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Educar adolescentes para una cultura de paz: una propuesta de resolución de conflictos
Hilda Mabel Guevara
Trabajo publicado el 06 de marzo de 2009
Resumen
Proyecto aprobado por Ciencia y Técnica de la UNSJ. 2005. Directora: Dra. Mirta Tosoroni - Co- Directora: Dra. Hilda Mabel Guevara. Participantes: Lic. Rosa Mercado; Dra. Maria T. Malvar; Lic. Aída Treo; Abg. Fernanda Canay; Lic. Marcela. Perez; Lic Marcela Fernández; Lic. Viviana Cortez; Lic. Tomás Las Peñas; Lic. Mario Médico; Lic. Alberto Goya; Lic. Darío N. Gómez.
Por su parte los objetivos específicos fueron: - Identificar los conflictos. - Elaborar una tipología de conflictos. - Establecer los principales actores de los conflictos más comunes. - Definir las formas de enfrentar conflictos. - Identificar qué conocimientos de la Mediación poseen los estudiantes. - Determinar cuál es la apreciación de esta herramienta alternativa frente a lo adversarial. - Explorar la disposición favorable o desfavorable para informarse, capacitarse y practicar la Mediación, por parte de los estudiantes. - Diseñar un programa de resolución de conflictos. Descripción del desarrollo de la investigación Conceptos de partida El contexto escolar se nos presenta como un espacio estratégico para la co-construcción y gestión de "programas de resolución de conflictos". La escuela ocupa un meta-lugar que transversaliza la red de ámbitos que componen la vida social, a partir de su responsabilidad socializadora de los futuros protagonistas (ciudadanos) de la construcción de la escena social.De ahí el papel indiscutido de la escuela en la "formación de un individuo y una sociedad (Brandoni, 1999)". Esta perspectiva implica un posicionamiento distinto de la escuela a la hora de pensar en cómo reestructurar internamente su dinámica, de forma tal que permita crear las condiciones para enseñar al alumnado no sólo a adquirir conocimiento, sino habilidades para enfrentar conflictos tanto en el plano experiencial como también en el lógico. Ambos planos permiten superar las interferencias intersubjetivas de un modo constructivo, en cuyo proceso las asimetrías se trasforman en recursos fundamentales para la sinergia necesaria en toda institución. De modo que sea posible hablar de aceptación de las diferencias, valoración del otro como sujeto autónomo que contribuye activamente a crear las condiciones para consolidar una sociedad menos violenta. A partir de esta concepción de la escuela se torna necesario seleccionar nuevas prioridades que posibiliten la formulación de un modelo educativo que integre a la formación "el aprendizaje social y emocional". Se trata de articular conocimientos que permitan llevar a cabo procesos sinérgicos, base para que los educandos se conviertan en actores sociales que participan dinámicamente como ciudadanos de una sociedad democrática, pluralista, que reconoce el valor de las diferencias que son fundamentales en la búsqueda de formas de vida más humanitarias y pacíficas. Este proceso requiere de condiciones construidas sobre la base del "uso del diálogo, el aprendizaje cooperativo, la resolución de problemas y la afirmación del estudiante"; tendientes a superar paulatinamente la educación tradicional, caracterizada por "la posición de la verdad por parte de los adultos, competición, impotencia y uso de la fuerza (Harris, 1990)". Para ir logrando, este cambio de perspectiva es prioritario el reconocimiento y valoración de enfoques de amplio espectro, los cuales, al abarcar múltiples variables, posibilitan el análisis e interpretación de la complejidad que emerge de los procesos que, para llevarlos a cabo, requieren de trabajo en equipo donde las relaciones interpersonales son el recurso fundante. Estas interrelaciones, en su dinámica, pueden derivar en problemas. Cuando los actores sociales involucrados están preparados buscan los medios para enfrentarlos y superarlos permitiendo el crecimiento personal y social. Caso contrario esos problemas se transforman en conflictos que derivan en el resquebrajamiento de las relaciones, tornándose mucho más difíciles de superar porque van creando un modo de convivencia que se cristaliza y se la asume fatalistamente como la única posible. Los conflictos al ser comprendidos en su complejidad (socio-emotiva) permiten construir canales de comunicación garantes de un desarrollo positivo de los estudiantes, porque el horizonte no sólo está centrado en impartir conocimiento sino facilitar relaciones interpersonales positivas, resolución de problemas por la vía pacífica; elementos que directa o indirectamente coadyuvan en la prevención de la violencia. Es indudable que determinadas estrategias focalizadas como la incorporación de currículos de Resolución de conflictos o de programas de mediación entre pares no son suficientes para un cambio de perspectiva desde un enfoque de cultura de paz, pero sí se constituyen en los ejes sustentadores de este nuevo posicionamiento de la escuela como co-construcción de una sociedad más flexible, cooperativa y menos violenta. Si bien, la historia de la Resolución de Conflictos en el ámbito escolar es relativamente corta, de acuerdo a lo planteado por Brandoni (1999), la resignificación que, hoy por hoy, se está realizando ha logrado una creciente aceptación, aún cuando se están sentando las bases desde el enfoque que asume esta investigación que parte de una experiencia inédita en la provincia de San Juan y muy particularmente en de colegios de nivel medio.
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