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Ciencia, cientificismo y psicología científica. Una evaluación crítica de la historia y epistemología en la construcción de la psicología como ciencia


 

Luís Dante Bobadilla Ramírez
Psicólogo
Facultad de Medicina Humana de la Universidad de San Martín de Porres
Lima, Perú


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Características del cientificismo psicológico

A fin de precavernos de las ilusiones del cientificismo psicológico, conviene hacer el señalamiento preciso de sus características. Un estudio somero de sus actividades, sus propuestas teóricas, que aunque escasas lograron gran penetración, permite distinguir las siguientes características.

a) La generación artificial de su propio campo de estudio

Ciencia es el estudio de la realidad o algún aspecto concreto de ella. La psicología como disciplina científica se ocupa de un aspecto concreto del hombre como el ser vivo más complejo, en lo que tiene de complejo: sus fenómenos psíquicos o procesos mentales (individuales y sociales). Este es su campo de estudio original y todo lo vinculado a él. Pero dejando esto al margen -por las razones ya conocidas- el cientificismo partió de la creación artificiosa de su propio campo de estudio. Así es como aparece este novedoso objeto llamado "conducta", cuya definición nunca logró un consenso. Skinner propuso a los jóvenes psicólogos norteamericanos ocuparse de los "hechos observados" y olvidarse de cuestiones internas y problemas filosóficos. A esos hechos observados los llamó "conducta". Pero no debería confundirse "hechos observados" con conducta, pues esta no puede definirse tan sólo en función a un observador, y menos a un observador "objetivo", ya que hay partes constitutivas de la conducta que no son accesibles al observador, como la intención, con lo cual se termina haciendo una "ciencia" con los prejuicios del observador, aunque sean prejuicios objetivistas. La "ciencia de la conducta" depende, finalmente, de lo que decida el observador, con todo lo que esto significa epistemológicamente. ¿Qué poder mágico posee el observador para definirlo, si Skinner le ha negado toda cualidad mental al ser humano? ¿Cómo determina los parámetros de la conducta que observa? ¿Cómo define el éxito de la conducta esperada? ¿Cómo determina los refuerzos? ¿Cómo elige entre la variedad de los refuerzos: corporales, económicos, morales, estéticos, etc.? Lo cierto es que "el observador" no encajaba en la teoría conductista, sin embargo lo decidía todo acerca de la conducta observada. Por ello, la teoría conductista resultaba aplicable tan sólo a lo observado pero no al observador. Para este observador se requería una teoría cognitiva.

La simplicidad y estrechez del concepto "conducta" llevó a los conductistas a abrazar otro enfoque, con la ilusión de que les ofrecería la posibilidad de un mayor crecimiento teórico, tal que permitiera explicar las conductas complejas que quedaron fuera del alcance del conductismo skinneriano. Así es como pasaron de la conducta al "campo interconductual". En esta ocasión, la teoría fabricó un campo de estudio configurado por una complicada maraña de curiosos elementos, supuestamente participantes del entorno conductual del sujeto. Si la conducta de por sí ya era difícil de definir, el nuevo "campo interconductual", más que una definición requiere de toda una teoría laxativa que la haga digerible. En realidad se trata de una nueva doctrina, ya que Kantor reformula nuevamente todo el universo, tal como lo explica Ribes:

"1) examina las dimensiones funcionales de los fenómenos psicológicos implicados en la cotidianeidad del lenguaje ordinario; 2) analiza la evolución histórica de los conceptos sobre fenómenos psicológicos como proceso articulado a la cultura y costumbres de la época; 3) revisa críticamente las confusiones conceptuales implicadas en concepciones reduccionistas como fisiología, ciencias sociales, lógica y gramática.; y 4) formula una lógica de conocimiento específica para la psicología como ciencia natural, con modelo propio y categorías generales para describir y explicar dimensiones funcionales y cualitativas de los fenómenos psicológicos" (Ribes, 2006).

En buena cuenta, se trata de un nuevo evangelio, con un nuevo mesías que propone una nueva Tierra Prometida. Otra vez estamos frente a un salvador que reniega de toda la historia anterior para refundar la ciencia a partir de sus propios conceptos. Si bien una actitud de este tipo podría haberse tolerado a principios del siglo XX, a fines del siglo era insostenible. Es un completo nuevo sistema de creencias con el que se debe comulgar para ir hacia una nueva refundación de la psicología, con un nuevo objeto de estudio, pero con la misma reducida meta: la predicción y el control de la conducta. Aunque esta teoría era anterior a Skinner, pasó desapercibida por décadas, precisamente por su aburrida complejidad. Sin embargo, en los 80 fue retomada por Ribes como la salvación del modelo conductista. Hay que repetir que no fue la única "teoría de campo" surgida bajo el influjo de la física en la época en que se pusieron de moda todas las teorías de campo: campo gravitatorio, campo electromagnético, campo cuántico, etc. También Kurt Lewin (1935) propuso una teoría de campo psicológico bastante parecida, donde la conducta se explica por una constelación de variables independientes que se hallan alrededor del sujeto, en lo que se llama su espacio vital. En la teoría de campo de Lewin se emplea la fórmula simplificada C=f(P,A) según la cual, la conducta estaría en función a una situación compleja en la que existen condiciones diversas propias del ambiente (A) como de la persona (P). En cambio, en la teoría del campo interconductual de Kantor la fórmula es más compleja: EP = C(k, fe, fr, hi, fd, mc), en donde EP es el evento psicológico, C es la interdependencia de los factores en el campo donde k es la especificidad de cada campo conductual, fe es la función estímulo, fr es la función respuesta, hi es la historia interaccional y mc es el medio de contacto.

Todas estas teorías no hacen más que emular las explicaciones que la física propone para los eventos naturales, bajo la absurda creencia de que la conducta humana es también un evento físico más, y bajo el inveterado anhelo de hacer de la psicología una ciencia al estilo de la física, meta propuesta por Watson en 1913 y asumida por el cientificismo como dogma de fe. Pero incluso el modelo que adoptaron, fue el de una física que poco después sería largamente superada con nuevas concepciones. De allí que resulte curioso, por decir lo menos, que los seguidores de esta teoría de campo tengan la ilusión de ser una expresión moderna del conductismo, cuando en realidad permanecen bajo el influjo de las mismas ideas fisicalistas y prejuicios cientificistas de hace un siglo, y bajo el modelo de una física que ya no existe.

b) Especialización y aislamiento

Aunque la conducta animal ya era el objeto de la etología, lo que hizo el cientificismo psicológico fue crear una especialidad muy cerrada en torno a ella, autoaislándose para no tener ninguna otra referencia de ningún tipo. El conductismo se constituyó así como especialidad aislada y autista, de modo que no se podía nutrir de las disciplinas científicas, y mucho menos contribuía con ellas en el entendimiento cabal de la realidad humana. Como todo cientificismo especialista de un solo campo cerrado, es tautológico, como si toda la verdad de la realidad humana se presentara en ese aislado y reducido espacio llamado "conducta", y como si tal espacio gozara de privilegios que la hacen independiente y distinta de los demás escenarios científicos vinculados al hombre.

El efecto multiplicador del cientificismo especialista puso en apuros a toda la ciencia, pues fueron muchas las especialidades que pretendían explicarlo todo desde su reducido espacio. El progreso teórico de la ciencia en general, se complicó por la aparición desordenada de especialidades, especialistas y técnicos que, sumidos en sus metodologías, se dedicaban al manejo de grandes volúmenes de datos, incomprensibles para el resto. Así es como se dio el auge de la aplicación de técnicas complicadas y sutiles, que manejan cuantiosos datos difíciles de interpretar, tras objetivos de interés inmediato y efectista, planteados por las necesidades productivas de la nueva sociedad de consumo que, de este modo, se alejó del pensamiento racional de la ciencia. Hoy se ha vuelto imperiosa y obsesiva la enseñanza de la metodología, la estadística y las herramientas de software que manejan los datos. La gente los usa aun sin entender el trasfondo epistemológico de lo que hace, pues la enseñanza de metodología no va de la mano con la epistemología, por lo que no es nada raro hoy en día encontrar estudios muy metodológicos pero irracionales.

La ciencia en general, así como la psicología en particular, se vio perjudicada por el florecimiento de especialidades tecnologizantes y efectistas, y de los especialistas del campo reducido. Quedó a un lado el progreso natural de la ciencia basada en investigación y pensamiento teórico, junto a la ampliación y concatenación de saberes interdisciplinarios, en la tarea de ensamblar el complejo rompecabezas de la realidad humana. El cientificismo se atrincheró en su parcela armado de sus técnicas y mostrando sus resultados como prueba de su validez.

La psicología procura un entendimiento del fenómeno humano integrado en su realidad. No sólo a un medio que lo rodea como "ambiente" sino a una realidad que debe ser entendida, interpretada y consensuada con los demás, reconocida en los demás, y por último, construida con los demás. En consecuencia, la psicología procura el entendimiento de esa realidad humana colectiva de la que el individuo es parte. Hay una enorme diferencia entre "ambiente" y realidad humana, así como entre hacer y ser, especialmente cuando este ser, es un ser colectivo. Por obvias razones, tanto el concepto de psicología como el de ciencia, así como el de realidad misma, están completamente distorsionados en el cientificismo, sumido en su especialidad, objetividad y método.

c) Fetichismo ideológico

Un fetiche es un objeto cualquiera (animado o inanimado) que recibe cierto tipo de veneración y culto, debido a que se le atribuye ciertos poderes mágicos. En la evolución del pensamiento y del comportamiento humano, se dio un giro hacia el lado ideológico, de modo que terminamos viviendo regidos por ideas y creencias, a tal punto que hoy es posible que los fetiches sean también ideas y conceptos. A fines del siglo XVIII aparecieron los tres grandes conceptos-fetiche de la humanidad: libertad, igualdad y solidaridad. Luego se sumaría el concepto-fetiche de derecho, y algunos otros que hoy adornan la vitrina de fetiches ideológicos del mundo moderno. Asimismo, el cientificismo erigió sus propios fetiches ideológicos: objetividad y empirismo. No hay nada de malo en pretender objetividad en el conocimiento, siempre que esto no se confunda con una necesidad de ocuparse tan sólo de lo exterior y ajeno al ser humano, y menos aun bajo la condición de que tenga que ser públicamente visible. La objetividad del campo no es lo mismo que la objetividad del conocimiento. Se puede tener un conocimiento subjetivo de un elemento objetivo y a la vez un conocimiento objetivo de una cualidad subjetiva. La objetividad mal entendida fue uno de los fetiches ideológicos más venerados por el cientificismo, y condujo a la degradación de sus ideas, pues además de eludir la subjetividad en el proceso de construcción del conocimiento, pasaron a evitarlo como objeto de estudio en tanto cualidad humana.

El objetivismo condujo también a concebir una realidad totalmente ajena al observador. El hombre sin mente del cientificismo sólo recibía estímulos de una realidad totalmente configurada. De este modo toda la realidad humana dejó de ser "humana" para convertirse en "datos objetivos" que eran recogidos por instrumentos de medición. Además se prohibió la interpretación de esos datos como requisito de la técnica. Les faltó afirmar que la ciencia se construía por sí sola, sin intervención humana. Pero para desaire del cientificismo, las neurociencias demostraron luego que la realidad humana es una construcción de la mente, y que allá afuera no hay nada más que partículas en movimiento, ondas caóticas, espacio y un escenario imposible de imaginar. La física moderna nos ha demostrado también que "la realidad" no es definible, pues aquello que "es" la realidad depende de aquello que queremos averiguar de ella y del tipo de pregunta que se le formule. Si le preguntamos por partículas nos responderá en términos de partículas, si le preguntamos por ondas responderá en términos de ondas, pero la "realidad" no es ni ondas ni partículas. Queda claro que la "realidad" no es independiente del observador y sólo tiene sentido para él, un sentido que empieza por lo que le interesa conocer de la realidad y de la forma en que lo aborda.

El fetichismo por la objetividad llevó al cientificismo a predicar en contra de la subjetividad, al punto en que hoy el lenguaje y la creencia popular ha asumido que la objetividad es una cualidad humana y que la subjetividad es un defecto despreciable, exactamente lo opuesto a la verdad. Así es como escuchamos a los periodistas y políticos pretender objetividad en sus comentarios, como si no estuvieran refiriéndose a una realidad completamente interpretada, y a ciertos aspectos de ella que han sido seleccionados y valorados. Para no entrar en detalles filosóficos, sólo basta con afirmar que tanto la objetividad como la subjetividad son las dos bases del conocimiento, y esto es algo que ya Kant había dejado claramente definido en el siglo XVIII.

El otro fetiche ideológico está muy vinculado a la objetividad y es el empirismo, que consiste en creer que sólo experimentando con cosas observables se logra conocimiento, lo cual ha llevado a la obsesión por el método y la experimentación. Recordemos la frase de Watson: "La psicología, tal como los conductistas la consideran, es una rama puramente experimental de la ciencia natural". Era sólo eso: experimentación. Es inevitable abrazar el empirismo si concebimos al hombre sin mente y una psicología de hechos observables, como proponía el cientificismo. Pero la ciencia no es sólo eso, pues sería imposible el progreso. Por el contrario, la ciencia ha avanzado gracias a la observación de la realidad, pero también gracias a la reflexión y al análisis, que conducen a proponer teorías explicativas y críticas de ellas. Son las teorías las que cambian la ciencia y el entendimiento de la realidad. La experimentación es fundamental para lograr la observación de los fenómenos, cuando estos son manipulables; pero no siempre lo son. Ninguna ciencia puede sumirse en la práctica empírica sin dar explicaciones de sus fenómenos como un sistema coherente, lo que sólo se logra luego de un razonamiento inteligente, incluso con escasa o ninguna experimentación. Ejemplos de esto hay de sobra en la ciencia, mencionemos tan sólo tres: la Teoría de la Deriva Continental, propuesta por Alfred Wegener, la Teoría de la Relatividad, erigida por Einstein, y la Teoría de la Evolución de las Especies, elaborada por Darwin. Todas ellas vislumbradas básicamente a partir de la observación rigurosa de la realidad, el análisis sistematizado de las evidencias y una intensa reflexión. Es así como se hace ciencia. Obviamente no toda la realidad es susceptible de experimentación. Incluso la física moderna ha llegado ya a sus límites de experimentación. Hay ciencias como la astrofísica, la meteorología, la antropología y, desde luego, también la psicología en muchas facetas, que no poseen la libertad experimental con la que sueña el cientificismo. No se puede experimentar con las familias, ni con las comunidades, ni con la cultura, ni con la historia. La vida humana, la formación cognitiva, y el desarrollo individual y social son procesos irreversibles.

Todo esto no significa que la experimentación no sea importante y que puede ser soslayada. Nada de esto. Lo que quiere decir es que, en primer lugar, no siempre se puede experimentar con todos los escenarios propios de una ciencia y, en segundo lugar, que una ciencia no se define ni se valora por sus prácticas experimentales ni, mucho menos, se reduce a ellas. La experimentación pura sólo le ha permitido al cientificismo acumular una gran cantidad de datos, que no son capaces de integrar en una compleja realidad que está más allá de su reducida y sesgada visión.

d) Dependencia metodológica y tecnologización

Una de las creencias que más ha afectado la construcción de conocimientos en la psicología han sido precisamente las establecidas por el cientificismo en torno a la objetividad y al empirismo. La ciencia no puede darse el lujo de seleccionar algunas partes de la realidad accesibles a su método y dejar otros porque no se le acomodan. Y desde luego, la ciencia no puede dejar de lado los procesos mentales, y menos por una ridícula pretensión objetivista. Los fenómenos subjetivos son parte de la realidad constitutiva del ser humano. Es adonde ha llegado la evolución de la materia organizada en su mayor complejidad, es decir, el cerebro humano. Incluso, es de esperar, que en organismos inferiores exista subjetividad. Tratar de comprender tales fenómenos es lo único que le da sentido a la psicología. El hecho de que se trate de fenómenos internos, o no visibles, no tiene porqué ser óbice para la ciencia. También la física se ocupa de aspectos no visibles de la realidad, como la energía en todas sus formas y las partículas subatómicas, aun aquellas que carecen de masa, como el gluón, por lo que se debe recurrir a modelos matemáticos deduciendo su existencia a partir de sus efectos, tal como hacemos con los procesos mentales. Así, podemos deducir que la memoria existe, y estudiarla como una cualidad subjetiva, como proceso y contenido mental. Sus fallas producen también patologías evidentes. El mismo desarrollo de la física ha demostrado que no todo en la realidad es "objetivo". Lo objetivo no es hoy lo mismo que fue a finales del siglo XIX, durante el esplendor del positivismo. El conocimiento objetivo de los fenómenos subjetivos es perfectamente factible, ya que esto significa que podemos tener conocimientos al margen de cualquier prejuicio o creencia, pues se logra por investigación y análisis. Por ejemplo, la percepción del color es un fenómeno subjetivo que se da en el cerebro, y este es un conocimiento objetivo que nadie puede rebatir.

Sin embargo, todavía hoy, en pleno siglo XXI, seguimos leyendo los mismos trillados argumentos en contra del estudio de los procesos mentales: "puesto que se sitúan en el interior del organismo, puesto que no constituyen fenómenos públicos, accesibles a varios observadores, no pueden ser abordados por el método experimental, es decir, no pueden ser estudiados científicamente" (Freixa i Bagué, 2003). Según esta disparatada concepción, que se mantiene exactamente igual desde hace un siglo, la ciencia se reduciría a la experimentación sobre lo observable públicamente. Se trata de un concepto dogmático que ha permanecido al margen de los avances de la ciencia y de la filosofía de la ciencia. Habría que admitir entonces que hay aspectos de la realidad vedados para la ciencia; por ejemplo, las partículas subatómicas, las radiaciones cósmicas, etc. Lo peor es que, a pesar de su obsesión por la objetividad, el cientificismo ha terminado estudiando cosas tan vacuas y gaseosas como las "relaciones en el ambiente" o la interacción, identificando elementos que constituyen básicamente fantasías teóricas y objetos conceptuales carentes de sustancialidad. Por ejemplo, ¿cómo se materializa y se hace públicamente visible la "historia interconductual" de un sujeto? Un elemento que Kantor parece haber tomado del psicoanálisis para incorporarlo a su modelo, y que no cumple con la doctrina. Lo mismo ocurre con esas famosas "disposiciones" puestas de moda por Ryle y tomadas también por Kantor. ¿Qué son en última instancia estas disposiciones? ¿En dónde están? ¿Cómo se almacenan y actúan? ¿Qué forma y esencia tienen?

Como se aprecia, la pretensión del cientificismo de ocuparse únicamente de lo objetivo (exterior y observable) como condición para considerarse ciencia, fue un lamentable error de perspectiva que les ha generado embarazosas distorsiones históricas. La "ciencia" no es una calificación o título que se gana por emplear un método, emular una práctica o someterse a una doctrina. Es una actividad que se despliega en la búsqueda de explicaciones de la realidad tal cual, aunque se trate de una realidad compleja que incluye fenómenos subjetivos internos.

e) Carencia de investigación

Quizá la característica más peculiar de la ciencia sea su constante actividad investigativa, que es la verdadera razón de su existencia. Las investigaciones se orientan al descubrimiento de la realidad en la búsqueda de explicaciones para los fenómenos percibidos. Para ello se generan diversos métodos de investigación, en concordancia con el escenario real, el problema concreto y el enfoque del estudio. Así pues, los métodos no existen antes de conocer el problema y definirlo; solo pueden ser generados después de hallar un enigma y planificar su abordaje. En este camino, la psicología descubrió los procesos heurísticos de la toma de decisiones, cuya aplicación en el campo de la economía logró un Premio Nóbel, por primera vez en la historia de la psicología, otorgado a Daniel Kahnemann en el 2002. Por esta razón, la psicología, como ciencia que se ocupa de los fenómenos psíquicos, está en la permanente búsqueda de métodos de investigación para tales fenómenos, y nutriéndose de los hallazgos en las ciencias conexas. La generación de métodos es parte constitutiva del proceso de investigación. En este escenario el científico muchas veces no es consciente de cómo logra sus descubrimientos, pues la metodología está sujeta a la creatividad. Por el contrario, en el escenario del cientificismo, el método es un limitante de la creatividad pues se trata de una práctica estandarizada y pre fabricada.

La predilección por el método hace que este sea establecido como un procedimiento estándar, anterior y determinante del carácter científico. Es este método el que establece lo que se puede investigar y cómo se debe y se puede proceder. Por otro lado, el cientificismo psicológico tiene ya su norte bien definido, su objetivo es producir técnicas de control. En consecuencia, toda su actividad se centra en tales propósitos. En tanto que se trata de un método orientado a cierto tipo de cosas, el objeto de la investigación es secundario, siendo lo realmente importante el empleo del método y el desarrollo de una técnica dentro de la doctrina. Es lo que justifica y valida su trabajo. Esto conduce necesariamente a la pobreza de hallazgos, y a una complacencia feliz con el sistema cognoscitivo que sirve de marco teórico. Lo que se hace en este tipo de "investigación" es ratificar permanentemente la validez del método y de la teoría de fondo, que no es una teoría sobre el aparente objeto de estudio sino sobre el formato del conocimiento. Los reportes conductistas sobre investigaciones varían únicamente en cuanto a los diversos campos de aplicación de sus técnicas y a la prueba de las mismas. En otras palabras, ratifican por diversos caminos sus mismas creencias. Los seguidores de estas prácticas conductistas se refuerzan constantemente con el éxito de sus técnicas, lo que asumen como una prueba de la certeza de su credo. Por ahora su preocupación está centrada en cómo incorporar en su modelo una mayor cantidad de variables. Lo único que cabe agregar es que si bien estas técnicas se apoyan en criterios científicos de observación y manejo de datos, no constituyen una ciencia en tanto que carecen de objeto de estudio real, es decir, de algo concreto sobre lo cual pretendan dar explicaciones y develar sus misterios, en concordancia con las demás ciencias; es decir, no se trata de concordancia en los métodos sino en las explicaciones. Y tampoco constituyen una psicología, en tanto recusen la explicación de los hechos humanos y se rehúsen a abordar sus fundamentos originales: los procesos mentales. Sin embargo, existen versiones que incorporan estos escenarios en su estudio, lo cual será motivo de nuestra siguiente observación.

 

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Comentarios a este trabajo



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Ana Díaz: Felicitaciones...ya era hora de que alguien defendiera a la joven psicología. Lo único que falta, según mi opinión, es hacer conciencia, aclararle el panorama al "sector docente" en las universidades, si pudiera ser a nivel latinoamericano sería ideal, ya que, al menos en mi universidad, se siguen enseñando cantidad de teorías que solo confunden al nuevo estudiantado. Como marco teórico, este artículo ayuda en la comprensión histórica de la psicología, pero creo conveniente que la "enseñanza" de la ciencia psicológica regrese al punto de su verdad y encuentre el método de mantenerse en ella, para evitar que los jóvenes aprendices se extravíen y veneren falsas o ajenas doctrinas de la seudopsicología, cayendo en el cientificismo psicológico y continuando, en cierta forma/medida, en la ignorancia del conocimiento verdadero.

 

Magnolia Abadillo: Estimados Señores de Psicología Científica y especialmente al Licenciado Luis Bobadilla ¡¡Felicitaciones por este magnífico trabajo!! Soy estudiante del 5º grado y en cuarto cuando recibí el curso de sistemas de psicoterapia, empecé a sentirme confundida con respecto a la psicología. Sentí precisamente es pérdida de sentido en cuanto a mis estudios, pero este artículo me ha ayudado a comprender qué fue lo que pasó. Por favor, manténgannos informados sobre el curso de la "psicología pura" para que no perdamos nuestro norte. Gracias de nuevo.

 

evelyn arrieta ochoa: Buenas tardes Ps.Luis D.Bobadilla me parece genial el trabajo que realizó me interese mucho porque es un tema de polémica de que hay muchas criticas con esto de que la psicología es ciencia o no? yo personalmente creo que es una ciencia joven como menciona y para esto necesitamos demostrar cada dia mas . Estudiante de Psicología .V ciclo

 



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