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Revista » Psicología Teórica y Filosófica / Fundamentos » la salud psicológica, la familia y la comunidad en el escenario de una psicología del siglo xxi

La salud psicológica, la familia y la comunidad en el escenario de una psicología del siglo XXI


 

Luís Dante Bobadilla Ramírez
Psicólogo
Facultad de Medicina Humana de la Universidad de San Martín de Porres
Lima, Perú


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Es tarea futura de la psicología moderna el estudio de las estrategias y reglas que el cerebro llega a desplegar para lograr la programación cortical de la conducta y las negociaciones que se establecen con los fundamentos biológicos-antropológicos y las estructuras de racionalidad establecidas por su cultura. Este es el tipo de investigación en la que está abocado el reciente premio Nóbel, Daniel Kahnemann (2002), pero también muchos otros como Evans (2004) y Pollock (2007). Sabemos que el seguimiento de pautas y el empleo de heurísticos y scripts se relacionan con el ahorro de energía del funcionamiento cerebral, lo que nos lleva a la conclusión de que los humanos nos agrupamos en comunidades para compartir el esfuerzo de una programación conductual basados en una forma de sobrevivencia comunitaria. Los programas conductuales almacenados como scripts son capaces de hacerse cargo del individuo sin llegar al nivel consciente, y se sospecha que algunos programas lógicos almacenados pueden incluso metabolizarse y transmitirse por vía genética.

La comprensión de la dinámica cerebral durante la programación cortical nos ha llevado a concebir la existencia de dos sistemas básicos. Si bien se les denomina de variadas formas, no hay ninguna duda de que se trata de dos instancias evolutivamente diferentes. Algunos nombres con los que se estudia estos dos sistemas son "experiencial y racional" (Epstein, 1994), "eurístico y analítico" (Evans, 1992),  "eurístico y sistemático" (Chen & Chaiken, 1999), "implícito y explícito" (Reber, 1993, Evans & Over, 1996), "asociativo simple y basado en reglas" (Slogan, 1996) y los términos neutros "sistema 1 y sistema 2" (Stanovich, 1999; Stanovich & West, 2000).

Sin embargo, desde el punto de vista de la programación y dinámica de la conducta, podemos referirnos a ellos como "zona de programas biológicos" y "zona de programación cortical", en referencia a la base del cerebro y a la corteza, a la que podemos añadirle un tercer sistema de programas que son las estructuras de racionalidad cultural que, obviamente, residen en el medio social e ingresan al cerebro mediante la comunicación. Esta sería una "zona de programas sociales" y estaría fuera del cerebro pero almacenados en la comunidad. De modo que la comunidad deriva en un agente cognitivo activo que afecta los procesos cognitivos de sus miembros como proveedor de lógica. Así, el funcionamiento del ser humano es total e integrado, a través de un doble sistema de programas, uno sociológico y otro biológico, los que le proporcionan reglas a los sistemas procesadores corticales, donde finalmente se generan los programas conductuales en relación directa a la realidad psicológica construida en la conciencia.

Por ahora resulta fundamental llegar a entender plenamente el proceso de construcción de la realidad en la conciencia, y llegar a descubrir los procesos de negociación entre ambos sistemas de programas (biológico y sociológico), y las "reglas de racionalidad" (Pollock, 2007) que se desarrollan en las comunidades, en las que también se reconocen dos tipos: "racionalidad práctica" y "racionalidad epistémica". En todo caso, el horizonte de estudio de la psicología tiende a estar definido por los esfuerzos en la comprensión acerca de cómo se definen las estructuras de racionalidad cultural, cómo se integran en la lógica cortical, cómo negocia el cerebro con las estructuras lógicas definidas genéticamente y cómo genera el programa individual en el contexto de una experiencia vital concreta, lo que incluye la construcción de una "realidad psicológica" en la conciencia y el empleo de esta como una amplia zona de procesamiento virtual (Baars, 1998). Paralelamente, neuropsicólogos han señalado una línea de investigación para determinar los mecanismos por los que tales reglas sociales llegan a metabolizarse como reglas biológicas, llegando incluso a alterar el ADN, luego de modificar las estructuras neuronales (Kandel, 1998). Esto sería crucial para entender de qué manera se logra consolidar genéticamente el aprendizaje. Algunos sostienen la idea de que este mecanismo ya se ha perdido en el ser humano para pasar a otro tipo de mecanismos como los "memes", que sería el nuevo mecanismo de herencia y transmisión cultural del conocimiento en los humanos.

Lo que resulta particularmente interesante para nuestro debate acerca del sujeto y su comunidad, es que al fin la psicología ha salido del plano del individuo para prestarle atención al medio cultural. Es un hecho que existen determinadas formas de programación de la conducta a nivel social, las cuales están dadas de manera explícita en cuerpos legales de todo tipo, y de manera implícita a través de las costumbres y otra clase de consensos sociales que se transmiten de generación en generación, por vía oral y escrita, y que hoy se ven entremezcladas por los efectos de la globalización y el papel de los medios. El estudio de las redes sociales revela la existencia de formas bien definidas de pensamiento social, algunas históricamente reconocidas por su antigüedad y primacía, como por ejemplo el pensamiento religioso. Estas formas de pensamiento social estructuran lógicas de racionalidad general, que determinan finalmente las reglas de razonamiento cortical empleadas en el pensamiento a nivel individual. Uno de los esfuerzos comprensivos actuales es el estudio de la lógica de racionalidad del mundo moderno, en cada segmento o comunidad.

El estudio de estas formas de pensamiento social requiere el análisis histórico de su desarrollo, por lo que hoy la historia se ha convertido en una más de las disciplinas que concurren al trabajo psicológico, sumado al esfuerzo de la antropología cultural y la antropología cognitiva, en el esfuerzo por develar los misterios de cómo se empezaron a estructurar los primeros esbozos de racionalidad humana. Como se puede apreciar por este apretado resumen, el futuro de la psicología en la comprensión del hombre y su conducta, ya no esquiva la posibilidad de comprender el pensamiento humano y su conciencia. Este esfuerzo no se enfoca tampoco únicamente en el hombre como individuo aislado, ni como fenómeno del presente. Se remonta también a las sociedades más primitivas en busca de la configuración de la capacidad de comunicación lingüística y el establecimiento de las primeras formas culturales, el estudio de la configuración evolutiva del cerebro, hasta llegar al análisis de las sociedades modernas pero tomando en cuenta su proceso histórico hasta su constitución actual. Sin estos componentes indispensables, ningún estudio del comportamiento humano puede considerarse un trabajo serio y completo.



La perspectiva integrada de la salud y el rol de la psicología


Después de lo expuesto se comprenderá la importancia que tiene la comprensión de los esquemas de racionalidad imperantes en la sociedad o comunidad para comprender a la familia, y sólo después poder explicarnos la conducta del individuo. Necesitamos primero estudiar los marcos de referencia de nuestra racionalidad porque a partir de ellos fabricamos nuestros programas de conducta a nivel cortical. Es el medio social, la comunidad o la familia, la que proporciona las bases lógicas de la conducta, sobre tales reglas se configura el razonamiento lógico de la persona. La lógica no es una sustancia que segrega el cerebro ni una serie de circuitos neuronales, como lo dejaban entrever las posturas logicistas durante el estudio del pensamiento en el siglo XX.

La lógica es un conjunto de reglas de procesamiento cognitivo que se encuentran en nuestro medio, también en el medio físico pero fundamentalmente en el ambiente sociocultural. Esto significa que lo que entendemos por "salud psicológica" es un concepto que involucra no sólo a una persona sino a su medio social inmediato y mediato, es decir, a la familia y la comunidad. No se puede concebir una psicología en torno a la persona aislada ya que no existe persona aislada, y no podemos determinar la salud de una persona sin tomar como referencia su medio sociocultural como configurador de la lógica de su razonamiento. En última instancia, tenemos la necesidad de determinar la salud psicológica en función del esquema social que le otorga todo su sentido, considerando la existencia de esquemas de racionalidad divergentes como la epistémica y la pragmática, que conviven en las comunidades.

Sin embargo, y para empezar su labor, una de las primeras tareas que debe enfrentar la psicología es una adecuada demarcación de territorios con la psiquiatría, pues todavía hay mucha confusión en el abordaje de la psicopatología. No existe una clara distinción de patologías derivadas de disfunciones orgánicas del cerebro y aquellas resultantes de una incapacidad lógica para programar una conducta, ni de aquellas que derivan de una racionalidad cultural perturbada. Y esto se ha producido porque la psicología ha adoptado la clasificación de la psiquiatría y no se ha tomado el trabajo de sistematizar por su propia cuenta los desajustes o desórdenes de la conducta que son propios de su campo de acción, en parte debido a que no los ha visualizado. Esta es una de las tareas pendientes para la psicología del siglo XXI. Sólo a partir de este trabajo podremos intervenir en la planificación ya no de la "salud mental" sino de la "salud psicológica" de la población.


Gráfica No. 1





Para lograr un tratamiento adecuado de la persona, la familia y la comunidad, es necesario primero trazar una perspectiva adecuada de lo que entendemos por salud, y este debe ser un concepto que integre a estas tres instancias. Esta perspectiva debe abarcar en su amplitud la compleja red de escenarios en el que se desenvuelve el ser vivo, y en particular el ser humano. La salud es un proceso continuo que no se reserva tan sólo a un aspecto del ser vivo. Para exponer de una manera resumida este panorama de la salud haremos un gráfico simple.

La gráfica No. 1 nos demuestra claramente que el fenómeno de la vida es uno solo, pero consistente en ir configurando escenarios cada vez más complejos. Esta es la peculiaridad de lo vivo. No se queda reducido a una forma ni se circunscribe a un ámbito sino que progresa constantemente hacia formas de complejidad cada vez mayores. En cuanto se refiere al ser humano, que es el sistema vivo más complejo que existe, podemos definir un punto inicial en la célula y, a partir de ella, subimos hacia niveles más complejos hasta llegar a la persona, y de allí se continúa hasta la configuración de toda una civilización. Si bien gráficamente y conceptualmente podemos trazar estas distinciones, debemos entender que en la realidad en que nos movemos todos estos niveles se encuentran en íntima unión e interdependencia. Tendemos a creer que la persona es el punto central de confluencia, pero no tiene realmente porqué ser así, ya que las influencias se transmiten en ambos sentidos. Una alteración de las células, como ocurre en el cáncer, por ejemplo, conlleva a la muerte del sujeto, y si esto se repite por herencia genética puede llevar a la desaparición de una familia completa, y si se manifiesta como epidemia, puede ocurrir la aniquilación una comunidad, y así sucesivamente, tal como ha ocurrido efectivamente a lo largo de la historia de la humanidad. Desde la otra vía, existen múltiples influencias culturales que afectan la dinámica de las comunidades y de las familias, como ha ocurrido en la constitución de la familia durante el siglo XX. Una alteración de la dinámica familiar tiene repercusiones en las personas miembros de dicha familia. Desde el escenario más amplio de la propia sociedad y cultura nos afecta de manera directa, generando problemas en la salud, del tipo de las llamadas "enfermedades culturales" como es el caso de la anorexia y la neurosis. La cultura moldea a la sociedad y esta a sus individuos. El consumo del alcohol, el tabaco, los juegos o la moda son condicionantes sociales que afectan la salud física y psicológica de los individuos afectados por la dinámica social. Las enfermedades culturales no son vistas aun con la claridad debida, por lo que no podemos actuar en consecuencia. Aún no tenemos planes de acción terapéutica que podamos aplicar a nivel social o comunitario con la misma efectividad con que logramos hacerlo a niveles del individuo o, mejor aún, a niveles más elementales de la salud como son los órganos y tejidos. Esto se debe al estado actual de los conocimientos y al nivel del progreso de la psicología que todavía no ha despegado de su condición de anexo de la psiquiatría, y a la configuración de la ciencia del siglo XX como ciencia objetiva orientada a la materia, de la que se derivó gran parte de las psicologías predominantes del siglo pasado.

A partir de esta concepción de la salud, la psicología puede empezar a trazar sus territorios de acción terapéutica en torno a los niveles que actúan a partir del individuo constituido como sujeto activo en un escenario social, partiendo de su propia familia, o mejor aún, desde su relación de pareja. Hasta la llegada de esta forma de concebir la salud, la psicología estaba orientada al modelo psiquiátrico sin un referente que le permita trazar sus líneas demarcadoras. Bajo este esquema, podemos entonces decir que nuestra misión como psicólogos es ocuparnos de la salud en lo que respecta a todos los factores que inciden en el sujeto desde su constitución como sujeto activo social. No así con aquellos niveles que están por debajo del sujeto en la escala propuesta. Sin embargo, es necesario subrayar que muchos problemas de salud empiezan en un lado y tienen repercusiones a nivel general, como por ejemplo, la anorexia puede ser considerada una enfermedad cultural pero, sin duda, compromete la salud integral del sujeto afectado. Del otro lado, la mayoría de enfermedades importantes que se producen en el campo orgánico tienen repercusiones en la psicología del individuo y más aun, en el comportamiento de las comunidades, como ocurre en el caso del SIDA. De manera que este modelo no impide la acción conjunta de la medicina y la psicología, pero sí permite demarcar sus funciones.

El panorama de la salud psicológica entonces se nos aparece como el campo de acción en el que se encuentra el sujeto en su relación con el medio sociocultural, y también en el accionar de la propia comunidad. En este campo se encuentran una multitud variada de problemas de salud reconocidos, tales como las adicciones, el pandillaje, desviaciones sexuales, etc., pero también hay una gran cantidad de males no reconocidos aun porque han permanecido fuera de la visión de la psicología, como por ejemplo la incapacidad para sostener adecuadas relaciones de pareja, constituir una familia, incorporarse de manera productiva a la sociedad, incorporar a su conducta características positivas para el desempeño social, como la responsabilidad ante la ley y el respeto de las instituciones, etc. Todas esas formas de conducta problemática que se observan hoy en torno a la pareja, los hijos, la familia, la comunidad, han permanecido como un problema social a cargo de nadie, porque la psicología ha estado enfocada en cuestiones psiquiátricas sin entender cuál era su papel ni su rol social. Sobre el panorama esbozado en la gráfica No. 1, podemos ahora trazar con claridad las fronteras de la medicina y la psicología en su labor terapéutica, tal como se muestra en la gráfica No. 2. Si somos coherentes con lo expuesto, tendremos que reconocer,  que de la misma forma en que los niveles representan grados de complejidad creciente, también las posibilidades de acción e intervención se vuelven más dificultosas a medida que se sube en la escala. Debemos comprender que cada nivel de complejidad nos plantea diferentes y cada vez más grandes retos, nos exige cambios en la perspectiva de análisis e incluso cambios de mentalidad, pues no es lo mismo tratar con sustancias orgánicas que con agentes cognitivos.


Gráfica No. 2




El cerebro puede estar funcionando perfectamente bien como órgano, pero desarrollar una racionalidad equivocada, y consecuentemente, generar programas conductuales contraproducentes o improductivos. De allí la importancia de comprender que el trabajo psicológico no puede copiar el modelo médico de comprensión ni de intervención en salud. La lógica de aproximación a los problemas así como los problemas mismos son muy diferentes. La psicología necesita construir sus propias ontologías y consecuentemente sus propias metodologías, coherentes con sus campos de investigación y sus formas de aplicación del saber. Entonces debe quedarnos claro que es imposible emplear los mismos modelos y métodos que se emplean en la medicina. Esto significa, también, tener que reformular algunos conceptos que la psiquiatría ha enunciado invadiendo los dominios propios de la psicología, como por ejemplo, las nociones referidas a la sexualidad. La sexualidad se ejerce a través de nociones culturales de cada comunidad. La psiquiatría hace mal al pretender dictar pautas de sexualidad universal, y al ingresar a territorios que no son de su competencia y para los cuales no están calificados.

Bajo esta división de los campos de acción terapéutica, la responsabilidad de la psicología aparece con mayor claridad frente a la familia y la comunidad. Mejor aún, aparece como su responsabilidad directa y exclusiva. Sin embargo, por la falta de claridad conceptual, hoy la familia está dentro del concepto psiquiátrico de "salud mental". Un error que debemos enmendar institucionalmente. Pero lo más importante es que delimitando nuestra responsabilidad y rol social, estamos obligados a actuar en las políticas preventivas y de promoción de la salud psicológica que hoy no existen o son parte del documento general elaborado principalmente por psiquiatras, empleando conceptos confusos. Esta es parte de la tarea que le espera a la psicología en el presente siglo. Estamos pues frente a un punto de inflexión y de cara a un cambio de paradigma en la psicología.

 

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Comentarios a este trabajo



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hERNAN GUTIERREZ: El autor es demasiado amplio paqra abarcar tantos conceptos en unapresentación.Mucho de lo que propone ya ha sido cubierto por las psicologías ambientales (Barker,Stokhols cfr.Handbook of Environmental Psychology Krieger Publ.Co.1991)-a mi criterio, con más claridad de conceptos.

 

Carlos Quintana: Me parece sumamente valioso el aporte de un concepto de salud psicológica que actualmente no se usa o no se tiene claro. Efectivamente la psicología en gran parte copia a la psiquiatría en casi todos sus modelos. De allí que me parece fundamental el aporte teórico del autor para ir desligando a la psicología de su dependencia de la psiquiatría y empiece a usar sus propios conceptos y sus propias perspectivas. Espero que este aporte continúe y que los psicólogos empecemos a valorar más los aportes de los psicólogos que el de los psiquiatras.

 

adrian avila b.: Es un documento muy orientador por la calidad de su contenido y de gran aporte para poder ejecutar trabajos dentro de esta prtoblemática con el entorno social.

 



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