|
Revista » Psicología de la Salud / Hospitalaria / ocupacional » indicadores de impulsividad en la técnica de rorschach
Indicadores de impulsividad en la técnica de Rorschach
Armando Alonso Álvarez
Fecha publicación: 20/abril/2010
Palabras clave: Impulsividad, Técnica de Rorschach, Indicadores cuantitativos, Indicadores cualitativos.
Introducción Si bien nos encontramos en muchos de los sistemas de Rorschach así como en los informes de los casos, la valoración de la impulsividad como un rasgo de la personalidad, no encontramos en ellos una sistematización de los diferentes criterios que la evalúa (Coelho y Vergal, 2009). Es por ello que el presente trabajo tiene el objetivo de establecer un grupo de criterios de impulsividad, tanto cuantitativos como cualitativos, que permitan de manera integrada ofrecer una valoración sobre la misma. Estos criterios ofrecidos de manera parcial por algunos sistemas, servirán de pauta para la realización de futuras investigaciones, que permitirían la validación de los mismos. Desarrollo Rorshach (1967) comprendía bajo el término impulsividad, a las repentinas descargas afectivas que, de acuerdo con la correlación general entre la afectividad y la motilidad, son acompañadas por abruptas y simultáneas descargas motrices. Para Carrillo de la Peña (1992) la impulsividad tiene dos componentes: la falta de inhibición conductual y la no planificación de las tareas. Según Pardillo y Fernández (2004), es la tendencia a actuar determinada por un motivo que no suele ser conciente. Es la tendencia a actuar sin deliberación o a reaccionar inmediatamente, sin reflexión ante una situación. Según Coelho y Vergal (2009), existen diferentes concepciones de la impulsividad: se puede expresar como pensamientos precipitados; como hiperactividad y falta de atención; como agresividad y reacción hostil hacia las personas; como inquietud y alteración motora; como intolerancia a las frustraciones y búsqueda de recompensas inmediatas; como dependencia (craving), y otras consideraciones, en función de la teoría de partida. A nuestro juicio, la impulsividad es la disposición a actuar de una manera no reflexiva, con falta de control emocional, que se traduce generalmente en la conducta de las personas. Es la fuerza que impele a hacer una cosa y, además, exceso de la misma, es la dificultad de postergar gratificaciones. La misma no se expresa solamente en las relaciones interpersonales sino también en las relaciones con las cosas materiales, en la solución de las tareas, en el enfrentamiento a los conflictos y en la toma de decisiones. Es válido aceptar que una dosis de impulsividad podría ser útil en determinadas situaciones vitales, pero su existencia como una característica de personalidad entorpece el buen funcionamiento social. Es innegable que el tipo de temperamento, influido enormemente por el tipo de sistema nervioso y moldeado por la educación, ejerce un papel importante en la manifestación impulsiva en personas normales. Sin embargo, en su expresión patológica, resultan determinantes las influencias psicosociales perjudiciales o la existencia de trastornos psíquicos de causa cerebral o de etiología aún no precisada. Tanto la impulsividad como la agresividad pueden verse como deseos, impulsos, presentes en la fase de la planificación de la acción hasta la toma de decisiones, y puede que nunca se expresen en el comportamiento, pero también pueden ser evidenciados en su expresión conductual. Existe una relación entre impulsividad y agresividad. La presencia de impulsividad favorece la presencia de la agresividad, pero una persona puede ser impulsiva sin llegar a manifestaciones de agresividad, y una persona puede presentar una conducta agresiva que haya sido premeditada, calculada, aunque generalmente las personas agresivas muestran una dosis considerable de impulsividad, precisamente, su conducta agresiva es expresión de una falla en el control en los impulsos. La agresividad verbal o física implica necesariamente una dificultad en las relaciones interpersonales, conlleva un daño moral o material en las otras personas. En aquellos sujetos en los que existen actitudes negativas y menosprecio hacia los demás, falta de sentimientos morales y frialdad afectiva, etc., si coexiste con manifestaciones de impulsividad, el resultado se expresará en actividades antisociales contra la integridad de las personas. Desde el punto de vista de la normalidad, la agresividad sólo se justifica si ésta se expresa como reacciones aisladas en determinadas áreas y no constituye en un patrón típico de comportamiento. Si bien desde el punto de vista clínico psicológico resulta difícil la determinación de la impulsividad y la agresividad, esto se hace más complejo cuando lo realizamos a través de la técnica de Rorschach, donde existen aún interrogantes no totalmente esclarecidas. La consideración de la impulsividad a través del Rorschach se ha llevado a cabo en distintos grupos: chóferes infractores (Lamounier y Villemor, 2006) en homicidas (Fazzani, 2006; Kriwy, González y Mendoza, 2008). Una valoración de la impulsividad debe dar respuesta a las siguientes peguntas: ¿A quién está dirigida? ¿Es percibida por el sujeto en su ambiente o es un rasgo del mismo? ¿Es socializada? ¿Es característica de una estructura anómala de personalidad, antisocial? ¿Se expresa como agresividad, como violencia? ¿Es estable o intermitente? ¿Cuál es su intensidad: ausente, leve, moderada, severa o muy severa? Consideramos que sólo la integración de diversos indicadores cuantitativos y cualitativos es la que permite aproximarnos al conocimiento de tal fenómeno complejo. Si bien partimos del Sistema de Klopfer en la codificación e interpretación, hemos incorporado críticamente algunos aportes brindados por otros sistemas, a los cuales haremos referencia más adelante.
|