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Revista » Psicología de la Salud / Hospitalaria / ocupacional » anorexia y bulimia en varones adolescentes: factores de riesgo

Anorexia y bulimia en varones adolescentes: Factores de riesgo


 

Clara García Sandoval
Psicóloga
Murcia, España

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Motivaciones


Mientras que las mujeres desean "estar delgadas", los varones que presentan trastornos de la alimentación desean "no estar gordos". Lo más frecuente en varones es que estén preocupados por evitar las burlas o las críticas acerca de su aspecto y traten de conseguir un cuerpo masculino ideal más que la delgadez. Con frecuencia, el ansia de delgadez está sustituida por el deseo de estar en forma o se entremezcla con él (Calvo, 2002; Pope, Gruber, Mangweth y Bureau, 2000; Toro 1997).


Presión social hacia el ejercicio físico


Los varones presentan mayor presión social hacia el ejercicio físico intenso que las mujeres, asumiendo y practicando lo que se ha llamado "culto a la fisicalidad". La voluminosidad muscular, la amplitud torácica y la imagen de fuerza/potencia física son características tradicionalmente integrantes del modelo estético masculino en las sociedades humanas (León y Castillo, 2005; Rosen, 2003; Toro, 1997).


Construcción y moldeamiento activo de sus cuerpos


Es lo que frecuentemente persiguen los varones durante la adolescencia e inicio de la juventud. Las mujeres, en cambio, a la vez que buscan la delgadez, suelen preocuparse por el mundo que concierne a la estética, por lucir bellas mediante el uso de productos y utensilios destinados a mejorar su aspecto externamente. De ahí la consumista pasión por las distintas prendas de vestir, por la cosmética, etc. (Pope et al., 2000; Toro, 1997).


Percepción de la imagen corporal


En los varones con trastornos de la conducta alimentaria, la dimensión de la silueta corporal ideal aumenta a medida que crecen e incrementan su masa corporal; por el contrario, el cuerpo femenino ideal es más delgado que el suyo propio y que el que resulta atractivo para los varones (Mangweth, Hausmann, Walch y Hotter, 2004; Toro, 1997).


Problemas físicos


Además de aquellas alteraciones fisiológicas que presentan ambos sexos tales como hipotermia, hipotensión, anemia, alteraciones del tránsito intestinal, erosión del esmalte dental, entre otras, cabe especial mención la osteoporosis,  pues los estudios parecen indicar una mayor deficiencia de densidad mineral ósea en varones que en mujeres con trastornos de la conducta alimentaria, sobre todo en aquellos varones que padecen bulimia nerviosa (Andersen, Watson y Schlechte, 2000; Carlat et al., 1997).


Evaluación corporal


La evaluación entre sexos es distinta. Mientras que los varones evalúan sus cuerpos en torno a la eficacia, las mujeres realizan su evaluación corporal en función de la apariencia. Cuando hablamos de eficacia nos referimos al intento de conseguir un cuerpo más apropiado o más válido para desempeñar distintas actividades, ya sea en el ámbito deportivo o en el de trabajo (Baum, 2006; Boroughs y Thompson, 2002; Toro, 1997).


Edad de inicio del trastorno


Es más tardía en los varones, pues tienden a comenzar con el trastorno al final de la pubertad, siendo la media de edad en torno a los 18-19 años. Las mujeres, en cambio, presentan una edad de inicio del trastorno más temprana, alrededor de los 13-14 años (Carlat et al., 1997; León y Castillo, 2005).


Insatisfacción corporal


Los varones con trastornos de la alimentación centran su insatisfacción en la parte superior del cuerpo, mientras que las mujeres se sienten insatisfechas con la mitad inferior del cuerpo (Calvo, 2002; Toro, 1997).


Nivel académico


Difieren en cuanto a los resultados que obtienen. Los varones con dichos trastornos suelen poseer un nivel medio en resultados académicos, a diferencia de las mujeres que, en la mayoría de los casos, presentan un nivel alto de estudios (Calvo, 2002; Cassin y Ranson, 2005).


Métodos para perder peso


Para adelgazar o eliminar calorías, los varones con estas patologías suelen optar por el ejercicio físico, mientras que las mujeres optan por la dieta (Poyato et al., 2004; Olivardia et al., 1995; Rosen, 2003).


Comportamientos y actitudes en la bulimia nerviosa


Mientras que la mayoría de mujeres con bulimia nerviosa están casadas o son sexualmente activas, los varones con bulimia nerviosa manifiestan tener comportamientos homosexuales o ser sexualmente inactivos (Herzog, Bradburn y Newman, 1990; Robinson y Holden, 1986).

Al mismo tiempo, existen estudios que muestran diferencias en los hábitos alimenticios de pacientes con bulimia nerviosa. Revisiones bibliográficas indican la tendencia al atracón, en los varones, a la hora de comer o en público, mientras que las mujeres parecen comer menos durante las comidas y prefieren llevar a cabo el atracón en privado (Schneider y Agras, 1987; Ussery y Prentice-Dunn, 1992).


Influencia de la publicidad


A pesar del aumento de los anuncios publicitarios destinados a mostrar el modelo masculino actual, a diferencia de las mujeres, los varones se sienten menos influenciados por la publicidad (Mangweth et al., 2004; Pope et al., 2000).


Reconocimiento de enfermedad y búsqueda de ayuda


Los varones tardan tiempo en percatarse de su trastorno de la conducta alimentaria y aún más en buscar ayuda. Piden consulta con una media de edad en torno a los 20 años y una duración del trastorno de aproximadamente 1,5 años de evolución de la patología. Las mujeres, en cambio, se percatan en poco tiempo de su problema y tardan poco en buscar ayuda profesional (Carlat et al., 1997; Lewinsohn, Seeley, Moerk y Striegel-Moore, 2002; Olivardia et al., 1995).


Diagnóstico


En los pacientes varones, el trastorno tarda en diagnosticarse debido a la tendencia que existe a vincular los trastornos de la conducta alimentaria con las mujeres, a pesar del incremento en el número de pacientes varones que sufren estas patologías. Antes, por tanto, se descartan muchas otras causas que pueden ser responsables de los signos y síntomas que presenta el paciente. Al parecer, resulta difícil asociar al varón con esa extrema preocupación por la imagen corporal. En las mujeres, en cambio, el trastorno es rápidamente diagnosticado (Calvo, 2002; Cervera, 2005; Rosen, 2003).


Comorbilidad

Los varones que padecen trastornos de alimentación presentan mayor comorbilidad que las mujeres con trastornos depresivos y obsesivo-compulsivos, (Carlat et al., 1997; Olivardia, et al., 1995; Ranson et al., 1999;  Ray, 2004; Rosen, 2003; Woodside et al., 2001).


Variables de personalidad


Los varones que sufren trastornos de la conducta alimentaria parecen mostrar menos comportamientos de evitación del daño corporal y son menos organizados, perfeccionistas y colaboradores que las mujeres que padecen estas patologías. A su vez, presentan menor distorsión de la imagen corporal, influencia del peso y la figura corporal en la autoestima y su motivación para cambiar sus conductas también es menor que en las mujeres (Carlat et al., 1997; Cassin y Ranson, 2005; Rosen, 2003;  Woodside et al., 2004).

Estos varones presentan problemas para identificar y/o responder a emociones debido a cambios en estados internos como hambre, fatiga o cansancio y saciedad. Esta identificación de emociones refleja un déficit en las destrezas o habilidades del varón adolescente, que conducen, a su vez, a dificultades en el manejo efectivo del estrés (Rosen, 2003; Ussery y Prentice-Dunn, 1992).


Factores de riesgo


Llamamos factores de riesgo a aquellas variables que aumentan la probabilidad de que se produzca la enfermedad. Hacemos referencia a aquellas variables predisponentes y precipitantes que actúan desde el inicio de la vida del sujeto o acontecen inmediatamente antes del inicio del trastorno, y condicionan la vulnerabilidad del varón a padecer la enfermedad. Dichas variables pueden ser tanto personales como familiares o sociales.
              
En este punto se centra nuestro trabajo y la importancia del mismo, pues eliminando o reduciendo las posibilidades de exposición a estos factores de riesgo, disminuiríamos la probabilidad de padecer estas enfermedades (Gil, 2004).

A continuación presentamos dichos factores, implicados en la aparición de los trastornos de la conducta alimentaria, distribuidos en 3 grupos: personales, familiares y sociales.


Personales


Aquellos factores biológicos, cognitivos o conductuales pertenecientes al propio individuo.

Dentro de las características de la personalidad se encuentra que hay variables de personalidad que deben ser tenidas en cuenta como factor de riesgo de los trastornos de la conducta alimentaria (Calvo, 2002, Cervera, 2005; Strober et al., 1997), tales como: poseer una autoestima baja, infravalorarse en todo, ser una persona insegura que busca la aprobación de los demás y a menudo cifra esta aprobación en el aspecto de su cuerpo, la introversión, la dependencia de otros, la falta de asertividad, la obsesividad, el perfeccionismo. Todas ellas, características


Obesidad premórbida

La mayoría de varones con trastornos de la conducta alimentaria han sido obesos premórbidos. Es uno de los grupos con mayor vulnerabilidad a padecer trastornos de la alimentación y supone un factor diferenciador respecto a las mujeres, las cuales no tienen necesariamente que presentar sobrepeso para dejar de comer o alterar su comportamiento alimenticio. Estos varones obesos que pierden peso y se obsesionan con volver a recuperarlo, serían una población de riesgo a la que seguir de cerca (Crispo et al, 1998; Ray, 2004; Toro, 1997).

Muchos de ellos inician sus desórdenes alimentarios buscando una mejor definición muscular y evitando esa insatisfacción que les produce alguna parte de su cuerpo. Este factor se encuentra muy relacionado con el hecho de haber recibido algunas burlas o sentimientos de rechazo por su sobrepeso; especialmente en ellos existe una sensibilidad manifiesta ante la crítica, el rechazo y el menosprecio por su aspecto, relacionado, a su vez, con cuestiones prácticas como el no poder participar en actividades deportivas propias del género, a edades claves en el desarrollo psicológico. Se encuentran insatisfechos con su imagen corporal y esto sólo es compensado en aquellos varones con gran destreza física que canalizan su desarrollo en el deporte (Olivardia et al, 1995; Rosen, 2003).

Esta historia de sobrepeso se produce en algún momento antes del inicio del trastorno, y un alto porcentaje de estos varones, que en su infancia han sido obesos, muestra haber hecho dieta años antes, aconsejada por un médico o por sugerencia de algún familiar (Carlat et al, 1997; Cervera, 2005; Strober, Freeman y Morrell, 1997).


Deportistas


Constituyen un grupo de riesgo considerable. Varones jóvenes dedicados a deportes en los que existe una focalización hacia la imagen y peso corporal. Son juzgados por su apariencia física y competitividad. Lucha libre, natación, danza, remo, gimnasia, atletismo, buceo, construcción corporal, etc., representan deportes que incrementan el riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria (Patel y Greydanus, 2003; Rosen, 2003).
             
Hacemos referencia a deportes con clasificaciones de peso y a aquellos en los que se prefieren cuerpos delgados (piden una talla y proporción corporal por debajo del escrutinio) para desempeñar un determinado ejercicio físico (Nelson y Hughes, 1999).

Algunos de estos varones creen que competir con un peso por debajo de lo normal o reducir su masa corporal les llevará a incrementar sus oportunidades de ganar. Los efectos de los trastornos de la alimentación debilitan el físico de estos deportistas y les conducen a disminuir el rendimiento.
             
La presión que sufren estos varones les lleva a comprometerse con comportamientos alimenticios desadaptativos y peligrosos para su salud física, tales como: ejercicio excesivo, restricción de calorías y líquidos, uso de diuréticos y laxantes, vómitos autoinducidos y hambre (Calvo, 2002; Ray, 2004).

Cabe mencionar el hecho de que la distorsión de la imagen corporal, en estos varones atletas, puede llevarles a padecer un trastorno especular a la anorexia, denominado Anorexia Inversa, que se considera más un trastorno de la imagen corporal que un trastorno de la conducta alimentaria, y se compara con la Dismorfia Muscular. En este trastorno, los varones tienden a percibirse como pequeños o débiles cuando su aspecto real es grande y musculoso. Estos varones pueden negarse a mostrar sus cuerpos en público y a realizar actividades sociales, recreativas y ocupacionales importantes para dedicarse de forma compulsiva a lograr esa apariencia musculosa, que no consiguen ver en ellos mismos, en el gimnasio y, además, abusar de anabolizantes, ingerir proteínas e hidratos de carbono de forma excesiva y llevar a cabo estrictos controles de peso (Handelsman, 2001; Hatmaker, 2005; Kanayama, Barry, Hudson y Pope, 2006; Pope et al., 2000).

En algunos varones, este trastorno, relacionado con una personalidad narcisista, podría ser un trastorno único (Rosen, 2003).


Identidad sexual

A pesar de la presencia de argumentos y opiniones contrarias mencionadas por algunos autores, la gran mayoría de revisiones bibliográficas reflejan el hecho de que parece existir una relación importante entre aquellos varones de tendencia homosexual y los trastornos de la conducta alimentaria. Estos varones presentan un incremento del riesgo a padecer dichos trastornos. Algunos autores hacen referencia, sobre todo, a aquellos pacientes varones con bulimia nerviosa (Carlat et al, 1997; Ray, 2004; Rosen, 2003).

La explicación parece residir en un conflicto sexual que crece rápidamente en el periodo adolescente (Boroughs y Thompson, 2004; Manley et al., 2000).

La insatisfacción corporal, relacionada con un índice de masa corporal más elevado,  es la variable crítica en estos varones homosexuales con trastornos de la alimentación, que es algo diferente a la insatisfacción corporal en mujeres, pues involucra tanto el peso como la musculatura corporal (Lakkis et al., 1999; Yelland y Tiggemann, 2003).
Existen autores que hablan de feminidad relacionada con niveles más elevados de  trastornos de la conducta alimentaria y no tanto de orientación sexual, pues en la sociedad occidental la feminidad está más relacionada con una mayor importancia a la apariencia (Lakkis et al., 1999; Meyer, Blissett y Oldfield, 2001; Murnen y Smolak, 1997; Strong, 2000).

A su vez, se infieren semejanzas en la estructura del cerebro entre varones homosexuales y mujeres heterosexuales y se argumenta que los varones homosexuales podrían reaccionar frente a estresores ambientales de una manera biológicamente femenina, incrementando así su riesgo a padecer trastornos de la conducta alimentaria (Carlat et al, 1997; Woodside et al., 2001).  

También se hace referencia a una baja autoestima en los varones homosexuales debido a la presión experimentada desde la comunidad homosexual por ser atractivo y musculoso. Esto debilita su autoestima y puede originar dichos trastornos (Cervera, Lahortiga, Martínez-González y Alonso, 2003; Gual, Pérez-Gaspar y Enguix, 2002).

Los resultados parecen indicar que en los varones heterosexuales la insatisfacción corporal depende de la medida del índice de masa corporal, mientras que en los varones homosexuales tiene mayor importancia la influencia del grupo. Los varones homosexuales parecen mostrar un índice de masa corporal y autoestima inferiores a los varones heterosexuales, así como niveles más elevados de insatisfacción corporal e influencia grupal.  (Hospers y Jansen, 2005; Toro, 1997).

 

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Comentarios a este trabajo



Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:


 

John Cash: Brillante articulo, enhorabuena, un excelente trabajo

 

olga rojas: Felicidades, no sabia que estos trastornos se daban en los hombres, utilizaremos la informacion para presentar un caso en terapia cognitiva.

 

veronica: Excelente articulo, la felicito muy buena informacion me fue de mucha ayuda gracias

 

hernan jair : Contiene un alto contenido, un arduo trabajo por parte del investeigador. Demuestra que hay fenómenos que no tomamos en cuenta.

 

Magu Velasco: Un trabajo con información precisa y bien documentado.

 

Ronald B: Te felicito excelente trabajo, hago este comentario ya que me sirve de mucho para mi estudio de Psicología Clínica.

 

Antonio: Trabajo muy bien estructurado y definido con claras explicaciones y sencillo de entender para aquellos que necesiten conocer estas enfermedades.

 

aurea blanco: A mí me parece que este trabajo es muy bueno ya que mucha gente se centra más en la anorexia femenina sin pensar que tanto hombres como mujeres sufren tal enfermdad. Pienso que este trabajo puede servir a mucha gente para entender mejor la anorexia ya sea en hombres o mujeres.

 



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