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Un estudio de mediciones de actitudes implícitas hacia al medio ambiente en estudiantes de biología y psicología: ¿Biofilia?
Martha Patricia Sánchez Miranda
Fecha publicación: 27/abril/2010
Palabras clave: Medio ambiente, Asociación implícita, Biofilia.
Introducción En agosto del año 2008 se reunieron psicólogos afiliados al APA (American Psychological Association) de diferentes países, para discutir sobre el impacto que tiene el cambio climático y el calentamiento global en la conducta y la psique del ser humano. En esta reunión se puso de manifiesto la necesidad de estudiar las cuestiones ambientales desde una perspectiva psicológica (Hamilton, 2008). Dentro de este marco existe una demanda de estudios que permitan acercarnos al tema y sobre todo entender la conducta que los seres humanos tenemos hacia nuestro entorno. Como es bien sabido, son nuestras acciones las que han ocasionado el deterioro ambiental, por lo cual resulta urgente el trabajo en esta área. En las últimas décadas las investigaciones sobre este tema se han centrado en el estudio de las actitudes, creencias y valores hacia el medio ambiente (Vozmediano y Guillén, 2005). Donde, en términos generales, las actitudes se han definido como el juicio de evaluación ya sea favorable o desfavorable hacia un objeto social (Oskamp & Schultz, 2004). Involucrando la toma de decisión y la realización de acciones. Así, se puede decir que tienen una estructura tripartita al contener componentes afectivos (evaluaciones favorables y desfavorables), cognitivos (tomar decisiones) y conductuales (acciones realizadas) (Breckler, 1984; Ostrom, 1968, citados en Greenwald, 1990). A partir de este interés por los aspectos ambientales se han construido una buena cantidad de instrumentos de autoreporte que permiten detectar las actitudes que las personas tienen hacia al ambiente (Milfont & Duckitt, 2006). Dentro de los hallazgos relevantes al trabajar con dichos instrumentos se puede mencionar que existen dos tipos de estructuras actitudinales: una bidimensional propuesta por Thompson y Barton (1994), las cuales son la antropocéntrica en donde existe una valoración positiva hacia los entornos naturales por los beneficios que este proporciona a los seres humanos y la otra denominada ecocéntrica caracterizada por la valoración de la naturaleza por sí misma (Amérigo, Aragonés, Sevillano y Cortés, 2005). Por otro lado, existen estructuras tridimensionales que han sido tomados desde el constructo teórico de valores propuesta por Schwartz (1994). En ella encontramos una dimensión biosférica que corresponde a una valoración de todas las cosas vivas, otra altruista en dicha dimensión existe una valoración de la naturaleza por el impacto que este causa al ser humano y una tercera dimensión denominada egocéntrica, la cual se centra en la valoración del medio por el impacto que tiene en el propio individuo (Schultz & Zelezny, 2003). Estos valores son adoptados posteriormente por Schultz para construir una escala para medir el interés por los problemas ambientales (Schultz, 2000). Ambos tipos de estructuras (bidimensionales como tridimensionales) son muy parecidas dentro de sus conceptualizaciones. Se coincide en que el ser humano realiza una valoración positiva del medio ambiente, pero las diferencias se manifiestan en los motivos por lo cual se debe cuidar. Los resultados de diferentes investigaciones en este campo así lo han demostrado (González y Amérigo, 1999; Hernández, Suarez, Martínez -Tovisco y Hess, 1997; Schultz, 2002; Pato, Ros y Tamayo, 2005; Amérigo, Aragonés, De Frutos, Sevillano & Cortés, 2007). Por otro lado, otra línea de investigación derivada del interés que se tiene hacia los espacios naturales, son las que han abordado el desarrollo de mediciones explícitas para detectar la conexión que se posee hacia el medio ambiente natural. Éstas se han realizados principalmente con estudiantes o personas jóvenes. Los resultados indican que los participantes sienten una identificación con los entornos naturales y que estos pueden deberse al fenómeno conocido como biofilia (Nisbet, Zelenski & Murphy, 2008; Mayer & Frantz, 2004, Schultz, Shirver, Tabanico & Khazian, 2004; Schultz, 2002; Kals, Schumacher & Montada, 1999). Esta consiste en que las personas a nivel inconsciente se sienten identificadas con la naturaleza. También se puede entender como la necesidad biológica por parte de los seres humanos de relacionarse con todos los seres vivos (Wilson, 1989). En este mismo sentido Kellert y Wilson (1996) publican el libro titulado la hipótesis de la biofilia, en él se afirma que existe una necesidad con bases genéticas, de afiliarse con la vida y los procesos naturales. Asimismo, Kellert propone nueve valores hacia el medio ambiente donde se plasma la dependencia evolutiva hacia la naturaleza como parte de la adaptación del ser humano a su entorno (Kellert, 1996). Otra línea de investigación desarrollada en la búsqueda de datos empíricos para sustentar la biofilia son los estudios efectuados con niños de diferentes países donde manifiestan valores de cuidado y preocupación ambiental, a través de entrevistas (Howe & Kahn, 1996; Kahn & Friedman, 1995). Obteniendo resultados similares a los estudios realizados con auto reporte en muestras de estudiantes, donde se manifiesta una preferencia o interés hacia los espacios naturales. En lo que respecta al funcionamiento cognitivo también se ha detectado que los ambientes naturales favorecen el desempeño en tareas de memoria a corto plazo y atención. Como el estudio realizado por Berman, Jonides y Kaplan (2008) que muestra la existencia de un incremento en el desempeño en estas tareas en aquellos sujetos que habían estado expuestos a ambientes naturales en comparación con los que habían estado en ambientes construidos. Aunque en este trabajo no se menciona el concepto de biofilia, se podría interpretar como una manifestación de la misma.
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