

El Inconsciente

Este libro le brinda la mejor opción en español para conocer lo que la Psicología como ciencia puede ofrecer para entender uno de los misterios más apasionantes del conocimiento humano: El Inconsciente.
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La salud psicológica, la familia y la comunidad en el escenario de una psicología del siglo XXI

Luís Dante Bobadilla Ramírez
Psicólogo
Facultad de Medicina Humana de la Universidad de San Martín de Porres
Lima, Perú
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Trabajo publicado el 16 de marzo de 2009
Resumen
El nuevo siglo impone una nueva mentalidad para comprender los escenarios humanos. Los avances no sólo de la tecnología sino principalmente de las ciencias y la filosofía de la ciencia, han significado un cambio de paradigma en la psicología para rescatarla de su condición de ciencia natural centrada en el individuo aislado y observado este como objeto. La psicología que empieza a perfilarse de cara al nuevo siglo aborda al hombre como sujeto activo social y lo estudia en el escenario natural de su comunidad, y en su actividad natural que es la creación de cultura. Asimismo tiende a ocuparse de la cultura como fenómeno cognitivo social y agente configurador de los sistemas cognitivos humanos, escapa de los ambientes propios de las ciencias naturales, abandonando los esquemas organicistas y biologicistas para remontar los escenarios complejos que circundan al ser humano: su familia, su comunidad y su cultura, generando el nuevo concepto de salud psicológica y definiendo claramente los dominios de acción de la psicología clínica frente a la psiquiatría.
Palabras Claves: Psicología de la Salud, Teoría y Práctica de la Psicología,Salud Psicológica
Introducción: la necesidad teórica
Toda ciencia se sostiene sobre dos pilares fundamentales que son de naturaleza distinta pero mutuamente complementarias en la constitución del corpus científico. Estos dos pilares son el campo teórico y el práctico. Las teorías explican y organizan el conocimiento que se logra en la actividad empírica, a fin de darle un sentido compatible e integrado con los hallazgos de otras disciplinas, con el objetivo de configurar un panorama coherente en el concierto de todas las ciencias, de modo que nos permita orientar nuestras acciones con mayor criterio. De lo contrario toda práctica quedaría reducida a una actividad meramente empírica. Por otro lado, y para completar la idea, todo conocimiento científico requiere, además, de un soporte filosófico apropiado, a fin de que se oriente por los senderos de una adecuada racionalidad mediante la confrontación de sus formas cognoscitivas y el análisis de sus orígenes.
El campo clínico se muestra como un territorio esencialmente pragmático donde se emplea toda clase de técnicas terapéuticas. Últimamente, tanto en psicología como en medicina, aparecen una amplia gama de tratamientos, hoy conocidos como "alternativos", que carecen del sustento teórico correspondiente pero que son empleados por la fe y convicciones de la gente más que por su certeza científica. Específicamente en el campo psicoterapéutico nos enfrentamos también a una gran variedad de curiosos tratamientos, nombrados con el prefijo "psico" o el sufijo "terapia", que han estado ganando terreno en el campo de la salud pública sin que nadie pueda explicarnos las razones de su eficiencia, -si esta existe realmente-. Todas ellas se sostienen nada más que en una aparente fama de eficiencia, difícil de comprobar, y no pueden explicar el motivo de tal eficacia. Algunas prácticas clínicas se sustentan únicamente en las extraordinarias habilidades personales del terapeuta. En otras instancias se puede apreciar que, a falta de suficiente apoyo teórico, empieza a producirse una bifurcación entre la práctica de las intervenciones terapéuticas por un lado, y los conocimientos formales por el otro, llegándose incluso a preferir una amplia gama de conocimientos empíricos, fundados más en la experiencia personal y en la herencia cultural que en los libros de texto. Este fenómeno incluso se puede evidenciar al escuchar los programas radiales de consultas telefónicas.
Todo este panorama nos tiene que llevar a una necesaria reflexión. Más de un autor ha sostenido que la aparición de medicinas y terapias alternativas, se debe a que la gente no se siente adecuadamente comprendida ni tratada, tanto por la medicina como por la psicología. De hecho se observa una brecha entre los conocimientos científicos logrados, exhibidos y sostenidos -a veces con mucha arrogancia- y las necesidades y percepciones de la gente común y corriente en el cuidado de su salud. Mucha gente ha perdido la fe en la ciencia y prefiere probar otra cosa. Tales hechos llevan a la conclusión inevitable de que la ciencia, tal como estuvo configurada en el siglo XX, parece haber sido muy eficiente para muchas cosas vinculadas a la materia y a las formas muy concretas de lo real, pero en cuanto al hombre y a la vida de las personas, sus comunidades y su cultura, ha dejado mucho que desear. Equivale a decir que las formas típicas del conocimiento científico, su estructura gnoseológica dominante en el siglo XX, resultaron ser muy buenas en un escenario pero muy malas en otro. Para entender cabalmente esta situación se requiere de una visión abarcadora que pueda explicarnos lo que está ocurriendo, y esto sólo nos lo puede ofrecer la filosofía.
No es posible entender esta situación sin salir del pequeño círculo de la experiencia empírica para arribar a la instancia de un conocimiento superior, científico (o que tenga ciertas formas culturalmente definidas como científico), y luego de comprobar que esta instancia no resuelve todas las inquietudes humanas, se necesita entonces llegar hasta la filosofía para saber lo que está ocurriendo con dicho saber, de acuerdo a sus formas históricamente adquiridas, y confrontarlas con las características de la realidad que intentamos comprender para determinar si se corresponden. Este es el recorrido cognoscitivo que se tiene que emprender si deseamos cubrir plenamente el panorama de nuestra experiencia profesional en el campo de la psicología. En tal sentido, resulta tan inadecuado permanecer en el modo de una experiencia empírica, como en el modo de un conocimiento científico (o aparentemente científico), cuando estas instancias, evaluadas a la luz de los resultados concretos en sus intentos de ayuda a la salud, no representan una respuesta apropiada a las necesidades de la gente, en tanto que esta sigue en la búsqueda de tales soluciones. Paralelamente, tampoco son una respuesta a los intentos de explicación del hombre, por lo que siempre surgen nuevos intentos en el campo teórico, no necesariamente vinculados. Necesitamos un enfoque superior y abarcador que nos oriente ante este desconcierto. Y esto no se consigue si antes no estamos dispuestos a soltarnos de los enfoques que hemos abrazado como "tablas de salvación", y que a menudo se nos muestran con la arrogancia y el fanatismo de una religión verdadera.
Un modelo de ciencia para el fenómeno humano
Cada vez resulta más apremiante la necesidad de ocuparse no sólo del individuo sino de su familia y su comunidad. Sin embargo, la psicología no ha hecho estudios suficientes ni equivalentes en estos tres dominios, la mayor parte de las psicologías desarrolladas a lo largo del siglo XX se centran en el hombre aislado. Obviamente este panorama no ayuda a comprender en su real dimensión el fenómeno humano entendido como agente social activo, sujeto de una cultura y a la vez generador de cultura y de comunidades. Del mismo modo en qué no podríamos comprender a una abeja estudiándola sola y aislada de su real quehacer, tampoco es posible entender la esencia del ser humano ocupándonos de sus formas individuales. A una abeja se la entiende en el escenario de su existencia real, en su colmena, lo mismo, entender al hombre significa estudiarlo en medio de sus comunidades y construyendo cultura, a la vez que sufriendo los embates de esa misma cultura. Para ello se precisa una ciencia capaz de ocuparse simultáneamente del hombre y de su comunidad, abarcando a la cultura con su dinámica configurante. Se precisa una ciencia capaz de captar las formas vivas en su real dimensión de fenómeno en producción, y en todos sus diversos niveles de complejidad. Esta es la clase de ciencia que hoy se reclama y es la que empieza a construirse. Lo que significa una necesaria reconfiguración de las nociones de ciencia, realidad, conocimiento y otras que dominaron el panorama del desarrollo psicológico durante gran parte del siglo XX.
Un modelo de ciencia enfocado en objetos definidos y congelados en el tiempo, de esencias estáticas, orientada al estudio de elementos y mecanismos cada vez más elementales en el afán de hallar leyes constantes y universales de un universo homogéneo, tal como se configuró la ciencia clásica de mediados del siglo XIX, está fuera de los escenarios humanos y resulta inapropiado emplearlo en el estudio del hombre. Los escenarios humanos precisan una ciencia completamente diferente, una que en lugar de ir hacia lo más elemental vaya en dirección opuesta surcando las crecientes complejidades, que sea capaz de desarrollar conocimientos no congelados (de esos que luego se intentan aplicar como dogmas), sino dinámicos, capaces de transformarse ante nuevos contextos; una ciencia que en lugar de pretender aplicar leyes universales y constantes a la especie humana, cuyos sujetos (no objetos) se caracterizan por sus dotes de autogeneración imprevisible ante escenarios constante y aleatoriamente renovados, tenga las herramientas cognoscitivas para descubrir la lógica del fenómeno que se despliega ante sus ojos. En suma, se precisa desarrollar una ciencia con nuevas formas adecuadas a las ciencias humanas y no seguir empleando las formas surgidas en las ciencias naturales, eficientes en el mundo físico. Esto ya deberíamos entenderlo.
Un acertado inicio en esta dirección fue la creación del campo denominado "psicología de la familia". Las teorías en este campo no son tan fáciles de estructurar debido a las dificultades epistemológicas que implica ocuparse de algo que es esencialmente un concepto, pues como ya es sabido, durante el siglo XX las formas reales de la familia empezaron a diversificarse en las sociedades occidentales, incluyendo la nuestra, cambiando tanto su estructura como su dinámica, de modo que se produjeron graves y rápidas rupturas con la imagen conceptual y los esfuerzos teóricos por tratarla. En el último cuarto de siglo, la mujer salió a trabajar y hoy el hogar es un lugar vacío donde una empleada doméstica se hace cargo de todo, con mucha suerte. El número de madres solteras creció tanto como los divorcios. Algunas estadísticas aseguran que 3 de cada 5 matrimonios no llegan al quinto año. Las dificultades laborales también han afectado la integración familiar cuando el padre ha tenido que salir del país en busca de empleo o permanece laborando 16 horas diarias. Por otro lado, la valoración de la imagen de la mujer socialmente activa ha superado a la de la madre y a la de la función maternal, por lo que hoy debemos hacer campañas a favor de la lactancia materna. En muchos otros aspectos, la velocidad de las transformaciones producidas en los contextos sociales superaron largamente la rapidez con que las teorías pueden engranarse y ser trasmitidas, por lo que la psicología de la familia se acerca bastante a un ejercicio empírico sin una correspondencia teórica. Lo único que nos queda claro a todos es que la familia sigue siendo el núcleo protector en el que se desarrolla el individuo socialmente. Gran parte de los males sociales e individuales que hoy nos aquejan se explican por la disfunción familiar en su papel de núcleo formador y protector. Pero quien tiene el papel formador de las familias son las comunidades, siempre que ellas se mantengan como tales. Todos estos ambientes que se amplían alrededor del sujeto como círculos concéntricos, con su propia dinámica y función en la formación de los sujetos y de la cultura, han estado siendo desarmados para convertirnos a todos en una sola masa humana que responda mejor a los medios y a los esquemas masificadores de una cultura globalizada y sin identidad.
Uno de los inconvenientes más grandes para ofrecer un panorama coherente es que en los últimos 35 años la ciencia y la tecnología han logrado un avance tan espectacular, que el alcance necesario para concebir un panorama general se ha tornado muy difícil. Apenas, la sociedad empieza a ser consciente del avance de la tecnología porque es algo que cada día va instalándose en nuestra propia casa. Hoy tenemos aparatos de los que no sabemos exactamente para qué sirven o cómo se usan, y nos sentimos desfasados. Algo igual y hasta peor ocurre en el tema del conocimiento; pero no podemos ser conscientes de esto debido a que no se trata de algo "objetivo", es decir está más allá de nuestra experiencia sensible, de manera que pasa desapercibido. Pero el desfase existe. Es decir, en el tema de los conocimientos científicos estamos aun más desfasados que en el de la tecnología, pues nos han rebasado dejándonos con los conceptos de hace medio siglo y con la creencia de que aun son válidos. Y es que el saber no sólo se ha incrementado sino que se ha diversificado y especializado a gran escala. Tan sólo en el estudio de la conciencia, por ejemplo, que hace 30 años no existían, hoy podemos distinguir diversas especialidades y estrategias de abordaje: desde la filosofía (Dennett, 1994; Chalmers, 1997; Searle, 1997), las neurociencias (Edelman, 1989; Calvin, 1996) la psicología (Baars, 1997; Combs, 1996), o la física cuántica (Penrose, 1994). Grandes avances en la ciencia y la filosofía, de los que quizá muchos no tenemos ni la menor idea, están reformando ahora mismo las estructuras del conocimiento, o ya lo han hecho sin que podamos advertirlo, mientras aprendemos a usar los infinitos servicios de la Internet y el software, o nos resignamos a no usarlos, o mientras todavía repetimos nuestros viejos conceptos científicos. Ante tal escenario que se abre en este nuevo siglo, lo más sensato parece ser preguntarnos con prudencia si a estas alturas nuestra visión acostumbrada de la psicología, de la ciencia y de la salud mental tienen todavía algún futuro.
El concepto de salud psicológica
La ausencia de conceptos claros sobre salud impide reconocer no sólo el
momento en que debemos empezar a actuar sino también en dónde debemos
actuar, a quién le corresponde actuar y cómo. En la psicología nos
hemos habituado a los conceptos psiquiátricos e incluso nos hemos
acomodado a su visión y formas de actuación. Es por ello que empleamos
el concepto psiquiátrico de "salud mental" y no hemos desarrollado un
concepto apropiado de "salud psicológica". Pero es necesario tener un
concepto claro e inequívoco sobre lo que en psicología podemos
considerar salud. Además es importante contar con una definición
"oficial" que permita a nuestros profesionales entenderse mutuamente y
hablar en los mismos términos entre ellos, con otros profesionales de
la salud y con la comunidad en general. Debido a los orígenes
históricos de la psicología, generalmente se ha tenido que depender de
la psiquiatría para asumir sus conceptos, en especial en el campo de la
clínica.
La actividad médica además de haber sido más unificada, es apoyada por
diversos organismos y su literatura es ampliamente difundida y
apreciada. Existen organismos médicos sólidamente constituidos que son
de nivel nacional e internacional y que tienen influencia directa en
los gobiernos; esta situación hace que los conceptos médicos sean más
utilizados pese a que no muestran mayor solidez ni claridad en el campo
de la salud mental. La psicología no debería seguir los conceptos de la
psiquiatría si desea hacerse un lugar propio en la escena clínica
nacional; por el contrario, deberíamos esforzarnos por delinear
claramente nuestras fronteras y conceptos. De este modo, deberíamos
insistir en delimitar el concepto psiquiátrico de "salud mental" al
óptimo funcionamiento operacional de las capacidades mentales básicas,
tales como la atención, concentración, memoria, orientación,
reconocimiento de la circunstancia, control emotivo, control conativo,
etc. Características todas que pueden ser evaluadas objetivamente. No
debemos proyectar el concepto de "salud mental" hacia interpretaciones
subjetivas del tipo "disfrute cabal de la vida" o "contribución
adecuada a la sociedad", porque todas ellas escapan de lo que se
entiende estrictamente por "mental", que es algo estrechamente
vinculado al funcionamiento cerebral, y que es precisamente el campo
del médico psiquiatra.
Los comentarios están ordenados desde el más reciente al más antiguo:
hERNAN GUTIERREZ: El autor es demasiado amplio paqra abarcar tantos conceptos en unapresentación.Mucho de lo que propone ya ha sido cubierto por las psicologías ambientales (Barker,Stokhols cfr.Handbook of Environmental Psychology Krieger Publ.Co.1991)-a mi criterio, con más claridad de conceptos.
Carlos Quintana: Me parece sumamente valioso el aporte de un concepto de salud psicológica que actualmente no se usa o no se tiene claro. Efectivamente la psicología en gran parte copia a la psiquiatría en casi todos sus modelos. De allí que me parece fundamental el aporte teórico del autor para ir desligando a la psicología de su dependencia de la psiquiatría y empiece a usar sus propios conceptos y sus propias perspectivas. Espero que este aporte continúe y que los psicólogos empecemos a valorar más los aportes de los psicólogos que el de los psiquiatras.
adrian avila b.: Es un documento muy orientador por la calidad de su contenido y de gran aporte para poder ejecutar trabajos dentro de esta prtoblemática con el entorno social.
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