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Propuesta de intervención en pacientes con cáncer de mama en la atención primaria de Salud
Clara Pérez Cárdenas
Fecha publicación: 02/abril/2009
Palabras clave: Atención primaria de salud, Cáncer de mama, Intervención en pacientes con cáncer de mama.
Introducción
Para muchos, hablar de cáncer significa referirse a enfermedades graves, tratamientos invasivos e incluso la muerte. El diagnóstico es considerado un acontecimiento estresante que afecta al que lo recibe y a su entorno familiar y social más directo (Cano, A., 2005). En su etiología, juegan un papel importante factores genéticos heredados, agentes carcinogénicos que las personas inhalan o ingieren (OMS, 2002) o sustancias o radiaciones a las que el hombre se expone. En este sentido el estrés, que no constituye una causa primaria, es responsable de reacciones fisiológicas y bioquímicas del organismo que propician la aparición de la enfermedad (Aguiar, J., 1994). Existen diferentes enfoques explicativos del proceso de la enfermedad oncológica. Se conoce la teoría por etapas de Elizabeth Kubler-Ross (Kübler-Ross, E., 2001) que algunos autores critican al no existir evidencias que indiquen que todos los individuos atraviesen por las mismas etapas, ni que haya un movimiento secuencial entre ellas. Otros modelos describen características de personalidad propias de las enfermedades; en este caso se habla del patrón tipo C o predisponente al cáncer. Se describe el modelo basado en las tareas, que confiere mayor importancia a la explicación de cómo la persona enferma asume cada momento en este proceso, destacando en él una fase prediagnóstica (el paciente reconoce síntomas o factores de riesgo de enfermar); una fase aguda (relacionada con el diagnóstico) y una fase crónica que transcurre desde el diagnóstico hasta el resultado final. A partir de ese momento, algunos inician una fase de recuperación, mientras otros, inician la fase terminal que implica la muerte, ya no como posibilidad, sino como inminencia (Doka, KJ., 1993). A pesar de que el control y tratamiento de esta enfermedad es difícil, ha dejado de considerarse letal y se incluye en el grupo de las crónicas, por el número de pacientes que curan o por el número de los que teniendo remisiones de la enfermedad, sobreviven varios años y por tanto necesitan atención a sus síntomas físicos y a sus necesidades psicológicas (Tenorio-González F., 2005). En Cuba, es un problema de salud entre las principales causas de muerte (Alert, Silva., 2000); en particular el cáncer de mama, que ocupa el primer lugar en incidencia de todos los cánceres que afectan el sexo femenino, de ahí que haya aumentado la preocupación sobre la repercusión que tiene esta enfermedad y su tratamiento en la vida de las mujeres afectadas, con énfasis especial en el impacto del diagnóstico en la imagen corporal y la función sexual en ellas. Es frecuente encontrar en las diagnosticadas una actitud de continua observación y preocupación por todo, lo que suele provocarles angustia, nerviosismo e irritabilidad. Otras reaccionan ante este mismo problema de salud con abatimiento, actitud que en algún momento es normal, pero no de manera permanente. La rabia es también frecuente; algunas la descargan en la familia o en los médicos y se manifiestan de manera intransigente y exigente con los que las rodean. En todos los casos, debe respetarse su forma de reaccionar, demostrándole comprensión, apoyo y disposición para ayudarle en cada situación (Moro Gutiérrez, l., 2005), poniendo límites a estos procesos de afrontamiento sólo si se prolongan en el tiempo y se convierten en peligro para el cumplimiento de tratamientos o para la calidad de vida de la paciente en general. Se describe un periodo de inapetencia sexual como reacción esperada, que puede prolongarse por la pérdida de autoestima de su cuerpo (Cuenca, Ch., 2007). Los sufrimientos o trastornos que aquejan a estas mujeres, incluyen frecuentemente ansiedad, insomnio, vergüenza, sentimientos de inutilidad y subvaloración personal (Borbón, J E., Beato, A I. 2002). La depresión en ellas alcanza mayores niveles (Zhao W, Wu J 2001) pero después de una primera fase de adaptación a la enfermedad, consiguen controlar sus reacciones emocionales, sin diferencias significativas con mujeres sanas. En la literatura se reporta que estas pacientes no aceptan completamente su enfermedad y muestran sentimientos de inconformidad que generalmente van desapareciendo en la medida que se extiende la sobrevida (Sirgo, A & Díaz-Aviejo, M. B & Cano-Vindel, A & Pérez-Monga, G., 2001). Otras preocupaciones de estas pacientes guardan relación con la transmisión hereditaria de la enfermedad a los hijos, el miedo a la muerte, los dilemas relacionados con el trabajo, los cambios en la interacción social, las amenazas del bienestar espiritual, la pérdida de la esperanza, la incertidumbre sobre el futuro y la trascendencia del diagnóstico del cáncer, aspectos que contribuyen a que estas mujeres modifiquen en gran medida su bienestar (Victoria García-Viniegras, C.R & González Blanco, M. , 2007). A diferencia de una posición de corte psicoterapéutico, como sucede en el seguimiento tradicional de los pacientes oncológicos, en este trabajo se presentan los resultados más generales de las acciones de intervención dirigidas a las pacientes con cáncer de mama, en el nivel primario de atención. Son por lo tanto, resultados parciales de una propuesta de enfoque integral, desarrollada en la propia comunidad, que incorporó a todos los elementos implícitos en el proceso (paciente, médico y familia de la paciente) para minimizar en lo posible las consecuencias negativas del proceso de la enfermedad y lograr elevar la calidad de vida de las diagnosticadas. Se insiste en realizar una evaluación de cada caso, lo más cercano posible del momento en que se diagnostica, aún sin ser solicitada la concurrencia del profesional de la Psicología, ni por la paciente ni por otro de los elementos implicados. El propósito no es otro que poder trazar estrategias individualizadas que se correspondan con las necesidades reales y sentidas por la paciente, acompañarla durante el proceso de la manera más efectiva para ella y propiciarle un espacio en el propio escenario donde se desarrolla su vida y su enfermedad, donde sienta el apoyo que necesita y en el momento en que lo necesita.
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