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Revista » Psicología Social y Comunitaria » la personalidad heroica. narrativa psicosocial de la sociedad postmoderna

La personalidad heroica. Narrativa psicosocial de la sociedad Postmoderna


 

Maximiliano Emanuel Korstanje
Doctor en Psicología Social
Universidad John F. Kennedy, Argentina. (2008-2010)


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Fecha publicación: 10/mayo/2010

 








Para citar este artículo:
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Korstanje, M. E. (2010, 10 de mayo). La personalidad heroica. Narrativa psicosocial de la sociedad Postmoderna. Revista PsicologiaCientifica.com, 12(23). Disponible en:
http://www.psicologiacientifica.com/bv/psicologia-451-1-la-personalidad-heroica-narrativa-psicosocial-de-la-sociedad.html

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Introducción


Las relaciones de poder parecen complejas y difíciles de comprender; sobre todo en una época que se caracteriza por una alta volatilidad en cuanto a las relaciones sociales y los vínculos emocionales. Uno de los primeros que enfatizó la necesidad de estudiar la relación entre la lógica racional, el poder y las emociones, o mejor dicho la invasión de una sobre otra, fue Max Weber. Según el scholar alemán, las organizaciones basan sus estructuras en diferentes estilos de legitimidad sobre la cual edifican la cuota de poder: legal racional, carismático y tradicional. El avance del capitalismo parece haber desprovisto al trabajador de su sentido humano y emocional. Dentro de ese contexto, la vida social se ha descompuesto en diferentes procesos con arreglo al control de resultados (Weber, 1985). Dos neo-weberianos de talla internacional como Dunning y Elías afirman que la impersonalidad que prima en la vida social, los agentes buscan emociones que el sistema pone a su disposición en espacios ambientados para la ocasión, como los espectáculos deportivos entre otros (Elías y Dunning, 1992). Este declinar de las emociones debe ser restaurado de alguna manera. Miedo, tristeza, alegría, ira y amor son sentimientos básicos que circulan en cualquier espectáculo orientado al deporte. Estos sentimientos, no obstante, son regulados para no provocar un desborde, aun cuando en ocasiones ello si sucede. En términos técnicos, el ocio y el deporte moderno pueden ser comprendidos como una emulación de las emociones humanas.


Temor y Modernidad

Escribe R. Castel que, paradójicamente, las sociedades modernas equipadas con todo tipo de bienes materiales en pos de las protecciones individuales, son aquellas en donde el sentimiento de inseguridad no sólo que es moneda corriente sino que atraviesa todos los estratos sociales. En concordancia con los postulados aristotélicos, esta compleja situación, lleva a R. Castel a plantear una hipótesis por demás interesante; la inseguridad moderna no sería la ausencia de protecciones o medios sino todo lo contrario, una obsesiva "manía" vinculada a la búsqueda incesante de seguridad en un mundo social interrelacionado. Esa propia búsqueda frenética en sí es la que genera el constante sentimiento de inseguridad. En este sentido, dicha sensación es proporcional a un peligro real, sino mas bien el desfase entre una expectativa desmedida y los medios proporcionados para poner en funcionamiento la protección; en otros términos estar protegido -sugiere el autor- implica estar amenazado; a medida que las sociedad va alcanzando nuevas metas en la materia, otras nuevas surgen dando origen a riesgos que no habían sido tenidos en cuenta plasmado en una especie de aversión colectiva al riesgo. Llegados a este punto cabe aclarar que implícitamente Castel se está refiriendo a la angustia que surge de la existencia colectiva y no a la inseguridad 1 (Castel, 2006: 78).

En analogía con R. Castel, U. Beck propone un modelo para comprender el estado de riesgo continúo que parecen vivir las sociedades modernas capitalistas. El autor entiende que el proceso de la modernidad ha sufrido un quiebre luego del accidente nuclear en Chernobyl, Ucrania. Este hecho ha alterado radicalmente la forma de percibir el riesgo y las amenazas. A diferencia de los viajeros medievales, quienes evaluaban los riesgos personales antes de partir a la aventura, los riesgos modernos se presentan como globales, catastróficos y caóticos hecho por el cual el sujeto se ve envuelto en un sentimiento de impotencia. En este contexto, Beck sugiere que la magnitud de este cambio es directamente proporcional con respecto al nivel de producción de las sociedades. A mayor "desarrollo" económico mayor probabilidad de experimentar estos riesgos (Beck, 2006).

Siguiendo el argumento anterior, A. Giddens sostiene que el riesgo fue inicialmente un concepto acuñado por los exploradores españoles y portugueses luego de la Conquista de América para simbolizar las eventualidades que encontraban a su paso. Si bien las culturas anteriores a la modernidad tenían un concepto definido del miedo, no hablaban expresamente de riesgo. Esta noción sólo es viable en una sociedad que se orienta hacia el futuro y trata de olvidar su pasado; la aplicación de la palabra riesgo se encontraba vinculada a la incertidumbre o el temor que inculcaba en el explorador un espacio desconocido (Giddens, 2000). Una definición operacional de riesgo se refiere a las probabilidades de concreción de consecuencias indeseadas producidas por cierto evento ajeno al sujeto el cual a su vez puede afectarlo en forma parcial o total (Tierney, 1994). Sin embargo, el riesgo no parece una construcción social impuesta por sí misma, sino que se inscribe dentro de la misma comunicación y el carácter de contingencia.


Poder y Contingencia


A diferencia de otros autores que vieron en el poder algo acumulable en una sola persona, Luhmann enfatiza en el carácter relacional y comunicacional del poder, dirigida por un código el cual moviliza las relaciones entre las personas. La posibilidad del subordinado de elegir como comportarse se encuentra vinculada a la expectativa que alter ejerza alguna acción. Existe, en consecuencia, una dicotomía (un binomio) entre las acciones posibles que una persona puede seguir. A bueno se le opone malo, a blanco se le opone negro, a alto, bajo y sucesivamente. Siguiendo las contribuciones estructuralistas, el autor afirma que se dan sustitutos que permiten una comprensión del mensaje de poder.

1)    Las jerarquías "postulan" las relaciones no simétricas de poder
2)    La historia del sistema naturaliza ciertos hechos en detrimento de otros.
3)    Los convenios semi-estructurales previenen futuras deslealtades o retiros

La complejidad reducida del medio transmitida por la comunicación relacionándose con las discrepancias. En uno de sus pasajes, el sociólogo alemán escribe "el poder es comunicación guiado por un código. La atribución del poder al poderoso está regulada en este código por los resultados de amplio alcance que conciernen al refuerzo de motivaciones que cumplir, responsabilidad, institucionalización, dando una dirección específica a los deseos de cambio. Aunque están actuando ambas partes, cualquier cosa que ocurra se le atribuye solamente al poseedor del poder" (Luhmann, 1995: 23).

En efecto, el portador de poder queda escindido en la realidad como el único responsable de las situaciones que se van suscitando. El ejemplo más claro de esta realidad, es el desgaste político que parece observarse en últimos tiempos en Estados Unidos. Si seguimos con atención veremos que Bill Clinton terminó su mandato con un bajo índice de aceptación a la vez que su contrincante, el republicano George W. Bush accede a la presidencia de ese país. Paradójicamente, luego de dos guerras (invasiones) a Medio Oriente y con una de las mayores crisis de su historia entre manos, Bush se repliega con un bajo índice de "popularidad" para dejar la presidencia al senador demócrata B. Obama. Esta seguidilla alternada de símbolos refleja la tesis de Luhmann a la perfección. El anonimato de quienes mantienen el poder informal, en este caso los electores, se ve expresado en una persona o una institución que detenta el poder formal. Pero éste último tiende a debilitarse con mayor rapidez que el primero. En efecto, es posible que se deteriore la imagen de un presidente con mayor frecuencia que decline la confianza en el sistema democrático.

El tratamiento del autor con respecto a la acción insiste en que su función es actuar como productor de posibilitadores de selección. "El poder puede hacer demandas a la voluntad, la puede obligar a absorber riesgos e inseguridades, incluso la puede llevar a la tentación y dejarla frustrada. Los símbolos generalizados del código, los deberes e insignias del cargo y las ideologías y condiciones de legitimización sirven para ayudar al proceso de articulación, pero el proceso mismo de comunicación sólo cristaliza motivos cuando se está ejerciendo el poder" (Ibíd. 31). Los portadores de poder son frecuentemente portadores también de éxitos o fracasos aun cuando ellos no quieran serlo. Luhmann nos permite comprender que es el poder el mecanismo que conlleva la clasificación binaria. Todo lo que hay de moral en nuestro código de comportamiento deriva del poder. Sólo éste origina la relación de las relaciones haciendo surgir la posibilidad de combinar evitables o consideradas negativas con otras positivas.

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1.
Luego de su clara presentación del problema, Castel analiza comparativamente el rol interno de los grupos que conformaban en la edad media a los entramados sociales con las sociedades modernas. Las sociedades construidas en base a un sistema de producción industrial como ha afirmado Hobbes se constituyen para evitar la "guerra de todos contra todos" en una sociedad civil, cuyos resortes continúan siendo manejados por la manipulación del miedo y la seguridad. En detrimento del vínculo social, el ciudadano propietario puede y tiene a su disposición todos los recursos legales del Estado moderno para protegerse así mismo. Y claro, como sólo la seguridad puede ser total en Estados absolutos -mérito hobbesiano-; en la mayoría de los casos estas estructuras no pueden regular en una dimensión total los comportamientos e interacciones individuales. Paradójicamente, un estado de este tipo transgrede los pilares básicos de la sociedad liberal de mercado moderna creando indirectamente una sensación de inseguridad. En su vulnerabilidad, el ciudadano recurre excesivamente a la protección del Estado y este a su vez se complejiza burocratizando sus procedimientos; hecho que resulta de una ambigüedad aún mayor y a vez mayor demanda.

 

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