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Epistemología del Presente Potencial y sus implicaciones en la enseñanza de la psicología: Algunas reflexiones
Julio Israel Flores González
Fecha publicación: 19/febrero/2010
Palabras clave: Epistemología, Hugo Zemelman, Enseñanza, Docencia.
Introducción
Una de las tareas encomendadas a la universidad es la formación de profesionistas, se busca cumplirla a través de una pluralidad de escenarios donde se establece el intercambio de diversos contenidos declarativos, procedimentales y actitudinales. Los primeros referidos a conocimientos de teorías, principios y conceptos; los segundos, a las habilidades para realizar cosas y, los últimos, referidos al ethos (manera de ser) que se busca en un sujeto. El currículum formal los ordena por asignaturas, áreas o módulos, cuyo fin es insertar al alumno de una licenciatura al campo disciplinar y profesional específico de lo que esté estudiando pero, además, se complementan con otras actividades extracurriculares con la misma importancia formativa. En este proceso formativo, la relación pedagógica establecida entre contenidos-alumnos-docente, tiene un papel sumamente importante, pues allí, se evidencian los elementos didácticos comunes a toda situación de enseñanza formal. Existe un contenido a ser aprehendido por el estudiante conforme a un objetivo, un sujeto que enseña y/o diseña las situaciones que coadyuven al aprendizaje de otro sujeto en proceso formativo, todo lo cual está mediado por herramientas, instrumentos, técnicas y estrategias para alcanzar los fines propuestos. La labor docente como uno de los elementos esenciales en la formación de profesionistas, requiere de -valga la redundancia- una profesionalización (Zarzar, 2001). Esta actividad, podría decirse que tiene su toque artístico, pues se demanda al docente creatividad, imaginación y sensibilidad ante el grupo, sin embargo, no se trata de un sentido común sino también se reclama el toque científico que pueda abrir nuevos horizontes a la formación de profesionistas. De otra forma, siguiendo a Menin (2001), se estaría en riesgo de viciar la práctica docente con el folclor pedagógico no tan extraño en las aulas universitarias, el cual se refiere la enseñanza por parte del docente a partir de lo que dicta su experiencia como estudiante y el sentido común, dejando de lado la problematización e indagación científica de lo que hace o deja de hacer en el aula. En contraparte, al hablar de una profesionalización de la docencia se exige un saber a tres. Por un lado, el conocimiento de la materia a impartir, por otro, el conocimiento pedagógico (Zarzar, 2001) y, por último, una postura epistemológica. La articulación de los tres saberes abre la posibilidad de que el docente se posicione como un agente de su práctica y no asumir a la enseñanza como un quehacer para mayor retribución económica o de consuelo ante las vicisitudes del desempleo. El primer saber aproxima al campo disciplinar y profesional de cada una de las carreras. Uno se refiere al cuerpo de conocimientos sobre determinado objeto de estudio, otro a la intervención en la realidad para cambiarla. Ambos están vinculados y en movimiento (Flores, 2007) donde el conocimiento teórico se alimenta del ejercicio en los campos de actuación profesional y viceversa. El segundo saber hace referencia a los conocimientos sobre el hecho educativo en general y a la enseñanza en particular que permiten sistematizar la práctica docente. El tercer saber tiene que ver con una postura respecto a la forma en que se establece la relación entre un sujeto cognoscente y un objeto cognoscible, misma que posibilita el conocimiento y que sostendrá a los saberes anteriores. Es decir, la postura epistemológica que se tenga se reflejará en qué y cómo se transmiten los contenidos, además de las posibilidades de actuación que se brindan a los futuros profesionistas. En este sentido, el presente trabajo es un ejercicio de reflexión sobre la postura de la Epistemología del Presente Potencial (EPP) del Dr. Hugo Zemelman, a partir de la cual bien se puede sustentar la enseñanza de la psicología. En primer lugar, hay que decir que el docente puede posicionarse de diferentes maneras en su práctica profesional. De sólo estar inmerso en ella cumpliendo sus horas-clase y con un ejercicio acrítico, a permanecer en constante movimiento dentro-fuera de su práctica. Esto es, el ejercicio epistemológico de distanciamiento, donde el quehacer docente como parte del campo profesional del psicólogo, se convierte en objeto de estudio. Este primer momento de distanciamiento supone observar la realidad para transformarla, exigiendo su problematización, esto es, darse cuenta del entramado de relaciones que subyacen a la práctica docente de la psicología. El profesor tiene un presente en su quehacer diario en el aula o fuera de ella cuyo fin es la formación de educandos, a partir de esta experiencia puede leer su pasado y reconstruirlo, pero además potenciarlo, es decir, convertirlo en un horizonte de posibilidades. Problematizar la práctica docente es poner en interrogación el proceso mismo de enseñar que lleva a cabo el docente, los contenidos que se brindan, los nexos que se tengan con otros campos de ejercicio profesional, hasta el contexto donde se desempeña el proceso educativo. Bajo esta mirada, el docente puede plantearse la pregunta ¿cómo me posiciono ante el campo disciplinar y profesional de la psicología así como ante el proceso formativo del cual estoy a cargo? Poner el proceso de formación de profesionales entre signos de interrogación y no asumirla como algo dado, es una exigencia epistemológica, pues, afirma Zemelman (1998:28) "… la verdad se convierte en una prisión que impide como lastre colocarnos ante lo inédito (…) de vislumbrar realidad nuevas como futuros posibles…" Bajo la mirada de la Epistemología del Presente Potencial, existen algunos obstáculos que someten al docente en un estado de confusión de conciencia respecto a su práctica que inciden en la formación de profesionistas. Dentro de éstos están: Dogmatismo teórico Muchos psicólogos docentes se "casan" con una teoría y el aula se convierte en un recinto de adoctrinamiento. Si bien, tomar una postura teórica es una necesidad para hacer ciencia y transmitirla, el asumirla sin crítica conlleva a una educación bancaria y alienación a la misma. Al respecto Zemelman (1998: 14) comenta que, cuando las teorías son rígidas influye en el pensamiento puesto "… que definen cómo organizarlo y, por consiguiente determinan qué se puede pensar. Es lo que ocurre cuando se impone una visión de realidad que impide ver otras realidades que lo concebible en su marco…" Corriendo así el riesgo de derivar en un cierre de pensamiento versus una forma de razonamiento crítico capaz de negar lo dicho, no en un sentido negativo, sino constructivo (Zemelman, 1998). El docente independientemente de que se asuma como partidiario de una postura psicológica, no le caería nada mal ponerla en interrogación para poder arribar a un nuevo nivel de comprensión de su propia teoría y de la realidad psicológica en general. Traducir esto a la práctica de la enseñanza invita a los docentes a exigir en sus alumnos un pensamiento crítico-argumentativo ante los contenidos que aprenden. No dar las cosas por hecho en un sentido dogmático, sino saber sus bondades de determinado conocimiento así como sus carencias. Siguiendo a Zemelman (1998: 20) el hombre (alumno o docente) puede progresar cuando manifiesta una inconformidad con lo dado y busca otros recorridos, por lo tanto expande su universo de pertenencia. Y agrega "… si queremos mantenernos vivos requerimos de una constante trascendencia en la reflexión teórica, respecto de cualquier fórmula que nos encuadre acríticamente en una situación que se define como definitiva, por lo tanto carente de alternativas…". Aquí la inconformidad no tiene una connotación negativa, sino más bien es el inicio para el movimiento. El docente que supone que su teoría psicológica es la explicación, volviéndose en un voceador de ésta, más que un constructor, corre el riesgo de alienarse y alienar al alumno. Lo mismo ocurre en los procedimientos de enseñanza, cuando el profesor cree que su método es el mejor para enseñar y no admite cuestionamientos e inclusive piensa en su fantasía que él si enseña y los otros colegas no. La inconformidad y crítica supone humildad ante el saber disciplinar pero también ante el propio ejercicio docente para que éste tenga un movimiento más ad hoc a los cambio de las generaciones en formación así como a la realidad en la que intervendrán.
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