala hacia el establecimiento de diferencias entre autoridad y autoritarismo, términos parecidos semánticamente pero que indican en diferentes direcciones, en la familia, entre padres e hijos es de vital importancia colegiar y llegar a consensos donde cada uno de los miembros se sienta tomado en cuenta y que se le respeta su espacio, este detalle garantiza la convivencia potencializadora de valores y comportamientos positivos. "Los métodos educativos que los padres emplean en la educación de sus hijos son decisivos en los comportamientos que estos asuman en las variadas situaciones que vivenciarán durante su vida" (Aurora García Morey: 34). Algunas actitudes potencialmente generadoras de alteraciones psicológicas en el ámbito familiar: sobreprotección, rigidez y autoritarismo, permisividad, rechazo, maltrato, inconsistencia, entre otros, constituyen situaciones familiares inadecuadas que menoscaban la integridad psicológica de los individuos, en la mayoría de los casos no es intención de la familia propiciar estos estados sino que los generan por la falta de reconocimiento y conocimiento acerca de los mismos, he aquí el motivo por el cual las autoras de este articulo se propusieron elaborar y poner en las manos de las familia este material con el mayor deseo que les sea de utilidad parta la educación y formación de sus hijos.
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