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Revista » Psicología Social y Comunitaria » el maltrato familiar y el escenario mental del agresor


El maltrato familiar y el escenario mental del agresor


 

José Alonso Andrade Salazar
Psicólogo Clínico
Esp. Gestión de proyectos de desarrollo
Universidad de San Buenaventura
Armenia, Colombia


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Trabajo publicado el 05 de febrero de 2010

 



Resumen




Todas las manifestaciones de violencia tienen un denominador común: la reproducción de esquemas de maltrato, con base en la búsqueda de estrategias generadoras de carácter, que inversamente producen humillación, castigo y anulación sistemática de la víctima. El estudio de la violencia intrafamiliar (VIF) implica el análisis del daño en el afectado, además, de una aproximación a la estructura psicológica del agresor/a, lo que significa ver el fenómeno desde el lugar del victimario, espacio en el que se construye la relación violenta y paranoide con otros. El modelo de familia en Colombia ha sufrido cambios en su dinámica estructural, a raíz la interrelación entre violencia por conflicto armado, legado generacional de patriarcalismo, inequidad, impunidad, e intolerancia, entre otros, lo cual afecta directamente el desarrollo físico, social y psicológico de las víctimas, además, de los modos de comunicación de la familia con sus miembros y el entorno suyo; si estos mecanismos de comunicación y ajuste patológico se mantienen, las familias se convierten en "reproductoras" de una pluralidad de comportamientos orientados al maltrato psicológico y físico. 

 

Palabras claves: Violencia intrafamiliar, maltrato físico, maltrato infantil, maltrato psicológico, paranoia, familia, patriarcalismo, psicología, infancia y adolescencia.

 





"Hoy en día el aprendizaje del diálogo es el elemento más importante para la supervivencia de la humanidad" E. Zuleta.

Introducción

En Colombia "las subyacentes dificultades estructurales, la inequitativa distribución de la riqueza, la discriminación y estigmatización de grupos vulnerables, la impunidad y las dificultades para el acceso efectivo a la justicia siguen condicionando el goce integral de los derechos humanos" (ONU, 2009:6), así, la violencia se hace  parte de la cotidianidad, convirtiendo su praxis en un discurso donde la muerte paulatinamente ha perdido su sentido de naturalidad, para convertirse en una condición de facto, producto de la crueldad del otro que ostenta el poder destructivo.

En este marco de acciones violentas, las mujeres, niños, niñas y adolescentes conforman la tasa representativa más elevada. En Colombia los casos de VIF conocidos por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) "pasaron de 77.745 en 2007 a 89.803 en 2008, mostrando un incremento de 12.058 casos. La mayoría de los hechos se registraron en la vivienda con un total de 55.677 casos (…) así mismo, durante el 2008 el INMLCF realizó 13.523 valoraciones por maltrato infantil (…) la tasa se calculó en 69 niños maltratados por 100.000 habitantes, cifra que representa una disminución del 3,5% con respecto al 2007" (FORENSIS, 2008:112), el informe indica que los niños, niñas y adolescentes violentados está entre los 10 y 14 años, y que la tasa por 100.000 habitantes es mayor en el grupo de 15 a 17 años de edad, lo puede significar que:  "las personas en transición de la niñez a la adultez incrementan su riesgo de agresión física por parte de un adulto con el que tienen un vínculo o probablemente son más conocedores de sus derechos y denuncian la violencia de la que son víctimas, (…) se evidencia que el padre aparece golpeando a sus víctimas con mayor frecuencia los domingos entre las 18:00 y las 23:59 horas" (FORENSIS:112-113)

   




Cambios en el modelo de familia en Colombia


El modelo de familia en Colombia desde los años 40 "ha sufrido cambios en su composición, funciones y estructura, por el incremento de familias monoparentales, se ha modificado la participación de la familia extensa en el cuidado de los niños, generalizándose el uso de jardines infantiles, lo que (…) aumentó el número de madres con responsabilidades laborales por fuera, sometiendo a los niños a diferentes formas de cuidado dentro o fuera del hogar" (Lago, G. Barney, 2002: 26).

Estas modificaciones dependen de diversos factores socioculturales, ya que, "en Colombia existe gran heterogeneidad en la conformación de las unidades familiares, determinada por factores históricos, demográficos, económicos y culturales, los cuales están enmarcados en un contexto de diversidad cultural y de desequilibrio y desigualdades en el desarrollo" (Patiño, 1988:441), mismas que afectan el nivel de relación interno y externo del núcleo familiar, como también, sus disposiciones psicológicas. A razón de lo anterior, muchos de sus miembros se vieron así mismos cada vez más inmaduros para afrontar la responsabilidad del embarazo, del hogar y dar continuidad a la institución del matrimonio, por consiguiente, la moderna familia nuclear dejó de ser un "refugio en un mundo sin corazón (…) sino un lugar de cálculo egocéntrico, estratégico e instrumental así, como un lugar de intercambios generalmente explotadores de servicios, trabajo, dinero y sexo, (…) y frecuentemente, de coerción y violencia" (Benhabib, Cornella, 1990: 17).

En éste escenario el conflicto familiar y la violencia emergen de modo arbitrario, como mecanismos de elaboración de la angustia generada en la insatisfacción de las siguientes variables: pobreza, abandono, modelos patriarcales de agresividad legitimada, crianza delegada y descuidos en la misma, además, de fluctuaciones en los sentidos de seguridad y estabilidad (psíquica y orgánica) familiar e individual; actualmente las cifras sobre VIF en Colombia se incrementan, sin embargo, aparecen como una aproximación a la verdadera magnitud del fenómeno, pues es una constante que las víctimas de actos violentos no denuncien lo sucedido, debido a factores relacionados, con: "la vergüenza a hacer pública una conducta tan degradante, las convicciones religiosas, el miedo a las posibles consecuencias negativas derivadas de la separación (precariedad económica, problemas de vivienda, futuro incierto de los hijos, etc.), el temor a la desaprobación y la carencia de apoyo por parte de la familia" (Agustina A. España, 2007:4) como también, la naturalización del acto violento y el desconocimiento de los procesos para la defensa de sus derechos.

Llama la atención que el 76 % de las mujeres maltratadas físicamente no haya acudido a ninguna parte para denunciar la agresión de la que fue objeto. Los sitios a donde más frecuentemente acuden las mujeres que denuncian son: inspecciones de policía (9 %), comisaría de familia (8 %), ICBF (4 %), Fiscalía (5 %) y juzgados (2 %) (Profamilia, Cap. XIII, Bogotá, 2005).

Es importante entender la VIF como "el abuso que ejercen unos miembros de la familia sobre otros. Puede ser física, sexual o psicológica, y causar daño, sufrimiento físico, sexual y psicológico" (Lemaitre, 2000:25), así, la violencia intrafamiliar, es todo acto en el cual hay uso y abuso de la fuerza y la autoridad, en un escenario donde se viola la condición psicosocial del otro a través del mal manejo del poder, mismo que puede desembocar en maltrato por negligencia, violencia verbal, física, sexual, psicológica y hasta en la muerte; éste fenómeno afecta la sana convivencia, además de los niveles de adaptación de las familias y sus miembros con los entornos directos de socialización, ya que, al tener vínculos afectivos internos ligados a diversas vivencias como alegrías, crisis o sufrimientos etc., a menudo la VIF se toma como un recurso más, de comunicación y ajuste de la ansiedad contenida en la insatisfacción de necesidades afectivas, morales y materiales.

De acuerdo a lo anterior, la VIF se produce a razón de  la imposición radical de la norma en medio de relaciones de verticalidad, dónde se dictan también, los modos de respuesta y acomodación ante el maltrato mismo. El impacto del maltrato sobre el desarrollo emocional e intelectual de los hijos e hijas es significativo, por ello las "formas de comportamiento negligente" (Tenorio, María. CISALVA - 1997), además de la violencia física y psicológica-verbal, son también, una puesta en escena de esquemas defensivos en el agresor, que le impiden reconocer y aceptar su condición de vulnerabilidad.


Conflicto, violencia intrafamiliar y reproducción de la violencia


   
Cada familia tiene un ciclo de conformación o etapas, en las que aparecen de forma inherente los conflictos, a través de tres dimensiones: roces, choques y crisis; estos niveles de encuentro son determinantes para el análisis de las manifestaciones del conflicto y las condiciones psicoafectivas en las que se genera y reproduce el acto de VIF, así, al hablar de VIF se aduce más una cronicidad y permanencia del acto violento, antes que a un proceso episódico, éste último aspecto es categórico para señalar el conflicto intrafamiliar, el cual puede ser abordado por los miembros de la familia, bajo habilidades de resolución de problemas, logradas a través de la comunicación asertiva y la tolerancia, mientras la VIF requiere de atención especializada; respecto a lo anterior,

  
"Se entenderá por acto de violencia intrafamiliar todo maltrato que afecte la salud física o psíquica de quien, aun siendo mayor de edad, tenga respecto del ofensor la calidad de ascendiente, cónyuge o conviviente o, siendo menor de edad o discapacitado, tenga a su respecto la calidad de descendiente, adoptado, pupilo, colateral consanguíneo hasta el cuarto grado inclusive, o esté bajo el cuidado o dependencia de cualquiera de los integrantes del grupo familiar que vive bajo un mismo techo" (Ley 294 de 1996).


Estanislao Zuleta expresa la inevitabilidad del conflicto y la responsabilidad social que tenemos con el mismo respecto a su comprensión y elaboración, ya que, somos generadores y reproductores, tanto de los motivos emocionales de opresión, como de los elementos y escenarios de los que se valen los actores sociales para legitimarlo como válido; desde éste orden de acciones el compromiso ético y moral, en cuanto intervención primaria, secundaria y reparación, es elevado para todos y todas, pues: "...una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos, de reconocerlos y de contenerlos, de vivir no a pesar de ellos sino productiva e inteligentemente en ellos, que sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz" (Zuleta, E. Bogotá, 1990: 112). 

El espacio familiar es al tiempo productor, reproductor y retroalimentador constante de diversas prácticas violentas, cuya manifestación se refleja principalmente en actitudes de abuso de autoridad, rechazo, silenciamiento, exclusión, preferencias, maltrato físico y psicológico, abuso sexual e irrespeto a la intimidad de los niños, niñas y adolescentes, desconociendo y/o evitando el reconocimiento de los derechos de la infancia y adolescencia, como modus operandis o justificativo personal frente al abuso.

Llama la atención que los padres en nuestra cultura "tienen un menor contacto con los hijos debido a su rol prioritario de proveedor económico de la familia y no desarrollan otro tipo de relaciones vinculantes que les permita manejar los conflictos en los pocos momentos que comparten con mayor intensidad los espacios vitales" (FORENSIS 2008, p. 113), quizá por esto, en las víctimas de maltrato, los grados extremos de ultraje repercuten negativamente en el nivel de seguridad, confianza y estabilidad de cada miembro, llevando a que muchos se replieguen en su mundo interno y establezcan una resistencia pasiva, como medida de protección frente a eventuales agresiones mayores.

Puede suceder también, que el menor maltratado busque refugio en conductas criminales, reconocimiento en grupos armados, protección en el consumo de sustancias psicoactivas, o que otros piensen en el suicidio como una válvula de escape ante la alienación progresiva de su entorno familiar. Diversos estudios e investigaciones han demostrado que la gran mayoría de  menores contraventores o infractores, pertenecen a familias en las que existe violencia familiar, relaciones poco solidarias, una pobreza en aumento, y donde reinan sentimientos de odio, agresividad, resentimiento y rivalidad, además de necesidades básicas poco cubiertas; "en Colombia, el 27,7% de hogares presentan Necesidades Básicas Insatisfechas NBI, (…) y de ellas el 10,3% de las personas viven en hogares con dos o más NBI, (DANE, Boletín NBI, 2005:1)" lo que aumenta los grados de vulnerabilidad familiar ante la satisfacción de sus necesidades y el óptimo desarrollo de sus miembros.

De acuerdo con lo anterior, es innegable la relación entre vulnerabilidad, necesidades básicas insatisfechas, y VIF, la cual es trasmitida a través de complejos patrones conductuales al igual que la pobreza, así, "cuando una familia experimenta una situación permanente de pobreza ésta puede ser transmitida a la siguiente generación (…) produciendo una relación directa entre las restricciones económicas y sociales de los padres y el nivel de pobreza de sus hijos" (Moran, 2003, citado por CEPAL, 2005:12), éste efecto generacional es factible en la VIF, aunque no es una condición sine qua non de todas la relaciones de alteridad y conflicto.

"La pobreza hace a las personas vulnerables a una serie de situaciones que disminuyen su calidad de vida. Cuando la pobreza afecta una familia se aumenta su probabilidad de sufrir circunstancias negativas como el hambre, la deserción escolar, el consumo de drogas y alcohol, la maternidad en la edad adolescente, la delincuencia, etc." (Litcher, Sananhan y Garder, 1999, citado por CEPAL: 11).

La violencia suele generar otro tipo de problemáticas que dificultan al individuo integrarse adecuadamente a la sociedad. Las personalidades antisociales suelen manifestar su motilidad y condición psicológica, a través de delitos contra la vida, los derechos y la integridad de las personas, tales conductas pueden incluir el abuso sexual, la agresión física y verbal, el irrespeto a la propiedad pública y/o privada, matoneo, deserción y desinterés escolar, además, del consumo de sustancias psicoactivas, "la violencia y la adicción a las drogas hace poco posible despertar el interés de los jóvenes en los salones de clase" (CEPAL:39).

Todos los factores anteriores confluyen en la estructura psicológica de los miembros del hogar, y son el sustrato del que parten las acciones de poder, tanto de muchos padres de familia como de sus hijos, quienes a menudo reproducen por fuera de casa lo que viven en su hogar, factor que representa un riesgo importante para la cohesión y estabilidad familiar; ergo, "la extremada rigidez y severidad y, su extremo opuesto, la negligencia y el abandono, pueden llevar a la necesidad de huida del hogar a temprana edad, generar prostitución y delincuencia en cualquiera de las clases o estilos". (ICBF. Girardota-Antioquia, 2004:23).


 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

Luz Karime: Esta parte me llamó la atención creo que es totalmente cierto: "De acuerdo con lo anterior, es innegable la relación entre vulnerabilidad, necesidades básicas insatisfechas, y VIF, la cual es trasmitida a través de complejos patrones conductuales al igual que la pobreza, así, "cuando una familia experimenta una situación permanente de pobreza ésta puede ser transmitida"... la pobreza es un elemento que aumenta la vulnerabilidad y de suyo, lascondiciones psicológicas de las poblaciones vulneradas.

 

Jesus Alvarez C: A estas alturas de siglo XXI no nos extrañe que en numerosos lugares latinoamericanos se siga ejerciendo la violencia intrafamiliar en todas sus modalidades, mucho menos susto tengamos que es "aceptada" o mejor dicho la incapacidad para desprenderse de la agresión, todavía por los agredidos, la incursión de la sociedad matrimonial en nuevas concepciones de familia no exime de causar y sufrir violencia a los mas débiles por sus "jefes" de familia con mentalidad enferma, destructiva, sin amor ni respeto no solo al prójimo sino al consanguíneo.

 

diana carolina ramirez: Es excelente porque valora desde varias perspectivas psicológicas la problemática vivenciada por las víctimas de la vif.

 

mario alejandro restrepo patarroyo: ante el fenómeno inminente por el cual pasa nuestra sociedad es necesario atreverse a dar una mirada mas allá del sentimentalismo que acompaña tan deplorable situación, y situarnos en las mentes de aquellos que perpetuán la situación de agresión, dando la posibilidad de hacer algo que realmente valga la pena. Así mismo la posibilidad de acallar a aquellos incrédulos que no ven más allá de su interés personal. Mil felicidades y espero con ansias la próxima publicación.

 

MARIA FLORES : Muy buen artículo analizado desde todos los puntos de vista, buena investigación pero sería bueno que el próximo artículo tope las posibles soluciones que el estado la sociedad y la familia podrían impulsar para que no exista violencia intrafamiliar.

 

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