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Voluntariado: Egoísmo heroico versus altruismo
Neli Escandón Nagel
Fecha publicación: 15/junio/2010
Palabras clave: Altruismo, Conducta prosocial, Motivación.
"No basta con levantar al débil, hay que sostenerlo después"
¿De qué hablamos cuando hablamos de voluntariado? Según algunos, el voluntariado lo podemos entender como "el ejercicio libre, organizado y no remunerado, de la solidaridad ciudadana, formándose y capacitándose adecuadamente" (Yubero y Larrañaga, 2002). Siguiendo estas ideas, el voluntariado implicaría, entonces, acciones planificadas, con objetivos claros y continuidad temporal y no se basaría solo en la intención solidaria de los voluntarios sino que supone, como un elemento importante, la formación del recurso humano, a fin de que las personas puedan desempeñar adecuadamente sus funciones. De lo anterior surge una pregunta relevante: ¿El qué la acción voluntaria se realice sin recibir retribución económica alguna, implica que no se deba ser selectivo al momento de incorporar a agentes voluntarios en una organización? Cabe responder, por sentido común, a mi parecer, que la ausencia de un refuerzo monetario no supone que se deba aceptar a cualquiera. Si así fuera, quien ingresa, es probable que se sienta con el derecho de actuar según sus propios lineamientos y no como parte constitutiva de una institución más amplia. Por lo mismo, parece necesario que la organización que decida incluir entre sus filas a personas voluntarias tenga absoluta claridad respecto de cuáles son las funciones que estos desempeñarán, así como también, qué acciones se esperan de ellos y cuáles no, lo que debe ser conocido por todos al interior del grupo en cuestión. Sin embargo, parece ser que en Chile no existe una cultura del voluntariado, que contemple una visión amplia de este fenómeno, más allá de comprender que se trata de una manifestación de ayuda a otros. El desconocimiento respecto al real valor y aporte (o problema) del voluntariado parece quedar en evidencia ante la catástrofe vivida en Chile el pasado 27 de febrero del 2010. Frente a esto, han surgido múltiples grupos e individuos que han decidido ir en ayuda de quienes se han visto más afectados por el terremoto y maremoto. Para un observador cualquiera, pareciera ser que quienes han acudido a prestar ayuda a los damnificados son personas desprendidas y que, desinteresadamente, actúan a favor de los más desvalidos por el desastre, sin embargo, cuando adoptamos una mirada un poco más profunda, podemos ver que, en ciertos casos, parece que aquella conducta prosocial que observamos no es más que el encubrimiento de un "egoísmo heroico", que, primeramente, busca generar la gratificación de haber cumplido los mandatos morales internalizados, pasando a un segundo plano la real utilidad de la intervención realizada. Es así como solemos ver una constante pérdida de recurso humano y sobre-intervenciones, así como también a una comunidad cansada de responder las mismas preguntas sin obtener ellos una solución o retroalimentación efectiva de la información que proporcionan. En el caso específico de la intervención psicológica en catástrofes, es común ver cómo los distintos psicólogos que llegan a lo que podríamos llamar "zona cero", incluso luego de haber transcurrido un mes, llegan a realizar "primeros auxilios psicológicos", así como también, pesquisa de casos más complejos, sin (querer) imaginar que aquella intervención ha sido realizada antes, aunque también de forma poco esquematizada, por otros agentes que han estado en el lugar. Frente a esto, surge una nueva pregunta, ¿por qué estas personas no buscan coordinarse con los equipos de intervención locales, los cuales, es de suponer, manejan una información y conocimiento algo más acabado de la población, su problemática y las intervenciones previamente realizadas?
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