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Revista » Psicología de la familia » la terapia narrativa como posibilidad subversiva a los discursos de género y poder en la violencia de género

La terapia narrativa como posibilidad subversiva a los discursos de género y poder en la violencia de género


 

Darwin Esteban Murgas Reinoso
Psicólogo
Mágister en Psicología Clínica
Chile

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Discusión


Todo acto de violencia se produce en una relación desigual. La violencia contra las mujeres ha sido difícil de definir y aun de identificar precisamente porque la desigualdad de género está naturalizada. En particular el maltrato a las esposas se ha considerado un derecho del marido, frecuentemente legitimado por la práctica social y las instituciones legales (Torres, s.f.).

La violencia de género es invisibilizada cuando se le normaliza y se le resta importancia, considerándola como algo habitual que siempre ha existido. Se legitima y se justifica la violencia de género cuando se vincula a procesos presuntamente coyunturales de los agresores: precariedad laboral, desempleo o presión laboral por exceso o responsabilidad; conductas adictivas de consumo (alcohol, drogas); patologías mentales o falta de autocontrol por celos o irritabilidad; e incluso, llega a asociarse a conductas presuntamente provocadoras por parte de las mujeres (forma de vestir, presión psicológica, relaciones sociales, autonomía económica, éxito profesional). La legitimación y la justificación de la violencia de género son correlatos del valor del rol masculino y la representación social del hombre (Instituto Canario de la Mujer, 2007).

Adoptar una perspectiva de género y un enfoque narrativo alienta a superar el desafío del discurso cultural restrictivo y estructuralista de género, que devalúa, culpa y subyuga a la mujer, que influye en la constitución de su identidad y en la interpretación de su experiencia.

El modelo narrativo a partir de un enfoque socioconstructivista centrado en la resiliencia, y no en el déficit, como la amplia mayoría de las teorías predominantes en psicología, permite a la persona que ha sufrido violencia (en la mayoría de los casos de sexo femenino) ampliar sus posibilidades de cuestionarse a sí misma, el sistema de valores y de creencias culturales que poderosamente ejercen presión en ésta, impidiéndole reflexionar sobre la situación de violencia, al legitimar o naturalizar ésta, confinando a la persona a un cierto automatismo, en donde con un cierto sentimiento de resignamiento, la violencia pasa a ser un aspecto constitutivo dentro de las posibilidades mismas del género.

El hecho de que la persona logre, en primer lugar, percatarse del sistema de valores y creencias que la mantienen inmersa en la situación de violencia, y en segundo lugar, a través de la observación, por ejemplo de logros aislados lejanos a la situación de violencia, alcance una cierta noción de sus recursos personales para en ocasiones salir de esta pauta, generan un posible despliegue desde una posición de espectador pasivo de la violencia a un actor activo en el proceso y con posibilidades de cambio.

Sumado a los anterior, es importante mencionar, que la terapia narrativa también ofrece posibilidades de cambio, al agresor (en la mayoría de los casos de sexo masculino), ya que, del mismo modo que la víctima, permite que este se cuestione su actuar y su pensar, al "poner sobre la mesa" los sistemas y modelos culturales predominantes, como la cultura patriarcal, que operan en su conducta. Michael White (1994) plantea preguntas para quien ha sido agresor tales como: "¿Cree que está usted más de acuerdo con esas instrucciones empobrecedoras vinculadas con la idea de ejercer poder sobre los demás o acaso le resulta más atractiva la idea de ir apreciando cada vez más los recursos y la capacidad personal?" (p. 172, 1994). Este tipo de preguntas permiten que la persona, pueda hacerse un cuestionamiento de los sistemas socioculturales que ejercen presión sobre su conducta, además de brindar aliento en buscar formas alternativas de conducta, a partir de los propios recursos que se posee.

Las personas relatan sus experiencias a partir de la construcción de historias, siguiendo a Edward Bruner (White, 1993), estas historias o narraciones anteceden a las experiencias. En cierta medida, estas narraciones determinan el como van a ser "leídas" las experiencias futuras. En violencia intrafamiliar, estas narraciones suelen ser rígidas y sobredeterminadas, tienden a naturalizar el fenómeno. En la misma línea, Bateson (1972, citado en White, 1994) afirma que la compresión que tenemos de un hecho, o el significado que le atribuimos, está determinada y restringida por su contexto receptor, es decir, por la red de premisas y supuestos que constituyen nuestros mapas del mundo. Es por eso que la terapia narrativa se presenta como una instancia de subversión a los discursos dominantes o naturalizados, a través del trabajo de deconstrucción de las narraciones que mantienen el sistema de valores y de creencias de la persona, en las conversaciones con el terapeuta se promueve la generación de nuevas narrativas más prometedoras para la persona o como plantea White (1993) se encuentren más acordes a sus preferencias personales.


Conclusiones

Hasta hace poco la violencia de género apenas trascendía del ámbito privado de quienes las sufrían. El maltrato a la mujer permanecía en el secreto de las familias. La consideración de la violencia como fenómeno privado, contribuía a que esta "fuera entendida como un derecho de los varones, como algo normal e incluso legítimo, para pasar, posteriormente a ser vista como algo inadecuado pero que formaba parte de la vida íntima y en lo que, por tanto, no se debía intervenir" (Instituto Canario de la Mujer, 2007).

La reciente consideración de la violencia contra las mujeres como problema social ha implicado que el fenómeno empiece a ser más visible y con esto se generen nuevas formas para abordar su explicación. No es lo mismo un abordaje que considere a la violencia de género como un problema individual o acto aislado, desde un análisis que atribuye la circunstancias particulares del agresor o de la víctima (socioeconómicas, psicopatológicas, conductas adictivas, etc.), que como una problema que tiene sus raíces en las relaciones sociales de poder entre mujeres y hombres basadas en la desigualdad, en donde las mujeres ven amenazadas sus vidas por el simple hecho de haber nacido mujer.

A modo de síntesis, siguiendo a Cantera (2004), las direcciones en que se debe avanzar para un amplia visibilización del fenómeno de la violencia de género, son las siguientes:

- Desnaturalización: Lo que ha venido siendo concebido largo tiempo como algo consustancial a la naturaleza de las cosas, y por tanto inmodificable, debe ser pensado como una cuestión generada por una historia cambiable.

- Desprivatización: Lo que fue visualizado y vivido como asunto debe adquirir el rango de acontecimiento público. La sociedad en general, debe hacerse partícipe en la denuncia de las situaciones de violencia.

- Desindividualización: Lo que fue tratado como problema (inter) individual  (o como mera suma cuantitativa de problemas individuales aislados) debe ser definido en términos de problema social y político, ya que es un fenómeno que afecta a las mismas bases de la vida familiar y social.

- Desbiologización: Lo que fue tratado como algo determinado por la relación animal entre los sexos (macho-hembra), debe ser considerado como derivado de los imperativos culturales de la relación entre géneros (masculino-femenino).

- Desnormalización: Se debe cuestionar que la violencia de género, deba seguir siendo considerada como una expresión genuina de la "normalidad" social.

La violencia de género se produce en una relación desigual. La violencia contra las mujeres ha sido difícil de definir y aún de identificar precisamente porque la desigualdad de género se encuentra naturalizada y legitimizada. El enfoque del escenario patriarcal nos facilita la compresión de la violencia en la pareja, no como un fenómeno derivado de la naturaleza de sexual de las relaciones entre macho y hembra, sino como un proceso histórico, producido y reproducido por las estructuras sociales de dominación de género y alimentado por la ideología construida y consolidada a lo largo de la cultura patriarcal y androcéntrica.

La visión esquemática de la construcción social de los estereotipos de género nos proporciona el marco conceptual específico que permite enfocar la violencia en la pareja en su relación con las vivencias de la masculinidad y de la feminidad, consideradas no como rasgos psicológicos derivados de atributos biológicos sino, más bien, precisamente como construcciones socioculturales más asociadas a estructuras de desigualdad, dominación y discriminación social que de simple diferenciación sexual. Según Ferreira (Martínez, 2002), la cultura es un instrumento poderoso que transmite expectativas y valores asociados a ser hombre o ser mujer. Cada uno de los individuos, según el mandato predominante en la cultura en que esté inserto, debe ajustarse a las pautas de conductas esperables.

La terapia narrativa se presenta como una vía posible para superar el discurso estructuralista y normalizador de los estereotipos de género. La perspectiva narrativa en terapia cuestiona las prácticas terapéuticas modernas, que suelen replicar los discursos disponibles en la cultura patriarcal, acerca de  la vida y la identidad de las personas. De este modo, la terapia narrativa se presenta como una herramienta subversiva a los discursos de género y poder que subyacen en violencia de género, al brindar una instancia de cuestionamiento y reflexión sobre paradigmas restrictivos y estructuralistas a la vida y la identidad de las personas, conllevando así una posibilidad efectiva de cambio, a partir de las preferencias individuales de cada persona, dando un paso de "cargar culpas" a "generar nuevas historias".

 

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Comentarios a este trabajo



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malena: En este momento me encuentro realizando un artículo con base a la violencia de género en el conflicto armado de nuestro país, me alimenta este trabajo, pero sobre todo me gusta su aporte innovador y subversivo, manos a la obra pues.

 

sonia Yandun Benavides: Estoy trabajando en el Tema de Violencia Basada en Género es una herramienta más que enriquece mi trabajo... Felicitaciones

 

Ernesto Vaca: En el día internacional de la lucha contra la violencia hacia la mujer viene perfecto este estudio terapéutico, felicitaciones.

 

Juan Andrés Alba: Muy bueno el artículo. Explícito y bien organizado. Felicito al autor.

 

Dr. Ariel Orama: ¡Excelente articulo, enhorabuena!

 



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