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Revista » Psicología de la Salud / Hospitalaria / ocupacional » la familia del paciente con infarto agudo del miocardio hospitalizado, en el marco de la rehabilitación cardiovascular
La familia del paciente con Infarto Agudo del Miocardio hospitalizado, en el marco de la rehabilitación cardiovascular
Teresa Rodríguez
Trabajo publicado el 26 de noviembre de 2009
Resumen
Palabras claves: Familia funcional, familia disfuncional, técnicas atontamiento al estrés, factores de riesgo tradicionales, factores de riesgo emocionales, prevención secundaria.
Introducción: La calidad de vida constituye uno de los aspectos más relevantes en el contexto actual de las ciencias que convergen en lo referente al mejoramiento del existir del hombre en todo el proceso salud-enfermedad, ello supone nuevos modelos de hacer y pensar la ciencia, con la nueva postura del hombre como sujeto-objeto del conocimiento científico y de sus inseparables vínculos relacionales con el entorno que lo rodea. En los tiempos actuales las enfermedades crónicas no trasmisibles (ECNT) aumentan cada año en los países industrializados y en vías de desarrollo, dejando discapacidad parcial o total en las personas que la padecen. Dentro de ellas se alza el Infarto Agudo del Miocardio (IMA). El Infarto Agudo del Miocardio puede definirse como una necrosis irreversible del miocardio, resultante de una alteración aguda y mantenida del equilibrio entre el aporte sanguíneo miocárdico y las necesidades del mismo (López de S., López-Sendón, Rubio, 1999).Desde el punto de vista fisiopatólogico esto se produce por la rotura de una placa de ateroma inestable rica en lípidos en una arteria epicárdica. La fisuración y la rotura de la placa activan la agregación plaquetaria, la formación del coagulo de fibrina y la trombosis coronaria que dependiendo del tiempo de oclusión la necrosis será más o menos extensa. Este padecimiento isquémico representa un grave problema de salud con una importante repercusión socioeconómica, se presenta con mayor frecuencia en pacientes con edades productivas y genera un gran número de personas con discapacidad laboral que muchas veces va desde la temporal hasta la incapacidad definitiva que impide la reincorporación al trabajo y a la vida socialmente útil. Así, por sus consecuencias humanas como económicas, las enfermedades coronarias son las que presentan la mayor trascendencia de cuantas existen en la actualidad (Antman y Braunwuald, 2005). Según informes estadísticos uno de cada cuatro cubanos muere por esta causa cada año en Cuba (Anuario Estadístico de Salud, 2006, Proyecciones de la Salud Pública en Cuba, 2006). Los que sobreviven al evento isquémico requieren de un proceso de rehabilitación que les permita reincorporarse a la vida socialmente útil y adquirir estándares elevados en la calidad de vida lo antes posible. Es este el motivo por el cual surge el concepto de rehabilitación cardiaca, establecido por la Oficina Europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1969, dentro de sus postulados principales está disminuir al máximo posible las desfavorables consecuencias fisiológicas, sociales y psicológicas de esta enfermedad (Rivas et al. 1990). La OMS, por medio de su Oficina Regional para Europa, creó en 1958 en Ginebra su Unidad de Enfermedades Cardiovasculares (De Velasco, 2000 et. al), y en 1964 publicó las conclusiones de la primera reunión del Comité de Expertos en Rehabilitación (Plaza, 2000). Después de varias reuniones se puso en marcha el estudio de la OMS sobre Rehabilitación y Prevención Secundaria del Infarto de Miocardio (Simoons, 2003). Este grupo de trabajo del que inicialmente formaron parte veinte y tres centros europeos y uno de Israel, entre ellos, el Servicio de Cardiología del Hospital General de Valencia, se reunió anualmente en Turku (1974), Opatija (1975), Budapest (1976), Valencia (1977) y Berlín Oriental (1978), para controlar la marcha del estudio multicéntrico y modificar, si era necesario, algunos detalles del protocolo. La conclusión y decisión más importante de estas reuniones periódicas fue poner de manifiesto que el ejercicio físico era sólo una parte de la rehabilitación cardiaca y que los aspectos psicológicos, sociales y vocacionales, que se hallaban hasta entonces relativamente apartados, debían ser objeto de una mayor atención. Según el Dr. E. Rivas Estany, Jefe del Grupo Nacional de Rehabilitación Cardiovascular este programa fue instituido en Cuba en 1973, manteniendo para su aplicación los principios y normas decretadas por la OMS, vigentes hasta los momentos actuales en nuestro país (Rivas, comunicación personal 12 de septiembre, 2004). El abordaje de los factores de riesgos tradicionales y emocionales, así como factores relacionados con el comportamiento requiere de un adecuado tratamiento durante todo el proceso de rehabilitación cardiovascular, en tanto puede ser unos de los pilares básicos de la prevención secundaria del evento isquémico. La teoría del estrés familiar hace referencia a los efectos de la acción de éste en la familia y a las crisis como respuesta familiar al mismo. Enuncia los conceptos de vulnerabilidad a las crisis y el poder de recuperación, la acción de la familia para reducir la intensidad de las situaciones demandantes, por mantener los recursos existentes, buscar otros adicionales y reestructurar cognitivamente la situación (Hernández y Florenzano, 1999). Se definen otros acontecimientos como generadores de estrés familiar, resultan de la vivencia de situaciones límites que son de carácter accidental, por ejemplo, la muerte inesperada, catástrofes, desastres naturales pérdida del trabajo, de la moral familiar, la enfermedad, ponen a prueba el máximo de los recursos adaptativos de las personas y las familias (Arés, 1999). La enfermedad es un proceso de deterioro que daña el funcionamiento biológico, psicológico y social de una persona y que puede conducir a la muerte, supone una situación de crisis, un acontecimiento estresante que produce un impacto en la vida del sujeto, una ruptura de su comportamiento y modo de vida habitual (Rodríguez, 1995), además de tener efectos estresantes en los familiares del enfermo. Pueden durar periodos largos, y conduce a cambios permanentes en pacientes y sus familiares (Hernández et al, 2003, Velasco y Sinibaldi, 2000). Ante la enfermedad crónica o terminal de un miembro de la familia, se producen cambios en las interacciones familiares, que pueden cronificarse y muchas veces interfiere en la rehabilitación y en la adaptación a las secuelas que pueda dejar el padecimiento (González y Chacón, 2003). Es la familia un núcleo integrador, representa una fuerza de medición en la reproducción de estilos de comportamiento ante condiciones preventivas, síntomas de la enfermedad y hábitos de vida saludable (Nieto-Munuera et al., 2004, Zaldivar, 2003 a). Es una red de apoyo eficaz del individuo para el ajuste a la vida social, y en especial, en la recuperación de las secuelas de la enfermedad y en el proceso de morir, convirtiéndose en sostén imprescindible en situaciones de crisis (Arés, 2003, 2007, González y Chacón, 2003). Se afirma que la intervención familiar se asocia con el grado de ajuste o funcionabilidad de sus miembros. Las familias funcionales son capaces de promover el desarrollo integral de sus integrantes y lograr en ellos el mantenimiento de estados de salud favorable, en tanto las familias disfuncionales deben ser consideradas como un factor de riesgo del individuo, al propiciar la aparición de síntomas y enfermedades en éstos. Generalmente son incapaces de enfrentar las crisis, haciendo que las soluciones que tomen pasen a ser verdaderos problemas (Louro et al., 2002, Louro 2005). La contemplación de todos los factores que intervienen en el proceso de rehabilitación cardiovascular debe ser evaluada para poder establecer un seguimiento óptimo del programa de tratamiento, el mejoramiento de la calidad de vida del paciente, así como para evitar la recurrencia del evento coronario que puede conducir a la muerte. Ello hace que surja la pregunta: ¿Puede ayudar el programa de atención psicológica a la familia de los pacientes con IMA hospitalizados, a desarrollar una actuación adecuada durante el proceso de rehabilitación cardiaca de sus enfermos? Objetivo general Evaluar la efectividad de un programa de intervención psicológica dirigido a la familia de los pacientes con IMA hospitalizados, encaminada a elevar los conocimientos acerca de los factores de riesgo, del estilo de vida cardiosaludable y de mecanismos de regulación emocional para lograr una participación acertada como elemento de apoyo y facilitadores del cambio durante el proceso de rehabilitación del infartado. Objetivos específicos 1. Identificar conocimientos que tienen los cuidadores primarios de los pacientes con IMA, acerca de los factores de riesgo de esta enfermedad, estilos de vida cardiosaludables y mecanismos de regulación emocional. 2. Determinar la utilidad que tiene la aplicación por los cuidadores de técnicas que disminuyan el efecto del estrés, en los pacientes infartados durante el periodo de hospitalización. 3. Evaluar la efectividad del programa aplicado en la fase hospitalaria teniendo en cuenta la participación de la familia en aspectos vinculados a la Rehabilitación Cardiovascular, atendiendo al grado de funcionabilidad familiar de las mismas.
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