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La terapia narrativa como posibilidad subversiva a los discursos de género y poder en la violencia de género


 

Darwin Esteban Murgas Reinoso
Psicólogo
Mágister en Psicología Clínica
Chile

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Trabajo publicado el 20 de octubre de 2009

 



Resumen


El objeto del presente artículo  sobre la violencia de género, es analizar y dar cuenta de las dos variables estructurales principales, que a juicio del autor, permiten explicar la invisibilidad del fenómeno de la violencia contra la mujer, así como su naturalización: los discursos de poder y de género. Conjuntamente, se propone el empleo de la terapia narrativa como una herramienta efectiva y una posibilidad subversiva, para desafiar a estos discursos de carácter estructuralista y restrictivo, trabajando deconstructivamente a través de la analogía del texto y la técnica de la externalización.

 

Palabras claves: violencia de género, género, poder, deconstrucción, terapia narrativa.

 

Introducción

Según la "Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer" aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en diciembre de 1993 (Bosch y Ferrer, 2005), la violencia de género o violencia contra la mujer se define como: "todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada".

En 1980, las Naciones Unidas afirmaron que la violencia hacia la mujer es el crimen encubierto más numeroso del mundo (Larrain, 1994). No obstante han pasado, casi 30 años y es un tema que hoy en día sigue manteniendo ribetes de silencio y ocultamiento, que en definitiva tienden a invisibilizar el fenómeno.

Siguiendo a Larrain (1994), la violencia contra la mujer, especialmente la que ocurre en el hogar, en el ámbito privado, es una práctica que ha sido legitimada, que no trasciende de algo más que una "anécdota de la vida diaria", sólo cobrando un valor especial cuando sus consecuencias adquieren un carácter "espectacular". Esto ilustra otro aspecto que se suma a la invisibilización, que circunda a la violencia de género: la legitimación o más claramente la naturalización de ésta; las situaciones de violencia se convierten en algo esperado para el género, pasan a formar parte de lo cotidiano, de la norma y no de la excepción o el caso aislado.

Si se hace un análisis de las variables estructurales que generan y mantienen el fenómeno de la violencia de género, se destacan dos principales: el poder y el género.  La primera variable, el poder; da origen a una estructura vertical donde la mujer se ubica en una posición jerárquica inferior al hombre, cuestión que se denota en creencias y expresiones tales como: "la mujer siempre debe obediencia al marido" (Díaz, s.f.). Del mismo modo, la segunda variable, el género; también ubica a la mujer en una posición jerárquica inferior respecto al hombre, a partir de la existencia de estereotipos culturales que atribuyen un valor más alto a lo masculino, esto se observa en expresiones tales como "si una mujer el marido la golpea, por algo será" (Díaz, s.f.).

Gracia (2002, citado en Cantera, 2004) utiliza la metáfora freudiana del iceberg para expresar un doble significado, que guarda relación con las asimetrías de los géneros: 1) que las "aguas gélidas" del tradicionalismo cultural (patriarcal) constituyen el "entorno ecológico" adecuado para la invisibilidad de la violencia familiar y 2) que un cambio en el "clima ideológico" que comporte un "calentamiento significativo de las aguas de la conciencia social" y de la opinión pública es la condición indispensable para un cambio social orientado a diluir la magnitud del problema oculto de esta violencia.

Una propuesta interesante para desafiar el discurso cultural de género, fuertemente marcado por la dominación tradicional de tipo patriarcal, que se presenta restrictivo y estructuralista, es el que ofrece la terapia narrativa, que se enmarca en una epistemología socioconstruccionista.

 La perspectiva narrativa en terapia cuestiona las prácticas terapéuticas modernas, que se encuentran marcadamente influidas por discursos estructuralistas sobre la vida y la identidad de las personas, proponiendo desde la metáfora del texto una aproximación a la vida de las personas como historias, y un conjunto de prácticas terapéuticas que van en la búsqueda de los eventos marginados por los relatos dominantes en la experiencia de vida de las personas, para favorecer la generación de relatos alternativos que validen los conocimientos y habilidades que las personas tienen para hacer que su vida marche más acorde a sus preferencias personales (White, 1993).

De este modo, la terapia narrativa se presenta como una herramienta subversiva a los discursos de género y poder en violencia de género, al brindar una instancia de cuestionamiento y reflexión sobre paradigmas restrictivos y estructuralistas a la vida y la identidad de las personas, conllevando así una posibilidad efectiva de cambio.

Marco conceptual


La importancia del género en la violencia de género

Brevemente se puede definir al género como un concepto propio de una cultura, que alude a la asignación de tareas, roles y significados atribuidos a lo masculino o femenino, de lo que es ser hombre o ser mujer en una sociedad determinada (Martínez, 2002).

El género es una construcción social de las relaciones entre mujeres y hombres, así como de las mujeres entre sí y de los hombres entre sí, aprendidas a través de la socialización, cambiantes en el tiempo y diferentes de una cultura a otra (Instituto Canario de la Mujer, 2007).

Según Daskal y Ravazzola (1991, citado en Martínez, 2002), los valores puestos en juego durante el proceso de crianza, las figuras de identificación, los mandatos y expectativas acerca del desempeño de los roles sexuales, hacen que varones y mujeres se desarrollen "mutiladamente".

 Entre los roles más comunes asociados a cada género podemos encontrar los siguientes (Instituto Canario de la Mujer, 2007):

-  Los hombres se educan en la sociedad y la cultura en masculino, para desempeñar una actividad central (valorada): la producción. Ocupan el espacio público (vida social, política, económica, laboral) y se les valora como referentes sociales del poder y la toma de decisiones.


-  Las mujeres se educan en femenino para desempeñar una actividad minusvalorada: la reproducción. Ocupan el espacio privado, especialmente lo relacionado con la actividad doméstica y las relaciones personales, y tienen una menor participación en los espacios de toma de decisiones.

Autores como Goodrich y cols. (1989), plantean que en nuestra sociedad patriarcal, la organización de los géneros ubica al hombre en una posición dominante, de mayor poder, y a las mujeres en una posición subordinada, en desventaja de poder, lo que hace evidente que en la definición misma de los roles atribuidos a cada género, de manera implícita se perpetua una asimetría en la distribución de poder.

La perspectiva de género cobra relevancia en un modelo de violencia conyugal, fundamentalmente por dos motivos: en primer lugar, permite hacer una significativa conexión entre el macrosistema de creencias y valores culturales, que define los estereotipos de género de manera que estos refuerzan o validan los actos de violencia y, en otro nivel, orienta la intervención en violencia conyugal desde una consideración de la especificidad de las vivencias, sentimientos, ideas y concepciones de cada uno, hombre y mujer acerca de su problemática (Martínez, 2002).


Cruces entre poder y género en violencia de género

La violencia contra las mujeres en cualquiera de sus expresiones -hostigamiento, abuso sexual, violación, maltrato en el interior del hogar- se sustenta en relaciones de desigualdad y asimetrías de poder presentes en todos los niveles de la organización social, incluida por supuesto la familia. Por esa razón muchos actos de violencia pasan inadvertidos. No tienen el mismo peso que si se produjeran en una relación entre iguales. (Torres, s.f.)

Max Weber (Torres, s.f.) habla de un tipo de dominación tradicional, que se presenta en sociedades donde la autoridad que se confiere a determinadas personas y la obediencia que ésta conlleva se produce por "hábito inveterado". Esto quiere decir que  la legitimidad de quienes mandan se basa en tradiciones, en la creencia de que así ha sido siempre y debe seguir siéndolo, por ser "designio divino".

Pierre Bourdieu (2003), plantea que todo poder admite una dimensión simbólica: debe obtener de los dominados una forma de adhesión que no descansa en la decisión deliberada de una conciencia ilustrada sino en la sumisión inmediata y prerreflexiva de los cuerpos socializados. Los dominados aplican a todo, en particular a las relaciones de poder en las que se hallan inmersos, a las personas a través de las cuales esas relaciones se llevan a efecto y por tanto también a ellos mismos, esquemas de pensamiento impensados que, al ser fruto de la incorporación de esas relaciones de poder bajo la forma mutada de un conjunto de pares de opuestos (alto/bajo, grande/pequeño, masculino/femenino, etc.) que funcionan como categorías de percepción, construyen esas relaciones de poder desde el mismo punto de vista de los que afirman su dominio, haciéndolas aparecer como naturales.


 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

malena: En este momento me encuentro realizando un artículo con base a la violencia de género en el conflicto armado de nuestro país, me alimenta este trabajo, pero sobre todo me gusta su aporte innovador y subversivo, manos a la obra pues.

 

sonia Yandun Benavides: Estoy trabajando en el Tema de Violencia Basada en Género es una herramienta más que enriquece mi trabajo... Felicitaciones

 

Ernesto Vaca: En el día internacional de la lucha contra la violencia hacia la mujer viene perfecto este estudio terapéutico, felicitaciones.

 

Juan Andrés Alba: Muy bueno el artículo. Explícito y bien organizado. Felicito al autor.

 

Dr. Ariel Orama: ¡Excelente articulo, enhorabuena!

 

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