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La violencia, aproximaciones biopsicológicas


 

Augusto V. Rhamírez
Psicólogo Clínico
Investigador Social
Universidad Autónoma de Santo Domingo
La Habana, Cuba


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Trabajo publicado el 15 de mayo de 2009

 



Resumen


La violencia ejercida por el hombre es un tema  estudiado con frecuencia, este artículo es sólo un fragmento de un trabajo de investigación realizado por el autor y titulado "Familia, Consumo y Sociedad". En su introducción se afirma que:  "Ante un objeto de investigación  tan amplio y complejo, la ciencia no ha  tenido otro camino,  que descuartizar ese  sistema, llamado hombre, y acotar campos y parcelar intentando conocer las partes para comprender el todo. Las ciencias particulares son eso: fragmentos   de humanidad  puestos  bajo  el microscopio de las especialidades.

Pero ninguna especialidad puede, a través de su parcela, conocer el todo. La generalización  ha demostrado no ser un buen camino  para comprender la función. Cualquier  sistema  es, infinitamente más complejo que sus partes y muy  diferente a la suma de las mismas. Todos los fisiólogos saben esto y los  físicos también, pero a muchos sociólogos se les olvida".

Reconociendo así la complejidad del ser humano en cada una de sus acciones, el autor realiza una aproximación biopsicológica a este concepto, inherente a la fisiología, historia  y contexto sociocultural  de cada persona.

 

 


Esbozo histórico

Desde Aristóteles a la fecha, miles de autores han abordado el tema de la violencia, tanto en el plano ontológico como en la arena social. De la violencia como fardo a la violencia como derecho, las líneas argumentales han explorado muchos caminos y han arribado a múltiples conclusiones. Desde nuestro enfoque, toda fuerza o condición que impida, limite o distorsione la actividad de un organismo en pos de la satisfacción de sus necesidades, es violencia. Tanto en plano físico, como psicológico, cualquier acto o manipulación sobre una persona o un grupo para limitar o impedir la satisfacción de sus necesidades, es violencia.

Mientras la violencia  es individual  y esporádica  no altera los perfiles sociales ni alarma a nadie.  Pero cuando la violencia se hace endémica, todo el mundo se siente amenazado y la sociedad entra en crisis.

En 1908 al calor de la  fracasada insurrección rusa  de 1905, Georges Sorel, un teórico del Sindicalismo Revolucionario, publicó un libro  que encendió la polémica en todo occidente. "Reflexiones  sobre la violencia",  intentaba diferenciar entre la violencia del represor y la violencia del oprimido; justificando la violencia revolucionaria  del pueblo frente a la violencia represiva  de los dominadores. Esta obra dio justificaciones al terrorismo anarquista  y convirtió la bomba  y los atentados en instrumentos válidos  de la emancipación proletaria. La "carnicería" de la Primera  Guerra Mundial demostró que, en nombre de la patria y la defensa nacional,  podían asesinarse a miles de personas y,  además, ser condecorado  como un héroe.  Los mismos que condenaron la obra de Sorel, por inmoral  y blasfema,   aplaudieron   la aventura bélica para apoyar los intereses  de los grupos dominantes.

En 1947, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, Aimë Cesair, un poeta martiniquence, diputado  a la Asamblea Francesa, por el departamento de Martinica, dio lectura a un análisis de las causas históricas  del fascismo y de la Guerra. El discurso sobre el colonialismo no sólo conmovió a la Asamblea Francesa  sino a todo el mundo progresista.

La tesis de Cesair  era, aparentemente simple, pero  en realidad muy profunda. Pasando revista  a todas las masacres y genocidios del colonialismo, llevados a cabo por las potencias occidentales, contra  todos los pueblos y culturas no europeas. Concluía, que el horror y la indignación  de los Aliados, ante la barbarie alemana, era pura hipocresía. Todos esos horrores los había practicado Europa  para imponerles la dominación  colonial  a otros pueblos. Y solo cuando se vieron víctimas, cuando padecieron la barbarie en sus propias tierras,  se cubrieron la cabeza de cenizas  y denunciaron iracundos los crímenes de Alemania.

Para Aimë Cesair, la barbarie nazi, era sólo el bumerán de odio, que se volvía contra aquellos que, negando sus propios principios,  habían masacrado  pueblos y culturas en nombre de la civilización occidental. Según este poeta, la exportación de la barbarie,  corrompe,  irremediablemente, a sus autores.

A partir  de la década de los cincuenta, el proceso de descolonización  se profundizó, entre otras razones,  porque la experiencia norteamericana en América Latina, había demostrado que era más rentable, dominar y explotar económicamente un pueblo, permitiéndoles una soberanía formal, que invadirlos colonialmente. Pero  Francia,  en Indochina  y Argelia  se negó a escuchar la voz de la historia,  empeñándose  en una guerra  perdida de antemano.

Frank Fanom, un psicoanalista   argelino,  realizó el primer  análisis psicosocial  de los efectos de la colonización en la personalidad del colonizado."Los Condenados de la Tierra" y "Piel  Negra, Máscara Blanca" (Libros publicados en Cuba) son las primeras aproximaciones científico-humanísticas a las consecuencias  de la dominación  político-cultural de un pueblo.   

Pero la guerra de Argelia, en la cual Cuba hizo su debut internacionalista (1), puso sobre el terreno otra de las terribles consecuencias de la violencia colonial. La ferocidad de la represión francesa, con la tortura institucionalizada y los asesi-natos y las desapariciones  como práctica cotidiana, tuvieron  la réplica brutal de los colonizados.  El terrorismo argelino no se detuvo ante nada. Discotecas, hospitales, teatros, ómnibuses escolares. No había excepciones, ningún francés, ningún colabo-racionista  era respetado. París,  fue castigado, el terrorismo  argelino ensangrentó las plazas  y  las calles  de la Ciudad Luz.  La consigna fue: mientras haya represión en Argelia los  franceses no podrán vivir tranquilos. La brutalidad colonial desató la brutalidad de las víctimas. Francia perdió la guerra, pero Argelia no recuperó la paz.

Podrían citarse   muchos ejemplos  que   ratifican, una y otra vez,  que la violencia  sólo engendra violencia. Que la barbarie, tarde o temprano,  bestializa  a los agresores  y deshumaniza a las víctimas. En estos momentos  en que la sociedad norteamericana tiembla de miedo y de rabia  y que toda Europa   se siente  vulnerable e insegura,  es oportuno recordar que  la catástrofe del 11 de Septiembre  no fue un rayo en un mar en calma. Y que el genocidio de los iraquíes es consecuencia de la descomposición social norteamericana y no un producto del 11 de Septiembre.

La ola de violencia  venía creciendo en todo el mundo desde el desmoronamiento de la Unión Soviética: masacres étnicas en África y los Balcanes;  expediciones punitivas  contra Somalia; terrorismo checheno en Moscú; bombardeos indiscriminados sobre las ciudades chechenas; guerra petrolera  en el Golfo; bombardeos de castigo  sobre Irak; agresión de la OTAN contra Yugoslavia. Genocidio norteamericano en Irak. Del millón setecientos mil  víctimas mortales de la violencia en  el año 2000 (según datos de la OMS), la mitad se debió a suicidios, una tercera parte a homicidios y sólo la quinta parte a conflictos armados. Esto nos indica que son la desesperación y la desesperanza engendradas por el sistema  la gran genocida.

Como marco interno de todas estas carnicerías internacionales, en cada sociedad occidental  la violencia aumentaba en las calles y en los hogares. Los índices de criminalidad,  delincuencia juvenil, abuso infantil y violencia doméstica superan todas las predicciones de la INTERPOL para Europa.

En Estados Unidos  la brutalidad policial  tuvo  su apoteosis  en la matanza de Wayco, Texas, donde  el FBI,   toma por asalto armado la sede  de una secta religiosa norteamericana y asesina  a decenas de  personas, después de haber allanado el lugar. El bumerán no se hizo esperar.

Dos años después, en 1995, Timothy Mc Veeigh  un sargento, condecorado en la Guerra  del Golfo,  revienta  el edificio federal de Oklahoma City, donde mueren decenas de niños y cientos de personas. Ya detenido declara, que,  la masacre realizada, era para castigar al gobierno por la matanza de Wayco. Antes de morir, por inyección letal, reitera que no se arrepiente de nada  y que está satisfecho  por haber realizado un acto de justicia.

Pero la  violencia en Norteamérica  tiene expresiones mucho más aterradoras  que los hechos de Wayco y  Oklahoma. Los casos de niños asesinos  venían sucediéndose,  desde el 98, antes de culminar  en la matanza de la secundaria Columbie, donde dos adolescentes  planifican y ejecutan el ametrallamiento indiscriminado de sus compañeros.  Niños asesinando a sus padres; niños matando a otros niños; madres matando a sus hijos,  miles de criaturas  muertas a consecuencia   de golpes  propinados por sus padres. Llenando las salas de urgencia de los hospitales a todo lo largo y ancho del país, cientos de miles de mujeres  y niños,  son atendidos diariamente a consecuencia  de golpes y maltratos recibidos dentro sus propios hogares.   

La violencia escolar obligó a las autoridades  a llenar de policías y detectores de metal todas las escuelas públicas de Estados  Unidos. El consumo de drogas entre la población escolar ha impulsado la proliferación de pandillas de niños narcotraficantes que, en sus luchas territoriales, han convertido las calles  y las plazas norteamericanas en lugares inseguros y peligrosos. Los índices de delincuencia y violencia juvenil han superado  los tradicionales parámetros  delictivos de  este  y otros países.   

Frente a  esta ola de violencia  infantil, juvenil  y familiar que viene creciendo desde hace veinticinco años  en las ciudades norteamericanas y Europeas, no agrega  mucho, que E.U. tenga los índices de homicidios, criminalidad, violencia  y población penal más altos  de planeta. Lo que sí nos obliga a pensar,   es el hecho  que en la nación más opulenta de la tierra,  la  desintegración familiar, drogadicción y violencia hayan crecido, incesantemente, a medida que el país se hace  más y más rico y el mundo se hace más y más pobre. Esto debe ser explicado.   
   
Hay  otras secuencias de hechos  aterradores, casi subterráneos,  que al desarrollarse  fuera  de la atención de la media, sólo asoman a la  luz pública,  de vez en cuando,  en Asambleas y Foros Internacionales. El tráfico internacional de esclavos; la compra y el  secuestro creciente  de niños en países  pobres, para surtir la demanda de órganos en las metrópolis; el reclutamiento forzoso  de niños para usarlos como combatientes en las guerras étnicas; el secuestro de mujeres para explotarlas sexualmente en los serrallos y prostíbulos del mundo. Sabemos que algunas de estas monstruosidades han ocurrido siempre,  pero en los últimos veinte años estas prácticas  se han hecho masivas y cotidianas.

Otro aspecto de la deshumanización global  es la agudización de la miseria  en toda la Tierra. Según las estadísticas de la ONU, a pesar de los esfuerzos realizados por los organismos internacionales  y las ONG en todo el mundo, mueren, diariamente, 50 mil niños menores de cinco años, por hambre o falta de asistencia médica.  Sólo, el pensar que cada minuto mueren 34 niños,  por culpa de la codicia de unos pocos, es algo, verdaderamente anonadante. Aproximadamente 1000 millones de personas agonizan con menos de un dólar diario. Una de cada ocho personas en el mundo, no puede obtener suficientes alimentos. Pero el proceso de globalización no sólo  está depauperando a los países pobres. Treinta y cuatro millones de personas,  en los países industrializados, pasan hambre. El desempleo, la inseguridad, la desnutrición y la falta de asistencia médica   no sólo son endemias de los países subdesarrollados. Los cinturones de miseria y marginalidad  crecen día  a día  en todas las ciudades de  los países ricos de occidente.

Todas estas tristes realidades son expresiones del aumento incesante de la violencia. Porque esta miseria no se debe a catástrofes naturales, esta miseria es impuesta por las metrópolis que dirigen la economía mundial. Según la FAO, la sobre producción mundial de alimentos rebasa las necesidades alimentarias  de toda la población del planeta.  Si mil millones de persona pasan hambre, se debe, únicamente, a la criminal distribución impuesta por la violencia. La miseria mata más gentes  que todas las guerras y todas las fuerzas represivas del mundo.  La miseria es la gran corruptora, el gran  tirano de la humanidad, y  como todos los tiranos sólo se impone por la violencia.

 

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Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:

 

cecilia camarillo: En verdad es eso lo que esta afectando y loque ha afectado en todo el ser humano, por eso cada día hay mas abusos entre nosotros como personas, si todos pudiéramos poner un granito de arena para un mundo mejor.

 

Juan David: En muchos barrios populares en Colombia se está viviendo esta tragedia con los niños y adolescentes que causa alarma y discursos cínicos de de los altos gobernantes, pero se olvidan que con las políticas económicas están causando más violencia y más muertes. A parte que son quienes han llevado a que éstos niños y adolescentes se vinculen a los grupos armados, al sembrar de ejércitos y violencia sus barrios pobres, con el pretesto de acabar con los violentos, pero se olvidan que a éstos sólo se les vence cuando se invirte en socialmente posibilitando una mejor calidad de vida para todas las personas.

 

Claudio Valente Altamirano Aguilar: Creo que debería ser un poco mas objetivo, en cuanto a la relación que hace con la miseria y el enfoque socioeconómico mundial.

 

guillermo: En realidad es un tema de boga en Venezuela por eso lo vi interesante es bueno.

 

NICOLAS AVILES GONZALEZ: Considero un buen artículo, sin embargo tiene pocos referentes bibiograficos.

 

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