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La psicología comunitaria como posibilidad de transitar
Paula Ulivarri
Fecha publicación: 08/abril/2010
Palabras clave: Psicología comunitaria, Equipo comunitario, Atención primaria de la salud, Proyectos comunitarios.
"El hombre más libre es el que tiene el mayor sentimiento de poder
sobre sí, el mayor saber sobre sí, el mejor método en las luchas
necesarias de sus energías, la mayor fuerza relativa en sí, es el más
trágico y más rico en cambios, el que vive más tiempo, el que más
desea, el que mejor se nutre, el que más se escinde dentro de sí mismo
y el que más se renueva. (…) En el fondo, todas las instituciones tienen como verdadero fin que el gran hombre nazca todo lo menos posible y, en condiciones tan desfavorables, que no prospere". 1 Desde donde nos posicionamos "El que está 'sin voz' se encuentra… a la vez designado como tal por la voz del otro y reconocido en sus derechos sociales de existencia por esa misma voz". 2 El objetivo de este trabajo es compartir una forma de mirar y posicionarnos como psicólogos, ciudadanos y sujetos desde la perspectiva comunitaria. Desde hace cuatro años soy Instructora de la Residencia de Psicología Comunitaria, dependiente del Ministerio de Salud Pública de la Provincia. Pertenecí a la primera camada de esta residencia. Este año se cumple el décimo aniversario de su creación. Durante este tiempo creamos la Asociación de Psicólogos Comunitarios, como lugar que posibilite seguir trabajando junto a otros en espacios comunitarios. La psicología comunitaria, en Salta, desarrolla la mayoría de sus actividades, bajo la estrategia de APS. A pesar que esta estrategia tiene 30 años ininterrumpidos de aplicación y es reconocida como necesaria para el logro del bienestar de las comunidades con las que trabajamos, muchas veces su implementación queda a libre albedrío de quienes la elijen como posibilidad. Esta posición supone en la mayoría de los casos altos costos personales y laborales. Sumándose a esto nos encontramos con la falta de capacitación y el poco espacio que tiene en la agenda de las Políticas Públicas la salud de su población. Este relato parte de las experiencias de muchos que todavía consideramos que es posible el cambio de posición de aquellos que tienen en sus manos dicha agenda, a partir de la lucha junto con las comunidades menos favorecidas, propiciando espacios de encuentros que tienen como objetivo que voces hasta el momento inaudibles puedan ser escuchadas. En estos caminos de aprendizaje continuo nos acompañan, tanto a nivel teórico como práctico, aquellos que comenzaron, hace muchos años, a pensar que es posible trabajar en un ámbito hasta el momento desconocido, que se atrevieron a enfrentar la incertidumbre, negando la objetividad como mirada única; permitiéndose interactuar con otros sin el resguardo de un saber hegemónico y completo, luchando contra el escepticismo y comprometiéndose con una práctica de implicancias políticas, técnicas, éticas y metodológicas. Entendemos que no hay neutralidad en nuestro trabajo cotidiano y que somos permanentemente modificados por las intervenciones que llevamos a cabo, esto nos impele a hacernos responsables de cada una de las posiciones que tomamos en las articulaciones que nos incluyen. En este sentido, se podría decir que no intervenimos sino que nos involucramos en una o más articulaciones (Montenegro, M 2001) Hacer terreno "Reconocer que el otro en la comunidad es poseedor del saber, del conocer que en la vivencia cotidiana ha construido, es un camino para pasar de la intervención al encuentro, de la imposición al diálogo". 3 En la universidad nos enseñan, desde un modelo de salud basado en la enfermedad, que debemos hacernos cargo de lo que no funciona, de lo que se desvía de lo "normal", desde un ámbito puramente asistencial. Los parámetros sobre cómo deben vivir las personas, cuáles deben ser los recursos a los que tengan acceso o cuáles deben ser sus prácticas sociales, están establecidos según los límites de lo que es correcto/incorrecto y lo normal/anormal. Salir a la comunidad, hacer terreno, son frases comunes para algunos trabajadores en el ámbito de salud donde desarrollamos nuestras prácticas. Estos trabajadores rara vez son los llamados profesionales: médicos, psicólogos, odontólogos, etc. La mayor parte de las veces se trata de los agentes sanitarios, aquellos miembros de la comunidad que fueron capacitados en tareas de prevención y promoción de la salud y que tienen a su cargo familias enteras, son "responsables de la salud de sus sectores" y de la detección oportuna y la derivación correspondiente de la patología, son los únicos en salud pública que son evaluados sistemáticamente bajo los lineamientos de la estrategia de APS. El resto del equipo que trabaja en los centros de salud pueden tener voluntad (o no) de realizar esas salidas. Las evaluaciones semestrales que se realizan en las instituciones de salud se basan en la productividad y la estadística de casos atendidos (enfermedad). Desde nuestro posicionamiento como parte integrante de una institución salud con estas características, entendemos a la salud como un concepto amplio y al ser humano como una totalidad y en una (su) ubicación socio histórica cultural. La estrategia de APS, en su inicio o intención, implicó un giro de lo individual a lo comunitario. ¿En qué momento de estos 30 años se revirtió esta situación? La Declaración de Alma Ata afirma que, para plantear y llevar a la práctica de forma eficaz la APS, la participación comunitaria es fundamental. Esta última había sido un común denominador de los programas basados en la comunidad estudiados en el proceso de elaboración de la Declaración. Esta afirma que "la autoestima y la conciencia social son factores clave en el desarrollo humano" y recalca la importancia de "la participación comunitaria en la decisión de las estrategias y en planificar, poner en marcha y controlar los programas de desarrollo" (Werner y Sanders, 2000). Los participantes en Alma Ata también reconocieron que la APS, por sí misma, podía contribuir al desarrollo y servir como un medio para la acción organizada y para despertar la conciencia social. Declaraciones, documentos, cartas, congresos, jornadas, espacios de reflexión, etc., que sucedieron a este documento, pusieron sobre el tapete discusiones sobre la salud de los pueblos y la equidad, con repercusiones en diferentes niveles; despertando polémicas sobre todo con la utilización y análisis de palabras incómodas tales como autonomía, poder, empoderamiento, participación en definitiva: ciudadanía. Los movimientos que se producen en el interior de las comunidades y las relaciones articuladas en un proceso comunitario son resistencias, instancias y actitudes que generalmente son definidas como corruptoras de valores hegemónicos, cuyo su objetivo es agruparse para desarticular las manipulaciones del Estado. Esas resistencias son muchas veces leídas y transcriptas como desvíos, deserciones, dependencias, traiciones, entre otras aseveraciones impartidas directa o indirectamente por las esferas gubernamentales, a través de múltiples medios y voceros (desde representantes formales hasta punteros políticos). De este intento por insertarnos en y junto con las comunidades somos arrancados diariamente por las intenciones del Estado en transformarnos en técnicos de un saber regulador, arrojándonos en el binomio saber/poder, no como personas con otro saber sino con el saber. Implica un esfuerzo permanente y un posicionamiento ideológico claro actuar como el eslabón de la continuidad de un proceso de reconocimiento del otro y no convertirse en el grillete de una larga cadena que aprisiona esos esfuerzos. El encuentro con la comunidad nos coloca en un lugar de exposición que, aunque necesario, también nos despierta sentimientos de inquietud y de inseguridad ante la respuesta de la población y de las instituciones. Esta incertidumbre implica un reposicionamiento de los que trabajamos en el sistema de salud: no tenemos todas las respuestas, lo que sabemos no es suficiente para solucionar los problemas que sufren las comunidades con las que trabajamos. Es un riesgo, es poner el cuerpo, sentir que desconocemos muchas cosas: ¿cómo soluciona sus problemas esta comunidad en particular? ¿Cuáles son los recursos con los que cuenta? ¿Cuáles son sus necesidades reales? ¿Por qué no funcionan los programas que se imparten desde los centros de salud y hospitales? Al mismo tiempo, la formulación del pedido de parte de la comunidad hacia nosotros (cuando la hay) implica el reconocimiento de un saber y de una autoridad. Por un lado, esto posibilita una intervención y, por el otro, un tentador espacio de ejercicio de poder. Aceptar y reconocer este lugar que ocupamos ante el otro, nos permitirá (o no) trabajar junto a otros. Se trata de un compromiso ético, de poner nuestros conocimientos y herramientas de intervención a disposición de quienes lo requieren. El riesgo está en hacerse cargo de este supuesto saber en su totalidad, asumiendo un lugar experto, centralizándose todo el poder en una parte de la relación. Lo percibimos cuando asumimos los roles que se nos suponen, sin mediar cuestionamiento alguno. Estos aspectos exigen ponerse en juego uno mismo cuando conocemos, cuando nos acercamos, en definitiva, cuando salimos a terreno. "Y veremos que no siempre las enfermedades se tratan como se trata una enfermedad en un hospital, en una gran ciudad, veremos, entonces, cómo el medico tiene que ser también agricultor (...) Veremos, entonces, cómo tendremos que ser, en estas circunstancias, un poco pedagogos…, cómo tendremos que ser políticos también, cómo lo primero que tendremos que hacer no es ir a brindar nuestra sabiduría, sino ir a demostrar que vamos a aprender" (Guevara, 1960). ¿Qué sucede con el sistema sanitario de la provincia de Salta en la actualidad? Las instituciones de salud se convirtieron en empresas, ya no son directores de hospitales ni jefes de centros de salud, ahora son gerentes, son responsables de una empresa que puede ir a la quiebra. Su presupuesto y recursos está integrado por lo que se obtiene (individualmente) a través de diferentes planes cuyo fondo proviene de préstamos internacionales, con una clara direccionalidad a la focalización cada vez más restringida al que menos tiene y un endeudamiento todavía desconocido para nosotros. Se están privatizando hospitales y dispersando el recurso humano existente, especialistas que se formaron para determinado trabajo ahora deben pensar en cómo desarrollar sus prácticas en otros sectores, no elegidos por ellos mismos: médicos enfermeros, psicólogos que trabajaron y se formaron en hospitales (con toda lógica propia) ahora deben integrarse a equipos de Primer Nivel de Atención. Cómo sostener la estrategia de APS bajo estas circunstancias es un tema que hasta ahora no se plantea en las agendas de Salud Pública de la Provincia. Resultados: cada vez hay menos profesionales que aceptan la función de organizar un servicio y las acciones que en algún momento eran parte de nuestras actividades como personal de salud son realizadas con el fin de obtener los "beneficios" de planes que generan cada vez más deudas a los ciudadanos. Personal que concurre a los centros de salud desganados, desconociendo los lineamientos básicos de la atención primaria y con la frustración propia de aquellos que sienten una brecha infranqueable por ahora entre su vocación y elección y el trabajo que deben realizar. Un punto de partida "Estamos en constante contacto con nosotros mismos y con otros (personas, instituciones, cosas) e inevitablemente incidimos a partir de las acciones que hacemos o dejamos de hacer. Lo que cambia en cada contexto son las formas en las que se da esta acción y los efectos de las mismas". 5 Al momento de realizar una intervención comunitaria nos conducen algunas premisas básicas: 1. Una postura ética que nos acompaña desde el momento en que hacemos contacto con un grupo. Implica responsabilidad y compromiso por cada una de las acciones que realizamos y las que no realizamos. 2. La convicción que las comunidades tienen los recursos o potencialidades para identificar sus necesidades y problemas y para resolverlos. El énfasis está puesto en integrar elementos propios del cotidiano comunitario, teniendo en cuenta tanto ideologías, culturas, identidades como los recursos (humanos y materiales). 3. El cambio debe generar relaciones de poder horizontales y sentido de solidaridad, responsabilidad y pertenencia del individuo a la comunidad. 4. Respeto por el conocimiento y la cultura popular. En las intervenciones el eje no está puesto en el conocimiento técnico. Es imprescindible tener en cuenta e integrarnos a los saberes de la comunidad. 5. Cambiar el rol de experto en que se ubicó generalmente al psicólogo. 6. Los individuos y las comunidades tienen el derecho de participar en las decisiones que los atañen. Consideramos como entrada del proceso el primer contacto que tenemos con la comunidad: el diagnóstico de situación, el cual incluye por un lado, un conocimiento institucional, entendiendo junto a Ulloa, que las instituciones reflejan y dramatizan el contexto comunitario en que están incluidas y, a su vez, tienden a modificar este contexto (Ulloa, F, 1996); en este caso, Ministerio de Salud Pública y sus instituciones. Por otro lado, implica la necesidad de un conocimiento de la comunidad; el área de responsabilidad del centro de salud al cual nos sumamos. Es el punto de partida necesario que nos permitirá realizar un trabajo interinstitucional e intersectorial y tomar contacto con otros, encontrándonos con las diversas miradas existentes: en un determinado territorio, con una población específica, que tiene recursos, demandas particulares y una dinámica de relaciones de poder, formas de relacionarse y negociar, toma de decisiones y búsqueda de soluciones a sus problemas. Esta aproximación (nunca acabada) se realiza a partir de técnicas cualitativas y cuantitativas. Los instrumentos más utilizados por nosotros son la observación participante, las entrevistas, los grupos de discusión y el cuaderno de campo. Estas técnicas se utilizan por nuestra parte sin intervenciones que tiendan a provocar modificaciones en el escenario observado, con una mirada "ingenua", sin juzgar ni proponer situaciones que modifiquen un espacio que es suyo, y donde vienen desarrollando actividades, posicionamientos y procesos desde hace tiempo, buscando soluciones a sus problemas de una manera particular y que desconocemos. Asimismo, se utilizan técnicas de recolección cuantitativas como encuestas, datos de planillas, historias clínicas y censos poblacionales, utilizamos también la co-construcción de la historia de la comunidad, mapeo y actualización cartográfica para la reconstrucción del espacio geográfico, reseñas históricas, identificación y caracterización de los actores sociales y redes sociales. Una vez que se saturó la información, se realizan las categorizaciones correspondientes, con el fin de sistematizar la información obtenida. El principal uso de la observación participante se encuentra en el estudio de lo que relativamente se sale de la norma: lo que todavía no se entiende, lo incipiente, las otras culturas, los grupos semiocultos o clandestinos y lo que tiende a encerrarse entre los muros de las instituciones. (Callejo Gallego, J., 2002) Somos parte de estas instituciones y grupos por lo tanto es recomendable que este paso se realice al principio de nuestra inserción en los mismos; observamos y participamos en los espacios y prácticas de los observados. Esto posibilita integrarnos en la vida cotidiana de estos grupos, conocer las normas internas, logrando que lo que acontece en el interior de las instituciones fluya de manera habitual. Por lo tanto, se logra una doble acción: se observa participando de la cotidianidad y se participa siendo conscientes que esa involucración promueve observaciones que nos acercan más a las prácticas que se llevan a cabo en ese espacio particular y diferente. El cuaderno de campo permite volcar las ideas, sentimientos, sensaciones, sin restricciones de lo que nos acontece a nosotros como observadores de una situación de la que mucho no conocemos. Un elemento importante de esta aproximación es el discurso de los que integran el grupo de observación, sin embargo, hay elementos (analógicos, entre otros) que confirmarán o negarán los dichos y aseveraciones. El objetivo es encontrar las diferencias y similitudes entre las normas generales (lo que se dice) con las particulares (lo que se hace), y su explicación. Por lo tanto, la interacción es principalmente informal, los encuentros son registrados en el cuaderno, que recoge información sobre las conversaciones con personas claves dentro de las organizaciones, de la comunidad, las interpretaciones, sensaciones y vivencias, permitiendo organizar la información. "El grupo de discusión es una práctica (…) en la que se recoge el camino de vuelta hacia la unión, de lo que aparece separado, la reintegración al grupo tras la individualización. (…) Los participantes (…) reconstruyen discursivamente el grupo social al que pertenecen" (Callejo Gallego, J. 2002). La entrevista nos permite captar, por un lado, la información experimentada y absorbida por la persona; y, por el otro, escuchar discursos particulares que remiten a otros significados sociales y generales. Estos discursos están mediados por una construcción propia en base a su experiencia en el ámbito donde desarrolla sus actividades. La categorización de lo observado, de lo que se recogió en las entrevistas y el cuaderno de campo y demás técnicas utilizadas, cobran sentido cuando adquieren la imagen de lo observado como un sistema. Cualquier intervención que llevemos a cabo implica una presencia institucional, esto nos obliga a entender de la práctica institucional y cómo ésta se desarrolla desde los distintos parámetros que supone. No podemos estar seguros de haber llegado a entender el sentido y la función de una institución si no somos capaces de conocer su incidencia sobre las personas que trabajan y concurren a ella. Como esta incidencia es una parte integrante de la institución, toda interpretación debe hacer coincidir la objetividad del análisis con la subjetivación de la experiencia vivida. Una vez realizado este paso, es imprescindible compartir con la institución y la comunidad los datos recogidos. La devolución tiene un doble objetivo: retornar, debidamente sistematizada y elaborada, la información que nos aportaron los actores involucrados y obtener sus reacciones y comentarios, incorporando, nuevamente, su punto de vista a nuestra interpretación de los datos. Se trata de restituir a la gente (enriquecida) una información que le pertenece. Por lo tanto, el momento de diagnóstico no está completo hasta que se realiza este paso, el cual representa un trabajo previo de organización del material, síntesis y categorización de la información, espacios y momentos de discusión con todas aquellas personas o instituciones que participaron en el proceso de diagnóstico y circulación de la palabra; momento que permitirá escuchar las voces de los implicados. Esta acción abre posibilidades de reflexión, discusiones, reconocimientos, replanteos y revisión de objetivos y propuestas, en definitiva, de trabajo en equipos, interdisciplinaria e intersectorialmente hablando. ___________________________________ 1 Nietzsche, F aforismos y otros escritos filosóficos. Ed. Libertador. 2003
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